IV
Primer encuentro
El resto de la semana transcurrió en un constante humor de perros. Nadie en el colegio recordaba que Hermione y Ginny se llevaran tan mal como lo hacían ahora. Lo usual era que, siempre que se veían, salían juntas o charlaban en los terrenos o los desayunos y almuerzos. Pero ahora, se relacionaban de tal manera que cualquiera que las hubiera visto por primera vez, habría jurado que eran enemigas tan acérrimas una de la otra como lo eran Harry y Draco Malfoy. Cada vez que una se cruzaba con la otra, hacían esfuerzos sobrehumanos en evitarse las miradas y, de paso, propinarle una buena tragada de tierra.
Harry se sentía culpable por la actitud de sus amigas: aunque era mera casualidad que hubiera rechazado a las dos en el mismo día por otra mujer que estaba seguro que se iba a convertir, ahora sí, en su novia, no dejaba de pensar que él había contribuido de alguna manera al mal humor mutuo que sentían ellas. Pero, tampoco hacía nada por remediar la desesperante situación, porque sabía que en asuntos de mujeres, un hombre tenía que estar, forzosamente, al margen. De lo contrario, sufriría las consecuencias de involucrarse en un torbellino revoltoso que era el despecho femenino. Era mejor mantenerse al margen.
Esa noche, Hermione y Ginny iban a tener su primer castigo en los baños de hombres. Después de cenar, ellas, con un evidente disgusto, abandonaron sus cenas y, sin hablarse, caminaron juntas fuera del Gran Salón.
Hermione tenía un indescifrable sentimiento de culpa. Aunque sabía que se habían peleado por una niñería, todavía no podía asimilar la idea que Ginny se hubiera tomado con tanta liviandad el hecho que ella estuviera enamorada de Harry. Era como faltarle el respeto. Aquí, según ella, se notaba la ventaja de ella por sobre Ginny: conocía mucho mejor a Harry y se había dado el tiempo de hacerlo, porque, para ser honesta, al contrario de lo que muchas chicas piensan, Harry era un chico con una historia muy interesante y demostraba no ser como los demás: engreídos y presuntuosos. Él era, por sobre todas las cosas, modesto y valiente, desinteresado, sin ningún tipo de interés por la fama o la riqueza. Esas eran las cosas que más le agradaban de él y tenía razones fundadas para querer ser su novia. Habría sido tan feliz...
En cambio, Ginny tenía otra perspectiva al respecto: Hermione podía ser muy conocedora de los aspectos sentimentales de Harry y haber vivido más cosas juntos pero, ella no sentía pasión alguna por él. Sólo podían ser amigos, nada más. Sólo ella tenía lo que Harry deseaba y eso ya probado estaba, con lo que había pasado en año anterior, cuando Harry la besó... a ella y no a Hermione, la que, según ella, tenía más probabilidades de ser su novia. No, la castaña estaba muy equivocada respecto a sus sentimientos para con Harry. Mortalmente equivocada.
Tales diferencias se hicieron tan manifiestas entre ellas que se molestaron la una con la otra, nuevamente.
-Tú no amas en verdad a Harry -le espetó Hermione a Ginny.
-¡No, eres tú la que no lo amas de verdad! -vociferó Ginny con la voz ronca.
Ambas tuvieron que callarse. El profesor Snape se encontraba de pie, delante de ellas, con una sonrisa evidente, dando a entender que las había pillado a punto de golpearse otra vez. Snape les señalo los baños de hombres, cuya característica que lo hacía especial era que no eran limpiados mientras nadie se liara a golpes dentro del colegio. La última vez que sucedió fue hace un año atrás, cuando Malfoy y Zabini se enzarzaron en un duelo que les acarreó el consabido mes de limpieza, propinado por la profesora McGonagall, ante el estupor y la rabia de Snape. Ahora, consideraba, más que una penitencia por su mal comportamiento, una dulce veganza. Hermione y Ginny entraron al baño y, una corriente de mal olor les dio bofetadas a ambas. Snape lanzó una risa macabra.
-Si no hacen el trabajo correctamente -dijo el profesor, haciendo especial énfasis en la palabra "correctamente"-, serán expulsadas del colegio. ¿Les quedó claro?
Ninguna contestó.
-¿Les quedó claro?
Ambas asintieron con la cabeza. Snape pareció conforme.
-Ahora ¡muévanse!
Y se retiró a su despacho.
Ahora, ambas estaban solas. A sus pies había lampazos y cubos con agua y algún que otro detergente. A regañadientes y maldiciendo la presencia de la otra, las dos comenazron su deprimente y sucia labor de limpiar los orinales y el suelo, que estaba completamente mojado y con un olor pestilente. Hermione trapeaba el suelo y Ginny los orinales. Según las instrucciones de Snape, los baños debían quedar perfectamente limpios para la última semana de trabajo y ellas deseaban que el trabajo fuera lo más breve posible.
Mientras Hermione pasaba un paño por una de las paredes, escuchó algo que la desconcertó. Parecían sollozos. Cuando se dio la vuelta, pudo ver a Ginny, que se había derrumbado sobre una pared y lloraba sin consuelo. Por momentos, la crueldad amenazó con dominarla pero, un elemental sentido de la prudencia hizo que ella se acercara a Ginny y preguntarle qué era lo que le pasaba, pasando por alto una semana para el olvido.
-¿Qué te pasa?
-Nada -replicó Ginny entre lágrimas.
-Vamos cuéntame. No me voy a reír.
Ginny no dijo nada por momentos, momentos en que Hermione temio que volviera a comportarse como una fiera. Para alivio de la castaña, no lo hizo.
-Es que no entiendo cómo Harry no me aceptó. ¿Por qué, si sabía que él me quería?
Hermione no supo qué contestar por momentos, temiendo que su respuesta pudiera desencadenar una nueva arremetida en contra de ella. Sin embargo, encontró las palabras adecuadas.
-Tal vez Harry cambió de parecer. Recuerda que no lo viste en todas las vacaciones y pudo muy bien conocer a alguien más aparte de tí. Es obvio que no soy yo... -Hermione también comenzó a derramar lágrimas-, porque también se negó a estar conmigo. Como dijiste esa vez, somos dos.
-No existe consuelo para este dolor -dijo Ginny.
-Por primera vez, coincido contigo -añadió Hermione. Ella se arrodilló al lado de ella y la miró a sus ojos empañados por las lágrimas. El dolor era insoportable y sus corazones amenzaban con quebrarse. La pena se apoderó de Hermione, al ver a su amiga llorar y compartió su dolor en un abrazo. Al contrario de lo que muchos podrían pensar, Ginny era la más dolida por el rechazo y se aferró más a Hermione. Ella quería dejar que ella se desahogara sola y se prestó a soltarla, cuando sintió que una mano tocaba su pierna. Era la mano de su amiga, y eso la desconcerto, y la excitó un poco. Una caricia de esa naturaleza que normalmente provenía de un hombre, hizo que la castaña se estremeciera. Ginny continuó con sus caricias y subió un poco más la falda de su amiga, lo que hizo encender una pequeña antorcha dentro del pecho de Hermione. Aún sin comprender las intenciones de su amiga, Hermione la miró, creyendo que la iba a soltar en ese preciso momento, pero, ocurrió otra cosa.
Ginny se acercó a ella y la tomó por el cuello, separando sus manos de las piernas de ella. Y, dando una última mirada a Hermione, la besó.
Hermione no podía entender porqué ella estaba haciendo eso pero, había algo en esos labios que la cautivaban de una manera misteriosa, al igual que en la actitud que estaba mostrando ahora. Era extraño pero, era satisfactorio a la vez. Lentamente, como si fuera arrastrada por una corriente, se dejó llevar y correspondió al beso, tocando sus piernas, suaves y torneadas. La pasión estaba a punto fe ganarles la partida. Ginny había tomado ya los pechos de Hermione y trataba de arrancar la camisa cuando unos pasos velados se escucharon en el corredor. Arreglando sus vestidos, ambas continuaron con su limpieza, con un disimulado mal humor.
Por la puerta apareció Snape. Su rostro de alegría malvada había cambiado por uno de profunda contariedad. Ambas no supieron adivinar los pensamientos del profesor pero éste habló en tono perentorio.
-No las volveré a molestar con su trabajo. Volveré cuando sean las once, para avisarles que han terminado por hoy.
Y cerró la puerta.
Hermione y Ginny suspiraron de alivio. Pero no lograron disimular que Snape algo sabía acerca de la nueva pasión secreta entre ambas. Sabían que estaban jugando con fuego al sentir cosas la una por la otra pero, era extraño. Les nacía amarse. Ambas continuaron con su limpieza de los baños. Ya habría otra oportunidad para desatar su pasión y sus penas.
