Nota: No poseo los derechos de Neon Genesis Evangelion ni de sus personajes.
Capítulo III: La traición.
En una obscura, tétrica y pútrida celda se encontraba un hombre, olvidado por el mundo desde hace muchos años, condenado por toda la humanidad, mirando las húmedas y mugrientas paredes, pasando por la pobre escusa de catre, mirando hacia el inservible retrete en el que aliviaba sus necesidades fisiológicas.
Veía las marcas en dichas paredes, las rayas verticales y en diagonal, contaban el tiempo cercano en el que había pasado desde aquel fatídico y catastrófico día, recordaba perfectamente ver las caras de desprecio y odio contra él, las palabras, los golpes.
Unos pasos lo sacaron de sus pensamientos, sabía lo que iba a suceder, y francamente, le importaba un comino ahora después de tantos años.
Los custodios abrieron las rejas de su celda, unos con sus expresiones frías e indiferentes, otros con el rostro lleno de ira y asco, era el prisionero que más odiaban y al que más buscaban cuando realizaban estas actividades.
— Maldito desgraciado, ¡Es hora de tu "calentadita" de la mañana! - Entre todos lo esposaron y lo llevaron a un cuarto especial, donde lo encadenaron, y procedieron a realizar sus acciones.
En medio de su golpiza matutina, se dio tiempo de recordar aquellos que supuestamente eran sus amigos, sus caras de decepción y reproche, pero pensándolo bien, toda su vida ha sido de ese modo.
Desde que tenía memoria, siempre había estado sumido en la miseria, depresión y desfragmentación, pocas veces se sintió querido y valorado, pero como siempre, no más que una ilusión barata e ingenua.
Durante sus inicios, no había entendido completamente lo que le había pasado, no comprendía cómo fue que todo se redujo a esto. Pasando días enteros apenas asimilando lo que hasta ahora terminaba por comprender.
Un golpe en estomago lo regreso a su entumecida realidad, ya no sentía nada, era como si su cuerpo y su mente, y más importante, su alma y corazón ya no fuesen capaz de percibir y experimentar emociones, no sentía tristeza, soledad, alegría, sólo era un caparazón de lo que alguna vez fue humano.
Antes, ver la mirada como la de los guardias y custodios, era suficiente como para traerlo hasta las lágrimas, sin embargo, ahora mismo le daba un reverendo carajo lo que ellos pensasen de él, simplemente dejó que el tiempo pasase, hasta que todos ellos sonrieron satisfechos por su trabajo.
Aunque su mente no haya sentido los impactos de su castigo, su cuerpo los mostraba burlescamente, moretones, laceraciones, hinchazones, su rostro totalmente demacrado, su boca, nariz, sangrantes, así es como se vive la vida en este lugar.
— Espero que hayas disfrutado de tu regalito, porque nosotros, sólo esperamos a esta hora para divertirnos – Uno de los custodios rio mofándose de él, de su miseria, de su situación. Mientras los demás sólo veían con alegría ver como el bastardo se encontraba en el lugar que merecía.
El hombre se mantuvo estático por unos momentos, más para meditar que para descansar su masacrado cuerpo, ya había pasado por todas las etapas, la negación, aceptación, y ahora simplemente encontraba todo esto hilarante.
Y así fue como en medio de toda su desgracia y tormento, comenzó a reírse sin parar, pero no era una risa alegre, ni sarcástica, ni malvada, era mucho peor, era una risa demencial.
La risa de alguien que sabe que no tiene nada, de alguien que ha comprendido cuál es su lugar en la Tierra, de alguien que sabe lo que es y lo ha aceptado, alguien que simplemente se desconectó de su humanidad, de sus sentimientos, de cualquier clase de consideración y trato por otro ser humano.
LLLLL
En toda la sala de vigilancia, se escuchaba sea risa, y aunque no lo mostrasen, muchos de ellos se sentían aterrados, pavorosos, esa risa les hacía calar los huesos, les hacía temblar las rodillas, nunca ninguno de ellos deseaba que alguien más experimentase lo que ese engendro haya sufrido, ni siquiera a sus peores enemigos.
Desafortunadamente, el guardia a cargo de ese turno, resultó ser el más novato, apenas venía saliendo de la academia de policías, lo habían contratado de parte de una recomendación de uno de sus familiares, aunque sabía todo acerca de defensa personal, su principal debilidad era la novatez, pues en este lugar si hay algo más poderoso que la fuerza bruta era la fuerza psicológica.
Extrañado, y algo asustado por esas risas, nuestro novato guardia, con paso dubitativo, llegó a la celda más famosa de esa prisión, la que si bien no tenía al reo más peligroso, si contenía al más odiado y aborrecido de todos, él mismo estaba ansioso de participar en las "calentaditas" grupales cada vez que disciplinaban al desgraciado bastardo.
Deteniéndose, escuchando la risa de la locura, el guardia tuvo suficiente y estaba más que dispuesto a hacerlo callar de una vez por todas.
LLLLL
El prisionero se había estado carcajeando por un buen rato, cada vez que un recuerdo llegaba a su mente, cada vez que recordaba el calabozo maloliente y asqueroso donde se encontraba, mirando su aspecto, la barba larga, el cabellos largo, sus músculos atrofiados y desnutridos, retorciéndose en el suelo, ese lugar al que sabía que pertenecía, finalmente llegando a una de las paredes a recargarse y apoyarse.
Sin embargo, el sonido de la puerta de su celda abriéndose, lo sacó de sus pensamientos, cosa que lo enfureció de un instante a otro.
Su mirada sanguinaria se detuvo en el desgraciado maldito que se tuvo el descaro de interrumpir su felicidad recién encontrada, el muy imbécil se quería hacer el gallito, bueno, eso estaba por verse.
LLLLL
El custodio estaba harto con la actitud altanera y cínica de esta escoria, si no fuese por su deber, ya habría asesinado a este hijo de perra, pero no había ninguna restricción acerca de otras cosas.
— ¡¿De qué tanto te ríes?! ¡EH! ¡Vamos a ver si te ríes después de esto!
El guardia asestó el primer golpe, en su sección media, sin embargo, y para su desagradable sorpresa, el tipo ni se inmutó, años de abusos y golpizas lo había hecho un maestro para aguantar el dolor, además de su ventaja psicológica.
Volvió a atacar de nuevo, pero esta vez él respondió dando un golpe fulminante en la quijada que hasta el mejor de los boxeadores envidiaría, tranquilamente sacó las llaves de su mano y salió de su celda con precaución, hacia su libertad.
LLLLL
Abriendo la celda del último reo que planeaba liberar, el prisionero se escabulló en los laberintos de la prisión.
En realidad su plan fue muy simple, cada vez que un custodio entraba a hacer justicia por mano propia, los estúpidos vigilantes apagaban las cámaras para "hacerse de la vista gorda" y dejar ese hecho impune.
Sabiendo esto, sólo se necesitaba derrotar a dicho custodio y se le presentaría una oportunidad única en la vida.
Luego, sabía que necesitaría una distracción para darle tiempo de escapar, por ello, liberó a aquellos reos que le tenían más ganas a los custodios, a quienes no les importaba salir, sólo saldar cuentas. Es increíble la información que puedes obtener simplemente observando todo a tu alrededor.
Ahora sólo restaba encontrar una salida secreta y sería libre.
LLLLL
Como era de esperarse, en el momento en que los guardias activaron la cámara de seguridad, se alarmaron al ver a su prisionero desaparecido y al ingenuo y verde guardia tirado en el suelo, como no quería pasar por una vergüenza mayor, no avisaron a los vigías exteriores, esperando controlar ellos solos sus errores.
Al llegar a la sala de celdas, un ejército de reos enfurecidos, se abalanzó sobre ellos, cada uno ya sabía que custodio iba a atacar, por lo que después de algunos minutos, los reos tenían el control total de ese piso.
Esta vez sí sonó la alarma, desatándose un tremendo caos en la prisión, el objetivo estaba claro, debían encontrar al prisionero principal, o se crearía un escándalo de proporciones colosales, en cada celda, en cada rincón, todo era revisado minuciosamente, nada debía dejarse o descartarse.
LLLLL
El prisionero lo había logrado hasta ahora, pero le estaba tomando más trabajo del que pensó, por suerte los guardias que se encontró fueron los más dóciles y débiles.
Y es que en el momento que lo veían acercarse a ellos, sin sentir ninguna clase de consideración, sus pies temblaban cual gelatinas, y a pesar de pelear con todas sus fuerzas, simplemente no podían ganar contra alguien que no le temía a la muerte.
Finalmente llegó a los puestos de vigilancia exteriores, sabiendo que no podría salir sin ser notado tuvo que emplear un método muy peculiar, cuando vio que uno de los vehículos se acercaba, se detuvo justo detrás de él, cuando vio al conductor, se fijó que no viese en su dirección, se escabulló debajo del auto, y agarrándose fuertemente del chasis, salió de esa pocilga que habitaba desde hace quien sabe cuántos años.
Cuando el camión llegó a su destino, esperó a que el conductor se bajase para atacarlo, el pobre no supo no lo que lo golpeó, un simple golpe en la nuca fue suficiente para deshacerse de esa basura, desvistiéndolo, se deshizo de su mugrientas ropas, vistiéndose con su uniforme, tomando su arma, revisó el lugar totalmente, parecía un tipo de hangar, quizá en una instalación militar.
Tomó una de las motos que se encontraban en el almacén y haciendo gala de su característica cualidad de pasar desapercibido; Ikari Shinji se encaminó rumbo a su venganza, hacia quienes lo traicionaron, hacia la búsqueda y aplicación de su justicia.
Como esta es una historia de humor voy a regalarles otro omake, espero que lo disfruten.
Omake:
Shinji se encontraba en su celda, después de su última y severa paliza, en esa mugrienta pocilga, enjuiciado y condenado por la muerte de digamos. . . Del maestro de su escuela.
— Bueno – Se dijo a sí mismo — Lo único bueno que salió después de que ese bastardo me abandonase en esa estación de trenes desde hace mucho tiempo fue que por lo menos me acostumbré a estar en esta situación.
— Toma tu asquerosa comida, maldito hijo de puta, espero que te envenenes y te mueras lentamente para que te pudras en el infierno – Los guardias mostraban su "cariño" cada vez que podían hacerlo.
Después de acabar el desperdicio de puerco que le llamaban comida, Shinji comenzó a meditar, la mirada decepcionada de todos mientras lo escoltaban los guardias, los primeros escarmientos, las celdas de confinamiento, realmente lo había vivido todo en este lugar donde sería olvidado y abandonado por siempre.
— Malditos, si aún tuviese la Unidad 01, los acabaría. . . – Un enorme estruendo se escuchó en toda la prisión, las paredes de su celda volaron en mil pedazos mientras un gigante mano, verde y purpura se abría justo a su lado.
— ¿Unidad 01? ¿Pero cómo. . .? – Shinji estaba anonadado mientras veía al enorme coloso a su enfrente de él, tratando de comprender por qué se encontraba allí hasta que lo intuyó.
— Espera un momento, todo este tiempo sólo tenía que llamar telepáticamente y ¿la Unidad 01 vendría a mí? – Shinji no podía creer lo fácil que lo tenía, todo este tiempo sufriendo y la solución era tan clara.
— Ahhh, Chingue a su madre – Shinji se encogió de hombros y caminó hasta la mano del Eva y le dijo — ¡Vamos amigo! Es hora de cambiar de vida y olvidarme de toda esta malaria – La Unidad 01 lo cogió en su mano y se disponía a llevárselo pero antes Shinji le dio otra orden.
— Pero antes vamos a cambiarme estas ropas – Mirando sus propios harapos — Necesito ropa nueva. Y otra imagen.
Bueno amigos, otro capítulo más, esta idea me surgió luego de ver el film el monte de mote cristo, y el omake lo ideé a partir de la última película de la saga Rebuild, espero que les haya gustado y que dejen sus comentarios.
Saludos y hasta luego
