DISCLAIMER: El mundo de Harry Potter y todos sus personajes son propiedad de J.K. Rowling. —Este fic participa en el Tercer Reto Sexy Serpents del foro "El Mapa del Mortífago".
Canción: Time isn't healing – Tom Felton.
HISTORIAS EN CANCIONES
IV. El tiempo no es la cura
'Cause time isn't healing…
I'm getting sick of staring at my ceiling.
And I – I can't help the way I feel about you.
Su mirada fija en el techo, las manos entrelazadas en el abdomen y un dolor albergado en todo el centro del pecho.
Las cortinas verde esmeralda aún permanecían cerradas y no le permitían saber si pasaban de las diez de la mañana o si en cambio ya había empezado a anochecer otra vez. Llevaba horas recostado en la misma posición. Sin dormir, sin estar despierto, respirando el aroma de la decadencia y la autocompasión y contemplando las consecuencias de sus decisiones.
Había perdido la noción del tiempo pero sin embargo, era consciente de ese era el día que había temido tanto. Sabía que eso lo lastimaba, lo destrozaba por dentro, pero el orgullo que le habían inculcado mientras crecía, le servía como refugio para protegerse de la realidad de la que no quería hacerse partícipe.
Sobre la pequeña mesa de noche, una botella de whiskey de fuego medio vacía, trataba de ocultar el ejemplar del Profeta que había leído meses atrás y el cual mostraba en primera plana, una fotografía mágica de una chica de cabello castaño y un pelirrojo que sonreían felices y orgullosos al anunciar el que de seguro sería el matrimonio más esperado de los últimos tiempos.
Hermione Granger y Ronald Weasley, personajes claves en la caída de Voldemort, forjaron su historia en el seno de la guerra y ahora, luego de tanta tribulación, por fin consiguen estar juntos, sellando para siempre una alianza que demuestra al mundo entero el poder del amor.
Sabía que aquellas palabras eran de Rita Skeeter, pero no pudo evitar que le golpearan el alma como un látigo con púas, porque aunque los ojos de la Hermione de la foto parecían decir otra cosa, su sonrisa y el anillo sobre su dedo eran aún más contundentes.
¿En qué momento su vida se le fue de las manos?
Tenía todo lo que cualquiera podía desear en sus circunstancias. Dinero, conexiones, e incluso había obtenido la absolución por los que fueran sus delitos en el pasado, quedando limpio una vez más y sin embargo, estaba vacío.
Falto de sentido.
Cansado de respirar el mismo aire todos los días porque cuando se dio cuenta de que lo que lo hacía feliz era aquello que estaba prohibido, decidió escuchar al prejuicio, a la voz de su padre que aún lo atormentaba y acalló a su corazón que intentaba demostrarle que la sangre que corría por sus venas, pura o no, se helaba igual con solo verla.
Ella supo que la amaba.
Se lo había dicho, se lo había hecho saber con cada insulto, con cada ofensa y cada mirada cargada de odio que le había dedicado durante todos esos años. Nadie podía culparlo, esa era la manera de amar que le habían enseñado. Una que era egoísta, una que no le permitía mostrarse débil, una que se alimentaba de envidia y de rencor pero que bajo toda la hostilidad escondía admiración.
¿Habría funcionado?
Era consciente de que tal vez nunca lo sabría y tendría que conformarse con tenerla en sus sueños, donde el tiempo pasaba lento y el tic tac del reloj siempre estaba a su favor. Allí no tenía que dejarla ir, ni se preocupaba tampoco por lastimarla, porque en ese lugar que le pertenecía a ambos, tenía libertad y no debía luchar por evitar lo que sentía por ella.
Dicen que el tiempo es un gran sanador, pero nadie mejor que Draco Malfoy podía testificar lo falso de aquella afirmación.
Después de vivir siete años tras la sombra de su linaje, tras esa herencia que lo llevó por una senda equivocada, alejándolo cada día de ella, de su amada enemiga, de su perdición, no hay nadie mejor que él para decir que el tiempo no es la cura para nada y que en cambio alimenta el sentimiento y da espacio a la idealización de un mundo perfecto, uno que no existe, pero en el cual estaría gustoso de poder vivir.
Con ella.
Pero ya no importaba lo que pudo ser.
Ahora ella estaría bien y a esa hora, cualquiera que fuera, tal vez iría camino de un altar, rodeada de sus amigos, con un hermoso vestido blanco y su indomable cabello castaño adornado con flores, dando pasos hacia un futuro prometedor.
Uno donde él no tenía cabida.
Debería estar dormido y no poder despertar jamás. Debería levantarse, caminar y buscar su propio horizonte. Pero ni dormido ni despierto habría consuelo para él, no sin ella a su lado, no sin la posibilidad de retroceder el tiempo y volver al día que la vio por primera vez, al primer momento en que la ofendió, a la primera vez que la hizo llorar y poder cambiarlo absolutamente todo.
¿Cómo te convences de seguir adelante cuando sabes que tu desdicha es solamente tu culpa?
Si tan solo hubiera dejado de escuchar a su padre, si la hubiera amado de verdad y no como le enseñaron, si le hubiera contado que la envidiaba por ser brillante pero que era capaz de aceptar que era mejor que él en todo, tal vez ella lo habría mirado distinto aquella vez en la Sala de Menesteres cuando el fuego se propagaba y quizás, solo quizás, hubiera tomado su mano cuando le pidió que huyera con él luego de la batalla.
Pero esa no era ella. Ella era valiente, compasiva. Era buena. Todo lo contrario de él.
Y no podía pretender arrastrarla consigo hasta la oscuridad en la que de seguro habría convertido su vida. Ella debía ser feliz y aunque le costara aceptarlo, eso era algo que él no podía darle, no de la manera que merecía.
Un suspiro se escapó de sus labios al tiempo que escuchó con claridad el pop que anunciaba que ya no estaba solo.
—Amo Draco —el pequeño elfo hizo una reverencia al rubio que no apartó la vista del techo— alguien lo busca.
—No estoy para nadie —contestó aun sin fijarse en la criatura.
—¿Ni siquiera para mí? —Una voz proveniente de la puerta abierta lo sobresaltó y lo obligó a asegurarse de que sus sentidos no lo engañaban.
De inmediato sus ojos se posaron sobre la hermosa figura cuya voz conocía tan bien, haciendo que el corazón amenazara con salir de su pecho cuando pudo ver a Hermione Granger con sus largos rizos castaños adornados de flores, como había previsto y su vestido blanco de novia, parada justo a unos pasos de él.
Era más bella en persona de lo que lo era en sus sueños.
Se miraron largo rato, como si fueran criaturas extrañas y a la vez fascinantes de las que no hay que perder detalle alguno y por ello ninguno de los dos se percató de que el elfo ya no estaba.
—¿Qué haces aquí Granger o debo decir Weasley? ¿No deberías estar en tu boda?—el veneno que brotó de su boca lo lastimó mucho más a él.
—Eso fue hace algunas horas —contestó ella y el dolor que Draco sintió fue solo equiparable con el sectumsempra que le lanzó Harry Potter aquella vez en el baño de Myrtle la llorona— ...Y soy Granger —agregó ella—, aun.
—¿Qué has dicho? — sus ojos se abrieron tanto que casi sintió que salían de sus orbes. En cuestión de segundos su pecho albergó un nuevo sentimiento. Confusión.
—Creo que escuchaste bien —ella le demostró que también podía ser insolente.
¿Acaso le estaba diciendo que no se había casado? Debía estar soñando.
—¡Vaya, vaya! la buena Hermione Granger plantó al pobretón —estaba siendo un imbécil, pero esa era su naturaleza— eso sí que es una noticia digna del Profeta —se mofó.
—No he venido para que te burles de Ron —lo encaró con gesto reprobatorio.
—Entonces ¿A que debo el honor de tu visita?
—Necesito decirte algo —ella pareció nerviosa porque desvió su mirada hacia la ventana.
—Te escucho —tras su máscara de hielo, Draco se sentía igual que ella, aunque no por eso dejaba de mirarla.
Tan hermosa, tan inmaculada e inalcanzable en su vestido blanco.
—Ron es un hombre maravilloso… —empezó.
—¿Viniste a hablar de la comadreja? —la interrumpió— porque no es algo que me apetezca ahora mismo.
—¡Déjame terminar! —exclamó molesta mientras el rubio puso sus ojos en blanco— Ron es un hombre maravilloso y bueno, es en definitiva todo lo que una mujer puede necesitar, pero... —ahora ella misma se interrumpió como tomando aliento.
—¿Pero? —Draco bajó la guardia y ya no le importó mostrarse impaciente. Necesitaba escuchar aquello, aunque fuera consciente de que no era lo más sensato.
—No podía casarme con él —lo miró fijamente y el choque entre avellana y gris emitió destellos luminosos— ...no si mi corazón le pertenece a alguien más.
Una cortina de emociones perfectamente perceptible, se extendió entre los dos durante un pequeño instante que fue suficiente para que los anhelos de Draco palpitaran en su pecho otra vez e igual que un potente hechizo, las palabras de Hermione penetraron en lo profundo de su ser y le dieron una descarga eléctrica que lo hizo volver a sentirse tan vivo como nunca.
Entonces, justo antes de que fuera consciente incluso de si mismo, se levantó de la cama y la tomó de la cintura, apresando sus labios con violencia, dejándose inundar por el aroma de las flores que la adornaban, mientras ella le respondía con el mismo ímpetu.
—Eres una tonta Granger —dijo sobre sus labios, jadeante— debiste casarte con Weasley.
—Lo sé —contestó ella metiendo sus manos por debajo de la camisa maltrecha del rubio y acariciando su espalda, anticipando lo que estaba por suceder.
No hubo más palabras.
Sus labios entrelazados y sus manos hablaron por si solos y los obligaron a amarse con urgencia. Con necesidad de poseerse completamente el uno al otro.
Como si el mundo aún estuviera en guerra y no hubiera un día más.
Perdiendo de nuevo la noción de todo, fundiendo sus cuerpos entre besos y lágrimas que los desgarraron y volvieron a unir sus pedazos, mientras solo fueron conscientes de los dos y olvidaron por completo el vestido blanco, la fotografía mágica del periódico y la botella medio vacía de whiskey de fuego, que ya no significarían jamás lo mismo.
Igual que ellos.
Porque el tiempo no es la cura y solo posterga lo que parece ser inevitable.
¡Hola!
Quiero aprovechar para agradecer todos los reviews que han dejado en esta historia y todas las apreciaciones y críticas que me han hecho. Ha sido grato para mí, ver que hay tan variadas opiniones de mi trabajo y que si bien, a veces soy un poco cursi y azucarada —porque así soy yo— se han tomado el tiempo de leer.
Un abrazo.
Gizz
