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Capítulo 3: Ser el Mejor
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Si algo había logrado sorprender a Komaeda, había sido que Hinata aceptara su compañía en la biblioteca. La verdad era que se esperaba una respuesta en plan "¿por qué deberíamos vernos?" o "no me interesa estar contigo". Sin embargo, su predicción fue completamente errónea.
El problema era que, al no esperarse la cordial respuesta de "nos vemos mañana", tampoco tenía muy planeado qué hacer junto a Hinata en la biblioteca. Por supuesto, iban a estudiar Historia juntos. Pero no era como si Komaeda alguna vez hubiera estudiado junto a alguien, no era como si alguien alguna vez hubiera aceptado a hacer eso con él.
Quizás… los estudiantes del Curso de Reserva no son tan malos…
Igualmente, frunció el ceño ante ese pensamiento. No debía generalizar si únicamente se había relacionado con un solo estudiante, ¿qué tal sobre el resto? Además, no quería meter a Hinata en la misma bolsa que a los demás.
Él es diferente…
Más se hundía en pensamientos, más quería que el día siguiente llegara. Ansiaba el entrar a la biblioteca y poder pasar tiempo con Hinata. Porque, si bien podía pasar tiempo durante la clase junto a él, había notado la falta de interés del moreno al estar a su lado. No entendía por qué actuaba tan frío con él, quizás porque era una persona demasiado desagradable…
No obstante, aquellos pensamientos desesperanzadores cambiaron cuando acordaron verse. Así que, simplemente, Komaeda iba a desaparecer de la vista del chico sin talento hasta que se encontraran en la biblioteca. No quería fastidiarlo durante la clase, él no era digno de estar junto a él durante ese momento. Incluso pensaba que era su culpa que Hinata no hubiera comprendido esa clase de Historia, su simple presencia lo implicaba.
Antes de quedarse dormido, recostado en su cama y mirando hacia el vacío techo, pensaba en qué le traería su suerte al día siguiente. Algo malo quizás, ya que si sentía que el día iba a ser perfecto…
Con algo debería pagarlo seguramente.
La historia del día anterior se repetía, Hinata se sentía completamente fuera de lugar junto a sus futuros "compañeros". Le sabía incluso mal llamarlos así, porque lo último que ellos harían sería acompañarlo.
Lamentablemente, Komaeda había quedado en otro salón por ese día, al parecer, y siquiera podía sentirse cómodo por ese lado. Una ironía total, ya que hacía sólo un día quería evitar que el albino se involucrase en su vida.
Pero ahora no veía la hora de que el reloj que se hallaba arriba de la pizarra marcara la hora de salida. Bueno, faltaba demasiado para eso. Además, en cualquier caso, debía prestar suma atención a las clases.
Él sabía lo mucho que se estaba esforzando, todo para ser parte de Hope's Peak. La academia de sus sueños lo valía todo, incluso afirmaba que era capaz de pagarla con su vida. Sólo debía aprobar los exámenes, demostrarle a sus padres lo capaz que era de poder asistir a la academia y poder ser libre.
Libre de niñitos mimados, esos que se encontraban hablando y riendo mientras los profesores daban aquella clase tan monótona y de poca información. Por supuesto, lo que ellos enseñaban era una simple orientación a los exámenes de ingreso. ¿Qué creían? ¿Que Hope's Peak les daría excelente enseñanza a simples aspirantes? Aquélla fue la razón por la cual el día anterior Hinata había tenido que ir a buscar libros de historia, para estudiar por su cuenta.
Iba a superarlos a todos aquellos que lo miraban y se reían de que él era el único que no tenía a nadie sentado a su lado. Estaba acostumbrado a eso, en la escuela media lo había pasado igual.
Sin embargo, el día anterior que había tenido a Komaeda junto a él siquiera había sido capaz de dirigirle una palabra. Debía admitir que se sentía algo culpable al respecto, al fin y al cabo él no se merecía tal amarga actitud a cambio.
Pero, claro, Hinata siempre había estado solo en clase y no creía que necesitaría a alguien más. Y no lo necesitaba, aunque…
Ansiaba poder ir a la biblioteca esa tarde. No sólo por Komaeda, por supuesto, sabía que allí también estaría alejado de la multitud de escorias que lo rodeaban. Miró a la pizarra, a la cantidad de cálculos matemáticos escritos en ella —los cuales entendía a la perfección—, y rápidamente dirigió sus ojos hacia el reloj.
Todavía faltaba mucho, pero podría aguantar.
La tensión que venía aguantando durante toda la mañana finalmente fue liberada cuando la campana que señalaba el fin del día sonó. Sin embargo, mientras el noventa por ciento de los estudiantes estaban felices por poder volver a sus respectivas casas a descansar, Hinata se dirigía a la biblioteca del instituto. Sentía el corazón en la garganta, una ligera ansiedad se asomaba.
¿Qué tal si Komaeda lo dejaba plantado? Bueno, siquiera lo había visto ese día… ¿Qué tal si se había rendido ante Hope's Peak? Le parecía bastante imposible, pero quería tener todas las posibilidades en la cabeza para cuando entrase a la biblioteca. Anticiparse a las millones de alternativas, eso hacía. Porque, a decir verdad, le pondría bastante mal el encontrarse con que Komaeda lo había abandonado.
La única persona que hasta hora en Hope's Peak lo trataba decentemente, lo abandonaría. Estaba acostumbrado a ese tipo de trato, pero Komaeda le dio la esperanza de que ya no lo sufriría tanto.
Eso. Le dio un poco de esperanza.
Abrió la puerta de la biblioteca, el empuje fue débil porque tenía que admitir que estaba nervioso. Vio a la misma bibliotecaria del día anterior, la cual lo observó por un momento mostrando una expresión de desinterés en su rostro y rápidamente volvió su trabajo. Hinata tragó en seco, y acomodando el morral en su cintura comenzó a caminar para dirigirse hacia donde se hallaban las mesas destinadas a los tan estudiosos alumnos. Cabía aclarar que no había nadie. Bueno, nadie más que…
—¡Hinata-kun! —Komaeda se encontraba sentado en una de las mesas del fondo. Agitaba su brazo, tratando de llamar la atención del aludido. Y este último no pudo evitar suspirar aliviado al verlo ahí, sentado, esperándolo.
Hinata aceleró un poco el paso y se sentó frente a Komaeda. Pronto comenzó a sacar los libros que había tomado prestados el día anterior y los apoyó sobre la mesa, junto con los apuntes de historia. Sin darse cuenta, no sólo dejó los libros sobre la mesa, sino que los había arrojado con fuerza. Y aquel gesto parecía haber descolocado a Komaeda, quien inclinó la cabeza en signo de confusión.
—¿Ha sucedido algo, Hinata-kun? —preguntó.
—¿Ah? N-No, nada…
Prefería evitar la furia que había sentido a causa de sus "compañeros" durante ese día y el anterior… Una semana llena de tortura por parte de ellos, ¿podría aguantar los días que seguían? Pero eso no importaba ahora, y tampoco hacía falta hablarle a Komaeda sobre el tema, ¿Acaso no iban a estudiar?
—A propósito, ¿estás desde hace mucho? —cambió de tema, y recibió un sacudón de cabeza en signo de negación por parte del albino.
—Solamente he tratado de llegar lo antes posible, no me habría gustado hacerte esperar cuando tienes mucha prisa por estudiar —Komaeda sonrió mientras mantenía ambos codos sobre la mesa y sus manos sosteniendo su mentón, Hinata se le quedó viendo unos segundos mientras asentía repetidamente.
—Gracias…
De la pila de tres libros que Hinata había conseguido el día anterior, Komaeda y él tomaron uno cada uno, dejando un último libro sin tomar, y se los pusieron a leer. Si se encontraba con alguna dificultad, sabía que el albino podría ayudarlo. Pero, por el momento, se concentraría en la lectura.
Bueno, quizás no tanto. De vez en cuando levantaba la vista y podía visualizar a Komaeda leyendo. Él de verdad que estaba concentrado, pero su mirada se mantenía serena y era algo que le sorprendía. Incluso juraba que podía escucharlo tararear suavemente mientras leía, como si realmente estuviese disfrutando el estudiar.
En cierto punto, aquello lograba relajar un poco a Hinata, porque sabía que no estaría obligando a Komaeda a ayudarlo con la materia, sino que realmente no le molestaba. De todas formas, ahí estaba, de momentos levantando la vista para poderse sentir incluso más en paz.
Cuando se dio cuenta de su estupidez, chasqueó la lengua inconscientemente y fijó su vista en el libro tratando de retener cada una de las palabras leídas. Sus ojos seguían el papel como si realmente estuvieran forzados a hacerlo y, obviamente, esa no era la mejor forma de estudiar.
Pronto notó que ni una de las palabras que leía hacía coherencia en su mente, y no podía más. Tomó su cabeza con ambas manos, y de nuevo repetía el forzar a sus ojos a seguir la oración…
Sin distracciones.
Tenía que aprobar, tenía que pasar los exámenes, tenía que entrar en Hope's Peak, tenía que demostrarle a sus mediocres compañeros que él era mejor, tenía que demostrarles a sus padres que su esfuerzo no había sido en vano y que sería el mejor, tenía que trabajar duro porque…
Él quería ser el mejor.
Pero no entendía aquella materia, y eso solo podía llevarlo a una desgracia. No debía pensar en eso, pero, simplemente, no podía evitarlo.
Y lo que menos entendía, era por qué Komaeda no estaba igual de nervioso que él. ¿Acaso no temía el no poder entrar a la academia? ¿Le daba igual? Los exámenes costaban caro, ¿valía la pena pagar en vano?
Lo envidiaba, envidiaba su serenidad, su esperanza…
Forzar sus ojos a leer el libro no servía de mucho, su rostro denotaba frustración mientras elevaba la vista para ver a Komaeda una vez más. Se sentía derrotado, tan derrotado que hasta llegó a perder la cuenta de por cuánto tiempo se le había quedado viendo a Komaeda sin cambiar el rumbo de visión.
Bueno, en algún momento el albino iba a levantar la vista. Y cuando lo hizo, el corazón de Hinata dio el milésimo salto del día. Komaeda le había dirigido la mirada por una centésima de segundo, y al parecer se había dado cuenta de que el moreno lo había estado viendo así que volvió la vista hacia él sorprendido.
—¿Hinata-kun? ¿No estás leyendo? —podía jurar que había visto las pálidas mejillas de Komaeda enrojecerse por un momento.
—¿Ah? N-No… Es que… —él tampoco se quedaba atrás, por supuesto que se sentiría avergonzado. Incluso más ahora, que debía dar explicaciones. Rendido, apoyó ambos brazos sobre la mesa y se recostó sobre ellos—. No puedo leer.
—¿Y eso por qué? ¿No entiendes algo? —el escuchar el tono de voz preocupado de Komaeda no lo estaba ayudando en nada, pero debía admitir que apreciaba su dedicación.
—Yo… —liberando un pesado suspiro, se incorporó nuevamente en la silla y se quedó mirando fijamente a Komaeda mientras fruncía el ceño—. ¿Acaso no estás nervioso? Una semana de clases y tendremos exámenes eliminatorios, ¿¡Acaso soy el único presionado por eso!?
—Hinata…
—En mi clase nadie hace caso a los profesores, a nadie le importa nada. Sin embargo, es más probable que pasen los exámenes que yo. Incluso tú pasarás el examen sin esfuerzo alguno, porque esforzarse no sirve de nada si no se tiene talento.
El silencio colmó la biblioteca, mucho más de lo que era deseado el silencio allí. Komaeda se quedó boquiabierto, sus ojos verdes analizando cada facción de la cara de Hinata. Éste simplemente mantenía la vista hacia su costado, sus puños cerrados sobre la mesa temblaban y no tenía ni idea de cómo liberar esa ira.
Hasta que…
Una suave sensación rozó su tan abrumado puño. La mano de Komaeda se había posado sobre una de las suyas y, ante esa acción, volteó a ver al albino.
—No me gusta la gente sin talento, ¿de qué servirían si el mundo estuviera por derrumbarse? —las palabras de Komaeda no ayudaban mucho a Hinata, incluso su puño volvía a temblar, ansioso por darle una paliza al chico que tenía adelante suyo. Aunque, ante tanto temblor, los dedos de Komaeda se mantuvieron incluso más firmes sobre su mano—. Yo sé que si no apruebo los exámenes, seré el Estudiante Afortunado Definitivo.
—No puedes saber eso… —la respiración de Hinata era rápida, furiosa—. Si vas a venir con discursos de "esperanza" y "suerte", no cuentes conmigo. Y si no te gusta la gente sin talento, ¿qué haces aquí conmigo?
—Porque tú no eres como los demás.
Qué frase tan cliché, Hinata estaba a nada de tomar sus cosas y largarse de allí. ¿Cómo había pasado todo el día pensando en verse con Komaeda? Se sentía estúpido. Incluso chasqueó la lengua, el albino era un caso perdido.
—Lo digo en serio —Komaeda se echó a reír. Nuevamente, Hinata guardó en su mente la melodía de aquella risa—. Yo creo que, al menos, eres el Estudiante del Curso de Reserva Definitivo.
—Dices puras tonterías, eso no me levanta el ánimo —otra vez, volteó la vista hacia su costado—. Daría lo que fuera por tener un talento de verdad…
Él daría lo que fuera por ser el mejor en cualquier ámbito, por ser el orgullo de su familia, por poder demostrarle a todos lo genial que era.
Hajime Hinata, estaba decidido a dar lo que fuera por eso.
—Tú no lo entenderías, Komaeda —se soltó del agarre del aludido y comenzó a preparar sus cosas para largarse de allí lo antes posible.
—¿No?
—Por supuesto que no. Si tan suertudo eres, seguramente termines en el curso principal… Me alegraré por ti.
Komaeda sonrió, pero no fue una sonrisa genuina. Mientras, veía cómo Hinata metía cada uno de los libros en su morral. Su expresión seguía denotando el enfado de su vida, y lo más probable era que Komaeda evitase meterse en esos asuntos.
O…
—¿Crees que ser suertudo sería algo bueno, Hinata-kun? —el tono de voz sereno de Komaeda cambió repentinamente, se había vuelto uno lleno de curiosidad y, algo, soberbio.
—¿Por qué no? Viven ocurriéndote cosas buenas, seguramente. ¿Acaso no se trata de eso la suerte?
Como si se burlara de su pregunta, Komaeda estalló a reír. Pero esta vez, su carcajada sólo le causó escalofríos a Hinata. Levantó una ceja, confundido, pero no pretendía preguntar mucho. De todas formas, le preocupaba.
—¿K-Komaeda…?
—La suerte se divide en buena y mala, Hinata-kun. Ya lo había dicho ayer, ¿verdad? —seguía sonriendo, pero no era una sonrisa cómoda para la vista de Hinata, así que simplemente cerró los ojos y asintió—. Muchas cosas malas me han sucedido a cambio de buenas. Pero tú no las has visto, ¿sabes por qué? Es algo que también te había dicho. Porque…
—Ya lo sé, yo estuve ahí para evitar que salieras lastimado —y la expresión tan escalofriante de Komaeda cambió a una de asombro, quizás no esperaba que Hinata recordase algo que había dicho tan a la ligera.
—Así es… —el albino bajó la vista—, tú estabas ahí. Generalmente es todo lo contrario; yo me salvo y los demás salen heridos por mi culpa… Bueno, la de mi suerte. Pero contigo es todo lo contrario y me hace feliz.
—¿Feliz? —ahora podía volver a mirar fijamente a Komaeda, sabiendo que había vuelto a ser el mismo. Él levantó la vista, y se quedó viendo a Hinata a los ojos.
—Hace dos días que mi mala suerte no llega. Una de dos; o me espera algo muy malo, o simplemente es seguro estar contigo.
Sonaba vergonzoso, muchísimo. Hinata tragó en seco, ¿cómo Komaeda podía esperar tanto de él con sólo dos días de haberse conocido?
—¡No quiero asustarte! —el albino parecía estar en medio de una guerra consigo mismo pero, como Hinata se sentía casi de la misma manera, no tenía nada que reprocharle—. Si temes que algo malo suceda, no me molestaría que quisieras alejarte de mí. Lamentablemente al destino le gusta llevarme a lo más alto para después hacerme caer cuando estoy a punto de creer que lo he superado todo, pero… no debería hablar de esto contigo.
Otra vez, Hinata no comprendía a Komaeda. Creía demasiado en su suerte, como si hubiera recibido una maldición por parte de una bruja o algo por el estilo. Sus palabras parecían sacadas de un libro de fantasía y, después de que ayer fuera a buscar Alicia en el País de las Maravillas, a Hinata no le sorprendería que realmente no estuviera muy cuerdo.
Por suerte, él no era para nada supersticioso y el ciclo de fortuna de Komaeda le parecía de lo más estúpido que había oído hablar en su vida. Sin embargo…
El semblante de Komaeda denotaba angustia. A Hinata le costaba leer la mente del albino, pero, a veces, sus emociones podían demostrarse claras o simplemente se trataba de que se estaba abriendo a él. No sabía qué clase de vida llevaba Komaeda, si su ciclo de buena y mala suerte era algo inventado o de verdad. Sólo había una manera de saberlo, estando con él.
No temía el estar a su lado porque todavía no creía mucho en el lado "malo" de ser suertudo. Podía mantenerse a su lado, podía quedarse e intentar comprender la mente retorcida de Komaeda.
El contador en su cabeza le decía que sólo tenía una semana, que después ya no se verían nunca más. Eso podía ser un alivio pero también lo llenaría a Hinata de curiosidad. El primer "amigo" que estaba logrando tener, a la semana se desvanecería probablemente. Y, lo peor, sería el no llegar a saber quién era Nagito Komaeda realmente.
—No te preocupes —dijo Hinata, contagiado por el aire de tristeza que emanaba el otro.
—Eres tú el que debería hacerlo, es por tu propio bien —Komaeda sonrió, pero su sonrisa no era muy convincente. Rápidamente negó con la cabeza, fijando su vista al suelo—. Debe ser molesto que te hable de esto, ¿verdad?
—Todavía no tengo pruebas de que algo malo pueda suceder —Hinata tomó sus cosas nuevamente, se levantó de su asiento y se paró justo al lado de donde Komaeda estaba sentado—. Y… No me molesta estar contigo, si eso es lo que quisiste decir.
—¿No vas a seguir estudiando? —Komaeda volvió a sonreír, bajó la vista al morral de Hinata durante unos segundos y luego lo miró a los ojos nuevamente.
—Hoy no lo sé, probablemente lo haga en mi casa —se encogió de hombros, seguía sintiéndose muy bajo presión y la confusión que la actitud de Komaeda le había causado no ayudó en nada. De todas formas, era culpa suya que hubieran terminado hablando de la bendita suerte del albino, no podía quejarse.
—Mmm… Si te hace sentir mejor, Hinata-kun… ¿Puedo hacerte una pregunta? —el tono de voz de Komaeda al formular la pregunta había dejado al moreno paralizado. Parpadeó un par de veces, desconcierto lo inundaba al no saber qué clase de nueva incógnita le esperaba con respecto a Komaeda.
—C-Claro…
—Bien —Komaeda juntó ambas manos, cerró los ojos y con un hondo suspiro se preparó para volver la vista a Hinata, sonriéndole de oreja a oreja—. Dime, ¿Quién eres tú?
No estaba seguro de si se trataba de decepción o incluso más confusión. Pero, al menos, sabía que la pregunta no había sido tan terrible…
De todas formas, seguía sin tener mucho sentido. No sabía qué contestar, se le quedó viendo a Komaeda unos segundos en silencio.
—Vamos, no puede ser tan difícil responder eso —lo único bueno de la situación, era que Komaeda se mostraba mucho mejor.
—El problema es justamente eso, ¿para qué lo preguntas? —a esas alturas, simplemente lo único que quedaba hacer era seguirle el juego a Komaeda.
—Es fácil. Mira, por ejemplo, yo soy Nagito Komaeda y tengo el talento de tener suerte. No es algo que me agrade, pero ya me he acostumbrado a ello. ¿Me sigues? —seguía sonriendo, y Hiinata no puedo evitar esbozar una sonrisa él también.
—Bien… Soy Hajime Hinata y pretendo aprobar los exámenes de ingreso al Curso de Reserva. Me gustaría tener talento, pero no hay nada en lo que resalte —pronto su sonrisa se desvaneció para darle lugar a su típico ceño fruncido.
—No esperaba que respondieras eso… —Komaeda se rascó la mejilla mientras reía entre dientes.
—No deberías haber esperado nada con una pregunta así, no tiene sentido… ¿Cuál era el propósito?
—¿Recuerdas que ayer tomé prestado el libro de Alicia en el País de las Maravillas? —Hinata asintió—, pues hay una parte que es muy interesante. Cuando Alicia se encuentra con la oruga, ésta le pregunta "¿Quién eres tú?".
—Oh, así que sí te has puesto a leer ese libro —Hinata rodó los ojos. Nuevamente, no le sorprendería que Komaeda estuviera igual de trastornado que todos los personajes de ese cuento.
—Lo he leído varias veces ya, pero esa parte nunca deja de sorprenderme —sus ojos brillaban, realmente le gustaba leer o, al menos, de verdad que amaba esa historia. Hinata no podía hacer más que escucharlo atentamente, al menos seguramente no iba a hablar de "esperanza" y "suerte", lo cual era un gran avance—. ¿Sabes por qué me sorprende esa parte?
—… ¿Por qué? —preguntó, por inercia.
—Alicia tenía miedo, miedo a todos los cambios repentinos que había sufrido a lo largo de su recorrido por el País de las Maravillas. Y la oruga, simplemente, le dice que debe calmarse y acostumbrarse a la situación, que no es tan terrible después de todo.
—¿Adónde quieres llegar? —sí, entender a Komaeda iba a ser algo muy complicado.
—Quieres ser diferente a los del Curso de Reserva, pero quieres ser igual a los del Curso Principal —Komaeda posicionó ambas manos como si ambas formaran una balanza—. Al fin y al cabo, terminas sin saber qué quieres y lo que en verdad eres.
—¿Y qué crees que soy entonces?
—La cuestión es… —lo ignoró—, la oruga le pregunta a Alicia qué altura quiere tener, y ella responde que quiere ser más alta. Obviamente para la oruga su estatura está más que bien, pero Alicia quiere llegar a más. Lo que propone la oruga es acostumbrarse a ser pequeño, y… es algo que creo que deberías hacer tú también.
No sabía cómo tomar aquel consejo, de alguien que conocía hacía tan sólo un día y hablaba de Alicia en el País de las Maravillas como si fuera un libro sagrado. Sin embargo, podía darle la razón. Él había nacido sin talento, ¿por qué lloriquear por algo que jamás tendría? Sólo le quedaba actuar como una persona normal, esforzarse, acostumbrarse a lo que le había tocado vivir.
Como Komaeda se habría acostumbrado a su supuesto ciclo de suerte, Hinata debía acostumbrarse a que era una persona normal y seguiría siéndolo.
—¿Estás bien, Hinata-kun? —al haber pasado varios segundos sin respuesta, Komaeda intentó traer al moreno a la realidad nuevamente. Éste sacudió la cabeza, dejando de pensar por unos segundos.
—¿Por qué haces esto? —siguió negando con la cabeza, mirando fijamente a un Komaeda que le sonreía despreocupado, como siempre.
—¿Hacer qué?
—El… el intentar levantarme el ánimo —admitirlo lo había avergonzado bastante, a decir verdad.
—Si dejas de presionarte tanto intentando llegar a lo más alto, estoy seguro de que pasarás los exámenes sin necesidad de ningún talento. De todas formas, para mí tú serías el Estudiante del Curso de Reserva Definitivo, ya lo he dicho.
Hacía sólo dos días que se conocían, pero hablaban como si fueran amigos de toda la vida. Hinata sentía que Komaeda lo leía como un libro, que entrar en su mente era así de fácil. Pudo leer sus pensamientos y emociones, y con retorcidas preguntas llegar a darle una respuesta a sus inquietudes.
Eso no era algo que él pudiera hacer, seguía sin entender a Komaeda en lo absoluto. Pero, si acaso llegaba a triunfar en los exámenes, sabría que se lo debería en parte a él. Sabría que debería devolverle el gesto.
Sin embargo, ¿volverían a verse?
Si Komaeda entraba al curso principal, no podrían verse directamente. O eso es lo que decían todos, la entrada al Curso Principal estaba prohibida para los del Curso de Reserva.
Por otro lado, si Komaeda no entraba a ninguno de los dos cursos, sería el fin de todo. Y si terminaba en el Curso de Reserva, entonces Hinata sabría que lo de su "suerte" no era nada más ni nada menos que una de sus locuras, quién sabe qué más alberga su tan retorcida mente además de sus consejos y ejemplos tan extraños pero, de alguna manera, efectivos.
A Hinata sólo le quedaba pensar. Asintió repetidas veces, mientras miraba a Komaeda. Aquel chico de cabellos blancos y mirada llena de esperanza realmente le daba curiosidad, y no sabía diferenciar si aquello era algo bueno o malo.
—Gracias —le terminó diciendo.
Gracias por hacerme sentir mejor.
Gracias por ser la única persona preocupada por hacerme sentir así.
Y aunque no tenía muchas intenciones de irse, a paso lento comenzó a dirigirse a la salida de la biblioteca.
—¡Hinata-kun! —lo llamó el otro y tuvo que darse la vuelta—. ¿Nos vamos a ver mañana?
—Claro que sí —su voz sonaba más cálida, como si su mente se hubiera iluminado.
¿Por qué no lo haría?
Realmente…. no me molesta estar contigo.
Y guardando esas vergonzosas palabras en el fondo de su cabeza, finalmente salió de la biblioteca para dirigirse de vuelta a su hogar.
Era cuestión de una semana.
Era cuestión de esfuerzo…
Y…
También era cuestión de suerte.
Si la biblioteca ya era silenciosa de por sí, ahora se había vuelto algo realmente abrumador. Komaeda suspiró, no habían pasado ni diez minutos desde que Hinata se había ido y ya podía sentir cómo la soledad lo atacaba. Bueno, ni que no estuviera acostumbrado a eso.
No quería volver a su casa, no tenía nada interesante que hacer por allá. Además, los libros siempre le hacían sentir en paz. Su suerte no lo molestaba tanto cuando se trataba de leer, así que si iba a llamar a algún lugar "hogar", ese sería la biblioteca.
Le parecía irónico el sentirse en paz estando en un lugar donde, hacía un día, había estado a punto de romperse una pierna por culpa de su suerte, aunque Hinata no quisiera contarlo así sólo porque no lo entendía y, milagrosamente, había sido capaz de amortiguar su caída.
Hablando de eso, Hinata se había llevado los libros de Historia; pero eso no le iba a impedir a Komaeda leer. Buscó entre las estanterías algo interesante y sonrió cuando se encontró con la sección de libros de misterio y de género policial. Nuevamente se acomodaba en la silla que había estado antes para ponerse a leer.
No le costaba concentrarse porque, generalmente, no tenía mucho sobre qué pensar. Pero debía admitir que la compañía que Hinata le venía brindando no era algo de todos los días y la había apreciado mucho… La seguía apreciando.
Al día siguiente se verían, y al siguiente…
Y al que le seguía…
Frunció el ceño y pasó rápidamente las páginas del libro hasta caer en una escena interesante, quizás su suerte lo ayudaba. Y así fue, finalmente encontró la escena donde se comenzaba a investigar un asesinato. Podría volver a intentar concentrarse, era bueno en resolver ese tipo de enigmas y, al menos, mantendría a su mente tan llena de ilusiones ocupada.
No debía pensar en Hinata. Al menos, no muy seguido. Sabía qué podía llegar a pasar si lo hacía, sabía lo peligroso que podía llegar a ser.
El peligro lo mantenía solo, como si estuviera destinado a no ser feliz.
Todo lo que él quería, lo que él más atesoraba, se desvanecía a causa de su ciclo de fortuna.
Viven ocurriéndote cosas buenas, seguramente. ¿Acaso no se trata de eso la suerte?
…
Realmente Hinata sabía poco y nada de él. Y Komaeda no estaba seguro de si lo mejor sería dejar que él lo entienda, ¿acaso eso no lo perjudicaría?
Podía alejarse de Hinata y todo sería mejor porque, a pesar de haberse conocido hacía muy poco, no podía evitar la curiosidad que él le causaba. Y aquello mismo era lo que más le preocupaba.
Pero, de todos modos, él había logrado detener su mala suerte en dos ocasiones. Acaso…
¿Acaso podía confiar en él?
Todavía no estaba seguro. Tenía una semana para descubrirlo y si realmente no valía la pena, algo malo acabaría sucediéndole. Con eso tendría una respuesta.
Siguió leyendo, concentrado, inmerso en la historia que había escogido. En cinco páginas ya había descifrado el noventa por ciento del crimen, era bueno deduciendo al fin y al cabo.
Aburrido, cerró el libro y lo volvió a meter en la estantería; luego tomó sus cosas y despacio se dirigió a la salida.
Decidió no seguir leyendo sólo para llenar su mente de intriga, prefería pensar en las posibilidades de la resolución del libro que había escogido a pensar en que al otro día se vería otra vez con Hinata.
Su suerte realmente era una maldición pero, a veces, intentaba cambiarla para bien, algo así como engañarla. Deseaba que llegara el día en el que pudiera controlar aquel ciclo de una vez por todas, deseaba dejar de vivir en una tragedia…
Deseaba…
…
Mientras Hinata quería ser el mejor, talentoso. Komaeda pedía lo que nadie en el mundo seguramente pediría como deseo…
Él quería ser una persona normal.
N/A: Hallo! Este capítulo está largo, y pretendo que los que le sigan sean así o incluso más largos aún :D Es que, posta, tengo mucho planeado para la historia y sería una lástima escribir capítulos cortos. Oh, y me gusta eso de que haya punto de vista tanto de Hinata como de Komaeda, ya que sería demasiado aburrido y sólo se sabe un lado de la historia nwn
¡Espero que les haya gustado este capítulo! ¡Los reviews y favoritos son siempre bienvenidos!
Nos leemos prontito :333
