Disclaimer: creo que la misma palabra lo define todo: fanfiction
( Nada de Naruto y sus personajes me pertenece, míos son sólo esta historia… y Shikamaru.)
Bajo la misma luna
4. El día que todo salió mal
Yūgao ajustó las correas de los protectores metálicos sobre sus antebrazos y comprobó, por tercera ocasión, que estaban perfectamente. No estaba nerviosa, por supuesto que no. Y no había nada de malo con querer asegurarse de que todo se encontraba en orden cuando estaba a sólo unos minutos de integrarse a un escuadrón que saldría en busca de un camarada tomado como rehén.
Que esta fuera su primera misión como ANBU fuera de Konoha no tenía nada que ver.
Hasta ahora no había hecho más que custodiar la puerta de la oficina del Hokage, transmitir mensajes entre miembros del consejo y vigilar el perímetro de la aldea. No es que ninguna de esas labores tuvieran algo de malo, por el contrario, constituían parte del deber ANBU y debían ser ejecutadas con total precisión. Sin embargo, no podía negar que en su interior existía cierta expectativa sobre dejar la aldea con el resto de su escuadrón, incluso cuando según algunos miembros más antiguos de la división, estaba bajo las órdenes de alguien cuya reputación estaba definida con las palabras "sangre fría", por decir lo menos horrible. Porque sí, ella escuchaba los rumores, aunque se negaba a creerlos hasta tener pruebas por sí misma. Hasta ahora, Hatake Kakashi le había dado la impresión de ser un líder abocado a su posición y a las responsabilidades que ello incluían.
Tomó su máscara de la repisa superior en su casillero y sacudió la cabeza para alejar aquellas ideas, captando entonces un vistazo del reflejo de su cabello en el pequeño espejo que tenía. Su madre seguía molesta con ella por haberlo cortado sin consultárselo antes, como bien se lo había hecho saber cada día de las últimas semanas con las miradas desaprobatorias que le dirigía antes de salir de casa. Tanto como su progenitora quería que tuviera una carrera brillante, Yūgao sabía que, muy en el fondo, habría deseado que fuera lejos de ANBU.
Sacudió la cabeza otra vez. No era momento para pensar en eso tampoco.
Cuadró los hombros y tomó una profunda respiración, su expresión perdiendo cualquier rastro de emoción hasta ser una neutra. Era un truco que había aprendido desde sus primeros días como genin y que servía para dejar en su mente sólo la misión en curso y alejar todo lo que no tuviera que ver con ello.
—Así que tú eres la luna de hielo de la que tanto hablan.
La primera reacción que tuvo ante aquel mote fue alzar una ceja, aunque no se giró para mirar a su inesperada visita. En cambio, se aseguró de que la saya de su katana estuviera ajustada perfectamente sobre su hombro y estiró un poco la correa.
—Hm… creo que me gusta. Aunque no esperaba tener un sobrenombre cuando sólo llevo unos cuantos meses en ANBU.
Sin embargo, sabía perfectamente a que se debía: su actitud mientras se encontraba en el complejo.
—Lo he escuchado desde hace un par de semanas, pero no imaginé que se refirieran a ti —continuó Shisui, apoyando un hombro en la puerta del casillero aledaño mientras la observaba verificar el filo de sus kunai con ojo analítico.
Yūgao frunció el ceño y detuvo lo que estaba haciendo para mirar a su ex-compañero de equipo.
—¿Por qué no? —Reparó entonces en el hecho de que Shisui no portaba la máscara ANBU, pero no dijo nada.
—No te queda —respondió él con simpleza mientras le regalaba una de esas sonrisas obvias clásicas en su persona—. Podrás ser muchas cosas, Yūgao-chan, pero fría no es una de ellas.
Yūgao no supo que responder a eso.
Con sólo catorce años de edad, era extremadamente directa, disciplinada y centrada en cada una de las tareas que le eran asignadas, sin importar lo mínimas que estas fueran. No perdía el tiempo participando en los breves esbozos de camaradería que había entre los otros miembros de los escuadrones; aunque en esto último, tampoco era como si la hubieran intentado incluir de cualquier manera. Quien dijera que ninjas varones y kunoichis recibían el mismo trato era un mentiroso, y había sido en los pequeños detalles sutiles donde aquello había quedado patente. Bastaba con decir que ella era una de las únicas tres mujeres que pertenecían a ANBU y, además, era la única que se encontraba en el rango de edad de la nueva generación. Así que rápidamente había comprendido que, si quería ser tomada en serio como shinobi y tener la carrera que su familia y maestros esperaban de ella, debía demostrar de lo que estaba hecha a base de trabajo duro.
Por supuesto, alguien había decidido interpretar su determinación como frialdad y había encontrado divertido jugar con su apellido. Así había surgido su nombre clave: Hizuki.
No era algo que le molestara, en realidad. Se había dicho a sí misma que tenía suficientes amigos afuera, así que no necesitaba amigos en ANBU, sólo compañeros fiables. Sin embargo, había algo reconfortante en saber que al menos alguien adentro sabía que había mucho más en ella de lo que dejaba ver.
Una sonrisa se asomó en sus labios discretamente.
—Shh. No se lo digas a nadie. Arruinarás mi reputación —murmuró continuando con la tarea de recoger su equipamiento.
Shisui sonrió satisfecho porque ella no hubiera discutido aquella afirmación y asintió.
—¿Tendrás incursión pronto? —preguntó cambiando de tema.
Yūgao asintió terminando con los últimos detalles de su preparación. No dijo más al respecto y sabía que Shisui no le pediría detalles, a sabiendas que estaba prohibido compartir información sobre las misiones, incluso entre miembros de ANBU. Prácticamente ya estaban yendo contra las normas sabiendo la identidad del otro sin estar en el mismo escuadrón, pero le gustaba la sensación de tener a alguien con quien no tuviera que mantener secretos en ANBU. Incluso cuando la asignación de Shisui en ANBU era un secreto que pocos además del Tercer Hokage sabían, pues el creciente recelo que había en contra del clan Uchiha había impedido su nombramiento oficial trece meses antes de que el nombramiento de Yūgao surgiera.
—Quita esa cara. Estás arruinando mi primera misión fuera —pidió al notar la manera en que él estaba mirándola y casi pudo saber lo que estaba pasando por su cabeza en ese momento.
—¿En serio?
Ella asintió. Había preocupación en la mirada del Uchiha y, aunque agradecía que a pesar del tiempo él continuara preocupándose por su bienestar, Yūgao sentía que debía demostrarle a él y a Raki, que era lo bastante capaz de cuidar de sí misma sin que ellos estuvieran cerca.
—¿Qué se supone que debo hacer entonces?
—Animarme. Eso es lo que los amigos hacen —dijo resuelta—. Di: "Yūgao-chan, tienes todo bajo control, tu escuadrón y tu capitán se sentirán afortunados de tenerte con ellos. Nos vemos a tu vuelta, cuando te invite a comer dango." —recitó con un falso tono grave que pretendía imitar al de Shisui, pero sólo consiguió que él resoplara divertido. —Vamos, dilo —le instó con seriedad. Para su sorpresa, dos segundos después, él repitió a la perfección cada palabra y Yūgao sonrió con orgullo—. ¿Ves? Así se comporta un buen amigo.
—¡Es hora de irnos, Hizuki! —gritó uno de sus compañeros desde la puerta de los vestidores antes de que Shisui tuviera tiempo de darle una réplica.
Ambos se miraron por un segundo y entonces asintieron con la cabeza en una despedida silenciosa. Yūgao se colocó la máscara de porcelana y echó a correr hacia la salida. Ésta era su primera incursión como ANBU fuera de Konoha, el primer gran paso para continuar con su legado familiar y abrirse paso en el mundo como una gran shinobi, y se sentía total y absolutamente lista. Nada iba a poder arruinarlo.
…
Kakashi odiaba reconocerlo, pero ésta era una de las peores misiones que había tenido en toda su vida. Probablemente la peor que había tenido desde que había sido ascendido a capitán de escuadrón ANBU casi dos años atrás.
No estaba exagerando cuando decía que todo había salido mal desde el principio. Absolutamente todo.
El shinobi que les había sido ordenado recuperar no sólo era miembro de un prominente clan de Konoha sino también parte del departamento de Inteligencia, así que había sido fijado como un máximo objetivo desde que su novia había ido a su casa y la había encontrado destrozada y sin el menor rastro del shinobi. Afortunadamente sus captores habían cometido el error de dejar suficientes huellas de pelea y sangre por todo el lugar, así que no fue difícil encontrar el rastro del grupo dirigiéndose hacia el oeste a toda velocidad.
Ellos debían rescatar a su camarada antes de que fuera demasiado tarde, incluso suponiendo el mejor de los casos. Después del asunto con la heredera de los Hyūga el año anterior, Konoha no podía permitirse que un nuevo caso de infiltración y secuestro justo bajo sus narices.
El problema fue el mal clima que los sorprendió tan pronto como él y su escuadrón habían dejado las cercanías de la aldea, volviendo casi imposible para sus ninken seguir cualquier rastro del aroma del shinobi. No sólo eso, la lluvia se convirtió en una densa tormenta a su arribo a la frontera con el País del Río, y una vez que uno de sus subordinados estuvo a punto de ser alcanzado por un rayo, Kakashi había tenido que tomar la decisión de detener la persecución y esperar a que la lluvia amainara.
Con eso la misión habría podido ser considerada un fracaso de no haber sido por las habilidades de sensor de la miembro más joven de su escuadrón. Honestamente, él no había esperado que fuera capaz de localizar el chakra de sus objetivos, pero tras día y medio de persecución entre lodazales profundos y terrenos escarpados, finalmente habían conseguido aventajar a sus enemigos y acorralarlos en un sistema de túneles detrás de una imponente cascada.
Pero, como su padre solía decirle, "si algo puede salir mal, debes estar consciente de que siempre puede salir peor" y entonces se habían llevado la sorpresa más grande de todas al descubrir que su supuesto camarada, el shinobi al que habían sido ordenados rescatar de sus captores, en realidad, trabajaba como espía para Iwagakure.
Hablando de jodidas ironías…
Claramente el armisticio tras la guerra había puesto fin al conflicto entre ambas aldeas en papel, pero no así entre las sombras. Sin embargo, las órdenes de su equipo seguían siendo las mismas y, si no podían recuperar al objetivo, entonces debían asegurarse de que el enemigo no lo obtuviera tampoco.
Sólo hubo un problema más, bueno, en realidad dos: el primero, que aunque su escuadrón había trabajado unido por los últimos meses y estaba bien compenetrado, tal y como se esperaría de un escuadrón ANBU, los shinobi de Iwa les superaban en número. El segundo, y probablemente el mayor inconveniente de todos, era que se encontraban en un terreno que le favorecía al enemigo. Sólo hacía falta el jutsu adecuado para que el sistema de cuevas se viniera abajo y el río que corría por encima de ellos inundara todo el lugar.
El estruendo agudo característico de su chidori hizo un eco serpenteante a través de los túneles antes de impactar por completo en la espalda de uno de los ninja de Iwa. Kakashi dio una mirada al cuerpo inerte yaciendo ahora a sus pies antes de usar su kunai para bloquear ataque de otro enemigo viniendo desde su izquierda y soltó una patada que acertó en el rostro de aquel ninja.
Su respiración era agitada, no sólo porque había sido su segundo chidori del día sino porque estaba usando de más el Sharingan en un intento por contrarrestar la pobre iluminación del entorno en que se encontraban.
Corrió para brindarle asistencia a uno de los miembros de su escuadrón que había sido acorralado y fue entonces que captó el vistazo del chaleco de Konoha alejándose por uno de los túneles. Le parecía de mal gusto que aquel traidor ni siquiera hubiera pensado en quitarse el uniforme antes de desertar, pero ya habría tiempo de pensar en ello cuando pusiera sus manos sobre él.
—¡Está escapando, muévanse!
—¡Sí, capitán! —le respondieron al unísono tres voces firmes, así que no tuvo que preocuparse. Sabía que su escuadrón estaba bien.
Kakashi se apresuró a encabezar el avance a través del mismo túnel que había utilizado el ninja desertor. Detestaba la idea de guiar a los suyos en una persecución a ciegas en un lugar como aquél, pero no tenía opción. No podían perderlo. La seguridad de la aldea dependía de ello.
Los pasos de su escuadrón hacían eco entre las paredes que les rodeaban combinándose con un breve chapoteo cada vez que pisaban algún charco formado por las filtraciones de agua desde el techo. El eco constante del agua corriendo sobre sus cabezas intensificaba la cacofonía a su alrededor que ahora era sólo ruido blanco llegando hasta sus oídos. Definitivamente se encontraban debajo de un río.
—No… no puedo ver nada… —Se quejó en un murmullo uno de sus compañeros justo detrás de él.
Kakashi reparó en aquel hecho también, pero fue hasta ese momento en que se dio cuenta de que no era por las penumbras que peleaban contra minúsculos rayos de luz situados aquí y allá en los bordes del techo. Era la repentina niebla verdosa, completamente innatural, que estaba elevándose en su camino, alguna especie de gas lo suficientemente denso como para no ascender abruptamente a su alrededor. Diseñado para avanzar despacio, muy despacio. Cubría sus tobillos, se enrollaba con pereza alrededor de sus piernas, arrastrándose sobre sus uniformes hasta subir como una tenue cortina que había sido imperceptible hasta ese momento, cuando ya estaban completamente rodeados por ella.
—¡Todos, dénse prisa, vuelvan por donde llegamos! —apremió girándose hacia su escuadrón, quienes rápidamente reiniciaron la carrera. En torno a ellos, las gruesas paredes de roca crujieron con mayor fuerza y el agua filtrándose desde arriba aumentó su volumen.
Estaban a mitad del recorrido que habían hecho hacía un instante cuando comenzó a sentir los efectos. Las manos le picaban debajo de la tela de los guantes, era una extraña sensación que irradiaba desde el centro de sus palmas, como el piquete de un animal ponzoñoso que dejaba la zona caliente y extendía la picazón hasta las puntas de los dedos. Lo siguiente fue el sudor frío. O tal vez había sido lo primero sólo que él no se había percatado debido a la constante caída de agua que los había empapado de pies a cabeza.
Notaba a su equipo alejándose cada vez más, pero era incapaz de darles alcance. Cada respiración que tomaba era como aire caliente abrasando el interior de sus pulmones, le quemaba en la garganta y se quedaba dentro, no podía exhalar para intentar respirar otra vez.
Mierda.
No pasó mucho tiempo hasta que sus extremidades resintieron la falta de oxigenación y las ágiles zancadas fueron sustituidas por trompicones torpes que le obligaron a apoyar la mano en el muro cercano.
"Muévete. Mué-ve-te", se exigió a sí mismo pero era inútil. Con cada segundo que transcurría, el control sobre su cuerpo disminuía hasta que cayó de rodillas sobre un charco de agua fangosa.
Se quitó la máscara ANBU y abrió la boca para jalar aire, pero tampoco funcionó. Sus labios habían empezado a hormiguear, lo que era una mala señal porque significaba que estaba asfixiándose.
—¡Capitán! —Escuchó la voz de Hizuki como un eco que resonaba con demasiada fuerza a través del túnel. Su voz no era la única que escuchaba.
—¡Debemos irnos, este lugar se vendrá abajo!
—¡No sin el capitán!
Silencio.
No supo si fueron segundos, minutos u horas (la falta de oxígeno en el cerebro hacía jugarretas extrañas con la noción del tiempo) y entonces lo escuchó:
—Date prisa. Mi Doton no es tan fuerte y no creo poder aguantar mucho tiempo.
"¡No!"
¿Qué diablos estaban haciendo? ¡Él les había una simple orden, maldición!
Contuvo el reflejo de toser porque no quería delatar su posición e intentó ponerse de pie. Necesitaba que su escuadrón saliera de aquel lugar tan rápido como pudieran. Así tal vez lograrían alcanzar al ninja desertor en la salida que había tomado junto con el único compañero que le quedaba, cumpliendo así el objetivo de la misión. Más importante que eso, así lograrían seguir con vida.
Supuso que ser un ciervo intentando caminar por primera vez luego de nacer se sentía justo así: las piernas le temblaron desde los tobillos hasta las rodillas y entonces volvió a caer, salpicándose el rostro con el fango.
—¡Capitán! ¡Capitán! —La voz de Hizuki se escuchaba cada vez más cerca. El chapoteo de sus zancadas se mezclaba con el crujir de las rocas al caer cerca. —¡Kakashi-senpai!
Esa chica…
Debía saber que no podía decir su nombre durante una misión. Error de principiante. Como su capitán, él suponía que debería llamarle la atención al respecto. Claro, si no estuviera demasiado ocupado intentando mantenerse consciente y obligar a sus pulmones a respirar. Tal vez cuando todo dejara de temblar a su alrededor y la oscuridad no estuviera envolviéndolo.
Tal vez si no estuviera muriendo.
…
No era que Kakashi estuviera esperando ansiosamente la muerte, pero no podía negar que hubo algo decepcionante cuando la oscuridad comenzó a ceder su paso a la luz conforme sus párpados se abrían.
Lo primero que notó fue el techo ante él. Madera seca, no roca sólida con un montón de filtraciones de agua. Lo segundo fue el tacto cálido de unas manos en los hombros que impidieron que se levantara.
—Tranquilo, senpai. No intente moverse —le pidieron con suavidad.
Kakashi obedeció, no porque quisiera realmente, sino porque temía que su imitación de ciervo neonato volviera a repetirse cuando intentara apoyar su peso en las manos. Trataba de recordar lo sucedido y cómo había terminado ahí, pero todo lo que su memoria le proporcionaba eran imágenes inconexas que relataban un caos que sólo le provocó jaqueca.
Le tomó algunos segundos orientarse de nuevo y que la sensación de vértigo disminuyera lo suficiente como para girar el rostro hacia su subordinada sin que el resto de la habitación girara bruscamente.
—¿Qué pasó? —Su voz salió irregular y fue un milagro que la garganta no le sangrara por pronunciar esas dos simples palabras. Sentía como si hubiera tragado un montón de papel lija y en la boca tenía un desagradable sabor metálico mezclado con tierra.
—Akira no trabajaba solo. Nos emboscaron —explicó ella apartando la mirada para concentrarse en exprimir el agua de un trozo de tela en un cuenco cercano tras notar que él la estaba observando fijamente.
Quiso decirle que no era necesario que lo colocara en su frente, pero su mano apenas se sacudió un poco. Tal parecía que no sólo había sido afectado por el veneno que había inhalado sino también por el consumo excesivo de chakra.
Maldición.
Esperó unos cuantos segundos más antes de hacer un nuevo intento por hablar.
—¿Dónde están los demás?
—Custodiando a Akira y a su cómplice de Iwa. Pakkun está con ellos.
Kakashi volvió a mirar al techo. Sí, recordaba haber invocado al ninken para confirmar lo dicho por Yūgao sobre la ubicación del objetivo. Algunas otras escenas más como reflejos sobre el agua que le hicieron saber lo que había sucedido después de que salieran de aquellas cuevas. Ahora que su memoria había decidido comenzar a cooperar con él otra vez, pudo recordar también que habían pasado un pequeño pueblo en las cercanías de aquella cascada, así que supuso que tal vez se encontraban ahí.
—Tenían una orden —dijo con seriedad al cabo de un instante.
Tomó una profunda respiración y fue castigado con un dolor punzante en ambos costados que irradiaba hacia su espalda. Doble maldición.
—Lo sé. Pero tomé… tomamos —corrigió ella— una decisión, como equipo.
La vio desviar la mirada una vez más, típica señal del culpable. Casi podía imaginar la disculpa que vendría por no haber acatado órdenes, como el shinobi que sólo sigue las reglas al pie de la letra, una descripción que parecía encajar con lo que había visto de la kunoichi frente a él desde que se había unido a ANBU. Kakashi había sido designado para conformar un equipo con los nuevos reclutas y Uzuki Yūgao había llegado a su radar como una recomendación del Hokage. Procedía de un clan especializado en kenjutsu, según su expediente demostraba ser habilidosa e inteligente, además tenía cualidades de ninja sensor y una ética de trabajo que usualmente sólo veía en compañeros mayores.
—Podemos tener otra oportunidad para atrapar a Akira, pero… no podíamos dejarte atrás, capitán. Eso habría sido un error —declaró con seguridad, haciéndolo salir de sus pensamientos para mirarla con algo similar a la sorpresa.
No podía discutir con ese argumento.
Kakashi la miró durante un largo instante en silencio, tal vez intentando hallar algún indicio de falsedad en su gesto o en sus palabras, algo que delatara su falta de sinceridad, pero sólo encontró la determinación dibujada en cada rasgo de su rostro.
"¡No sin el capitán!", recordó entonces su voz como un eco lejano llegando hasta él a través de la acústica del túnel.
Se dio cuenta de que la sorpresa que sentía no era por la chica en sí, sino porque era la primera vez en muchos años, que alguien se había puesto en la línea de manera tan abierta por él. No era tonto ni ciego y sabía la reputación que marcaba su carrera en ANBU. También sabía que aunque sus compañeros siguieran sus órdenes sin cuestionar, no tenía su confianza al cien por ciento. Tampoco era como si estuvieran equivocados en tener sus reservas cuando se trataba de él, Kakashi era plenamente consciente de sus acciones pasadas y aceptaba las consecuencias sin buscar excusas ni justificaciones. No las merecía. Sin embargo, en los últimos años se estaba esforzando por hacer las cosas de otra manera, aunque no todos parecían dispuestos a creer en sus nuevas intenciones.
Le sorprendía haber encontrado en aquella chica, definida por un sobrenombre que apelaba a la frialdad, el reflejo más nítido que había tenido de las palabras de Obito en mucho tiempo.
Tal vez se estaba equivocando con ella.
Cerró los ojos torturándose con un nuevo intento por respirar hondo y se frotó el rostro con ambas manos. Abrió los ojos bruscamente.
Un momento. ¿Dónde estaba su…?
Se sentó de golpe, haciendo caso omiso del mareo que sacudió su cerebro, y palpó su mejilla desnuda antes de mirar a su compañera.
Ella se removió inquieta y súbitamente bajó la mirada, sabiendo a la perfección lo que estaba pasando por su cabeza.
—Uh… eso… —comenzó avergonzada, esforzándose al mismo tiempo por mantener la mirada lejos de su cara—. El veneno que usó el enemigo parecía afectar de manera particular los pulmones. Dijiste que te dolía el pecho, que no podías respirar y temí que la máscara acentuara los efectos —Tragó con dificultad y se humedeció los labios, inclinando la cabeza—. Lo- lo siento mucho, no se me ocurrió otra cosa, pero no he dejado que nadie más entre y te vea. Lo prometo, senpai.
Kakashi permaneció en silencio, mirándola sin saber muy bien cómo sentirse al respecto.
Ciertamente había algo extraño en tener su rostro al descubierto, especialmente frente a alguien. Y aunque comprendía los motivos tras la decisión de su compañera de escuadrón, no podía apartar la densa sensación que se alojaba en su pecho y que nada tenía que ver con los efectos del veneno. De alguna manera se sentía expuesto, incluso indefenso, y no le gustaba ni un poco. Era algo que calaba aún más hondo que la simple incomodidad, tal vez había algo de molestia ahí también, pero no iba a tomarla contra la chica.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? —preguntó finalmente mientras volvía a subir la máscara desde su cuello. Al menos no se la había quitado completamente.
—Día y medio —la escuchó murmurar aún sin armarse de valor para mirarlo de frente—. Y-Yo… iré a cambiar el agua, ésta ya está tibia.
Kakashi la siguió con la mirada. Sus movimientos se habían tornado algo torpes mientras recogía los paños de tela que había cerca y se levantaba con premura para salir de la habitación, no sin antes dedicarle otra pequeña reverencia a manera de disculpa. No pudo evitar fruncir el ceño. Era muy extraño verla despojada de la seguridad que siempre había esbozado hasta ese momento. Casi la hacía parecer alguien normal, una simple adolescente civil y no una kunoichi altamente calificada.
—Yūgao… —la llamó cuando estuvo cerca de la puerta. No le vio problema en decir su nombre real puesto que ella ya lo había hecho antes. Vio su mirada expectante y entonces añadió—: Gracias. Por todo.
«Continuará…»
Pequeña aclaración final:
Hizuki: Es una combinación de los kanjis氷 (hielo) y 月 (luna), lo que podría interpretarse como "luna helada" o "luna de hielo", y antiguamente era el nombre de la última fase del calendario lunar japonés. En el caso de Yugao, su apellido Uzuki se compone de los kanjis 卯月, por lo que su sobrenombre "Hizuki Yugao", sería básicamente un juego de palabras al respecto.
En fin… muchas gracias por leer y ¡hasta la próxima!
