Martín no tenía ni idea de por qué Manuel se había ido así, ¿Algo andaba mal?
Pero por supuesto, el argentino no sabía que el chileno se estaba volviendo loco, porque de a poco se estaba dando cuenta que empezaba a sentir ciertos sentimientos que de ninguna manera deberían estar ahí. Pero estaban.
Obviamente, Martín no tenía ni la menor idea de esto, es por eso que a la tarde, casi noche, volvió a llamarlo.
−Ah, vo' –Fue lo que le contesto.
−Sí, yo. Nunca te llevaste los pantalones, boludo. Venite a comer…
−No me quedo a comer. −Y cortó, así de frio, dejando al rubio un poco sorprendido.
No importa, se dijo, ya lo iba a convencer. Hizo la comida para dos, algo sencillo. Se sentó a mirar tele. Se aburrió. Ahora era diferente estar solo. No le gustaba. Cuando tocaron la puerta, saltó contento y le abrió con una sonrisa.
−Dame los pantalones y me voy, weon.
−Nope, te quedas a comer.
−No, me voy.
− ¿Encima que te cocino ya te vas?−Preguntó haciendo pucherito, poniendo su mejor cara de perro desvalido.
−Ah, si. Tú me cocinaste −Dijo con sarcasmo.
−Hamburguesas. −Abrió los brazos con una gran sonrisa, en modo de presentación.
−Comprastei en McDonals, seguro...
−Noo, hay uno a cinco cuadras, ¿Pretendes que camine cinco cuadras? −Dramatizó agitando los brazos, pero el castaño negó con la cabeza. −Pooooooooooooooorrrrrrrrrfiissssssss.
−No.
−Poooooooooooooooooooooorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr rrrrfiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiissssssssss.
−No.
−Pooooooooooooooooooooooooooooo….
−Comer y nada más. −Aceptó, bastante harto de la situación, con un tic nervioso en el ojo.
−Y una película.
−Que no sea de terror.
−Hecho.
Martín sonrió triunfante y el chileno se dio cuenta que tan rápido había caído. Cuanto más tiempo pasaba con él, más rápido accedía a todo lo que le pidiera. Se sentía confundido, una parte de él le decía que el argentino le gustaba y que debía quedarse a su lado; la otra parte se negaba a creer que ese idiota le gustaba pero que por las dudas debía alejarse.
Martín no sabía nada de eso, se guiaba más por su propio instinto (o impulso) que por otra cosa. Y su objetivo seguía siendo el mismo que antes; hacer reír a Manuel, o al menos robarle una sonrisa. Algo.
El chileno se sentó en la mesa, dándole la espalda a Martín, que estaba preparando las hamburguesas mientras prendía la radio y se ponía a cantar. Tenía buena voz (bastante buena) pero la cagaba cuando trataba de cantar notas altas, desafinando cómicamente.
Manuel se sorprendió cuando el rubio se inclino para deslizar el plato con la hamburguesa en la mesa, sonrojándose al escuchar la oración que canto en su oído;
−...Cuando es con vos, siento todo irreal… −Martín se alejó, sonriendo, a servirse su propia comida, cantando en su propio mundo−...recordando tu expresión, vuelvo a desear esas noches de calor, llenas de ansiedad...
Y entonces, mientras comían, cada uno se quedó pensando en lo suyo: Manuel preguntándose si le gustaba o no Martín, si estaba confundido o que mierda (su vecino no le ayudaba mucho a aclarar sus dudas) y el otro mirando fijamente a su vecino, intentando idear alguna forma de hacerlo reír mientras se balanceaba en la silla.
El chileno sintió que lo miraban y ya estaba pensando que se estaba volviendo paranoico, cuando se dio cuenta que sí estaba siendo observado y frunció el ceño.
− ¿Qué mirai?
−Nada, es que estaba flasheando que WAAAAAAA... −Y Martín se fue a la mierda. Literalmente. Fue una caída rápida, de la que no se pudo atajar, despatarrándose completamente en el suelo. –Ay... −Se quejó agarrándose la cabeza. El codo con el que cayó, también le dolía. Pateó la silla por pura frustración, enojado, mas se sorprendió cuando escuchó la risa de Manuel. Completamente tentado.
El chileno se agachó, mirándolo por debajo de la mesa, volviéndose a reír sonoramente. Martín lo observó, sonriente y orgulloso. Misión cumplida.
− ¿E-estai bien? −Preguntó Manuel todavía riendo, gateando por debajo de la mesa para acercarse y asegurarse de que el otro no estaba enojado por reírse así de él.
−Sí, dolió.
−Fue muy gracioso, weón −Comentó volviendo a reír.
−Sí, sí, termina tu comida, comés re lento, chabón.
−Es que... −Manuel se quiso levantar y se dio la cabeza contra la mesa, olvidándose completamente de ella.
−JAJAJA NO SOY EL UNICO BOLUDO JAJAJA −Martín estallo en risas mientras el otro salía de abajo de la mesa agarrándose la cabeza. −Che, ¿Te duele mucho? −Inquirió conteniendo la risa pero en parte preocupado, siguiendo al menor por debajo de la mesa.
−Un poco −Refunfuñó Manuel.
Martín apoyó sus manos en las mejillas del chileno, bajándole la cabeza para rozar sus labios contra la coronilla del chileno.
−Ya va a sanar…
El menor lo apartó, avergonzado. No dijo nada, simplemente se limitó a observarlo con las mejillas encendidas, justo donde las manos de Martín lo habían tocado, mientras éste se sentaba de nuevo a comer.
Terminaron la comida "sin inconvenientes" y Manuel se repetía una y otra vez que no debería haber venido. Y mucho menos seguir quedándose. No porque se sintiera confundido ni nada de esas cursilerías, si no porque olvidaba que Martín podía ser tan encantador como, bueno, así;
− ¿POR QUÉ? VOS PODÉS, VOS SABÉS QUE PODÉS, ¡SALTA LAS PUTAS REJAS, MANCHITAS! ¡TIMMY TE ESPERA DEL OTRO LADO! ¡SALTAA! −Gritó histérico al televisor.
−Sigo sin entender la wea: si el perro era tan genial, ¿Por qué le pusieron Manchitas?− Preguntó el chileno. Después de estar casi una hora haciendo zapping, una típica película de esos perros que hacen algo super apareció. Manuel odiaba esas películas pero el argentino ya se había enganchado.
−Porque tiene manchas, dah...− Respondió como si le hubieran preguntado lo más obvio del mundo.
−Ok. Para la próxima me quedo con la de terr…
−NO, MANCHITAS, CORREEEEE, OH POR DIOS, CORRRREEE MIERDA, AHÍ VIENE EL CAZADOR, TIMMY, Y LA RECONCHA DE TU HERMANA ZORRA PORQUE MIERDA NO AYUDÁS A TU SAGRADO PERRO, MIRÁ QUE LINDO QUE ES Y ASÍ SE VA A MORIR, SI SE MUERE TE MATO, TIMMY, MANCHITAAAAS…
Manuel perdió la última gota de paciencia y le saco el control remoto de la mano, cambiando de canal, antes de quedar sordo.
−Noo, ¡Volvee! MIRÁ SI SE MUERE. −Dijo (gritó) con exagerada histeria.
−No voy a volver a… −Fue interrumpido cuando Martín se le tiró encima tratando de agarrar el control remoto del televisor, y él trato de mantenerlo lejos de su alcance, pero se dio cuenta de la proximidad y sonrojándose, tiro el control lejos.
−Waa, ya termino −Se lamentó cuando logro volver al canal. Se hizo el ofendido mientras miraba los créditos.
−Seguro se murió, todas las pelis de perros terminan así. −El chileno que ni se inmuto por la tragedia del rubio.
− ¿Y si no se moría? El perro era muy genialoso, así como re groso, como yo, por ahí Timmy lo salvaba, o por ahí lo salvaba un extra, o por ahí se salvaba a sí mismo, así como él solito... −Desesperado, se puso a picarle el hombro mientras buscaba los posibles desenlaces.
−"Timmy" salva a su estúpido perro y fueron felices por siempre. Basta. −Dijo pegándole a la mano que le pokeaba insistentemente el hombro.
−No, ahora me enoje −Hizo una salida muy teatral, (tipo las salidas de los actores malos en las telenovelas truchas y muy malas) como si realmente estuviera enojado pero Manuel pudo ver que ocultaba una sonrisa antes de salir. Lo siguió a la habitación donde Martín se había tirado sobre la cama.
−Haz lugar –Demandó, queriendo sentarse.
− ¿Por qué no te cambias? Te presto un pijama si querés…
−No,…
−Es más cómodo que dormir en jeans, boludo. Toma- Le dijo mientras revisaba el armario y le tiraba la ropa arriba de la cama. −Vos cambiate en el baño, yo me cambio acá.
−Oka. −El chileno no discutió más.
Se llevo la ropa y se cambió. Se miró por un segundo en el espejo, observando su pelo revuelto, su mirada fría pero con ese brillo especial que adquirían sus ojos cuando la pasaba bien.
Había sido buena idea ponerse ropa más cómoda para dormir, aunque le quedara un poco grande lo hacía sentirse más libre, más ligero. Ignoró por completo el hecho de lo bien que olía la ropa de Martín. Era casi embriagador.
Cuando volvió a la pieza, se quedo mirando al argentino, medio escondido para que no lo vea.
Porque Martín la estaba pasando mal, se dio cuenta. Terriblemente mal.
Parado en la cama y con una zapatilla en mano, ponía toda su concentración en la pared. Más específicamente, en la cucaracha que había en la pared. Calculando, lanzó (revoleó) la zapatilla. Un tiro perfecto, le dio a la lámpara, la cual cayó rompiéndose estrepitosamente. La cucaracha se movió y Martín pego un grito (no muy varonil) mientras agarraba la otra zapatilla, sin sacarle la mirada al bicho.
Manuel se recostó sobre el marco de la puerta, tapándose la boca para no partirse de risa.
−Hija de puta, espera a que agarre el Raid, te creés tan mala con esas... patitas... y esas… ¡AY, NO, MIERDA, TIENE ALITAS! ¡ESA COSA VUELA Y LA REPUTA QUE ME PARIO! ¡MANUEEEEEL! ¡ANDA Y TRAEME EL RAID! ¡MANUUUU! ¡LA PUTA MADREEE! ¡VOY A MORIR! ¡MANUUELLL! −Se dio vuelta y lo encontró ahí, riéndose en silencio. −No seas forro, ayudame. −La voz se le quebró mientras miraba con pánico a la cucaracha voladora.
Manuel le arrebató el calzado de la mano y se acerco para darle un zapatillazo mortal. Y todo terminó.
−Me quería matar −Susurró Martín con voz temblorosa −Ella me lo dijo.
−Sí, poh, a mí también me lo dijo. Suerte que la descubriste, si no, te iba a matar mientras dormías…
−No, hablando en serio, ¿Viste como me miraba?
−Claaaro. Seguro que ni siquiera teni idea de cuáles son los ojos...
−Sí que sé –Se quejó y miró dudoso el cadáver destripado de la cucaracha −pero no se notan porque tiene hasta las tripas arriba de los ojos.
Manuel se limitó a sonreír, apagando la luz para ir a la cama.
−No tengo sueño, ¿Te jode que escuche música? −Preguntó el argentino, mas tenía ya los auriculares puestos.
−Hace lo que quieras.
−Sipis.
Pasaron unos minutos donde Manuel se sentía nervioso y Martín estaba en su mundo, hasta que éste último rompió el silencio.
−Che, ¿Te puedo dedicar una canción?
− ¿He?
−Es que estaba escuchando un tema y me pareció perfecto para vos…
−Bueno, ya poh weón...
Manuel, que estaba mirando el techo se alarmó cuando Martín apoyo una mano en su hombro, sintiendo su respiración en la oreja.
−Hoy te busqué en la rima que duerme con todas las palabras, si algo callé es porque entendí todo, menos la distancia... −Deslizó una mano por el pecho del chileno− Desordene átomos tuyos para hacerte aparecer... un día más, un día más... arriba el sol, abajo el reflejo de cómo estalla mi alma. Ya estás aquí, y el paso que dimos es causa y es efecto... cruza el amor, yo cruzare los dedos y gracias por venir, gracias por venir... −Enfatizó las palabras, acercando más su cuerpo− Adorable puente se ha creado entre los dos... −La mano pasó del pecho al otro hombro, en un pequeño abrazo−...cruza el amor, yo cruzare los dedos y gracias por venir, gracias por venir, gracias por venir, gracias por venir... −Su voz era suave, agradable. Los calores corporales se fusionaban con el ritmo de la música y el canto del mayor. −...Adorable puente... cruza el amor, cruza el amor por el puente... usa el amor, usa el amor como un puente...
Manuel simplemente cerró los ojos, durmiéndose en unos dulces sueños recubiertos de suaves melodías y la voz de esa persona a quien cada vez quería más y más.
Perdón por la tardanza .
