Me tarde bastante una vez más. Ultimamente he tenido inspiracion de la triste, el capitulo quedo más que nada ameno, pero prometo que e que sigue sera más divertido, por que ya estoy en ello, escribiendolo :D
NOTA: Quizás hable mal de algunos personajes, no lo se, tratare de no, pero por favor, pido tolerancia, dado que el DenSu es mi pareja favorita y yo respecto a las demás parejas, los manejo a mi punto de vista, probablemente quede un poco OCC en algunos caso. De todas formas gracias por leer. Dedicado a Aniel Ryou.
Disclaimer: "Hetalia Axis Power/Word Series" Ni ninguno de sus personajes me pertenecen, eso si, la historia [o esta cochinada] si me pertenece, no tengo miedo de que la plagien XD pero de todas formas están advertidos.
Advertencias: Probablemente Lemon, heterosexual, Yuri y Yaoi. Lenguaje un poco obsceno. Por todo lo demás, mis fumadas (?)
También, algunos personajes no tienen nombres humanos por lo cual me tome la libertad de tomar prestados algunos, no son tan originales pero sirven, si has leído hasta aquí, te lo agradezco mucho y ya no te perturbare más XD
Agradecimientos especiales a: Aniel Ryou, Amy Black, Lowey, Ely, MyobiXHitachiin, Merlina, Vismur, alochan, Ai no yoake, cucu y damaverde :3
Un incomodo silencio lleno por completo la sala, pues el danés no quiso agregar nada más al respecto. Y el sueco ni siquiera se molesto en pensar la posibilidad de iniciar otra 'conversación'. Cada uno por su lado y en cada extremo del sillón, en ese momento ambos estaban tan cerca, pero al mismo tiempo sus mentes se enfocaban en sintonías diferentes la una de la otra.
Solo intercambiaron un par de comentarios, respecto al clima, respecto a la hora, nada impresionante ni como para ponerse a indagar, pero finalmente el danés se dio por vencido de intentar conversar con la estatua humana, ¿Por qué el sujeto tenia que ser tan parco? ¿Realmente una persona podía pasar tanto tiempo sin hablar con otra? Esa era una hazaña que el no podría realizar.
Comenzaba a plantearse la futura resignación de vivir en una casa tan aburrida, aunque no necesariamente caería en esa resignación, una vez que recuperara los ánimos, por supuesto… haría su propia casa divertida, con o sin aprobación del otro, por que obviamente esta ahora era su casa también, a pesar de que todavía no la había pagado… Pero eso era punto aparte.
Miro detenidamente un bolígrafo en la mesa, como si fuera lo más interesante del mundo, de hecho en este momento lo era… era largo, brillante, con letras en plateado y cursiva que rezaban "För Sverige i tiden" Bonita la pluma. Linda.
¿Qué carajo? ¿Por que demonios estaba fantaseando con la estúpida pluma? ¡Por las valquirias! De verdad que estaba aburrido, o desesperado por hacer algo interesante… No iba a aguantar, definitivamente comentaría suicidio antes de…
Pero justo en ese momento, donde estaba pensando y considerando seriamente el matarse con la pluma cursi, Odín se apiado de su alma… y ocurrió un milagro…
¡El teléfono!
— ¡Es para mi! —dijo con exagerada euforia, saltando del sillón para sacarse el teléfono de la bolsa y contestar al tiro, sin siquiera fijarse en quien era. ¡Bendito aparato milagroso! ¡Lo amaba, lo amaba, lo amaba! ¡Amaba tanto a ese aparato y al desconocido que le había hecho la llamada! Jamás en la vida volvería a arrojar el teléfono por la ventana! (?)— ¿Hej, quien le habla al Rey?
No pudo evitarlo, pero incluso el sueco le miro con ligera curiosidad.
— "¿Rey? Numero equivocado, yo llame a la princesa…" —su risa rara contrasto terroríficamente con esa voz seria que solía expresar— "Hallo, dum…" —su voz siempre malhumorada sonó al otro lado de la línea. Lo que provoco que el danés sonriera inevitablemente en un acto medio masoquista por ser tratado así.
— Siempre es un placer hablar contigo, hombre de las nieves~
— "Errr… Por supuesto, el placer es tuyo, yo solamente me presto para el favor."
— Que gran sacrificio, ¡Te mereces una condecoración!
— "Las condecoraciones son inútiles, unas prostitutas me vendrían bien.~"
— No se puede por que ya eres papa casa… Lamento decir "Te lo dije", pero… ¡Te lo dije! —su conversación se hacia más sarcástica y amena con forme el tono de voz del danés se elevaba.
— "Si, claro. Lo que digas." —se hizo nuevamente un silencio al otro lado de la línea, hasta que tras un suspiro (que probablemente era una exhalación de la pipa), comenzó— "Errr… ¿Qué te arrojaron por la ventana de tu departamento con todo y maletas?" —su tono era brusco, burlesco, pero bien disfrazado con un ligero timbre de incomodidad, probablemente para esconder su preocupación.
El danés sonrió, todavía más, de ser posible, comenzando a caminar a una parte donde desafortunadamente (para el sueco) no se pudo seguir escuchando su amena conversación.
Esto, para desgracia y fastidio de Berwald, le provoco una innecesaria molesta frustración. ¿Por qué? No tenia motivos, no le importaba aquel hombre extraño en lo absoluto, ni con quien mantenía la llamada en ese momento, probablemente sí se sentía así era por el simple hecho de escuchar de que hablaban, es decir… Las amistades de ese hombre no podían ser más normales que él. Y desde que menciono lo de amigos hacia unos momentos, temió seriamente que tipo de personas pudieran acercarse a su casa.
Pero de todas formas, haría lo que tuviera que hacer en su momento, ahora… Por lo menos podría regresar a su trabajo, por lo cual se levanto para sacar unas cuantas hojas, para comenzar hacer borradores, su trabajo era poco común viéndolo como cualquier persona, pero para él, era bastante interesante, le habían dicho que se dedicara de tiempo completo a la tarea, pero el insistía, por las depresiones y demás, que no podía dedicarse lo suficiente a esto que tanto le gustaba. Con la pluma que momentos antes estaba en la mesa, comenzó a escribir la continuación de unas cuantas líneas que ya estaban en un montón de hojas blancas, agradeció el silencio de la sala, parpadeando y meditando que seria bueno para continuar.
Después de un rato ya estaba escribiendo algunas cosas, ideas más que nada, era bueno aprovechar lo primero que le llegará a la mente en ese momento, ya después revisaría para corregir los fallos, raramente estaba inspirado, por lo cual escribir fue casi como caminar… tan fácil y tan cómodo que deseo por todos los dioses que nada, ni nadie, le interrumpiera ese momento de inspiración.
Y afuera de la sala, donde se veía un pequeño balcón para mirar hacia la calle, tras una espectacular vista, estaba el danés, quien seguía a las grandes carcajadas, lo que parecía ser una inigualable conversación e inevitablemente atraía la atención de la gente que pasaba caminando debajo en la calle.
— "Ja, me imagino, ese amigo Alfred tuyo se consigue relaciones extrañas, no me sorprende que no le haya quitado el permiso para juntarse contigo." —seguía comentando el holandés, que pidió un momento para poder llenar su pipa de más hierva.
— Arthur y yo nos… —vacilo, haciendo una mueca, por que ni el mismo se creía sus palabras— Nos "Queremos" a nuestra manera… —no, era todo una vil mentira— Bueno, por lo menos hacemos una especie de tregua silenciosa por Alfred. Pero mis problemas con cejas, son la menor de mis preocupaciones…
Sin poder evitarlo, miro por encima de su hombro, para asegurarse que la puerta de cristal estuviera bien cerrada y el otro lo suficientemente lejos para no escuchar.
— "Ja, entonces… ¿Cómo es?" —indago por fin el holandés, disfrazando su voz con indiferencia y desinterés.
— Alto… grande… feo como tú… Solamente le falta esa cicatriz en forma de rayo que tu tienes en la frente y podría ser tu hermano gemelo, uno de ustedes podría ser Harry Potter y el otro Voldemort, ¡Incluso ya tiene los lentes! —era imposible no reírse con las palabras fuera de lugar y sin sentido del danés. Esto el holandés lo sabía y no podía ser inmune a atacarse de risa del otro lado de la línea, a veces olvidaba por que ese idiota era su mejor amigo.
— "Ja. Ja. Muy gracioso…" —murmuro en un tono de mostrarse ofendido, aunque la verdad era que de imaginarse eso le producía mucha gracia— "¿En serio es tan alto como yo?" —arqueo una ceja, cambiando el teléfono de lugar.
— ¡Es en serio! Comienzo a preocuparse de esto, debe haber algún tipo de maldición en mi para que la gente seria se involucre en mi vida… —aquí se escuchaba un tanto afligido, pero el danés era demasiado exagerado y dramático para tomarlo en serio.
— "Bueno, tu tienes suerte… podría ser peor, mirarlo desde mi punto; te puede pasar que atraigas rubios idiotas que a final de cuentas te llamen para que les pagues la fianza de la cárcel, como a mi…"
— ¡Eso solo me paso una vez, bror! ¡Ya no me ha vuelto a atrapar la policía! ¡Además todo lo de la finanza de esa ocasión, ya te lo pague! —le hizo saber, y ahora que recordaba, no seria mala idea pedirle un poco de dinero a su amigo para pagar la renta que le continuaba debiendo al cuatro ojos.
— "¿Qué…? ¿¡Cuando me lo pagaste! Tú me dijiste que ya la habías saldado, pero que casualidad que fue un día que me puse borracho hasta las botas. No puedes comprobarlo." —gruño para mostrar protesta, y pronto el teléfono de lleno de gruñidos por parte de ambos, como una comunicación animal.
— ¡Ajá! ¿Pues quien crees que pago todo lo que te metiste ese día? ¡Fui yo! ¡YO FUI EL UNICO QUE TE ARRASTRO FUERA DE ESE BAR! ¡Y te pude haber dejado tirado en la calle! ¡A que te violaran esas mujeres malvadas! (?) ¡Pero, nooo! ¡Me apiade de ti y te saque como pude! ¡Luego me las tuve que ver con tu hermana para convencerla de que no habíamos vuelto a apostar! —ambos tenían mucha historia juntos, demasiada para el gusto de ambos, y se conocían antecedentes que de ser enemigos ya se hubieran acabado entre ellos…
— "De todas formas no te pude agradecer nada, por que Alice, al siguiente día estuvo haciendo llamadas, se entero. Y tuve que hacer mil cosas para que me perdonara." —el solo hecho de recordar ese momento, hacia que la cabeza del holandés punzara de dolor— "Diablos, jamás me volveré a poner borracho hasta las botas."
— De hecho… —vacilo un poco bajando la voz, captando inmediatamente la atención ajena— Yo quería regresar a ese bar este fin de semana… —confeso el danés, en un tono de voz que denotaba un poco de maldad, comenzó a jugar con su reloj de mano.
Se hizo un largo silencio.
— Tú sabes… Estoy de regreso en la ciudad~ Tú y yo. Nosotros. Como en los viejos tiempos…
Otro silencio.
— ¿Dirck?
— "Dalo por hecho." —dijo finalmente le holandés, en un tono bajo, como si no quisiera ser escuchado por nadie más. Casi pudo imaginarse la enorme sonrisa del danés a pesar de que este no hacia sonido y ni siquiera lo estaba viendo— "Hmp… Regresando al tema… Con tu problema…" —quiso cambiar de conversación antes de arrepentirse.
— ¡Eso! ¡Así me gusta! —soltó una fuerte carcajada— ¡Por eso me gusta hablar contigo, bror! ¡Es divertido! Y por lo menos tú si me respondes… —gruño— Aunque sea insultándome~ —volvió a mirar una vez más por encima de su hombro, localizando al sueco que parecía muy entretenido haciendo algo que no podía ver.
— "¿A que te refieres? ¿Es mudo?" —el danés logro identificar un sonido de palomitas reventando del lado del holandés. Paso la lengua por sus labios, imaginando el sabor.
— ¿Qué estas haciendo? ¿Esas son palomitas verdad? Bastardo… ¡Puedo olerlas desde este lado de la línea! ¿Estas con Alice? —su estomago gruño, pero regreso al tema— Más bien, digamos que… cuando hicieron a mi amigo Berwald, olvidaron ponerle todas las vocales… —y esto era referente al raro acento que portaba.
— "No, Alice no esta, espero a alguien… Te imaginaras quien, por eso ni siquiera se te ocurra venir." —el danés hizo un puchero, bastante inconforme por que leyeran su mente, estaba planeando ir directamente a la casa del otro— "Ya veo, el tipo es raro y molesto… ¿Quieres que lo golpeemos?" (?) —su tono era serio.
La carcajada que soltó el danés, hizo que Berwald frunciera el ceño y rayara sin pretenderlo unas cuantas líneas de sus hojas, ¿Quién se reía tan fuerte que su voz atravesará los cimientos y cristales? ¡Pero genial!, ahora gracias al otro su concentración impecable había sido arruinada, con el ceño fruncido intento volver a hilar las ideas, y proseguir, llevaba tres paginas a mano, pretendiendo seguir con la próxima. El sueco volvió a fruncir el ceño, su risa y conversación privada le daba mala espina, provocando un escalofrió en toda su persona, nadie que tuviera esa risa tan perturbadora planeaba nada bueno.
Al detenerse a pensar que nuevamente… estaba pensando en lo molesto que era ese hombre, se maldijo, ahora gracias a él sus pensamientos se habían dividió, era un fiasco, la concentración se había interrumpido, gruño y mejor acomodo sus hojas, las releería para estar seguro de sus ideas, para ver también si era posible regresar la inspiración.
Y mientras tanto… Fuera de su casa…
— ¿¡QUÉÉÉÉÉÉÉ! ¡Debes estar bromeando! —sus ojos se abrieron enormemente, despegando el teléfono de su oreja para mirar la fecha y la hora— ¡Mierda! —volvió a pegarlo a su oído para seguir gritando— ¡Lo olvide por completo! ¡Hoy es la final de Dinamarca contra Holanda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! —sus ojos buscaron de manera desesperada un televisor, casi pego el rostro al vidrio, estirando su nariz y su rostro, por fin dio con el dichoso televisor, pero para su desgracia estaba en la sala, frente al sillón donde Berwald se había acomodado para hacer sus cosas extrañas— ¡Carajo! ¡Déjame ir a tu casa! ¡Saldré enseguida! —rogo, calculando el tiempo para llegar.
— "Ni hablar. Natalia viene, y si sabes lo que te conviene, no vas a venir."
— ¡Maldito De Lange, hijo de perra! ¡No me puedo quedar sin ver ese partido!
— "Mal por ti, ¿Qué acaso tu amigo todavía no descubre el fuego y la televisión?"
— ¿Estas mal de la cabeza, verdad? ¡Ese tipo me odia! ¡Me lo ha dicho miles de veces y lo ultimo que me va a dejar hacer es usar su televisión! ¡Hoy ni siquiera me quería dejar tomar leche! —seguía con su exagerado teatro, ¡Pero es que era grave, su amigo debía comprenderlo!
— "Oh, no, la leche no…" —dijo con exagerad angustia— "¿Tienes tres años? ¡Eres un hombre, Dano! Solamente ve hacia el maldito televisión y enciéndelo. Si eres inteligente, no tiene por que decirte nada…" —y antes de que el danés pudiera agregar lo que el holandés se imaginaba…— "NO. Vienes a mi casa, te ahorco con la bufanda."
— Imbécil, idiota, mal nacido, ¡Te haces llamar mi amigo! Hijo de… —se quedo en silencio y dando vueltas en su lugar comenzó a pesar todas las posibilidades, después de un silencio, por fin agrego— ¿Sabes que? Tienes razón, lo voy a hacer, lo voy a sacar de ese sillón y voy a ver ese partido. ¡Así será, maldición! ¡Yo ganare!
Se arranco el teléfono de la oreja, cerrando la tapa de golpe y finalizando la llamada.
— ¡Asi se habla, Dan! ¡Ese es el hombre que yo conozco! ¡Bien hecho, bien hech-..! —lo estaba felicitando, pero antes de agregar cualquier cosa, en ese momento la línea se corto… ¿Le…? ¿Le había colgado? ¿Ese desgraciado le había colgado…?— Aja, si, adiós.
Su amigo podía ser horriblemente terco e impertinente cuando se lo proponía.
El danés corrió las puertas de cristal, con una sonrisa que bailaba en sus labios, mirando su objetivo: El televisor. Pero también mirando su obstáculo: El sueco.
No le tomaría ni un par de minutos… Su sonrisa se hizo más grande, camino hasta él.
Una media hora después…
— ¿Que estas haciendo?
Esa molesta voz, volvió a irrumpir su tranquilidad por… ya había perdido la cuenta de las veces que le danés le preguntaba que hacia. Suspiro y estiro la mano para beber de su tercera taza de café, disimuladamente cerró la carpeta rebosante de papeles, y comenzó a escribir cosas a lazar en una hoja, cada que el otro se acercaba lo hacia por reflejo, igual que un niño tímido que teme que el otro se burle de su dibujo… lo escondía, para luego pretender que nada pasaba.
— Tr'bajo, n'da int'res'nte. —se apresuro a agregar para luego girar un poco el cuerpo, en afán de darle la espalda, dando una clara indirecta de que no quería seguir con la conversación.
— ¿Siempre tomas tantas tazas de café? Luego te darán unas ganas tremendas de ir al baño, ¡Es lo mismo con la cerveza! Retención de líquidos, Dirck dice que…
El sueco giro la cabeza y lo miro con la boca abierta, mientras el otro se sumía en su propia conversación, moviendo las manos y mirándolo a veces a el, y otras tantas al techo. ¡Ni siquiera le veía a los ojos cuando parloteaba!
Era como si realmente no le hablara a él, si no más bien como si solamente necesitara una escusa para comenzar a soltar la lengua sin contenerse… Su voz comenzaba a ser molesta, si antes era incomoda, ahora era como un zumbido en su mente, cada silencio era interrumpido por alguna conversación innecesaria por respecto a todo, y no es que no fuera sociable, si no que no estaba acostumbrado a hablar con la gente, y en este caso, estaba menos acostumbrado a escuchar a alguien hablar todo el tiempo sin parar.
— ¿Entiendes entonces por que no es bueno tomar tanto café? —dijo finalmente el danés con una sonrisa, más el otro solamente lo miraba, parpadeo varias veces, incluso el danés volvió a sonreír, como si esperara la tan esperada respuesta por parte del otro— Oh… ya veo… —elevo ambas cejas— ¡Seguro no me entendiste! —pobrecito sueco, era lento para entender…— ¡Entonces te lo explicare de nuevo! Mira, es que…
— ¡Hmp! —el sueco se apresuro a poner en pie, tomando todas sus cosas para enrollarlas igual que un periódico y ponérselas debajo del brazo para ir en dirección a la cocina— Es t'rde… —comento como si nada, mientras caminaba en dirección al antes mencionado lugar, para lavar su taza y alistarse para las tareas del hogar.
Adiós paz. Adiós tranquilidad. Adiós momento de inspiración.
— Por supuesto, ve a hacer tus suecadas por otra parte~ —por su lado el danés se apresuro a ocupar el sillón ahora disponible donde estaba el sueco, se acomodo a sus anchas y subió los pies sobre la pequeña mesa de trabajo, llevando las palmas detrás de la cabeza mientras tomaba el control remoto y encendía la televisión.
Plan de acción: Resultado. Echar gente de lugares era su mayor especialidad.
Ah, delicioso placer el salirse con la suya sin hacer mayor esfuerzo, justo a tiempo para ver el partido de Dinamarca. No entendía cual era el problema del otro, igual no era como si realmente le interesara. Podía ser molesto cuando se lo proponía, y cuando no, también. ¡Muy bien, entonces que comenzaran las apuestas! Estaba casi seguro que ganaría un buen dinero con los resultados de este partido.
Por su parte el sueco miraba con recelo… apenas comprendiendo la situación a la cual tan ingenuamente había caído. La palma con la que sostenía la taza era totalmente blanca, por la fuerza con la que le estaba presionado, el otro ya estaba cómodamente mirando la televisión en SU sillón. Llevo los dedos a sus sienes. En cada momento del día su presencia intentaba invadir su espacio… su hogar… sus tierras. Igual si se escuchaba un tanto egoísta no le importaba, el otro era el intruso, no pedía las cosas ni jamás las agradecía, el por lo menos tenia educación. Pero el otro era un completo vagabundo, de hecho, todavía no tocaban el tema del dinero que ya había pagado Berwald y que supuestamente el danés debía darle la mitad.
¿Por qué a el le tocaba esta suerte? Era tan injusto el destino. El había llegado primero a esta casa, que lo tenía todo, el no había escogido vivir con nadie más… Hasta estaba considerando el hecho de que… de ser por el danés, quizás consideraría la idea de buscar otro lugar, que obviamente no seria tan bueno, pero por lo menos se aseguraría que su santuario no fuera invadido por segunda vez.
En estas divagaciones estaba cuando.
— ¡GOL! [Inserte aqui un "GOL" extremadamente largo en no me deja poner] ¡MIERDA SEEEHH!
El grito de éxtasis del danés, opaco por completo el estruendo de la taza rompiéndose en mil pedazos al caer piso, Berwald miraba con los ojos bien abiertos su pieza de parcelada favorita reducida a nada, él sujeto responsable… brincaba de jubilo sobre su sillón, haciendo sonidos similares a un gorila demente. Lo mato…
Volvió a bajar la vista, nada había cambiado, su porcelana favorita en miles de cachitos regados por el piso, sin disculpas, ni lamentos, el otro ni siquiera se había dado cuenta… Se llevo una mano a la boca para tragarse un jadeo de dolor. Aguardo unos cuantos segundos de luto por su taza.
Segundos después, su mirada se modifico a una de total mortalidad, toda dirigida al danés que seguía mirando la televisión al borde de la orilla del sillón sin importarle más nada. Sin embargo no fue tan inmune, pues el sueco pudo ver a través de sus ojos llenos de rencor, como el otro se llevaba una mano a la nuca y se tallaba, distrayéndose por un segundo, una sensación de estremecimiento que le erizo esa parte de su nuca. Como si un aire frio lo hubiera tomado por sorpresa.
Esta era el aura de peligro sueca que emergió más fuerte que antes para ver si podía captar su atención, decían que no era cierto, pero una buena mirada fija podía sentirse a largas o cortas distancias. Por fin, el señor sonrisas se digno a mirar en su dirección, Berwald seguía sin quitarle la vista de encima, pero ya se había resignado a inclinarse en el piso para recoger su taza con las manos, de hecho se ayudaba con algunas de sus hojas para no tocar el filo directamente. Muy bien… Espero la disculpa.
El otro sujeto parpadeo mirando la escena, frunció el ceño y luego suavizo la expresión, como si sus pensamientos al fin fueran iluminados…
Pero las expresiones que salieron de su boca… Mejor no hubiera hablado.
— ¡Demonios! ¿Se te cayo la taza, amigo? —el danés volvió a rascar su nuca, pues la sensación extraña todavía no se le iba de encima— Debes comprarte otros lentes, viejo. Esos ya no te funcionan como se debe, —otro sonido de algo rompiéndose resonó, esta vez no eran los pedazos en el suelo, ni tampoco, en esta ocasión, había sido por accidente—…O quizás es esta alfombra tan fea que hizo que te resbalaras ¿Dónde la compraste? ¿En el IKEA…? ¿No tenían en otro color que fuera menos espantoso? Deberías comprar un rojo vino, ¡Eso le daría más intensidad a tu casa! Sin contar que es un color imponente… —el fuerte bullicio de la televisión le hizo captar la atención una vez más— Oh, espera, el part-… ¿¡EH! ¿¡QUE ESTAS HACIENDO…! —se levanto de un salto, para hacerle frente al otro— ¡OYE, NO! ¡LA TELEVISION NO! ¿ESTAS LOCO? ¡ES EL PARTIDO FINAL DE LA SELECCIÓN DE DINAMARCA!
No le tomo ni un par de minutos caminar de la cocina de vuelta a la sala, para tomar el cable de conexión del televisor y tirar de este hasta desconectarlo. Estaba al límite de su paciencia. Incluso, por orgullo, se quedo detrás de la televisión para encarar la respuesta del danés. El rubio atolondrado, se levanto del sillón, no sin antes azotar las manos contra la pequeña mesita como protesta, su expresión era… ¿De incredulidad? Pues que mal que haya pensado que el sueco era silencioso y calmado. Por que si lo era, pero vamos… ¿Quién se aguantaría semejantes actos de insolencia? Su gruñido de molesta, casi, hace sentir bien al sueco.
— ¡Dame eso! ¡Que se te cayera la taza no es mi culpa! ¡Ni tampoco que tengas cortinas feas! —exclamaba el danés, mientras daba la vuelta para tomar el otro extremo del cable del televisor, emplearía la fuerza de ser necesario, eso era seguro.
— ¡T're mi t'za por q' me as'stast'! —replico el sueco, forzado a alzar la voz para que se escuchara entre todos esos gritos.
— ¡Por Odín! ¿Yo te asuste, Berwald? —volvió a tirar de su extremo, desesperado— ¿Es mi culpa que seas tan mariquita? —gruño el danés, tirando más fuerte del cable.
El otro hablo sin pensar, obviamente. Pero el sueco se quedo helado por unos segundos, donde solo abrió la boca de la estupefacción.
Guardando silencio le dio tres segundos para que se disculpara. Tras una mirada seria que solamente acentuaba el poder de su aura de irritabilidad, estaba rosando su límite.
— ¡Dame el cable! ¡NECESITO VER EL PARTIDO!
Tres.
— ¡Que sueltes el cable, te digo!
Dos.
— ¡DAME EL PUTO CABLE, COÑO!
Uno…
No supo ni como, ni cuando, pero se quedo con las ultimas palabras en la boca, pues justo en ese instante, la mano con la que tomaba el cable, fue sujetada por una mano ajena que tiro de su mano para hacerle perder el equilibrio, entonces su muñeca paso a ser atada y amordazada por el resto de la conexión, para este punto reacciono rápido… soltó un insulto, lanzando un puñetazo que esta vez fue bloqueado por una de las manos suecas… Luego sintió como el tipo se arrojo al piso llevándose sus manos y por ende, el también fue a parar al piso, pero de una manera menos ventajosa…
Tras una exclamación de dolor y sorpresa, el danés callo de rodillas al suelo, maldijo, y antes de que pudiera darse la vuelta, sintió un peso extra caerle encima reduciendo sus posibilidades de tomar el control nuevamente… La muñeca enredada por los cables fue a dar a su espalda en un contorsionista movimiento para inmovilizarlo, ahora era victima de una dolorosa llave, por si esto fuera poco la sensación provoco que mordiera la horrorosa alfombra de la cual se estaba quejando, para no gritar y darle la satisfacción al otro de escucharlo, pero no pudo ocultar la reacción de su cuerpo.
Arriba de él, un sueco bastante orgulloso miraba atentamente al sujeto debajo de si, mientras seguía presionando su muñeca hasta llevarla casi a la nuca… Solo un poco más, al inicio se quejo bastante… obviamente sin sonidos, pero podía notar la forma tensa de sus hombros, el movimiento de su cuerpo por sacárselo de encima. Le sorprendió que no dijera nada, solamente unas cuantas maldiciones y amenazas. Luego de un rato cuando se calló, lo volvió a examinar y solo pudo notar como tensaba las muñecas de las manos, aguantándose, eso era de admirar.
— Ah, mierda… —fue lo ultimo que escucho del danés antes de que relajara su cuerpo por completo. El sueco arqueo una ceja. ¿Se estaba rindiendo?
Por una vez, Berwald Oxenstierna 'el hombre tranquilo' había recurrido a la violencia, claro no si antes haber sido provocado con justa razón por el otro… La taza seguramente no se la iba a pagar, entre otras cosas acumuladas que sentía.
La verdad era que… Estando de esta forma con el otro maldiciendo por lo bajo, le era bastante reconfortante. Gozo el momento por algunos segundos más, hasta que por fin aflojo la llave, todavía sentado sobre su espalda, espero una respuesta.
— Fue tu c'lpa, era mi t'za f'vor'ta. —dijo sencillamente, más tranquilo, mientras ladeaba ligeramente el rostro, esperando una respuesta por parte del otro, no quería tocarlo más de lo necesario, pero hasta el mismo se vio tentado de enredar los dedos entre esa masa de cabello tan alborotado que cargaba el danés, su otra mano estaba enredada con el cable de la televisión y su muñeca, asegurándose de que no pudiera moverse— Y esta es mi televisión, tienes que pedirla.
No es que fuera una persona egoísta, quizás con cualquier otra persona no hubiera puesto semejantes condiciones, pero el danés comenzaba a pasarse, debía poner un limite entre ambos. Dan… que por cierto seguía silencioso debajo de él (ya hasta había pensando que quizás se había desmayado de la impresión), por mera maldad volvió a tirar la muñeca un poco para ver algún tipo de reacción, otra vez el cuerpo ajeno se tenso, entonces le dio a entender que estaba consiente.
— D'scúlp'te… —repitió, tirando un poco del cabello para buscar su rostro.
La risita que salió de los labios de su intruso, lo saco de su mundo de fantasía.
Cual fue su sorpresa al mirar que Dan tenia el rostro ladeado, con una expresión seria pero adornada con una sonrisa burlona un tanto maliciosa, permanecía tenido en el suelo con un hombre enorme sentado en su espalda, pero el danés se comportaba con tranquilidad, muy a pesar de que a sus espaldas le practicaban una dolorosa llave.
— De acuerdo, es tu televisión. —dijo con cierto resentimiento, tras una sonrisa y una mirada atenta— No pensé que fueras tan egoísta… —todavía se tomo un par de segundos antes de continuar— Lamento lo de tu taza, son cosas que pasan… —intento encogerse de hombros pero no se pudo. Su voz sonaba sarcástica, no arrepentida.
Los labios del sueco fueron apretándose hasta formar una línea recta, su expresión inconforme que casi siempre era la misma cara que ponía para todo, solo era una mascara de su confusión y sorpresa. No podía ser que no sintiera dolor. Quizás no estaba apretando lo suficientemente fuerte. Por ello tiro más de la mano, esperando una queja, un alarido, algo que le hiciera sentir que realmente no podía estar burlándose de su persona en su propia casa…
— Ouch… —respondió sencillamente entrecerrando los ojos, pero sin borrar la sonrisa masoquista de satisfacción en la cara, el otro no podía creer que no le doliera semejante tortura— Beer~ me gusta esa mano… Es la que normalmente uso para comer… escribir… masturbarme… Una mano muy útil. ¿Te importaría?
Al final no pudo disfrazar su tono de fastidio. Sin agregar nada, ni tampoco queriendo soportar por mucho más esa posición tan… sumisa, cambio el peso de su cuerpo para el pecho. Elevando la cadera, para apoyarse desde las rodillas, logro juntar fuerzas de su tiempo de descanso para levantar al sueco y arrojarlo a un lado… mientras rodaba en lado contrario para liberar su mano y desatarla, fue entonces donde se permito muecas de dolor, mientras se la sobaba, no estaba seguro de en cuanto tiempo se borrarían esas marcas de cables, cortesía del otro.
— ¡Mierda! Tú de verdad querías quitarme la mano. —hizo un ligero pucherito, sacudiendo su muñeca para aminorar la sensación, su palma estaba blanca a falta de sangre, casi sentía que le estaba llegando un calabre.
El sueco desde la pared, abrió la boca para agregar algo, pero solo puso pensar que el otro estaba demente o enfermo— ¿Qué? ¿Es ' 'res m'soqu'sta? —inquirió saber, pues una persona normal se la pasaría gritando con eso, por lo menos hasta que se le liberara de semejante tortura.
El danés entrecerró sus ojos. ¡Claro que le había dolido como los mil demonios! Pero no por eso iba a mostrar sumisión ante el otro, en otra ocasión se la hubiera pasado gritando y removiéndose como gusano en sal, pero eso era lo que quería el sueco… Por eso se vio forzado a pedir a su manera que dejara su pobre mano en paz, igual había conocido peores dolores que ese, sin contar que de querer, Berwald le hubiera hecho mil torturas más de haber querido lastimarlo en serio. ¡Estúpido sueco!
— ¿Y que si lo soy…? Realmente no me conoces… —aquí le regalo una sonrisa insinuante y divertida, de esas que solían asustar a Berwald, por que no sabia interpretarlas— ¡Gracias por el agradable momento de adrenalina! Pero si me disculpas me iré en este momento. —rodo otra vez dándole la espalda y tambaleándose camino lejos de su persona.
Olvido por completo el televisión, tomando las primeras llaves que tuvo de frente, regreso a su habitación dejando al sueco pasmado en el piso, el cable había quedado todo chueco por la fuerza de ambos, falto muy poco para que el televisor fuera a dar contra el piso. Berwald se levanto, un poco confundido… ¿Se iría? ¿Se iría en serio?
¿Tanto se había enojado por su acción para tomar la decisión de irse? ¡Pero si el había tenido la culpa! ¡Debía asumir las consecuencias de sus actos! Era cierto que ya no eran niños… que forma tan poco madura había tomando Berwald para actuar… aunque quiso sentirse un poco al mismo nivel que el otro…
Cuando lo vio salir del cuarto con unos lentes negros, estuvo tentado a decirle que si se iba era por que era un mal perdedor… De todas formas el sueco no estaba seguro de que si el había ganado… en tal situación confusa. De todas formas estuvo tentado a decirle cualquier cosa con tal de cambiar su forma de pensar. ¿Hacerlo desistir? Eso no era posible… No sabía que era el estremecimiento de duda que agobiaba su persona.
Por eso no dijo nada.
No era como si realmente deseara que él otro se quedara.
— Te lo regreso al rato… —le guiño antes de abrir la puerta, regalarle una sonrisa pero justo antes de desaparecer se quedo quieto durante un par de segundos, junto dos dedos para mandarle un beso de forma dramatica y un tanto jugetona, lo cual hizo por demás poner azul al sueco, el danes estallo en risas y desapareció su cuerpo por la misma tras cerrarla suavemente.
¿Regresar al rato?
Suspiro.
Esa era una forma de decir que pensaba regresar. Tampoco se llevo nada de su habitación, aquí seguían sus maletas… Apenas recapacito sus pensamientos formo una mueca en su boca y se levanto, sacudiendo la cabeza.
Definitivamente no había FORMA de que ambos pudieran llevarse bien.
Aunque bueno, si el otro le hubiera pedido el televisor desde un inicio nada de esto hubiera pasado. ¿Tanto le costaba ser amable o dejar de ser un cretino? A un niño se le dejaba hacer lo que quería, pero este ya no era un niño. Aun así cuando regresara lo primero que haría sería establecer algunas reglas, no le restringiría todo, el televisor, la lavadora y parte de la coci… No, la cocina no, era suya, pero quizás el baño si podrían compartirlo. Exacto. Le daría una bofetada con guante blanco, el tenía modales: era civilizado.
Un motor llamo su atención, pero antes de irse a saciar su curiosidad por la ventana, el celular, aparato que tenía más cerca, sonó. Indicándole que tenía un mensaje.
Se sorprendió de ver quien era el remitente del mismo, una amistad suya que quería volver a encontrarse con el, en el mensaje le contaba lo irrelevante, que quería conocer su nuevo hogar. Pero lo que más llamo su atención fue la última línea.
"¿Te compraste el gato?".
Medito por algunos momentos antes de contestarle, algo que no anexo en el mensaje, fue que teniendo al dinamarqués de compañero, era imposible pedir más mascotas latosas en la casa, por desgracia con el danés tenia mascotas, hijos, esposas, y suegras histéricas. Comenzó a buscar un papel para apuntar la dirección de la casa donde se hospedaba su amistad. Hasta que se dio cuenta de una cosa…
Las llaves…
El teléfono se le cayó al piso al percatarse que el danés no solo se había llevado las llaves de la casa, si no que también se llevo las de…
'Te lo regreso al rato~' Eso fue lo que había dicho.
— N-no… No s' atr'v'ría…
Era imposible, el otro no pudo ser capaz de llevarse su auto, no tendría las agallas… Existía un límite para jugarse las bromas entre ellos, un limite para respetar lo ajeno, tener valores y la molaridad de no meterse con lo que no era suyo… eso era robo, definitivamente era robo, lo buscaría y cazaría el mismo si es que no estaba su auto donde debería de estar… Si no le regresaba su auto intacto.
Con horror miro por la ventana para percatarse del peor de sus miedos, su coche… Su amado coche que tenia bien estacionado frente a la ventana para poder estarlo cuidando todo el tiempo, ahora era un espacio vacio que uno de los tantos vecinos del edificio acaba de ocupar para meter su camioneta. Andersen… Espera que te ponga las manos encima…
— Disculpa un momento, dear… Tengo una llamada… —el ingles saco de manera elegante el celular de su bolsillo antes de responder con educación— Habla Arthur… —se hizo una larga pausa, donde la expresión del ingles se frunció de diferentes formas— ¿What? ¿Qué se robo su auto…? —sus dos cejas arquearon en sorpresa— Berwald… Call the pólice… Estoy en una junta importante, yo le llamo… —colgó.
Dudo durante un par de segundos, pero al final suspiro y miro a su pareja con rostro ausente... ligeramente mortificado. Pobablemente actuo por la lastima ajena... Probablemente.
— ¿Podrías intentar localizar a la bestia que tienes como amigo, love? Tal parece que se robo un auto... —siceo por lo bajo, apretando el telefono en su mano.
— ¿¡W-What the hell...! —el americano sudo la gota gorda.
TBC
En el capitulo que sigue... ¡LEMON! (?) ok, no, pero si la revancha sueca ¿Quieren ver al sueco entrar en acción?, ¿A donde huyo el danés con el auto?, ¿Conseguira el dinero de la renta?, ¿Se le va a caer la mano?, ¿O antes se lo llevara la policia?, bastantes sorpresas, probablemente al danés quiera acabarlo más de una sola persona, comienzan los "vs" planificados y las sorpresas~
Ojala les haya gustado este capitulo prometo que el que sigue es más comico y tendra más insinuaciones sexuales (?) ¿Dudas, comentarios, sujerencias?
¡Deja un Review y salvaras un gatito!
V. Schinkovinu.
