El joven de cabello azabache miraba a su prometida dormir, aunque más precisamente habría que describir su estado como "coma" ya que así lo especializaron los médicos. Desde que llegó, no se apartó de su lado, se encontraba sentado en una silla junto a la cama donde Rin se encontraba. La castaña tenía unos leves cortes en las mejillas, además de un gran moretón en la cabeza, habían tenido que coserla por esto. Según dijo una doctora, tenía la pierna quebrada y el brazo con fuertes moretones. Solo era cuestión de que se despierte para ver como avanzaba la situación, pero ella estaba en ese estado desde hacía horas, siendo ahora las cinco de la mañana del día domingo.

El azabache estaba cansado, largaba frustrantes suspiros y bocanadas de aire, tanto como bostezos. Se lo notaba el dolor en su mirada, atreves de esos ojos negros que siempre fueron expresivos hoy reflejaban tristeza e impotencia. Miles de dudas y maldiciones pasaban por su mente, si él la hubiera acompañado todo estaría distinto, posiblemente nada hubiera pasado y ahora estarían acostándose luego de una hermosa cena.

La puerta de la habitación 17 se abrió, dejando que pasaran dos personas. El primero en entrar fue hasta su amigo y lo palmeo en el hombro, mostrándole su apoyo.

-Obito, ¿Por qué no vas a casa? –hablo con tono autoritario y a la vez cansado, Kakashi, él también tenía una expresión de desolación mientras miraba a Rin, su mejor amiga, acostada en la cama.

-Estoy esperando a que venga el médico, además no quiero irme todavía… ¿Si despierta y no estoy? –menciono y luego volteó a ver a su amigo, girando la mitad de su cuerpo para poder ver quien lo acompañaba. Le dedico una pequeña sonrisa a la mujer y añadió- Mitsuki.

-Siento mucho lo que paso –menciono la mujer de veinticuatro años. Ella era un poco más baja que su hermano, Kakashi, pero eso se debía a su edad. Llevaba una camisa blanca arremangada encima de los hombros, lo que dejaba ver un poco de escote de sus grandes senos, además de que se dejaba ver su pequeña cintura y largas piernas por ese jean negro que llevaba puesto, el cual era ajustado. La mujer tenía su piel levemente morena, tenía un tono justo que contrastaba a la perfección con su larga cabellera blanca que caía como cascada por su espalda llegando hasta la cadera. Pero, lo que más resaltaba de Mitsuki Hatake eran sus ojos, siendo estos de un color rojo como el fuego, iguales a los de su difunda madre.

-No es tu culpa ni la de nadie, ella estaba sola y… -el peliblanco comenzó a hablar pero se calló al sentir como su mejor amigo temblaba, y lloraba desoladamente, soltando gruñidos y pequeños sonidos de descargues. A Obito le costaba respirar debido a ese llanto acongojado que había logrado soltar luego de horas que lo tenía atorado en la garganta. Minutos antes había estado la familia de Rin, y frente a ellos tenía que parecer frente, no podía a aparentar ser un miedoso y asustar a su pobre suegra.

-Obito… -llamo con tristeza Mitsuki y cuando ella avanzó unos pasos para abrazarlo, la puerta se abrió, haciéndola sobresaltar y llamando la atención de los otros dos hombres. Rápidamente el azabache se puso de pie y se acercó a Tsunade, la médica que estaba a cargo del caso de la castaña.

-¿Y? –cuestiono Obito impaciente mirando a la extravagante rubia que se acercó hasta la cama de Rin. La mujer de aproximadamente cincuenta años tenía unas curvas muy favorecidas, y unos ojos de color amatistas llamativos.

-Estamos esperando los resultados, pero por ahora tenemos la prueba de sangre ya analizada y…

-¿Qué? ¿Qué paso? –rogaba Obito con lágrimas en los ojos, en cualquier momento saltaría a sacudir a esa médica para que le dé respuestas más rápidas, precisas y claras.

-Lo siento, perdió él bebe en el accidente –contesto Tsunade volteando a ver a Rin que seguía sumergido en su largo sueño.

Obito gruño fuertemente y miro a sin con tristeza, para acercarse hasta ella y tomarla de la mano. Dejando caer alguna que otra lagrima mientras besaba la pálida mano de Rin, en donde se encontraba su anillo de compromiso.

Mitsuki dejo salir una exclamación de sus labios mientras se tapaba la boca con ambas manos horrorizada, sentía como las lágrimas se le acumulaban en los ojos. Formar una familia era el sueño de Rin, y no sabía cómo se tomaría el hecho de perder al bebe... Mientras que Kakashi no pensaba muy distinto a su hermana menor, pero el simplemente bajo la cabeza mirando al suelo y apretó los puños con fuerza, sufriendo por cada sollozo que dejaba salir Obito de sus labios, además del ruido de las pulsaciones de Rin.


Dentro de un lindo departamento se encontraba la dueña de este corriendo de un lado para el otro buscando un buen vestido para ponerse. Estaba nerviosa, sentía como sus manos temblaban e intentaba tararear una canción para tranquilizarse pero eso la ponía mucho más inquieta de lo que ya estaba. Pensó que quizá si se despertaba temprano llegaría a tiempo, pero ahora eran las doce del mediodía y ella seguía buscando que ponerse.

Volvió a mirar toda la pila de ropa que se encontraba en su cama, desde pantalones hasta algunos zapatos. Por sus nervios estaba bloqueada en pensamientos, siempre había tenido estas fiesta pero ahora sabiendo que vería a su padre luego de tres meses moría de nervios.

Tomó un vestido, al ver que si no llegaría tarde, y se lo coloco de un tirón al igual que unos zapatos.

Hinata se paró y camino hasta el vestido que tenía junto a la puerta de su habitación. Se miró atenta viendo con detenimiento lo que llevaba puesto: un vestido blanco de tiras finitas, lo que dejaba sus hombros descubiertos, y llegaba unos centímetros más arriba de sus rodillas. Además usaba unos zapatos negros, cerrados, y con taco, lo que la hacía parecer más alta (ayudándola con su altura). Por último se corrió el cabello, lo tenía levemente con bucles al final, quería estar diferente, sentirse única.

Tomó su chaqueta negra y su pequeña cartera que combinaba con su abrigo, y tenía unos detalles plateados como su collar.

Al escuchar el timbre se sobresaltó, no esperaba a nadie. Estaba segura de no haber arreglado nada con nadie, después de todo era domingo y ella tenía algo importante que hacer. Mientras caminaba hasta la puerta pensaba quien podía ser, capaz su hermana la quiso buscar por miedo que no quiera ir. Coloco la llave y abrió la puerta, sorprendiéndose con su visita.

-Naruto-kun –murmuro una ruborizada Hinata, quien tenía los ojos bien abiertos como dos platos y las mejillas arder.

El mencionado le sonrió, llevaba un pantalón de color lavanda, y una camisa blanca. El rubio la miraba con ternura y se acercó hasta ella, para besarla en la frente, lo que la hizo sobresaltarse.

-¿Qué…que? –Hinata no podía articular bien su pregunta, entre los nervios de su almuerzo y esto, en cualquier momento estaría en el piso desmayada.

-El otro día me mencionaste lo del cumpleaños de tu padre –hablo de una forma tierna Naruto- no quería fallarte en algo tan importante para vos, aunque no me caiga bien el idiota de tu padre.

-Gracias –contesto la ojiperla mientras lo miraba fijamente a los ojos, adoraba ese tono azul que tenía, le gustaba tanto como el mismísimo rubio.

-No agradezcas, dattebayo –dijo entre risas- ¿Me permite acompañarla, princesa?

Hinata se sentía desfallecer más que antes. Siempre había esperado por Naruto, él era su príncipe. Cuando estaba en primaria habían hecho una obra de teatro para los cursos menores, ahí conoció al rubio. Ambos habían actuado de los protagónicos, siendo ella la dulce de blancanieves y el su príncipe valiente. Lo mejor de ese momento, para Hinata, fue el tierno beso que él le dio en sus labios, fue un simple beso para despertarla (lo cual casi la mata de la emoción). Siempre lo había amado, Naruto significada todo para ella.

-Encantada –contesto entre pequeñas risas, mientras hacia una referencia para salir de su departamento y tomar el brazo que su mejor amigo le ofrecía. Por un segundo un golpe en el pecho la invadió, al recordar quien era la dueña del corazón de Naruto- Ayer Shion te invito a ir a su casa, pensé que…

-Tu eres más importante, Hinata –le dijo en un tono decidido mientras iban hasta el ascensor- siempre lo serás, más que cualquiera.

El trayecto hasta la mansión Hyuga llevo unos cuantos minutos en silencio. Naruto cada tanto que podía le echaba una mirada a Hinata, sintiéndose mal por la tristeza que ella sentía la cual no podía esconder. La ojiperla demostraba su tristeza a kilómetros, además del nerviosismo que se hizo más notorio al estacionar frente a su antigua casa, ya que sus pálidas piernas no dejaban de temblar. El contacto con Naruto la asusto, el rubio la apoyo la mano en la pierna para calmarla y que dejase de moverse en señal de apoyo. Pero ese simple contacto logro asustarla mucho más, la cercanía que tenían la volvía loca.

-¿Vamos? –preguntó el rubio mientras pegaba su frente a la de Hinata, viendo como ella se ruborizaba haciéndolo sonreír.

-Hai –contesto dudosa la ojiperla mientras asentía una y otra vez con la cabeza, como si fuera un robot algo tosco.

Ambos se bajaron del auto y caminaron juntos hasta la entrada, en donde el portón fue abierto por un empleado que gustoso los acompaño para abrirles el mismo la puerta principal. Naruto le dedico una mirada de confianza a la peliazul antes de avanzar ambos por la gran casa. La mansión Hyuga no tenía cambios, más bien se encontraba como siempre para ambos. El rubio asistía allí junto a Sasuke desde que son amigos de Hinata.

-Etto… Hinata… -comenzo a hablar Naruto pero una figura frenó su intento de charla al ver de quien se trataba.

-Viniste, Onee-chan –saludo Hanabi con una pequeña sonrisa en sus labios y cerrando tiernamente los ojos, inclinando su cabeza un poco al costado lo que la hacía ver completamente tierna. La castaña vestía un vestido rosa pálido, el cual era ajustado y de encaje en la parte de arriba siendo como una musculosa, y en la cintura llevaba un cinto del mismo tono, donde luego empezaba una pollera abierta que caía hasta centímetros arriba de su rodilla. Además, la muchacha llevaba unos delicados zapatos blancos y un collar de perlas adornaba su cuello. Pero de pronto la muchacha se puso seria para mirar de arriba a abajo a Naruto y dijo- ¿Qué haces aquí, baka?

El rubio frunció el ceño al ver que el comportamiento de Hanabi con él. "Siempre fue así conmigo, no sé porque me sorprendo. Saber que me trata mal solo porque le robo la atención a Hinata me da gracia… pero también recuerdo que ella me puede mandar a matar si la lastimo" pensaba con pesar Naruto.

-Hanabi –reprocho Hinata algo nerviosa por el comportamiento de su hermana, lo que menos esperaba era una pelea entre ellos. La ojiperla tomó aire y menciono- No quiero que se alteren para que padre se entere que estoy en casa.

-Bueno… -dudaba Naruto mientras miraba con los ojos entrecerrados a la pequeña castaña.

-Hai, Onee-chan.

Hinata sonrio.

-¡Naruto-niichan! –grito una voz haciendo que todos volteen viendo a Konohamaru acercándose rápidamente hasta ellos, saltando a abrazar a su hermano del alma ante la mirada extraña de las femeninas. El castaño llevaba una camisa de color rosa pastel y un pantalón negro.

-¡Konohamaru! ¿Qué haces tu aquí?

Hinata rio ante la falta de atención de su mejor amigo, se notaba como Konohamaru estaba a tono con su hermana ambos combinando el color y además como su hermana miraba molesta a Naruto por la falta de atención de su novio por la culpa de él.

-Bueno, pues, mi novia es Hanabi-chan.

Naruto tragó saliva y miró a la castaña, quien le lanzaba rayos por los ojos esperándose a que se desintegre.

-Konohamaru-kun –llamo Hanabi con una tierna voz como si fuera una niña pequeña, lo que hizo que su novio riera enternecido y la besara en la mejilla- ¿Me acompañas a ver si todo está listo para el almuerzo?

-Claro –fue la simple respuesta del castaño quien empezó a caminar por el pasillo.

Hanabi borró su sonrisa y miro a Naruto con mucha furia, para acercarse a su lado. Una vez que estuvo cerca gruño molesta, lo que hizo sobresaltarse al rubio.

-Me entere que tienes novia –dijo solamente para que el escuchara- mi hermana no merece ser tu segunda opción, baka –murmuro secamente y luego habló más fuerte para que Hinata no sospechara- No te sientes cerca de Konohamaru, le pegaras tu idiotez.

Sin decir más, Hanabi comenzó a caminar para llegar al lado de su novio que la esperaba tendiéndole la mano. Hinata rio nerviosa ante la manera de actuar de su hermana pero luego solto un suspiro.

-Ya está todo listo, Hanabi-sama –habló una mucama desde la puerta del comedor haciendo que los cuatro asistieran para caminar hasta allá para sentarse.

Al principio el almuerzo fue algo forzado y hasta con malos encuentros. Cuando Hiashi, vio a su hija mayor estuvo por pegar el grito en el cielo, pero Hinata automáticamente le explico que ella solo quería acompañarlo en su glorioso día, no por deber sino por sus sentimientos hacia él. Al cumpleañero no le quedo más que aceptar, aunque estaba feliz que la ojiperla se encontrara en su casa almorzando junto a él.

En la esquina de la mesa se encontraba Hiashi, a su derecha estaba Hanabi junto a Konohamaru a su lado. Mientras que frente a la castaña estaba el abuelo de las niñas y padre del cumpleañero, luego seguía Hinata con Naruto y enfrente de la peliazul su madre, Emi.

-¿Y Neji-niisan? –cuestiono Hinata mientras miraba a los demás de la mesa esperando una explicación por la falta de su primo en un día tan importante.

-Salió del país por un inconveniente en la empresa –explico Emi mientras miraba a su hija mayor de una forma enternecida.

El viejo Hyuga tosió, atrayendo la atención de todos.

-Quiero dar un anuncio –menciono Hiashi poniéndose de pie y asintiéndole a su padre por la ayuda en callar a todos. El hombre tomó un trago a su copa y luego habló- Como todos saben los Hyuga siempre hemos tenido una excelente relación con la familia Taketori –empezó- y hemos llegado a un acuerdo para poder ayudar a la familia tanto como a la compañía en una idea mutua que nos traerá beneficios –tomo aire- hemos decidido fomentar a un casamiento para poder unir a las dos compañías, pero siempre destacando a nuestra familia claro está.

La habitación estaba en silencio, todos se encontraban con los ojos abiertos.

-¿Casamiento? –cuestiono Hinata con miedo al escuchar como sonó su voz.

-Si –fue la simple respuesta de Hiashi lanzándole una mirada de desinterés a la peliazul- Como rama principal, estamos encargados de llevar estos acuerdos para poder seguir adelante.

Hanabi tosió, interrumpiéndolo.

-La compañía está en perfecto estado padre –dijo seriamente mientras sonreía como siempre- ¿Por qué casar a Onee-chan?

Emi abrió los ojos como platos, al igual que Naruto. Mientras Hiashi tomaba aire para controlarse y explicar bien las cosas.

-Parece que no fui bastante claro –indico el hombre- Hinata no se casara, lo harás tú Hanabi.

La castaña abrió su boca sin poder decir una sola palabra, mientras sentía como le faltaba el aire. Tantos años siendo la hija perfecta para que como resultado le dijeran que se iba a casar justo cuando podia estar con Konohamaru… Hanabi miró a su novio quien tenía la mirada baja, apretaba los puños con fuerza y gruñía por lo bajo.

-Yo… -negaba la adolescente- no entiendo porque…

-Eres la heredera del clan Hyuga, Hanabi. Es tu deber como tal, servir para este acuerdo tan importante que se nos presenta.

-Padre, piénsalo por favor –intervino dulcemente Hinata mientras miraba a su hermana con expresión de dolor- No hay necesidad de…

-No puedes opinar cuando tú no eres mi hija, Hinata –dijo secamente, como escupiendo las palabras- te he dado lujos toda tu vida, no pienso ponerte a ti como pretendiente para ellos cuando solo sería alegrarte la existencia y que dejes de vivir de un empleo trucho como trabajar en un restaurante –enumeraba molesto.

-¡Hiashi! –chillo Emi.

-Es la verdad –respondió molesto- ¡Tú me traicionaste mujer! ¡Si fuera mi hija no dudarías a un examen de ADN!

-Ella es tu hija siendo de sangre o no, dattebayo –grito Naruto poniéndose de pie. No iba a quedarse callado y menos cuando notaba como las lágrimas iban a salir de los ojos de Hinata.

-¡No es mi hija! –Grito a todo pulmón Hiashi mientras volteaba a ver a Hanabi, golpeando la mesa con su mano en el proceso sobresaltándola- ¡Y tú te casaras, maldita sea! ¡Lo que yo digo, se hace!

Un chillido salió de los labios de Hanabi mientras se contenía para no perder la compostura y largarse a llorar, o mismo gritarle a su padre. Desde pequeña a ella y a su hermana le habían enseñado a cómo comportarse en público, y nunca había faltado el respeto a lo que se le inculco de pequeña.

Konohamaru se puso de pie, su rostro estaba rojo y apretaba con fuerza los dientes para no gritar. Sus puños estaban cerrados conteniendo sus ganas de matar a quien por unas horas había empezado a ser su suegro.

-Muchas gracias por la comida, si me disculpan –aclaro el castaño mientras a paso firme salió de la habitación.

Hanabi miro rápidamente a todos los presentes, quienes no le sacaban los ojos de encima a ella. Rápidamente la muchacha se paró y se dispuso a correr, para buscar a su novio a pesar de los gritos de su padre.

-¡Todo es tu culpa, mujer! –Grito enojado Hiashi mirando a Emi con furia- ¡Vayanse, todos! ¡Largo!

La esposa del hombre se puso de pie mientras aguantaba sus lágrimas, y salió hacia la cocina. Hinata la imito y junto con Naruto empezaron a caminar. Antes de salir de la habitación miro a Hiashi.

-¿¡Que estas esperando!? –grito él.

-Tú sigues siendo mi padre después de todo –hablo ella con voz quebrada- y si tu no exiges un ADN es para que la prensa no hable mal de la familia Hyuga, por lo mismo que todavía no echaste a mamá.

-Vete –dijo simplemente en respuesta a lo que planteaba Hinata.

Naruto abrió la puerta y miro con asco a esos dos hombres que quedaban en la habitación.

-Simplemente, personas como ustedes, no saben lo que es amor, y menos la felicidad.

Sin decir más salió. Busco a Hinata con la mirada y se asombró de verla frente a un ventanal. Al acercarse a ella noto como la peliazul miraba a su hermana discutir contra Konohamaru.

-Por favor, hablemos –rogaba Hanabi mientras miraba como el castaño se subía a su moto dispuesto a irse. Cuando noto como se iba a colocar el casco, la ojiperla lo tomo del brazo deteniéndolo- Konohamaru.

-¿Qué, Hanabi? ¿Qué? –Grito el muy molesto- de todas maneras tú harás lo que digan ellos, no hay caso seguir hablando ni siquiera intentarlo –tras decir esto se colocó su casco y prendió la moto, ignorando la mueca de dolor que apareció en el rostro a su ahora ex novia.

-Por favor –pidio en un gemido la castaña, lagrimas caían por sus mejillas y se abrazaba a si misma mientras temblaba. El castaño acelero la moto para irse del lugar, lo que no tardó en hacer solo en segundos- ¡Konohamaru! –Grito molesta- ¡Agh! ¡Mierda!

Hanabi llevo sus manos hasta sus ojos para intentar contener las lágrimas y camino hasta la entrada, pero simplemente se sentó rendida ahí, soltando todo su llanto.

-Cuando ella entre… ¿podrías alcanzarme a mi casa? –pregunto Hinata a Naruto, sacando al rubio de sus pensamiento. Él asintió, para luego abrazarla cuando notó como quería llorar su amiga.

-Tranquila, tranquila Hinata-chan –pedia el muchacho de ojos azules mientras la acariciaba en un gesto tierno la cabeza.


-Hola, Konan –saludo Yahiko por el teléfono mientras se llevaba un cigarrillo a la boca y se acomodaba mejor en el sillón, estaba viendo muy atentamente un maratón de películas de suspenso las cuales eran sus favoritas.

-Yahiko, tengo una duda –dijo ella mientras comenzaba a toser- ¿Cuándo es la fiesta de la empresa? Esa reunión privada que decías ayer.

-En unas cuantas semanas –explico el muchacho de pelo naranja mientras fruncía el ceño- falta para que tengas que organizar las listas –habló- relájate, Konan.

-Esta… esta bien –hablo mientras tosía la muchacha y suspiro- nos vemos mañana, Yahiko.

-¿Estas bien? –cuestiono al escuchar el tono de ella.

Pero no obtuvo respuesta ya que ella le había cortado antes de escucharlo, lo que le hizo fruncir el ceño. El pelinaranja se puso de pie y tomo el primer pantalón de jean que encontró –ya que solo vestía un cómodo bóxer-, se colocó una remera azul que tenía al alcance y salió de su apartamento a paso rápido.

Luego de media hora de chequear el escrito que tenía que hacer para el martes, Konan suspiro esperanzada. Había comenzado una carrera en abogacía hacia unos años atrás, pero todavía le quedaba rendir su último año (el que recién empezaba) y por lo tanto había buscado un empleo mientras tanto.

Escucho como alguien tocaba el timbre y se puso de pie, pasando por el espejo notando su estado: remera gris larga y pantalón de dormir violeta, llevaba unas pantuflas de garritas de color fucsia. Pero lo que más le llamo la atención eran sus mejillas rojas al igual que su nariz. Se soltó su pequeña cola de cabello, dejando sus mechones cortos sueltos.

Camino a paso lento hasta la puerta de entrada del departamento y la abrió, sobresaltándose al verlo entrar apresuradamente a su casa.

-¿Yahiko? –pregunto dudosa mientras él volvía y le daba un beso en la mejilla.

-No es bueno estar enfermo sin compañía, Konan, y menos un domingo a la tarde –explico el muchacho mientras le mostraba una bolsa de helado que había comprado, al ver los ojos esperanzados de ella sonrió- si, traje tu gusto favorito.

Konan soltó una risita divertida.

-Como cuando estábamos en el orfanato –dijo ella con melancolía, para luego cortar la distancia y abrazarlo- gracias.

-Siempre te enfermabas y yo lo hacía por gusto –explico Yahiko mientras le devolvía el gesto a la pelivioleta- no agradezcas.

Ambos se separaron, mientras Konan buscaba cucharas, el muchacho camino hasta el cuarto de ella en donde se encontraba una tele prendida. Al ver el canal que estaba rio, estaban viendo el mismo maratón.

-¿Te gusta? –pregunto ella mientras se sentaba en la cama y le hacía seña para que se acercara- sino podemos ver otra cosa.

Yahiko negó.

-Es un maratón de toda esta semana –dijo el pelinaranja- no hay mejor manera para terminar el dia que ver estas películas.

Ella asintió dándole la razón.

-Podemos verlas juntos, si quieres –comento Konan, fingiendo desinterés pero mirándolo de reojo para ver su expresión.

-Claro –sonrió Yahiko- Mañana toca en mi departamento, entonces.

La mujer ensanchó los ojos al escuchar que él se refería a toda la semana, mientras que ella solo hablaba de una noche. Pero, la oferta de Yahiko era mucho más tentadora que cualquiera. Soltó una risita complacida y asintió con la cabeza, para luego enfocar su atención en el helado y comer satisfecha.

"Al finar estar enferma me ayudo de mucho hoy" pensaba en positivo la pelivioleta.


Sakura se encontraba sentada sobre la mesa de billar, mientras miraba jugar a Sasuke y cuando Naruto no observaba, ella le hacía señas pervertidas al azabache. Ambos se miraban con lujuria y pasión, el hecho de que podían ser vistos por el rubio les hacía más divertido todo.

La pelirosa llevaba una pollera roja que iba desde su cintura hasta unos centímetros debajo de sus muslos, era suelta, y arriba llevaba una remera de tiras de color blanca que dejaba ver su ombligo por lo corta que era. El azabache por su parte llevaba un jean azul oscuro y una camisa negra. Mientras que Naruto vestía con unos pantalones de varios color y una remera gris, mostrando que no tenía ni ánimos para combinar la ropa.

-No entiendo porque no viene Hinata, dattebayo –mencionaba el rubio mientras fruncía el ceño, odiaba que lo hagan esperar y más cuando se trataba de la peliazul- Iré a buscarla –dijo molesto el muchacho.

-¿Pasaras por Shion, también? –grito Sasuke pero simplemente no obtuvo respuesta ya que el rubio lo ignoro, ya que había salido muy rápido de su casa.

El telefono del joven Uchiha sonó, al leer el mensaje fruncio el ceño al ver que se trataba de Karin: "¡Hola, Sasukito! Mañana vuelvo de mi semana de spa con Orochimaru. Nos vemos, te extraño bebe. xo xo"

-¿Es mi turno, Sasuke-kun? –pregunto con inocencia y seducción Sakura mientras tomaba el palo, para inclinarse luego sobre la mesa haciendo que su pollera se levante.

Sasuke gruño al verle la ropa interior a la muchacha, quien llevaba una pequeña prenda roja de encaje que le resaltaba perfectamente el culo de ella, incluso para los ojos del azabache lo hacía más tentador.
La ojijade gruño al sentir unas manos sobre su cintura que la tiraron para atrás, rozándola con el miembro de Sasuke. La muchacha se mordió sus labios, le gustaba mucho la manera de ser que tenía el azabache a la hora del sexo, era parecido a ella. Sakura se giró, viendo como el azabache tenía su miembro fuera del pantalón y se masturbaba mirándola fijamente, aunque llevaba el ceño fruncido debido a que ella se dio vuelta.

-Voltéate –ordeno serio y cuando la tomo del brazo para el mismo girarla, Sakura se corrió, agachándose para pasar su lengua sobre la punta del miembro erecto de Sasuke. El azabache gruño de placer, mientras sentía como la pelirosa lo metía todo en su boca y con fuerza succionaba, sacándole más gruñidos. La muchacha se movía rápidamente, mientras con su mano derecha movía el miembro al compás de su boca. Al escuchar como Sasuke gruñía con más fuerza y respiraba distinto, la ojijade aumento la velocidad con su boca mientras movía su lengua y succionaba con fuerza- Oh, Sakura.

Al escuchar como el azabache mencionaba su nombre, la pelirosa tenia su orgullo a mil. Y, completamente satisfecha, metio todo el miembro en su boca, teniendo una ahorcada a la vez pero succionando con fuerza sintiendo como él llegaba al orgasmo.

-Sakura –soltó el azabache en un fuerte gemido mientras veía como ella se levantaba y lo miraba divertida, limpiándose de sus labios un poco del líquido blanco que había tragado.

-¿Quién gimió el nombre de quien, ahora? –dijo ella seductoramente mientras le besaba la mejilla al azabache en forma divertida.

Sasuke negó y luego la giro para comenzar a devorar esos pálidos labios que tanto le gustaban. Sakura le respondía ansiosa mientras disfrutaba como el azabache la tocaba, tanto en su espalda como debajo de la pollera, sacándole leves gemidos. La ojijade se sentó sobre la mesa de billar de su primo Naruto, y abrió las piernas dejando que Sasuke la penetre de una sola estocada. Automáticamente el calor aumento en el cuerpo de la pelirosa, sentir esa sensación la llenaba completamente.

-Tengo un viaje esta semana –dijo Sasuke entre jadeos, mientras seguía penetrándola fuertemente como si quisiera atravesarla completamente- Quiero que vengas conmigo.

-¿Ah? –grito Sakura mientras tomaba del cuello al azabache y seguía gimiendo por las fuertes embestidas que le daba el joven Uchiha.

-Vienes conmigo a New York, Sakura –dijo simplemente Sasuke mientras con más fuerza agarraba la cintura de la pelirosa quien simplemente se dejaba hacer, al ver esa mirada de completa excitación, el azabache susurro en su oído- Tengo muchas ganas de innovar contigo.

-¡Ay! –grito ella al sentir como su orgasmo estaba por llegar y el frenaba, no dejándola llegar- Oye.

-No te dejare llegar hasta que gimas mi nombre, así que practica conmigo "Sa-su-ke" –dijo el azabache mientras miraba la cara de odio de ella- vamos, Sakura.

-Jum –dijo ella soltándose de su agarre, bajándose de la mesa. El muchacho de ojos negros no la dejo alejarse mucho ya que la volteo, apoyándola contra la mesa, y la penetro rápidamente golpeando sus piernas contra el muslo de ella en cada estocada- ¡Sasuke! –grito ella, mientras se maldecía internamente.

"Sakura 1 –Sasuke 2" pensaban ambos en su mente, la pelirosa con pesar y el azabache con diversión.


¿Qué tal? Les espera una próximo gran capitulo para el sasusaku. ¿Alguna idea para su sesión de sexo?

Espero que les haya gustado lo demás, saludos. Espero actualizar rápido el siguiente capitulo. Por cierto, los invito a pasar por mi historia "Mi salvación" y "Te necesito" donde la pareja principal es SasuSaku.

¿Qué les pareció el capítulo?