CAPITULO 3
DEPARTAMENTO DE LOS GRANDCHESTER
Actualidad, Septiembre de 1930.
Justo en ese momento tres personas entraba a la sala arreglados elegantemente para ir al teatro, cuando un tintero voló por la sala y justamente le dio en el pecho de su madre manchando de tinta negra el vestido de noche y salpicando a su padre el traje gris Oxford que tenia puesto para esa ocasión. El tintero había caído en la alfombra persa de color camello y manchando también la alfombra.
Ricky se puso completamente pálido como un papel y a punto de desmayarse cuando vio la mirada furiosa de su padre.
– ¡¿Qué demonios ocurre contigo Richard?! – Gritó enfurecido Terry cuando vio el desastre que había hecho con el tintero.
– Yo lo lamento – Dijo con un hilo de voz y a punto de las lágrimas.
– ¡¿Puedes explicarme por qué demonios aventaste el tintero, si no quieres que te ponga en cintura?! – Grito aun más fuerte Terry y Ricky simplemente bajo la mirada al suelo. Candy en ese momento vio a Maggie que algo escondía en su espalda.
– ¿Margaret qué estas escondiendo? – Preguntó Candy, Maggie negaba con la cabeza y Terry volvió el rostro a su hija. – ¡Dame lo que tienes en tus manos Margaret! – Hablo con voz firme la mujer y a regañadientas Maggie le dio el papel que tenía en su mano a su mamá – ¡¿Qué es esto?! ¡Esto es una carta de Ricky! ¡¿Por qué la tienes tú?!
– Yo… yo… – Maggie temblaba.
– Dame esa carta – Pidió Terry y su esposa se la dio inmediatamente.
– ¡No! – Gritó Ricky, Ricky no deseaba que su padre leyera la carta, pero cuando la tomo y vio que la hojeo rápidamente sintió ganas de quitársela… sin embargo corrió del otro lado y se fue corriendo a su habitación llorando inconsolablemente.
– ¡Margaret! ¡¿Puedes explicarme por qué tienes esto en tus manos?! ¿Por qué la estaba leyendo?
– Yo… yo… no la estaba leyendo papá. – Apenas si podía hablar pues la mirada de su padre era tan fría, que le daba escalofríos cuando dijo esas palabras.
– ¡Por qué me mientes Margaret! ¡Crees que no te escuche que estabas leyendo esta carta en voz alta! – Terry se acerco a su hija con una mirada amenazante – Al principio no sabía que estabas leyendo ¡Y hasta te estabas burlándote! Eso no es propio de una dama, ¡Sabes perfectamente que no debes de leer correspondencia ajena!
– Lo lamento. – Comenzó a llorar.
– ¡Yo lo voy a lamentar aun más! Quiero que vayas inmediatamente a tu habitación, cámbiate de ropa y ponte un short, y espérame sobre el escritorio, voy por el cuero a mi oficina. – La mirada y el tono de voz de su padre decía que no estaba bromeando.
– Mamá – Dijo Maggie viendo a su mamá para que la apoyara con los ojos llorosos, sin embargo Candy estaba muy enojada con su hija, recordó cuando Eliza le quito la carta de la Srita. Ponny en el colegio San Pablo y empezó a burlarse de su carta y del sobre… ella había reaccionado dándole una bofetada a Eliza. Candy también había escuchado el tono burlón de su hija cuando entraron a la sala, no podía creer que su hija le había arrebatado la carta y después estar leyendo algo tan privado e intimo para Ricky, y lo que más le enojo fue que no asumiera la culpa o su responsabilidad… sino que lo negó cuando le pregunto su padre, si no hubiera visto a su hija que escondía la carta, seguramente Ricky sería injustamente castigado.
– Debo de cambiarme el vestido rápidamente, aun falta tiempo para que comience la función del teatro. – Sabía perfectamente Candy que iba a lamentar terriblemente haber dicho esas palabras y no abogar por su hija como en el pasado, pues conocía el temperamento fuerte de Terry cuando este se enojaba y sabia que hablaba muy enserio.
– ¡Margaret ve a tu habitación inmediatamente y quiero que te pongas un short! ¡Dorothy! – Dijo cuando vio que Dorothy había querido limpiar la mancha de tinta negra en la alfombra. – Ayude a la señora a cambiarse de vestido y después tiras a la basura el vestido y la alfombra. Terry entro rápidamente a su oficina, e hizo una llamada telefónica.
– Alfred, necesito que me hagas un enorme favor. – Dijo el actor mientras tomaba una correa de cuero negra entre sus manos, lo saludo primero y después le dijo lo que deseaba. – Si no importa, espero en la línea hasta que tengas la información, me es urgente. – pasaron un poco más de cinco minutos esperando en la línea. – Gracias por la información Alfred y buenas noches. – Decía escribiendo en una hoja lo que le había solicitado.
PASADO.
VERANO DE 1899.
Southampton.
– Señora – Dijo Alfred completamente agitado pues había galopado a toda velocidad desde la estación de trenes hasta la villa de los Grandchester – ¡Debemos de irnos! Empaque rápidamente las cosas del Terry… en cualquier momento llegaran los guardias de seguridad del Duque. Emilia, Josefina ayude a empacar rápidamente las cosas más útiles.
– ¡Si señor! – Las dos domesticas rápidamente hicieron lo que el Sr. Bates les había dicho.
– ¡Que! ¿Por qué?! – Preguntó alarmada mientras Emilia empacaban las cosas de Terry y otra pequeña maleta de la ropa de la señora Baker. Josefina iba rápidamente por Terry quien estaba tomado su siesta de la tarde.
– ¡Quieren que vayan al Palacio en calidad de arrestada! No es un buen augurio para su futuro, no sabemos cuales sean los planes de los padres del Marqués referente a usted y a su hijo. – Se dirigió a las empleadas domesticas ya que habían hecho rápidamente una maleta de lo más indispensable. – Lamento mucho esta situación pero no podrán ya trabajar más para el Marqués ya que la señora y su hijo parte para América. – Les dio a las empleadas su finiquito por sus servicios.
– Señora. – Dijo Emilia dándole un abrazo cariñoso pues habían ya trabajo con ella por dos años desde que había nacido Terry. – Le deseo buena suerte en América.
– Gracias. – Se despidió de las dos empleadas y de Terry que ya se había despertado.
– Adiós Terry, cuídate mucho… – Las dos mujeres se despidieron del niño con lágrimas en los ojos ya que él se despedía con un beso en cada mejilla de sus dos nanas y les sonreía, pues lo había visto desde que había nacido y era como perder un hijo para ellas. – Mientras subían a una carreta de un granjero. No deseaba que sospecharan los guardias del Duque, así que emprendieron el camino hasta llegar hasta la estación de trenes.
– Debemos de salir nosotros también – Dijo Josefina recogiendo las pocas pertenencias que tenían en la villa y salieron corriendo pues se escuchaba ya movimientos de los carruajes del Duque que llegaban. – No podemos permitir que nos reconozcan.
Cuando los hombres llegaron a la villa vieron que este había sido abandonado, efectivamente el Marqués de Grandchester tenía un hijo. Ya que había un cuarto decorado bellamente con una cuna, juguetes para niños, mucha ropa de un niño de dos años aprox. alguien los había puesto en aviso… pero quien era el traidor quien les había dado el pitazo.
– Duque de Grandchester – Decía el jefe de los guardias con un nudo en la garganta – lo lamento, alguien aviso a su hijo el Marques, o un guardia de aquí sacaron a su amante y al niño de la villa de Escocia. No encontramos ningún rastro de alguna servidumbre o alguien que nos pudieran ayudar.
– ¡Cómo pudieron ser tan inútiles! ¡Quiero que busquen en cada estación de tren! ¡En cada puerto! – Golpeo con sus palmas la superficie del escritorio haciendo que se sobresaltaran los guardias.
Para tomar el transatlántico no había sido nada fácil pues a todas las parejas con niños pequeños eran revisados con meticulosidad, por órdenes del Duque quien era una persona sumamente poderosa y con conexiones en todos los rangos, así que movieron a todo el personal posible para que pudieran encontrarlos.
– No podremos entrar al transatlántico si no nos ven como un matrimonio. – Dijo Alfred a Eleonor – Me temo que debo de tomarme un poco de libertades como de un esposo. ¿Está de acuerdo?
– Claro, no hay problema. Tenemos que abordar el barco. – Alfred la sujeto de la cintura como una esposa y con el otro brazo cargaba a Terry como si fuera su hijo. Alfred le ofreció al pequeño una paleta de dulce para que se entretuviera y no hablara, pues Terry podía delatarlo al decir que él no era su papá y también le había puesto en sus manos su peluche favorito.
Llegaron al mostrador y les hicieron varias preguntas de rutina y después de más de veinticinco minutos pudieron abordar el barco. Habían comprado una cabina de clase media, ya que toda la primera clase estaba siendo revisada más meticulosamente por los agentes del puerto de Southampton. La gran ventaja es que no conocían quien era la amante del marqués ni tenían fotos del niño.
La cabina era pequeña y lo que le preocupaba a Eleonor era si tenía que compartir esa misma cabina con el Sr. Bates. Sin embargo cuando vio la duda reflejada en sus ojos le aclaro la situación.
– No debe de temer, le reserve otra cabina un poco más grande para usted y el pequeño Terry quien comía su fruta y jugaba con un carrito de madera.
– Gracias. – Agradeció el gesto y Alfred le entrego otra llave. Salió del camarote buscando su nuevo camarote para poderse bañarse y cambiarse, pues había pasado dos días sin cambiarse la ropa ni la de Terry. – B 45 este es el camarote. – Entro y grande fue la sorpresa cuando vio que ahí estaba Richard.
– ¡Ely! ¡Ely! Creí que no lo íbamos a lograr – La beso apasionadamente y a su hijo también quien lo estaba cargando, así que abrazo a su familia.
– ¡Creí que no vendrías conmigo a América! Tenía mucho miedo, mucho miedo. – lloraba Eleonor de la emoción de ver ahí a su amado.
– Yo no pensaba tomar el transatlántico, pero al último momento me di cuenta que yo sin ustedes yo no podía vivir. No puedo vivir sin ti y sin mi hijo.
– ¡Papi! ¡Papi! – Terry levanto los brazos para que lo cargara su papá y le dio un beso en la mejilla.
– Richard te amo tanto. Dime, ¿Has dejado tu vida de noble que tenías en Inglaterra? Sabes que eres un hombre casado. ¡Nosotros!
– Ely no te angusties, nadie nos podrá encontrar, traje conmigo mucho dinero suficiente para tener una vida cómoda y sin precauciones, nadie nos podrá encontrar. Te amo Ely sin ti yo no soy nada.
Llegaron a Nueva York y alquilaron un departamento mediano cerca de Broadway. Tenía que trabajar nuevamente desde cero, y no podía decir a la sociedad que había tenido un hijo ya que no estaba casada y además el acta de nacimiento de Terry no figuraba su apellido, era mejor así, que nadie se enterará de su condición de madre soltera.
Llego a la vieja compañía de teatro como una mujer soltera y sin mancha alguna. Se había fijado una meta, escalar peldaño tras peldaño hasta conseguir su objetivo.
– Recuerdo que habías obtenido el papel de Julieta y dejaste abandonada la obra – decía el Director de la compañía viendo a la actriz que sabía que tenía un gran potencial – Eso fue aproximadamente hace más de tres años ¿Y deseas que te de nuevamente trabajo como si nada hubiese ocurrido? – Soltó una carcajada enorme.
– Surgió un problema familiar el cual tenía que salir del país urgentemente, pero necesito el trabajo, trabajare con todo mi esfuerzo y ahincó.
– Te pondré a prueba nuevamente, si me fallas y dejas la producción tirada como la otra vez, me aseguraré que en ninguna parte puedan contratarte.
– No le fallaré. Gracias por esta nueva oportunidad. – Salí de la oficina del Director estaba tan feliz, ahí vi a Robert Hathaway. – ¡Robert! ¡Robert hola! – Lo saldo efusivamente.
– ¡Eleonor que sorpresa! No esperaba verte, – Dijo mirándola fijamente – ¡Mírate! ¡Estás bellísima! Estos tres años de ausencia has resaltado tu belleza.
– ¡Gracia Robert! Te tengo una gran noticia, volveré a la compañía, mañana comienzo nuevamente con los ensayos.
– No me digas ¿Es verdad? No lo puedo creer. – dijo completamente triste por la noticia. – Pensaba que nunca ibas a regresar, pues tenía una esperanza que regresaras de Europa hace tres años.
– ¿Por qué pensaste eso?
– Yo leí en los periódicos que Richard Grandchester la persona quien amabas se había casado a los pocos meses de que tú habías partido a Inglaterra.
– Bueno… yo…
– Debió de ser un golpe muy fuerte, el saber que la persona que amas se había casado.
– Si, es verdad… pero no deseo hablar de eso, mejor háblame que es de tu vida en estos tres años que o nos hemos visto.
Ya en la noche llego a su departamento y vio a su hijo que estaba jugando con su peluche favorito que era de un tigre, le dio de comer y al finalizar le cantaba la canción de cuna de Mozart, ya no tenía el piano el cual todas las noches le tocaba a él para que pudiera dormir tranquilamente. Ahora lo arropaba con todo su amor de madre mientras le tarareaba la canción de cuna y Terry dormía plácidamente abrazado de su tigre de peluche.
Richard llegaba también y vio el hombre que su hijo ya estaba en brazos de Morfeo así que le dio un beso en la frente y en la mejilla diciéndole buenas noches mientras tomaba a Eleonor y la amaba sin interrupción alguna.
ACTUALIDAD.
NUEVA YORK 1930
Estaba llorando boca abajo sobre mi cama, estaba escuchando el llanto de mi hermana. Me sentía realmente devastado pues mi padre nunca le había pegado a Margaret con cinturón en mano y me sentía culpable… sino hubiera escrito esa carta esto no hubiera ocurrido, cuando termine con Margaret seguramente voy a ser el siguiente en ser reprendido… ya que manche de tinta negra el vestido de mi mamá, el traje de mi papá, sin decir también la alfombra persa que mi mamá había comprado la semana pasada. En ese momento escucho que mi papá toca a mi puerta.
– Adelante. – Me limpio las lágrimas del rostro y me incorporo de la cama y me siento con las manos entrelazadas, veo que mi padre trae la correa en sus manos. – Lamento mucho haber arruinado el vestido de mamá y su noche al teatro. – Dije tímidamente.
– Todavía es temprano, la función comienza a las ocho. – Ricky se puso de pie y comenzó a bajar su pantalón y su ropa interior a la altura de sus rodillas mientras se ponía en posición.
– No he venido a reprenderte Ricky – Dejo el cinturón sobre la cama mientras sacaba la carta de su saco salpicado de tinta – he venido a dejarte la carta para Emma y también la dirección de ella para que puedas enviarle todas las cartas que quieras. – Ricky se levanto de su posición de castigo y vio que su padre le entregaba su carta con otra hoja donde estaba la dirección de Emma.
– Gracias – Comenzó a llorar nuevamente mientras tomaba su carta y la hoja donde estaba su dirección.
– Por qué no me habías dicho que deseabas la dirección de Emma. – Le dio un mimo en su mejilla mientras se ponía en cuclillas y le subía el pantalón a su hijo con cariño.
– No estaba seguro que te agradara que tuviera una amistad con la hija de una sirvienta.
– Por qué piensas en eso, cuando sabes que tu mamá fue huérfana y trabajo como sirvienta. Yo no soy elitista.
– Bueno pero mi mamá es una Andley aunque haya sido adoptada… y Emma no lo es… fingía ser un pariente lejano de los Grandchester en el Colegio en Londres, nadie sabía su verdadero origen.
– A tu madre como a mí, lo único que nos importa es tu felicidad. – le guiño el ojo. – voy a cambiarme para ir al teatro, no pienso ir con este traje lleno de puntos negros.
– Papá, gracias por no castigarme.
– ¡Quien dijo que no vas a estar castigado! Veré en qué forma vas a pagar todo lo que manchaste. Esto no se va a quedar así, sin que tengas una consecuencia Ricky. – Tomo el cinturón de la cama – Pero te advierto que si vuelves hacer algo así nuevamente esta vez no seré tan considerado contigo.
Una hora después Candy y Terry llegaban al teatro.
Candy si había puesto un vestido rojo entallado con un atrevido escote y Dorothy rápidamente escogió un traje obscuro para el Sr. Grandchester y llegaron hasta por diez minutos de anticipación antes de que comenzara la obra.
– Me encanta tu vestido, te hace verte muy atractiva y seductora. – Dijo el hombre mirándola a los ojos pícaramente.
– Deseaba ponerte de buen humor, después de lo ocurrido esta noche – le sonrió – ¿Cómo le fue a… Margaret? – preguntó titubeante. – Espero que no hayas sido muy severo con ella.
– Claro que no, me medí muchísimo… no es nada sencillo para mí, más cuando amo con todo mi corazón a esa niña tan rebelde como su madre.
– ¡¿Cómo yo?! – Preguntó haciendo una mueca de fingida molestia y señalándose con el dedo – Te recuerdo que esa manía de leer correspondencia o documentos privados es tuya! Recuerdas que leíste sin mi consentimiento mi diario que había hecho en el San Pablo.
– Oye… en ese diario yo era el protagonista de la historia… me moría de ganas de saber lo que habías escrito acerca de mí.
Tercera llamada. Comenzamos.
– Mejor veamos la obra. – Dijo la rubia feliz y agradecida con Terry que no se haya sobrepasado con los azotes con Maggie, pues a pesar de todo eso dos niños eran su adoración y aunque a veces necesitaban un buen reto… le era difícil a ella castigar a sus dos hermosos hijos producto del amor.
CONTINUARA…
Mil gracias a todas las chicas que me escriben un reviews. Estoy tan agradecida y hacen que publique cada semana… jejeje. Ustedes hacen que publique seguido.
Finalmente Maggie recibió un buen castigo que se lo tenía ya reservado, sin embargo ya que Terry es su consentida pues se midió mucho… jajaja.
Y Terry ya le dio la dirección a Ricky para que pueda enviarle cartas a Emma.
Espero que les haya gustado este capítulo.
