Capítulo cuatro
Oreos y Tasmanian devil slippers
Daryl hizo el cambio a segunda en la Bonneville, mientras desaceleraba para evaluar la carretera bloqueada que tenía delante. Un remolque tractor que cargaba troncos se había volcado después de golpear un remolcador de autos y la carga que llevaba se había liberado. Había troncos esparcidos por la carretera y un breve recuerdo de la infancia vino a la mente de Daryl. Tenía como cinco años en ese momento y había construido una cabaña con troncos Lincoln. Merle había esperado a que la terminara antes de darle una buena patada y hacer volar los pequeños troncos.
Daryl frunció el ceño ante el recordatorio.
— Imbécil — murmuró.
Cambió a primera, la puso en punto muerto, la estacionó y se desmontó con rigidez. Le había tomado cuatro horas y sólo había recorrido unos cuarenta y ocho kilómetros. La marcha había sido lenta y esta era la cuarta vez que se encontraba con la vía bloqueada. La última había sido la peor. Le tomó casi dos horas mover siete autos para abrirle el camino a la motocicleta.
Había coqueteado con la idea de irse de allí conduciendo el gran Cadillac Escalade negro que había en el enredo de autos de la última autopista, pero cuando abrió la puerta para buscar las llaves, el hedor del cuerpo en descomposición en el asiento trasero lo golpeó como una ola. Era tan increíblemente vil, que se había dado la vuelta y se dobló por las náuseas. Por supuesto que era malo. Hacía calor y las ventanas del vehículo estaban cerradas. Probablemente hacía más de 37° adentro del auto. Rápidamente cerró la puerta del Escalade de un golpe y apoyado en ella, bajó la cabeza y vomitó. Cuando terminó, sacó un trapo de su bolsillo trasero para limpiarse la boca, pero antes de que tuviera la oportunidad de hacerlo, estaba vomitando de nuevo. La garganta le quemaba cuando el alcohol, que no había metabolizado completamente, surgió junto con la cecina de venado que había comido esa mañana.
— Bueno, eso no fue muy inteligente — murmuró para sí mismo. — Es una pena, también. Habría sido un paseo agradable.
El sonido de gemidos y pies arrastrándose que se aproximaba le hizo quitar la atención de su estómago rebelándose y del desorden que había depositado justo en la acera, para dirigirla hacia el caminante que se acercaba. Alcanzó la ballesta que colgaba de su hombro, la atrajo hacia arriba, apuntó y disparó, colocando la flecha justo en medio de la frente del hombre calvo. Cuando lo estabilizaba con el pie para quitársela, escuchó otro gemido y miró por encima del hombro. Otro caminante calvo y alto se estaba acercando y lo despachó de la misma forma. Los dos eran similares en apariencia y Daryl se preguntó por un segundo si habían estado emparentados antes de morir y luego surgir como comedores de carne.
Se abrió paso alrededor y sobre los troncos, en busca de un pasaje a través de la calzada llena de basura. Capturó la pierna del pantalón con un tronco al que le sobresalía una rama, tropezó y cayó de lado, golpeándose el costado de la cabeza con un Honda Accord. Se sentó y frotó las manos en la parte de su cabeza que había golpeado en busca de sangre. No tenía nada y se alegró de ello.
Los troncos eran grandes y largos, y por más fuerte que fuera, sabía que no había forma alguna de poder moverlos. Se subió a la cabina del camión volcado, pensando que desde esa altura podría tener una mejor visión de lo que había más adelante. El Sol brillaba y estaba caluroso, el calor parecía salir de la acera mientras el Sol cocinaba las olas de vehículos. Se protegió los ojos mientras examinaba el camino que tenía delante. Más allá del clusterfuck, el camino estaba despejado hasta donde él podía ver de la carretera. Se desabrochó la camisa a cuadros rojos sin mangas, se deslizó fuera de ella y la ató alrededor de su cintura. La remera que tenía debajo comenzaba a humedecerse por la transpiración y podía sentir el sudor por la cara y por el cuello.
Miró hacia donde estaba estacionada la moto de Merle. No había manera de trasladarla a través de ese bloqueo, a menos que tuviera equipo pesado para abrir el camino o se convirtiera en Evel Knievel y saltara los vehículos, y ambos escenarios eran muy poco probables. Las barandas a ambos lados de la calzada de esa sección de la carretera le hacían imposible conducir alrededor de la obstrucción. Se sentó con las piernas cruzadas en la cabina volcada y tomó la cantimplora que tenía colgando del cuello mientras observaba los escombros a su alrededor. Suspiró y tomó un largo trago de agua, y luego otro y trató de idear algún plan.
Para la manera en que lo veía, tenía tres opciones. Uno, revisar el mapa y ver si había sobrepasado alguna ruta secundaria que lo llevara a los lagos. Dos, dejar la moto y caminar. Tres, procurar encontrar otro vehículo usable del otro lado del bloqueo y dejar la Bonneville Triumph donde la había estacionado. Realmente no quería hacer eso. Después de todo, era la motocicleta de Merle y era todo lo que le quedaba de él. Merle era un imbécil, pero seguía siendo su hermano.
Daryl bostezó y se frotó los ojos. Más temprano esa mañana se había sorprendido cuando alcanzó a ver su rostro en uno de los espejos de la Bonneville. Lo blanco de sus ojos era de color rojo sangre. Cuando Shane lo estaba ahogando, la presión había causado que los pequeños capilares de sus ojos se quebraran. Estaba familiarizado con ese fenómeno, le había sucedido lo mismo en las ocasiones en que su ojo se había puesto morado en altercados pasados. El contraste entre el rojo brillante de las córneas y el iris azul pálido de sus ojos era sorprendente. "Casi se parecen a los ojos de los caminantes", pensó.
Shane sólo lo había golpeado en la cara un par de veces, se había salteado los ojos completamente pero sí tenía un moretón grande cubriéndole la mejilla derecha hasta la línea de la mandíbula y un tajo acompañado de un hematoma en la frente. Su cuello estaba totalmente negro, azul y rojo y dolía cuando tragaba. Se preguntó cómo se sentiría Shane hoy.
Bostezó de nuevo y de repente deseó no haber tomado esa oxicodona más temprano ese día. Tomaría una esta noche, si era capaz de encontrar un lugar seguro para dormir. Tomaría una y esperaría que mantuviera en la bahía a las pesadillas.
La noche anterior, Daryl se las había arreglado para meterse en el catre y se había quedado dormido a pesar de tener un infierno de dolor de cabeza luego de que Shane lo dejó en su tienda, solo y ligeramente desorientado.
Se había despertado sobresaltado dos horas después, de un sueño en el que estaba deambulando por los bosques, arrastrándose a sí mismo. Una flecha le sobresalía del lado izquierdo, justo por encima de su cintura, por donde se le había clavado. El dolor era tan intenso y estaba débil, cansado y perdido. La sensación de impotencia era abrumadora.
De repente Andrea estaba ahí y se encontró a sí mismo mirando por debajo del cañón del rifle 30-06 de Dale, mientras ella lo sostenía.
— ¿Por qué? — le había preguntado.
— Eres un caminante — respondió ella, y la vio moverse para apretar el gatillo antes de que pudiera protestar. Oyó el rugido ensordecedor de un disparo y luego estaba sentado en su bolsa de dormir, los ojos muy abiertos, sudor rodando fuera de su cara y cuerpo.
Le había tomado un segundo darse cuenta que estaba en su tienda. No había sido disparado y no había ninguna flecha clavada en él. ¿Entonces por qué el área remendada de donde había sido removida la otra flecha dolía tanto? Inspeccionó con cuidado el lugar previamente suturado y mientras estaba cubierto por un enorme hematoma morado y rojo, la piel cicatrizada estaba bien y nada sangraba. Pero dolía, maldita sea.
Suspiró y se deslizó rígidamente fuera de su catre. Se arrastró hasta un rincón de su tienda y encontró una de sus bolsas de lona. Después de hurgar en ella un poco, encontró lo que estaba buscando, la botella de oxicodona que había sido parte del escondite secreto de Merle. Se resistió a tomar dos y esperó unos quince minutos para que la única que había tomado comenzara a hacer efecto antes de empacar para irse.
Iba a acomodar la pila de madera antes de irse, pero decidió no hacerlo. Los otros podrían usarla y la harían rodar por la colina de todas formas, así que no había razones. Dejó su hacha, su pala y, colgando de cada una de las astas de ciervo que había clavado a un árbol detrás de su tienda, dos increíblemente asquerosos y olorosos calcetines.
Decidió caminar hacia el final del embotellamiento y ver qué había disponible para conducir, solo por si acaso no encontraba un camino para ir hacia los lagos y tuviera que dejar la motocicleta de Merle detrás. Sostuvo la ballesta al frente, con la flecha acomodada y lista para ser disparada en el plazo de un segundo. Se hizo camino por entre los autos y los camiones con algo de dificultad hacia el final de la carretera bloqueada. No había caminantes pero encontró algunos cuerpos de los cuales se habían alimentado y no eran mucho más que huesos. Pasó con cuidado junto a la parte delantera del último vehículo del embotellamiento, un gran camión blanco de Fed Ex, para echar un vistazo detrás. Levantó las cejas y una sonrisa se dibujó en sus labios al descubrir lo que el camión le había estado bloqueando a su punto de vista.
Apoyada contra el camión de Fed Ex, en el pequeño rectángulo de sombra que proyectaba, había una Harley Davidson Fat Boy, estaba como para desmayarse. Se había volcado y estaría en el suelo ahora si su caída no hubiera sido interceptada por el camión. La pequeña sonrisa de Daryl pasó a ser plena. La moto estaba adornada con alforjas y una afeminada bolsa de equipaje abultada con las posesiones de alguien. Había un saco de dormir y lo que reconoció como un bolso de tienda de campaña enrollado y asegurado en el bastidor debajo del bolso de equipaje afeminado. Caminó hacia la moto, seguro de que era probablemente un espejismo o algo así, y que desaparecería frente a sus ojos. No lo hizo. La llave estaba en el arranque. Tiró de la moto hasta que estuvo en posición vertical y la alejó de donde estaba inclinada, apretó el embrague y la acompañó a pie unos metros. Luego se sentó en ella a horcajadas, la puso en neutral, sacó el estrangulador, giró la llave y luego apretó la tecla de inicio. Estaba seguro de que no encendería, probablemente había estado detenida por al menos dos meses. El motor rugió volviendo a la vida. Lo apagó inmediatamente.
Permaneció sentado y consideró sus opciones. Al final, decidió que sólo había una cosa por hacer. Por mucho que le importaba la moto de Merle y por más que odiara hacer eso, la dejaría atrás y continuaría con ésta. Tendría que cargar sus pertenencias desde la moto de Merle hasta la nueva y eso le tomaría al menos un par de viajes, pero dejaría también atrás su tienda y su bolsa de dormir. Eso implicaría menos para cargar desde la moto de Merle. Las alforjas estaban cerradas y Daryl las destrabó con la pequeña llave del aro que tenía la llave del estrangulador. Se sintió culpable manoseando las pertenencias de otro, pero los hizo desaparecer, diciéndose a si mismo que el dueño anterior de la moto y de los bolsos estaba probablemente a kilómetros de distancia, caminando y buscando algo para comer.
Las alforjas habían hecho un gran trabajo manteniendo secas las pertenencias que tenían guardadas. La primera que abrió estaba llena de latas, un paquete de seis de Dr. Pepper y dos cajas de galletitas Oreo. No podía creer en su suerte cuando tomó una de las Dr. Pepper y arrancó una de las cajas de galletitas. Se metió dos en la boca al mismo tiempo. Estaban rancias pero no le importó. Cerró sus ojos y sonrió.
— MMMMMMMMMMMMmmm….
Le encantaban cuando era un niño. A las galletitas les siguió la lata de soda. No se había percatado del hambre que tenía. Giró la galleta siguiente para separarla, comió primero el relleno del medio, raspándolo de las obleas de chocolate con los dientes y lamiendo lo que quedaba antes de hacer estallar las galletas de chocolate en la boca. Las próximas siete que comió obtuvieron el mismo tratamiento y pronto migas de galleta de chocolate cubrían el desaliñado vello facial de alrededor de su boca y su mentón. Se limitó a diez galletas y luego guardó la caja de nuevo en la mochila, antes de profundizarse en la bolsa que estaba del otro lado de la moto. Tenía una linterna de campamento LED Coleman, utensilios, una manta y una pequeña almohada y, mucho más al fondo, dos Ruger Blackhawk de 44 magnum todavía en sus cajas, una funda doble de cuero y cuatro cajas de municiones.
Se sentía completamente frívolo, y ese sonido similar a un gritito agudo que había oído, ¿había salido de él? Sí. Sí, lo había hecho. Se pasó las manos por su sudorosa cabellera y negó con la cabeza. No podía ser posible. Era como si un maldito genio hubiera aparecido y le ofrecía concederle tres deseos.
Abrió una de las cajas de Ruger para inspeccionar el arma.
— Por el amor del maldito Clint Eastwood — murmuró.
Parecía un viejo revólver de seis tiros, desde las curvas empuñaduras de pulida madera hasta el cilindro de seis balas. Respiró profundamente y luego exhaló. Pasó los dedos amorosamente a través del cañón de la pistola de frío metal. Era jodidamente increíble. Colocó la pistola en la caja de nuevo y la caja en la alforja.
Desabrochó el bolso de equipaje afeminado de la barra afeminada y se sentó en el pavimento, apoyado contra el neumático del camión de Fed Ex, con el bolso entre las piernas. Tenía calor, pero el camión le brindaba algo de sombra y el pavimento bajo su culo estaba casi frío. Desabrochó y luego abrió el cierre del bolso y comenzó a extraer ropa. Dos vaqueros. Comprobó el tamaño. 38 de cintura. Demasiado grande. Daryl tenía caderas estrechas y usaba talle 32 antes de que apareciera la mierda universal. Ahora era más delgado y un 32 le quedaba bastante holgado. Gracias a dios por los cinturones. Había una chaqueta de jean Levi's que parecía ser de su tamaño, dos paquetes sin abrir de medias blancas de algodón, varias camisetas grandes, dos paquetes de calzoncillos Fruit of the Loom, un kit de afeitado, champú, tres barras de jabón Ivory un par de pantuflas del demonio de Tazmania.
Se levantó y salió de la sombra del camión de Fed Ex para volver al lugar donde había estacionado la moto de Merle. El calor era sofocante y el sudor comenzaba a salir de la frente de Daryl. Para el momento en que alcanzó la Bonneville de Merle, estaba goteando por su nariz, hasta su pecho y su camiseta estaba empapada de sudor y pegada a su torso.
No se molestó en remover el bolso de su tienda ni su saco de dormir de dónde los había asegurado. Ya no los necesitaba. Tomó el haz de flechas que había tallado. Había trabajado duro para asegurarse de que estuvieran derechas y bien balanceadas y aún así, necesitaban más tratamiento. Las había envuelto en un trozo de piel de venado curtida y atado firmemente con cuerdas de cuero crudo.
Desató dos bolsas de lona de la Bonneville de Merle y se fue con ellas, dejando atrás lo que no necesitaba. Le alcanzó con dos viajes trasladar todo lo que sintió necesario desde la moto de Merle hasta la suya. Le echó una larga mirada a la Triumph Bonneville de Merle. Había sido su orgullo y su alegría. La única cosa en la vida de Merle de la cual se enorgullecía y cuidaba. Daryl se secó el sudor de la frente y luego se mordió la uña del pulgar derecho. La realización de que Merle se había preocupado más por y había cuidado mejor de su maldita motocicleta que de su propio hermano, golpeó de repente a Daryl, que se sorprendió de lo mucho que le dolía.
Drenó la gasolina de la Bonneville en una jarra vacía de limpiaparabrisas y dejó en el suelo alrededor lo que había decidido no remover de las alforjas. Al diablo con re empacar. Se había alejado unos diez metros de la motocicleta de Merle antes de echarle una última mirada cuando se dio cuenta que aún tenía la llave en su bolsillo. Dejó su carga y comenzó a tocar el bolsillo delantero de sus vaqueros en busca de la llave hasta que la encontró. Estaba en un llavero de una insignia nazi grabada en un disco de cuero. Daryl miró la llave por un buen rato y luego la arrojó hacia la Triumph. La vio aterrizar a cinco metros de él y pensó que era lo suficientemente lejos. Tomó de nuevo sus maletas y se alejó de la moto de Merle, hacia donde estaba estacionada la suya.
Lo había hecho. Había dejado atrás al grupo y había roto su último lazo con Merle. Decidió que su hermano había tenido razón cuando le dijo que al grupo le importaba una mierda él, que era solo basura redneck para ellos. Daryl también había decidido eso, aunque Merle había sido sincero, él había mentido y dicho que nadie además de Merle se había preocupado por él. Merle también mentía cuando decía eso, porque a él tampoco le importaba Daryl.
Clusterfuck: término de origen militar para referirse a una operación en donde muchas cosas salieron mal.
