Advertencias: Un poco de lemon Incluido. Naruto y sus padres tiene una personalidad un poco cambiada. Hinata es de pelo Rizo y un poco bajita. (Me pareció Moe imaginarla así *-*) Hanabi es Rubia ._. y la hice Hermanastra De Hinata.
Declaimer: Esto es una adaptación y también un mundo alterno. He cambiado el título, algunas escenas y he puesto a los personajes que mayor satisfacción me han dado para el papel que representarán aquí. La Autora real es LYNNE GRAHAM y me encanta todo lo que ella escribe.
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Capítulo III
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Hina se sentía de Maravilla cuando abrió los ojos y vio el precioso dosel que había sobre su cabeza…
¡¿Un Dosel?!
Súbitamente alarmada, se sentó en la cama y miró alrededor. Aquella no era su habitación.
La luz del sol se colaba por las cortinas, iluminando el opulento dormitorio lleno de antigüedades.
Tampoco es la habitación de Hanabi- . –Pensó.
Al ver un traje masculino colgado en el respaldo de una silla miró rápidamente bajo las sábanas y cuando comprobó que seguí llevando el sujetador y las braguitas, suspiró aliviada. Pero el vestido azul que había llevado por la noche estaba en el suelo, junto con los zapatos y el bolso.
Apenas recordaba nada de la fiesta y…
Entonces vio la marca de una cabeza en la otra almohada y, al mismo tiempo, escuchó el ruido de un grifo. ¿En el cuarto de baño?
Hina estaba desconcertada y consternada cuando Naruto Namikaze, tan guapo como siempre, entró en el dormitorio con una toalla atada a la cintura. Tenía un aspecto increíble, desde los anchos hombros a los abdominales, y las largas y poderosas piernas.
-Ah, ya estás despierta.
Hina se cubrió con la sábana.
-¿Se puede saber cómo he llegado aquí? ¿Qué ha pasado? ¿Has dormido conmigo?
-Naturalmente, ésta es mi habitación. –Respondió él.
-¿Y qué hago yo aquí?
-Después de que el médico te examinara…
-¿Qué médico?
-Shion y yo pensamos que lo mejor sería llamar al médico, por si había que llevarte al hospital. Hanabi juraba que sólo había echado una pastilla para dormir en tu coctel…
-¡¿Qué?!
-Una pastilla que le había dado un amigo y no su novio, según ella. –Siguió explicando Naruto. –El médico le preguntó qué pastilla era, consultó con un colega por teléfono y decidió que no era nada grave. Luego le echó tal bronca que Hanabi se puso histérica.
-Dios mío…
No podía creer que su hermanastra hubiera hecho algo así y decidió tener una larga charla con ella.
Pero en aquel momento tenía cosas más importantes que hacer. Que llevase puesta la ropa interior sugería que no había ocurrido nada entre Naruto y ella, pero necesitaba estar segura de todo.
-Entiendo que anoche… no pasó nada entre nosotros.
-No, Me gusta que las mujeres estén despiertas. –Bromeó. –Despiertas y dispuestas. No me aprovecharía de una mujer, te lo aseguro.
-No quería insultarte, pero sigo sin entender qué hago aquí. ¿Por qué no me llevaste a mi habitación?
-Hanabi no se prestó voluntaria para ayudar y decidí no dejarte en manos de los empleados. Sólo quería comprobar que estabas bien.
-Gracias… -Incapaz de seguir ahí más tiempo cuando necesitaba ir urgentemente al baño. Hina saltó de la cama con la sábana envuelta y corrió al baño como una atleta profesional.
Naruto soltó una carcajada cuando ella cerró la puerta. Le encantaba ese cuerpo pequeño pero voluptuoso y le encantaba que fuese tímida, algo a lo que no estaba costumbrado. Tímida y seguramente circunspecta y eso era alo que no estaba acostumbrado en absoluto, ya que las las mujeres con las que solía compartir cama eran más libre con respecto al sexo.
Pero tuvo que darse una ducha fría en la noche para apagar el incendio que el cuerpo de Hina provocaba.
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Hina dejó escapar un gemido de horror al entrar en el baño, rodeado de espejos por todas partes. ¡Aquél era un baño de infierno!
Tomando un peine masculino que encontró en un cajón, intentó poner orden en sus rizos mientras intentaba controlar el encrespamiento. Después de lavarse la cara y usar un cepillo de dientes nuevo, se metió en la ducha. Seguía avergonzada por haber salido corriendo, pero era algo que no podía evitar.
Naruto Se había comportado como un caballero a pesar de su fama de playboy. Aunque apenas se conocían y su relación consistía en un par de besos, la noche anterior, cuando importaba de verdad, había cuidado de ella.
No todos los hombres habrían hecho lo mismo y que no se hubiera desentendido, le parecía un detalle precioso.
Poniéndose un albornoz blanco que colgaba en la puerta, Hina guardó la ropa interior en uno de los bolsillos y volvió al dormitorio.
-¿Te apetece desayunar? -Le preguntó Naruto señalando una bandeja que alguien debió de subir mientras estaba en el baño.
Con el rostro desnudo y con unos vaqueros que se ajustaba a sus delgadas caderas y sus poderosos muslos, era el hombre más guapo que había visto en toda su vida.
-No, gracias. Tengo que volver a mi habitación.
-¿Por qué siempre sales corriendo? -Preguntó frunciendo sus oscuras cejas.
Hina tuvo que reconocer que su innata cautela la urgía a mantener distancias. Naruto era un peligro porque con él quería olvidar la sensatez y soltarse el pelo. Sólo tenía que mirarlo para desear estar entre sus brazos, tocándolo, besándolo... de modo que, retirarse era lo más juicioso.
-No voy a salir corriendo. Es que...
-Sientes lo mismo que yo. -La interrumpió él.
Era cierto. Estaba tan cerca que apenas podía respirar y cuando él tiró del cinturón del albornoz para atraerla hacia él, no puso resistencia. Al contrario, experimentó una sensación de libertad que no había experimentado nunca.
-Te deseo, moli mou. -Murmuró Naruto. Su acento era como una caricia.
-No puedes tenerme. -Se atrevió decir Hina.
-Sólo un beso antes de marcharte. -Dijo él, inclinando su arrogante cabeza para besarla.
Cuando tiró de su labio inferior con los dientes, Hina empezó a temblar y, sin darse cuenta, abrió la boca para recibir la invasión de su lengua. Naruto puso una mano sobre su pecho, el pulgar masculino rozando la sensible punta por encima del albornoz...
"Hazlo", le decía una vocesita.
¿Pero, hacer qué?
Naruto se apoderó de su boca, el brazo que atrapaba su cintura la apretaba contra su potente erección. Cuando la depositó sobre la cama, con él, el deseo era como un tren sin frenos.
Hina sabía que debería estar asustada, pero no era así. Estaba emocionada y sorprendida por su propia respuesta, y por la sensación de que era allí donde debería estar. Naruto le parecía el hombre que, secretamente había soñado amar y aunque una vocesita le advertía que acababa de conocerlo, ya se había ganado su confianza cuidando de ella la noche anterior.
Y la confianza era todo para Hina.
-Tienes unos pechos preciosos, Glikia mou. -Murmuró él, abriendo el albornoz para acariciar los protuberantes pezones con sus largos dedos. -He estado fantaseando con esto desde que te conocí...
Hina no sabía qué decir y se sentía incómodamente desnuda a la luz del día, pero antes de que pudiera reaccionar, Naruto inclinó la cabeza para tomar un rosado pezón entre sus labios, convirtiendo su pelvis en una bola de fuego. Por primera vez en su vida, el deseo le hizo perder la cabeza y no podía creer lo poderoso y tenaz que era.
Naruto la besó de nuevo, un beso apasionado que la dejó sin aliento y Hina dejó de pensar en absoluto, acariciando la satinada piel de sus hombros, deslizando las manos para tocar el vello que cubría su torso. El aroma a gel de ducha era como un afrodisíaco...
-¿Te quedas? -Le preguntó él con su acento más pronunciado que nunca.
Por un momento, sin aire y ardiendo de deseo, Hina no entendió por qué le hacía esa pregunta.
Naruto pasó un dedo por sus labios.
-Te deseo. Te he deseado desde el primer momento, pero me gusta jugar limpio y quiero saber si estás recuperada del todo.
-Claro que si.
"Te he deseado desde el primer momento"
Sí, le gustaba eso. Y ella sentía lo mismo, no podía negarlo.
El deseo había sido instantáneo, como una reacción química que no pudiese controlar. Hina lo miró a los ojos y su corazón se volvió loco y los músculos de su pelvis de contrajeron como respuesta. Pero ese loco impulso de deseo la hacía incapaz de pensar con claridad. ¿Iba a acostarse con él? Deseaba hacerlo. Sabía que si lo pensaba un momento se le ocurrirían al menos 20 razones para no acostarse con él pero, por una vez, Hina se reveló contra su sensata naturaleza.
Naruto Namikaze era un hombre guapísimo, sexy y sorprendentemente considerado. Y le parecía halagador que le encontrase tan atractiva. Estaba convencida de que nunca encontraría un hombre tan educado como él para ser su primer amante...
-Hina...
Como temía estar pensando demasiado y perdiendo el valor y la espontaneidad, Hina empujó su cabeza para besarlo con toda la pasión que hasta ese momento había contenido.
Naruto se quedó sorprendido por tal entusiasmo; era como una antorcha entre sus brazos y tenía el cuerpo de una diosa.
Ardiendo de deseo pasó su dedo entre sus piernas y, al comprobar que estaba húmeda y dispuesta para el siguiente paso, se quitó el pantalón y el calzonsillo de un tirón, y alargó una mano hacia la mesilla para sacar un preservativo, que se puso con manos nerviosas. Y luego, sin esperar más, porque no podía hacerlo, abrió sus piernas con una rodilla.
Hina no dijo nada, pero al sentir el roce del masculino miembro en su entrada, se puso tensa y la penetración le resultó dolorosa. Al oirla gemir de dolor, Naruto se detubo apartándose...
-¿Qué demonios...?
-No tienes que parar. -Dijo Hina.
-¿Cómo que no? Te he hecho daño...
-No sabía que fuera tan... incómodo la primera vez.
Al apartarse un poco, Naruto vio una manchita de sangre en el albornoz blanco.
-¿La primera vez? ¡¿Estás diciendo que eres virgen?!
Hina se concentró en uno de sus hombros para no mirarlo a los ojos.
-Pues... sí.
Naruto soltó una carcajada.
-¡¿Se puede saber a qué estás jugando?! -Dijo antes de entrar al cuarto de baño.
-¿Perdona? -Desconcertada, Hina se abrochó el cinturón del albornoz y se sentó en la cama, mortificada por el ignominio final de su encuentro.
Evidentemente, Naruto no tenía deseos de continuar y parecía furioso. Y ella, que siempre había creído que para los hombres era imposible parar en el último momento, estaba totalmente sorprendida.
Naruto apareció de nuevo en la habitación y se puso los calzoncillos que antes había tirado al suelo, mirándola con expresión furiosa.
-¿A qué estás jugando?
-No te entiendo.
-Eres virgen y yo no quiero ninguna complicación.
Hina empezaba a enfadarse con tal absurda actitud.
-¿Cuál es tu problema? Tal ves debía habértelo advertido, pero...
-¡Pues claro que deberías haberme advertido! De haberlo sabido me habría tomado mi tiempo... yo no quería hacerte daño.
Hina se ajustó el cinturón del albornoz antes de saltar de la cama.
Bueno, no creo que sea para tanto. Agradezco que te preocupes, pero no veo ninguna razón para que estés enfadado conmigo.
-No me gustan estas sorpresas. Las mujeres normalmente tienen motivos ocultos y...
-Tal vez el motivo oculto en mi caso sea alejarme de ti todo lo posible. -Le interrumpió ella.
-Las mujeres no suelo en sacrificar su virginidad en un encuentro casual.
-Ah, pues siento mucho haberme saltado esas reglas. -Replicó Hina irónica. -¿Con qué clase de mujeres sales tú?
Naruto nunca había conocido a una mujer como ella. Incluso cuando era adolescente, sus amigas eran sofisticadas y despreocupadas sobre el sexo. En el mundo en el que él se movía, todos eran expertos en ese tema y no se le había ocurrido pensar en que, a pesar de su timidez, ella pudiera ser diferente.
-Eres mi primera virgen. -Admitió. -Y he oído que cuanto menos experiencia tiene una mujer, más espera de un hombre.
-Pues, en lo que respecta a mi, estás equivocado. Yo no tengo experiencia pero no espero nada de ti. ¡Y mucho menos una charla sobre sacrificar mi virginidad! -Replicó mientras sus rizos se movían rozándole el rostro.
-He haber sabido que era tu primer amante, no habría hecho nada. Imagino que hay alguna razón por la que has esperado tanto tiempo para acostarte con un hombre...
Hina no estaba dispuesta a inflar su ego al decirle que no había conocido un hombre que la excitase como él.
-No soy precisamente vieja. Y tampoco soy tan rara como tú pereces creer. No todas las chicas van por ahí acostándose con unos y otros.
-¿Pero, por qué me has elegido precisamente a mí? ¿O es una pregunta tonta?
-¿Una pregunta tonta? -Repitió.
-Trabajas para la hija de Hyuga. Tal vez has descubierto que te gusta este estilo de vida y esperas conseguirlo a través de mí.
-Ah... ahora crees que soy una buscavidas. ¡Por favor! ¡Estás tan obsesionado con el dinero como Hanabi! -Le contestó Hina indignada. -Yo no espero nada de ti, Naruto. De hecho, no tengo intención de volver a verte.
Entró en el baño y salió unos minutos después vestida. Y cuando Naruto intentó detenerla, le espetó:
-¡Piérdete!
Y ella pensando que Naruto Namikaze era un hombre especial, al que había buscado secretamente y temía no encontrar nunca...
Después de cambiarse de ropa y hacer las maletas, Hina sacó su móvil para comprobar el horario de los trenes y llamar a su padre. No le apetecía hacer esa llamada, pero lo más justo sería contarle lo que había pasado... por si su hija le contaba una versión diferente.
Después de hablar con Hiashi Hyuga, que se subió a las paredes al saber que su hija se había emborrachado, Hina bajó a hablar con su hermanastra.
-Ah, eres tú. -Envuelta en un elegante Kimono de seda, Hanabi la dejó entrar a su habitación con gesto aburrido. -Supongo que esperarás que me disculpe, pero anoche debiste haberte metido en tus asuntos.
-¿Cómo?
-Konohamaru no tuvo nada que ver con lo que pasó y lo echaron de la fiesta. ¡Supongo que estarás contenta!
-Mira, Hanabi. En estos momentos tu novio me interesa un bledo. -Dijo airada. -Gracias a ti me desmayé y tuve que depender de la amabilidad de los extraños porque estaba inconsciente. ¡¿Cómo pudiste hacerme eso?! Es una broma muy peligrosa y, te lo aseguro, una experiencia que no le deseo a nadie.
Hanabi le miró desafiante.
-¿Y qué? Yo no te quería aquí este fin de semana.
-No te preocupes. No volverá a pasar. -Le aseguró Hina dirigiéndose a la puerta. -nos veremos... o tal vez no.
-¿A dónde vas? -Preguntó Hanabi al ver la maleta en el pasillo.
-A tomar el tren...
-Pero tienes que quedarte conmigo hasta esta tarde. -Protestó su hermanastra.
-No. Me voy a casa. Te deseo lo mejor, Hanabi. -Se despidió Hina antes de darse la vuelta.
...
... Continuará...
...
En primer lugar, Lo siento. Al principio intenté subir este capítulo pero no podía. No sé por qué pero no podía subirla. Me daba "Error" ¬_¬ ¡Que fustrante!
Y luego, mi compu fue formateada u_u
En estos días he estado estrezada por eso... hubiera estado bien adelantada, pero bueno... Aquí está la conti. :)
...
Bueno...
Ya saben lo que digo:
Comentarios = Escritora Feliz = Más capítulos.
¡Hasta la próxima! \(^_^)/
