Cap IV: "Desde sentimientos y tentaciones "
No podía creer que solo la había visto tres veces, llevaba solo una semana de conocerla y ya sentía aquel raro y molesto sentimiento de extrañar. Porque era eso. O no. Tal vez solo quería ver su rostro una vez más o escuchar su voz.
Ni siquiera sabía realmente que le pasaba pero tener a Rachel Berry en sus pensamientos en ese momento, era indicio de algo nuevo.
El martes Rachel no estuvo para ayudarla a sembrar rábanos y, por el contrario, los consejos de Amanda para hacerlo no sonaban igual que los de la morena con las zanahorias.
Quinn estiró su brazo y acarició el cristal de su ventana, la lluvia llevaba cayendo por casi dos horas y esperaba porque se detuviera para su salida al pueblo, por las compras de cada viernes.
Estaba algo cansada, aburrida y tenía frío. Pero eran apenas las cinco de la tarde y siempre podía ir a la biblioteca a esa hora, como lo llevaba haciendo los últimos dos días.
Se alejó de la vista hacia afuera y antes de salir tomó su abrigo. Se preguntó si Rachel Berry ya habría lavado el de ella y su propio olor se hubiese quitado. Sonrió, sacudió la cabeza y cerró la puerta al salir.
Mientras bajaba las escaleras, se encontró con Sara, una de las internas más antiguas y más serias también. Compartía con ella la mesa del almuerzo y jamás la había escuchado hablar, reír o interactuar con las demás.
La chica le habló cuando pasó a su lado y le dijo que se preparara, que la lluvia había descendido considerablemente y el clima era apto para salir en unos minutos. Quinn quiso agradecerle, sonreírle por el gesto pero la muchacha ya había desaparecido en el segundo piso.
Llegó junto a las demás a la cocina y recibió un papel que la hermana superiora le entregó, era la lista de compras en las que se incluía verduras que no cultivaban, costales de harina y frutas.
- Probaremos tu responsabilidad- le dijo la mujer- te encargarás de que nade falte y traerás todo mientras haya. Irás con Amanda, Susan y Sara. Brody las espera afuera, él las dejará en el mercado y aguardará por ustedes…. ¿Qué esperan? Vamos, andando-
Quinn elevó el cuello de su abrigo y lo abotonó con rapidez. Tomó su bolsa correspondiente y salió tras su compañera de cuarto que parecía ya comandar el grupo.
Afuera, Brody les abrió la puerta de su automóvil policial, un elegante Ford Coupe 1948 y luego les tendió la mano para ayudarlas a no resbalar con el barro ya acumulado en la puerta.
Cuando ella fue la última en subir, el chico la sujetó un momento con fuerzas y cuando volteó a verlo le sonrió. Quinn se zafó con violencia y una vez en su lugar, lo observó por el espejo retrovisor: le pareció sínica y asquerosa por igual la sonrisa que aún le regalaba.
Llegaron casi media hora después y esta vez ella se bajó con rapidez, ignorando la ayuda del chico y caminando con velocidad hacia el interior del lugar. Adentro, se detuvo un momento contra la pared y se sujetó la frente; extrañada aún por aquel simple acto del muchacho que debía cuidarlas de noche.
Se alejó rumbo al vendedor y él le indicó el paso hacia las verduras.
- ¿Qué te sucedió allá afuera?- le preguntó Amanda deteniéndose a su lado y tomando unas berenjenas-
- Nada, solo quiero hacer esto rápido-
- ¿Es por Brody?-
- ¿Qué? No, no entiendo de qué hablas-
- Hizo de las suyas ¿Te tomó la mano con fuerzas y te miró sugestivamente? Es un imbécil, lo hace con cada novicia nueva. Ignóralo-
- ¿Él…lo hace con todas?-
- Así es. Es el corderito tierno y suave frente a Amelia pero nosotras lo conocemos. Y no es más que un zorro inmundo- dijo Amanda tan fuerte que la hizo reír y a Susan, que estaba en la fila de al lado por carne- ¿Te hizo sentir incómoda?-
- Bastante-
- Por eso nos gusta Rachel. Y por eso Rachel y él suelen terminar a los golpes-
- ¿Rachel Berry? ¿Qué tiene que ver ella?-
- Es como nuestra defensora- suspiró Amanda tomándose el pecho y Quinn la observó un momento: el brillo en sus ojos y la suavidad al hablar de ella estaban comenzando a asustarla- Ella conoce lo patán que es y él dice que conoce una Rachel que nosotras no-
- Nos da igual eso- se coló Susan-
- Rachel ha intentado ponerlo en su lugar cuando hablamos con ella o lo ha comentado con Amelia. Pero es obvio que no le cree-
- Pero… ¿Brody se ha sobrepasado realmente con alguna?- preguntó Quinn en un susurro; haciendo que por primera vez Sara la observara. Amanda y Susan notaron la mirada de la chica y se aclararon la garganta con rapidez-
- No….Termina con eso, Quinn e iremos a la panadería- masculló su compañera de cuarto cargando algo con rapidez y alejándose hacia Augusto, el italiano dueño de todo el mercado.
Quinn tocó la vitrina y señaló todas las masas y clases de pan que llevaría; la mujer que las atendía no dejaba de sonreírles, parecía que sobrepasaba los 70 años y así mismo se movía con agilidad.
Compraron también dos costales de harina para su propia producción de pan sin sal que vendían algunas tardes de sábado y finalmente su trabajo en el pueblo estaba hecho.
Quinn caminó hacia el automóvil y estaba con la manija en la mano cuando Rachel Berry apareció caminando con su típica despreocupación y su abrigo en el hombro. Le pareció raro verla sin cigarrillo pero quedó encantada con esa imagen.
La morena observaba el piso a cada paso y, cuando alzó su vista para ingresar a la panadería, descubrió el coche y la voz de Amanda. Pero sus ojos se fueron directo hacia ella, buscándola y encontrándola en un cruce de miradas.
Rachel rodeó el auto y acomodó sus brazos en el techo, deteniéndose frente a ella y alzándole las cejas en un divertido saludo. Quinn se mordió el labio y suspiró; tenía la rara sensación de que Rachel Berry estaba moviendo algo en su vida.
- ¿De compras, señoritas?-
- De compras, si. Pan y algo que llevamos del mercado- se adelantó Amanda desde el interior del auto y Rachel le sonrió antes de palmear el techo y finalmente alejarse para llegar a Quinn-
- ¿Estás a cargo?-
- Si ¿cómo lo sabes?- le preguntó Quinn y Rachel señaló la lista aún en su mano- Espero hacerlo bien, no quiero problemas-
- No los tendrás. Es algo fácil ¿Y ya han terminado?-
- Si. La harina era lo último que nos quedaba-
- ¿Y sabes hacer pan?- preguntó Rachel con algo de burla y Quinn no pudo evitar reír. No, no sabía y cuando se lo dijo la morena comenzó a reír con ella- Te enseñaré. Te debo un favor y sé de muy buena fuente que Amelia es exigente en la cocina ¿qué dices?-
- Rachel, me gustaría pero…realmente no encuentro cómo podríamos –
- Dile a Amanda que te muestre el cuarto de atrás. Está detrás del granero solo que es algo frío y…-
- Señorita- las interrumpió Brody tras bajar del automóvil y llegando a ellas- Debemos irnos. Y tiene una orden, no acercarse a Rachel-
- Si nadie le dice a Amelia, nadie lo sabrá- dijo la morena –
- Ese es el problema, mi trabajo es…-
- Tu trabajo es ser un maldito abriboca, si le cuentas algo a Amelia, realmente te golpearé. Otra vez- lo amenazó Rachel y el chico gesticuló con molestia antes de responderle-
- Ellas están a mi cargo, ahora Rachel. Vete de aquí o ¿es que acaso extrañas tu celda?-
- Señor Weston, creo que ya todas somos mayores y nadie debería cuidarnos- murmuró Quinn observándolo de reojo y regresando su vista a Rachel luego- Debo irme-
Tan rápido como lo dijo, la morena llegó a la puerta, le abrió con total amabilidad y le tendió la mano. Quinn no lo dudó, se aferró al agarre y le dio un suave apretón antes de soltarse y acomodarse en el asiento de atrás.
La morena cerró casi en silencio y acomodó su mano abierta en la ventanilla en forma de saludo.
- Iré mañana a la venta de pan. No me extrañen- bromeó colando su cabeza hacia el interior y todas sonrieron. Sin embargo Rachel mantenía sus ojos en Quinn y movió apenas su cabeza en un última despedida hacia ella- Cuídense, señoritas….Maneja con cuidado- le susurró a Brody casi en tono de advertencia y el chico finalmente encendió el motor, acelerando y alejándose completamente de su vista.
Pero la venta de pan llevaba ya casi dos horas y no había rastros de Rachel.
Quinn estaba tras una de las mesas, de pie y sonriéndole a cada uno de los que se acercaban en busca de comprar y realmente lo estaba haciendo bien; solo que no podía dejar de recordarse que en una hora ya la exposición terminaría y la morena jamás llegó.
Una niña se acercó por una masa dulce y estaba devolviéndole una moneda de diferencia cuando escuchó a Brody, que se paseaba entre las mesas y degustaba cada masa sin problemas, hablar con la hermana Amelia de Rachel.
Quinn no pudo evitar mover su cabeza y oírlos: el chico dijo que la morena pasaría la noche en su habitual celda porque había tenido un altercado al mediodía en la calle y se encontraba pagando las consecuencias.
La rubia apretó la moneda en su mano y finalmente se la dio la pequeña, quien le sonrió y se alejó de allí con felicidad.
Metió su mano dentro del delantal y tomó del bolsillo un reloj, regalo de su padre cuando cumplió los 15 años y aún lo conservaba: 17: 10. Cincuenta minutos y el lugar comenzaría a desocuparse.
Se acercó a la hermana Amelia y le dijo que no se encontraba bien, posiblemente producto del almuerzo y le pidió unos minutos para recuperarse. Le fueron concedidos.
Corrió hasta su habitación y tomó de debajo de su colchón una bolsa de papel; quitando seis billetes y guardándolos tras su espalda, dentro de su camisa y en la cadera de su vestido.
Regresó al patio delantero y se mezcló entre sus compañeras que llegaban con más fuentes y, cuando descubrió otro tumulto de gente dispuesta a comprar, se cruzó entre ellos y llegó al portón de salida.
Acomodó un momento sus manos allí y volteó hacia atrás: se disculpó mentalmente sin saber con quien y salió de allí tan rápido como sus piernas se lo permitieron.
No conocía el pueblo mucho menos dónde estaría la dichosa comisaría pero el chofer del ómnibus le aseguró que la dejaría lo más cerca posible; que solo debía bajar, caminar apenas unas manzanas y el color azul del edificio aparecería por si mismo.
Y así fue.
Quinn quitó nuevamente su reloj y notó que ya eran 17: 35, se supone que en menos de media hora debería estar de regreso pero en ese momento solo tomó la base de su vestido, lo alzó para no pisarlo y corrió hasta el interior del lugar.
Miedo, pánico, vergüenza y todo tipo de sensaciones la invadieron pero continuó avanzando a paso seguro. Llegó hasta el guardia, un hombre de baja estatura, con sobrepeso y que estaba sentado mientras comía una dona y tenía una caja llena al lado.
Quinn acomodó sus brazos en el mostrador alto y llamó su atención. Debió verlo levantarse con dificultad, subir su pantalón y palmear su abdomen pronunciado al llegar a ella.
- Buenas tardes, ¿la señorita Rachel Berry está aquí?-
- Supongo, como siempre- le dijo él señalando un pasillo a su costado derecho y Quinn asintió- Oiga, oiga, no puede pasar así como así- la detuvo él cuando la rubia intentaba alejarse- ¿Es parte de su familia?-
- Pagaré su fianza. Solo dígame cuánto es-
- Está bien, pero debe firmar-
- No, no- masculló ella alejando la planilla que el hombre le tendía- le daré un billete más si evitamos la firma-
- Dos-
- Está bien, dos- se quejó Quinn dejándole la cantidad de dinero suficiente y finalmente atravesando aquel oscuro pasillo.
Se detuvo un momento en el barandal de una escalera e infló su pecho: debía bajar, ya había hecho todo lo demás y no hacerlo sería una perdida de tiempo, dinero y algo más que aún no podía reconocer.
Se acomodó la parte baja de su cabello y descendió los escalones. Allí, al final del pasillo, había una única reja de celda cerrada y dedujo se trataba de la que ocupaba Rachel.
Estaba llegando a ella cuando el guardia pasó a su lado con llave en manos y abrió:
- Pagaron tu fianza. Fuera de aquí, Berry-
- ¿Quién pago?...Santana no deber…Quinn-
Y se dejó abrazar por ella.
Rachel se impactó, abrazando su cintura y ella no pudo evitar rodearle los hombros.
Escuchó los pasos del hombre alejarse y sintió el despegue del rostro de Rachel bajo su cuello.
- No puedes haber pagado-
- No lo hice. Es un dinero que juntamos entre todas e inclusive la hermana Amelia me envío-
- No puedo creer lo mal que te ves cuando mientes- dijo Rachel, logrando que el rostro de Quinn se encendiera y terminaran riendo a la vez- No debiste hacerlo, realmente-
- ¿Y por qué no? ¿No se supone que es esto lo que haré el resto de mi vida? ¿Ayudar a los demás?...Vamos, toma tu abrigo y salgamos de aquí…¿Estás bien?- le preguntó Quinn cuando la morena se estiró hacia el suelo y se tomó las costillas, quejándose del dolor sin miedo-
- Si, creo que la caricia de tu camioneta aún duele- bromeó Rachel pero la rubia esta vez no río. Se acercó a ella y le rodeó la cintura, ayudándola a caminar sin esfuerzos hasta afuera-
- Tú también te ves muy mal cuando mientes- murmuró Quinn mientras caminaban en la calle-
- Es solo un golpe, de verdad. No suelo ser buena hablando y …termino arreglando las cosas a mi manera-
- Eso no es cierto. Conmigo hablas de una manera que pocos lo hacen-
- ¿Y es por eso que me has venido a sacar hoy?-
- Tal vez. No me gusta que estés allí dentro, nadie en realidad-
- ¿O sea que rescatarás a cada preso que Brody atrape?-
- No dije eso- río Quinn y se detuvieron un momento. Donde la morena indicó el camino y lo continuaron sin medir el tiempo- Solo que tal vez, no lo sé…podrías evitar meterte en problemas ¿no crees?-
- No, no lo creo. A veces quisiera pero no lo logro- susurró Rachel y la rubia la observó unos segundos: parecía sincera y lo mejor era que así se oía. Por lo tanto no podía exigirle más, no estaba en línea de hacerlo tampoco- Aquí es-
- ¿Vives aquí?-
- Desde que tengo memoria, si-
Quinn la sostuvo unos momentos más y, sin pensarlo, ingresó con ella a la casa; guiándola hasta un viejo sillón y ayudándola a sentarse allí. Sonrió satisfecha cuando Rachel soltó sus costillas, signo de que dolían menos en esa posición.
- ¿Quieres que te traiga algo? ¿Agua?-
- No, estoy bien así, gracias ¿cómo es que estás fuera del convento?-
- ¡Rayos! - gritó Quinn y quitó otra vez el reloj: tenía menos de diez minutos para regresar o definitivamente iba a conocer la furia de la hermana superiora- Tengo que irme-
- Espera, espera…lo siento pero… ¿puedes traerme algo antes de irte?-
- Por supuesto ¿qué necesitas?
- En la cocina, hay una caja arriba de un mueble, con medicamentos. Necesito alcohol y vendas- aseguró Rachel abriendo su mano y Quinn abrió los ojos sorprendida al ver la herida que cruzaba por ella-
- Por dios, Rachel- masculló corriendo hacia la caja y encontrando todo con rapidez y nervios. Regresó a la morena y se arrodilló frente a ella, tomando su mano y separando sus dedos-
- Puedo hacerlo. No quiero que tengas problemas. Debes regresar , Quinn-
- Solo serán unos segundos- la calló la rubia mojando un trozo de venda y guiándola a la mano- Dolerá-
- No es nada a lo que no esté… ¡Carajo! ¡Quinn! Dios…eso, eso dolió-
- Lo siento- se disculpó la rubia sonriendo y vendando alrededor de la mano. Cerró con suavidad la palma de Rachel y sostuvo un momento uno de sus dedos entre los de ella; acariciándolo apenas y alejándose cuando la escuchó suspirar- estarás bien, solo cuídala y no te metas en problemas… ¿necesitas vendaje en otro lado?-
- No, solo…me limpiaré aquí luego- murmuró Rachel pasando su mano sobre el lado derecho de su torso y Quinn miró un momento su camisa; debatiéndose entre marcharse o quedarse y saber que debería hacer las cosas bien. Daba igual, ya estaba llegando tarde de todos modos por lo que unos minutos más no iban a notarse. Se puso de pie y se sentó al lado de la morena, sonriéndole antes de hablarle-
- Debes…quitarte la camisa y…y te ayudaré-
- Realmente no quiero darte problemas, Quinn. Lo haré luego-
- Solo serán otros minutos-
Quinn tomó otro trozo de venda y esta vez la roció apenas con alcohol. Esquivó su mirada cuando Rachel comenzó a desprender los botones pero la regresó cuando la prenda se deslizó por sus hombros, acabando finalmente en el suelo.
Tragó saliva con fuerzas y estiró su brazo, llegando a la piel de la morena y rozándola con la venda.
- Lo siento- susurró al oírla quejarse pero Rachel asintió, permitiéndole continuar-
Se arrastró apenas en el sillón y su rodilla tocó la de la morena. Se miraron y ambos ojos acabaron bajando, deleitándose con la boca entreabierta de la otra y regresando luego a observarse.
Quinn se acercó un poco más cuando Rachel también lo hizo y se mordió el labio cuando la morena tocó su muslo, sosteniendo allí su mano para apaciguar el ardor del alcohol.
La rubia cerró un momento los ojos y los abrió al instante cuando la puerta se abrió de un golpe y alguien entraba; cerrando y llegando a ellas con la misma fuerza.
Otro cap, queridas/os lectoras /es. Gracias por tomarse el tiempo de leer y comentar. Espero que les vaya gustando. Preguntaron si el fic es original o adaptación, no me llaman la atencion las adaptaciones asique mientras pueda, escribiré por mi parte.
Ni Glee ni sus personajes me pertenecen (de lo contrario la srta Michele ya hubiese cantado algo de su propio disco y en dueto faberry, obvio) ¡Saludos!
