Francia se da la vuelta en la cama y se tapa la cara con un brazo. Honestamente lleva un largo rato despierto y hoy se siente mejor de lo absolutamente fatal que sentía ayer... al menos el mundo no da vueltas.

Prusia y España, que ya hace muuuuuucho rato que se sienten mejor, están corriendo y gritando por toda la casa algo sobre un bote de pintura rosa.

Polonia los odia... ¿lo he comentado? Y Canadá está intentando trabajar en el salón cuando en eso, Prusia le quita unos cuantos de sus papeles y sale corriendo descojonándose, abre la puerta de la habitación de Francia y se mete dentro, mirando por la rejilla de la puerta entreabierta mientras sigue riéndose por lo bajini.

Canadá está intentando razonar con Prusia al otro lado de la puerta a un volumen tan bajo que es absolutamente inútil.

El albino cierra la puerta de golpe y se sienta en el suelo recargándose en ella para que no pueda abrirla si es que acaso Canadá planea hacerlo, mientras sigue riéndose en la absoluta oscuridad del cuarto, claro.

—¿Que le haces al chico? ´—pregunta Francia con voz grave. El alemán pega un bote de proporciones épicas al no esperarse la voz de Francia.

—¿Estás despierto?

Canadá toca la puerta con los nudillos, como todo un gentleman.

Non, estoy dormido, soñando que tú y Canada se están liando... —responde.

—Oh! Joder, otra vez con eso —protesta no muy enserio—. Seguro que me la estas imaginando pequeña, nunca eres justo con mi awesomidad —sigue a lo suyo, levantándose y acercándose a la cama—. Le he robado los papeles, está tratando de trabajar, tío... en serio hay que hacer algo con él.

—Nah, no podría nunca imaginar tus cinco centímetros más pequeños de lo que son —se ríe—. ¿Hacer algo como qué?

—¡Cinco centímetros! —protesta un poco indignado y levanta un pie descalzo, poniéndolo sobre Francia y moviéndole un poco—. ¡Que capullo! Pues no sé, algo como para que se suelte un poco y deje de ser tan jodidamente... aplicado.

—¡Heeey! quita tu sucio pie de encima de mí —le pasa un dedo por la planta del pie, riéndose de lo de los cinco centímetros—. Quizás tú puedas hacer que se suelte un poco, cher...

—Seh —se ríe bajando el pie de nuevo y se sienta en la cama—. Por eso le he robado los papeles con los que estaba trabajando... —hace una pausa—. ¿Te morirás si abro la luz?

Oui —declara sinceramente.

—¿Tan mal estás? llevas durmiendo como... veintidós horas con treinta y siete minutos —exactitud alemana. El galo se ríe con eso.

—Nah, ya estoy bastante mejor... es solo... —se pone boca abajo—. Estoy cansado.

Spanien nos ha hecho churros con chocolate esta mañana... y el chaval les ha echado miel de esa rara que no sé de dónde ha sacado... llevan toda la mañana discutiendo por eso, ¿quieres que le diga que te traiga? —se ofrece. El galo suspira.

Oui, tengo hambre, sinceramente... sólo que sin miel de maple, s'il vous plait.

—¡Vale! ¡Entonces estás en el equipo del jefe! Spanien se va a poner muy contento —se levanta y se dirige a la puerta.

—Si fueran hotcakes o esas merdes que hace Angleterre... la cosa sería distinta y si querría —se estira poniéndose de nuevo boca arriba—. Devuélvele sus hojas a Canada, s'il vous plait, porque cuando termine de hacer el trabajo que está haciendo, voy a pedírselo para copiárselo todo —sonríe.

—Oh, tío, como si estuviéramos en el colegio —se ríe Prusia y luego sale del cuarto.

Francia se sienta en la cama e intenta hacer algo con su pelo, que está hecho un absoluto DESASTRE... y luego va hasta sus pantalones y busca su teléfono adentro, sacándolo y aliviándose un poco al ver que está apagado como lo dejó. Suspira.

Dieu, ¿qué hay de los tiempos en los que no te importaba nada, cher? —susurra para sí mismo.

Unos minutos más tarde, alguien toca a la puerta del cuarto y entra sin esperar a que le den permiso.

—Buenos diaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas

Francia está intentando instalar su tarjeta del teléfono del lado correcto, sin mucho éxito porque no ve nada en la oscuridad. España prende la luz sin pensárselo, con un golpe de cadera, porque lleva una taza de chocolate y un plato de churros en las manos y cuando ve a Francia de pie hace cara de susto.

— Aaargh! ¡Un muerto viviente!

El francés entrecierra los ojos con la luz y luego le fulmina.

Tais-toi! —responde no muy en serio, pasándose una mano por el pelo y otra por el pecho.

—El desayuno de los campeones —le ofrece tendiéndole el plato y la taza con una sonrisa.

Él sonríe de lado y los toma.

— Me gustan mucho tus churros... —sentencia sentándose en la cama, recargándose en la cabecera y metiéndose nuevamente a las cobijas. Dobla las piernas y se pone el plato en las rodillas, haciendo equilibrio, mientras le da un sorbito a la taza de chocolate.

— ¡Gracias! —agradece sincero mientras se va a la ventana y abre las persianas para que entre el sol— Canadá les ha puesto sirope de ese suyo... —niega con la cabeza desaprobatoriamente.

—Aaaaaaaaagggg! —protesta Francia con las cortinas—. Espagne... ¿a qué viene la agresión con las cortinas? — mira los churros—. ¿Por qué les ha puesto eso? —pregunta con la nariz fruncida.

—Por qué hay que abrir la ventana, aquí huele a tigre... pero a tigre muerto —asegura riéndose—. Yo qué sé, ha dicho que lo prefería al chocolate.

Arruga la nariz con el asunto del olor y le da otro sorbito al chocolate, y una mordida al churro, en silencio. Cuando acaba con la ventana y eso, se acerca a la cama y se sienta en frente suyo.

—¿Cómo estás? —pregunta en un tono más serio.

—Estoy... —suspira—, estoy igual... no me lo saco de la cabeza —hace aspavientos con las manos—, he soñado con él, he pensado en él al despertar —ojos en blanco—. Nada sorprendente en realidad. Aunque me siento mejor —sonríe un poco.

El español le pone una mano en el hombro para confortarle, sonriendo un poco tristemente.

—Esto... no va a ser tan rápido, ya lo sabes... pero me parece que vas por buen camino.

—Ah ¿sí? ¿Y a dónde me lleva ese camino por el que voy? —pregunta sinceramente.

—Pues a... —se detiene y se lo piensa—. A olvidarle, claro, y volver a ser el de siempre —sonríe.

Francia suspira sonriendo de lado.

—A olvidarle —mira los churros.

—Claro —insiste—. Olvidarle y volver a ser él de siempre, cuando hacías lo que querías sin remordimiento y él no te hacía daño por irse con el niño imbécil y tú no tenías que esconder nada por miedo a que te corten los huevos o bombardeen Europa.

Oui, claro... olvidarle —asiente sin ningún tipo de convencimiento poniendo los churros en la mesita de noche al igual que el chocolate, y volviendo a intentar ponerle la batería al celular.

España le mira de lado, ladeando la cabeza.

—¿O no quieres?

—Honestamente... ahora mismo, no —responde.

—Bueno, eso es... Normal —suspira—. Pero sabes que es lo mejor.

—Pero no puedo seguir así, tú tienes razón, es poco elegante —cierra el teléfono y lo prende.

—Aunque bueno...

—La cosa es que yo puedo saber que es lo mejor todo lo que quieras y no pasa nada mientras no esté aquí... pero la próxima vez que venga, y me abrace y hagamos el amor yo no...

—¿Has pensando en el asunto de Rusia? —España le interrumpe.

—No he dejado de pensar en el asunto de Russie... —admite, da otra mordida a su churro y un traguito al chocolate.

—Es decir, si el crío realmente... Bueno, le va la marcha... Inglaterra... no tendríais porque seguir escondiendo esto —razona.

—Eso... es lo que tú dices, pero sería más complicado. Angleterre... no sé si querrá seguir con el garçon en ese caso y... —traga saliva—. Siempre ha dicho que conmigo oui, siempre y cuando esté con el garçon, si no está con el garçon...

—¿Y qué va a hacer? ¿Esconderse en los lagos esos de Escocia para siempre jamás? —pregunta sarcástico—. Si será capullo, así que o os tiene a los dos o no hay tu tía. Pues me parece egoísta por su parte —añade.

—Sueno tan patético —sonríe un poco, de lado—. Cuál si realmente fuera capaz de dejarme —agrega con cierta seguridad—, garçon o no garçon… También, Espagne, seamos honestos... no es como que yo sea el mejor partido de alguien —lo mira. España hace los ojos en blanco.

—Ese es otro tema.

—Ese es EL tema —da otro trago al chocolate.

—Tampoco es como que él sea taaaan bueno —le mira seriamente—. Es violento, mal hablado, borde, cabezota... Y no es como que sea mucho más fiel que tú.

Sonríe un poco.

—Eso es cierto... Pero eso es mi culpa —agrega.

—¿Tu culpa? ¿Desde cuándo te va a ti el rollo violación? —pregunta sorprendido.

Francia parpadea.

Non, yo no violo —responde frunciendo el ceño—. Yo lo que digo es que yo lo orillé a ir con el garçon... esa es MI idea, cher... y después de eso YO fui el que le orilló a tener sexo conmigo de nuevo y... —suspira.

—Entonces no veo que sea tu culpa... Si no dice que no, es él —se encoge de hombros.

—Si yo pudiera... Si yo tuviera... es decir, si yo fuera capaz de estar sólo con una persona... —se lamenta.

—Nadie es perfecto y sinceramente creo que él no tiene ningún derecho a pedirte eso —sentencia.

—Es lo que me ha pedido toda la vida —niega con la cabeza antes de terminarse el churro.

—Bueno, y tú le has pedido que no sea violento y ya ves que caso te hace que te parte la cara cada vez que te ve.

Se ríe.

—Es verdad...

—Puestos a pedir —le sonríe.

—La cosa entonces está en que todo eso es el pasado... ahora tenemos una bonita relación en la cual él está con el garçon y yo soy su amante —se ríe.

—Además, aun así. Aun sin que ninguno haya hecho lo que le pide el otro, ahí seguís los dos dando por culo... —añade asintiendo.

—Yo creo que Amerique va a ir a por Russie... —admite aparentemente de manera inconexa.

—¿Tan contento estaba? —levanta las cejas.

—Si Amerique fuera con él, aunque fuera por sexo, Angleterre podría decir que de vez en cuando...—indica— Non, estaba asustado. Pero deja que se le pase, deja que esté solo, sin Angleterre presionándole, deja que tenga un par de sueños eróticos con él, deja que le dé curiosidad y va a terminar por buscarle... —explica.

—Y América no podría decir nada al respecto —asiente—. No me parece un mal asunto... ayudarles un poco —valora España.

Francia mira a España realmente escandalizado.

—Si Angleterre se entera que yo... —niega con la cabeza.

—Si Inglaterra se entera de lo de la sangre te va a descuartizar —asegura.

—Yo voy a decirle lo de la sangre —admite—. Pero darle la sangre NO es aventar a Amerique a que le engañe —razona.

—Pues a mí me parece un arreglo... —empieza España pensando que de hecho, lo que cree es que Inglaterra lo merece.

Cher... no me jodas. ¿Cómo va a ser un arreglo, si el garçon es lo que más quiere en el mundo?—le explica haciendo los ojos en blanco—. Yo creo que sería lo más fácil, pero eso no quiere decir que él lo vea así... él va a estar destruido —frunce el ceño.

—¿Estás seguro que América es lo que más quiere en el mundo? porque sigo diciendo que no me parece que se corte ni un pelo para engañarle — traga saliva.

— Junto conmigo.

—Y además, ¿acaso esto no sería beneficioso para él también? sin tanta presión ni mentiras... —explica.

—Es que él es el principal beneficiado —se acerca a España—. Cher, a mí me da igual que el mundo no lo sepa, ¿sabes? Pero a él le carcomen las culpas y lo pasa mal. Yo... no tengo inconveniente con recibirlo una vez al mes en casa, en una tarde lluviosa mientras estoy cocinando, en la que se busca un pretexto y viene a verme por algo que nunca tiene que ver conmigo y terminamos bautizando cada uno de los centímetros cuadrados de mi nueva mesa de desayunador... Y que luego se largue con él, siempre y cuando no me deje la ratatouille hecho —explica. España se ríe un poco con esa última declaración.

—Entonces olvídale y deja de tener celos y vuelve a esa vida en la que eres su... follamigo.

—Claro, lo dices como si yo tuviera un interruptor y pudiera de un día a otro decir que ya nada...

—No lo digo como que lo hagas enseguida, pero mientras sigues pensando que no quieres que eso pase... —explica.

—Es que... es que tú no nos has visto estando bien, cher... es todo tan... —sonríe—. Hemos tenido sexo suavemente en una carroza en parís, hemos cenado en un barco, y me ha puesto mostaza en el café —sonríe. España levanta las cejas.

— ¿Mostaza en el café?

—Y me ha sacado a bailar Fever a la mitad de la calle y... —se ríe—. Oui, para hacerme rabiar —responde. Ahora se sorprende en serio con lo de Fever.

—¿Estamos hablando del mismo Inglaterra? —pregunta descolocado.

—Del mismo con el que he tenido sexo en la azotea del Louvre... mismo que me ha dado besos a la mitad de la calle... es... —suspira. España parpadea.

—Pero... como... es decir... la última vez... la última vez que yo le vi le daba vergüenza hacer pareja con América para jugar a Call of Dutty on-line —Francia sonríe orgulloso—. Y en el aeropuerto... —sigue recordando—. No, pero Francia, tienes que olvidarte de eso.

El galo suspira.

— ¿Por qué? Es que... es que no funciona así de bien con nadie, ni él ni yo y a la vez es tan... natural —se pasa una mano por el pelo.

—Pues porque ya hemos hablado que lo mejor es volver a cuando lo que hacéis es veros una vez al mes en tu desayunador y luego él se vuelve a su casa tan feliz... una cosa es tener sexo y otra es bailar Fever en mitad de la calle —explica agobiado.

—Bailar Fever a la mitad de la calle es absolutamente divertido —cierra los ojos y suspira.

—Bailar Fever a mitad de la calle ha hecho que ayer casi acabaras en el hospital —replica a pesar de que está absolutamente de acuerdo e incluso un poquito celoso, porque no cree que Romano accediera a hacer eso nunca.

—Pero... —le mira—, esas cosas pasan. Espaaaaaaaagne... es... es... —se pellizca el puente de la nariz.

—No sé qué decirte tío —confiesa sinceramente—. Lo único que puedo hacer es prometerte estar aquí en cuanto él se largue.

—Voy a olvidarme de él tarde o temprano... eventualmente va a hacer algo o voy a encontrar a alguien a quien follarme y... —se rasca la cabeza—. Anda... hace días que no tengo sexo con nadie más —abre los ojos impresionado.

—Y llevarte a beber o recoger los pedazos o lo que se... ¿En serio? —flipa deteniéndose.

—¿Hará unos quince días? Quizás más... ni siquiera he pensado en alguien más —sigue con los ojos muy abiertos.

—En... En na... ¿Nadie? —vacila—. Quizás eso es lo que deberías hacer —sentencia muy serio. Francia levanta las cejas y lo mira a los ojos.

Mon dieu... —se le acerca—. Tengamos sexo.

—Yo no puedo, tío, ya lo sabes —le responde. Francia frunce el ceño.

—Tú no puedes, Prusse no puede, Pologne no puede, Canada no puede —se levanta. España le mira—. Al final... Angleterre tampoco puede y luego me dicen pervertido por ir a buscar con quien... —niega con la cabeza.

—Podemos buscar a alguien por ahí, aun así como estas ahora sin peinar y con cara de zombie podrías convencer a tres o cuatro personas —propone.

—No quiero a cuatro... quiero a una. A una en concreto —camina al baño fastidiado consigo mismo—. Merde, France... por algo tú no hacías estas cosas ya.

España suspira en la cama pensando en qué hacer.

— ¿Si llamo a media docena de putas me prometes que no las mandaras a casa? —pregunta sacando su teléfono.

Non... —responde abriendo la regadera—. Al menos podrías mandarme a un chico con acento inglés y ojos verdes, aunque no sea Angleterre —responde.

—No voy a mandarte a un puñetero inglés, Francia —asegura apoyándose en la puerta del baño y mirándole.

—¿Qué harías tú, Espagne... si Romain estuviera con alguien más además de contigo? —le mira.

—Matar a ese hijo de puta —suelta sin vacilar.

—¿Y si Romano le quisiera? —se mete a la ducha con la puerta abierta, sin dejar de mirarle.

—Le mataría igual... Y luego... Me costaría mucho no matarme yo también —asegura. Francia frunce el ceño y luego sonríe un poco.

—Siempre he creído que quieres a ese chico de manera un poco perversa...

—¿Perversa? —pregunta levantando las cejas. El francés mete la cabeza a la ducha y empieza a lavársela con un jabón de Polonia que huele a chicle.

—Pues... oui… ¿qué hay del amor libre? Estás hablando de matarles a todos, menos a Romain... fíjate lo que haría tu truco. Matarías al hijo de puta y luego te matarías tú...

— Y el pobre chico se quedaría vivo y sin ninguno... —agrega España y piensa para si en otra cosa—. ¡Es que no! Tío! ¡No puedo, no puedes pedirme eso! —se lamenta—. Yo... Te quiero mucho y haría casi cualquier cosa por ti, ¿quieres que vaya y arree a Prusia? ¿Quieres un riñón? ¿Quieres una de mis manos? Lo hago tío, por ti... Pero no me pidas que le haga daño a Romano.

Francia frunce el ceño y sale del agua mirándole.

—¿No habíamos cambiado ya el tema? —le pregunta sinceramente—. Estábamos ahora hablando de qué harías tú en mi caso.

—Viene siendo lo mismo, no podría matarle ni hacerle nada... Y no podría soportar que quisiera a otro —explica.

—Eso es lo que temo que le pase a Angleterre con Amerique —le mira.

— ¿Y qué temes? ¿Por Rusia? —se sorprende.

Non... —niega con la cabeza—, pero si por Angleterre. Va a pasarlo mal —cierra la ducha y empieza a secarse.

—No es como sea la primera vez —asegura encogiéndose de hombros

—¿La primera vez que qué?

El moreno le mira intensamente.

—Ni tampoco es como que podamos evitarlo —añade unos instantes más tarde.

Non... sólo deja... que lo vea y demás —sonríe—. Es sólo un poco de amour, eso no hace daño—camina desnudo hasta el cuarto y empieza a buscar su maleta. España le mira de nuevo, valorando—. ¿Qué es lo peor que puede pasar? —le mira.

El español aprieta los ojos con fuerza, se le acerca, le empuja contra lo que tenga más cerca y le besa con toda la pasión que es capaz mientras piensa en Romano y pide a Dios que le perdone.

Francia flipa y vuelve a flipar, y vuelve a flipar, y luego se olvida de todo porque España besa muy bien. Al final, el español se separara jadeando un poco y le mira. Francia le mira también, con la respiración bastante agitada y los ojos abiertos como platos.

Q-Quoi intentas?

Se lleva una mano a los ojos.

—No puedo, tío... —asegura—. Sé que lo necesitas, pero...

—Espera, espera... no... No pasa nada —Francia flipa de nuevo, absolutamente sorprendido aún—, yo... buff... pardon, pardon...

—Prométeme que vas a buscar a alguien con quien tener sexo antes de volver a ver a Inglaterra— le mira completamente serio. El otro no dice nada, le mira a los ojos y le pasa una mano por el pelo de manera cariñosa pero no sexual. Traga saliva.

—Te lo prometo — y le abraza.

El moreno asiente con la cabeza y le abraza de vuelta.

Pardon... no debí pedirte eso —le consuela un poco—. No se vale darme besos sufridos, Espagne... Eso es injusto.

España se ríe un poco.

—Tampoco se valen los besos pensando en alguien más —se limpia la boca con el dorso de la mano.

—Es que estas cosas nos salen mejor cuando tratamos de poner nervioso al personal y las hacemos en coña —confiesa. El galo se ríe.

xoOXOox

Prusia está en el aeropuerto literalmente saltando alrededor de España y Francia y teniendo micro infartos cada tres segundos.

— ¿Qué pasa? —pregunta Francia de nuevo.

—Ha dicho a las diecisiete con cuarenta y dos, ¿verdad? y... te dijo... vuelve a decirme que te dijo por teléfono —le pide a España.

—Me dijo que no llevaras maleta —repite España como por vez dos mil trescientos veinte.

—Y que no llevaras ropa interior —agrega Francia

—Ah... ja... eso... me... me la quitaré luego en el avión... o lo que sea —sigue histericolocoperdido—. Pero te dijo que... ¿te dijo que lo haría?

—Sí —se ríe el español de buen humor.

—¡No te vayas a morir! —declara Francia en burla.

—¿Eh? ¿Yo? eh... Was? —balbucea Prusia.

—Yo no estoy seguro de que vaya a quitarse los gayumbos él solo —le dice España a Francia—. Y yo le he hecho una promesa a la señorita.

Francia levanta las cejas.

—Es un buen punto... —se pasa la mano por la barbilla—. Habremos de comprobarlo.

—¿Le he llamado? —pregunta Prusia—. Ja… Ja… me ha dicho a y cuarenta y dos, ¿verdad? si... si... será mejor que le vuelva a llamar para confirmar... — sigue a su rollo sin prestarles a tención.

—No, será mejor que te quites los pantalones —mira a España—. Iremos al baño.

—A mí me da lo mismo —se encoge de hombros España.

—Pues no querrás hacerlo aquí, tampoco quiero que me detengan...

Prusia sigue dando vueltas.

—Porque estáis seguros de que ella me dijo que fuera, ¿verdad? me lo dijo a mí... y no se desdijo, ¿verdad? —sigue Prusia.

—Venga, llevémosle al baño entonces, no es cuestión de escandalizar a las ancianitas con los... cinco metros —se burla España.

Francia se levanta.

—Venga, chaval... Si sigues así de nervioso vas a acabar vomitando o algo —niega con la cabeza.

Prusia le mira.

— Yo no estoy nervioso... bueno, quizá si estoy un poco nervioso... dijo a y cuarenta y dos, ¿verdad? tengo que comprobar la hora de llegada.

Francia le toma de los hombros.

Cher, la hora está bien... Ahora necesitas quitarte la ropa interior...

Was? Nein... nein... lo haré en el avión, porque si no luego no tendré ningunos y es... —empieza.

—Ese es justo el punto —responde España tomándole también de los hombros y empezando a dirigirle.

—Además tenemos que comprobar que los cinco metros funcionen bien —agrega Francia cerrándole un ojo a España, este le sonríe.

—U... was? —se ríe como idiota Prusia.

—Por qué vas a tener que usarlos mucho este fin de semana —le mira serio entrando al baño y dirigiéndole a esos cubículos enormes para gente en silla de ruedas.

—W-w-was ? —se sonroja y se sigue riendo—. Nein, nein, tíos... Yo... Yo... ¡No puedo ir, tíos! Y si quiere que... Y si me pide... ¿Y si me habla? Frankreich! —suplica histericolocoperdido otra vez.

—Caaaalmate, Prusia —pide España poniendo el pestillo después de entrar de último. Francia se cruza de brazos y lo mira.

Allez, allez...

W-Was? —vuelve a preguntar nervioso.

—Pues quítate la ropa... ¿O quieres que lo haga yo? —pregunta levantando las cejas y acercándose un paso hacia él.

—Pero... Nein! Yo lo... Lo haré en el avión... ¿A qué hora es? Creo que tengo que llamarla —vuelve a decir.

Nein... —le imita Francia acercándose otro paso y poniéndole las manos en el cinturón—. Venga, ¿desde cuando eres tan inconforme?

España se ríe y Prusia se ríe de nervios al notar las manos de Francia, sonrojándose un poquito.

—Yo... Yo soy... Awesome... —logra balbucear en el tono más inseguro del mundo, aun histérico.

— ¿Voy a tener que quitarte la ropa yo en serio? Creí que eras un chico grande ya... —le desabrocha el cinturón, el botón y le baja el cierre.

—Pero... Pero es que si os los doy... Yo no llevo otros —vuelve a explicar.

Prusia... —pide España negando con la cabeza.

—Pues es la idea... Vas a estar un fin de semana sin ellos mientras ella está un fin de semana sin su propia ropa interior, con ese balanceo que tanto te gusta... —le sonríe—. ¿Quieres que siga y te la quitemos mientras estas inconsciente o prefieres cooperar?

Prusia se apoya contra la pared, se sonroja y se ríe de nervios otra vez.

—Si te dejamos inconsciente vas a despertar en el avión... Y puede que sin pantalones también —propone España riendo.

Francia le toma del cierre de los calzoncillos y tira de ellos un poquitín, asomándose a ver si ve algo. Prusia mira lo que hace Francia sin hacer nada por evitarlo más que tener sudores fríos... y yo creo que va a ser mejor que lo maten.

Francia mira a España de reojo.

—Esto no está funcionando. Prusse... ¿Cuál es la imagen más erótica que te imaginas con los pechos de Hongrie?

—Y si... Y si ella... —Prusia traga saliva—. ¿Y si ella no quiere? Y si lo has entendido ma... —empieza a preguntar mirando a España y luego se detiene mirando a Francia y riendo igual de nervioso—. W-Was?

—Nadie ha entendido mal. ¿Qué es lo más Awesome que sabe hacer ella con los pechos? —pregunta mirándole a los ojos.

—No lo hemos entendido mal, ni tú la primera vez, ni yo la segunda ni nadie las otras treinta y siete mil veces que has llamado —sentencia España también.

—Yo... Yo... Ella... —balbucea Prusia mirando a Francia y tratando de imaginar algo.

—Algún día has —se le acerca y le explica una guarrada que incluye sexo oral, sus pechos y los cinco metros de Prusia y el alemán se muere automáticamente en una fuente de sangre nasal.

—¡Bien! —exclama España contento y empieza a tirar de los pantalones para sacárselos sin sacarle los zapatos.

Francia aprieta los ojos y hace cara de desagrado.

—Eso fue demasiado poco elegante de mi parte —se le acerca a Prusia y empieza a desatarle los zapatos y a jalarle los pantalones—. Tengo una idea.

— ¿Cual? —pregunta España tirando de la otra pernera.

—Podríamos ponerle un lacito en los cinco metros.

España se ríe.

Hungría se va a morir de la risa.

El galo mira la ropa interior de Prusia, que debe ser negra lisa.

—Venga... Es mono —se ríe él.

— ¿Tienes algo con lo que hacer un lacito? —pregunta.

—Tengo... —se lo piensa—. En mi maleta, el marcador de mi libro es un lazo rojo... —sonríe—. No tiene cinco metros pero... Él tampoco.

—¡Bien! —España empieza a subirle los pantalones otra vez, poniendo cada pierna en la pernera—. Los gayumbos te los puedes quedar tú como símbolo de la victoria.

—Mmm... —sonríe—. Bien... —sale del baño y regresa un par de minutos después—. No es rojo, es negro... Pero creo que da igual —se agacha y le hace a Prusia un lazo flojo alrededor del asunto de una manera bastante funcional—. Listo —sonríe.

—¡Genial! —España le levanta el culo con la rodilla y le acaba de subir los pantalones y abrochárselos.

—Yo sabía que... esto iba a servir de algo.

El español le mira echándose a Prusia a la espalda para salir del baño.

— ¿Te lo vas a llevar así? Oh, venga... Que no sea flojo y camine, cher —sonríe acercándosele a Prusia y dándole unas palmadas en la cara. Este parpadea y sacude la cabeza.

Was?

Hongrie te espera —susurra en su oído. España le baja un poco para que toquen los pies al suelo y Prusia se sonroja de nuevo, histérico.

—Tienes que abordar ya por que ya es la hora —le señala la puerta de embarque.

Francia le ayuda a España a incorporarlo.

Oui... Ya dijeron tu nombre, de hecho.

—WAS?! —histericolocoperdido de nuevo—. ¡Eso no es awesome! —y sale corriendo.

—¡SUERTE! —le grita Francia—. ¡DISFRUTA LOS PECHOS DE HONGRIE !

España le saluda con la mano riendo a lo lejos.

—Hasta prontooooooooooooo.


Y así acaba el eslabón perdido entre La Vie en Rose y Mon Petit Lapin. Ya sabes lo que sucedió en medio. :D Gracias a Holly por la edición!