Chicas aquí les traigo un nuevo capítulo, tengan paciencia. De ahora en adelante voy a actualizar más seguido, tanto esta historia como el batallón de la soledad, así que no se olviden de seguirlas que se van a poner en su punto ! :) las dejo y disfruten la historia.
La historia original es de Vicky Lewis y los personajes son de la increíble Meyer. un beso y a leer.
Capítulo 4, La primera cita.
La mirada de Rosalie se cruzó con la de Bella. Ninguna de las dos habló, pero la mente de Bella funcionó deprisa.
Rosalie robaba los bocadillos, pensó, y el cocinero se lo permitía. Sin duda alguna llevaba algún tiempo haciéndolo, por la forma tranquila en que ambos estaban actuando antes de que Bella entrara.
Con lentitud, el cocinero bajó el periódico y examinó a las dos mujeres. Luego se ocultó de nuevo tras él. -Así que -dijo Rose por fin-, ¿vas a acusarme ante Jenkings ?
-No está bien Rosalie , que te lleves esas cosas. - La expresión de Rosalie cambió de temor a furia. -Si quieres acusarme, hazlo, pero evítame el sermón moral, ¿quieres?- sentencio la rubia rojiza.
La desilusión dejó un sabor amargo en la boca de Bella. Toda la semana se había estado imaginando ese mundo en el que había entrado como carente de refinamiento, pero honrado y cordial. Aquella noche había visto cómo se habían cruzado palabras fuertes entre Edward y su compañero de conexión, y ahora había descubierto a Rosalie, la bonachona mujer que la había ayudado tanto, robando comida del lugar donde trabajaba.
Recordó vagamente el comentario de Rosalie de que que tal vez Bella pudiera «hacerle un favor alguna vez». Tal vez ése era el favor. No era el que ella hubiera elegido, pensó, pero después de todo, ¿quién era ella para actuar como juez y jurado en una situación de la que no sabía nada?
-No, no voy a denunciarte a Jenkings - dijo Bella -, pero si realmente te hace falta dinero para la comida, yo podría prestarte algo. –
-¿Oh? Hace unos cuantos días estabas sin trabajo y ahora tienes tanto dinero extra que puedes prestarme un poco, cuando ni siquiera te han pagado tu primer sueldo. ¿Has heredado o qué? – Contesto la chica de manera osca
-No – Bella titubeó un momento, sin saber qué decir-. Tengo un poco de dinero ahorrado... para emergencias, y no me gusta verte llevándote... –
-Mira, antes de que vinieras, Jenkings me tenía trabajando como una esclava, porque tenía que hacerlo todo yo sola, y nunca quiso darme un centavo de aumento. Claro, recibía más propinas, pero gastaba parte de ese dinero en antiácidos para mi estómago alterado por los nervios y en parches para los callos de mis pies. Creo que ese calvo horroroso de Jenkings tiene una deuda conmigo. – dijo con amargura Rosalie
-¿Por qué no lo dejaste y buscaste un empleo mejor? Tú eres una magnífica camarera. Estoy segura de que encontrarías algo inmediatamente. – replicó Bella rápidamente.
- Oh, podría encontrar algo, pero no tengo ninguna garantía de que fuera mejor. Quitando que Jenkings es un tacaño, este trabajo no es malo. Está cerca de donde vivo, los clientes son amables y en el verano, como ahora, puedo pasar buena parte del día con los chicos.-
-¿Tienes hijos? - Bella no se había imaginado a Rosalie con niños. Además, le parecía demasiado joven... ¿para qué? ¿Para la maternidad?, a decir de cada quien la mujer tenía unas curvas bastante envidiables, inclusive para Bella.
-Sí, hijos –Rosalie volvió la mirada hacia otro lado, como para no discutir más el asunto. Bella no podía aprobar que Rose robara comida, pero empezó a comprender sus razones. El marido de Rose estaba sin trabajo y su sueldo como camarera era todo lo que mantenía a la familia a flote.
-Mira, voy a olvidar que vine aquí -dijo Bella -. No tienes que preocuparte por mí-
Rosalie la miró fijamente, como tratando de decidir si Isabella sería su amiga o su enemiga. -Está bien. – respondió de manera remilgosa
-Y será mejor que vuelva a trabajar, antes de que Jenkings aparezca por aquí.- Salió de la bodega y volvió al ruidoso ambiente del bar.
Bella empezaba a comprender lentamente lo protegida que había sido su vida hasta entonces. Ella había imaginado que le sería fácil escribir un informe sobre los trabajadores del hierro y su ambiente porque ella «sabía» sobre él. En realidad, no sabía nada. Tal vez observando y escuchando, negándose a juzgar y tratando de comprender, podría aprender.
Poco antes de la medianoche, Bella sirvió el último trago, y lo cobró antes de volver al tocador de señoras a cambiarse de ropa. Debía estar exhausta, pensó cuando cerró la puerta del pequeño cuarto de baño y se quitó la blusa. En cambio, ardía de excitación.
En las dos últimas horas había estado consciente, casi cada minuto, de la presencia de Edward. Lo había observado jugando al billar y riendo con sus amigos, y había sentido un irrazonable orgullo por su popularidad entre ellos.
Se le ocurrió que nunca había tenido mucha oportunidad de observar a los tipos académicos con los que había salido en el pasado, en una atmósfera masculina de camaradería. Mientras observaba a Edward, descubrió que él no era jactancioso, ni un bravucón, aunque poseía la fuerza física y de carácter como para ser ambas cosas.
Aprendió a captar su risa entre la risa de los demás y descubrió que era siempre una risa que expresaba buen humor, nunca era maliciosa como era a veces la risa de los otros. Al final de la noche, Bellas sabía muy bien cómo reaccionaba Edward entre los hombres. Cómo reaccionaba con las mujeres estaba por verse. Se abrochó la blusa y cogió la falda. Estaba subiéndose la cremallera, cuando alguien llamó a la puerta.
-¿Isa? -era la voz de Rosalie- ¿Puedo hablar contigo antes de que te vayas con Edward?-
-Claro. Espera un segundo -se ajustó la falda y abrió la puerta-. Me estaba cambiando -dijo, mirando hacia el pasillo, para ver si Jenkings estaba por allí. El pasillo se encontraba vacío, a excepción de Rosalie.
-Me imaginé que estarías aquí -comentó la intrusa, haciendo girar su anillo, con la mirada fija en sus manos. Las dos mujeres no habían hablado más que lo indispensable, después del incidente de los bocadillos-. Yo necesitaba, pues... quería decirte que... bueno... gracias por no acusarme -terminó apresuradamente y miró con desconfianza a Isabella.
-No tengo derecho a hacerlo – Bella contempló a Rosalie. La bombilla del cuarto de baño acentuaba sus ojeras y las raíces rubias de su cabello teñido de rojo. Bellase sorprendió de haber considerado a Rose una chica superficial, frívola y divertida.
-Sé que no es correcto lo que estoy haciendo -dijo Rosalie- pero si no lo hago, los chicos comerán porquerías en lugar de cenar, dulces y cosas así. Estos bocadillos ya están preparados, así que pueden comerlos mientras ven la televisión, como siempre.
-Pero eso no debería ser responsabilidad tuya –opinó Bella, sintiendo que la ira se apoderaba de ella-. Tu marido debería...
-Él no está en casa.- respondió abruptamente
-¿Trabaja de noche, también? – pregunto Bella curiosa
-No – Rosalie volvió a desviar la mirada de la chica -. Se fue -dijo con naturalidad-. No sé dónde está.
-¡Eso es terrible! No puede irse así como así, Rosalie. – La aludida se rió con amargura. -Díselo a él. Lo hace constantemente.- replico
-Pero... pero, ¿por qué sigues casada con él, entonces? –
-Porque no sé cómo me las arreglaría sola. Roycees más listo que yo. Él terminó la enseñanza media y tiene un oficio. Además, los chicos necesitan un padre. - «No de ese tipo», hubiera querido decir Bella, pero se contuvo. Sólo unas cuantas horas antes se había prometido no emitir juicios, sino observar y aprender. -¿Qué edad tienen tus niños? -preguntó con amabilidad.
- Cuatro, seis y siete años. Bella sintió que se le encogía el corazón. Eran tan pequeños todavía y se quedaban solos todas las noches.-
-Apuesto a que te preocupas mucho por ellos.-
-¡Dios mío, vaya si me preocupo! -Rosalie se frotó la frente-. Antes, cuando él se iba, mi hermana estaba todavía en la ciudad y podía ayudarme, pero se fue a vivir a Texas. Esta vez conseguí un perro grande y viejo de la Sociedad Protectora de Animales. Rambo come una tonelada, pero por lo menos es un tipo de protección para los niños, y tengo buenas cerraduras, pero los niños podrían tener algún terrible accidente, ¿sabes? - Sus ojos azules miraron temerosos a Bella.
-Sí –reconoció Bella. Sabía que no podía empezar siquiera a entender el tormento de Rosalie, aunque deseaba intentarlo.
-Los llamo por teléfono siempre que puedo, pero Jenkings tiene la regla de que sólo se pueden hacer dos llamadas personales por noche, así que tengo que hacer una o dos más, sin que me vea, con la esperanza de que no se dé cuenta. Aunque se va todas las noches, cuando Henry lo sustituye en el bar, habrás notado que viene de vez en cuando, inesperadamente, y desde luego, siempre tiene que venir a cerrar.-
-Es cierto... –Bella recordó que la había sorprendido varias veces la aparición repentina de Jenkings, quien sin duda alguna llegaba con la esperanza de sorprender a sus empleados haciendo algo indebido.
Isabella no había dado mucha importancia a la limitación de las llamadas telefónicas, porque no tenía a nadie a quien necesitara llamar de forma regular-. Escucha, tengo una idea -dijo-. Yo nunca hago mis dos llamadas. ¿Y si me das tu número y hacemos llamadas alternas? Diles a tus chicos quién soy yo, para que no les dé miedo hablar conmigo. Puedo darte dos informes de cómo están cada noche, y tú puedes hacer dos llamadas por tu cuenta. ¿Crees que eso ayudaría?.
La expresión de Rose. -No tienes por qué hacer eso, Isa-
-Me gustaría hacerlo. Has sido muy buena conmigo, Rosalie, y me gustaría ayudar. Por favor.-
-¿Estás segura? Entonces... gracias – Rosalie tocó el brazo de Bella-. Muchas gracias. Ahora, será mejor que te deje marcharte. Edward te espera fuera, en la parte de atrás.-
-Sí, lo sé. Eso me dijo que haría.-
Rosalie miró el atuendo de la chica. -Estás muy bien. ¿Vas a llevar el pelo suelto?, deberías hacerlo porque así te ves impactante. Me alegro de que hayamos hablado. No quería que hubiera malos sentimientos entre nosotras, Isa.-
-No te preocupes, no los habrá. Y háblales a los chicos de mí, ¿te parece? Empezaremos mañana por la noche con el programa de llamadas. Ya lo he hecho les dije que eras muy buena. Quizá alguna vez... - Rosalie se detuvo, pero Bella la alentó con la mirada a que continuara. -Oh, tal vez alguna vez podrías venir a conocerlos. Pero, bueno, quizás no quieras hacerlo... –
-Claro que me encantaría, Gracias.- Rosalie miró hacia la puerta posterior. -Te divertirás pronosticó, es más le diré que ya vas a salir.-
-Gracias - Bella volvió su atención a su imagen, reflejada en el espejo rajado que había encima del lavabo. La descuidada apariencia del tocador de señoras no parecía preocupar mucho a Jenkings porque Suds y Subs era fundamentalmente un bar masculino.
En los cinco días que llevaba trabajando allí sólo había visto entrar al bar a un par de mujeres. Se quitó las horquillas que le sujetaban el pelo y se pasó un peine por él. Luego se cambió los zapatos por unos más bajos, se puso carmín y colorete y apagó la luz del cuarto de baño. Envolvió su ropa de trabajo, cogió el bolso y caminó por el pasillo.
-Ya me voy, Jenkings -dijo, porque sabía que él estaba todavía en la cocina, contando los ingresos de la noche. -Sí -contestó él. Su voz sonaba como si tuviera la boca llena-. Hasta mañana.-
Bella pensó de pronto en la situación de Rose, no sabía con exactitud cómo podía ayudar, pero decidió buscar alguna forma de hacerlo, algo más concreto que las dos llamadas telefónicas por la noche a sus hijos.
Edward estaba apoyado en la pared del bar, cuando ella salió. Se alejó de la pared y se metió las manos en los bolsillos. -Ya estás aquí -dijo, con su sonrisa torcida apenas visible en la penumbra del callejón-. Estoy aparcado a la vuelta de la esquina. ¿No le pasará nada a tu coche si lo dejamos un poco más donde está?-
Bella se rió. -Si alguien robara esa vieja cafetera, probablemente me haría un favor. Sin embargo, déjame meter esto en ella.- señalo la bolsa de ropa que sostenía en la mano derecha
-Ésa es la ventaja de tener coches viejos - Edward la siguió hasta la camioneta y esperó mientras ella guardaba su ropa de trabajo-. Me digo con frecuencia a mí mismo que debo considerarme afortunado por no tener la preocupación de un flamante Porsche o un BMW.-
-Me lo imagino - Bella cerró con llave la camioneta y caminó al lado de Edward por el callejón. Pensó en su Corvette rojo guardado en el garaje del edificio donde vivía. Edward suponía que ella y él estaban en la misma situación económica. El saber que no era así la hizo sentirse culpable.
-Me gusta tu pelo así. - Ella lo miró. -Supongo que estoy tratando de evitar parecer una camarera de bar. El uniforme de Jenkings no es exactamente mi estilo.-
-Eso es lo que pensé. Bueno, ya hemos llegado- abrió la puerta de un automóvil que parecía una mezcla de tanque de guerra y descapotable. Lo reconoció, vagamente, como un Pontiac, un Pontiac muy viejo, a juzgar por su pintura descolorida y raspada y su gastada capota de convertible-. Este coche era de mi padre - explicó Edward, mientras la ayudaba a subir su espacioso interior.
Bella se preparó para encontrarse con una tapicera desgastada, o por lo menos con fundas para disimular el deplorable estado de ella. Se deslizó con asombro en un asiento cubierto de flamante velour y apoyó los pies en una espesa alfombra. El interior del coche era tan lujoso como deteriorado el exterior.
-Qué bonito interior -comentó, cuando Edward se instaló frente al volante-. Es evidente que hiciste una buena restauración aquí.-
-¿Te gusta? -le sonrió-. A mí también. Los recordatorios constantes de la pobreza son deprimentes, ¿no crees? Cuando descubrí que el hermano de Emmet tenía un negocio de tapicerías, le pedí que me hiciera esto. Tenía que decidir entre eso o pintarlo. Y paso mucho más tiempo dentro de este coche que contemplando el exterior.-
-Bien hecho – Bella se preguntó por cuánto tiempo podría mantener el engaño. Ella, después de todo, tenía un coche con buen aspecto por dentro y por fuera. Se preguntó si significaría mucha diferencia saber eso, para un hombre como Edward. -¿Te parece bien que vayamos a Coco's? –
-Muy bien. – Bella sonrío internamente, era el primero que le preguntaba su opinión.
-Cuéntame -empezó a decir Edward, mientras se dirigían hacia el restaurante-, ¿te gusta trabajar en Suds y Subs? Pareces sentirte más cómoda en ese trabajo ahora que has tenido unas cuantas noches más de experiencia.-
Bella se apoyó en la suave tapicería. -¿Fue muy evidente el lunes que nunca había trabajado de camarera?-
-Bastante evidente, pero, ¿y qué? Una vez que termines tus estudios, no vas a necesitar trabajar más de camarera.- Bella no contestó. -Elegiste un grupo bastante rudo para empezar -continuó Edward-. Parecías un poco asustada esa noche.-
Bella comprendió que él había interpretado su silencio como timidez y que estaba tratando de que no se sintiera así. -Estaba un poco asustada. -Pero pareces haber perdido el miedo –
Edward se detuvo en el aparcamiento del restaurante y apagó el motor. Al abrir su puerta y notar que Bella se disponía a hacer lo mismo con la suya, exclamó-: Espera, yo te abriré. Ella esperó a que él le abriera la puerta. Tal vez, pensó, una vez que se conocieran mejor, discutiría con él la idea de que no tenía que abrirle las puertas. Ése no era el momento de hacerlo.
Al entrar en el restaurante, Bella olió las tartas que se estaban horneando y decidió que tal vez pidiera un trozo con su café. Entonces pensó en la situación financiera de Edward y se preguntó si debía limitarse al café. Él resolvió su dilema sugiriendo que ambos pidieran un trozo de tarta, si le gustaban a ella. Fue casi como si le hubiera leído el pensamiento y ella se aferró a la esperanza de que no pudiera leer todo lo que había en su mente.
-La única persona de las que van al bar que me asustó, y todavía me asusta, es Emmet -comentó Bella, reanudando la conversación donde la habían dejado.
Edward se echó a reír. -Se lo voy a decir. Le encantará.- el sonido por un momento, maravillo a Bella pero se despabilo rápidamente -¡No te atrevas a hacerlo!-
-Muy bien, si tú lo dices, pero le haría mucho bien al pobre muchacho saber que su disfraz es efectivo. –
-¿Su qué?,- Edward bebió del café que la camarera les había servido. -Está tratando de librarse de la reputación de ser un tipo de corazón tierno, pero no lo está logrando muy bien. Desde que arriesgó la vida por salvar a un gatito, los muchachos no lo dejan en paz.-
-¿Un gatito? – Bella se echó en el café leche y azúcar.
-Sí, una noche un patético gatito anaranjado se subió de algún modo al tercer piso del edificio que estábamos construyendo. Lo encontramos a la mañana siguiente, aullando con desesperación y colgado de la punta de una viga. No podía moverse, como les sucede a los obreros a quienes paraliza el miedo y les impide moverse, supongo. Así que Emmet subió y lo rescató. Estuvo a punto de matarse en el intento.-
-¡Caramba!- Bella sacudió la cabeza-. Yo pensé que Emmet era un hombre rudo. Tengo que aprender mucho sobre los trabajadores del hierro, supongo.-
-Si te quedas todo el verano, vas a aprender más de lo que querías saber. Y por cierto, Emmet ha salvado más vidas qué la de un simple gatito. También salvó la mía.- Un estremecimiento de temor recorrió a Bella. -¿Cómo fue eso?-
Edward se acomodó un poco en el asiento, de manera inconsciente, durante la conversación se había inclinado cada vez más hacía delante, para poder ver los increíbles ojos de Bella, se aclaró la garganta y continuó -Pisé lo que yo pensé que era una viga sólida y se dio la vuelta. Por lo que, casi muero.
-¿En este trabajo? -Bella rezó porque no hubiera sido en él.
-No. Fue hace un par de años. De cualquier modo, estábamos a doce pisos de altura y si Emmet no hubiera estado allí para sujetarme, no estarías hablando aquí conmigo esta noche. - Bella tragó el café demasiado deprisa y tosió. -¿Te encuentras bien? - Ella asintió, pero siguió tosiendo.
Por fin Edward extendió el brazo y le frotó la espalda hasta que dejó de hacerlo. -¿Te sientes bien ahora? -preguntó, con la mano todavía apoyada ligeramente contra su espalda.
-Sí -dijo ella, disfrutando de la reconfortante presión de su contacto-. Esas historias siempre... quiero decir, cualquier historia sobre personas en peligro siempre me altera- -corrigió con rapidez.
-No quería alterarte. – el chico frunció el ceño, formando una v entre sus cejas que a Bella no le paso inadvertida.
-No, está bien. Yo te pedí los detalles.- replico la chica. La camarera llegó con sus tartas, de cereza para Edward y de manzana para Bella. Cada trozo llevaba encima una bola de helado de vainilla.
Edward retiró la mano y sacó la servilleta de debajo de los cubiertos. -Así que, como comprenderás, yo haría cualquier cosa por Emmet.-
-Y él por ti, seguro -dijo Bella, que sabía que se forjaban profundas amistades entre compañeros de trabajo.
-Me gusta pensar eso. Es un buen hombre. La mayor parte de los muchachos lo es. Desde luego, siempre hay malos tipos.-
-Como Royce King -dijo Bella sin pensar. Edward tragó el trozo que había estado masticando y levantó la mirada hacia ella, sorprendido.
-¿Conoces a Royce?-
-De oídas - contestó ella, lamentando inmediatamente su impulsivo comentario-. Y no debí haber dicho eso.-
-Tal vez no, pero has dado en el clavo. Todos los muchachos piensan que Rosalie se merecía un hombre mejor. Algunos desearían que lo dejara y volviera los ojos hacia ellos; pero Royce es el padre de sus hijos y ella no quiere romper la familia.- De pronto la imagen de Emmet mirando como tonto a Rosalie vino a su mente y sonrió.
-Eso parece. Yo no conozco a Royce. Jamás lo he visto. Aun así, Rosalie es una buena persona y no me gusta verla luchando como lo hace.- replico Bella. Mientras miraba atenta como un mechón de cabello caía por su frente.
-A mí tampoco. Me he ofrecido a ayudarla a cuidar a los chicos, pero ella piensa que eso resultaría raro, como si ella y yo tuviéramos algo que ver. No quiere que Royce tenga nada que reprocharle, no sé si comprendes lo que quiero decir. – Bella lo miró y en ese momento se le ocurrió algo.
-Has dicho que algunos de los muchachos desearían que Rosalie dejara a Royce, para que pudiera salir con ellos. ¿Tú te incluyes en el grupo?- Él le sonrió, mirándola a los ojos.
-No. Rosalie es encantadora, pero no es mi tipo.- replico el cobrizo, con una sonrisa juguetona en los labios.
-¿Sabes? Siempre me he preguntado qué queréis decir realmente los hombres cuando decís eso.-
-Lo mismo que queréis decir las mujeres cuando decís algo semejante. ¿No tienes tú un tipo de hombre que te guste más que otros?- la cuestiono , con la ligera esperanza que describiera un hombre parecido a el.
-No estoy segura... a decir verdad. ¿Sabes? Mis padres han tenido siempre ideas muy definidas sobre el tipo de hombre con el que yo debo salir. Y en este momento de mi vida, no estoy segura de si mis elecciones reflejan mis gustos o los de ellos.- respondió sinceramente la chica
-¿Cuántos años tienes, Bella Swan?, - El uso de su apellido, junto con el comentario de ella sobre sus padres, la hizo estremecerse. -Veinticinco.- replico.
-¿No crees que ya es hora que descubras por ti misma qué tipo de hombre te gusta?
-Sí, supongo que sí.- Ella lo miró y pensó en lo familiar que sonaba su pregunta. Inconscientemente ella se había estado preguntando lo mismo en las últimas fechas. Sospechaba que su brusco cambio de estilo de vida de ese verano, tenía algo que ver con esa pregunta.
-¿Ya te has terminado la tarta? -preguntó él. -Sí, gracias. Estaba deliciosa. -Bien. ¿Quieres irte ya a tu casa, o te gustaría que fuéramos a dar un paseo en el coche? Veré si puedo bajar la capota.-
-¿No estás muy cansado? -ella sabía por experiencia que los trabajadores del hierro se levantaban al amanecer. -Puedo dormir mañana.-
-Entonces, vayamos a dar un paseo -dijo Bella, que no quería prescindir todavía de su compañía. Ya en el aparcamiento, Edward abrió la puerta y logró quitar los ganchos de la capota y bajarla.
Todo fue hecho entre risas de ambos y cuando por fin terminó, Edward le abrió la puerta a Bella con un elegante movimiento. -Tu carroza espera -dijo, haciendo una reverencia. -Gracias. Ella correspondió con otra reverencia antes de subir al coche.
-Creo que después de trabajar tanto, merecías algo más que un simple recorrido en coche -comentó Edward, apoyando el brazo en el asiento y mirando hacia atrás mientras salía del aparcamiento.
-Para mí es suficiente -contestó Bella, muy consciente de la cercanía de su brazo.
-El aire te va a alborotar el pelo, No había pensado en eso.- dijo súbitamente el chico con un aire malhumorado
-Tienes razón. Y a pesar de los anuncios y las películas, el pelo se viene hacia la cara, no hacia atrás, en un descapotable. - replico la chica en tono juguetón.
-Ah, así que no es la primera vez que viajas en uno -dijo Edward, con cierta desilusión. .
-Me temo que no. De todas formas, tengo un pasador para sujetarme el pelo - buscó en su bolso-. Esto ayudará mucho -comentó mientras se recogía el pelo en la nuca-. Lista -añadió, volviéndose a Edward con una sonrisa.
-Entonces, vámonos.- Bajaron los cristales de las ventanillas y Bella apoyó su brazo desnudo contra el frío metal de la puerta del coche. El aire de la noche giró en tomo a ella, tirando de su cabello y levantando su falda. Ella se la metió bajo las rodillas y vio cómo Edward observaba el movimiento. No preguntó hacia dónde iban, porque tal vez él no quería que lo supiera. Por el momento se deslizaban a través de las calles casi vacías.
Bella no podía recordar la última vez que había cruzado la ciudad a la una de la madrugada. Tucson no tenía una intensa vida nocturna, ni siquiera en el fin de semana, pensó. Ése era el momento perfecto para estar despierto, no durante el día, cuando las temperaturas ascendían a los 40° C durante la primera semana de junio.
Se dirigían, comprendió, en dirección a su apartamento, pero desde luego Edward no podía saber eso. Con toda probabilidad se dirigía a Skyline Crive, una carretera panorámica que sorteaba la parte baja de las montañas y ofrecía una espectacular vista de las luces de la ciudad.
Cuando el Pontiac aumentó de velocidad, el viento pasó sobre ellos con rapidez, impidiendo que Bella pudiera hablar. En realidad no deseaba hacerlo. El deslizarse a través de la oscuridad, con las estrellas encima de su cabeza y aquel interesante hombre a su lado, era suficiente estímulo para producirle un cosquilleante placer.
Llegaron a Skyline y se desviaron hacia el este. Bella estaba familiarizada con esa vista de la ciudad de noche; disfrutaba de ella a través del gran ventanal panorámico de la casa de sus padres, que no se encontraba muy lejos de allí. Aun así, la alfombra de luces tenía una cualidad mágica esa noche.
Por un breve momento deseó ser exactamente la persona que Edward pensaba que era: una estudiante pobre que se veía obligada a trabajar de camarera para pagarse los estudios. Edward redujo la velocidad y encontró un espacio libre a un lado del camino. Bella estaba familiarizada con esa maniobra.
Toda estudiante sabía lo que sucedía después. Se puso en tensión, esperando que Edward extendiera el brazo, casualmente, por encima de sus hombros. En cambio, él se apoyó contra la puerta del coche y le sonrió. -Sé muy bien que esto no es muy original, pero la vista es preciosa -dijo.
-Sí, tienes razón en las dos cosas.- dijo Bella mientras liberaba un poco de tensión.
-¿De dónde eres?, No se me había ocurrido preguntártelo.
-De Tucson. –
-¿De veras? ¿Fuiste al colegio aquí y todo lo demás? –
-Sí. Fui a Amphitheater – Bella se alegró de que la escuela a la que había ido no revelara la riqueza de sus padres. A Amphitheater asistían muchachos de una amplia zona, desde chicos de las zonas residenciales de las montañas, como ella, hasta chicos de casas más modestas del valle-. ¿Y tú?
-Yo fui a Palo Verde -contestó él en tono distraído, antes de volver la conversación inmediatamente hacia ella-. ¿Tus padres, los que quieren elegir el hombre que te conviene, viven todavía aquí?-
-Sí – Bella sabía que tarde o temprano tendría que revelar algunas verdades sobre sí misma, pero quería posponer lo más posible ese momento-. Y hablando de eso, no has contestado a mi pregunta de por qué decías que Rosalie no era tu tipo.- Él la observó un momento.
-Aunque suena tonto decir esto, viniendo de un trabajador, me gustan las mujeres cultas -declaró-. Creo que Rosalie es inteligente, pero no utiliza su cerebro. O más bien, Royce no permite que lo utilice, y ella le hace caso. Y, en realidad, ésa es la razón principal por la que Rosalie no es mi tipo. Piensa que no puede enfrentarse a su marido, ni responderle como él se merece.
-Tiene tres niños -dijo Bella-. Ese tipo de responsabilidad puede frenar la lengua de una mujer. –
-Tal vez, pero ella no piensa siquiera que tiene derecho a oponerse a él, ¿sabes? No se aprecia lo suficiente a sí misma para hacer eso, niños o no niños.- dijo Ed mirando esos ojos profundamente
-Supongo que eso es verdad, pero ni tú ni yo conocemos las circunstancias reales.-
-Pongámoslo de este modo -Edward se inclinó hacia delante-. ¿Tú soportarías a alguien como Royce?-
-No, ni por un minuto.-
-Eso es lo que yo pensaba -sonrió de nuevo-. Por si no has recibido el mensaje todavía, Bella, mi tipo de mujer eres tú.
Que me envuelvan 2 comelibros para llevar. XD jajajaja ¿Qué les pareció la historia?. Gracias por sus reviews y les aseguro que en menos de lo que canta el gallo sabremos como termina esta cita. Besos y espero sus comentarios.
Como siempre gracias a las silenciosas, que nos leen aunque no dejan comentarios. ! escriban y digan que tal.
