Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.

Leer bajo tu responsabilidad.

Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.

.

Capítulo No. 3

El punto de encuentro de los primos Cullen y Garrett Ferreira: había sido en el North Cove Marina, en el Battery Park. Justo en el muelle 23 donde se encontraba el yate negro y plateado que tenía en una de las antenas marinas la bandera de Brasil que se agitaba al compás del viento. La embarcación podía albergar a doce personas, pertenecía al señor de los caballos; como era conocido Denali, el padre de Garrett.

Edward y Jasper llegaron por separado cada uno con sus acompañantes. El hijo menor de Carlisle Cullen había llegado en una motocicleta, mientras que el sobrino arribó al puerto en la camioneta con dos de los guardaespaldas.

Garrett y su novia Kate, ya los esperaban en el yate; junto a la pequeña tripulación que les haría ameno el viaje hasta Long Island y al cual no tenían prisa por llegar.

—Buenos días —saludó Garrett con real entusiasmo abriéndose de brazos desde el yate—. Hasta que llegan —dio un par de pasos y de un salto estaba en el muelle.

Jasper fue el primero en acercarse a su amigo y darle un enérgico abrazo, palmeándole la espalda.

—Mucho tráfico. —se excusó deshaciendo la unión.

—Hola Alice. —Garrett trasladó su atención a la gentil y tierna novia de su amigo.

Apenas si podía creer que Jasper, el hijo de puta más grande, el más grande de los mujeriegos estaba atrapado en las redes de una adolescente inexperta, una chica que poseía belleza pero que carecía de curvas, de sensualidad, no era el tipo de mujer que entraba entre los parámetros selectivos de su amigo.

—Hola Garrett, ¿cómo estás? —preguntó pegándose al costado de su novio que le pasaba un brazo por encima de los hombros.

—Bien, con las energías en el punto más alto… ¿estás preparada para poner a prueba tu resistencia? —le preguntó con el cuidado como si tratara con una niña, y era que no podía olvidar ese pequeño detalle.

—Sí, estoy muy entusiasmada —dijo emocionada y buscó en la mirada de Jasper aprobación y él le regaló una gran sonrisa.

—Tiene más energías de lo que aparenta, que te lo digo yo —Jasper defendió a Alice pellizcándole cariñosamente una mejilla.

Garrett admiró el gesto tierno de Jasper para con la chica y era la primera vez que lo veía de esa manera con una mujer, algo tenía la diminuta chica que lo traía juicioso y pensó que tal vez en el fondo Jasper la veía de la misma manera que él, pero aún no se atrevía a admitirlo.

—Si lo dices es por algo. —le guiñó un ojo a Jasper cargado de complicidad—, pero pasen y le entregan los bolsos a Quil. —volvió medio cuerpo y señaló al hombre que estaba en el yate al lado de Kate.

—Suban —les pidió la chica entusiasmada que vestía un provocativo vestido tejido en color blanco.

Edward despedía a los guardaespaldas mientras su mano abierta reposaba posesivamente sobre el coxis de Bella, que vestía un jumpsuit largo en color blanco, estilo halter que se amarraba en el cuello y la espalda con un escote pronunciado, el cual para placer de Edward le dejaba mucha piel para acariciar.

—Tayler, Ben —saludó Garrett a los hombres que resguardaban a los primos Cullen—. ¿Todo listo? —preguntó desviando la mirada a Edward.

—Ya nos vamos. —contestó Edward, pidiendo un poco de tiempo, para terminar de darle algunas instrucciones a los hombres de seguridad.

— ¿Cómo te va? —le preguntó Garrett a Bella depositándole un beso en la mejilla al cual ella correspondió.

—Excelente ¿y tú cómo estás?

—Loco por salir de Manhattan. Vamos que Kate te está esperando. —amablemente le quitó el bolso a Bella—. Me la llevo —le informó a su amigo.

—No muy lejos. —le advirtió Edward y le dedicó una significativa mirada a Bella; no era de celos, sólo le concedía el permiso aunque estaba seguro que ella no lo requería.

Edward ultimó los detalles con Tayler y Ben que renuentes aceptaron quedarse en Manhattan y confiaban en que el lugar a donde iban estaría custodiado.

Bella apenas había avanzado unos pasos al lado de Garrett cuando se sobresaltó al sentir una de las manos de Edward aferrársele a la cintura y la detuvo, haciendo que su cuerpo involuntariamente se estrellara contra el de Edward. Le regaló una mirada realmente significativa por encima del hombro, una mirada contradictoria porque era de reprobación y de fascinación.

Él le dio un beso en uno de los hombros y le bajó todas las defensas, ni como reprocharle algo que a ella también le había gustado.

—Todo listo —le dijo con las pupilas fijadas en los labios de ella y no se le despegaba.

—No tenemos toda la vida. —reprochó Garrett que había avanzado—. Ed el yate tiene habitaciones.

—Ya sé, ya sé. —se exasperó ante la interrupción de su amigo y no le quedó más que obligarse a romper el hechizo que causaban la boca de Bella en él y retomar el andar hasta el yate.

El Estranha Loucura: había recibido el nombre de su propietario, que había sido su manera de definir un sentimiento que se le quedó aferrado al corazón y pausado en el tiempo. Eso nadie lo sabía, pero Carlisle Cullen lo intuía, sospechaba que aún la amaba, podía verlo cada vez que visitaba su casa y admiraba las fotografías de su hermana, en las pupilas se reflejaba ese poderoso sentimiento.

El interior del yate estaba recubierto con paneles de madera y cristal, la tapicería, de una exquisita combinación en colores beige y negro, hacían juego con las alfombras. Sofás en los mismos colores con unos cojines verdes y amarillos que le sacaban color al lugar. Una pequeña y equipada cocina, varias puertas que llevaban a las habitaciones, baños y una cómoda sala de cine.

Bella admiraba el lugar de la mano de Edward y el característico sonido del corcho de la botella de champan captó su total atención. Ante ellos estaba Garrett entregándole a un camarero la botella que acababa de descorchar.

El hombre de pantalón negro y camisa blanca, vertió en las copas la perrier jouet que se encargaría de inaugurar la celebración que tenían planeada para el fin de semana.

—Bienvenidos al Estranha Loucura. —dijo con júbilo el anfitrión y su novia inició el aplauso al que todos se unieron.

El camarero de piel trigueña, espesas cejas y labios gruesos. Se paseó entre los presentes con bandeja en mano, haciéndole entrega de las copas con el champan.

Edward agarró dos compas y le entregó una a Bella. Jasper hizo lo mismo con Alice.

—Sólo un poco, Alice. —le pidió en un cálido susurro. Él sabía que sería una irresponsabilidad de su parte permitir que ella tomara alcohol sin aún contar con la edad reglamentaria para hacerlo, no quería exponerla a ningún tipo de problemas aun cuando en ese lugar estuvieran seguros.

Alice asintió apenas perceptiblemente, al advertir en los ojos de Jasper que sólo quería protegerla y entonces comprendió porqué la noche que cumplieron la fantasía en Kiss and Fly, él le pidió agua y no el martini que había solicitado.

Bella probaba su champan cuando Edward se le acercó al oído y le susurró.

—Extraña locura, así se llama el yate. —le informó porque vio en el rostro de ella curiosidad cuando nombraron la embarcación.

—Garrett es muy temprano para empezar con la celebración, vamos a desayunar primero. —le sugirió Kate colgándosele del brazo y dejó su copa casi intacta sobre la bandeja de plata que tenía el camarero.

Alice y Bella imitaron a Kate y también dejaron sus copas en la bandeja que el hombre con su uniforme blanco de la tripulación amablemente les tendía.

Una mujer con falda negra y blusa blanca; de mediana estatura, piel clara con unos llamativos ojos oscuros que adornaban su rostro enmarcado por el cabello que lucía lustroso ante un engominado peinado. Se encontraba parada a una distancia prudente y acató la orden que Kate le diera por medio de una señal.

—Acompáñenme por favor. —pidió con un ademán que señalaba un pasillo y concediéndole la prioridad para que lo invitados se le adelantaran.

Las chicas acudieron a la petición de la mujer. Bella esperó a Alice para caminar al lado de ella y Kate se apostó al otro lado de la chica.

—Está muy lindo ese vestido Alice —le dijo Bella, admirando el bonito y juvenil diseño.

—Es algo infantil —alegó echando un vistazo al vestido que le llegaba a las rodillas; de telas ligeras y varias capas, aunque era escotado la cinta celeste debajo del busto daba la impresión de ser una niña—. Es que me lo compró mi mamá es de Adolfo Domínguez, un diseñador español, siempre le gusta comprar este tipo de ropa.

—Allie, me parece que está hermoso, se te ve genial —intervino Kate en la conversación—, y no es para nada infantil, por el contrario creo que es sutilmente provocador.

Alice sonrió convencida, ante las palabras de Kate y Bella. Por instinto acarició su vestido, colmándose en ese momento de seguridad ante las mujeres que eran ejemplos de belleza y sensualidad. Apenas llegó no pudo evitar sentirse mínima ante ellas y se deslumbró ante el atuendo que llevaba Bella, esperaba algún día poder lucir algo tan asombroso.

Garrett, Jasper y Edward siguieron a las mujeres, pero a diferencia de ellas no dejaron sus copas, mientras caminaban hacia la cubierta disfrutaban de la bebida que para ellos no era algo de lo que debieran reprimirse por estar en ayunas.

En la cubierta del yate, había una mesa dispuesta para ellos y a un extremo frente a la baranda metalizada había otra mesa la cual se encontraba adornada con una gran variedad de alimentos.

Un ligero escalofrío recorrió el cuerpo de Alice ante la brisa marina que estaba realmente fría, pero el sol prometía brillar con fuerza esa mañana; aunque calentarla más que el mismo astro lo hizo Jasper: cuando se paró detrás de ella y le puso las manos sobre los hombros desnudos los cuales tenían los finos tirantes del vestido.

— ¿Estás bien? —se acercó al oído de la chica y le preguntó en un murmullo.

—Muy bien —contestó con una franca sonrisa y se volvía a mirarlo por encima del hombro, sus vista impetuosa se ancló en los labios de Jasper y él sin tener la voluntad de negarle nada a Alice y mucho menos privarse de esa boca, le dio un beso y el vértigo se apoderó del estómago de la chica.

Edward presenció el íntimo encuentro entre Jasper y Alice y aún le costaba creer en el cambio de su primo, lastimosamente él no era de los que tenían que ver para creer, a él también tenían que demostrárselo.

Mientras disfrutaban del desayuno, dejaban a la bulliciosa Manhattan atrás, dispuestos a vivir un fin de semana inolvidable, en el cual no sólo se divertirían sino que los lazos de amistad se fortalecerían aún más.

Bella perdió la cuenta de las veces que Edward repasó con la yema de sus dedos la columna vertebral y más que un gesto mimoso era una tortura placentera que aumentaba el deseo en ella con el pasar de los segundos.

— ¡Bueno! Estamos festejando y no en un velorio, que aquí no se ha muerto nadie. —informó Garrett y se puso de pie. Le hizo un efusivo gesto a uno de los tripulantes y a los segundos el yate cobró vida al ritmo de la electrónica y él empezó a brincar.

— ¿Desde ya? —preguntó Bella a Edward que le tendía la mano con una gran sonrisa para que se pusiera de pie—. Pensé que sería en la casa. —alegó totalmente desconcertada.

—Los brasileños tenemos un dicho que reza "Si no estamos de fiestas, estamos preparándonos para ellas" y en este momento nos estamos preparando.

Bella negó mientras sonreía. Con razón él le había pedido que guardara todas sus energías para el fin de semana que sin duda alguna iba a ser prometedor.

La cubierta contaba con la amplitud suficiente para que todos se dejaran envolver por el ritmo musical que retumbaba en el yate y brincaban con energía. Evitando el borde de la piscina porque el agua debía estar helada y ninguno quería terminar resfriado.

En medio de la locura ni siquiera se percataron en que momento habían quitado la mesa que les sirvió de comedor y los cocteles empezaron a llegar y eso que él día apenas empezaba.

Casi una hora después estaban cansados y recurrieron a las tumbonas. Edward se sentó en una y Bella se ubicó entre las piernas de él. Garrett y Jasper hicieron lo mismo con sus novias, mientras seguían tarareando y moviéndose, pero no dejaban de disfrutar.

El inicio del siguiente tema era uno de los favoritos de Garrett y no se cohibió un sólo segundo para empezar a cantarlo.

Jasper se le unió, Edward no se quedó sin hacerlo y más allá de los presentes cerró con sus brazos la cintura de Bella y la pegó más a su cuerpo, brindándole su calor y seguía el tema.

Todos cantaban con entusiasmo y disfrutaban del coctel de su preferencia, mientras seguían la letra de Reload.

Dos hombres de la tripulación sacaron una mesa plegable y la armaron rápidamente en donde antes había estado la del desayuno, colocaron sobre la mesa de superficie azul un par de raquetas pequeñas y un cilindro con media docenas de pelotas y se retiraron a un lugar prudente, dejando lista una de las actividades de entretenimiento para los chicos.

— ¿Quién va a jugar? —preguntó Edward poniéndose de pie dispuesto a competir.

La única persona que se puso de pie fue Alice, que colmada de entusiasmo agarró una de las raquetas.

— ¿Estás segura que quieres perder? —inquirió Edward elevando una ceja con pillería y sonreía de medio lado. Agarró su raqueta y empezó a hacerla girar en su mano.

—Sé que me estás subestimando Ed, pero no deberías subestimar nunca a un contrincante.

—Cariño —intervino Jasper desde la tumbona donde permanecía sentado—. Pantera es invencible por esa razón, ni Garrett, ni yo aceptamos la invitación.

Alice regresó sobre sus pasos hasta donde se encontraba su novio y en su estómago las mariposas empezaron a hacer fiesta en el preciso instante en que de su boca salió la palabra "Cariño"

— ¿Crees que no podré ganarle? —le preguntó en voz baja y se acercó a él tanto como para dejarle su tibio aliento en el rostro a su novio.

—No he dicho eso —murmuró y se obligaba a no besarla porque sabía que todas las miradas estaban sobre ellos y en especial la de Edward que aún no aceptaba completamente la relación y lo que menos quería era hacerle pasar un mal momento a su primo.

—Pero lo has insinuado.

—Sólo he dicho que Edward es invencible.

—Es lo mismo —fundamentó la chica y su mirada se anclaba a la de Jasper y en un movimiento esperado por él, le llevó la mano a la nuca y lo jaló hacia ella tanto como para poder hablarle al oído—. Si gano, me cumplirás otra fantasía esta noche —le susurró el pedido que nadie más pudo escuchar.

Jasper tragó en seco para pasar la propuesta que Alice le había hecho y retomar el control que ella había desbaratado. Al final se limitó a asentir con un movimiento lento de cabeza.

Alice sintió en el roce de sus labios y el movimiento del cuello de Jasper la respuesta positiva a su pedido. Le dio un beso en el lóbulo de la oreja.

—Ganaré. —aseguró y se alejó.

Garrett, Kate, y Bella sonreían convirtiéndose en cómplices del momento íntimo que vivía la pareja. Mientras Edward al borde de la mesa, hacía rebotar la pelota entre la mesa y la raqueta, tratando de concentrarse en lo que hacía y no presenciar los instintos seductores de su hermana. Sabía que a eso se debía; era algo que no podía desligar y el cariño que sentía por ella era porque estaba seguro que no era más que una víctima del maldito que los engendró.

Alice caminó a la mesa de ping pong y agarró la raqueta que le correspondía. Ágilmente hizo girar el mango entre su mano derecha, familiarizándose con el objeto; y le dedicó una sonrisa desafiante a Edward.

—Si piensas que voy a dejarte ganar, estás en un grave error. —le advirtió Samuel al percibir la actitud retadora de su hermana.

—No tienes que hacerlo —rebatió Alice, con alegría—. Haz el saque. —pidió y adoptó la posición de juego.

Edward le guiñó un ojo con pillería y dio inicio al juego, hizo el saque y Alice en un contragolpe perfecto le devolvió la pelota. Y en un toque maestro él se la regresó para a los segundo tener que una vez más usar su destreza y combatir el juego de Alice.

Después de varios minutos en los cuales Alice se movía ágilmente y sonreía poniendo a prueba la resistencia de Edward, mientras los presentes seguían expectantes con sus pupilas el movimiento rápido de la pelota.

Un movimiento en falso de Edward le hizo perder el primer golpe y la pelota fue a dar al agua, el público rompió en aplausos y risas. Alice giró medio cuerpo y con su semblante agitado por el esfuerzo le sonrió ampliamente a Jasper.

Edward renuente a perder; agarró otra pelota y continuó con la contienda, esforzándose para ganarle a Alice, pero admitía que era más ágil que él con la raqueta, parecía que precedía sus ataques y parecía no cansarse.

Una vez más ella golpeó la pelota con tanta fuerza y rapidez que pasó desprevenida ante los ojos de Edward y él no pudo contener la espontánea actitud de frustración y lanzó la raqueta sobre la mesa.

Alice empezó a dar brincos, realmente emocionada con los brazos elevados y soltó un grito de emoción cuando por detrás Jasper la rodeó con sus brazos por la cintura y la elevó tanto como para sentársela en uno de los hombros.

— ¡Tenemos a una nueva campeona! —exclamó realmente orgulloso de su novia, él nunca había podido ganarle a Edward y Alice lo había hecho sin mucho esfuerzo—. ¡Esa es mi chica!

Todos aplaudían la victoria de Alice, y aunque Bellal la celebró se puso de pie y se acercó a Edward para consolarlo en su derrota.

Aunque Edward ni siquiera había asimilado el resultado del partido de ping pong compartido con Alice, admiraba la felicidad en ella.

Era una lucha entre su orgullo herido y la alegría de su hermana a la cual Jasper le hacía una celebración más que merecida. En ese momento descubría la verdadera grandeza de los sentimientos de su primo, porque de cierta manera se veía reflejado en él.

—No te preocupes, me encargaré de darte el premio de consolación —murmuró Bella sorprendiéndolo al abrazarlo por la espalda.

—Deberás esforzarte —le insinuó mirándola de soslayo por encima del hombro y se aferró a las manos de ella, entrelazando sus dedos.

—Eres fácil de impresionar. —Bella le regaló una sonrisa sesgada y le dio un beso en uno de los omoplatos.

—Tendrás que impresionarme Bella Swan y no será fácil.

—Podría impresionarte en cinco segundos si quisiera.

—Me gustaría que te tomaras tu tiempo. —elevó las manos que esteban entrelazadas y le dio un beso a los nudillos de la chica, para después morderle muy suavemente uno de los dedos pulgares.

Todos estaban disfrutando de la pequeña celebración y no se dieron cuenta del momento en que Garrett aprovechó para escabullirse y hacer la jugada del año. Entró a la cabina donde manipulaban el audio y eligió un tema.

La voz del hombre que empezó a escaparse por los altavoces; arrancó casi al mismo tiempo que las notas latinas y que estaban de moda, pero que entraba dentro del género musical que los Cullen odiaban, como fieles seguidores de la música electrónica, escuchar reggaeton era como echarle agua bendita al diablo.

— ¡Que mierda! —exclamó Jasper bajando a Alice y poniéndola de pie frente a él.

Edward fue menos expresivo que Jasper y soportaba el género musical con estoicismo, pero realmente hacía un gran esfuerzo para soportar el rechazo en sus tímpanos.

Edward y Jasper se miraron como si estuviesen planeando lanzarse al océano cuando vieron a Garrett aparecer en cubierta moviendo las caderas al ritmo de lo que para ellos era nefasto y sonriendo. Un leve movimiento de cabeza que le hizo Jasper a su primo fue suficiente.

—Yo te lo dije… —Garrett tarareó el pedazo que no se sabía, de hecho ni conocía la letra, el género se caracterizaba por ser demasiado repetitivo al menos en el coro; así que no sería una prueba de admisión en Harvard aprenderse la letra—. Te lo advertí a mi manera… —No le saldría fácil tal broma a los primos, tendría consecuencias de eso estaba seguro y aunque él mismo apenas si soportaba escuchar el reggaeton, no había nada más mitológico que ver la cara de todos los demás, mucho más al verlo bailar, que ni siquiera llevaba el mismo ritmo y estaba bailando kizomba por reggaeton.

Kate lo miraba a punto de colapsar y la carita de Alice era todo un poema, la diseñadora trataba de disimular un poco más pero sin embargo se le escapaba que tampoco le agradaba. Sin duda alguna valía la pena el esfuerzo que estaba realizando.

En el momento en que Edward y Jasper no pudieron más salieron corriendo y lo agarraron, aunque corrió a ponerse a salvo en una de las habitaciones los primos fueron más rápidos y no le permitieron cerrar la puerta.

Lo agarraron y entre los dos lo cargaron, él se removía entre los brazos de sus amigos, pero definitivamente ellos ganaban por fuerza.

—Está bien, me pasé, me pasé. —les decía riendo de la broma que había hecho.

—Ahora pagarás las consecuencias, Ferreira. —le dijo Jasper sin sentir el mínimo de remordimiento.

Ante la mirada atónita de las chicas, Edward y Jasper llevaron a Garrett hasta el borde del yate, lo sostuvieron con medio cuerpo hacia el agua y ellos los sostenían por las piernas, mientras apoyaban cada uno, una de sus rodillas en el sofá de cuero blanco.

— ¡Ya! Malditos. —suplicaba en medio de carcajadas y el agua que el yate iba rompiendo a él se le estrellaba contra la espalda—. Esta mierda esta fría.

—Y terminarás en el fondo hijo de puta que me has jodido los tímpanos. —reprochó Jasper contagiándose con la risa de Garrett.

—Kate, te vas a quedar sin marido ¿cuáles son tus últimas palabras? —preguntó Edward aferrándose a la pierna izquierda de Garrett que seguía dando la lucha para no caer al agua, que se encontraba verdaderamente helada.

Bella y Alice habían observado un poco aturdidas la situación no sabían hasta qué punto llegarían los chicos con esa broma, pero Kate no mostraba ninguna alarma por el contrario se encontraba muy tranquila.

— ¡Kate! —gritó Garrett el nombre de su novia para que lo salvara, pero no recibió respuesta—. Katherine Spender.

—Lo siento amor, esta vez te pasaste… pueden lanzarlo —dijo alzándose de hombros de manera despreocupada.

— ¡Kate! —exclamó, sin poder creer en la petición de su novia.

—Un momento —le pidió a los primos Cullen—. Sólo si me dices dónde está el anillo de compromiso.

— ¿Anillo de compromiso? ¿Qué anillo de compromiso? —preguntaba más confundido aún.

Edward y Jasper empezaron a carcajearse ante la situación que habían puesto a su amigo.

—Sí, el anillo de compromiso —ratificó llevándose las manos a la cintura.

—En las pelotas, lo tengo en las pelotas —explotó desconcertado porque Kate cada minuto que estaban juntos le había dicho que no quería anillo de compromiso, que prefería unos pendientes.

— ¿Kate lo soltamos? —preguntó Jasper desviando la mirada hacia la chica y mientras le guiñaba un ojo con complicidad.

—No, déjenmelo a mí —acortó la distancia y se paró en medio de los primos Cullen.

Edward y Jasper elevaron a su amigo y lo pusieron de pie frente a su novia, que le llevó una de las manos a la correa y lo jaló hacia ella.

—Yo me encargaré de buscar mi anillo. —informó y ante la mirada atónita de los chicos empezó a desabrocharle la correa, seguido del jean.

Los primos sabían que ese momento era para ellos y tampoco querían que sus chicas admiraran el desenfado de Kate, por lo que se alejaron en medio de risas por haberle hecho pagar a Garrett la broma de mal, muy mal gusto.

— ¿Dónde está mi anillo? —preguntó y se mordió el labio, mientras su mano se escabullía por el pantalón del chico y la mano le entraba en calor al tantear el pene en busca del tesoro que ella sabía inexistente, rebuscó un poco más y acunó las pelotas de Garrett que soltó un jadeo de satisfacción y podía obviar que la camisa mojada se le pegaba a la espalda y estaba fría.

—No tengo un puto anillo, pero tengo algo mejor para darte. —contestó con la mirada en la boca de la rubia.

—Me lo darás sin piedad, lo quiero sin contemplaciones. —exigió con la voz vibrante ante la excitación.

—Cogeremos sin darnos tregua. —prometió y ella sacó la mano, él se acomodó el jean que ante la excitación empezaba a torturarlo.

—No perdamos tiempo. —pidió y lo tomó por la mano y lo arrastró con ella para perderse en uno de los camerinos.

—Me avisan cuando lleguemos a Long Island. —pidió Garrett dejándose llevar por su novia.

—Tendrás que echarlo rápido porque ya estamos por llegar. —le dijo Edward y quiso morderse la lengua al advertir la presencia de Alice pero ya nada pudo hacer—. Ve tranquilo. —intentó salvar la situación.


Espero que les haya gustado el capítulo.

No creen que merezca Reviews.


Adelanto del próximo capítulo…

Aquí sigo, no me iré a ningún lado, no tengo a donde ir, olvidé hacer reservaciones en el hotel. —contestó alzando un poco la voz para que ella lo escuchara.

Esme abrió la puerta y una vez más se presentó ante Carlisle, sintió sonrojarse al ver cómo él la escaneaba con la mirada.

No digas mentiras, recuerda que tienes un apartamento y que Nueva York no tiene un sólo hotel. ¿Qué haces aquí? —preguntó y estúpidamente empezaba a temblar ante la mirada de Carlisle.