¡Hola! Lamento haber tardado tanto en actualizar, pero bueno, más vale tarde que nunca n.n Aquí está el capítulo 4
CAPÍTULO IV: Ese Mayordomo, Seduce.
Era muy relajante, realmente encantador tener un entorno diferente, un cambio de aires. Al menos por unos días, los problemas de mi mansión y las finanzas no me agobiarían. Estaba muy agradecida con la presencia del Conde y más aún con la de Sebastian. El trato que tanto Emile como yo recibíamos era maravilloso, me hacían sentir como la princesa consentida de antaño.
No estaba muy segura, pero casi podía jurar que Sebastian estaba vigilándome, no sabía con certeza si esto era bueno o malo, pero tenía la seguridad de que Emile tomaría medidas ante cualquier intento de… Bueno, de lo que sea.
En la mañana del tercer día que pase en la mansión, Emile me despertó como de costumbre, me ofreció el desayuno con esa sonrisa cautivadora, típica de él. Comí todo lo que me ofrecía con el apetito voraz que era habitual en mí. ¿Ya les había mencionado que comer y dormir son mis dos lujos más preciados?
Me levanté y me desperecé, no tenía pudor en que Emile me viera con aquella bata de fina gasa, es decir, no es que nunca me hubiera visto así. Rebusqué entre los cajones un bello vestido sencillo, pero elegante de fina seda color azul claro.
-¡Oh no, señorita! El día de hoy usará algo más cómodo…
-¿Mmmhhh?
Emile había sacado del clóset un conjunto, era ropa para montar incluyendo las botas. En realidad, era muy lindo, sencillo y de un color negro con toques rojos aquí y allá. Cuando me lo puse y me miré en el espejo, vi que me entallaba muy bien, definía mi figura y resaltaba mi cintura. Algo revelador, debo decir.
-¿Cuál es el motivo del cambio repentino? No me dirás que el joven Conde anda a caballo…
Estaba incrédula, ¿en qué clase de situación dentro de la mansión Phantomhive debería usar un atuendo así?
-Eso es algo que no me corresponde a mí explicar, señorita. ¿Me permite escoltarla abajo?
Me tomé de su brazo riendo, él era el tipo de hombre que le gustaba ser misterioso… Aunque su sonrisa me ponía nerviosa. Al llegar al recibidor, me topé con que solamente Sebastian se encontraba allí… Ni rastro del Conde… Oficialmente, esto era de preocuparse.
-Lamento mucho informarles que el Conde Phantomhive se encuentra fuera de la mansión por asuntos de negocios. Espero que esto no les moleste. Mientras tanto, me pidió que les atendiera y les pidiera que se sientan como en su casa.
El mayordomo se inclinó y sonrió encantadoramente. ¡Perfecto! Estaba sola a merced de Sebastian. Y digo sola porque estoy segura de que Emile tenía algo que ver. Si, era cierto que me atraía pero no quería llegar al punto de algo más íntimo… Aún… ¡Aaaahhhh! ¡¿Pero qué dices?! ¡Controla tus hormonas, Conny!
-¡Qué lástima! Se desperdiciarán los planes que teníamos para hoy…
Si, era tentador incitarlo, lo admito.
-En realidad, y si me permite hacerlo, my lady, quisiera invitarla a pasar el resto del día al lado de este servidor.
Volvió a inclinarse… De acuerdo, no esperaba esto… Miré a Emile en busca de apoyo. El sonrió y me guiñó un ojo instándome a confiar en Sebastian… Bueno, al fin y al cabo Emile siempre tenía excelentes aciertos…
-Será todo un placer, Sebastian.
Sonreí nerviosamente y me incliné. Me ofreció su brazo con una sonrisa y yo lo tomé y lo seguí cuando empezó a caminar guiándome hasta la linde del bosque que se encontraba cerca de la mansión. Un caballo se encontraba ya dispuesto en el lugar para comenzar con el paseo.
-¿Es que tú no cabalgarás?
Pregunta obvia, pero igual quería hacerla. Me preocupaba el hecho de que pensara montar detrás de mí. Subí al caballo sin ayuda.
-Prefiero guiar.- respondió llanamente tomando las riendas y comenzando a caminar haciendo avanzar al caballo.
El resto de la tarde fue maravillosa, nos detuvimos en un riachuelo para comer y paseamos a pie por la orilla del río hasta llegar a un pequeño lago. Sebastian era encantador, realmente un caballero. La charla que sostuvimos, era tan amena como si tuviéramos toda la vida de conocernos. Al atardecer, regresamos por donde habíamos venido. Al llegar a donde habíamos dejado atado al caballo las dudas asaltaron mi mente… Era ahora o nunca…
-Mmmhhh ¿Sebastian?
-¿Sí, mi lady?
-Dime, ¿a qué te referías en aquella ocasión? Cuando dijiste que nos conocíamos mas íntimamente de lo que creía…
Sus ojos rojos brillaron y se clavaron en los míos. El rubor inmediatamente inundó mis mejillas y bajé la mirada. ¡Cómo deseaba tenerlo solo para mi! Tal vez era egoísta pero el solo pensar que él le pertenecía al Conde era devastador para mí… Sentí que de alguna forma, Sebastian debía estar conmigo y no lo estaba.
-Mi lady…
Me sobresalté, me había hundido tanto en mis pensamientos que no noté que estaba justo frente a mí. Sus delicados dedos sujetaron mi barbilla obligándome a alzar la cara. Cuando lo miré nuevamente a los ojos, sus dos manos se posaron en mis mejillas. No llevaba guantes. El tacto de su piel contra la piel de mis mejillas me hizo sentir que ardía. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo, como una sensación ya conocida pero a la vez totalmente nueva.
-Si le digo que la conozco bien… Es porque así es…
Acercó su rostro hermoso lentamente al mío. Aquella piel blanca y el cabello sedoso y negro me enloquecían de deseo. Solo quería que él me jurara que era todo mío en ese momento. Sus labios rozaban los míos, apenas a unos milímetros de distancia, sus ojos carmesí se clavaban en los míos nuevamente, esa mirada me quemaba y me desquiciaba. Cerré los ojos esperando que pusiera fin a la distancia que había entre nuestros labios… Lo que sentí después, fue como sus labios depositaban un beso suave en mi frente. Abrí los ojos desconcertada. Sebastian seguía sosteniendo mi rostro y sonreía.
-Confía en mí.
Subí al caballo nuevamente y dejé que Sebastian me llevara hasta la mansión, durante el trayecto sólo una frase cruzaba por mi mente: ''confía en mí''… ¡Bah! Confiar en alguien que ha dejado a una dama a mitad de una escena romántica… Pero esto no se quedaría así. Para bailar el tango se necesitan dos personas, y creo que a este baile le viene haciendo falta una de ellas.
