N/T: ¡Hola gente! Siento mucho haber estado tantísimo tiempo sin actualizar, pero entre el instituto y unas cosas y otras...pero que conste que no me he olvidado de este fic, eh. Voy a paso lento, pero seguro, y algún día alcanzaré a Tramontana xD. ¡Recordad, los reviews me hacen feliz!

N/A: Pues…lo sé, está sin betear. El problema es ese, a diferencia de muchos ahora, tengo un montón de tiempo libre. Y Empiezo la universidad en menos de un mes, así que realmente quiero darle impulso a esta historia (Quiero decir, tiene una trama. ¡Prometo que la trama viene!) y sé que una vez empiece la universidad, no tendré mucho tiempo para escribir, a decir verdad, no quiero que esta historia se quede mal colgada. Así que simplemente voy a publicar este cap y esperar que no esté muy mal sólo por no estar beteado.

¡Muchísimas gracias a todos los que dejaron review! Esos reviews son los que me alegran el día y me dan ganas de continuar.


Funciones motoras


—Edward, ¿puedes pasarme ese libro a tu izquierda?—pidió Alfons ausente, mientras estudiaba unos cálculos. Edward murmuró unos sonidos indescriptibles, y le entregó el libro. Frunciendo el ceño, Alfons repitió—. Dije el libro a tu izquierda. Edward, ese estaba a tu derecha.

—¿Eh?—Edward le miró—. Izquierda…—avergonzado, se quedó observando sus manos por un momento y luego le pasó a Alfons el libro correcto—. Lo siento.

No era la primera vez que Edward se confundía con las direcciones. Casi parecía que cuando no estaba concentrado, era fácil que se equivocara. Alfons había escuchado sobre gente que nacía con problemas en el cerebro, cosa que causaba confusiones con las letras y las direcciones, pero de alguna forma, Edward no parecía tener ese problema.

A menos qué…un nuevo pensamiento asaltó su mente.

—Edward, ¿crees que la razón por la que te confundes entre derecha e izquierda, es porque estás "volteado"?

Como solía pasar cuando estaba concentrado leyendo, Edward se tomó un momento para darse cuenta de lo que estaban hablando.

—¿Qué?

Pacientemente, Alfons repitió la pregunta.

En respuesta, Edward resopló.

—Pues claro que es por eso. ¿Esa era tu gran epifanía?

Aparentemente, renunciando a acabar el libro hoy, Edward lo cerró y se lo enseñó a Alfons.

—La mayoría del tiempo, no siento como si algo de esto fuera diferente. Esto— hizo un gesto con su mano derecha—, es como mi mano izquierda.

Preguntándose cómo una mano derecha podía moverse como la izquierda, Alfons contempló sus propias palmas. Francamente, no podía imaginarlo.

—Eso no tiene sentido.

—Siento que mi existencia insulte tu sensibilidad,—Edward se sintió molesto.—Esto es una teoría física altamente avanzada. No tiene sentido negar lo que ya sabemos que es verdad; trata con ello.

Era verdad, pero eran conceptos difíciles de tragar.

—¿Puedo ver tu mano un momento? — Con un suspiro de sufrimiento, Edward le tendió la mano y le permitió a Alfons contemplarla. Había algo de Edward que nunca había entendido bien. A pesar del gruñido de Edward, él solía seguirle la corriente a cualquier capricho tonto que a Alfons se le ocurriese a cada momento, y no sabía por qué Edward se lo consentía.

Por supuesto, pensó mientras paseaba sus dedos por las líneas de la palma de la mano de Edward, que todo empezó cuando Alfons empezó a creerle. Pero con una tan pequeña—y al mismo tiempo, enorme—admisión, Alfons había todas cruzado las barreras espinosas de Edward.

La mano era normal, Alfons se vio obligado a concluir. Si no hubiera llegado a saber que Edward la consideraba ser su derecha, y no su mano izquierda, el nunca habría encontrado nada extraño en ella. Es cierto que era una buena mano; los dedos no eran largos, pero eran atractivos, y su rugosidad y callosidades le dieron una sensación de fuerza. Alfons curvó los dedos juntos en un puño. Totalmente diferente de sus propias manos suaves. Acababa de llegar a la parte en que su mente empezó a traicionarlo imaginando su mano en él. La tos de Edward lo sacó de sus pensamientos.

—¡Lo siento!—Alfons supo que se estaba sonrojando furiosamente, y se preguntó si Edward debía pensar en él. Tardíamente, le soltó la mano. —Parece totalmente normal. Para una mano derecha, quiero decir—trató de frenar su balbuceo. Si Edward supiese qué paisaje de fantasía había dado con este pequeño gesto, probablemente se habría horrorizado

¿…Y por qué Edward seguía mirándolo? ¿Sabía, de alguna manera, algo de sus pensamientos?

—Puedes volver a la lectura ya—Alfons tartamudeó nerviosamente. Edward se encogió de hombros.

—¿Estás seguro? Tienes esa mirada que me dice que vas a estar molestándome sobre algo durante las próximas horas.

—¡No, en serio!—protestó Alfons, y entonces se contuvo. Un segundo, pensó, ya que estamos hablando del tema…—Edward, tu mundo, ¿es similar al nuestro?

Con una ligera mirada de "¿ves? Te lo dije", Edward respondió.

—¿No te he dicho ya que sí?

—Quiero decir… ¿tenéis manzanas en vuestro mundo?—por alguna razón, eso le preocupaba.

—Claro…y naranjas, y sandías y todas esas cosas.— En cualquier momento, Edward empezaría a reírse de él, pero Alfons estaba demasiado centrado en la pregunta que realmente le importaba.

—¿La gente se casa allí?

—¿De qué otra forma podrían formarse las familias?

Hubiera sido agradable que Edward moderada el tono, pensó. Las preguntas no eran tan estúpidas. ¡No sabía nada sobre ese otro mundo y en que se podía diferenciar del nuestro!

Edward rodó los ojos y añadió en tono conspiratorio:

—Y Alfons, ¿sabías que el cielo es azul?

—Cállate—¡no era tan estúpido! Se cruzó de brazos molesto y fulminó a Edward con la mirada—. ¿Qué hay de la religión? ¿Tenéis catolicismo en vuestro mundo?

En ese punto Edward dudo, mirando a Alfons un poco incómodo.

—Bueno…no somos tan religiosos cómo la gente de aquí. Quizá otros país lo sean más, pero Amestris…quiero decir, ¡montones de personas cree en Dios!—rápidamente modificó—. Simplemente le llaman con nombres diferentes y hacen otros rituales y esas cosas. Algunas personas le llaman Ishbala.

Alfons encontró intrigante la incomodidad de Edward. Él nunca antes había tenido problemas para declarar su falta de fe, así que, ¿Por qué se mostraba tan evasivo?

—¿Qué hay de las leyes religiosas? Como un día de descanso, o tener que dar caridad, o…—Alfons trató de mantener su voz indiferente—…¿las relaciones sexuales entre hombres?

Edward desvió la vista, dándole a Alfons una vista maravillosa de su perfil. ¿Qué había ese sonrojo? Alfons apenas podía respirar por la velocidad a la que iba su corazón. ¿Edward se habría dado cuenta? ¿Acaso había sido tan transparente?

—Hay un día de descanso, y la mayoría de personas intentando ayudar a los pobres, aunque ha habido toda clase de problemas con eso, porque el gobierno es llevado por los militares. A menudo, son los propios militares los que causan problemas.—Edward le miró avergonzado, y por un momento, Alfons creyó que no iba a responder.

—Sobre…eso…del sexo…—Edward se calló, y finalmente lo dejo ir—. Mira, no creo que debamos hablar sobre ello. Es un tabú, aquí, ¿no?

Alfons se quedó mirando fijamente a Edward, con su mente temporalmente apagada. ¿Acababa de ver a Edward tratando de ser diplomático?

Y si era así, ¿podía Edward haber elegido un momento peor para ello? ¿Por qué no podía callarse como un muerto en algún otro momento, cuando en realidad podría marcar la diferencia, como cuando se peleaba con sus compañeros de equipo, o cuando se emborrachaba?

Al parecer, suponiendo que la conversación había terminado, Edward se sumergió en su libro una vez más, dejando a Alfons aún más frustrado de lo que había estado antes.

Bien, arriesgarse así había sido estúpido, y temerario, y probablemente malo e inmoral, además de que aquello lo mandaría al infierno, con el tiempo. Si tuviera algún sentido después de todo, no presionaría más, y no lo tentaría con el pecado.

Definitivamente tenía que dejar de analizar las palabras de Edward y llegando a la tentativa conclusión de que no debía ser un gran problema, porque de lo contrario, ¿por qué Edward diría que era un tabú aquí, y no mencionaría nada de allí?


¿Opiones, críticas? :3