HAPPY LIFE: ICE AND GOLD

CAP 4

"Palabras descuidadas"

Horohoro se encontraba recostado en el futón que le habían prestado aquella noche, con las manos en la nuca y observando fijamente el techo de la habitación.

Desde hacía rato que no se encontraba bien y sentía una gran incomodidad tan solo de pensar en lo ocurrido aquella tarde y percibiendo como la culpa comenzaba a acumularse de formas extrañas en su vientre, al grado que la molestia comenzaba a convertirse en algo de náuseas; sabía que cuando se irritaba o se molestaba, tendía a hablar sin pensar o medirse en sus palabras y aunque el chino ya se había retirado de las termas durante aquel momento de la discusión, estaba seguro de que había alcanzado a escucharle llamarlo bastardo.

Entornó un poco los ojos y un gruñido se ahogó en su garganta

En verdad, por qué no era capaz de retener sus palabras innecesarias y las soltaba sin medirse? Quizá el chico de ojos dorados podía ser frío e inexpresivo en cuanto a muchas emociones, mas sin embargo, con el tiempo Horohoro había aprendido a notar los diversos cambios diminutos en sus movimientos, en sus poses y en su mirada, como para percibir las cosas que le incomodaban o las que, quizá de forma no tan aparente, le herían; el ainú emitió esta vez un gruñido audible y se giró un poco en el pequeño colchón de suelo y lo golpeó con frustración contenida

Había sido para tanto? Que le quitara la chamarra de Damuko, por mucho que adoraba aquella prenda, no era motivo para tratarle de esa manera.

Vale que Ren solía ser agresivo y seco… le hablaba golpeado… pero de igual forma, eso no contaba como para que él se pusiera igual y lo empujase a responder todavía más fríamente o peor aún, a lastimarle.

Bien, no estaba seguro de que hubiera pasado aquello último, pero si podía imaginarlo. Ya había ocurrido antes, que hablase de más y Ren terminase encerrado en sí mismo, regresándole cualquier palabra con un frío que superaba por mucho sus poderes; suspiró pesadamente y su mirada se suavizó, sintiendo como su imaginación se desbordaba y cada vez, le presentaba escenarios peores y más agresivos, terminando en uno donde finalmente las iras del chico de ojos dorados se desbordasen y terminase por perseguirlo con su enorme lanza.

Se encogió un poco en el futón y trago pesado, haciendo una mueca y abriendo más los ojos.

Seguramente que en cuanto empezasen el entrenamiento, iba a pagar todas sus palabras de una forma muy cara.

Un crujido se percibió en la entrada de la habitación y se encogió colocándose los brazos sobre la cabeza y apretó los párpados con fuerza; debido a sus malos hábitos de dormir, estaba completamente destapado y no había ni esperanzas de tomar la cobija para cubrirse sin parecer poco menos que cobarde. Aunque ahora que lo pensaba… por qué se asustaba y se hacía bolita?

-Oye imbécil…

La voz de Ren hizo que internamente el chico diese un largo y pesado suspiro, olvidando por unos momentos el hecho de sus temores a que estuviese enojado y levantó un poco la cabeza para ver al oriental, que se encontraba vestido con la bata de dormir y le veía recargado en el marco de la puerta, con un gesto frío y de superioridad que le hacía ver bastante imponente ante las sombras de la noche; el chico de cabello claro se acomodó un poco mejor para verle, apoyándose sobre un codo y girando mejor su cuerpo para hacerle frente.

Por lo general los chicos solían dormir todos juntos pero aquella noche como cosa excepcional, les habían dejado una habitación para cada uno por lo que Horohoro dormía a solas, Yoh en su propia habitación, Manta se había ido a su casa, Ryu también ya tenía su propio cuarto al igual que Fausto y Ren dormía en otra parte de la pensión a pesar de que tenía su apartamento en el centro de la ciudad; si lo pensaba seriamente, aparte del Oyamada solamente Chocolove se había ido a dormir a otro lado (algo había comentado sobre que estaría con un par de los amigos del Umemiya).

Muy despacio y tratando de ser discreto, aprovechando el silencio que se había producido entre ambos fue moviendo sus ojos para observar al otro chico, que permanecía con los brazos cruzados alrededor de algo apretado contra su vientre y un gesto indescifrable

Demonios… en verdad Ren era hermoso

Y era cosa rara pensar en aquello de un chico, pero no había otra forma para pensar en el otro.

A pesar de la oscuridad, la piel de Ren tenía una especie de brillo propio que resaltaba incluso por entre la única tela que cubría su cuerpo; bajando la mirada, podía notar las delgadas pero bien formadas piernas de las cuáles, una era más visible a través del entreabierto del frente de la bata. Y la piel del torso… podía ver claramente como el pecho bajaba y subía con cada respiración que daba, regalándole un escalofrío al irse su imaginación y visualizarse abriendo aquello para poder verle de forma más completa.

Los ojos del oriental se entrecerraron y un ligero rubor subió por sus mejillas repentinamente, lo que solo aumentó la atención del shaman de hielo.

Era increíble, como el Tao podía pasar de un aspecto poderoso y frívolo a un aire inocente accidental, tan solo por la coloración de sus mejillas. Tragó pesado, en verdad le estaba comenzando a costar el mantenerse en sus trece y como siguiera así iba a terminar nuevamente en una discusión con el otro, tan solo por tener que explicar lo extraño de su comportamiento; lástima que no percibió lo tarde que era aquello, porque para ese momento, el chico en la puerta comenzaba a tener una pesada batalla contra sus propios demonios.

Ren Tao observaba la expresión embobada del chico en el futón y no pudo evitar removerse incómodo al saberse estudiado de aquella manera. Una parte de sí, se sentía terriblemente incómoda al traer memorias nada gratas sobre su padre que solía hacer lo mismo para provocarle… y la otra parte, extrañamente, se sentía halagada; aparte del hecho de que creía estar seguro de que el gusto del shamán de hielo se inclinaba a por las féminas, el pensar que quizá él era capaz de desviar su pensamiento hacia otro lado… bien, no era tan malo

Era una oportunidad de disfrutar de algo que no podría tomar al final

"Se gustan entre ustedes"

Eso era lo que Yoh le había dicho apenas hacia unas cuantas horas, lo que significaba que… al menos, a como lo creía el Asakura… él le gustaba a Horohoro

Dolía. Dolía moverse entre la inseguridad y la esperanza de algo que no podía ser o si acaso, podría rozar. Deseaba con toda su alma y sus fuerzas el creer que aquellas palabras eran ciertas, que ambos eran el uno para el otro y que había la posibilidad de saltarse a su familia, sus enseñanzas y todo aquello que habían enterrado a base de sangre, humillación y lágrimas; ansiaba poder liberar el chico que alguna vez había sido y que permanecía enterrado en las sombras impuestas… ese chiquillo que solo su hermana conseguía ver la mayoría del tiempo, el que correspondía a su edad y aún creía en algo bueno…

Quería…

Apretó un poco más la chamarra que tenía sostenida contra su vientre, como una forma alejada de abrazar al otro en silencio. Sin palabras.

Sus dedos se cerraron en la tela e inconscientemente, permitió unos momentos más de contemplación al otro que parecía no querer romper ese silencio, ese momento carente de ruido alguno y que los estaba conectando más allá de lo que podían colocar en una expresión adecuada.

Entonces, Horohoro abrió la boca…

Y como una reacción inconsciente, el chico de ojos dorados los entornó y de golpe, arrojó la chamarra al rostro del ainú que se tensó de forma repentina, con las manos en el aire y sin entender por qué demonios había venido aquella reacción… si ni que se lo estuviera comiendo con los ojos! Bueno… quizá un poco… pero ese no era motivo!

-Pero qué demonios te pasa!?

Horohoro apretaba un puño en el aire y se había incorporado, aferrando con la otra mano su chamarra de snowboarding mientras que Ren Tao volvía a cruzarse de brazos y repentinamente, se veía algo molesto

-No tenías por qué aventármela así!

-Parecía que estabas a punto de decir una tontería y como por ahora mi noche va tranquila, preferí no perder mi tiempo escuchándola

Respondió tranquilamente el chino, dejando a su compañero con un gesto de puchero y ahora, sentado a modo de mariposa sobre el futón con las manos y la chamarra entre las piernas

-No todo lo que digo son tonterías…- refunfuñó el de cabello claro, recibiendo por respuesta una pequeña risa por parte de Ren

-Seguro

Asintió el shamán en la puerta, cerrando los ojos y sonriendo cínicamente, sin saber que el chico en el suelo se guardaba un pequeño suspiro y una sonrisa debido a aquella reacción; debía de tratar de ser más discreto porque con cada día que pasaba, comenzaba a ser más y más evidente, pero… qué podía perder en realidad?

-Hazme un favor y no sostengas tu cosa de esa manera- dijo de pronto el tao frunciendo el ceño y observando con seriedad al ainú, que parpadeó un par de veces- no me tomé tanto tiempo arreglándola para que la vuelvas a arruinar

-Tú…

Dijo despacio el chico de cabello claro, aún viendo a su amigo para luego, alzar su chamarra y extenderla, terminando por abrir grandemente los ojos ante lo que tenía delante y luego, la acercó casi hasta su nariz… estaba impecable!literalmente, los manchones, emborrones y raspones habían desaparecido y en las zonas donde había creído que había terminado por hacer un futuro agujero… el remiendo era tan perfecto que no se notaba en el entramado normal; estaba impresionado y muy despacio, levantó la mirada hacia el chino que parecía atento a sus reacciones… y algo nervioso?

-Cómo…- farfulló torpemente el ainú, provocando una ligera tensión en el de menor edad- cómo lo conseguiste?

-No tiene ciencia en realidad, fue muy fácil- respondió Ren encogiéndose de hombros muy discretamente y Horohoro volvió a colocar aquello en su regazo, sin salir de su impresión- un par de remiendos y estaba lista… no vuelvas a arruinarla, tonto…

-En verdad que estoy impresionado…

Musitó Horohoro ladeando la cabeza sin dejar de ver con sorpresa al otro, que parecía bastante ufano de lo conseguido

-Si bueno… no se puede esperar menos de mí…- comentó orgullosamente el Tao, con los ojos cerrados y una sonrisa de superioridad mientras que Horohoro alzaba muy apenas un dedo, señalándole

-Tú sabes hacer manualidades?

No era tanto la frase, sino el tono utilizado por el de cabello negro y celeste, lo que provocó una nueva irritación en el chino al que parecía volverle a crecer en pequeños espasmos el cono que formaba su cabello y se giraba con un par de arrugas rojizas en su frente, para encarar al que permanecía sentado

-Qué quieres decir con que "sabes hacer manualidades"? No soy un inútil como tú que lo mejor que se le ocurrió para limpiar su ropa fue agarrarla a golpes contra las rocas!

A pesar de los gritos del otro, Horohoro no se alteró. Tan solo continuó observándole

-Es que…- siguió diciendo el chico con los ojos muy abiertos- no pensé que fueras a tratar de arreglar algo… me refiero… pues… tú eres de dinero…

-Si? Y qué con eso?

Sisseó Ren convirtiendo sus ojos en un par de peligrosas rendijas doradas, apretando aún más los brazos contra su pecho, al grado que se notaban mucho más marcados los músculos en estos, ganados después de tanto ejercitar; Horohoro se rascó la nuca frunciendo el ceño y aún confundido con aquello

-Pues que se supone que los ricos no hacen cosas con las manos, porque las consideran como algo de seres inferiores- explicó el ainú- entonces… que tu hayas hecho esto…

Se detuvo al ver la manera en que los ojos del Tao se abrían como platos y al siguiente segundo, un frío glaciar le recorrió de arriba abajo al darse cuenta de la terrible manera en la que el otro había comenzado a interpretar sus palabras; apretó los dientes mientras se maldecía a los gritos por dentro y abría los ojos a la par del otro, enderezándose un poco por sobre el futón en donde estaba

-Ren…

-Entonces… en verdad crees que porque tengo dinero, no se hacer nada?- el tono helado y duro con el que hablaba el Tao y la manera en que temblaba era firme muestra de lo enojado que estaba y del resentimiento que se comenzaba a formar- crees que soy inútil, que el dinero y una vida acomodada me convierten en un inepto para las cosas normales de la vida?

Horohoro tragó en seco y negó muy apenas

-Espera… no quise decir…!

-Si, sí quisiste decir- cortó el chino dejando caer los brazos hacia los lados al tiempo que apretaba los puños con tanta fuerza, que se hacía daño con las uñas- por algo soy un bastardo prepotente, cierto?

Para el ainú, aquello fue como una poderosa bofetada en el rostro al ahora poder dar por sentado, que en efecto el otro le había escuchado decir aquello y más aún, que tal cuál y se lo había temido, le había herido; y ahora, podía ser testigo de la herida que había provocado por su estupidez. Por su parte, el chino no sabía cómo terminar aquello sin dar un grito o dejar ver demasiado de lo mucho que le había pesado aquella afirmación, sobre todo, porque sabía que tenía esa imagen desde siempre. Aunque gustaba de presumir sus cosas (no podía evitarlo), podía percibir la imagen que iban tomando los demás sobre su manera de vivir, al grado de ir dejando de lado el hecho de que había sido prisionero mentalmente de los Tao.

Y aún recordaba como ingenuamente, lo había remarcado cuando quisiesen buscar información de la aldea apache y él se hubiera dado importancia, creyendo que haría algo bueno por ellos… buscando información electrónicamente ayudado por una trabajadora en América de los Tao… y él, sintiéndose importante, solo presionando la tecla de ENTER

La vergüenza que había sentido al finalmente enterarse de lo ridículo que se había visto, en verdad lo había golpeado duro.

Y de poco en poco, podía ver que su imagen solo se enfatizaba más por que no era el único que poseía una pequeña fortuna, sin embargo, si era el único "snob" (como se lo había marcado alguna vez Chocolove, momentos antes de recibir una paliza) entre ellos: Manta Oyamada, era de familia adinerada pero cualquiera que lo viese no se daría cuenta debido a lo humilde de su carácter y apariencia, además de que siempre hacía labores hogareñas y demás con una habilidad que competía en toda orden con las de Ryu Umemiya.

Yoh Asakura no era la excepción. No solo su familia era de las más importantes en Japón sino que también eran de dinero… y aún así y a pesar de que vivían en la pensión que era de tamaño considerable, el chico era humilde por mucho y con torpeza y flojera, se las arreglaba para hacer cosas sin tener que andar dependiendo de sirvientes (algo que si usaba a veces el Oyamada pero aún con todo, ambos se dedicaban a tratar al resto como iguales).

Y él por su parte… siempre les veía hacia abajo

Como insectos, como menos que nada.

Por qué sería raro que el ainú tuviese esa percepción suya, cuando él se encargaba de remarcarla por todas partes y en todas formas? Se dio la vuelta de golpe y entonces, Horohoro se puso de pie también

-Ren!

-Cállate idiota!

Escupió tenso el chino

-Mañana comenzaremos a entrenar y no pienso levantarte. Yo me voy de aquí a las cinco de la mañana y ya es cosa tuya si nos alcanzas al negro y a mí en el patio de los apartamentos Tao. Solo te advierto, que como nos hagas perder el tiempo, yo mismo te mato y meto tu espíritu en un zombie para que no nos descalifiquen… me has entendido?

El tao volteó muy apenas por encima de su hombro para dirigirle una mirada mortal al de cabellos claros y sin esperar respuesta, partió rumbo hacia la habitación donde se estaba quedando, dejando al otro chico con una expresión angustiada mientras que sostenía con una mano, la recuperada chamarra; los ojos del chico ainú se entrecerraron suavemente y entonces, dejó salir el aire, bastante decaído por como había resultado aquello y entonces, alzó la prenda para observarla

-Ay, Damuko…

Suspiró Horohoro con un sentimiento de dolor por lo que acababa de ocurrir

-Cómo voy a arreglar esto?... todo lo hago mal y lo digo peor… tú lo sabes mejor que nadie- susurraba hacia la nada, mientras que en su imaginación observaba a su antigua mejor amiga de pie delante suyo, con un gesto preocupado- no quería decir eso… lo que hizo Ren ha sido increíble… yo solamente lo habría arruinado horriblemente y él… solo mira esto…

Sonrió suavemente, pasando su otra mano por las telas reparadas de la chamarra, casi como si pudiera tocar la mano del otro chico sobre esta

-Se ha tomado el tiempo de arreglar mis estupideces y ni siquiera me ha pedido algo a cambio… cómo puede pensar que voy a creer que es un inútil?- cerró los ojos y sonrió un poco más- con lo orgulloso que es… quién diría que es tan inseguro

Suspiró y alzó la vista

Delante suyo, su mochirei flotaba con expresión enternecida y comprensiva, haciendo parpadear por la sorpresa al shamán y entonces, este dejó salir una pequeña risa apenada

-Lo lamento Koloro… no quería dejarte fuera- se disculpó pero por toda respuesta, la pequeña criatura le sonrió con los ojos cerrados e hizo un pequeño sonido alegre, que para el chico de Hokkaido quería decir "no te preocupes"

Horohoro asintió a sabiendas de que tenía el apoyo del otro espíritu y entonces, compuso un gesto decidido

Ya iba siendo hora de que se apretara los pantalones e hiciera las cosas bien. Iba siendo momento, de cumplir con lo que había pensado aquella tarde y dejarle ver a Ren, que sin importar lo que él creyera o las estupideces que le hubiera hecho sentir, realmente sentía algo profundo por él y que, dejando aparte el hecho de no ser correspondido (algo de lo que estaba seguro) al menos, él pensaba que el chino era increíbe en todas las maneras que había

Así que el primer paso… era disculparse o al menos, dejarle saber que lo de aquella noche había sido un error

Definitivamente

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