Capítulo 1: La Condesa
1 de enero de 2025: Día
En las noticias internacionales, Eduardo Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, se posesiona como presidente de Brasil. El nuevo primer mandatario ha prometido a la base evangelica de sus votantes dar seguridad y responder sin piedad al azote violento generado por los terroristas de "La Resistencia" y a duplicar la vigilancia policial en los barrios de monstruos, núcleos, segun él, de posibles sedicionistas de esta organización...
En Estados Unidos, los motines y el creciente número de enfrentamientos armados entre antifascistas y antropistas aumentan la tensión ya existente entre diversos movimientos civiles y milicias a pocas semanas de la posesión del reelecto presidente republicano y pro-antropista Ted Cruz, aun bañada por el escándalo de supuesto fraude electoral iniciado en las acusaciones de Alexandria Ocasio-Cortez, exsenadora demócrata y candidata a la presidencia por el Frente Social Democrático en las pasadas elecciones...
Eran las 10 de la mañana, y Draculaura aún dormía en la amplia cama de ocho plazas de los aposentos matrimoniales que compartía con Clawd, sin embargo él se había tenido que ir en un urgente viaje de negocios a Sofía, Bulgaria, por lo que en estos últimos días sus hijos habían ido a dormir junto a ella, aunque llegase tarde; Clawra, la mayor, de 4 años, Howlstatt, de 2, y Fangie, nacida hace 5 meses, y, de milagro, tan profundamente dormida como su progenitora.
Entonces la bocina en el techo se activó con un pitido desgarrador, y más fríos de lo normal por la impresión, la vampira y sus pequeños despertaron de golpe. Los dos niños menores se pusieron de inmediato a llorar, y como reflejo, Draculaura pasó su mano derecha por la cara, y bostezó, aún adormecida.
Una voz afable y de marcado acento transilvano sonó claramente en la bocina:
-Draculaura, hija, ya despierta. Hoy es viernes, y llevo una hora esperando a que traigas a Clawra al estudio para sus clases
Vio el reloj; ya era mediodía, y debió mandar a la pequeña a las clases particulares con su abuelo Drácula a las once. Bueno, su abuelo adoptivo.
Larga historia era la de ambos; pero estaba muy enterrada en su memoria, tanto que era como si jamás hubiese pasado nada. Ahora ellos formaban una familia muy unida, y Draculaura estaba agradecida con la vida de haberle dado tanto en estos largos años.
Podía vivir en paz sabiendo que su descendencia no pasaría necesidad y hambre. Y el hecho de que su papá enseñase a sus hijos era para ella otro regalo que la vida le había dado. De otro modo se exponía a que sus mas valiosos tesoros fueran maltratados y vilipendiados por los humanos, que ahora volvían a ponerse en contra de los suyos. Y quizá estos no eran los únicos...
Ella tomo el comunicador adosado a la pared al lado de la cama a la velocidad de un parpadeo:
-Voy pá...
Y dejando a los otros dos, tomó a Draclawdeen del brazo, apurada, en dirección al baño. La soltó y le dijo, dandole un empujoncito:
-Vamos Clawrie, quítate esa pereza y lávate los colmillos muy bien; debemos ir con el abuelo...
La niña, caminando atontada, tallándose los ojos con los puños, respondía bostezando:
-Pero mami no quiero ir tengo mucho sueño...
Draculaura replicó, poniendo una expresión dura y señalando al baño con el brazo extendido:
-No discutas y ve al lavabo ahora- cruzó los brazos y levantando la cabeza añadió -Aquí te espero
Clawrie hizo un puchero y, sacando la lengua, se encerró en el baño para lavarse.
-Y pensar que hasta hace 6 meses aún usaba pañal y no podía entrar sola. Mi pequeña está creciendo- se dijo Draculaura a sí misma, y una lágrima de ternura le salió del ojo a la vez que sonreía.
De vuelta en la realidad, fue corriendo a sentarse frente a la cómoda. Tomó la peinilla y comenzó a acomodarse bien el cabello, para luego tomar la plancha y dejarlo bien alisado. Ya en estos días no llevaba flequillo, ni rayos rosas en su larga cabellera negra. Ahora solo le llegaba hasta los hombros, y al frente se lo peinaba de un solo lado, dejándolo suelto por detrás, llevando en los días calurosos unas gafas Booci y una pañoleta de fina seda de blanco nacarado.
Pero este día no era caluroso, sino más bien un poco nublado; como la mayor parte de los días, pensó ella, mientras llevaba su miraba hacia la grisácea capa de nubes que apenas dejaba pasar los tibios rayos de sol por una ventana con las altísimas cortinas de seda púrpura medio cerradas.
Pocos segundos le duro el miasma, pues los niños seguían llorando; tomó a Fangie en brazos y la amamantó. Volviendo al comunicador con la bebé cargada, llamó a una sirvienta esqueleto para que le trajera un biberón para Howlstatt. Otras dos sirvientas, zombies, tocaron las puertas de cedro de su habitación, exquisitamente chapadas.
Draculaura abrió, y las dos muertas vivientes se pusieron a trabajar; una se puso a tender la cama y la otra le sirvió el desayuno a su ama sobre una mesa que ella tenía al lado de la cama que daba a la puerta. Finalmente la tercera sirvienta llegó cargando el biberón y una toallita para limpiar la boca del otro bebé; con una seña, la vampira le ordenó cargarlo para que le diera la leche, y así lo hizo.
Clawrie salió del baño, ya bien lavada su cara y sus dientes, en medio del ajetreo. Su madre sacó a las sirvientas, dejó a sus dos hermanos en sus sillitas, y tomó una mudada de uno de los armarios. Le ayudó a cambiarse la ropa.
De inmediato la sentó frente a la cómoda para maquillarla. Tras eso, Drácula volvió a hablar por el altavoz, impaciente:
-Draculaura...
-Ya te la mando papá...- le respondió, tomando el comunicador otra vez.
Volvió con Clawrie y poniendole la mano en la espalda la apuraba diciendo:
-Estamos retrasadas, vamos con el abuelo, anda, ve...
Dos de las sirvientas de antes abrieron las puertas, y una que acababa de llegar, enviada por Drácula, tomó de la mano a la niña y la llevó a la derecha del alto pasillo, hacia el estudio.
-Nos vemos luego mami... dijo Clawrie, ondeando todo el brazo con una gran sonrisa y un saltito.
-Hasta luego hijita...- respondió Draculaura, despidiendose con una mano, moviendo sus dedos arriba y abajo mientras también le sonreía.
Volteó hacia la habitación, y se sobresaltó.
-¡Ay no, lo olvidé por completo!
Al siguente instante fue a toda prisa con Clawrie de nuevo; llevaba un pequeño teléfono tactil entre manos:
-Mami olvidó darte tu celular; llámame si necesitas alguna cosa. Ahora debo salir, pero te vere más tarde ¿sí?
-Bueno mami. No te tardes mucho- le respondió Clawrie.
La niña le dio un abrazo colgándose de su cuello, y ella la abrazó con un solo antebrazo, dándole un beso en la frente, con lo cual dejó que la sirvienta siguiera con su hija llevándola al estudio.
Fue corriendo de vuelta al cuarto; fue a arreglarse al baño, se puso un conjunto semiformal, con chaleco rojo, camisa blanca de tela, un lazo para el cuello, y una falda ceñida junto con medias nylon y zapatos de charol. Tomó una carpeta que estaba sobre la mesa del desayuno, y guardándola en un bolso de cuero negro con hebillas doradas, salió disparada hacia la entrada del castillo.
En el patio de armas, Draculaura se subió a su ferrari negro descapotable, ojeó su rollex de oro, y haciendo bajar el puente levadizo, tras levantarse la reja, aceleró a toda prisa. El asunto era que, ¡debía llegar a su entrevista de trabajo en la ciudad, en tan solo 15 minutos!
Mientras tanto, Clawra habia comenzado a hablarle a la sirvienta, con quien, de hecho, había formado una amistad en los pocos meses que ella llevaba trabajando para los condes.
-Oye Bonniegwyn, ¿qué crees que mi abuelito me vaya a enseñar hoy?¿Y qué crees que me va a dar por mi cumpleaños?¿Qué crees que me va a traer mi papi cuando vuelva a casa?
-No le se mi señorita, ¿tu ya...lo sabes?
-Pues claro que no sé, por eso te preguntaba si sabías...
-Yo tampoco sé cómo responderle a tantas preguntas señorita, pero su familia la ama mucho y de seguro lo que sea que pase será, ehmm, muy bueno...sí.
-Jajaj. Eres graciosa Bonnie, por eso eres mi mejor amiga en el mundo.
La esqueleto solo sonrió y la miró con ternura. Para ella ya era normal este tipo de conversación; ya fuera por una cosa o la otra, Draculaura siempre salía de casa, mas de lo que a su padre le gustaría, fuera de compras o a fiestas o de viaje al extranjero. Y por esto es que ella era la niñera, la madre sustituta de Clawra cuando la condesa se ausentaba.
Pero la paciencia de todos con el alivianado estilo de vida de Draculaura se había acabado hace tiempo, y tras sendas peleas con su padre y con Clawd, este último bloqueó todas sus tarjetas de crédito, y le dió un ultimatum; o ella hacía currículums y buscaba un trabajo con el que pagarse sus propias cosas, o él le pediría el divorcio. Asimismo su padre amenazó con desheredarla si no hacia esto. Draculaura, de mala gana, cedió a las exigencias.
Bonniegwynn, por su parte, se habia visto obligada a dar de comer a su familia toda la vida desde que, siendo muy niña, sus padres se volvieron muy frágiles como para trabajar. Así ella creció y maduró rápido, ahora era una joven esqueleto de cabello rubio rizado que le caía hasta los hombros, con su uniforme rojo muy ceñido, portando orgullosamente tatuajes azules celtas en toda su apergaminada piel pegada a los huesos, seña de su herencia cultural, aun si más orgullo daban su esfuerzo y dedicación por satisfacer al máximo el capricho de estos aristócratas para los que ahora estaba trabajando.
Pero teniendo de ama a una niña tan dulce e inocente como Clawra, se sentía plena. Iban subiendo escaleras y atravesando pasillos juntas dentro de aquel enorme castillo medieval, mas en ningún momento Bonnie dudó a dónde debía dirigirse; le tomó meses, pero se aprendió a orientar por todo el castillo de memoria.
Llegaron al estudio, y Bonnie dejó a la señorita con Drácula, quien la recibió de brazos abiertos. Ella hizo una reverencia, y se dio media vuelta para continuar sus labores:
-Te veo en el almuerzo Bonniegwyn- se despidio Clawrie
Ella solo volvió la cara para verla, y esbozó una sonrisa a la vez que asintió con la cabeza suavemente. Y siguió su camino. Los altavoces de la casa sonaron otra vez más:
-Llamando a Bonniegwyn. Llamando a Bonniegwyn. Acérquese al vestíbulo de inmediato...
En unos cinco minutos ya estaba allí, bajando los escalones hacia el inmenso vestíbulo que daba a la entrada trasera. En el último escalón se formó en fila al lado de otras 5 sirvientas más; todas se pusieron firmes frente al mayordomo, que las miraba con los ojos entrecerrados y un aire de prepotencia:
-Como ya sabrán, esta noche a la medianoche es el cumpleaños de la pequeña condesa, su señoría Clawra Wolf. Por lo que he ordenado iniciar los preparativos para la gran celebración, según las instrucciones de mi señor el conde. Ustedes, señoritas, primero deberán limpiar este chiquero hasta que quede brillante y reluciente, de modo que yo pueda verme reflejado en el suelo; segundo, deberán colocar todos los motivos festivos desde aquí hasta el techo según lo discutimos ayer. Y tercero pero no menos importante, deberán salir a los jardines y colocar las mesas para todos los invitados en el orden que también practicamos la semana pasada. Y antes de que se me olvide, deben dejar reluciente también todo el mobiliario.
Y retirándose por los pasillos añadió, sin voltear:
-...Y apúrense, que los otros doce grupos ya están adelantados en sus labores, y recuerden, todo debe estar listo en 6 horas.
Ya en la ciudad, Draculaura estacionó el auto frente a un edificio como de 4 pisos, y corrió adentro como si su vida dependiera de ello. Las escaleras estaban tapadas por un letrero de terreno resbaloso, y el ascensor tenía un letrero pegado que decía "en mantenimiento".
Solo le quedaban 30 segundos para su entrevista, por lo que no tuvo otra opción; se transformó en murcielago, y cargando el bolso con sus patitas, voló fuera del edificio y en dirección a una ventana abierta en el último piso, por la que pasó directo hacia la oficina del entrevistador, quien se asustó cayendose de espalda al suelo con su silla.
Draculaura volvió a su forma normal, y se sentó en la silla de enfrente. Cuando el hombre se volvió a incorporar en su silla, se hizo para atrás de nuevo, sorprendido por quien se había aparecido frente a él. Recuperó la compostura, y volvió a su escritorio, acomodándose la corbata:
-Buenas tardes señorita Draculaura; entonces, ha venido hasta aquí por el puesto de secretaria, ¿no es verdad?
-Sí, señor Hauntington- respondió ella con nervios.
-Le pondré las cosas muy claras. Aquí investigamos crímenes de todo tipo, y los archivos que usted tendría a su cargo de obtener el puesto son información sumamente sensible, y algunas de las imágenes pueden ser muy fuertes para quienes no tienen el estomago necesario. Da igual si usted no va a hacer trabajo de campo, da igual si su padre movió las fichas para que aceptásemos entrevistarla o no, debe estar preparada para revisar y organizar todos los archivos de caso que pasen por sus manos, pero si en primer lugar no me da un verdadero motivo para haber venido por su propia voluntad a esta agencia, si no me demuestra verdadero interés por el trabajo o conocimientos mínimos cuando le haga las preguntas que aquí tengo agendadas, le digo que desde ya puede volver por donde vino, y decirle a su padre que no me haga perder el tiempo. Noble o no, vampira o no, yo no pienso regalarle el trabajo a quien no cumpla las expectativas
-Entiendo señor. Ya estoy lista. Comencemos...-respondió aun más ansiosa. Esperaba que tras un lustro de haberse graduado de la universidad (aunque como diseñadora), y a pesar de su grave fobia a la sangre, lograse obtener un trabajo. Y dejar atrás ese mal hábito.
En Sofía, ya a las 5 de la tarde, Clawd se encontraba en el aeropuerto internacional, pesando su equipaje, y llenando papeleo de su auto, que iba a cargarse en el avión. Debía llegar a las 8 a Transilvania y de allí conducir de vuelta a casa. Quería llegar a tiempo para el festejo de cumpleaños de su hija mayor, llegar esta vez. En la sala de embarque tomó su iTaud plegable y marcó a Draculaura; no contestó.
Así que marcó a Drácula. La línea se abrió:
-¿Suegro?
-Eres tú Clawd, ¿sucedió algo con el vuelo? Recuerda que le prometiste a Clawrie estar en su cumpleaños...
-No, no es eso, llegaré a tiempo para la fiesta de mi pequeña. Es que estaba tratando de llamar a Draculaura pero no contesta ¿sabes si ella ya volvió al castillo?
-De hecho no, no ha vuelto aún. La verdad ya no sé que hacer con ella Clawd...ni siquiera sé si consiguió el trabajo.
-Yo tampoco. La amo, pero su inmadurez me tiene harto; ojalá que sí la hayan contratado. Por cierto, ¿está Clawrie por allí? quiero hablar con ella.
-Sí seguro, estamos aquí jugando ajedrez, y está muy emocionada...es tu papá, dile hola...
-¡Papi!
-¡Hola Clawrie!¿Cómo estás?¿te has portado bien con el abuelo?
-¡Sí papi! y no le digas a mi abuelito, pero el ajedrez es muy aburrido...
-Oí eso.
-Hmhmhmhm...y dime ¿qué me compraste papi?
-Jejej, pequeña traviesa, eso será una sorpresa.
-¡Vamos papi dime!
-Lo sabrás cuando llegue a casa; hasta eso obedece a mamá y al abuelo ¿sí?
-Esta bien. Pero mami está volviendo a demorarse; no quiero que se quede dormida en mi cumpleaños, y es que hable con Bonnie hace un rato y me dijo que iba a estar muy bonito y me iban a hacer un enorme pastel rosa con las hijas de las princesas. Quiero que estén los dos conmigo...
-Por favor no te pongas triste, voy a llegar pronto, prometido ¿recuerdas?¿con el meñique?
-Sí papi...te quiero.
-Yo también mi niña, nos vemos...
-Bye...
El conde volvió a tomar su iTaud algo preocupado:
-Jamás creí que Draculaura volvería a darme estos dolores de cabeza.
-Cada vez que lo pienso, siento que no reconozco a la monstruo con la que me casé...
-Antes pudo superar. Y otra vez lo hará. Es mi única esperanza...
-Espero que tenga razón. Bien, avíseme si sabe algo de ella, ya nos están pidiendo los boletos, debo colgar. Hasta luego.
-Te veo después muchacho.
1 de enero de 2025: Noche
El día de hoy Bangladesh ha vuelto a ser escenario de una masacre contra la minoría de djinni, perseguida en ese país por llamado de un amplio número de autoridades religiosas, esta vez en la misma capital, donde un sector entero de la ciudad fue asaltado por las llamadas patrullas de la sharia con armas de alto calibre y luego incendiado hasta los cimientos; no se conoce de un número de muertos, ni de sobrevivientes...
En aguas internacionales del Océano Pacífico, la Sexta Armada de la MPDF ha sufrido la total destrucción de una de sus flotillas de reconocimiento, el cual deja un saldo de 53 muertos y 163 heridos; los informes preliminares dados al público no han identificado al autor del atentado, y aunque las sospechas caen sobre algún supuesto grupo de asalto marítimo de La Resistencia, hasta el momento de este reportaje ninguna organización ha reivindicado el ataque.
Clawra estaba siendo arreglada con un elaborado y enorme lazo de seda rosa sobre su cabello por Bonnie mientras una sirvienta zombi le alisaba el cabello; otra sirvienta le sugería pares de zapatitos para ponerse, y ella se encaprichaba por no ponerse ninguno para la ocasión. De hecho la niña estaba un tanto incómoda con las atenciones que estaba recibiendo, mas prometió portarse bien, y eso es lo que haría.
Llevaba un vestidito fucsia con un cinto blanco bellamente amarrado por detrás, una faldita estampada de patrones victorianos y con borde tejido en blanco que llegaba hasta sus tobillos, así como una blusita del mismo color con mangas largas abombadas en los hombros y descampanadas en los brazos. Tenía puestos también guantes de seda blancos en sus manos. Su falda era abombada rellena por capas de tul, y llevaba largas medias de seda, y en los pies finalmente decidió ponerse zapatitos rojos de hebilla dorada con bajos y anchos tacones cuadrados.
-Bonnie, tengo hambre. Traeme chocolates, por favor.
-Sabes que no puedo Clawrie; tu abuelo fue muy claro. No quiere que estés inquieta durante tu fiesta.
-Pero si la fiesta empieza a la medianoche. Yo quiero comer algo ahora.
-Nada de eso bonita. Ahora vamos al salón, debes repasar la etiqueta...
-Está bien- suspiró ella ecuánime.
Y así Bonniegwyn llevó a la niña al salón, donde el mayordomo pasó un par de horas refinando su saludo, la reverencia de respeto, enseñándole qué cubiertos debería usar para cada comida y hasta en qué forma debía caminar y taparse la boca en caso de eructar o toser, siendo que aquello no sería bien visto.
-No pequeña condesa, es así.
-Eso hago.
-No debe sacar el pulgar, debe tenerlo en el puño.
-Ok.
-Espalda recta. Pies juntos.
-¿Así?
-Espléndido mi señorita
-Las manos en la espalda. Tome su muñeca derecha con el indice y el pulgar de la izquierda. Luego debe soltar suavemente y...¡no, no, no!
-¿Por qué está mal?
-Sea más delicada.
-Eso es lo que estoy haciendo.
-De nuevo...
Se hizo las 10:35, y alguien estacionó su auto en el patio garaje antes de que las puertas volvieran a cerrarse con sus traqueteos característicos. Clawrie salió corriendo hacia allá:
-Señorita venga para acá, aún no hemos acabado...
Recorrió el palacio hasta la entrada del patio, y allí iba llegando Clawd halando una gran maleta con ruedas y otras cosas encima de esta:
-¡Papi!¡Viniste!
El lobo la alzó en sus brazos y dándole una media vuelta la abrazó y le dio un beso en la frente.
-Hola pequeñita. ¿Quieres ver el regalo que te traje?
-¡SI!
El padre bajó a su ansiosa hija y esta corrió a su alrededor y alrededor del vehículo, mas no sabía donde buscar:
-¿Dónde está?- respondió cruzándose de brazos.
Clawd se acercó y tras usar la llave abrió la cajuela. Una gran caja de regalo color verde pastel envuelto en cinta rosa estaba ante la pequeña, quien comenzó a dar saltitos de emoción:
-¿Es lo que creo que es...?
Él cargó la caja, y volviendo a tomar sus maletas añadió:
-Vamos a tu habitación y averiguémoslo.
Cuando llegaron al cuarto, el lobo puso la caja en vertical:
-Ábrelo.
Clawra uso habilmente sus pequeñas garras para despedazar la envoltura cual si estuviera influenciada por la luz de luna. Al ver la caja con frente transparente dentro, se paró entusiasmada y pegó un grito de alegría, arrojándose a abrazar a su padre:
-¡Papi gracias, gracias, gracias, es lo que más quería, gracias, gracias, gracias, te quiero!
El mayordomo apareció tras la puerta, y tocando esta intervino:
-Ejem...buenas noches señor Clawd. Espero su viaje haya sido fructífero.
-Lo fue Edward. ¿Oye, Draculaura ya vino?
-Temo que la condesa aun no ha regresado.
-¿Cómo que no ha vuelto? Pronto comienza la fiesta...¿la llamaste?
-Por supuesto. Pero no está contestando llamadas.
-Lala...
-Si me disculpa señor, llamaré a Bonnie...es decir, Bonniegwyn, para que acomode su equipaje; en cuanto a la señorita Clawra, debe terminar su práctica.
-Esta bien- le miró el lobo con una sonrisa sospechosa -Ya vamos para allá.
El sujeto se fue, y ambos siguieron un poco más con el asunto del regalo:
-¡Son las princesas protagonistas de Ever After High con la escuela incluída y sus accesorios!¡Y también está Darling Charming la caballero blanco, es mi favorita!¡Gracias papi!
-Has sido una niña muy buena y estudiosa Clawrie, así que decidí comprartelo tal como querías.
-Bueno...
-¿Bueno qué?
-Es que hoy se me dañó el celular con un anuncio raro...
-Clawra Wolf, no lo puedo creer...
Clawd le pidió con un gesto el teléfono a la niña, quien se lo dio algo triste:
-Veamos...
Un anuncio de color negro con el dibujo en negativo de un hombre de Vitruvio desollado e invertido con cráneo por cabeza en el centro tenía una frase bajo sí que rezaba:
"Las abominaciones han de borrarse de la Tierra y los puros de corazón han de heredarla"
-Estuve jugando juegos de Barbie en el internet y salió eso. Y no se quita...
El lobo recordó que de todas formas el celular tenía AdBlock y filtros de control parental. Así que aquello no se lo explicaba, y solo se limitó a rascar un poco tras la oreja a la pequeña:
-No es tu culpa cachorrita; a veces las cosas se descomponen, es normal. Lo haremos arreglar mañana.
-Ok.
-Ahora ve con el mayordomo, yo me cambio y bajo en un rato ¿sí?
-Claro- y la niña se despidió. Pero antes de irse volvió a asomar sus ojos por la puerta abierta -Gracias por mi regalo- susurró, y se fue.
¿Y es que acaso era tan relevante el evento? Pues lo era en virtud de que Draculaura y Clawd presentarían a la niña ante la mismísima Reina Vampiro, Elissabat, además de ante el Alto Consejo y los Embajadores; Clawra iba a ser ungida oficialmente ante los vampiros nobles como parte de su oligarquía, y reconocida en un rito como tal. Una parte de los notables se pusieron en contra de reconocer a una híbrida, mas una mayoría había acordado en votación sí hacerlo, por lo que serían estos últimos quienes asistirían al cumpleaños de la pequeña en el castillo.
Sin embargo ambos padres debían estar allí (incluso si Clawd por ser de otra especie no tenía permitido estar en la ceremonia, la reina hizo una excepción con él por ser el padre de la ungida); y el gran problema era que si Draculaura no llegaba a tiempo, la pequeña corría el riesgo de ser rechazada y obligada a vivir fuera de cualquier territorio de vampiros junto con sus hermanos y el mismo Clawd, a quien se toleraba por ser el protegido de Drácula.
Y pensando en esto el lobo se vistió en su mejor traje, trató de marcar una última vez a su esposa sin éxito, se lavó la cara, y bajó al vestíbulo a esperar en la entrada a los invitados mientras su pequeña iba de aquí para allá dando saltitos con la muñeca de Darling haciendo como si volara luchando con un dragón imaginario. En eso llega Bonnie:
-Señor Clawd; los bebés ya están dormidos.
-Gracias Bonnie; lo aprecio mucho. Ojala eso lo hiciera Lala...
La esqueleto se sentó al lado del lobo:
-Señor, perdone mi intromisión, pero creo que su esposa la condesa ama tanto a sus hijos como usted. Solo que está...algo perdida, y necesita encontrarse.
-Hay que admitirlo; Draculaura es inmadura. Incluso su cuerpo sigue siendo igual al que tenía cuando la conocí.
Ella solo rió en voz baja, tapándose la boca.
Entonces al frente llegó una limusina, y de ella salieron dos vampiros, un chico y una chica. El lobo los reconoció de inmediato al bajar del fino vehículo mientras un jorobado con traje, el chofer, ayudaba a la fémina a bajarse. Al bajarse vieron a Clawd y también le reconocieron; fueron subiendo las escalera:
-Clawd Wolf; tiempo sin vernos- saludó el hombre.
-Buena noche Bram, bienvenido.
-Hola Wolf.
-¿Qué tal Gory?
-Obviamente que bien- respondió ella pegándose a Bram.
-Me alegro. Por favor pasen; Edward los llevará al salón.
-Si nos permites...
-Por supuesto, sigan.
-Por aquí mis señores...
Así pasó el tiempo, y llegaron quienes habían de llegar. Clawd saludaba a todos conforme iban entrando; algunos no lo miraban con buenos ojos y algunos de aquellos incluso solo hacían reverencia sin darle la mano. Clawra estaba pegada a él también dando la bienvenida como le habían enseñado; finalmente el mayordomo les iba guiando al salón y el jardín donde estaba dispuesto todo para la celebración.
Los invitados iban acomodándose en sus lugares reservados no sin antes ser recibidos por el conde Drácula, quien a cada momento que tenía a solas miraba la hora en su propio iTaud, siempre con impaciencia, con la esperanza de que pronto llegase su hija. Mientras tanto las sirvientas iban llegando con papel y carta en mano para anotar las órdenes de la noche; el viejo vampiro miraba en derredor preguntándose si Lala sería tan terca como para no ir al cumpleaños de su propia hija mayor por un simple menú que incluía sangre en él. Le pareció demasiado absurdo (aunque no descabellado) por lo que descartó esa idea de su mente de inmediato.
Pasaron los minutos y ya eran las 12 cuando revisó la hora por última vez. Bajó el iTaud y se recostó en la pared del pasillo frente al salón, cogiéndose la frente con dos dedos:
-¿Draculaura dónde estás?- se preguntaba el vampiro ahora sí demasiado angustiado -¿Acaso pasó algo contigo? Espero que estés bien.
-Señor Drácula, ya llegaron todos. ¿deberíamos pasar ya?- interrumpió Clawd.
-Primero iré yo. Debo presentar...
Y así lo hizo. Pasó al medio de la cámara, y tomando un micrófono de oído empezó:
-Doy la bienvenida a todos vosotros, distinguidos invitados de la asamblea. Y sobretodo a su Majestad la reina Elissabat.
Todos aplaudieron y el conde hizo una reverencia con su capa. Tras continuar con otros saludos protocolares, llamó a la pequeña y sus padres:
-En este momento he de presentar a la comunidad vampírica aquí representada a su nueva integrante; la pequeña condesa Clawra Wolf y a su padre Clawd Wolf.
Los vampiros volvieron a aplaudir, aunque con menos entusiasmo; los mismos algunos murmuraban entre sí, y miraban de reojo al lobo que había pasado. Es cierto que habían visto a ambos en la entrada, mas la sorpresa de ver a aquella niña con pelaje en sus antebrazos y orejas caninas aún no se les había difuminado; uno de ellos incluso reía tapándose la boca. Clawrie se dio cuenta, y su mirada se entristeció un poco, mas sin dejar de sonreír y saludar mientras se sentaba en la mesa central que era la más grande, y donde estaría con su familia, la reina y los embajadores. El lobo también volvió a ver al insolente y este de inmediato agachó la cabeza.
-¿Y dónde está la condesa, conde Drácula?- preguntó uno de los concejales con una sonrisa sardónica.
-Ella se reunirá con nosotros muy pronto duque Nosferatu.
-Eso espero- dijo el otro cruzándose de brazos.
Drácula continuó hablando y deseó buen provecho a los asistentes, tras lo cual se sentó a la mesa; un par de sirvientas le llevaron la cena que habían pedido a él, a Clawd y a Clawrie, no sin antes servirle un par de zombis su banquete personal a Elissabat, quien comenzó a desangrar su cena con delicadeza. Solo entonces los demás tuvieron permitido empezar a comer.
El aroma irresistible del enorme filete con papas fritas que le sirvieron a Clawd impulsó a este a desgarrar aquella carne con los dientes, lo cual indignó a algunos de quienes estaban en las otras mesas. Elissabat vio esto y le tocó el hombro al lobo:
-Clawd, por favor, los notables te están mirando. Intenta comer más lento.
Tras tragar un bocado, este respondió algo avergonzado:
-Ehm...lo siento.
Al terminar de comer, el conde limpió sus labios con una servilleta, y tras echarse fragancia para el aliento, se levantó dirigiéndose hacia el centro del salón:
-Espero los invitados hayan disfrutado la cena de esta noche.
-Realmente deleitente conde Drácula; inclusive alguno que otro la disfrutó tanto que dejó el plato vacío antes que todos- añadió Bram mirando a Clawd.
Varios vampiros rieron ante aquello:
-¡Silencio!- exclamó Elissabat poniéndose de pie. De repente todos miraban a otro lado.
Volvió a sentarse, y el conde siguió:
-Se lo agradezco Majestad.
-Muy bien, tal como iba diciendo, espero que haya sido provechosa. Pues ahora ha llegado el momento de traer el pastel.
Y con un par de aplausos Drácula hizo traer en un carro llevado por Bonniegwyn un inmenso pastel rosa y blanco de 4 pisos, imitando este la forma de la Torre de Babel. Los ojos rosas de la pequeña se abrieron como platos al ver aquello y parándose dio sus saltitos.
-¡Wow!¡Qué grande es!
La mayoría de los vampiros presentes rieron levemente, esta vez porque les enterneció la reacción de la niñita. Una sonata de orquesta comenzó a resonar en las altas paredes, y todos se pusieron de pie, sin embargo algunos no cantarían aquella canción que Drácula comenzó a cantarle a su nieta:
-Cumpleaños feliz...
Tras haber degustado el pastel con relleno, Drácula dio paso a la reina, quien iniciaría la ceremonia de unción:
-Por generaciones, los vampiros hemos seguido las tradiciones y estas jamás nos habían sido perjuiciosas; mas en este nuevo día donde todas las razas de la Tierra se han vinculado entre sí, las mismas se nos presentan como una excusa para que algunos de nosotros cerremos la mente y el corazón al cambio que está ocurriendo ahora mismo, amenazando regresarnos a la oscuridad. Aun así he de defender la tradición en tanto no es ella misma la que provoca esta división, sino aquellos que en su soberbia creen poder interpretarla a su antojo. Es así que hoy, poniendo la mano en el corazón vampiro que aquí porto, solicito a todos ustedes se me otorgue el Gran Caliz de la Unción para reconocer como una de nosotros a Clawra Wolf, quien se nos presenta como un primer paso de nuestro linaje hacia la integración y como una promesa futura de un mundo donde todos puedan convivir en paz.
Todos se pusieron de pie, poniendo la mano en el corazón:
-Y asi nosotros concedemos tu petición, Reina Nuestra, Madre Nuestra- y tras decir esto los vampiros se acercaron a su reina y cerraron filas en torno a ella.
Entonces un caliz embadurnado en pan de oro con rubíes de como treinta centímetros de diámetro fue entregado a Elissabat por el primero de los embajadores, que de hecho era el mismo Drácula, a quien le fue entregado por el mayordomo, que lo había estado guardando celosamente en las mazmorras desde hace un mes por encargo de la monarca.
El conde hizo una reverencia retirandose, y elevando el recipiente ante la audiencia, la reina exclamó:
-Que la nueva hija de vampiros venga a mí
-De un hombre lobo, y una vampira- añadió Clawd a su suegro, quien ya estaba de pie a su lado.
De allí salió el lobo llevando a su hija de la mano izquierda; Draculaura debería estarla tomando de la derecha, pero seguía sin aparecer. Los presentes murmuraban:
-Si solo es hija de un hombre lobo no creo que deba ser ungida, ¿o sí, mi reina?
-No te entrometas, Nosferatu. En cuanto a tí, Clawd, debo darle la razón; si tu esposa no llega, no podré proceder.
-Yo no sé...dónde está.
La sala entera se asombró.
-¡¡¡ESPEREN!!!¡¡¡ESPEREN!!!
Unos gritos disonantes y chillones a lo lejos llamaron la atención; por uno de los pasillos estaba llegando una mujer con el cabello desaliñado, una mugrienta blusa entreabierta y una falda de oficinista ceñida, manchada de misteriosas sustancias. Un hedor bastante fuerte salía de aquella chica de piel y ojos rosados. Elissabat se aterró:
-¡DRACULAURA!¿QUÉ TE PASÓ?
Lala seguía acercándose, tambaleando y con hipo, ante el asco de otros vampiros, aunque Gory y Bram sonreían victoriosos, chocando los puños. Clawd miró al suelo, y Clawrie fue corriendo hacia su madre, quien iba llegando, sujetándose de las mesas, y ensuciándose las manos con sobras en el camino:
-¡Mami, llegaste...!
-Clawrie, espera...!- exclamó muy tarde Clawd pues ya la niña fue corriendo hacia su madre.
La vampira la sujetó de la muñeca con tanta fuerza que la niña se puso a forcejear y a emitir quejidos:
-¿Oye qué es eso que está sobre la mesa?¿Una de esas mierderas princesitas machonas?¿Qué te he dicho de jugar en la cena con esa basura? ¡Eres una niña mala, mala!
Y comenzó a darle cachetazos en la cara y la espalda ante el horror de los espectadores:
-¡Draculaura, suéltala ahora mismo!- era Clawd quien avanzaba furioso hacia ella.
La vampira la soltó con violencia, echándola al suelo; Clawrie igual se paró y fue asustada a abrazarse de su padre:
-¡Tú!¡Tú maleducas a nuestra hija con tus estupideces!¡Vete a la mierda, tu no me quieres! No me quieres...
Y Lala se intentaba echar al suelo llorando mientras su marido la agarraba de los brazos cintura intentando retenerla:
-¡YA FUE SUFICIENTE!- gritó Drácula silenciando al salón entero; mirando seriamente a su hija fue a encararla por la insensatez que estaba cometiendo en ese instante.
La vampira volteó a verlo y empezó a hacer gestos con los brazos mientras se bamboleaba:
-¡Papi, adivina quién consiguió el maldito trabajo! ¡Yo! Me dieron ese horrible trabajo. Asi que fui a celebrar, jajajaj...y adivina qué más, ya estoy aquí para festejar la unción de mi pequeña, jajajaj...
-¡¿Cómo pudiste hacer esto ahora Draculaura?!¡Nos estás dejando en vergüenza!
Draculaura volvió a cambiar de feliz a enojada en un instante:
-Sí, sí, claro...pero aún tengo hambre.
La vampira fue a la mesa donde debería haberse sentado antes y se puso a comer torpemente con las manos su cena vegana que se había enfriado...en un momento se durmió con su cara cayendo al plato.
Drácula estaba furioso, así que fue a zarandearla:
-¡Draculaura!¡Vete de aquí ahora!
Lala se espabiló quejándose, y finalmente le escupió en la cara, indignando a todos:
¡¿Por qué estás tan molesto?!¡Yo debería estar molesta! ¡Aún no sé...cómo te atreviste a mandarme a trabajar, y en un lugar así. Sabes que le tengo fobia a la sangre, sabes lo que me provoca...!
-¡No puedo más con esto!¡Debes superar ese tonto miedo de una buena vez!¡Te hace ver ridícula ante todo el mundo!- le gritó el conde haciendo a un lado su capa y señalándola.
Lala explotó de rabia, y soltándose del agarre de su padre, tambaleando unos pasos miró a todos con los ojos encendidos:
-¡Jódete viejo de mierda, jódete Clawd, jódete niñita machona, jódanse todos ustedes, en especial tú, actriz de cuarta!- y señaló a Elissabat.
Lala tras esas palabras vomitó profusamente en el piso, generando aun más enojo y disgusto entre los asistentes, que ante aquel espectáculo surreal se estaban yendo del castillo. Clawra solo se agarraba del brazo de Clawd, y gimoteando le gritó a Draculaura:
-¡¿Por qué arruinas mi cumpleaños mami?!¡¿Qué te hice?!
-¡Nacer, eso hiciste!- y al escucharse ella misma se asustó.
La niña estalló en llanto y frotándose los ojos se fue corriendo a su alcoba.
-Ven acá- Clawd tomó a Lala del brazo y se la llevó de allí -vas a disculparte con Clawrie ahora mismo.
Todos los vampiros invitados se retirarían del castillo, quedándose solamente los anfitriones y la Reina, quien fue al despacho del dueño de casa a tener una conversación seria:
-¡Conde Drácula!¡Esto es inaceptable!
-Reina mía yo...
-No sé porque Draculaura se ha convertido en este despojo, pero habiendo visto lo que hizo, sin duda no ungiré a nadie aquí; es cuestión de normas, y si ella no las va a respetar, no tengo yo más opción que deshonrarla, y expulsarla de la comunidad. Y por tal motivo Clawrie tampoco puede ser integrada; quiero mucho a esa niña, pero no me han dejado alternativa. Sé perfectamente que ella no tiene la culpa de lo que pasó hoy.
-Lo entiendo. Y no, no la tiene.
-Solo realizar un acto de heroísmo inigualable podría recobrar el honor de Draculaura. Y no creo que eso pase. Lo lamento.
-Obedeceré su voluntad, Majestad.
-Bien. Ahora debo irme.
Elissabat se comenzó a retirar del despacho cuando su teléfono sonó.
-Hola, ¿quién habla?
-¡Majestad! (toses secas)
-Barón Lestatt, ¿cuál es el problema?
-¡Nos están matando!¡Fuimos traicionados!¡No podemos con ellos! (toses secas)
-¡¿Por quién?!-AHHHHHHHH...
-¡¿Lestatt?!¡¿Lestatt?!
Pasó como medio minuto, y al final unos sonidos ahogados precedieron a una voz moribunda:
-Ocúltese...van por usted...estan cer...
La línea se cortó tras el sonido de algo rompiéndose.
-Debo salir de aquí ahora.
-Es muy arriesgado. Debe permanecer en el castillo, será más seguro...
Drácula entonces tomó el intercom:
-¡Atención!¡El palacio está bajo amenaza; cierren las entradas, y que toda la guarnición acuda a las murallas, rápido!
-¿Y qué haremos nosotros?
-Sígame por aquí alteza, sé donde jamás van a encontrarla...
Y transformándose ambos en murciélagos, volaron perdiéndose por los pasillos.
Las puertas fueron cerradas, las vigas cruzadas, las levadizas alzadas y las rejas puestas a toda prisa; una alarma sonó por varios minutos mientras los sirvientes se encerraban en sus habitaciones y las armaduras vivientes tomaban armamento moderno del arsenal y se colocaban en posiciones defensivas a lo largo de todo el perímetro de la muralla; ya a la distancia corrían a supervelocidad los vampiros traidores, y sin embargo no eran los únicos monstruos allí; cientos de figuras con uniformes paramilitares y pasamontañas iban en vehículos reforzados siguiendo a los chupasangre, secundándoles.
-¡Aquí vienen!- gritó una armadura de alferez.
-Objetivos fijados. En posición.- decía otra armadura mientras apuntaba una especie de reflector.
Los vampiros comenzaron a rodear el castillo, buscando puntos vulnerables; Nosferatu estaba justo en medio del camino por el que su limusina había marchado, y junto a él estaban Bram, Gory, y tras ellos un Lord Stoker en armadura de mariscal:
-Los tenemos rodeados mi amo. Y nuestro contacto adentro dice que todas las salidas están cerradas. ¿Cuáles son sus órdenes?
-Mantengan sus posiciones señor Nosferatu. En cuanto a ustedes dos, transfórmense y busquen a mi sobrina; llevo tiempo queriendo darle un regalito- y diciendo eso desenfundó una pistola con una bala en medio brillando en un intenso morado -Con los leales muertos, nadie evitará lo que viene. Y es que a mi nadie me humilla, y menos tú niñita...
Mientras tanto Clawd había dejado sobre la cama a su intoxicada esposa, quien moviéndose sobre el cubrecamas como un bebé, balbuceaba incoherencias que el lobo, preso por la ira, no era capaz de captar:
-¡Esto fue lo último Draculaura!¡Lo último que le vas a hacer a nuestros hijos!¡La última vez que nos fallas a todos!¡Quiero el divorcio!
Draculaura se paró en seco, con los párpados entrecerrados, y mirando de un lado al otro respondió finalmente fijando la vista en el lobo:
-No. ¡No!¡No puedes hacer esto!¡No vas a abandonarme!¡No te dejaré!- la vampira agarró del brazo a Clawd con fuerza, casi clavando las uñas en su carne.
Fue cuando oyeron al conde por el altavoz.
-¿Qué...pasa...(hip)...qué, qué pasa?
-No lo sé. Debemos ser cuidadosos, y ya luego hablaremos...-dijo él soltándose de Draculaura.
Intempestivamente entró Drácula, quien tomó brevemente su forma real:
-¡No hay tiempo para explicar, deben seguirme ya!
Ambos se miraron, y fueron corriendo a las habitaciones de sus hijos:
-Toma a los bebés, yo iré por Clawra
-Si...(hip)...si...
El lobo entró al cuarto, y allí, mientras abría la puerta, vio a la pequeña llorar boca abajo en su rosada cama, agarrando su muñeca de Darling.
-Hija, ven conmigo. Debemos irnos.
-No quiero.
-Debo arreglar esto. Y lo haré ahora.
Sin rechistar Clawd tomó a la niña en sus brazos, y a pesar de las pataletas la llevó a toda velocidad en la dirección que el conde les indicaba.
Draculaura a paso vacilante iba cargando a Howlstatt y a Fangie mientras iba dando alcance a los dos murciélagos que volaban delante de ella; de inmediato reconoció a uno:
-¿Y tú que sigues haciendo aquí?
Elissabat no respondió.
Finalmente llegaron a un tramo del pasillo que acababa en una pared con un vitral en lo alto, donde se ilustraba a Drácula y a su hija adoptiva en ropas medievales. El vampiro se volvió a su forma y pisando una baldosa de piedra activó una trampilla en el suelo que destapó una serie de escalones en caracol.
-Por aquí.- dijo el conde.
El grupo bajó, y cuando estuvieron bajo el nivel del piso la trampilla se cerró. Continuaron escaleras abajo por un par de minutos, solo valiéndose de su visión nocturna, hasta que llegaron a un pasadizo con luces de emergencia, el cual giraba suavemente en medio círculo y ligeramente hacia abajo hasta llegar a un par de puertas de roble anchas como de tres metros de altura.
-La vieja sala de la Orden Umbría. Aquí estarán a salvo...
Drácula sacó de debajo de su camisa un collar de oro cuyo pendiente dorado era bastante peculiar; era practicamente igual al emblema de Monster High pero sin el lazo, y con rubíes en las cuencas. El vampiro se lo sacó y lo engarzó en una hendidura.
Tras girarlo unas veces a la derecha, otras a la izquierda, otras un poco más, otras un poco menos, la entrada se abrió hacia adentro, y todos pasaron hacia la sala decorada en sus paredes por escudos y armaduras nobiliarios, así como de una maciza mesa redonda en el centro; además de eso habían muchas cajas de suministros modernas apiladas por aquí y por allá.
El vampiro se quedó contemplando el lugar mientras los demás se acomodaban bajo la luz de un fino candelabro de cristales recientemente instalado. Elissabat fue la primera en percatarse:
-¿Entrará, conde?
Drácula fue directo a ella y tras ponerle la mano en el hombro, haciendo una solemne reverencia con la cabeza, fue hacia su hija, quien estaba sentada flojamente sobre una pila de cajas, tratando de callar a Fangie, quien lloraba a todo pulmón.
-Draculaura. Debo ser breve. Sé que seguramente no te acordarás de lo que te estoy diciendo visto lo intoxicada que estás, pero aún así...
-¿Eh?- Lala volteó a ver pesadamente a Drácula.
-Quiero que tengas esto.
Y tomando en sus manos el collar con el pendiente de calavera, lo puso en la mano de Lala, quien mareada parecía no entender la situación, limitándose a sonreír intentando no volver a vomitar.
-Es un amuleto familiar muy importante. Y quiero que lo tengas, porque a pesar de todo...eres mi hija.
-Pero, yo no merezco ser tu hija...
Lala empezó a llorar como bebé de teta diciendo esto. Clawd se acercó llevando de la mano a Clawrie, quien tenía los ojos enrojecidos mientras hacía ruidos con su nariz. Ella entonces los miró echando lágrima y moco a granel:
-Ya no soy tu esposa. Y no merezco que me llames madre Clawrie.
La niña volvía a sollozar; había mucha tensión liberándose, y la Reina de los Vampiros lo observaba todo sentada en uno de los asientos de la mesa. Drácula continuó:
-Nosotros siempre seremos tu familia Draculaura. A pesar de todo.
Y entonces arrodillándose el conde la abrazó con fuerza, sonriendo:
-Sin embargo ahora mismo estamos en peligro; y es mi deber proteger a esta familia, y a la reina.
-¿Cual es ese peligro?
-Traidores- agregó Elissabat.
-Pero...ellos deben ser más. No papá, no... vayas, por favor. Quédate con nosotros.
-No puedo. Debo hacer esto; recuerda que pase lo que pase siempre estaré contigo. Y Clawd, muchacho, sé que es pedirte demasiado pero, cuida de ellos por mí, por favor.
-Lo haré suegro. Lo juro.
-Papá. No te vayas, necesito que me perdones...
El vampiro le tomó ambas manos:
-Perdónate a tí misma mi niña. Y luego levántate.
-Papá...-gimoteaba Lala.
-Abuelito quédate.- dijo Clawra acercándose y halándole la capa.
El vampiro se dio vuelta y acarició la melena ondulosa de su nieta, quien lo abrazó con todas sus fuerzas, y tras levantarse besó las frentes de su hija y sus otros dos nietos, para entonces ir hacia la puerta. Volteó una última vez:
-Las veo del otro lado...- y antes de salir señala al amuleto y dice -recuerda un nombre y di "exto monstrum". Lo demás está en la mesa.
Nadie pareció entender esa última frase, y así el vampiro se alejó y cerró la puerta pulsando un botón de piedra. Draculaura gimoteaba, agarrando el amuleto como si este fuera a escaparse; y poco antes de que las puertas acabaran de cerrarse corrió en dirección a ellas:
-Papá ¡papá!¡no!¡no!¡perdóname! (gimoteos) perdóname...
Elissabat la contuvo a medio camino, y Lala se echó al suelo, todo aún cargando a sus bebés.
Clawd se acercó y la llevó gentilmente a una de las sillas.
-Ya lo oíste; nosotros no debemos perdonarte. No si vas a volver a intoxicarte una y otra vez y a seguir despilfarrando lo que tanto nos ha costado ganar a mí y a tu padre.
-Clawd...
-Honestamente creo que nuestra relación no tiene arreglo en este punto, pero por mis hijos yo hago lo que sea; de ahora en más será tu problema si cambias o no.
-Yo...
-Si algo debes hacer en este momento es disculparte con Clawrie.
-Sí, está bien- suspiró la vampira.
Ambos miraron a su hija mayor sentada en la caja, cruzada brazos y de espaldas, tratando de ignorar todo, contemplando su juguete nuevo. El lobo la llamó:
-Clawrie ven. Mamá tiene algo que decirte
La niña no obedeció. Finalmente dijo:
-No me importa. Que se muera.
La niña se sentó de espaldas en una de las cajas.
-Tienes razón en enojarte conmigo Clawrie. Pero eso no justifica que me trates así; ¡soy tu madre y tienes que escucharme...!
-Draculaura...
-Está bien. Escúchame bonita, lo lamento, sé que actué mal, y que arruiné todo, juro que lo voy a remediar ¿sí? que vamos a estar juntas más tiempo, que aceptaré que seas quien decidas ser y que seré mejor mamá.
Nunca más me enojaré por los juguetes que te gusten o porque no tengas el mismo gusto para maquillarte que yo; estaré cuando me necesites, y juntas saldremos adelante, en familia.
-Ya me has dicho cosas así antes. ¿Por qué voy a hacerte caso ahora?
-Porque es de verdad, siempre lo fue. (Aunque al final siempre rompiera mis promesas, y me fuera con mis amigas a beber o de viaje con algún galán)
-No te creo. Déjame sola.
-¡¿Qué?!- exclamó Clawd descolocado.
-Esta vez no te miento; no les miento. Te amo Clawrie, amo a mis hijos, y te amo Clawd. Porque no hay malas amistades ni hombres apuestos ni licor que me vayan a alejar de mi familia. Y lo voy a demostrar; aunque tenga que amarrarme con cadenas para no volver a caer, lo haré.
-¿Me has estado siendo infiel?¿Cómo pudiste?
-Porque quería a mi esposo cerca de mí; y al no tenerlo recurrí a lo más fácil. No tengo perdón, lo sé.
Entonces Lala se arrodilló ante la Reina, que seguía sentada, atenta a lo que pasaba frente a sí:
-Es por eso que ante tí, Elissabat, hago este juramento; si volviese a fallarle a mi familia, si volviera a ofenderte, amiga, si decepcionara a mi padre de nuevo, yo dejaré sus vidas para siempre, y nunca volveré.
-De hecho amiga, ya no soy tu reina.
-¿Qué?
-Así es. Ya le dije a tu padre que te expulsé de la comunidad. Lo siento, no me dejaste alternativa.
-¡Oh no! Entonces por eso papá fue a arriesgar su vida allá afuera; quiere recuperar el honor manchado por mi estupidez de hace rato, y ahora morirá por mi culpa...
La reina, parándose molesta, la retó:
-¡Tienes razón, tu honra es sólo tuya, y eres tú misma quien debería recobrarla!¡Y sin embargo es tu padre quien salió allá, no por mi, sino por ti, a pesar de escupirle en la cara, y avergonzar a Clawrie, a pesar de que humillaste a tu propia familia y a pesar de haberme puesto a nada de ser derrocada, de seguro por nobles quienes supuestamente me eran leales y esperaban tener una excusa para apuñalarme por la espalda!¡Y tu se las distes!¡¿Y todo por qué?!¡¿Porque decidiste no madurar y volverte adulta de una buena vez?!
-¡Entonces déjame salir de aquí!¡Yo defenderé este castillo y salvaré a mi padre!
-¿Ah sí?¿Y cómo piensas hacer eso, y encima estando en ese estado?¡Yo ni siquiera sé como salir!¡Así que mejor encárgate de tus hijos mientras yo sí intento hacer algo!
-¡Pues bien!
-¡Bien!- gritó la reina en respuesta.
En ese momento había golpeado una parte de la mesa, y de repente se abrió un cajón de un lado. Allí había una serie de pergaminos bien sellados en cera roja con la marca de los Drácula, apiñados y polvorientos.
Elissabat tomó uno, y cortando el sello con una de sus afiladas uñas, lo abrió y comenzó a leer el latín clásico en que estaban escritos. Sorprendida alzó su vista del papel.
-¡Vaya!¡Son instrucciones! Pero no soy muy buena en latín clásico así que me tomará un tiempo...
-¿En verdad? Déjame ver, yo sé de latín clásico- replicó Lala.
-Te dije que cuides a tus bebés- respondió Elissabat volteándose.
-Pero si aquí los tengo, los estoy cuidando. Y...mejor no sigamos gritando, estoy mareada, y Fangie acaba de dormirse.
-Tienes razón. Mejor descifremos esto...
Clawd estaba muy frustrado por lo que acababa de oír de Draculaura; Clawrie no habia dejado de estar de espaldas mientras sus lágrimas le saltaban peinando a su muñeca con los dedos.
-Darling, quisiera ser fuerte y valiente como tú...
Su padre seguía yendo de un lado al otro pasandose la mano por la cara, sin saber que hacer. Y en eso algo le llega a la mente:
-¿Licor? Pero si a los vampiros no les afecta el licor normal; no pudo volverse una ebria con ayuda de normis, sino que debio ser gracias a otros vampiros y...¡debo saberlo ahora que está así, tiene la lengua suelta, es mi primera oportunidad en los cinco años que llevo con estos problemas!
El lobo se acercó a Lala intrigado y sorprendido de su propia ceguera mental:
-Draculaura.
-¿Sí Clawd?- dijo ladeando el rostro con vergüenza.
-Los vampiros no se embriagan con las bebidas alcoholicas de los normis ¿cierto?
-Cierto.
-¿Entonces qué licor es ese que bebes que te deja así?
-Elixir de unicornio, destilado de dragón, y algo llamado licor lunar. Sí, me lo dan mis amigas desde hace tiempo...
-¿Y cómo se llaman esas amigas?
-Gram y Bory. Son vampiras como yo, ¿por qué?
-Por nada en realidad cariño. Oye dime ¿cómo son ellas?
-Una es rubia de pelo corto y la otra es pelinegra, la una es alta y robusta y la otra es muy esbelta, la una tiene voz gruesa y la otra...
-¿Y siempre vas de fiesta con ellas verdad?
-Si, siempre, de hecho solo voy con ellas. Y cada vez que nos encontramos el barman nos pasa un trago de cortesía; de hecho allí es cuando me pongo contenta...bueno, es justo entonces cuando ellas aparecen.
-¿Recuerdas sus rostros?
Lala se sentó un momento a pensar.
-Bueno yo...no. Espera. No, no me...acuerdo yo...una es carilarga y la otra tiene menton triangular. Es borroso. Es verdad. No me acuerdo de sus caras.
-Draculaura- intervino Elissabat -no sé tú, pero creo que esos nombres Gram y Bory me suenan a algo...
-¿Crees que...?¿Gram y Bory?¿Qué? ¡No!
-Bram y Gory- dijo Elissabat -es obvio.
-No puede ser- respondió Lala alarmada y despertando de un terrible engaño- Pero, entonces, ellos...debian poner siempre alguna droga en mi bebida de cortesía; y luego me daban de beber, y yo bebía. Porque ellos me lo ordenaban. Estoy por perder a mi familia por esos dos infelices...¿pero por qué me harían esto? Yo no les hice nada. No tiene lógica.
-Y esos malditos tienen cara de venir a esta casa sabiendo lo que han hecho; eso explica por qué nunca bebías aquí ni en ningún lado. A tí jamás te ha gustado. ¡Los desgraciados te inducían a ello!- replicó Clawd frunciendo el seño y mostrando los colmillos mientras miraba su puño cerrado, que temblaba de ira.
Elissabat interrumpió:
-Y yo creo saber por qué. Dime, ¿desde cuando bebes con tanta frecuencia?
-Lo hago desde que Clawra cumplió un año y medio. Estaba presionada, me sentía sola, con Clawd fuera busqué salidas faciles al estrés de sentirme una inútil. Encargue todo a las sirvientas, y un día solo fuí al bar Lucian's a relajarme. Fue la primera vez que me dieron bebida de cortesía, y sin embargo no vi a esos dos por supuesta primera vez sino despues de que tomé esa cosa...oh, Dios mío, soy una tonta...
-Han estado espiándonos todo este tiempo; solo así se explica la precisión de sus movimientos.- replicó Clawd.
-Así es. Desde que te casaste muchos nobles han querido destruir la reputación de tu familia por ser mixta. Muchos los odian. Y creeme, lo sé. Pero esto solo confirma mis sospechas, y el hecho de que tengo menos apoyo del que creía; Bram y Gory sin embargo no te volvieron alcoholica si no fue obedeciendo órdenes; esos dos jamás conspirarían contra mí si no les hubieran prometido más poder del que yo estaba dispuesta a darles. Y eso sería cuanto menos un puesto en el Alto Consejo...
-O más- añadió Clawd, acercándose bastante a su mujer, poniéndole el brazo por detrás del cuello con suavidad.
Draculaura sollozaba tapándose el rostro como mejor podía mientras los pequeños se acurrucaban en su regazo. Ella los sintió y surgió amor en sus ojos:
-Mis hijos. Prometo nunca más fallarles. Desde hoy los cuidaré yo misma. Nada volverá a separarnos...Clawd la abrazó por un lado, y Clawrie, quien con sus orejas de loba oyó todo, fue hacia su madre, y le dio un beso en la mejilla...
-No llores mami. Ellos te estaban envenenando, como envenenaron a Apple White. Por eso caías dormida. Pero ahora ya sabemos quienes son, y debemos enfrentarlos. Yo te ayudaré a vencer a los malos. Eso haría Darling- y mostró a su muñeca.
Los padres rieron ligeramente, conmovidos por las palabras de su hija, igual que Elissabat.
-Ven pequeña- y se abrazaron toda la familia mientras la reina sólo los miraba.
"Bueno, supongo que esperaré a que Draculaura viva este momento; ojalá mi familia aún estuviera aquí para apoyarme así. Por ahora solo puedo seguir revisando estos papeles...en cuanto a esos dos, pronto se las verán conmigo...y el conde...¡debo avisarle de esto pronto!"
