Proyecto Géminis

Advertencia: Ni la historia ni los personajes son míos. Mi querida amiga, la increible Avril Inffffinity me permitió muy amablemente adaptar este fic a Sailor Moon. Espero que les guste tanto como a mi.

¡Gracias por leer!


Frunció el ceño. No quería despertar. Quería seguir durmiendo. Allí, donde todo estaba bien. Al abrir los ojos vio a Darien, que no se había movido ni un centímetro. Le sonrió. Se levantó, con cuidado de no despertar a Lía que estaba profundamente dormida. En cuanto se separó de la niña el aire que la rodeaba se volvió sofocante, demasiado caluroso. Se sentó en el suelo, al lado del chico y se estiró.

La casa rodante estaba andando, así que supuso que Jeff estaría manejando. Andy estaba dormido, recostado a la pared mientras Hans dormía en el suelo, con una mano sobre los ojos.

Cambió su vista hacia Darien.

-¿Dónde está Hanna?-susurró.

-En la litera de arriba-

Serena se levantó y para su buena suerte, la chica no estaba dormida.

-¿Hanna?-

Ella la miró y una enorme sonrisa se formó en su rostro.

-¿si?-

-necesito tu ayuda en algo-

La chica asintió y se bajó de la litera. Ambas se dirigieron al baño y trancaron la puerta, para que nadie entrara.

Darien miraba la puerta con confusión y, temiendo que hablasen de cosas demasiado privadas, decidió bloquear su poder y no leer la mente de ninguna.

Serena se sentó en el retrete y miró a Hanna, que la miraba asombrada con la boca formando un círculo perfecto.

-¿Quieres que haga qué?-dijo casi llorando-no me obligues, de todas formas se notará.

-No, si me hago pasar por Scene o Emo-explicó-de todas formas, ya tenemos un chico casi emo en el grupo. Solo te pido esto, por favor.

Hanna tenía en su rostro una expresión torturada, pero aún así asintió.

-Solo si después tú me haces lo mismo-

-Pero, Hanna, el tuyo es hermoso. Además, tú no estás tan en peligro como yo-

-Pues si no lo haces, yo no te hago nada-se cruzó de brazos, como una niña malcriada.

Con un profundo suspiro, aceptó.

Hanna abrió una gaveta, debajo del lavamanos y sacó un vaso desechable, que rara vez tenían. Llenó el vaso de agua y le puso una toalla a Serena en el cuello. Luego hizo rectángulo, en la parte de delante de los cabellos de ella y peinando, los cortó. Los cortó hasta dejarlos un poco por debajo de las cejas.

Le ordenó que se volteara y le humedeció toda la parte de atrás des cabellos, para luego recortarlos un poco. Lo dejó a media espalda, con el borde perfectamente cortado. Terminada su labor, sacó un pequeño espejo y se lo entregó.

Serena inspeccionó el perfecto corte de pelo y le sonrió un poco en agradecimiento.

-¿segura que quieres que te lo haga a ti?-tenía la esperanza de que hubiera cambiado de idea.

-segura. Así ya seremos tres emos-sonrió un poco y luego se sonrojó-además…me gusta como se ve…y…Desde hace rato pensaba en cortarme el pelo.

Rieron un poco, pero luego Hanna casi grita.

-¡No debí haber hecho esto! Oh Dios mío…Darien me va a matar… ¡estoy muerta!-dijo exaltada.

-Hanna, él no es un ogro. No le haría daño ni a una mosca-

-¡Pero yo no soy una mosca! Serena, estamos hablando de ti. ¡De la criatura más adorada por Darien!... Cristo… ¡Darien me va a matar!

-¡Hey!-se escuchó una voz del otro lado de la puerta- Dejen el escándalo. Hay personas de este lado intentando dormir.

-Lo siento-dijeron ambas.

Serena prosiguió a hacer lo mismo con Hanna. Ella tenía un pelo precioso. De verdad que no entendía.

Pasados unos minutos, Hanna se inspeccionaba su nuevo peinado.

-Me encanta. Está precioso- le sonrió a la chica, que no puedo evitar hacer lo mismo.

Recogieron los cabellos del suelo y los echaron en el cesto de la basura. Respiraron hondo, y salieron del baño.

Darien dio un respingo al ver el nuevo look, y se acercó a ellas.

Frunció en seño con cara de dolor y el labio inferior le tembló un poco. Parecía un niño pequeño a punto de llorar.

-¿Cómo has podido…?-

-Fue mi culpa Darien-habló rápido Hanna.

-No mientas-Serena se giró a Darien-tenía pensado que quizás con la boina y unas gafas, no me reconocerían tanto.

-Serena…-el chico todavía tenia a mirada torturada-esto es muy peligroso.

Hanna pasó por al lado de Darien y se subió en su cama.

-no me pienso quedar encerrada sin hacer nada- intentó pasar por de Darien, enfurruñada, pero este la abrazó.

-No quiero que nada te pase-le susurró.

Ella se giró y le tomó el rostro con las manos.

-Todo va a estar bien-le sonrió un poco, intentando convencerlo y convencerse a sí misma.

Darien le acarició el cabello. El cerquillo, el nuevo corte de las puntas, y suspiró. Serena sonrió más al ver que se había rendido.

-bueno…umm… ¿te gusta?-levantó las cejas.

-estás preciosa-sonrió.

-Joder, Serena-Andy apartó a Darien y se inclinó un poco para mirar mejor a Serena- pereces un hongo amarillo-Darien le gruñó y Andy rectificó-un hermoso hongo color amarillo.

-Mejor déjalo-rió ella.

La casa rodante se detuvo y todos bajaron. Estaban en el borde del bosque.

-Necesitamos comida. Cosas para el aseo y cosas para el frío. El centro donde tenían a Serena está en Colorado. Allí debe hacer un frio cabrón.

-Podemos ir ahora. No estamos haciendo malditamente nada y esto es aburrido-se quejó Andy.

-Excelente. Llegaremos a Ross y a Walmart. Allí las cosas son muy baratas- propuso Maggie.

-En el Dolphin hay todo de eso. Además, yo quiero ir a Hot Topic-Hanna estaba parada al lado de Serena.

-Tendremos que ir caminando y esconder bien la casa antes de salir. ¿Quién de ustedes tiene reloj?

Andy, Jeff, Hans y Margaret alzaron las manos.

-Bien- Jeff miró la hora-Andy y Yo iremos a esconder la casa. Ustedes cojan a Lía y llévenla con ustedes. Son las 4:00 pm. A las ocho, en la entrada del Dolphin. Ni un maldito minuto menos!

Todos asintieron y Darien le dio un poco del dinero a mano que traía. Lo otro estaba en su tarjeta. Este le puso la boina a Serena y cargó a Lía, para salir caminando rumbo a la cuidad.

Hans los guiaba. Nadie a no ser él conocía las calles de Miami. Tardaron unos veinte minutos en llegar al inmenso Mall. Al parecer, no estaban tan lejos.

Entraron a Walmart y compraron cepillos de dientes, toallas, jabón, pasta, desodorante y otras cosas. Cada uno eligió unas cuantas mudas de ropa para invierno y botas.

Serena estaba en la parte de los libros. Desde pequeña, los libros siempre habían sido sus mejores amigos. Estaba leyendo The Outsiders, cuando Darien se le acercó.

-Siempre te ha gustado ese libro-le besó la sien.

-Siempre me ha resultado interesante-sonrió.

Lo puso de nuevo en su lugar y tomó la mano de Darien. Él le ayudó a elegir unas gafas y, por si acaso, compraron una peluca color café.

Serena se encargó de comprarle suficiente ropa a Lía; no quería que la niña pasara frío.

-Resulta extraño-

-No del todo-Lía se estaba cambiado de ropa con ayuda de la chica- puede controlar el frío, hacer figuras de hielo y eso, pero no lo puedo alejar. Lo único que puedo hacer es bloquear mi poder para no congelarme. Pero sería igual que si no tuviera nada.

Asintiendo, Serena se dio cuenta que la pequeña era bastante inteligente. Salieron de los vestidores y fueron a pagar.

Allí encontraron a los demás. Iban a comprar tantas cosas, que parecía que no tuvieran de nada y se hubieran ganado la lotería. La dependienta del otro lado de la barra, los miraba casi con miedo.

Pagaron y Hanna los arrastró a todos hasta Hot Topic. Allí habían muchas cosas…raras. A la niña le daba miedo entrar, por las carabelas y los murciélagos que colgaban de la pared, así que Serena se quedó fuera de la tienda con ella.

Al rato, salieron cargando muchas más bolsas que antes. Darien llevaba una bolsa pequeña y se la entregó a la chica, sonriendo. Dentro de la bolsa había un Ipod con audífinos y cargador. Emocionada, le dio un enorme abrazo al chico, que le correspondió al instante.

Hanna era la que más cosas había comprado. Pantalones, camisetas, abrigos, medias y dos pares de botas con un par de pantuflas. Daba saltitos mientras caminaba, sonriendo enormemente.

Margaret cargaba con algunos utensilios para la cocina y papel sanitario. Junto con unos abrigos, pantalones, camisas y medias.

Hans era el que menos cosas había comprado. Solo unas botas y unas cuantas mudas de ropa.

-Al parecer, Andy y yo no podremos robar otra casa rodante-dijo con pesar.

-¿Por qué?-preguntó Lía con curiosidad, cargando su nuevo oso de peluche.

-Porque esto lo tendremos que llevar directamente a mi avión. No creo que esto quepa en ninguna casa rodante-sonrió.

Todos asintieron dándole la razón. Cargaron todas las bolsas y Lía tomó la mano de Serena cuando comenzaron a caminar.

Hans y Margaret miraron sus relojes. Eran las 7:30 p.m. Fueron por algo de comer, y se dirigieron a la salida.

Cuando llegaron a la salida, efectivamente Jeff y Andy los estaban esperando. El viejo sentado y el chico mirando a los alrededores.

-¡Cristo!-saltó Jeff- ¡Parece que nos fuéramos a mudar!

-Eso es exactamente lo que aremos-Hans sacó un raro objeto del bolsillo y lo abrió-hoy nos iremos a mi avión. Todas estas cosas no caben en la casa rodante.

-P-pero…-Andy parecía a punto de llorar- eso significa que-

-lo siento-Hans sonrió burlonamente-será para la otra.

Andy suspiró rendido.

El aparato que traia Hans en las manos se iluminó. Parecía un celular, pero no tenía la forma de este.

-Enmanuel…Necesito mi avión-al parecer, sí era un celular- no puedo esperar eso, mientras más rápido mejor. Allí estaremos.

-¿Qué dice?-Andy cambió el peso de una pierna a otra.

-Tenemos que estar en la pista de aterrizaje lo más pronto posible-

-¿No nos detendrán?-

-Para cuando lleguemos, el avión ya nos estará esperando. Hay cámaras de seguridad por todas partes. Tenemos que subir rápido-

-¿Podrás hacerlo Jeff?- Margaret le preguntó.

-Rápido es mi segundo nombre- dijo con sonra.

Todos cargaron las bolsas, y bordearon el Mall para ir a pedir un taxi. No habían muchos, pero los suficientes para ellos. Darien, Serena, Lía y Andy fueron en el primero, metiendo en el maletero las bolsas que cupieron. Y en el carro de atrás iban Jeff, Margaret Hanna y Hans, con las bolsas restantes en el otro maletero.

Mientras en el primer carro bromeaban un poco, en el segundo Jeff casi lloraba por haber tenido que dejar la casa rodante tan rápido. Iba a extrañar ese jodido cacharro.

Tardaron un rato en llegar. Ya era de noche cuando lo hicieron, lo que facilitaba un poco las cosas.

Pagaron los taxis y cargando las bolsas, entraron.

-Necesitamos apagas las cámaras-dijo Margaret.

Todos miraron a Serena. Ella asintió.

Se concentró en ubicar las cámaras, y levantó un poco la mano. Inmediatamente, las cámaras de seguridad se fueron electrocutando, una por una.

Suspiraron y pasaron al otro lado de la puerta de cristal. Margaret se acercó a los tres guardias fuera, y los miró fijamente, al parecer estaba utilizando su don. Los sonrió a los chicos y todos caminaron por la enorme y extensa pista de aterrizaje. Hans sacó el aparato otra vez.

-¿Dónde?- esperó unos segundos. Luego colgó- en la número cinco.

-Con esta oscuridad nadie puede ver nada-se quejó Hanna.

-quizás te estás quedando ciega- se burló Andy, recibiendo un codazo de Hans.

-Esto es serio, cabrón-

-Déjenmelo a mí- Ahora fue el turno del don de Jeff. Miró un rato a la lejanía.

-Está un poco lejos. Es el penúltimo cartel a vista normal-

Caminaron tan rápido como pudieron. Guardias armados salieron por la por donde ellos habían pasado.

Comenzaron a correr. Darien se pasó una de las bolsas de aza larga por los hombros y cargó a Lía, que con sus pequeños pies no podía seguir el paso.

Los guardias comenzaron a disparar y Serena y Darien alzaron sus escudos. Ambos repeliendo las balas. Serena gruñó. Cada vez que una bala daba contra su escudo era como un clavo de su cerebro.

El avió se alzó delante de ellos como si siempre hubiese estado delante de sus narices. Las enormes puertas estaban abiertas.

La chica no lo resistió más y bajó su escudo. Comenzaron a subir los escalones. Subieron todos, pero cuando Hanna estaba subiendo tropezó y cayó. Los guardias la rodearon, amenazándola con las armas.

Serena saltó y le envió una descarga a cada guardia, no suficiente para matarlos, pero si suficientes como para que cayeran al suelo desmayados. Agarró a Hanna del brazo, pero ella retrocedió gritando.

-¿Pero qué…?-

Serena pudo ver claramente la quemadura en el brazo de la chica, que soltaba un poco de humo por la electricidad. Con horror, dio un paso hacia atrás. Totalmente impactada.

Sin perder el tiempo al ver que venían refuerzos, Hanna empujó a Serena por los hombros que estaban cubiertos de la tela del pullover para que entrara en el avión. Más disparos se escucharon. Lograron cerrar las enormes puertas a tiempo, mientras que Darien repelía las balas. Cayeron de sentón dentro del avión, al mismo tiempo que este comenzaba a andar.

Ambas respiraban aceleradamente.

Hanna luchó contra un sollozo. El brazo le ardía a horrores.

-¡Hanna!- Serena se acercó a ella con lágrimas en los ojos.

Darien se puso entre Hanna y Serena en un segundo. Puso sus manos sobre los hombros de la rubia.

-Serena, debes calmarte, cariño. Respira hondo. Controla tu don. No permitas que él te controle a tí- decía con voz incitante y persuasiva. Tratando de calmarla.

Ella hizo lo que él le dijo, en lo que Darien se giraba hacia Hanna, le tomaba el brazo y comenzaba a curarla con su don. Luego de unos segundos, ya el brazo de la chica estaba completamente bien.

Cuando Serena pudo dominar su don, apartó a Darien y lanzó sus brazos alrededor del cuello de su amiga.

-¡Oh, Hanna! ¡No sabes cuánto lo siento! ¡No fue mi intención!

-Hey, Sere, tranquila. Ya estoy bien. Solo fue un accidente.

Asintiendo, Serena se apartó y se limpió las lágrimas de las mejillas. Un chico alto y rubio estaba parado en una esquina, recogiendo unas cosas del suelo. Al verla, se enderezó y sonrió.

-Soy Enmanuel, un placer conocerte…-

-Serena- asintió- igualmente, Enmanuel.

Una voz resonó por una rendija en la parte superior de la pared.

-Señor, un avión de tamaño mediano nos viene persiguiendo con cohetes a los lados. Tiene propulsores de alta potencia y por la estructura de la coraza, es resistente a la gravedad mayor. Significa que puede desplazarse con libertar en al aire.

-Mierda-bramó Hans. Abrió el aparato y habló- ¿hay forma de deshacernos de él?

-pocas-se escuchó por el altavoz del objeto- este es un simple avión, no tenemos la velocidad necesaria, y no hay la propulsión suficiente. A no ser que tuviéramos un misil o cohetes rastreadores, saldríamos bien. Señor, para salir de esta quizás nos haga falta un milagro.

Mierda. Estaban en cerios problemas.


Muchas gracias a Daniel Luna por comentar. Saludos!

Nos leemos!