Hola :D con mucho sueño aquí les paso a dejar el siguiente capítulo. Si les gusta háganmelo saber, y si no también ;) Besos!

Capítulo 3. Algo normal…

El humo del cigarrillo se esparció con rapidez en el viento frío de Londres. Con un resoplido, Draco Malfoy, lanzó la colilla a la acera congelada antes de dar media vuelta y regresar al bar que había en aquella esquina oscura."El canto del Fénix", o "el barsucho de pacotilla" como lo llamaban sus padres, era el bar de magos más conocido e importante de Londres. Y Draco y sus socios estaban muy orgullosos de que así fuera.

Se frotó las manos para calentarlas al tiempo que entraba a la calidez del local. Estaban rondando la media noche y al ser día de semana el lugar estaba casi vacío. Había un par de jóvenes en la barra y una pareja demasiado acaramelada en un rincón. Atravesó el bar hasta llegar a una escalera que había al fondo y la subí con pocas ganas. Allí arriba había un enorme salón que él y sus amigos utilizaban como oficina o cuarto provisional (eso último ocurría pocas veces, solamente cuando alguno de ellos se peleaban con sus novias o sus familias)

Draco entró a la oficina sin tocar, y se encontró con la misma escena que había dejado minutos atrás para poder disfrutar de su cigarrillo. Ron Weasley, con su cabello pelirrojo que le llegaba hasta el mentón y sus vivaces ojos azules, miraba y remiraba los papeles que había sobre el escritorio.

-¿Sabes? Creo que deberíamos organizar una fiesta para celebrara la navidad.-Comentó distraídamente, como si no se hubiera dado cuenta de la corta ausencia de su socio.- ¿Tu qué opinas, Draco?

El hombre se dejó caer en un sillón que había allí, mientras se desordenaba su cabello rubio de una manera cansada.

-Sabes mi respuesta.- farfulló sin mucha emoción. Él odiaba la navidad con cada molécula de su ser. Y tener que celebrarla en el trabajo le parecía una tortura.

-Vamos Draco- le sonrió Ron mirándolo fijamente - Hay que divertirse un poco…

-Prefiero tirarme por la ventana.

-Amargado.- resopló su amigo antes de volver a mirar los papeles que tenía en la mano.– En realidad no se para que te pregunto, ya hable con Sirius y Neville, y me dijeron que era una brillante idea. ¡El 24 habrá parranda!

Draco puso los ojos en blanco.

-Que viva la democracia.

-Amén.

Ron dejó su tarea de lado después de un rato largo y sin mucho disimulo clavó sus ojos en su amigo. El pobre parecía estar sumido en sus pensamientos. Sintió pena, porque sabía perfectamente en que estaba pensando.

-No puedes pasar la vida pensando en Pansy Parkinson.-le dijo, pacientemente.

-No estaba pensando en ella.- Ron lo miró con los ojos entornados.- Bueno, si estaba pensando en ella… ¿pero qué quieres que haga? ¡No puedo evitarlo!

-Draco, es mejor que te olvides de ella de una vez por todas, ya pasaron seis meses…. Además, Ginny me dijo que Pansy ya está comprometida, otra vez.

El rubio lo miró un momento antes de hundir sus ojos grises en la oscura noche que le presentaba el enorme ventanal que había en la oficina…. ¿Así que ya tenía prometido nuevo?

-Déjame adivinar, ¿es un pendejo forado en oro con complejo de sangre pura? —Ron asintió.-Vaya, estará contenta entonces.- comentó con amargura.

No dijo nada mas, no quería hablar de aquella arpía que le había prometido amor eterno y luego, a la primera prueba de fuego, le había destrozado el corazón. Vio culpa en los ojos de Ron, sabía perfectamente que él, al igual que todos sus otros amigos, se sentía culpable de su rotura con Pansy.

-Voy a decirle a Ginny y Tabitha que vamos a cerrar antes. No hay ni un alma y además yo tengo sueño. – le dijo Draco al levantarse, antes que Ron tuviera tiempo de darle su gastado sermón de "el mundo está lleno de mujeres bellas dispuestas a acostarse contigo".

El pelirrojo asintió, antes de sacar su varita y agitarla para que todos los papeles que habían esparcidos en la oficina se ordenaran y se guardaran en su lugar.


-¡Te lo aseguro Ginny, ese idiota fue el último! ¡Ya me harte de los hombres!- masculló Tabitha Leign mientras limpiaba una mesa.

-Lo que tú digas Taby.- le sonrió la pelirroja que estaba limpiando la barra. Ginny Weasley no pudo reprimir una sonrisa mientras limpiaba los vasos sucios con un simple movimiento de varita. Su amiga Taby era cinco años mayor que ella, y al ser excesivamente hermosa, con su larga cabellera negra y sus grandes ojos violetas, sumado a su carácter impulsivo y un tanto alocado, solía tener muchos problemas con el sexo opuesto.

-Te lo digo enserio Ginny, jamás tengas novio.-agitó la cabeza la mujer, de una forma exagerada.

-¿Acaso no te dijo que deberías conseguirte uno, ayer?-le preguntó un chico de no más de doce años, bastante delgaducho, de cabello rizado color negro y enormes ojos azules que estaba sentado a un metro de donde estaba Ginny.- Te lo dijo enserio, los vivos están cada vez mas locos…

La pelirroja le lanzó una mirada de advertencia al muchacho antes de mirar a Tabitha con una sonrisa.

-No te preocupes, no planeo tener novio jamás.

-Uuuu que gran pérdida para el género masculino.-le lamentó en tono burlón el niño de ojos azules.

-¡Cállate Nick!- le espetó de mal humor Ginny, pero el chico solo sonrió divertido.

Taby, al igual que los dos hombres que estaban en la barra le quedaron mirando con cara de sorpresa.

-¿A quién mandas a callar, Ginny?-le interrogó Taby entre preocupada y nerviosa. La mesera le miró con una sonrisa de disculpa, a ella y a los clientes.

-Lo siento, es que estoy cansada… mi cerebro no funciona muy bien.- trató de excusarse sin mirar a nadie a los ojos.

Tabitha parecía dispuesta a decir algo, pero para suerte de Ginny, Draco Malfoy, uno de los dueños del establecimiento, llegó junto a ellas con una sonrisa perezosa.

-Vamos a cerrar antes hoy.-les informó al tiempo que sacaba la varita y la agitaba murmurando un hechizó para que las sillas comenzaran a subir solas sobre las mesas.

-Me alegro, Ginny esta tan cansada que manda a callar a los bancos y los llama Nick.-rió Taby antes de irse a la parte de atrás del bar.

Draco miró con la ceja alzada a la hermana menor de su mejor amigo.

-Otra vez Nick te sacó de quicio.- le sonrió el rubio.

-Para variar.- Bufó Ginny, mirando con rencor al pequeño niño que le sonreía de una forma coqueta. Draco solo rió por lo bajo mientras se acercaba a los pocos clientes que habían, para anunciarles que iban a cerrar.

Ginny suspiró harta de todo mientras cobraba la cuenta de los dos hombres que estaban sentados en la barra. Los dos tipos la miraron raro antes de marcharse. Sin poder evitarlo, escuchó los pensamientos estúpidos de uno de ellos mientras los veía alejarse: "Tan linda, una pena que este como una cabra".Volvió a mirar furiosa a Nick, por su culpa todos creían que estaba loca. Dejó el dinero en la caja registradora al tiempo que suspiraba resignada, ella tenía la culpa por ser la mejor amiga de un espíritu que solo ella veía.

-Vamos Ginny, sabes que a pesar de todo me quieres- le sonrió Nick al tiempo que la seguía a la parte trasera, donde estaba el almacén.

-Por supuesto.- susurró.- Eres mi hermano menor, pesado y saca de quicio, que quiero ahogar en mi caldero.

-No puedes ahogar a alguien que ya está muerto, linda.- le guiñó un ojo, mientras se acomodaba su chaqueta pasada de moda.

Lo interesante de Nick era que no era un fantasma como todos los demás. Los otros fantasmas no podían verlo, y además, Nick no era pálido ni tampoco trasparente, él parecía ser tangible (eso era hasta que intentabas tocarlo, y terminabas como un idiota atrapando aire) El muchachito no tenía explicación para todo eso, y mucho menos podía explicar porque era justamente Ginny la única que lo podía ver y escuchar.

La pelirroja se sacó su delantal y lo dejó en un perchero mientras veía a Tabitha ordenar unas cajas con cerveza de mantequilla. Al notar su presencia, la morena le sonrió nerviosa y salió casi a las corridas del almacén.

-Genial, ahora tiene miedo de estar conmigo a solas…—Bufó Ginny.

-Bueno, para ser sincero, yo también tengo miedo.- comentó Nick con un fingido tono de terror mientras se paseaba por el almacén repleto de cajas.

-No te burles de mí, esto es culpa tuya. Si no me molestaras todo el tiempo, mi vida sería más fácil.

-Tú le diste una buena excusa, le dijiste que mandaste a callar al banco porque estabas cansada ¿no? si ella es una perseguida, yo no tengo la culpa.

Ginny lo miró con los ojos echando chispas.

-No digas tonterías, Taby lleva años viéndome hablar "sola".-agitó la cabeza desesperada.- Si no fuera porque Ron y Draco saben de tu existencia, lo más seguro es que no tendría empleo.

El chico la ignoró, tenía sus ojos clavados en la puerta que daba al bar con el seño fruncido.

-¡Yo sabía que no debías beber tanto, idiota!- exclamó de pronto antes de desaparecer.

Ginny miró el lugar en que había estado su amigo segundos atrás, antes de sentir una desagradable sensación en la boca del estomago. Con una mezcla de furia y asco corrió hacia el bar.

Lo que se temía. Al llegar se encontró con su hermano Ron y con Draco, los dos habían sacado sus varitas y miraban furiosos a un mago que obviamente había bebido demasiado. La pelirroja no tuvo que usar sus poderes para entender lo que sucedía, por lo visto el hombre había tratado de propasarse con la chica que lo acompañaba, la cual en ese momento estaba siendo abrazada de una forma protectora por Taby.

-¡Lárguese!-le ordenó Draco furiosa.

-Me iré, pero lo haré con ella.- borracho hasta las orejas, trató de levantarse para acercarse a la joven que gritaba aterrada en brazos de Tabitha.

-Creo que ella no quiere irse, y menos con usted.-se colocó entre ellos Ron. Ginny sabía que su hermano y Draco querían solucionar aquello sin magia. Por lo que podía escuchar en la confusa mente de la muchacha, aquel tipo no era tan malo, y la gran cantidad de alcohol ingerido esa noche había provocado aquel desagradable incidente.

Antes que nadie pudiera hacer nada, una de las estanterías con trofeos de Quidditch que había justo detrás del hombre cayó sin previo aviso y dio de lleno en la cabeza del hombre, dejándolo inconsciente en el acto.

Todos se miraron entre sí, buscando al culpable de tremendo desastre de sangre y trofeos de oro. Tabitha miró a los dos hombres, pero estos agitaron la cabeza haciendo un gesto negativo, completamente sorprendidos.

-A mi no me mires, yo no fui.-levantó las manos Ginny cuando la mujer le quedó mirando.

-¿Entonces quien fue? Esas repisas estaban puestas con magia.

Nadie contesto, pero Ginny ya no necesitaba buscar culpables.

Sentado sobre la barra esta su querido amigo fantasma, riendo a carcajadas por su travesura realizada. La pelirroja agitó la cabeza rendida, lo más lamentable de todo aquello, era que todo eso era completamente normal para ella….