Después de su encuentro con Nino, sentía que una pequeña luz irradiaba al final del túnel, que no todo estaba perdido y que quizás en ese momento se encontraba en el ojo del huracán.

Por un muy breve instante.

Supo que Alya y él estaban comprometidos desde hacía ya un mes, y que increíblemente él le había propuesto matrimonio dos años antes pero en aquella ocasión recibió un no, pero estaba claro que Nino no se rendiría.

También tuvo la oportunidad de ver muchas fotos que Nino le enseñaba desde su móvil, de ellos, en una que otra foto con Marinette y Emma, e incluso Chloé.

Y en una donde toda la clase del instituto se encontraba, excepto él.

Por los días siguientes mediante el móvil ambos se intercambiaban memes, comentarios tontos por mensaje, ese había sido el castigo dictado por Nino.

Según Nino, iba por buen camino.

Durante todo ese tiempo cuando se encontraba en "Gabriel's" buscaba con la mirada a Marinette y a la pequeña Emma, realmente quería agradecerle. Pensó que quizás podría llamarla, pero de cierto modo no lo sentía correcto.

Además, su mente comenzaba a ocuparse en otra cosa: Su padre.

Por obviedad, Gabriel llego a la conclusión que su hijo había fallado.

Y se preparaba.

Ese día había visto a Chloé tomando un ascensor, y recordó que ella solo iba cuando Marinette la llamaba, eso quería decir que ella estaba ahí.

Sabía que tenía un pequeño estudio, entonces no dudo en presentarse ahí, esperando que se encontrara.

Toco la puerta levemente, recibiendo una respuesta positiva.

— Buenos días — Saludó, cerrando la puerta tras él.

Marinette al verlo entrar soltó un suspiró de resignación.

No era como si lo odiara, incluso se arrepentía un poco de la manera en la que lo trato, pero realmente le molestaba su actitud.

— Buenos días — Respondió, ordenando unos papeles en su escritorio — ¿Necesita algo? —.

Adrien enarcó una ceja, Marinette se había vuelto un poco difícil de tratar.

Bueno, realmente siempre había sido así cuando la situación lo ameritaba, solo que le era un poco difícil que él fuera la situación.

— Venia a darte las gracias — Se acercó unos pasos a ella, quedando del otro lado del escritorio — A ti y a Emma, creo que te tiene controlada —.

Ella río levemente, haciéndolo sonreír.

Bastaba hacerla reír para que se relajara, aparentemente.

— Es una pena que no pueda negarlo — Dejo los papeles en orden en el escritorio, dirigiendo su mirada hacia él, más relajada — Entonces ¿Cuál fue el castigo que te dio Nino? — Pregunto, recargándose sobre la silla.

— Mandarle memes a diario — Levantó los hombros, un poco despreocupado — ¿Y el tuyo? —.

Ella bajo la mirada, acariciando su propio brazo.

— Marinette, realmente lo siento y — Fue interrumpido por ella.

— No tienes que disculparte, te quisiste alejar de todo, y en parte te entiendo — Suspiró — Sólo que en aquel tiempo, realmente estábamos preocupados, supongo que lo peor fue enterarnos por los medios de comunicación, por tu padre más bien —.

Adrien apretó su puño, intentando controlarse.

— Te traté con rudeza, aun ahora — Una leve mueca apreció en su rostro — Pero como te dije, no puedes solo volver a nuestras vidas y pensar que todo está bien —.

— Lo sé —.

Ambos guardaron silencio, uno que los comenzaba a llenar de una energía extraña.

Llenándose de perdón.

— Escuche toda tu platica con Emma — Añadió ella, pasando un muy corto mechón de cabello tras su oreja, sin resultado alguno — No era alguien talentosa, soy alguien talentosa —.

— También eres alguien que escucha conversaciones ajenas —.

— Ella me dijo que estabas triste, no le gusto eso — Camino hacia él, quedando a unos pasos de distancia — También fuiste un buen amigo para mi Adrien —.

— Podemos empezar desde cero — Puso su mano en su hombro, ella alzó su vista hacia él — No puedo dar explicaciones, pero si puedo intentar enmendarlo —.

Marinette sonrió ¿Por qué ese maldito modelo siempre se salía con la suya?

— Solo si dejas de ser un idiota —.

— Tendrás que vivir con ello, Mari —.

— Estoy feliz que estés bien, pero a la vez estoy tan molesta contigo — Una carcajada salió de ella — Siempre causas estragos en mi vida —.

— ¿Cómo qué? — Preguntó curioso, enarcando una ceja.

— Cuando te ganes mi confianza de nuevo, te lo diré —.

Adrien resoplo, aunque era algo, había recibido una charla cordial y también había escuchado reír a Marinette en lugar de pequeños insultos disfrazados de cordialidad, o cachetadas con guante blanco.

Ella por su parte, sentía que volvía a ver al mismo alegre muchacho con el cual siempre podía contar, aquel con el que compartía momentos de sinceridad y que le era de gran ayuda a la hora de confeccionar cualquier cosa que llegara a su mente.

El sonido de una llamada entrante al móvil de ella los saco de sus propios pensamientos.

Lo tomo en sus manos y observó de quien era la llamada entrante.

— Es Nino, seguro esta abajo — Usualmente cuando él le hacia el favor de ir por Emma al colegio y dejarla con ella, llegaban sin avisar para darle una sorpresa, según Emma. Nino solo le dejaba un mensaje — ¿Sí? — Contestó.

¡Marinette! — Gritó del otro lado de la línea, ella contuvo la respiración — ¡Hay un akuma! En las avenidas que dan con Place Charles de Gaulle, en el Arc de Triomphe, nos encerró en los automóviles, controla toda la tecnología alrededor — El rostro de Marinette cambió completamente, y Adrien lo notó.

Había nuevamente un akuma en Paris.

Su hija y Nino estaban encerrados, precisamente donde apareció.

— ¡¿En qué avenida están ustedes?! ¡Nino! — Gritó prácticamente, comenzando a sudar frio.

Adrien la observó, colocando ambas manos en sus hombros, intentando tranquilizarla. Ella le dio una mirada, dándole a entender que nada estaba bien.

¡Avenida Marceau! — Y pudo escuchar un grito de Emma, y como la llamada se cortaba.

— Hay un Akuma — Murmuró, dejando caer el teléfono — Nino y Emma están ahí —.

Y ahí, Adrien supo que todo estaba mal.

Ella con todo su cuerpo tembloroso comenzó a caminar hacia la salida, apresurando el paso.

Él se quedó clavado al piso, sintiendo miedo por primera vez en muchos años.

Miedo por perderla, porque su terquedad no la dejara escucharlo.

Miedo por perder a quienes comenzaba a recuperar.

Y también tenía miedo por perder a alguien que apenas había entrado en su vida.

[…]

Era jueves, aquel día de la semana que se encargaba de ir por Emma de manera voluntaria al colegio, y que había surgido como una pequeña tradición que de verdad disfrutaba.

Era su sobrina favorita después de todo, o por el momento la única.

Además, esa niña siempre lo hacía reír.

Pero ese día, mientras conducía para llegar a "Gabriel's", estando atascados en el habitual tráfico de Place Charles de Gaulle, un Akuma apareció.

Un hombre vestido de látex con detalles que podían imitar a un chip con facilidad, con tonalidades verdosas y su cabello parecía ser sustituido con cables de cobre sin protección, con unos lentes oscuros por demás extraños.

En un principio pensó que podría ser alguien disfrazado, haciendo cosplay de un personaje desconocido para él.

Pero cuando los cables de cobre que tenían por cabello comenzaron a extenderse para tomar carros y uno que otro poste de luz, se alarmó.

Tenía toda la pinta de ser un akuma.

De todo aquello que había tomado, estaba armándose una especie de armadura, deformando los automóviles y todo aquello que obtenía.

Muchas personas lograron escapar, muchas otras se quedaron encerradas en un reducido espacio y muchas otras, bueno, no quería saber lo que les había pasado realmente.

Los seguros del automóvil se pusieron en automático a la par que lo veía reírse, no podían salir, estaban atrapados.

— ¡Tío! ¡Tío! — Lo llamo Emma, sacándolo de su ensoñación — Hay que llamar a mamá —.

Ladybug tenía que aparecer, y así lo hizo.

Y justo después de decirle la ubicación de ambos, los atrapo.

Incluso de alguna manera hizo que su móvil se apagara de manera repentina.

Uno de esos cables los estaba elevando al mismo tiempo que lo hacía con otros.

Tenía miedo por él, miedo de no proteger a Emma.

Miedo por parís.

— ¡Emma, sujétate! — Gritó, observando como la niña era inundada por el pánico, estaban experimentando una leve fuerza centrífuga al ser agitados de manera frenética.

Escuchó un leve llanto por su parte, tenía que hacer algo.

Comenzó a golpear el cristal de la puerta del conductor, con la esperanza de poder romperlo y en cuanto llegara Ladybug, sacar a Emma de ahí.

Se detuvo al ver pasar con rapidez algo que se enredó en la mayoría de los cables que sostenían a los carros en el aire, haciendo una presión aparentemente fuerte, logrando que estos fueran quebrados, como si aquello hubiese sido una pinza para cortarlos, logrando que los autos cayeran dando un fuerte impacto contra el suelo.

Y ahí, en uno de los edificios cercanos estaba Ladybug.

Furiosa.

— Ladybug — Mencionó el hombre, atrayendo los restos de sus cables que se encontraban en el piso, desde su gran armadura conformada por los carros y lámparas de la ciudad — Yo soy Le technologue y estoy aquí para quitarte tu Miraculous —.

— ¡Que original! Puedes unirte a la lista de espera — Su yo-yo regreso a ella, observándolo con mirada desafiante.

Una de las lámparas que tenía en su espalda, amagando como si fuese una espada, fue lanzada hacia ella, quien lo esquivo de manera rápida y observó cómo se clavaba en el concreto del edificio vecino.

Observó como el auto de su amigo se encontraba en pésimas condiciones y como el intentaba romper el vidrio desesperadamente, dentro, Emma observándola, y gritando su nombre.

Ladybug.

Salto a la calle, vislumbrando la gente que se encontraba atrapada dentro de los vehículos y otras más en aquella armadura que se había construido el Akuma.

Primero liberaría a los de las calles.

— ¡Cúbranse! — Grito, tomando su yo-yo, dando un fuerte golpe en el cristal trasero del carro de Nino, dándoles una abertura para salir — Corran — Nino asintió, tomando a Emma para poder sacarla.

Vio a su hija, quien no apartaba la mirada de ella.

Comenzó a romper los demás cristales de los carros, dándoles una oportunidad para salir.

— Somos tú y yo — Dijo, al terminar de partir los cristales.

Su rostro tenía furia.

Comenzó a correr hacia ella, haciendo retumbar el piso por donde pasaba.

Tomo otro poste de su espalda lanzándolo con fuerza hacia ella, esta vez de este salían chispas de electricidad.

Ladybug lo volvió a esquivar con facilidad, dando un giro sobre su cuerpo cuando volvió a tocar el suelo.

Observó como el Akuma en turno sonreía de una manera siniestra, para después congelarse en su posición con un gesto desencajado.

« ¡Idiota! ¡No! » Sonó dentro de la mente de Le technologue, provocándole un fuerte dolor en todo su cuerpo.

Iba directamente hacia Emma, quien venía siendo perseguida desesperadamente por Nino.

Ella al ver a Ladybug en peligro, corrió hacia ella, pensando que podría ayudar.

Se congelo al ver la dirección de aquello.

Y antes que siquiera estuviera cerca de ella y Nino, quien la había alcanzado a alzar en sus brazos, el objeto se estrelló en el suelo dejando un leve cráter.

Chat Noir lo había golpeado con sus manos, con una fuerza por demás sobrehumana cabe decir, destruyéndolo por completo.

Claramente había utilizado cataclismo.

Se levantó del suelo, observando al frente.

— Llévatela de aquí — Le ordenó Chat Noir a Nino, quien asintió simplemente y salió corriendo con ella en sus brazos.

— ¡Ladybug! ¡Ladybug! — Gritó Emma, sacándola de su transe.

— ¡Esto no era parte del trato! — Le gritó, impotente a la figura akumatizada que se encontraba completamente petrificada.

— ¿Qué haces aquí? — Preguntó Ladybug al ver que se acercaba a ella, tomando su yo-yo.

— ¿Qué no es obvio? ¡Estabas hecha piedra! Hice lo que no pudiste — Le enfrentó, girándose hacia el Akuma.

— Tú estás de su lado — Bramó molesta, desviando su mirada hacia el akuma.

Chat Noir suspiró, como podía llegar a ser necia esa mujer.

Su anillo sonó por primera vez, no tenía mucho tiempo.

«Levántate y pelea, no haré desperdicio de mi energía»

El akuma cubierto por aquella extraña armadura comenzó a moverse de la nada, golpeando donde Ladybug se encontraba.

Ella saltó, quedando sobre el brazo mecánico de él, lazándolo con su yo-yo de la articulación de su aparente hombro para destrozarlo y que este callera.

— ¡Miserable! — Gritó, observando como su brazo mecánico se desplomaba al suelo.

— ¡Luckycharm! — Invocó su amuleto, elevando el yo-yo al aire.

El akuma pensó que sería un buen momento para atacar, los restantes cables de cobre unidos a su cabeza salieron disparados hacia ella, con la clara intención de tomarla.

Ladybug sabía que todo aquello era cuestión de segundos, que tenía una abertura en su defensa mientras invocaba el Luckycharm y esta vez no tenía alguien que le defendiera.

O eso pensó.

Pero fue grande su sorpresa al ver como el bastón de Chat Noir impactaba contra los cables, desviando su trayectoria e impactándolos directamente contra el suelo.

— ¡Te dije que no dejaría que la lastimaras! — Gritó, sabiendo muy bien que Hawkmoth escucharía.

Ella lo observó, para después tomar el objeto que su encantamiento le había otorgado, una lata de aceite.

Chat Noir se posiciono a su lado, mirando de reojo el objeto.

— ¿Vas a poner las cosas algo resbalosas? — Bromeó, logrando que Ladybug resoplara, alejándose levemente de él y viéndolo recelosa.

Su anillo sonó de nuevo, la miró unos instantes, sabía que pronto ella acabaría con aquello, pero no la iba a dejar sola.

No cuando Hawkmoth no tenía miedo a dañarla.

Ella observó a su alrededor, notando que su principal apoyo en el suelo eran las llantas de varios automóviles, después una parte completamente intacta frente a ellos, básicamente lo que los separaba en distancia.

Buscó algo que fuera el objeto donde contuviera el Akuma, solo pudo notar sus lentes oscuros, algo extraños.

— Sus lentes — Murmuró, abriendo la lata de aceite.

La lanzó con fuerza para que callera entre ellos, esparciendo por completo su contenido en la calle.

— Te voy a destrozar, pedazo de chatarra — Lo incitó, sonriendo de una manera un poco arrogante mientras que con su mano le hacía una seña para que se acercara.

Le technologue mostró una mueca de molestia, para comenzar a avanzar de manera rápida para llegar a ella.

Cuando las piernas mecánicas hicieron contacto con el aceite derramado en el suelo, y agregando a la velocidad en la que iba, inmediatamente resbaló y se impactó bruscamente con el suelo.

Con ayuda de su yo-yo realizo un rápido movimiento para llegar sobre el pecho de aquella armadura mecánica, ya ahí pudo tomar los extraños lentes para quebrarlos de un golpe contra el suelo.

Aquella mariposa purpura que no había visto en mucho tiempo salió de ahí, volando.

Chat Noir la observó, cerró sus puños y se dispuso a irse, su transformación estaba a punto de acabar, dejándola finalmente sola.

Ladybug tomó su yo-yo, atrapando el akuma y purificándolo de manera eficaz, para después lanzar la lata de aceite al aire, reparando los daños sufridos.

Pero no todo podía ser reparado por el poder del Luckycharm, había cosas que estaban fuera de su alcance.

Cayó de rodillas al suelo, exhausta, tomando un poco de fuerza para irse, su Miraculous sonaba insistente.

A su alrededor los destrozos de la calle habían sido reparados, al igual que los daños que habían sufrido algunas estructuras y automóviles.

Pero había gente dentro de ellos inconscientes y uno que otro herido con algunos raspones, y esperaba que solo fuera eso.

Escucho las sirenas de las ambulancias no muy lejos de ahí, les encargaría aquello, ya no podía hacer nada más.

Observó al hombre que se encontraba tendido en el piso no muy lejos de ella, inconsciente. Sus lentes oscuros ahora eran unos lentes que pudo reconocer como los Google glasses, no tenía tiempo para esperar a que despertara, luego encontraría respuestas.

Pero pensaba que había sido lo habitual de hace años: Alguien con sentimientos negativos, blanco fácil de un akuma.

Buscó con la mirada a Chat Noir, pero él ya no se encontraba ahí.

Lanzó su yo-yo para salir disparada por los aires y buscar una ubicación segura para deshacer su transformación.

Llevo su mano hacia su pecho, intentando encontrarle sentido a todo aquello, se suponía que él iba tras su Miraculous, entonces ¿Por qué no ayudo al akumatizado en turno?

¿Por qué salvó unos civiles que él no conocía? No lo sabía, pero le daba las gracias, ella no había podido actuar a tiempo y de no haber intervenido él, quizás la batalla no hubiera terminado a su favor.

Quizás habría perdido a dos seres queridos para ella.

En parte, sentía que el Chat Noir que alguna vez conoció estaba ahí, aunque quisiera negarlo por las declaraciones que le había hecho, no habría otra respuesta lógica para que él, aliado con Hawkmoth, salvará a civiles que claramente al portador del Miraculous de la mariposa no le importaban.

Aunque notó algo extraño, pareciera como si en esos momentos Hawkmoth tuviera una discusión con su campeón.

Llegó a un callejón cercano y solitario, donde su transformación desapareció, dejando caer a una cansada Tikki sobre sus manos.

Ella le sonrió a Marinette, para después entrar dentro de su chaqueta.

Salió de su escondite lo más rápido que pudo, comenzando a mezclarse con la gran multitud que comenzaba a formarse alrededor de donde había ocurrido aquel ataque.

Tanto como reporteros, policías, paramédicos y civiles se daban paso, ya sea para entrar o para salir del lugar.

— ¡Marinette! — Escucho tras ella, girando su vista y encontrándose con un agitado Adrien, abriéndose paso hasta llegar a ella — ¿Dónde? —.

No recibió respuesta, solo observo su rostro y supo inmediatamente que seguía buscando.

Se preguntaba en que momento Adrien la había seguido, o si era eso.

Sintió como él la tomaba de la muñeca, para no perderla en la multitud.

Comenzó a caminar frente a ella, arrastrándola prácticamente para llegar a una valla metálica, donde la policía había acordonado la zona del suceso.

Y ahí los vieron, a no muchos metros sentados en la parte trasera de una ambulancia, mientras revisaban los signos vitales de Emma.

— ¡Déjenos pasar, ahí está mi hija! — Exclamó, intentando llamar la atención de un oficial.

Este los miró por un segundo, y luego la dirección a donde señalaban, observando el parecido de ambos con la niña en cuestión y los dejo pasar, a ambos.

— Gracias — Murmuraron ambos, para apresurar su pasó hasta llegar donde ella.

— ¡Mamá! — Gritó Emma al verlos llegar, intentando bajarse de donde se encontraba sentada, pero antes de lograrlo fue aprisionada por un abrazo de Marinette.

— Emma, estas bien — No era una pregunta, era una afirmación, no recordaba cuando había sido que sintió más miedo en su vida, pero claramente esto la superaba por mucho.

— Sí, también estoy bien — Comentó Nino sonriendo mientras le tendía la mano a Adrien para saludarlo.

Él lo abrazo efusivamente.

— Me alegro que estés bien hermano — Le dijo al momento de separarse y palmearle levemente la espalda, recibiendo quejas de dolor.

— Nino — Le llamo Marinette — Gracias por protegerla, de verdad — Se giró hacia él, con un poco de lágrimas en los ojos.

Él puso su mano en el hombro, dándole a entender que todo estaba bien.

— Ladybug llegó a tiempo, e increíblemente Chat Noir, fueron ellos Mari — Y ella sabía que aquel comentario era para hacerla pensar más.

Y quizás tratar de entender todo aquello.

Obviamente tendría que cuidarse de Chat Noir, pero ahora sabía que él no estaba dispuesto a dañar civiles.

Y tendría que averiguar qué era lo que pasaba por la mente de aquel gato.

Adrien, por su parte no dejaba de observar el semblante de la pequeña Emma, estaba claro que había pasado por una situación horrible y, de no haber llegado a tiempo, algo horrible hubiera pasado.

Y a pesar de eso, ella se mantenía firme, mostraba valentía.

Incluso había sido capaz de salir corriendo en la dirección de Ladybug para socorrerla, algo muy pero muy riesgoso, pero la niña lo había hecho.

Era especial, y sentía una opresión muy grande al pensar en lo que pudo pasar si no la hubiera protegido.

Por qué aunque no la conocía del todo, porque cuando se perdió su vida por ser un tonto, ella le había abierto los brazos y guiado prácticamente por el buen camino.

Gracias a esa pequeña niña, gracias a la hija de Marinette el ya no se encontraba solo y sin rumbo.

Acarició su cabeza, recibiendo una sonrisa encantadora de parte de ella.

Se agachó hasta quedar a su altura y de Marinette para poder observarla, regalándole una sonrisa.

— Emma, estoy feliz de que estés bien —.