Pareja: Carlisle&Esme
Libro: Crepúsculo
Hacia mucho que no escribía un pedazito para este espacio, pero no encontraba el tema para el cual escribir. Creo que quedo bonito, a mi me gusto. Espero a ustedes támbien. Ternura
Sin duda era la casa más limpia, elegante arreglada y luminosa de Forks. ¿Quién más que los Cullen podrían tener a su disposición aquella bellísima mansión? Y no solo la mansión, sino todo lo que conlleva. Carlisle Cullen se encarga de dar todo lo que podía a su querida familia, era eso y nada más; consentir a sus hijos era su mayor placer, y su vida, era complacer a Esme, su amada esposa.
¡Ah, que no haría por tenerla contenta! El sabia que cuando algo acerca de la casa se le metía en su cabecita de diseñadora nada la podría detener, y mientras ella sonriera de ese modo, el no lo haría. Pero vamos, una cosa es arreglar la casa y limpiar, a otra casi dejar sin piso y sin más lugares para que entre el sol en un rato.
-Esme, querida-empezó Carlisle, en ese tono condescendiente-, te juro que el lugar se ve hermoso.
-Pero…-se cruzo de brazos, frunciendo el seño-Siento que le hace falta algo, Carlisle, y no sé que es.
-Por favor, tranquilízate.
La tomo entre sus brazos, estrechándola por la espalda contra su pecho. Era una actitud nueva en su esposa, nunca la había visto tan preocupada por los detalles del hogar. Siempre todo estaba por las zonas que los niños querían; pero esto era realmente diferente. Esme en verdad se estaba esforzando por causar una buena impresión.
-¿Y si no le gusta?
-Le encantara-le aseguro Carlisle. Esa expresión nerviosa la hacía verse aun más hermosa.
-Carlisle, siento que no te estás tomando esto con el debido cuidado que debemos tener. Quiero decir, es la novia de tu hijo la que va a venir.
Si aquel corazón de más de cuatrocientos años pudiera latir, estaría bombeando todo y cada uno de los rincones de Carlisle. Escucharla decir con tanto amor "tu hijo" de los labios de Esme, era el precio correcto por la maldición de la vida eterna.
Mientras Esme, aun en sus brazos, seguía observando las ventanas y todo rincón de la casa. En verdad quería causar una buena impresión a la novia de su hijo mayor, Bella Swan. Y la verdad, hasta el también, pero creía en los limites.
-Esme, ve esto.
La subió escaleras arriba, donde pudieron observar a los recién llegados. Edward, más feliz de lo que nunca fue, sonriendo mientras abría la puerta del copiloto, dejando salir a una chica de cabello castaño y ojos chocolate. Esme dio un sobresalto cuando la vio, tan bien arreglada, tan pálida…y tan perfecta para Edward.
-Es tan linda-susurro.
Edward tomo la mano de Bella, y surgía un sonroje en las mejillas blancas de ella. Esme daba saltos de felicidad cada vez que Edward la tocaba, y ella se emocionaba en su forma tan humana. Tan cálida.
-¿Crees que una chica así se va a fijar en cómo están los detalles de la casa? Te aseguro que si pudiera, solo vería a Edward por siempre.
-Silencio, Carlisle-le dio un pequeño manotazo al aire- .Mira que tiernos se ven; sobre todo Edward, ¿ves como le brillan los ojos?
Carlisle se rio entre dientes, el notaría cualquier cambio en sus hijos, no en balde han pasado casi cien años viviendo con ellos.
-Vamos, querida. Es hora de recibirlos.
-Carlisle.
Mientras tomaba su mano dispuesto para bajar, ella dio un pequeño estirón para que se quedaran un rato más. Él la volteo a ver, con una pequeña pregunta en sus ojos al llamarle tan seria.
-Esto saldrá bien, lo sé. Por más malo que sea la forma de verlo de Rose, la sobreprotección de Jazz, las visiones borrosas de Alice, y la insistencia de que Edward es un lunático por parte de Emmett-se rio un poco-, se que todo esto saldrá bien.
Carlisle le sonrió, entrelazando aun más sus dedos, dando un pequeño apretón de dedos. Él sabía los riesgos de una relación como la de su hijo vampiro y esa chica humana con sangre dulce. Tenía en cuenta las consecuencias, todas y cada una de ellas.
-¿Carlisle, Esme?-la voz de Edward resonó en la planta baja, y el lugar se lleno de esa suave sangre humana.
Pero Carlisle también confiaba en que todo saldría de maravilla.
