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B
Sangre sucia
Tetsuro llega a la clase de Pociones un poco tarde. El profesor ya se encuentra ahí pero, para su fortuna, está de espaldas y él es tan veloz y cuidadoso como un gato que nadie nota el momento en el que se cuela en la clase… a excepción del chico de cabello plateado que ahora está junto a él. Quizá debe admitir que es él quien ahora está junto al chico de cabello plateado. Da igual.
El profesor se gira y se aclara la garganta un par de veces; sus ojos oscuros se clavan en él y Tetsuro se da cuenta de lo que significa ese gesto. Parece ser que el profesor está al tanto de su impuntualidad y le humillará frente a toda la clase; tal vez le pida que se vaya en ese mismo instante y reste unos puntos a la casa de Slytherin.
—Abran sus libros en la página 45. Lean con cuidado y comiencen a preparar la poción que aparece ahí. Los ingredientes están por allá —señala un lugar, un armario viejo y oscuro—. Sin trucos.
O no. Tetsuro obedece sin pensarlo siquiera y nota el título en lo alto de la página: Poción para inducir sueño.
—Trabajarán en parejas —el profesor continúa—; la prepararán y, después, uno la tomará para probar su efectividad. No lo echen a perder —y sonríe. Es ese gesto que siempre hace cuando sabe que sus alumnos van a fallar y no le interesa si resulta lo contrario—. Comiencen.
Tetsuro sonríe también. Acepta el reto, por supuesto, porque creen que va a fallar cuando ni siquiera ha demostrado que es capaz de todo.
La habitación, si es que puede llamársele así, se llena de murmullos y peticiones. Todos comienzan a formar parejas y a arremangarse las túnicas para empezar a trabajar. A su lado, el otro chico permanece callado, sin moverse y con la mirada baja. Es extraño, se dice… hasta que las palabras llegan a sus oídos.
—Es obvio que nadie quiere hacer equipo con el sangre sucia.
—No vayas con él, es un sangre sucia.
—Un sangre sucia en Slytherin. Sigo sin creerlo. Qué horror. Si mi padre supiera…
Tetsuro se percata entonces de la forma en la que las manos del chico forman puños y tiemblan un poco. Parpadea un par de veces antes de sonreír.
Una chica se acerca decidida hacia él, también es de Slytherin; pero antes de que pueda llegar y abordarle, da un par de toquecitos en el hombro de su compañero, lo que causa que él de un ligero sobresalto y todos a su alrededor dejen de hablar de casas, vergüenzas y sangre sucia. El chico de cabellos plateados se voltea a verle y Tetsuro le recuerda; recuerda esos ojos cafés asustados por palabras que no comprendió. El niño sonríe pero sus ojos permanecen igual, sin brillo alguno de emoción.
—¿Te puedo ayudar en algo? —su voz se escucha muy alta entre todo ese silencio; como si fuese un presentador que ha usado un Sonorus en una final de Quidditch.
—¿Quieres trabajar conmigo? —Tetsuro es directo; sonríe una vez más y siente cómo ahora han atraído la atención de todos, incluso del profesor. Ojos grandes cafés le miran atentos.
—S-sí, claro —recibe un ligero tartamudeo con la respuesta afirmativa; la sorpresa en su rostro es evidente.
—No veo que estén trabajando —el profesor dice y todos vuelven a sus lugares tan pronto como pueden, los equipos se forman más rápido de lo que se hubiera pensado. El profesor da un último vistazo antes de volver a concentrarse en su libro.
Tetsuro se asegura de que su molesto profesor esté enfrascado en su lectura antes de ver al niño otra vez.
—Soy Kuroo Tetsuro —se presenta al fin; le tiende la mano y el otro la estrecha.
—Sugawara Koshi —responde. Ve de reojo a sus compañeros antes de continuar—. ¿No te molesta? —pregunta y Tetsuro está seguro de que ha hecho un gesto extraño porque Sugawara se apresura y añade—, el que sea un… sangre sucia.
Y él bufa porque la idea le parece ridícula.
—Es ridículo —lo dice en voz alta—. Espera, ¿sabes lo que es eso? —no sabía que un hijo de muggles estuviera al tanto de los términos de su mundo.
Sugawara asiente y juguetea con una de las esquinas de la página de su libro.
—Alguien de Gryffindor me explicó.
Se pregunta quién podría haber sido, tal vez esa persona hubiera podido hacer equipo con Sugawara antes de que Tetsuro le preguntara y así se hubieran ahorrado muchos problemas. No le gusta que las personas se escuden con excusas tontas para cosas (o personas) que no quieren comprender. Pero es mejor así, se dice. Tal vez la situación se hubiese agravado un poco si alguien de Gryffindor hubiese hecho equipo con Sugawara. Con Tetsuro a su lado, está seguro de que les dejarán en paz, al menos por el tiempo en el que dure la clase. Mira a Sugawara a los ojos, esperando que sus palabras sean escuchadas una vez más.
—Pero ya te dije que no tienes de qué preocuparte —repite las palabras que ha dicho con anterioridad. Sonríe otra vez y siente que después le dolerán las mejillas de tanto hacerlo—. No hay nada de malo con tu sangre, el problema son ellos —apunta con la cabeza hacia los demás.
Algo cambia en la mirada del otro niño y no sólo en ella, también en su postura. Tiene la mirada en alto, su espalda está recta, sus hombros se echan hacia atrás.
—Tienes razón.
Tetsuro no puede estar más cautivado. Sugawara le sonríe y es uno de esos gestos que encuentra difíciles de odiar. Las mejillas se colorean de rojo y su voz parece haberse quebrado un poco, como si estuviese a punto de llorar… y la siente. Siente la magia que proviene de él, siente cómo le rodea y, en un instante, se desvanece.
Él también sonríe; quiere creer que ese momento y la sonrisa de Sugawara son para él. Da una ligera palmada en el hombro del otro, lo que lo sobresalta un poco pero no se queja.
—Así que… —Sugawara comienza— poción para inducir el sueño.
Tetsuro asiente. Deciden ocupar sólo un libro —de esa manera tienen más espacio para trabajar— y ambas cabezas se inclinan sobre él. Copia los ingredientes en un trozo de pergamino y Sugawara apaga una risita cuando se voltea hacia él. No entiende qué sucede hasta que el niño de cabello plateado le señala el trozo de pergamino con los ingredientes escritos en un katakana impecable. Una costumbre que tiene bien arraigada y que, por más que intenta escribir en inglés —la mayoría de las veces lo logra—, su japonés parece nunca querer abandonarle.
Divide la lista y entre los dos van a conseguir al armario del profesor todos los ingredientes necesarios —Tetsuro se lleva unos de más—. Cuando el fuego está listo y el caldero cuelga sobre él, Sugawara está a punto de empezar con la preparación de la poción. Él le detiene.
—¿Qué sucede? ¿Estoy haciendo algo mal? —se gira hacia el libro para releer las instrucciones.
—No es eso —aclara y voltea a ver al profesor quien sigue inmerso en lo suyo—, pero tengo una mejor idea.
Y, con la ayuda de su nuevo compañero, crea una poción más potente y que, sin duda alguna, prueba en uno de sus odiosos compañeros.
La poción del olvido nunca le había salido tan bien.
Es obvio que les suspenden y no es obvio, ni común, que Tetsuro se haya echado la culpa de todo. No es común, pero es lo correcto y eso en alguien de Slytherin dice mucho. ¿Por qué nadie se atreve a creer que es un chico amable y lleno de buenas intenciones? Ah, sí, debe ser porque se ha negado a preparar un antídoto o siquiera revelar los ingredientes de su poción. Además, está seguro de que su profesor puede elaborar el antídoto más rápido de lo que un simple niño podría —y la sonrisa en el rostro de su profesor decía más que mil palabras—.
Cuando llega a la mazmorra está tan cansado que siente que podría dormir una semana entera —hibernaría igual que un oso, sólo que los osos no hibernan en septiembre—. La profesora de Gryffindor no ha dejado de regañarle y le ha encargado un ensayo para reflexionar sobre sus actos en cuanto le hubo anunciado que había terminado su castigo —los baños nunca habían estado tan limpios—. Sólo piensa en dormir que no nota que alguien le espera en la sala común.
—Hola —su voz es tímida y sus palabras parecen un susurro; sin embargo, Tetsuro alcanza a escucharlas. El fuego crepita e ilumina el rostro de Sugawara—. ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?
¿Ayudarle? Oh, por el incidente.
—No, no tienes de qué preocuparte. Fue mi idea. Además —dice al ver el indicador de los puntos de la casa de Slytherin y notar que las esmeraldas se han reducido de forma considerable—, el perder puntos puede que les sirva de lección.
Sugawara asiente y sonríe. Pero esta vez es diferente; es una sonrisa llena de alegría, no de alivio como la que le mostró en la clase de Pociones. Su sonrisa se transforma de a poco en una carcajada que asombra a Tetsuro.
—¿Viste… —comienza entre risas— viste sus caras?
Tetsuro las recuerda, llenas de incredulidad y miedo hacia ellos.
—Sí —responde y también empieza a reír, el cansancio parece alejarse de su cuerpo por unos instantes—; no sabían qué pasaba… y sus pociones tampoco funcionaron.
El prefecto de Slytherin llega para ver por qué hay tanto ruido. Está molesto por haberle interrumpido en sus labores y, una vez les hace callar, les obliga a ir a sus dormitorios. Tetsuro ve cambiar la expresión en el rostro del prefecto, cómo el desdén sólo va dirigido hacia su compañero quien no se da cuenta de ello; que sigue feliz, recordando la desastrosa clase de Pociones.
Bajan unas escaleras hasta que Sugawara le llama, la duda sigue presente en el tono de su voz, como si fuera erróneo que un sangre sucia le hablara.
—Este es mi dormitorio —juega con sus dedos; está nervioso.
—El mío está más abajo —Tetsuro señala hacia las escaleras y sonríe—. ¿Nos vemos mañana?
Y Sugawara vuelve a regalarle una de esas sonrisas que en tan poco tiempo se está acostumbrando a ver. El niño asiente y se despide de él con un gesto de la mano antes de desaparecer por la puerta de aquella habitación compartida. Tetsuro permanece en el pasillo de la mazmorra por unos cuantos segundos más antes de ir a su propia habitación. Es en ese momento que piensa que haber venido a Hogwarts no fue tan mala idea como pensó al principio.
Como es costumbre, se despierta en medio de la noche. Sudor frío le recorre la frente y la espalda; se sienta mientras sus pequeñas e inútiles manos agarran con fuerza la sábana. Cierra los ojos e inhala profundo, se repite una y otra vez que sólo ha sido una pesadilla y ahora está bien, está lejos de casa, en un lugar seguro. Su respiración se normaliza al pasar unos cuantos minutos y su corazón se empieza a tranquilizar. Escucha atento el ruido a su alrededor y lo único que sus oídos pueden captar es que sus compañeros de habitación están dormidos.
Con pasos ligeros y sin hacer el menor ruido, se dirige hacia su baúl y saca de él una playera limpia. Se apresura en secarse el sudor y tan pronto como se cambia vuelve a su cama.
Inhala profundo una vez más y cierra los ojos. Inhala, exhala y cuenta hasta diez.
Uno… Todo estará bien.
Dos… Él no tiene la culpa.
Tres… Todo está en silencio.
Cuatro… Sus padres están muy lejos.
Cinco… No volverá a soñar con lo mismo.
Seis… No hay gritos ni discusiones.
Siete… Hoy hizo un nuevo amigo.
Ocho… Le gusta su sonrisa.
Nueve… Quiere verle otra vez.
Diez… Mañana le buscará y estará con él.
Tetsuro sonríe y vuelve a dormir.
Horas más tarde, despierta gracias al ruido de sus compañeros quienes no tienen ni un ápice de remordimiento por haberle interrumpido un buen sueño (esta vez). Por lo general, siempre se levanta temprano —ya sea que las pesadillas le ataquen o no— pero en esta ocasión no quiere levantarse. Quiere seguir en su cómoda cama y robarse todas las almohadas del dormitorio, construir un fuerte y ser capaz de sólo escuchar el silencio.
Sin embargo, recuerda ojos cafés y cabellos plateados y obliga a su cansado cuerpo a levantarse, a vestirse de negro con verde y plata. Se molesta en peinar su cabello unos cuantos minutos para poder alisarlo pero desiste en poco tiempo porque lo que hace es en vano. Su cabello es indomable y, aún con magia, tratar de resolver ese problema es imposible.
Una mirada rápida al espejo después y decide que está listo. Sus pasos ligeros le hacen abandonar su dormitorio sólo para estar de pie en el pasillo por un par de minutos. Considera la idea de bajar e ir habitación por habitación para preguntar en dónde duerme su nuevo amigo, pero la deshecha antes de que haga algo de lo que pueda arrepentirse.
Dos segundos más y se encuentra dando media vuelta para abandonar la mazmorra de Slytherin y así dirigirse hacia el Gran Comedor. Es un camino que se sabe de memoria desde el segundo día de su llegada al castillo —porque se escabulle como un gato y gusta de pasear hasta perderse y poder regresar sin que alguien importante lo note—.
Sus pies son rápidos, así que llega en menos tiempo del que creyó a su destino. Con su mano pequeña empuja de manera ligera la puerta y, cuando se abre y logra pasar, la magia le recibe, como siempre, con una perfecta imitación del cielo. Las nubes se agolpan y anuncian una lluvia temprana que será duradera. En cada mesa se destaca algo aparte de sus propios colores: en Gryffindor, algunas bromas; en Hufflepuff, algunas risas y cuchicheos por parte de otros; en Ravenclaw, algunos libros siendo prestados y hay pronunciaciones correctas de hechizos; y, en Slytherin, una cabellera plateada rodeada por otras. ¿Dónde se han metido los profesores?
—Hey, miren al sangre sucia —uno de los bravucones se burla y a sus palabras le siguen carcajadas tontas—. Aún me pregunto qué es lo que estás haciendo aquí. No me importaría lo que…
—No hay nada de malo con mi sangre —Sugawara interrumpe. Su pequeño ceño permanece fruncido, su voz y su mirada se muestran molestos.
—¿Qué dijiste? —el otro niño apenas logra decir las palabras, su rostro se torna rojo de enojo y aprieta los dientes.
—Dije que no hay nada de malo con mi sangre —repite en voz aún más alta, lo que ocasiona que un niño de Gryffindor que estaba cerca de ahí se detenga.
Tetsuro avanza y avanza hasta que está justo frente a los bravucones. Uno de ellos lo nota y le hace señas a su amigo, haciendo que éste se voltee a verle.
—Oh, Kuroo —la sonrisa odiosa se ensancha en el rostro del otro. Tetsuro se siente asqueado—. No sabía que te agradaran los sangre sucia —hace énfasis en aquel par de palabras y mira de reojo para disfrutar la reacción del pequeño hijo de muggles.
—¿Sangre sucia? —Tetsuro repite mientras finge inocencia—. ¿Por qué? ¿Sólo porque es un hijo de muggles? —suelta una risita mientras la burla se muestra en sus ojos—. Deberías verte en un espejo. ¿Sabes? Te pareces a esos muggles que no dejan de molestar a los que son menores que ellos —su sonrisa se ensancha, su espalda se yergue de manera que, aunque es más pequeño que su compañero, su figura se ve más imponente—. Creo que se llevarían muy bien. Es más, creo que quien tiene la sangre sucia eres tú.
La risa de Sugawara que sigue a sus palabras provoca que cierta tonalidad roja comience a tornarse morada. Tetsuro no tiene miedo alguno, incluso cuando pareciera que aquel bravucón quiere lanzarle un hechizo con la mirada; incluso cuando la mano del tonto ese se desliza por su túnica en busca de su varita. Tetsuro está dispuesto a todo, si el otro quiere un duelo, que así sea.
—¿Sucede algo? —el profesor de Pociones llega, su tono de voz es tranquilo y se encarga de estudiarles con aquel par de ojos negros que tiene—. ¿Y bien, Walker?
Walker —Tetsuro ahora sabe parte de su nombre— y sus compañeros, a diferencia de hace unos momentos, permanecen en silencio. Se encargan de amenazarles con la mirada y Tetsuro y Sugawara se encargan de responderles con la misma intensidad. No van a retroceder, no por esto.
—No es nada, profesor —Walker arrastra las palabras, aprieta los dientes por el coraje que se obliga a contener.
Una razón más para que la sonrisa en el rostro de Tetsuro se ensanche.
—Bien —el profesor dice y asiente con la cabeza. Su mirada se dirige hacia las esmeraldas y permanece ahí durante un par de segundos—. Cincuenta puntos menos para Slytherin. Las mentiras son algo que nadie aprecia, así que espero lo tengan presente la próxima vez que se les ocurra hacer algo similar —hace una pequeña reverencia—. Buen día.
El profesor se marcha, su túnica se mece con cada paso que da y deja a tres alumnos de primero agradecidos y a otros más grandes refunfuñando. Es algo bueno, piensa, que los profesores se preocupen por sus alumnos y les den lecciones fuera de las aulas y las clases.
Los bravucones se marchan y es entonces que el niño, aquel que fue por el profesor, se acerca a ellos. Tetsuro le ha visto desde lejos y, por supuesto, ha escuchado de él. Oikawa Toru. Hijo de padre muggle y madre bruja, se hizo conocido poco a poco por su talento en Transformaciones y en las clases de vuelo —un niño prometedor para el equipo de Quidditch de Slytherin—. En Pociones, siempre hace equipo con otros dos niños de Gryffindor y Tetsuro no puede evitar pensar que tal vez Oikawa no disfruta mucho de su estancia en Slytherin.
O de sus compañeros.
El niño, arreglándose un mechón de su cabello, se acerca una vez que el profesor se ha retirado.
—Estuvo cerca, ¿eh? —sus ojos, del mismo color que su cabello, siguen las siluetas de los bravucones; como si quisieran asegurarse de que no se les acercarán en esos momentos—. No necesitan agradecerme.
—No íbamos a hacerlo —Tetsuro replica.
Su comentario, al parecer, no es bien recibido por Oikawa; sin embargo, el niño parece tomar una decisión, pues quita de su túnica polvo que a simple vista no pueden notar. Se endereza y les sonríe de una forma que dista de educada.
—Soy Oikawa Toru. Mi lema es «si vas a golpearlo, hazlo hasta que se rompa».
—Creo que no es necesario que te presentes así, Oikawa —Sugawara dice y Tetsuro, es honesto, está un poco sorprendido. El niño de cabello plateado, al verle, decide responder a su pregunta silenciosa—. Estamos en el mismo dormitorio.
—Dai-chan ya venía —Oikawa dice con voz aún más baja que casi se pierde en el barullo del Gran Comedor—. Pero cuando vio que Kuro-chan llegó, regresó a su mesa.
¿Dai-chan? ¿Sería el chico que Tetsuro vio antes? Su curiosidad es grande, así que dirige su mirada hacia la mesa con los estandartes rojos y dorados y nota a un par de niños de mirada similar. Uno es Hajime —lo recuerda por un encuentro que tuvo con él y con un chico de Ravenclaw en la biblioteca— y, el que está a su lado y nota en ese momento la mirada de Tetsuro debe ser Dai-chan. Hay algo en ese niño que no puede descifrar bien, tal vez tenga que ver con la magia que le rodea, se dice. Así que, mientras Oikawa pasa a su lado y toma asiento junto a Sugawara, Tetsuro se hace la promesa de hablarle a Dai-chan en un futuro.
Después de que su estómago gruñe, el niño se dirige hacia el lugar vacío junto al de cabellos plateados mientras piensa que los desayunos y comidas ya no serán tan aburridos.
Más tarde, cuando tienen clase de Pociones, Tetsuro conoce de manera formal a Sawamura Daichi —mestizo, amigo de Sugawara y Oikawa, compañero de Iwaizumi, jugador de Quidditch— y decide que no es un mal chico.
