Resumen: Cuando Emilie Agreste reaparece y Hawkmoth desaparece misteriosamente, Ladybug y Chat Noir tienen una fuerte pelea. Adrien se muda a Japón, y cuatro años después regresa a París para los preparativos de su boda con Kagami. No se espera encontrar a Marinette viviendo con Luka, y mucho menos con una pequeña niña rubia que le parece muy conocida.
Nota Aclaratoria:
1) Los personajes no me pertenecen, salvo algún OC que de pronto aparezca. Créditos a Thomas Astruc y compañía
2) Contiene spoilers de toda la segunda temporada
3) IMPORTANTE: La inspiración para algunas puntos de la trama de esta historia fue tomada por el fic Unexpected Surprise de Totally Lucky en la página Archive of Our Own.
SERIE DE MALENTENDIDOS
CAPÍTULO 4
Apartamento de Luka y Marinette
Más tarde
Marinette no estaba nada feliz cuando llegaron a casa. Había visto todo el altercado entre Adrien y Luka, y no le había gustado ni una pizca lo que había presenciado. Luka no estaba nada mejor. El chico condujo con Marinette sentada a su lado, cruzada de brazos y con los labios tensos. De tanto en tanto miraba de reojo a Marinette, pero ésta estaba tan furiosa que no se atrevió a abrir la boca en todo el camino. Sabía la que le esperaba. Emma viajaba con ambos en el asiento trasero, arrullándose con el movimiento del auto, y para cuando llegaron la pequeña ya estaba dormida.
Y vaya que había tenido suerte que Emma se quedara dormida en el camino a su casa, pues tan pronto como llegaron al apartamento, Marinette la llevó a su habitación a dormir, y tras cerrar la puerta con cuidado de no despertarla. Se volvió a Luka para confrontarlo por su actitud con una expresión molesta.
-¿Se puede saber qué rayos fue eso?- siseó Marinette en dirección a Luka.
-No sé de que estás hablando…- comenzó a decir el chico, cruzando los brazos y mirando en dirección contraria.
-Sabes perfectamente de lo que estoy hablando, Luka- lo interrumpió ella en un tono que no admitía tonterías, poniendo sus manos en sus caderas- hablo de lo que pasó hace rato en la panadería de mis padres. ¿Qué rayos te pasó por la cabeza?-
Luka gruñó mientras que cruzaba los brazos, molesto.
-Adrien no tenía nada que estar haciendo con Emma, y…-
-¡Y le estaba ayudando a maman!- dijo Marinette, alzando un poco la voz- ¿que no viste el desastre de agua por todos lados en la panadería. De seguro maman la puso en sus brazos para que no se resbalara, ya sabes que Emma es igual que yo en su propensión a caer mientras camina en línea recta, ahora imagina en el suelo mojado-
-Sí, pero después llegué yo por ella, y Adrien no la quiso soltar- dijo Luka.
-Igual no tenías que ser tan agresivo con Adrien. Él solamente estaba tratando de ayudar para que Emma no llorara- dijo Marinette- y sabes bien no fue su culpa que Emma quisiera quedarse en casa de sus abuelos-
-No era que Emma se quisiera quedar con tus padres, el problema fue solo que Adrien no quería soltarla- siseó a su vez Luka.
-Eso no parecía desde donde yo estaba viendo- dijo Marinette- yo la escuché decir que quería quedarse otro rato. Y Adrien incluso quería ayudar…-
-De todos modos, Adrien no tenía nada que hacer ahí- dijo Luka.
Marinette no estaba de humor para soportar tonterías. No tenía opción con los comentarios extraños de monsieur Agreste en el trabajo, pero no iba a permitir que Luka, en vez de ayudarla, le causara más problemas. Estaba agradecida con él por toda su ayuda, pero no iba a permitir esos episodios de celos.
-Luka, por favor, no tuve un buen día en el trabajo- dijo Marinette, frotándose la frente- ¿puedes dejar en paz a Adrien? Él es solo mi antiguo amigo del colegio, no tiene nada de malo que…-
-¿Porqué lo defiendes?- la interrumpió Luka, alzando la voz- ¿de qué lado estás?-
Marinette frunció el entrecejo. Si bien habían pasado episodios en los que Luka se molestaba con ella, jamás se había imaginado que hiciera tanto escándalo por una situación sin importancia. Además, se suponía que eran solamente amigos, compañeros de apartamento. No eran una pareja, y a veces el chico parecía olvidarlo.
-Realmente no entiendo cual es el problema, Luka- dijo Marinette, haciendo un esfuerzo para no estallar contra él y decir algo de lo que se arrepentiría- ¿porqué te desagrada tanto Adrien?-
-Dime la verdad. ¿Adrien Agreste es el padre de Emma?- dijo Luka, sus mejillas rojas de enojo- ¿es por eso que te molestaste conmigo?-
Marinette palideció ante esa sugerencia. Sí, ella había pasado toda su adolescencia enamorada de Adrien, y no era un secreto para sus amigos o incluso para Luka, pero se molestó ante aquella acusación. ¿Adrien Agreste, el padre de Emma? Era ridículo. Si hace cuatro años, ella le había confesado su amor a Adrien, y…
Sacudió la cabeza. No quería recordar eso.
-No digas tonterías- dijo Marinette, pasada la sorpresa, mientras volvía a fruncir el entrecejo.
-Oh, no hagas como que no es obvio- dijo Luka, frunciendo el entrecejo aún más- Emma es rubia como él, y tiene los ojos del mismo tono y forma que los de él. Parece más hija suya que tuya-
Marinette enrojeció de enojo, y estuvo a punto de decirle a Luka que no era asunto suyo, pero se contuvo.
-Te lo he dicho mil veces, pero parece que necesitas que te lo repita- dijo Marinette con calma- Adrien Agreste no es el padre de Emma-
-¿Entonces quien fue el…?-
-No, Luka. Te recuerdo que esa información no es parte de nuestro acuerdo. Y disculpa que te lo diga de nuevo, pero ni siquiera si estuviéramos en una relación te permitiría controlar lo que hago- lo interrumpió Marinette, alzando la voz y cruzándose de brazos- así que ya deja ese tema en paz, y deja en paz a Adrien también-
Luka se cruzó de brazos y bufó mientras se dejaba caer sobre el sofá. Cuando Marinette se había mudado con él, ambos habían hecho un acuerdo. Luka prometió no preguntarle sobre la identidad del padre de Emma, y vaya que la chica lo había obligado a cumplirlo. El chico de cabellos turquesas no era ningún tonto, sabía muy bien que Marinette no lo amaba, y que lo veía solamente como un amigo. No lo había dejado tocarla en todos esos años, y no parecía que la situación fuera a cambiar pronto.
Y no quería aceptarlo, pero se sentía amenazado por la llegada de Adrien, el único chico del que Marinette estuvo enamorada alguna vez. Pero sabía muy bien que tenía una ventaja.
"Al menos sé que aunque Adrien esté de vuelta, está comprometido con Kagami Tsurugi", pensó Luka "seguramente no tendremos que verlo de nuevo"
-Bah, está bien- dijo Luka, quitándole importancia al asunto- ni que fuera tan importante-
-Bien, al menos en eso estamos de acuerdo- dijo ella con un tono final- buenas noches-
Luka iba a decir algo más, pero la chica ya le había dado la espalda, y se había alejado.
Marinette regresó a la habitación de Emma, dejándose caer en la cama junto a su hija, que seguía durmiendo profundamente. La chica sonrió y rodeó a la niña con sus brazos, atrayéndola hacia sí misma. Suspiró enternecida al ver que la pequeña frotaba su cabecita contra su pecho en sueños, en un gesto muy gatuno de su parte.
-Maman- escuchó su vocecita decir entre sueños.
Marinette besó sus cabellos, y cerró los ojos.
-Shhh… bonne nuit, ma chatonette- dijo la chica en voz baja.
x-x-x
Mansión Agreste
Al mismo tiempo
Una vez que terminó de cenar con sus padres y Kagami, Adrien se disculpó de la mesa, diciendo que el jetlag había comenzado a afectarlo, y tras tomar un trozo de Camembert, se apresuró a encerrarse en su habitación. Cerró la puerta tras de sí y, asegurándose de estar completamente solo, se llevó la mano al cuello. Buscó a tientas el anillo que colgaba de una cadena plateada, y lo tomó. Tras suspirar, lo sacó de la cadena y lo deslizó por su dedo anular de la mano derecha.
Una luz verde apareció frente a él, y sonrió al ver aparecer la familiar figura de su kwami, a quien llevaba cuatro años sin ver.
Plagg se desperezó, bostezando en voz alta, y miró a su alrededor. Su primera reacción fue rodar los ojos, al encontrarse en el mismo sitio donde Adrien había renunciado a él, donde estaba acostumbrado a vivir, pero abrió los ojos desmesuradamente al ver a su elegido.
-Ese peinado se ve ridículo- comentó Plagg, pasada la sorpresa inicial.
Adrien no sabía si reír u ofenderse ante ese comentario.
-Llevabas cuatro años sin verme, Plagg, ¿y lo primero que se te ocurre decirme es que mi cabello se ve ridículo?- dijo el chico con una leve sonrisa.
-Pues es cierto que lo es- dijo el kwami, cruzándose de brazos y mirando en dirección contraria- espero que me hayas traído Camemb… ¿QUÉ?¿CUATRO AÑOS?- añadió, abriendo los ojos desmesuradamente.
-Shhhh… Plagg, no grites- dijo Adrien.
-¿Cuatro años, chico?- dijo el kwami, palideciendo mortalmente mientras repetía el tiempo en el que había estado en el anillo- ¿qué estuviste haciendo todo este tiempo?¿Porqué me dejaste encerrado en el anillo todo este tiempo?¿Y dónde está Ladybug?-
Adrien entreabrió la boca, pero no pudo responder a las preguntas de Plagg. En vez de responder, tomó en trozo de Camembert que había preparado para Plagg y lo acercó al kwami, con la intención de ganar un poco de tiempo. No sabía que decirle, y no sabía porqué había decidido despertarlo, después de tanto tiempo. El chico se llevó las manos a la cara y suspiró frustrado.
-Yo… soy un idiota- dijo Adrien, frotándose la frente- creo que cometí un error muy grande-
-Estoy de acuerdo con lo de idiota- dijo Plagg mientras daba una enorme mordida al Camembert que el chico le había ofrecido- tendrás que contarme cómo llegaste a esa conclusión-
-Yo…- dijo Adrien en un tono dudoso- Plagg, necesito saber la verdad. ¿Quién era la verdadera Ladybug? Sé que tú la viste en más de una ocasión, e incluso hablaste con ella- añadió, cuando el kwami se sacudió la cabeza repetidamente, negándose a responder su pregunta- por favor, Plagg, esto es serio. Solo dime si Marinette Dupain-Cheng era Ladybug-
Plagg frunció el entrecejo. ¿Era? Al kwami no le gustaba el tono que usaba su elegido. ¿Qué rayos había pasado durante todo el tiempo en el que él había estado encerrado en el anillo? ¿Qué había pasado con Ladybug?
-¿Qué pasó después de que me encerraste en el anillo, chico?-
-Yo… me acabo de enterar que… quizá Marinette había sido Ladybug todo ese tiempo- dijo Adrien nerviosamente, incluso mordiéndose el pulgar en un gesto ansioso- y al parecer… tuvo una hija… con Chat Noir- y le contó brevemente lo que había pasado en la place des Vosges y en casa de los padres de Marinette, justo hasta después de que Luka y Marinette se fueron.
Plagg escuchó a su elegido boquiabierto, y cuando éste terminó, se echó a reír.
-BUAHAHAHAHAHA…-
Adrien rodó los ojos. De las muchas reacciones que se esperaba que su kwami tuviera, reír no era una de ellas.
-BUAHAHAHA- se burló el kwami- ¡eres realmente un idiota, chico!-
-Basta, no es gracioso- gruñó el chico.
-BUAHAHAHA…- siguió riendo Plagg, rodando del escritorio al suelo de la habitación del chico- jamás había tenido un elegido tan idiota como tú…-
-¡Plagg!- volvió a quejarse Adrien.
-¡Te advertí que cometías un grave error cuando te fuiste a Tokio, justo antes de que me callaras!- dijo el kwami, aún dejando escapar una risita-¡eso te pasa por no escucharme!-
Adrien esperó pacientemente a que Plagg dejara de reír. Cada segundo que tardaba se le hacía una eternidad.
-Pero sí, Marinette es Ladybug- dijo el kwami- al parecer eres padre, cachorro idiota-
Adrien tuvo sentimientos encontrados al respecto. ¡Marinette sí era Ladybug! Y entonces, eso confirmaba que Emma era su hija.
La realidad le cayó encima como un balde de agua fría. Y ahora… ¿ahora qué iba a hacer?
El chico se llevó las manos a la cabeza y tiró de sus cabellos. ¿Qué iba a hacer?¿Cómo le iba a decir a Marinette que sabía su secreto, y cómo le iba a contar el suyo a ella?¿Cómo le iba a decir que sabía que Emma era su hija, y que las había abandonado a ambas todo ese tiempo, porque no sabía de su existencia?
Mientras Adrien se tiraba los cabellos ansiosamente, pensando en lo que tenía que hacer ahora, Plagg flotó a su alrededor, mirando al chico con curiosidad.
-Pasaron cuatro años, pero parece que sigues siendo igual de idiota- dijo Plagg- solo ve con la chica de Tikki y dile la verdad. Dile quien eres y lo que pasó. Tikki siempre ha dicho que es mejor decir la verdad, y su elegida realmente apreciará eso-
-Marinette me va a odiar-
-No es como que no lo merezcas- dijo el kwami, encogiéndose de hombros- pero siempre las elegidas de Tikki tienen buen corazón, y quizá tenga un lado más compasivo de lo que crees. Chico- añadió, dejando de burlarse por un momento- no había manera que supieras que esto pasaría. Cuando te fuiste de París, no tenías idea, y me consta. Marinette entenderá, estoy seguro. Te pateará el trasero en el proceso, pero no es como que no lo mereces-
-No es tan sencillo, Plagg…- dijo el chico, cabizbajo- hay otra complicación. Yo… estoy comprometido-
-¿Qué es eso?-
-Comprometido a casarme… con Kagami- dijo Adrien tristemente- y Marinette está con Luka. No va a ser nada fácil-
Plagg hizo una mueca. Su elegido tenía razón, estaba metido en menudo embrollo. El kwami se quedó pensativo, buscando una solución al problema Ojalá pudiera buscar al maestro Fu para arreglar todo este desastre, pero era un problema entre los dos chicos, y eran ellos quienes lo tenían que solucionar.
-No, no es fácil- dijo Plagg- pero si ella vale la pena. ¿No es así?-
Adrien miró a su kwami, y sonrió. No recordaba que fuera tan sabio.
-Lo vale- dijo Adrien, sonriendo levemente- las dos valen al pena-
Plagg miró de nuevo a su elegido, y sonrió ampliamente. Su chico seguía siendo un poco idiota, sí, pero también había madurado, y eso era lo más importante. Estaba convencido de que de una u otra manera, las cosas iban a resolverse.
Al otro día pondrían manos a la obra.
x-x-x
Edificio de la empresa Agreste
A la mañana siguiente
Gabriel Agreste le había mentido a Marinette Dupain-Cheng en repetidas ocasiones. Aquello no era algo extraño para ella. Tras cuatro o cinco años de tener una doble vida secreta como Hawkmoth, el hombre había desarrollado la habilidad de mentir bastante bien, y sin ser descubierto. Ya era una segunda naturaleza para él. Solo su esposa Emilie podía descubrirlo, y eso porque ella conocía muy bien el brillo en sus ojos cuando decía una mentira.
A esas alturas de su vida, cuando su mujer no estaba a la redonda, mentir era una segunda naturaleza para Gabriel Agreste.
En este caso, Gabriel Agreste había mentido sobre tener que acompañar a Adrien ese día al nuevo hotel de Chloé Bourgeois para su boda. En realidad el hombre solo quería ver la reacción de Marinette y saber si la chica por fin cedería a la presión y revelaría su secreto mejor guardado: que aún amaba a su hijo.
Él ya se lo imaginaba, pero de todos modos, quería escucharlo de ella.
Si Gabriel Agreste sabía tres cosas sobre su empleada más valiosa, eran que era una demasiado talentosa, que estaba dispuesto a casi cualquier cosa para conservarla en su compañía, y que estuvo, y seguramente aún estaba, enamorada de su hijo.
El episodio en el que Marinette había confesado que robado el Grimorio, su supuesto libro de inspiración, de la mochila de Adrien cuando estaban en el colegio estaba firmemente grabado en la memoria del hombre, así como el pánico en su voz cuando le pidió que no dijera nada al respecto a su hijo, y le pidió que lo dejara regresar al colegio.
A pesar de todos sus defectos, Gabriel Agreste conocía el amor, sabía distinguir cuando era puro o cuando era interesado. Y había visto el amor más puro hacia su hijo en los ojos de Marinette Dupain-Cheng, y ayudaba el hecho de que la chica era tan transparente.
"Es una buena chica", recordaba haber pensado cada vez que la veía o hablaba con ella.
FLASHBACK
Tres años antes
Gabriel estaba revisando sus papeles cuando por accidente recibió una solicitud de empleo de Marinette Dupain-Cheng. Reconoció el nombre inmediatamente, por tratarse de una amiga de Adrien y al mismo tiempo la chica que cada año había ganado su concurso de talento. Cuanto Gabriel tomó la solicitud, vio que varios de sus diseñadores rivales también habían recibido una solicitud de la chica, y la habían rechazado rotundamente.
-Nathalie- dijo Gabriel Agreste- comunícame con Du Blanc Couture y Henri Couture, pregúntales porqué rechazaron la solicitud de empleo de mademoiselle Dupain-Cheng-
Minutos después, Nathalie llevaba la respuesta. Marinette Dupain-Cheng tenía una hija de un mes de nacida, y no querían nada que ver con ella. Gabriel frunció el entrecejo, llamó a recursos humanos de su propia compañía.
-Mon… monsieur Agreste- dijo nervioso el director de recursos humanos.
-Thierry, quiero que me expliques porqué rechazaste la solicitud de una joven diseñadora- dijo Gabriel Agreste con fría calma- se llama Marinette Dupain-Cheng-
-Ehh… sí, un momento, monsieur…-
Gabriel esperó un par de minutos en la línea, y fue entonces cuando le respondieron.
-Monsieur, la joven en cuestión tenía ocho meses de embarazo cuando acudió a la entrevista- dijo el hombre por teléfono- si recuerda, la política de la mesa directiva de la empresa dicta que no se debe contratar a una mujer que…-
Gabriel se sintió orgulloso de haber sido la primera opción de la chica, pero se enfureció porque la hubieran rechazado.
-No me importa la mesa directiva- dijo fríamente Gabriel Agreste- quiero que la citen a una entrevista conmigo. Hoy mismo. Y le sugiero que la encuentre. Si no, no puedo garantizar que mañana aún tenga trabajo…-
El asustado director de recursos humanos localizó a Marinette, quien acudió a la entrevista, asustada, y llevando a su hija contra su pecho usando un porteo. Se notaba cansada, y quizá un poco entristecida, lo cual no era extraño, pues acababa de tener un hijo.
-Ah, mademoiselle Dupain-Cheng- dijo Gabriel Agreste- tome asiento por favor-
Marinette se dejó caer sobre la silla frente a él.
-Bien- dijo el hombre, mirándola a través de sus gafas- acaba de llegar a mi atención que aplicó a un puesto en mi compañía- la chica asintió levemente- y la rechazaron por su anterior condición-
-Así fue, monsieur Agreste- dijo ella.
-Bien- añadió, ajustándose las gafas- mi señora esposa también fue rechazada de algunos trabajos por estar embarazada, pero creo que esa condición, o tener un hijo pequeño, no es impedimento para realizar este trabajo-
Marinette parpadeó, como si no pudiera creer lo que le estaba diciendo.
-¿Quiere decir que…?-
-Así es, mademoiselle- dijo él- si lo desea, el trabajo es suyo-
El hombre pudo ver que los ojos de Marinette brillaron de emoción, y justo cuando iba a agradecerle, el bebé en el porteo comenzó a llorar. La chica lo consoló, moviéndolo suavemente, e hizo una leve mueca.
-¿No tiene con quien dejarlo?- dijo el hombre.
-Su… su jefe de recursos humanos no me dio tiempo de dejar a Emma donde mis padres- dijo Marinette en tono de disculpa- esa es la otra causa de que no quisieran contratarme cuando…- y se interrumpió.
Gabriel frunció el entrecejo. Marinette Dupain-Cheng tenía mucho talento, y una pequeña dificultad con su hija. No importaba, podía arriesgarse. Lo que ganaría teniéndola trabajo para él sería mucho mayor que lo que invertiría en ella.
-Entendido- dijo el hombre- mañana iniciaré la adecuación de la cafetería del primer piso para convertirlo en una guardería-
-Monsieur Agreste, yo…-
-Tardará un par de meses seguramente, pero si usted promete conseguir a alguien que se haga cargo de su hija en lo que las instalaciones están listas, como le dije, el trabajo es suyo- añadió.
Marinette pareció meditarlo unos segundos. Finalmente suspiró y asintió.
-Muchas gracias, monsieur Agreste- dijo la chica finalmente, extendiendo su mano hacia él- acepto-
Gabriel Agreste sonrió ampliamente, y se puso de pie para rodear el escritorio y ofrecerle la mano para ayudarla a levantarse. Cuando lo hizo, no pudo evitar notar la mata de cabellos dorados que tenía la pequeña, pero no pensó más en ello.
-Bien, eso es todo, mademoiselle, que usted y su hija tengan un lindo día- dijo el hombre, y luego se aclaró la garganta- ¿cómo dijo se llama?-
-Emma, monsieur- respondió Marinette antes de retirarse.
FIN DEL FLASHBACK
Marinette comenzó a trabajar como una diseñadora de bajo rango, y era tan buena en su trabajo que Gabriel Agreste rápidamente la ascendió a subdirectora de la compañía. El hombre estaba tan complacido con su trabajo que pronto se dio cuenta que contratarla (y acondicionar esa guardería para que ella y otros de sus empleados pudieran dejar a sus hijos) había sido una de sus mejores ideas hasta el momento, y eso era mucho decir.
Después de contratar a Marinette, por sugerencia de ella también contrató a su mejor amiga, Alya Césaire, para administrar la página web de la compañía. A pesar de que le traía malos recuerdos de cuando era administradora del Ladyblog antes de que él encontrara a Emilie, la chica morena era tan buena en su trabajo como su mejor amiga, y también hizo uso de la guardería para dejar a su hija.
Ahora que Gabriel lo pensaba, él nunca había conocido a Emma Dupain-Cheng. Siempre la había visto de lejos, hundiendo su cara en los brazos de su madre, o a través de las cámaras de vigilancia, pero como Marinette siempre era la primera en llegar y la última en irse, supuso que nunca hubo oportunidad. No que le interesara, sabía que no era bueno con los niños.
Marinette tampoco había nunca nada sobre su vida personal o sus relaciones amorosas pasadas o presentes. Y por supuesto, a todas las preguntas tanto indirectas como directas sobre la identidad del padre de su hija, la chica encontraba algún pretexto para salir por la tangente. Lo único que pudo llegar a averiguar sobre ella es que vivía con un chico llamado Luka Couffaine, pero era más un compañero de apartamento que una relación, aunque disfrutaba molestando a Marinette diciéndole que era su esposo. Eso parecía irritarla un poco, y seguramente significaba que realmente no tenía sentimientos para ese chico.
Marinette Dupain-Cheng era su empleada más valiosa, y hacía felices a todos a su alrededor. Incluso Nathalie sonreía cuando estaba con ella. Y al mismo tiempo, Gabriel Agreste estaba seguro de que Marinette podía hacer que Adrien volviera a sonreír.
Y desde la última conversación que él y Emilie habían tenido con Adrien, ambos padres notaron que su hijo estaba realmente infeliz. Habían pasado cuatro años desde que su hijo se fue, y su tristeza y melancolía no había desaparecido. Emilie le había explicado lo preocupada que estaba por Adrien.
Y fue entonces cuando ambos conceptos, Marinette siendo un rayo de felicidad en su compañía, y Adrien siendo infeliz, hicieron clic. Fue cuando Gabriel Agreste tuvo una idea.
Aún había una posibilidad. Sabía que Marinette no era indiferente a su hijo, sobre todo después de ese episodio con el Grimorio en el que le había lo mucho que le gustaba. Usaría la insistencia de los Tsurugi en querer casar a Adrien con su hija para hacerlo regresar a París y observar su comportamiento alrededor de su protegida.
De todos modos, desde que los vio llegar a casa notó que Kagami no se veía nada feliz con su hijo y, más importante, Adrien se veía sumamente infeliz con la chica japonesa.
Su plan aún tenía algunas fallas, pero las cosas mejorarían a partir de ahora, que Adrien estuviera en París. Y realmente esperaba que Emilie no se diera cuenta de lo que estaba tratando de hacer.
Gabriel Agreste miró a través de sus cámaras de seguridad, y entrecerró los ojos cuando se dio cuenta de que Adrien estaba entrando al edificio de la compañía. Sonrió levemente al ver al chico caminar hacia la guardería y asomarse a través de una de las ventanas. Después de unos segundos, sonrió maliciosamente. Su presencia en el edificio de la compañía le daba una pequeña idea.
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Entrada del edificio de la compañía Agreste
Poco antes
Cuando se levantó esa mañana, Adrien fue a buscar a Kagami para decirle lo que sabía, sin estar muy seguro de querer encontrarla. Pero se encontró con una nota de su prometida, (Adrien reprimió un escalofrío al pensar en ello), que decía que Lila Rossi había pasado a la mansión a invitarla a tomar un café, y que regresaría tarde.
Adrien releyó la nota sin poder creer lo que estaba escrito. Le extrañaba un poco que alguien como Lila Rossi, quien en el pasado había mentido diciendo que eran novios, fuera tan amable y considerada con Kagami, sabiendo que era su prometida pero no pensó más en ello.
De hecho, la ausencia de Kagami esa mañana le venía perfecto al chico, pues él tenía otra misión que completar.
Tan pronto como estuvo listo, Adrien se apresuró al edificio de la compañía de su padre, con la esperanza de ver a Marinette y hablar con ella. Cuando entró, lo primero que vio fue una pequeña guardería que antes no había estado ahí.
"¿Père puso una guardería en su empresa?", pensó sin poder creerlo.
-Parece que tu padre ya no es tan desagradable como antes- dijo Plagg desde la solapa de su camisa- ¿qué le habrá picado?-
-Shhhh… mantente bien escondido, Plagg- siseó Adrien mientras se ponía de puntillas y miraba a través de la ventana- père no hace nada sin motivo. O eso creo yo. Quisiera pensar que es una mejor persona, pero seguramente es porque esto le iba a beneficiar de alguna manera-
Adrien sonrió levemente al ver que Emma estaba ahí, junto a los otros niños, jugando alegremente con un libro de dibujos, pasando sus páginas mientras parecía contar una historia en voz alta. Adrien sonrió al verla. ¡Era tan linda! Tenía ganas de entrar y abrazarla de nuevo, pero no quería causar problemas. ¿Y si lo hacía? Solo quería volver a verla de cerca, no había nada de malo en ello…
-Oh, ¿entonces esa es la cachorrita?- dijo Plagg en un tono curioso mientras que salía del bolsillo de Adrien y flotaba a la ventana- quiero verla de cerca-
-Plagg, no hagas eso, te van a descubrir y…-
Pero era demasiado tarde. El kwami había salido volando, traspasando el vidrio de la ventana con sus poderes de intangibilidad, y se había apresurado a posarse en los cabellos dorados de Emma. La niña estaba felizmente coloreando y no pareció percatarse que tenía un kwami en sus cabellos.
El kwami ignoró todas las señas de Adrien que le pedían que se detuviera y que regresara, y se posó en la cabeza de la niña. Olfateó sus cabellos, y con cuidado de no ser visto, flotó bajo la mesa en la que estaba trabajando para mirarla mejor. Cuando volvió a olfatearla, Plagg se quedó boquiabierto.
"Pero qué brujería es esta…", comenzó a pensar Plagg.
Nunca, en sus miles de años de existencia, había sucedido algo así. Sí, había tenido algunos elegidos que se habían enredado con la portadora de Tikki, e incluso algunos cachorros, pero nunca se había encontrado esa anormalidad.
Esa cachorrita que Adrien decía que era hija suya y de Ladybug, olía parecido a su elegido. Y no se refería que olía a su padre. Se refería a que olía a su portador. Esa pequeñita tenía el potencial de ser su portadora.
Siempre Fu y los guardianes previos habían elegido a sus portadores, y Plagg no lo había cuestionado nunca, siempre y cuando fueran compatibles. Los Guardianes sabían como elegirlos, y Plagg lo corroboraba con su olfato. Pero era la primera vez en su historia que un descendiente de un portador suyo tenía las características olfativas de poder ser su portador en el futuro.
¡Había tanto talento innato en esa niña!
Y no solo eso, sino que también podía detectar el olorcillo dulce de una portadora de Tikki, aunque supuso que quizá sería porque Marinette la había llevado. Pero desde que la olfateó, supo que esa diminuta humana sería suya algún día.
Plagg no se pudo resistir, y frotó su cabeza contra la mejilla izquierda de Emma, ronroneando suavemente. La niña se asustó por el súbito contacto y dio un respingo, volviéndose hacia la izquierda para ver que había rosado su piel, pero el kwami se había vuelto a esconder.
Una vez que la niña volvió a entretenerse en su cuento, Plagg escapó de la guardería y regresó al lado de Adrien, quien estaba asustado de que el kwami fuera a ser descubierto, y pensando si debía entrar o no por él.
-Plagg, ¿qué rayos fue eso?-
Plagg sacudió la cabeza.
-Lo siento, tenía que verla de cerca- dijo el kwami al mortificado chico, sin revelarle lo que había descubierto. No era necesario que su chico lo supiera y comenzara a preocuparse por Emma doce años antes de que la pequeña pudiera ser la portadora de su anillo.
El kwami entrecerró los ojos. Ahora era imperativo que Adrien recuperara a Marinette para que pudiera estar cerca de la pequeña.
-¿Y bien?¿Qué esperas, cachorro?- dijo el kwami.
El chico respiró hondo, y estuvo a punto de entrar a la guardería cuando su teléfono celular sonó. Miró el número, e hizo una mueca antes de contestar.
-¿Père?- dijo Adrien sin muchas ganas.
-Necesito que vengas a mi oficina- dijo su padre por el auricular- hay un asunto del que quiero hablar contigo-
-Eh… de acuerdo- dijo el chico, levantando la mirada y fijando sus ojos en la cámara de seguridad antes de suspirar resignado- estoy en la entrada de la compañía, después de todo, como seguramente ya sabes-
-Date prisa- dijo el hombre antes de colgar el teléfono.
Adrien suspiró, decepcionado, pero subió a la oficina de su padre inmediatamente. No sabía que era lo que su padre quería, pero habitualmente no era buena idea dejarlo esperando.
Cuando llegó al último piso, en el ala norte de la torre, el chico llegó a la recepción y se encontró a Nathalie, quien le sonrió amablemente.
-Pasa, Adrien, te está esperando- dijo la mujer al tiempo que le abría la puerta, dejando que el chico entrara.
-Merci, Nathalie- dijo Adrien antes de cruzar el umbral de la puerta y dirigirse hacia su padre-¿Père?¿querías hablar conmigo?-
Su padre estaba sentado detrás de su escritorio, con una expresión severa en su mirada a través de sus gafas. Esa expresión nunca auguraba algo bueno.
-Sí, precisamente tengo un asunto muy importante que hablar contigo- dijo Gabriel Agreste- no me has dicho cuando quieres que hablemos con mademoiselle Bourgeois para separar una fecha en su nuevo hotel-
-¿Un… una fecha?- dijo el chico nerviosamente, su mente corriendo a mil por hora para intentar descifrar lo que su padre quería decir- ¿de qué hablas?-
-Hablo de tu boda, y de Kagami- dijo Gabriel, alzando las cejas y mirando sospechosamente a su hijo- por eso estás aquí en París. ¿O acaso ya lo olvidaste?-
-Eh… no, père, por supuesto que no lo he olvidado- dijo Adrien, sacudiendo la cabeza- es solo que… ambos hemos estado ocupados con reuniones con nuestros viejos amigos. Pero… no te preocupes, cuando Kagami esté lista, te lo haremos saber, y…-
Adrien se interrumpió al escuchar que la puerta de la oficina se abrió de golpe, y al volverse hacia ella, Marinette estaba de pie junto al umbral, llevando consigo una montaña de papeles, seguramente para ponerlos sobre el escritorio de su padre. Cuando el rubio se volvió hacia ella, y los ojos de ambos se cruzaron, la chica dejó escapar un pequeño grito y todos los papeles y carpetas se cayeron de sus brazos al suelo.
El chico tardó unos segundos en reaccionar, pero sonrió levemente al ver a la chica nerviosa y ruborizada mientras que se inclinaba al suelo a recoger lo que había tirado. Recordaba muy bien que siempre había sido así en sus años de escuela.
Había una palabra que describía perfectamente a Marinette: Maladroit.
Adrien regresó a la realidad cuando cuando su padre se aclaro la garganta, y se levantó apresuradamente de su asiento a ayudar a Marinette a recoger la montaña de papeles que había dejado caer.
-Yo… lo siento mucho, monsieur Agreste, lo siento, lo siento, soy un poco torpe- dijo Marinette en voz alta, arrodillada en el suelo mientras que recogía nerviosamente los papeles, y negándose a mirar al chico que se había arrodillado frente a ella a ayudarla- creí que no vendría hoy a trabajar y que la oficina estaría vacía, lo siento mucho…-
-No se preocupe, mademoiselle Dupain-Cheng, no es nada grave- dijo Gabriel benévolamente, sorprendiendo a su hijo- no estoy trabajando, y Adrien y yo solo estábamos hablando de trivialidades, pues al parecer él cree que es buena idea retrasar sus planes de boda para reencontrarse con sus amigos-
Renuentemente, Marinette levantó los ojos del suelo miró a Adrien, quien estaba arrodillado frente a ella y cuyas mejillas estaban visiblemente rojas, y supuso que era por el aparente regaño de su padre. Los labios de Marinette se curvaron en una leve sonrisa al verlo frente a ella, sonriéndole nervioso y ruborizado.
Era una faceta de él que no había visto, y que no le desagradaba.
"Te rechazó y te dijo que amaba a alguien más, Marinette", le gritaba su subconsciente, recordando aquel doloroso episodio entre él y Adrien hacía cuatro años, poco antes de la desaparición de Hawkmoth "y después eligió a Kagami. No te enganches con él. Ya no tienes catorce años".
Adrien, mientras tanto, sentía a Plagg moviéndose bajo su camisa. O al menos no sabía si era Plagg o sus tripas jugándole una mala pasada.
Las manos de ambos se cruzaron cuando intentaron recoger la misma hoja de papel, y la mano de Adrien quedó cobre la de ella. Se miraron ruborizados por unos segundos, y se separaron, volviendo la mirada a otro lado.
-Yo… eh… gracias- dijo Marinette, mientras que Adrien se levantaba y le ofrecía la mano a la chica para ayudarla a ponerse de pie.
-No es nada, Marinette- dijo Adrien, sonriendo nerviosamente aún mientras que ponía los papeles sobre el escritorio de su padre- y… eh… dime, ¿cómo está Emma?-
Marinette iba a responder, pero Gabriel habló primero.
-¿Conoces a Emma?- dijo él, alzando las cejas. Esa sería la prueba de fuego. Si a Adrien le agradaba la pequeña, que era realmente el único posible obstáculo para que considerara salir con Marinette, se daba por bien servido, al menos por ese día.
-Yo… la conocí ayer, père- dijo Adrien, enrojecido hasta la raíz del cabello- fui a comprar unas galletas y los Dupain-Cheng me la presentaron- añadió, omitiendo la conversación que había tenido con Nino.
-Parece que le cayó bien- sonrió Marinette como la chica solía hacer siempre que hablaban de su hija, aunque decidió no mencionar el altercado con Luka en casa de sus padres.
-Debes estar muy orgullosa de ella, Marinette- fue el único comentario de Adrien, levantando su mirada hacia ella por un momento, pero después bajó los ojos al suelo.
Gabriel Agreste los miró con curiosidad, pero no dijo nada. Su teléfono sonó, y el hombre se disculpó por un momento, saliendo de la oficina y dejándolos solos.
Los dos chicos se quedaron en silencio un par de minutos cuando Gabriel Agreste cerró la puerta tras de sí. Por fin, Adrien tuvo el suficiente valor para levantar la mirada de nuevo, y notó que Marinette también miraba hacia el suelo.
-Espero… espero no haberte causado muchos problemas con Luka anoche. Me pude dar cuenta de que estaba un poco enojado- dijo Adrien en voz baja- yo… creo que me comporté un poco mal con él-
Marinette levantó la mirada, y sonrió. "Un poco enojado" era la subestimación del año. Luka estaba furioso, y era su culpa.
-Tranquilo, Adrien, nada de esto fue tu culpa- dijo la chica- ambos tuvimos días muy pesados, además de que yo creo que Luka aún tiene problemas para aceptar que…- pero se interrumpió y sacudió la cabeza- quiero decir, nada es tu culpa, no te preocupes. Supongo que todos tenemos nuestros días malos-
Adrien entendió mucho más de lo que Marinette creía. Luka estaba molesto porque Emma no era suya, y la pequeña no lo veía como su padre, como él seguramente querría. No dijo nada, por supuesto.
-Lamento mucho el regaño de tu padre- dijo la chica después de otro minuto de silencio entre ambos, estaba vez encogiendo los hombros- siento que perdiste el tiempo ayer con mis padres y Emma, y no apresuraste lo de la boda-
Adrien hizo una mueca. La boda. No sabía porqué, pero ese tema era cada vez más incómodo para él. Y aún más cuando lo escuchaba en los labios de Marinette. Tenía que hablar con ella. Tenía que decirle que él era Chat Noir, y que sabía todo sobre Emma.
-Marinette, hay algo muy importante que tengo que…- comenzó a decir, pero no terminó su frase cuando monsieur Agreste regresó a la oficina.
-Bien, creo que tengo que retirarme, mademoiselle Dupain-Cheng- dijo Gabriel Agreste- mi chofer me está esperando en la puerta del edificio. Tengo una reunión con Audrey Bourgeois. Estoy seguro de que la oficina estará bien cuidada en sus manos, como de costumbre. Le pediré a Nathalie que desvíe las llamadas hacia su oficina-
-Por supuesto, monsieur Agreste- dijo ella, sonriendo con más seguridad de la que Adrien había visto jamas de alguien en presencia de su padre- pierda cuidado, yo me encargo de que todo esté perfecto-
Gabriel Agreste le sonrió benévolamente, y salió de la oficina. Cuando estaba en la puerta se volvió hacia el interior.
-Adrien, será mejor que salgas de aquí y dejes a Marinette trabajar- dijo Gabriel Agreste- no todos tenemos el lujo de andar perezosamente por la ciudad.
-Pe… pero, père, yo solo quisiera…- comenzó a decir Adrien. ¡Tenía que hablar con ella!
-Cualquier cosa que tengas que decirle a mademoiselle Dupain-Cheng, estoy seguro de que puede esperar a que termine de trabajar- dijo Gabriel.
Marinette sonrió, aliviada. Sentía que si pasaba más tiempo con Adrien se revertiría a volver a ser la niña de catorce años que alguna vez fue. Necesitaba que Adrien se alejara de ella, y rápido.
-Tu padre tiene razón, tengo mucho trabajo- dijo Marinette, tomando una carpeta del escritorio de Gabriel Agreste y dirigiéndose a la salida de la oficina- salut, Adrien-
Antes de que el rubio pidiera decir algo, Marinette había desaparecido, y el chico se había quedado solo en la oficina de su padre. Gruñó molesto, y se despidió de Nathalie para salir del edificio.
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Mansión Agreste
Al mismo tiempo
Emilie Agreste bajó a recoger su laptop a la antigua oficina en la casa de su esposo, en su casa, cuando notó que la entrada de la mansión no estaba sola. Kagami acababa de regresar, acompañada de otra chica.
-Salut, Kagami- dijo Emilie, sonriéndole amablemente- ¿quién es tu amiga?-
-Bonsoir, madame Agrete- dijo la chica, inclinándose levemente con una sonrisa encantadora, hablando antes de que Kagami pudiera responder a su futura suegra- me llamo Lila. Lila Rossi. Es un honor conocerla por fin-
Emilie sonrió levemente al saludar a la chica que parecía ser muy amable con Kagami, pero no pasó desapercibido para ella que su futura nuera no dijo nada, e incluso parecía un poco incómoda con la presencia de la italiana. La mujer supuso que sería mejor despedirla.
-Gusto en conocerte, Lila- dijo madame Agreste- no quiero incomodar, pero Kagami y yo tenemos un par de cosas que decidir. Ya sabes, centros de mesa y esas cosas. ¿Nos disculpas?-
Lila sonrió y se despidió. Una vez que se quedaron solas, Kagami siguió a madame Agreste hacia el comedor. Mientras caminaban, Emilie puso una mano sobre el hombro de la chica.
-¿Todo bien?- dijo ella.
-Sí, madame- dijo Kagami, pero no se veía muy entusiasmada.
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¡Hola a todos! Si piensan que la presencia de Lila es sospechosa, pues… spoilers. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo.
Abby L.
