Dance in the stars

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Capítulo 4:

Altais

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Durante el resto de la clase, se la pasaron jugando a quien atrapaba a quien mientras estaba viendo al otro. Al principio le pareció divertido a Rukia sonreír socarronamente cuando le atrapaba, porque Ichigo de inmediato apartaba la vista, fingiendo estar poniendo atención mientras podía notar como sus orejas se ponían ligeramente rojas. Pero después de un tiempo le empezó a cansar.

Mientras mordía el lápiz de Chappy que Michiru le había regalado se puso a reflexionar en cómo le afectaría tener un cazador tan cerca. No es como si tuviera la intención de transformarse de la nada enfrente de él o de cualquier otra persona, ni siquiera a escondidas, mucho menos porque sería arriesgar a todos en la casa de Urahara, no iba a arriesgarlo todo y a todos otra vez, no cuando por fin había encontrado el calor de un hogar después de tanto tiempo.

Lo mejor sería simplemente ignorarlo, hacer como si no existiera, no importaba que sintiera una agradable sensación que atravesaba su columna vertebral cada que sentía como sus ojos se fijaban en ella, como buscando desentrañar sus misterios.

Reamente trató de hacer como si nada hubiera pasado, y las cosas habrían estado normal, casi había logrado mantener desviado el tema de su discusión con Ichigo durante el almuerzo, pero al parecer no tenía tanta suerte.

— ¿Te gusta Ichigo, Yuzuki-san?— Mahana le preguntó sin el más mínimo grado de vergüenza; le tomó tan desprevenida que acabó escupiendo parte del jugo que estaba bebiendo.

Todas le miraron con curiosidad mientras se limpiaba la boca, tratando de recuperar la compostura ante tan descarada cuestión.

—Por supuesto que no— respondió con la voz un poco más aguda que de costumbre—, apenas y le conozco, además de que fue muy grosero conmigo.

Tenía que cuidar bien sus palabras, no quería que rumores se esparcieran, no quería tener nada que ver con él.

—Noté que no dejaban de verse— agregó Ryo, bastante desinteresada, aunque le dirigió brevemente la mirada como buscando algún atisbo de nerviosismo. Casi todas sonrieron socarronas, queriendo sacar mayor provecho de la situación. A Rukia le pareció extraño notar como los labios de Tatsuki se apretaban suavemente ante las palabras de la pelinegra más alta.

—Vamos Rukia, cuentános— Mahana le había tomado de los hombros, deseando obtener toda la información posible—, ¿se conocen de antes? ¿un romance de viejos amigos? ¿es tu ex?

Rukia parpadeo repetidamente, no pudiendo creer que se había metido en esta situación. Finalmente optó por sonreír torpemente y carraspear para llamar la atención de todas, como si fuera a decir algo importante.

—En mi vida había visto a Kurosaki-kun, no le conozco de ningún lado, ni le quiero conocer. Insisto en que fue muy grosero conmigo.

Con eso trató de dar por terminada la conversación.

—Oh— suspiraron en colectivo, aunque el suspiro de Tatsuki sonó más bien a uno de alivio, ¿estaría enamorada de él?

—Su cara es divertida— agregó Orihime, como si fuera un dato curioso. Quizás sólo quería aliviar el ambiente.

—Da miedo— agregó Michiru temblando ligeramente ante la imagen mental de su rostro uraño.

—Oh, mi pequeña Michiru— Chizuru dijo que manera exagerada mientras la abrazaba de manera que los pecho de ambas chocaran de una manera obscena—, no te preocupes, yo te prote…

Tatsuki le metió un buen golpe antes de que pudiera propasarse un poco más de la tímida joven. A Rukia aún le costaba acostumbrarse al ritmo acelerado en el que se desarrollaban las cosas al lado de estas chicas. Era tan diferentes a las hijas de los nobles Kuchiki que cuidaban cada uno de sus pasos, no fueran a romperse, damas de tan alta alcurnia, por pisar un suelo indigno de ellas.

Sin embargo, se sentía tan cómoda que no creía poder renunciar a este nuevo estilo de vida que le permitía ser ella misma; por más que extrañará las montañas, por más que añorará volar, nada podía compensar esta sensación de no estar sola rodeada de gente.

Orihime comenzó a regañar a Tatsuki mientras esta trataba de explicarle la razón de su golpe. Rukia sonreía tiernamente al ver a estas chicas tan ruidosas. Definitivamente podría quedarse allí para siempre.

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Cuando volvieron al salón de clases, Rukia siguió notando como él la veía de vez en cuando, ahora tratando de ser más disimulado, al parecer a él también sus amigos le debían de haber comentado algo acerca de su primer encuentro.

El raro de Keigo llevaba rato haciendo señas y cuchicheando con Mizuiro, no tenía idea de que estaban diciendo, pero no podía ser nada bueno con las sonrisas bobas y cómplices que compartían. Rukia sintió deseos de gritarle a ese par de descerebrados, pero por más que quisiera no podía, debía de mantener su fachada para no llamar la atención; tener el perfil más bajo posible, ser como un humano más o las repercusiones podrían ser devastadoras, su seguridad en ese pueblo debía de ser prioridad, ante todo.

Rukia les lanzó la más fría de sus miradas, tratando de imitar lo más posible similar posible a una que utilizaría su Nii-sama en una situación similar. Funcionó mejor de lo que esperaba porque ambos se apartaron incómodos, como si en cualquier momento se fuera a manifestar y a comérselos vivos.

Sonrío satisfecha. No quería problemas.

.o.

Caminó de regreso, asolas, o al menos así se suponía que debía ser. Desde hace unas cuadras había notado como unos tipos la venían siguiendo, según ellos de manera disimulada, pero, sin siquiera molestarse, en bajar su voz. Eso le dio la idea de que venían a unos tres metros detrás de ella, en bola, como si fueran una jauría de perros salvajes. Trataba de no pensar mucho en eso, pensar que no debía de preocuparse, porque ella no era una muchachita indefensa, podía defenderse a sí misma, incluso en su forma humana era peligrosa. Además, ya estaba cerca de la tienda de Urahara.

—¡Ey, nena! ¿A dónde vas? — escuchó la desagradable y pastosa voz de uno de los tipos hablarle, más cerca de lo que había calculado que estaban en un principio; sin embargo, se mantuvo impasible, mostrar debilidad la llevaría a su tumba así que no se detuvo ni volteo a ver a aquel tipo—. Te he hecho una pregunta.

Se acercaron hasta sujetarla del brazo, apretando con más fuerza de la que necesitaban, haciendo que Rukia sintiera a la perfección sus huesudas manos. Rukia cerró los ojos pidiendo paciencia para no arrancarle la cabeza a esos tipos allí mismo, aunque era tan tentador dejarse llevar por sus emociones en ese momento, casi podía sentir como se rompían los huesos que la sujetaban.

—Suéltame… — dijo despacio con la amenaza en su voz, suave pero letal, lamentablemente no surtió el efecto deseado. Él tipo que la sujetaba era alto y delgado, con una cicatriz en uno de sus ojos que lo hacía cerrarlo parcialmente, de cabello negro y bastante pálido. Pese a su aspecto intimidante, no creía que fuera a ser difícil patearle el trasero.

— ¿Qué pasa contigo? ¿Acaso no sabes con quién hablas? — uno de los pandilleros, más chico y también menos intimidante, exclamó indignado antes de escupir demasiado cerca de los pies de Rukia. Ella, le contestó con una mueca, no pudo contener la expresión de asco ante esa acción.

—La verdad no me interesa— trató de darles la más gélida de sus miradas, incluso más fuerte que la que le había dirigido a Keigo y Mizuiro después del receso, pero al parecer eso no estaba funcionando con ellos. Debían de ser demasiado estúpidos como para detectar el peligro que ella significaba—, te lo repito una vez más: suéltame.

—Oh, no, nena. Yo soy Nnoitra Gi…

—Suéltala—Interrumpió una voz que era como un rugido profundo, tan letal como el veneno de una serpiente. Casi no pudo reconocerla hasta que dirigió su vista a él.

Rukia frunció el ceño al ver la gran figura de Ichigo, ahora, bastante más imponente que cuando estuvo frente a ella en aquella cascada. Cualquier otra chica estaría aliviada y encantada y, puede que en el fondo lo estuviera, pero ella sentía que esto le podría perjudicar a ambos si no pintaba una raya bien marcada con Ichigo. Notó como algunos de los tipos comenzaban a temblar ligeramente, con evidente miedo en sus ojos, ¿tan temible era Ichigo Kurosaki?

Sin embargo, el líder no soltaba su brazo.

—Aniki, él es Kurosaki Ichigo— el tipo levantó una ceja, como no sabiendo quien era él—, es el tipo que mandó a Grimmjow al hospital.

—Grimmjow es un debilucho. No me sorprende que le hayan pateado el trasero— dijo altanero. Rukia aprovechó el encuentro para zafar su brazo del agarre del imbécil de Nnoitora. Corrió en dirección de Ichigo y le tomó de la mano para jalarlo, no debían de quedarse ahí, entre mayor la distancia mejor.

— ¡Oi! — Ichigo parecía sorprendido por la velocidad en que corría, no esperaba que fuera tan rápida siendo tan pequeña y, inclusive, capaz de arrastrarlo. Detrás de ellos venían aquellos pandilleros, obviamente muy molestos. Ella no necesitaba verlos, podía sentir ese calor tan incómodo, uno que le quemaba la piel, que le indicaba peligro, casi llegando a un punto similar a cuando le estaban cazando en las montañas. Tuvo que enfocarse en la mano de Ichigo para no dejar que el miedo le invadiera, no podía manifestarse en plena calle.

Tomó una ruta diferente a la usual, con Ichigo de la mano, sin pensar ni un segundo en soltarlo, inusual en ella. No estaba muy segura de porque no le dejó atrás si el parecía que podía cuidarse solo. Cuando llegó a la tienda de Urahara entró estrepitosamente, llamando la atención de Ururu y Jinta. La niña se veía preocupada, el chico tan sólo frunció el entrecejo, como si pudiera oler el problema que se avecinaba.

— ¿Dónde está Urahara-san?— preguntó sin aliento.

—Salió— contestó Ururu, con su voz quedita.

— ¿Y Tessai-san? — la niña negó con la cabeza, Rukia cerró los ojos con pesar y alarma, con ganas de darse pequeños golpes en la cabeza de la desesperación, no podía creerse la mala suerte que tenía.

— ¿Qué pasa? — espetó el niño pelirrojo, evidentemente sintiendo desconfianza de Ichigo. Podía ser que eso indicará que traerlo acá había sido una mala decisión.

Rukia no pudo seguir divagando entre sus pensamientos porque escuchó como tiraban un bote de basura. Demasiado cerca.

—Escóndanse— les pidió a los niños, y aunque Jinta estuvo a punto de preguntar porque con molestia, Ururu, más perspicaz, le tomó del brazo y lo metió dentro del almacén.

—Ichigo— trató de despertarlo del aparente trancé en el que estaba, y sólo entonces notó que él no se había apartado de su lado, y que, de hecho, todavía apretaba su mano con fuerza.

—Ve con ellos. -Ordenó Ichigo con voz firme.

—Este es mi problema—Reclamó Rukia con voz irascible, lo cual hizo ver a Ichigo notablemente molesto, como encrespado de sus palabras.

—He venido a ayudarte. No me importa lo que pienses. -Continuo terco.

—No necesito ser rescatada— elevó la voz, tratando de hacerle entrar en razón.

—Tu opinión no tiene valor— Rukia desenganchó su mano indignadamente, a punto de replicarle—, voy a protegerte de esos imbéciles.

A Rukia se le colorearon las mejillas del coraje, no pudiendo creer el atrevimiento de este joven frente a ella, casi sentía que se le formaba una jaqueca. Molesta, sin pensarlo mucho salió de la tienda antes que él, dispuesta a enfrentar a esos molestos hombres.

Se plantó fuera del pequeño establecimiento, con las manos en la cintura y la mirada brava, sintiendo que podía con todos ellos incluso en su pequeña y frágil forma humana. Escuchó como Ichigo le decía que regresará, y cuando él estuvo a su lado notó como el tipo alto y sus compinches no se habían atrevido a pisar los terrenos, como si hubiera una especie de conjuro que les impedía hacerlo.

—Ven acá chica— ordenó el líder. Rukia estaba confundida, porque no venían por ella—, fue muy listo de tu parte venir a refugiarte con el viejo Urahara.

¿Tan temible era el tendedero que ni esa pandilla se atrevía a entrar?

Ichigo se puso frente a ella, tapándole la vista, cubriéndola por completo con su sombra.

—Lárgate Nnoitra— le dirigió la más amenazadora de las miradas, sorprendiendo a Rukia del cambio entre el chico con el que discutió hace unos segundos y este que estaba listo para pelear a puños contra tantos hombres.

—Aquí el que da las órdenes soy yo.

Rukia caminó hacía ellos para enfrentarlos, si no acababa con el problema ahora solamente crecería, pero Ichigo la tomó del antebrazo, deteniéndola.

— ¿Qué crees que haces? — Ichigo le miraba irritado—, estoy aquí para protegerte, no para entregarte.

—Déjame.

—Owww, Kurosaki está enamorado— gritó uno de los tantos hombres en el bulto y en sorna dijo—, ¿no es tierno?

— ¡Cállate!— Ichigo se sonrojó y tomó una roca del piso y se lo lanzó al tipo, dando justo en su frente—, tan sólo estoy siendo caballeroso.

—No necesito de un caballero, yo puedo sola— exclamó Rukia, ya con la paciencia al límite. Ella se soltó una vez más y corrió hacía los chicos. Cuando estaba a punto de pisar la banqueta Ichigo la sujetó de la cintura y la cargó poniéndola contra su cintura para llevarla de nuevo dentro de la tienda—, ¡¿qué crees que haces?!

—Salvo tu pellejo.- Lo dijo como si fuera la cosa más obvia del mundo, como si le estuviera haciendo un favor que ella le había pedido.

—No te necesito.

Pero Ichigo ya no espero a que siguiera discutiendo, simplemente la arrojó al suelo con poca delicadeza y salió en dirección a aquellos tipos. Rukia se sobó suavemente la muñeca, se había lastimado al caer. Aun así, sintió como el coraje la hizo ponerse de pie, estando a nada de salir escuchó un estruendo.

Corrió preocupada por Ichigo, no iba a permitir que le hirieran por su culpa. Cuando salió notó como una parte de la pared frontal había sido atravesada, al parecer habían lanzado a alguien.

— ¡Ichigo!— estaba a punto de ir a socorrerlo en el caso de que él estuviera allí atrapado, pero escuchó como lanzaban a alguien más de una patada. Allí estaba, luchando contra esos tipos tan desagradables, y sin embargo se tomó un momento para verla, diciéndole con la mirada que no debía de preocuparse por él, que volviera dentro. Pero ella no se iba a quedar atrás.

Corrió hacia dónde estaban el montón de idiotas y le dio un buen derechazo en el estómago a uno de ellos, ahora dispuesta a luchar a su lado para deshacerse de estos pesados, no era una debilucha. Ichigo quiso replicar, pero no se lo permitió, había muchos de quien encargarse. Rukia, si bien como señorita Kuchiki debía ser elegante, también debía estar preparada para pelear, incluso como humana. Había aprendido bien de los mejores. Se le apretó un poco el corazón al recordar, así que prefirió enfocarse en darle un fuerte rodillazo al tipo de cabello decolorado.

Ni siquiera se dio cuenta de cuando, pero en algún punto solamente estuvieron ellos dos, frente a frente, con la respiración acelerada y unos cuantos moretones en la piel. A Ichigo le habían roto el labio, y rápidamente se pasó la lengua para limpiarse la sangre, y Rukia sintió que le hacía falta el aire porque por un segundo juró que era de un color ligeramente violeta.

Esa preocupación pasó a segundo plano cuando vio como el tipo alto, Nnoitra se ponía de pie con una navaja en la mano.

— ¡Ichigo!— trató de advertirle, y aunque él había sido lo suficientemente rápido para que no le diera en un punto grave, aun así le rasgó la piel y carne. Ichigo siseó y forcejeo con el desagradable tipo, hasta que le rompió la nariz de un puñetazo.

Gruñó, sintiendo ahora el dolor de los golpes y el corte. Rukia se acercó a él con la intención de ayudarle.

—Está bien— él respiró pesadamente, cerrando los ojos, como si eso ayudará a curar el dolor—, vaya mierda.

Rukia quiso recriminarle, había hecho un desastre cuando ella podía solucionar todo de una manera más sencilla.

—No voy a agradecerte.

— ¿Eh? — estaba indignado, lo menos que se merecía era un gracias.

—Pero sí voy a curarte. Ven.

Ichigo se puso de pie y entró de nuevo al terreno de la tienda de Urahara, sonrío levemente al ver como ella caminaba orgullosa, pero viéndole por el rabillo del ojo, para disimular que de nuevo no podía evitar observarla detenidamente.

Quizás esto iba a ser divertido.