Disclaimer: Inuyasha pertenece a Rumiko Takahashi y nada más, yo solo me encargo de escribir Lolicon, ¡jajaja no es cierto!, yo solo escribo esta historia de amor entre Lord Sesshomaru y Rin.
Eternidad Daiyōkai
CAPITULO IV
Yukari, el mononoke de Rin.
"How dull. That was just an ordinary girl."/ "Pero que aburrido. Es solo una chica ordinaria."
-Lord Sesshomaru
El sol se filtraba a través de los pequeños agujeros que se hacían con el paso de los años más notorios en las paredes de la choza de la Anciana Kaede, ahora su nuevo hogar. Sentía la necesidad de pararse a celebrar su onceavo cumpleaños, pero un mal presagio se lo impedía, era como si hoy fuera a terminar un ciclo importante para ella…
Decidió no darle más vueltas al asunto y se concentro en vestirse, pues la Anciana Kaede le había preparado un Kimono que Lord Sesshomaru le había dejado días antes. No podía negarlo el Kimono estaba precioso y ella se veía preciosa, pero un vacío tremendo se apoderaba de ella, era como si algo crucial y sustancial le hiciera falta a su lado.
Y entonces lo supo, no sería un buen cumpleaños sin Jaken ni su amo. Y no porque lo celebraran en grande, pero siempre buscaban la manera de que ella se lo pasara bien, y la principal razón por la que mostraba una sonrisa era porque estaba con lo que ella denominaba "familia".
Pronto salió de la choza dejando atrás a una anciana plácidamente dormida.
Decidió ir a ver el amanecer a la cima del río, donde lo había visto por última vez, sabía que al menos el recuerdo estaba fresco en su memoria. Y siendo sincera con ella misma, se moría de ganas por verlo.
Cuando llegó, se sentó sobre una gran roca, y pudo ver las maravillas que Kami había creado, se extasiaba cada vez que pensaba que Kami había hecho todas las cosas de maneras insospechadas, como un regalo hacia la humanidad. Su madre siempre le decía que Kami ya la había pensado incluso antes de traerla al mundo y que tenía un propósito en su vida.
Unos planes inimaginables, que si demostraba ser una buena mujer, su recompensa sería eterna.
Pero la pequeña Rin no sabía que su eternidad iba a ser literal.
-¡Muchachita si vas a pasar hazlo ya!
-¡Lo siento mucho!- Kagome se apresuró a cruzar la calle ante la mirada molesta de varios conductores, no se había dado cuenta en qué momento dejo de caminar para detenerse en medio del cruce peatonal.
Su mente últimamente se dedicaba a recrear escenas en la época feudal, y le era meramente imposible llevar una vida normal, con decir que sus "amigas" la habían abandonado por ser demasiado distraída, y por dejarlas plantadas en innumerables ocasiones. Pero lo único en lo que ella pensaba era en regresar al lado de Inuyasha y sus amigos, a los que consideraba ya una familia. Había madurado ahí y crecido al lado de unas personas, y demonios también, muy buenas. Que le habían demostrado quererla y valorarla.
Sentimientos que a veces los humanos no tenemos.
Suspiro y con paso firme seguía su camino hacia su casa, subió las escaleras a todo prisa como todos los días y corrió hacia el pozo como cada tarde, siempre verificaba si ya estaba abierto y si podía regresar.
Dejó su mochila a un lado y se arrojó con la esperanza de caer en tierra feudal.
Pero por milésima vez, fracaso.
Sus rodillas y las palmas de sus manos tocaban la fría tierra, mientras sus lágrimas acariciaban sus mejillas y resbalaban para mojar la arena que descansaba inmóvil debajo de ella. La misma que muchas veces se había transformado para darle paso a una inolvidable aventura.
-Inuyasha…ven por mí.- susurró con un sollozo silencioso. Pero no aguantó más y se puso a llorar con fiereza, como tenía tiempo no hacía.- ¡VEN POR MI!- su grito era desgarrador.
-SE QUE PUEDES OIRME, ¡VEN POR MI!- sus gritos se escuchaban hasta su casa, pero como su madre y Sota e incluso el abuelo ya se habían acostumbrado a escucharla llorar de esa manera, la dejaron ahogarse con su propia pena y sufrimiento.
-¡INUYASHA!- este último grito fue largo y pausado, acompañado de sollozos que desgarraban el alma- …por…fa…vor- y con esto recargó su frente en la tierra, donde minutos después se quedó profundamente dormida.
El sonido de las ropas del Lord de las tierras del Oeste era el eco que guiaba al pequeño Sapo a su destino. Acarreando a Ah-Uh silbaba una canción, y encima del dragón reposaba la bella Honoka. Quien viera aquella escena sin duda recordaría a la bella Cleopatra al lado de su Semental, y atendida por su siervo.
Obviando las posiciones, la escena era sin duda una vista muy hermosa a espectadores curiosos.
Sesshomaru se limitaba a olfatear, no quería a ver a nadie que no fuera Rin. Y llevar cargando al Demonio era ya demasiado afecto demostrado para él.
Pero todo era por Rin, aquella pequeña niña que lo había hecho descubrir un sentimiento demasiado humano.
La brisa cambió de un momento a otro, ya estaba amaneciendo.
-Jaken- dijo con voz firme, lo que provocó que el sapo abriera muy grandes sus ojos amarillos.
-Desde aquí sigo solo- y sin más desapareció entre los árboles a una velocidad tremenda.
El sapo sonrió para sus adentros, Rin tenía que estar cerca, y su amo bonito debía aprovechar las circunstancias. Festejó el ver a su Amo tan animado, sin duda, su padre estaría orgulloso de él, pero era algo que él jamás le diría.
-¿Por qué esa niña es tan importante para Sesshomaru?
La voz de Honoka volvió en si a Jaken y este solo atino a sentar a Ah-Uh y treparse en él para acompañar a la demonio.
-Ella será su futura señora, y para el Amo se trata de la progenitora de su heredero.
-Oh, interesante- dijo parpadeando y bostezando contrariando la última frase que salió de sus labios- bueno si me permites quiero dormir, así que bájate.- sin decirle nada más lo tiro a un costado del dragón y se recostó abarcando todo el lomo del animal.
Su perfecto cuerpo ya se estaba deformando pues un bultito se le notaba en el vientre y su tatuaje se hacía cada vez más grande.
Jaken observo la escena, definitivamente era una demonio muy hermosa, el amo debía conservarla.
Algo bueno tenía que sacar de ella.
Y así lo creía, su amo era muy inteligente como para dejar escapar a tan bella demonio.
Se acomodo a un lado del estomago de Ah-Uh y se puso a imaginar la cara de Rin al recibir a su nueva mascota.
El cabello de Rin estaba recogido en un chongo algo suelto adornado por una flor roja que combinaba perfecto con los colores de su kimono. Su mirada estaba perdida en el rio, y así la encontró Sesshomaru.
El Daiyōkai se encontraba detrás de ella, tan silencioso como apuesto.
Sin hacer ni un solo movimiento, viendo como las curvas de Rin se acentuaban en el bello vestido, ella aún era una niña, pero su cuerpo ya quería ser el de una mujer.
-Rin
Los ojos de Rin se abrieron sin mesura. Su corazón latió tan fuerte que juraba no tenerlo dentro de ella. Se giró y fue cuando lo observo, tan perfecto y luminoso.
-¡Amo Sesshomaru!- se bajo de un solo salto y cuando iba a saltar a las piernas de su amo se detuvo.
Ahí estaba, con sus ojos verdes bien abiertos, un hermoso demonio bebe parecido a Kirara entre los brazos de su amo.
¿Acaso ese gatito era para ella?
Sesshomaru la miro fijamente, quería grabarse todos los gestos de su niñez, pues hoy sería la última vez que vería a Rin de niña. Porque a partir de hoy viajaría al Oeste a construir lo que pronto ella gobernaría como una mujer.
-Tómalo.- dijo dejándolo en el suelo, Rin enseguida se agachó para tomarlo entre sus brazos a lo que el Demonio se acomodo y lamió su mejilla como gesto de cariño. Definitivamente había hecho un buen trabajo.
Cuando alzó su vista para agradecerle a su Amo éste ya estaba unos cuantos pasos lejos de ella.
-¡Amo Sesshomaru!, ¡espere!- dijo mientras corría detrás de él, pero el yōkai que llevaba en sus brazos la detuvo, al transformarse de un salto en un gran felino con patas hermosas que tenían hojas verdes frondosas como si de alas se tratasen en cada una de sus patas, unas orejas verdes que lo hacían verse majestuoso y su cola de mil hojas, con sus ojos enormes y verdes la miró y rugió.
Rin estaba maravillada y sin dudarlo lo monto, era incluso más grande que Kirara por lo que el felino se acostó sobre la hierba y ella pudo subir sin problemas, el minino comenzó a caminar siguiendo a su Amo, pero éste no se detenía.
-¿Ya se va? ¿Cuándo regresará?- dijo Rin con su voz tan dulce como siempre lo era cuando se dirigía a él. Iba al mismo paso que él pues el felino le había dado alcance.
El Daiyōkai se detuvo.
Giro su cabeza y su fino cabello plateado se sacudió con la brisa, posó sus ojos en ella y como pocas veces le sonrió. Fue sin duda una sonrisa torcida, pero Rin la sintió como si se tratase de la mismísima gloria. Si Jaken estuviera viendo la escena se hubiera asustado, pues el ver sonreír a su amo solo significaba que algo tenebroso pasaría…
-Feliz cumpleaños Rin- y sin más desapareció de su vista.
Los ojos de Rin seguían donde milésimas de segundo antes estaba su Amo. Su nuevo yōkai rugió y ella se abrazó de él.
Sin duda había recibido un regalo hermoso por parte de su Amo, y aunque se hubiera ido tan pronto, fue el primero en desearle Feliz Cumpleaños.
Su corazón latía a prisa y se encontraba excitada. Definitivamente no se dio cuenta que no había respondido una pregunta muy importante.
¿Cuándo regresará?
Acarició a su nueva fiera y le indicó por donde volver. Se prometió que cuando volviera a ver a su Amo le agradecería por su nuevo felino.
Pero lo que ella no sabía, era que tardaría 6 años en cumplir su promesa.
El corazón de Inuyasha latía con fuerza, algo pasaba.
Estaba seguro que podía sentir la desesperación de Kagome, como cuando se encontraban en una lucha que se estaba poniendo difícil. Saltó de entre los árboles y se dirigió tan rápido como sus pies descalzos se lo permitieron, viajó hasta donde meses antes yacía el pozo que le había otorgado el privilegio de conocer a la mujer de su vida.
Entonces era cierto lo que la gente decía acerca de ellos.
La humana y el Hanyou que se amaban, pero que no podían estar juntos. Sus ojos acuosos, luchaban para no liberar los frutos de la tristeza. Tragó saliva y se sentó en un moño con la cabeza baja, como si de esa manera ella pudiese regresar.
Sentía el corazón desgarrarse lentamente.
"-Inuyasha-" una voz aterciopelada se escuchaba a su alrededor.
Abrió los ojos como platos. Era la voz de su Kagome, sin duda era ella…
Pero por más que la buscó jamás la divisó, ni siquiera pudo oler aquel fresco aroma que odiaba cuando la conoció.
-Regresa ya, Kagome- dijo el Hanyou con la mirada puesta en el pozo que había traído a la época feudal a Kagome.
"Yo nací por ella"- pensó Inuyasha, recordaba aquellas palabras casi todas las noches, repitiéndolas desde la vez que estuvo dentro de la perla recordando todo lo que Kagome había hecho en su vida. – "Y ella nació para conocerme a mi"- tras un suspiro, se puso de pie y se fue hacia donde se celebraría la fiesta de Rin.
La pequeña Rin, al menos ella conocería la felicidad al lado del ser que la amaba, y estaba seguro de que Rin también amaba a Sesshomaru, sobre todo por su medio hermano, que le había demostrado a todos que Rin era muy valiosa en su vida.
-Te necesito…- susurró mirando hacia atrás una vez más antes de retirarse por completo.
Cada tercer día visitaba aquel pozo, que con el tiempo era cubierto con finas enredaderas. Pero aunque el tiempo pasaba, Inuyasha jamás perdía la fé.
Algún día estaría al lado de su amada, y podría gozar de una familia como la que Miroku y Sango ahora formaban.
Y no se equivocaba.
El viento movía su cabello con una gracia que la relajaba, era tan excitante la forma en que se desplazaba por los aires encima de su félido amigo. Estaba emocionada y excitada de que su Amo se hubiese acordado de ella, poco a poco estaba más convencida de que debía aprender todo lo que pudiese para estar a la altura cuando Lord Sesshomaru la reclamara de vuelta, y así poder ser parte del Imperio de las tierras del Oeste.
Se aferró al pelaje aperlado del bello demonio y besó la parte trasera de su cabeza, por lo que el felino ronroneó y aceleró el paso.
No pudo escoger mejor regalo, era tan excitante el estar arriba, viendo la aldea desde donde se encontraba se dio cuenta de la hermosura del lugar, sabía perfectamente que Kirara también volaba como éste félido, pero el tamaño del animal era muy diferente, mucho más grande y eso la hizo sentirse segura y con cierto poder.
Jamás había tenido algo suyo.
-Es aquí…- y entonces se dio cuenta que no tenía un nombre aún, miro el cielo y pensó mientras el felino daba vueltas alrededor de la aldea disfrutando de las caricias de su nueva dueña.
Desde abajo, una Kirara observaba detenidamente la escena, ¿Qué era aquel enorme animal?, movía sus colas de manera peligrosa, como hacía cada vez que iba a transformarse.
Y no tardo mucho en hacerlo. Enseguida saltó sobre una roca y se volvió el félido de las patas en llamas, y despegó para ver que le hacían a Rin.
Pero se llevó una enorme sorpresa al ver que Rin se reía en los aires y observaba a Kirara acercarse.
-Hola Kirara, tranquila pequeña, él es un nuevo amigo- dijo acariciando la oreja de la mascota de Sango.
Se dispuso a bajar y cuando llegaron a la tierra, Inuyasha la miraba sentado de moño a la entrada de la choza de la Anciana Kaede. No podía creer que Sesshomaru le hiciera un regalo así, tal vez era una coincidencia, pero se llenaba la boca diciendo que los humanos eran simples seres que no merecían la vida.
Aún no sabía cómo Rin había podido romper aquella barrera que endurecía el corazón de su hermano.
Rin era todo un enigma. Pero calló en la cuenta que había pasado exactamente igual que con él y Kagome, ¿Es que acaso las mujeres tienen el secreto de hacer débiles a los yōkai?
La esbelta Rin bajó con gracia de su mononoke, acariciando sus orejas antes de que éste volviera a su forma original. Era asombroso el cambio, pues era un poco más chico que Kirara en su forma original, y era demasiado grande cuando se convertía.
Suspiró pensando en un buen nombre, y decidió que todo había sido obra del destino, si ella no hubiese ido al río, su Amo no la hubiera encontrado y no se lo hubiese dado.
-Sabes- le dijo al felino mientras le daba un toque en la nariz- te llamarás Yukari, porque eres obra del destino…
-Este mononoke es más grande que Kirara, ¿Te lo ha regalado Sesshomaru?- murmuró Inuyasha al aparecer junto a ella.
-Oh, Buenos días Inuyasha, si me lo ha dado de cumpleaños.- dijo la pequeña pelinegra al acomodarse un mechón detrás de su oreja y dedicarle una sonrisa.
-Felicidades Rin, no pudiste recibir un mejor regalo que un compañero.- dijo mientras ponía toda su mano sobre la cabeza de la niña, y decidió no sacudirla como lo hacía pocas veces con Shippo, Rin cerró los ojos y le sonrió por segunda vez.
-Estoy muy contenta, créame.- y caminó seguida de su pequeño mononoke hacia la cabaña de la Anciana Kaede para presentarle al nuevo integrante.
Era un día demasiado caluroso como para atravesar un desierto, pero eso no era impedimento para Sesshomaru.
Su imperio tenía que empezar ya, si no quería tardar más años en poder convertir a Rin.
No.
Eso no podía pasar, había esperado muchísimo para escoger a la mujer ideal, a la emperatriz que gobernaría junto a él, y el tiempo volaba.
-Sesshomaru, muero de hambre- dijo una bella yōkai que se soplaba con una hoja de helecho y que seguía acostada encima de un Ah-Uh, que caminaba firmemente detrás de su Amo.
-Deja de ser impertinente y una molestia para el Amo Bonito, ¿Quieres?- murmuró Jaken poniendo los ojos en blanco. Se habían deshecho de Rin y ahora llegaba esta molestia.
Suspiró, ¿Por qué se había vuelto tan amargado?
-Jaken, detente aquí y busca algo de comer para los dos, estamos cerca, mañana regreso por ustedes, creo que no necesitas que te diga más, ya sabes tus obligaciones- y tras esto desapareció.
Atravesaba el estopor del desierto con decisión, se podía sentir la tierra alzándose al paso del gran Daiyōkai, su presencia era ineludible.
No podía ocultar la satisfacción de su rostro al ser reconocido por su propio hogar.
Y entonces todo pasó muy rápido.
La tierra comenzó a moverse.
Era el momento.
Al fin, su imperio estaba alzándose.
El gran Imperio de Las Tierras Del Oeste estaba cobrando vida de nuevo.
Lo que alguna vez el abandonó para ir en busca de la espada que su padre le había dejado, ahora estaba renaciendo.
La tierra se abrió y de está comenzó a brotar un edificio antiguo fascinante, demasiado lujoso pero que encajaba perfectamente con la personalidad de Sesshomaru, era digno de un hijo del gran Inu No Taisho.
Una sonrisa comenzó a dibujarse en la boca de Sesshomaru.
Y en un instante, Fluffy cobró vida, se levanto y se agitaba con el viento, mientras que las marcas de la cara de Sesshomaru se acentuaban de un marcado color morado, su Luna brillaba y sus ojos se encendieron tornándose rojos, las marcas en sus mejillas pasaron de ser un brillante morado para alargarse y volverse de un rojo intenso.
Su rostro se desfiguró alargándose para formas un hocico de perro, sus colmillos crecieron considerablemente y de pronto el señor de las tierras del Oeste adquirió su verdadera forma.
Un gran Perro blanco brillo con un destello rojo a su alrededor, volaba mientras de la tierra se alzaba su imperio y con un potente rugido acomodó los cimientos del edificio que pasaría a ser su palacio.
El rugido llegó a los oídos de Jaken, éste no pudo hacer más que sonreír y arrodillarse ante aquel magnifico sonido.
A Honoka se le erizó la piel y tragó gordo.
-Jaken, ¿Por qué haces eso?, ¿Qué ha sido ese espeluznante rugido?- pregunto una demonio lo bastante asustada como para mirar al cielo. Sin embargo comenzó a atar cabos y suspiro.
Con que esa era la verdadera forma de Sesshomaru.
-Ha llegado el día Honoka, Lord Sesshomaru ha regresado a su Imperio- dijo mirando al cielo y con una gran sonrisa siguió prendiendo la fogata.
Honoka miró el cielo y sin decir una sola palabra sonrió ante la visión de una vida en aquel magnífico palacio del que tanto hablaba el sapo. Recordó la cara de la pequeña niña que había saboreado cerca del lago y se puso a pensar, ¿Por qué el Lord se había enamorado perdidamente de aquella humana?
Su vientre se revolvió y se mordió el labio, las flores estaban creciendo dentro de ella, y aunque cada día su tatuaje se dibujaba más hermoso sobre su pecho, el miedo al sentir aquel vació que llegaba después de dar a luz a cada flor la atemorizaba.
No es que quisiera quedarse con las flores, era el simple hecho de que una vez que conseguían lo que querían de ella, todo mundo la dejaba.
Esperaba que ese no fuera su caso, pues no estaba enamorada de Sesshomaru, pero no le vendría nada mal encontrar un demonio con el cual establecerse.
Tendría que haber alguien que se enamorara de ella sin codiciar su flor.
Solo tal vez, el destino le regalaría un amor.
Era ya de noche y el corazón de Rin no paraba de palpitar, se sentía ansiosa y no sabía la razón, llevaba ya algunos cuantos minutos con este sentimiento de plenitud en su interior, y estaba segura que un rugido se había apoderado de su sentido del oído, era como si aquel rugido potente y melodioso viniera de dentro de sí misma.
Yukari se acomodaba en su regazo al tiempo que movía su hermosa cola de helechos.
La anciana Kaede observaba la escena fascinada, ella también había sido capaz de notar un brillo alrededor de Rin, se preguntaba si solo tal vez, Sesshomaru ya estuviera empezando la transformación. Pero solo llegó a hacer dos conclusiones:
Primera Conjetura: Probablemente Sesshomaru estaba haciendo el ritual de selección.
Segunda Conjetura: (Y la que más la convencía) Sesshomaru debía estar pasando por algún momento de plenitud y la pequeña Rin estaba tan ligada a él que era capaz de sentirlo.
Sí.
Rin ya estaba lista, no sabía por qué él se empeñaba a hacerla esperar tanto.
Pero quien sabe, tal vez Rin aún no había vivido lo suficiente como para ser una buena emperatriz.
Al día siguiente, al despertar, Rin se aseó y fue por Yukari a su cabaña para montarlo y asistir a sus primeras lecciones de Arco y de Espada con la Exterminadora de Demonios, Sango.
-¡HIRAIKOTSU!- se escucha desde el suelo, Rin que estaba montada en Yukari se pone alerta. Se mueve hacia su derecha y el mononoke entiende perfectamente que tiene que moverse hacía donde su dueña lo indica. Y es entonces que se decide por atacar.
Rin, con la delicadeza de una bailarina sobre el escenario, estira su mano para sacar una de las flechas que tiene a su espalda y empuña su flecha con aquel arco que la anciana Kaede había mandado hacer especialmente para ella. Apunta hacía el enorme Boomerang de la exterminadora y le da.
El artefacto regresa hacía su dueña con una flecha clavada justo en el centro.
Sango, impresionada, arriba de su mononoke sonríe.
-Kirara, sube.- le ordena al su minina y ésta obedece, llevándola junta al mononoke de Rin.- Estupendo, solo llevamos dos horas practicando y ya le has dado en el blanco.- dice Sango mientras le sonríe a una Rin excitada.
-La adrenalina que corre por mis venas es incomparable, muero por saber ocupar la espada.- dice la pequeña mientras se recoge el cabello con un listón que combina con el traje que Sango le ha regalado de cuando era más joven.
-Un paso a la vez pequeña- y ambas se alejan para continuar con el entrenamiento.
Los rugidos de ambos félidos en batalla llaman la atención de varios aldeanos, entre ellos de la anciana Kaede, del monje Miroku y de Inuyasha.
Que atentos y fascinados miran el avance de la jovencita.
Los tres coinciden en que Rin será una muy buena contrincante en batalla, y podrá dominar bien la espada, pues notando la facilidad que tiene para sostener armas, la espada no será la excepción.
-¡Lord Sesshomaru!- dice el sapo mientras se acerca corriendo con un Ah-Uh pisándole los talones.
El Daiyōkai se gira para ver llegar a Jaken con Honoka sanos y salvos.
La demonio queda asombrada con el hermoso castillo que se ha materializado delante de sus ojos. Nunca había visto un Imperio así.
Inigualable sin duda.
Miró como el Daiyōkai miraba y asentía a cada reporte que sus sirvientes le hacían.
Solo habían pasado unas horas y ya tenía decenas de Sirvientes a su disposición, y qué decir del ejército que yacía entrenando bajo el arduo sol.
-Pero mi Señor, ¿es que acaso usted necesita de un ejército?- dice Jaken mirando hacia los hombres de armadura.
-No es que lo necesite Jaken, soy el emperador, me hago cargo de un imperio, y justamente es lo que incluye uno, el dirigir un ejército como líder. – dice mientras camina hacia los adentros de su hermoso castillo.
Honoka bajá de Ah-Uh para seguirlo mientras que Jaken hace lo mismo.
-Cuando exista algún peligro que no merece la pena, ellos se cansaran por mi- espetó el Daiyōkai esperando ser entendido, mientras que atraviesan un enorme pasillo, los sirvientes se inclinan ante él con respeto y hacen lo mismo en cuanto ven a Honoka.
Un sentimiento se acumula dentro de su estómago.
¿Es así como se siente ser la emperatriz?
-Ella no es su emperatriz- ruge Sesshomaru mientras que despreocupadamente los sirvientes pasan de ella como casi todo el mundo termina haciendo.
Jaken siente un poco de pena por la demonio, pero se da cuenta que ella sabe cuál es su lugar aquí.
Aunque Honoka piensa que ella está sola, no se ha dado cuenta que el líder del Ejército, Monomaru Eda la observaba con mucho interés.
El apuesto líder había fijado sus ojos en la bella emperatriz de su Señor, merecía la muerte…
O al menos eso era lo que pensaba el soldado.
Pero no se imaginó que estaba muy equivocado.
-Ésta es tu habitación Honoka, espero que te sientas cómoda, cualquier cosa que necesites el dormitorio de Jaken está junto al tuyo- la voz de Sesshomaru había cambiado, era como si hubiese conseguido todo lo que deseaba. Y al parecer solo faltaban algunos detalles para que el Gran palacio estuviera listo.
-Pero Lord Sesshomaru, ¿Es que acaso no dormiré junto a usted?- pregunta el sapo mientras pone ojitos de cachorrito abandonado.
-Mi dormitorio no está en la misma ala que la de ustedes, está pasando el lago y el jardín de cerezos obviamente.
Y sin más que decir, como siempre, sale sin avisar de su vista.
"Éstos 6 años antes de que llegue Rin serán muuuuuy largos" piensa el sapo mientras sale de la habitación de la demonio que apenas tocar el futón se ha quedado dormida.
-¿Estás seguro Inuyasha?, ¿enserio crees que lo más conveniente es que te marches una temporada de la aldea para olvidar el asunto de Kagome?
-¡Keh!, Kaede no pienso discutir de esto contigo, es más que obvio que no necesito el permiso de nadie, además aquí están Sango y Miroku para cualquier altercado.
-Está bien Inuyasha, no soy nadie para detenerte, solo quiero tu tranquilidad y si de eso depende el que tengas que marcharte, está bien, adelante.
Con la misma rapidez de un huracán sale de la choza Inuyasha para atravesar la Aldea, ya le había avisado a sus dos amigos que se largaba de la aldea una temporada para poder poner sus prioridades en claro.
Tenía que escapar de los dulces recuerdos de Kagome que lo calaban como la más fuerte de las espadas.
Era tiempo de seguir su camino, solo Kami sabía cuándo volvería a ver aquellos ojos chocolate que tanto le gustaban.
Solo tenía que esperar… Como la Luna espera ansiosa la llegada del alba, para coincidir con el sol.
Solo un poco más.
Tres años más.
Era una tarde de lo más tranquila.
Rin volaba sobre el lomo de Yukari y el viento hacía revolotear su hermosa y larga cabellera negra. Se podía ver toda la hermosa aldea y sus alrededores desde donde se encontraba.
-"Feliz Cumpleaños Rin"- le había dicho su Amo.
-Lo estaré esperando, Lord Sesshomaru.- dijo mientras el rugido de Yukari la hizo reír.
Decidió que iría al lago a tomar un baño, pero una mancha roja que pasaba volando hacia el bosque captó su atención.
Sin duda era el hermano de su Amo, es que acaso ¿se había rendido ante la esperanza de que la Señorita Kagome regresaría un día de éstos?.
Y entonces desapareció como el sol al anochecer.
Ya no había rastros de Inuyasha.
Suspiro e hizo que Yukari diera la vuelta para encaminarse al río, pero un gran animal se aproximaba a la aldea.
-¿Pero que es esa cosa?- chilló al tiempo que se agarraba del pelaje de su félido y le daba un toque con su talón para que avanzara.
Buscó debajo de ella para ver si Sango se encontraba cerca, pero podía ver a Kirara jugando con los niños pequeños de la aldea.
Y entonces observó como una serpiente gigante se acercaba cada vez más a la aldea.
Estaba sedienta de sangre.
Y ella tenía que hacer algo.
Sintió que las flechas pesaban sobre sus hombros y entonces lo supo.
-Yukari, acércate- y sin repetírselo el felino se acerco a la serpiente.
A medida que su mononoke la acercaba a la temible bestia, su cuerpo sentía la necesidad de acabar con aquella serpiente.
¿Pero qué estaba pasando? Ella nunca había estado a favor de las peleas, pero su sed de destrucción se estaba apoderando de su cuerpo.
Y al tomar una flecha, su corazón latió de una manera diferente.
La adrenalina que fluía por sus venas era deliciosa.
Colocó el arco al nivel de sus hombros y alineó la flecha con su boca. La flecha se tornó de un verde que permaneció desde que sus dedos tocaron la flecha hasta que fue disparada.
Apuntó a su enemigo.
-Muere- y disparó.
¿Qué había pasado?
Ella era solo una humana, no comprendía de donde había salido el coraje para disparar, las palabras que salieron de su boca y el destello que tuvo la flecha al tocar el arco.
Y sin apartar la vista de su enemigo, pudo observar que la flecha daba exactamente en el punto.
La flecha se clavó en medio de los ojos de la bestia y ésta sin poder hacer un movimiento más se desintegro.
Rin se miró las manos y sus pupilas se dilataron.
¿Qué era todo esto?
Lo que ella no sabía, era que de una chica ordinaria, pasó a ser la elegida.
La anciana Kaede había visto todo desde su cabaña, había sentido al demonio y no pudo evitar mirar al cielo primero. Fue cuando la vio, apuntando desde lo alto hacia el punto de donde provenía la presencia del demonio.
Su boca se abrió al momento en que el destello verde iluminó la flecha.
Sin duda, Lord Sesshomaru no se había equivocado.
Adiós a la Rin ordinaria.
Hola a la poderosa emperatriz de las tierras del oeste.
¡Hola chicas!
Gomene, sé que he sido una malvada al no actualizar en, ¿Cuánto tiempo?, ¿Un año?.
Lo siento de verdad pero he estado muy ocupada en el instituto, estoy a un paso de salir de la preparatoria y ando viendo lo de mi Diplomado.
Pero aquí les dejo otro capítulo.
He de confesar que me encantó escribir a la nueva Rin, sé que es un poco difícil de imaginársela, pero me emociona la nueva personalidad de la pequeña.
¿Se imaginan que la indefensa Rin ahora sea una poderosa emperatriz?
Me he tenido que ver al menos la mitad de la serie y todas las películas de Inuyasha para recordar la personalidad de mi amado Sesshomaru. No quería perder la esencia de éste personaje tan perfecto, y espero no haberla perdido.
Si es así por favor háganmelo saber.
Sin más, espero leerlas pronto.
Tengo el siguiente capítulo en construcción, solo espero que mi cerebro no se seque.
Xoxo,
La morocha.
P.D: Gracias a todas por sus reviews, me da mucho gusto recibir a gente de otros países a este fic hecho con amor, y no saben cómo me agrada leer cada uno de sus reviews y de sus PM, me hacen reír demasiado con sus amenazas de muerte y me enternecen con sus palabras de aliento.
¡Gracias! Porque sé que me leen.
Espero que disfruten leyendo este Fic así como yo disfruto al escribirlo.
