DISCLAIMER: Bones ni ninguno de sus personajes me pertenece. Si lo hiciera esos dos se hubieran casado en el primer episodio. Pertenece a Hart Hanson, Stephen Nathan, Kathy Reichs y FOX. No intento violar las leyes de copyright ni recibo nada por escribir esto. Lo hago por pura diversión.

·

·

·

-Oh, Booth... Yo lo siento, no debí hacerlo. Ya me voy.

Y se giró hacia las escaleras para marchar por dónde había venido.

·

·

·

Chapter 4

-¡No! –el grito del mejor agente del FBI se oyó por todo el pasillo mientras la agarraba de la mano-. No quiero que te vayas, es solo que quiero que hablemos.

-¿Hablar de qué? ¿De esto? Porqué si quieres puedo olvidarlo... –dijo Brennan con una mirada triste.

-No, no. No tienes que olvidar nada. Es sólo... Que no lo entiendo.

-¿El qué?

-Pues, esto... Me rechazaste, y luego me besas como si me amaras. No lo entiendo, y no quiero que lo hagas porqué te hago pena porque mi abuelo ha muerto.

-Booth... Sé que te rechazé, pero... –respiró hondo-. Ya te lo dije una vez. Soy científica y no puedo cambiar. Pero también soy un ser humano, y los seres humanos evolucionamos. Y yo he evolucionado, he comprendido que me da más pánico estar sin ti que contigo. Contigo me siento bien, muy bien, más que con nada ni nadie que yo conozca. No te he besado por pena. Te he besado como si te amara porqué... Porqué te amo. Siempre has sido bueno conmigo, me has apoyado, también me has dicho cuándo me he equivocado... Ángela dice que todo el Jeffersonian cree que estás loco por mí. Pero que no se nota que la que lo estoy soy yo. –la antropóloga no pudo terminar, ya que fue cortada por los labios de su compañero.

Brennan correspondió al beso con mucho gusto. Un beso dulce, lleno de la pasión, del amor que los compañeros se escondían desde hacía años. Todo el amor que siempre habían negado allí estaba.

Después de ese beso, la frase "Sólo somos compañeros" ya no tendría sentido, si alguna vez lo había tenido, para ninguno de los dos.

-Te quiero –dos palabras salieron de la boca del agente.

Ella sonrió, lo agarró de la corbata y volvió a besarlo. El beso se fue profundizando, las manos de Brennan vagaban por la espalda de Booth, mientras que las del agente le revoloteaban el pelo.

El hombre le comenzó a desabrochar la blusa, hasta que se escuchó:

-¿Por qué no entráis en casa, señor Booth?

-¡Señora Ross! –la vecina de Booth los estaba observando. El agente sacó las llaves con las manos temblorosas y consiguió abrir la puerta de milagro.

-Divertíos... Aunque creo que ya lo hacéis –se oyó a la señora Ross decir mientras entraban.

Ya dentro, los amantes no pudieron evitar una carcajada.

-Suerte que la señora Ross nos pilló ahora, sino ya estaría desnuda allí fuera... –rió Brennan.

-Creo que ya lo estaríamos los dos –respondió él.

Y entre risas y bromas tontas, la doctora volvió a agarrarlo de la corbata y lo arrastró hasta su dormitorio. Allí cayeron los dos en la cama, con el agente encima.

-¿Te he hecho daño? –preguntó preocupado.

-Cállate –dijo como pudo mientras lo besaba.

El calor de la habitación era proporcional a las prendas de ropa que caían dispersadas al suelo.

Rodaban por la cama, completamente desnudos, riendo, besándose, jugando el uno con el otro.

Ninguno de los dos pensaba en nada, sólo en el otro y en hacerlo disfrutar.

Sin duda, el mejor día de luto que nunca habían tenido.

·

·

·

Se despertó solo en su cama. A fuera ya era plena noche. La luna brillaba por encima de los tejados de D.C.

Había tenido un sueño maravilloso... Su compañera le decía que le amaba, él le hacía el amor como no se lo había hecho nunca a nadie...

Si había sido un sueño... ¿Por qué estaba desnudo? ¿Por qué esas prendas de mujer escampadas por el suelo?

Se levantó, se puso unos bóxers que encontró por el suelo y salió de la habitación. Y allí la vio, tan hermosa como siempre. En la cocina, llevando puesto sólo la camisa del agente.

-¿Tienes hambre? –le preguntó él.

-Sí, no como nada desde esta mañana –respondió la antropóloga.

-Vaya, la doctora Brennan comiendo por propia voluntad –bromeó él.

-No seas malo...

-Si me lo pides así...

Empezaron a besarse más y más, hasta que ella dijo:

-Booth, en serio, tengo hambre.

-De acuerdo, pero luego volvemos a la cama... –le respondió con una sonrisa pícara.

-¿A dormir?

-Si queda tiempo.

Cenaron a las dos de la madrugada entre conversaciones amistosas.

-¿Este fin de semana tienes a Parker? –preguntó Brennan.

-No, pero te tengo a ti.

Ella le sonrió.

-Tenemos todo el fin de semana. –dijo ella coqueta.

Y así fue. El domingo por la mañana pasaron por el apartamento de Brennan a buscar ropa para el lunes.

Dedicaron el resto del domingo a memorizar el cuerpo del otro de memoria, hasta que por la noche se quedaron dormidos.

·

·

·

-¿Dónde está Brennan? –preguntó Cam en la plataforma.

-No lo sé, debería estar aquí, siempre llega antes que nosotros –dijo Hodgins.

Ángela sacó el móvil y marcó el número de Brennan.

-No contesta –dijo cuando se cortó la señal.

-Prueba con el fijo.

-Tampoco –respondió la artista-. Voy a llamar a Booth, a ver si sabe dónde está.

Estaban profundamente dormidos cuando un móvil los despertó. Brennan, por instinto, respondió.

-Brennan.

-¿Brennan? –exclamó Ángela extrañada al otro lado de la línea.

-Yo misma. ¿Qué quieres? –dijo con voz cansada.

En el Jeffersonian todos estaban atentos a Ángela. ¡Brennan había respondido al móvil de Booth!

-Cariño, ¿te he despertado? –dijo Ángela con una sonrisa.

-¿Qué quieres? –la antropóloga no estaba de muy buen humor cuando la despertaban así.

-¿Por qué no estás en el laboratorio?

-¿Por qué? ¿Qué hora es?

-Las nueve y media.

-¡Oh dios! –exclamó levantándose de golpe.

-¿Aún estabas en la cama? –la artista estaba dispuesta a hacerle confesar.

-Sí, me he dormido...

-Cariño, ¿puedo hacerte una pregunta? –los demás cerebrines sintieron que Brennan debería estar temblando de miedo. Todos sabían cuál era esa pregunta.

-Claro.

-¿Por qué has contestado al móvil de Booth? –la pregunta del millón. En ese instante todos estaban deseando no ser Brennan.

-¿El móvil de... ¡Dios! –la antropóloga se dio cuenta del error que había cometido-. Ah... Esto... Debió de dejárselo en mi casa.

-Oh –le contestó su amiga, fingiendo estar desanimada pero sabía que mentía-. No me mientas Bren... Sabes que siempre lo descubro todo...

-Vuelve a la cama... –le dijo Booth agarrándola por la cintura. La doctora le puso una mano en la boca para que callara, y él empezó a besarla.

-Por dios, ahora no, ahora no... –dijo Brennan, con la voz entrecortada, al borde de la desesperación.

-¿No? ¿Por qué hablas así? –Ángela no lo entendía.

-No te lo decía a ti Ange.

-¿Entonces a quién? –otra vez la artista sonreía-. Cielo, ¿quién está contigo?

-Huesos, vamos, ven aquí... ¿No quieres un beso? –esta vez Ángela sí lo oyó.

Y lo entendió todo.

-¿Quién te ha dicho que vayas? ¿Con quién estás? ¿Quién te ha dicho lo del beso? ¿Te ha llamado Huesos? ¡Huesos! ¡Oh dios mío! ¿Booth está contigo? ¿Booth? ¡Booth! ¡Ah! –empezó a gritar como una loca, saltitos incluidos-. Cari... ¡Me ha colgado! –dijo muy seria de repente mirando el móvil.

-Qué raro... –dijeron Hodgins y Cam con una sonrisa.

-¿Por qué lo decís así?

-Es que dejas sordo a cualquiera, Ángela –dijo la patóloga.

-Es que con una noticia así...

Y los gritos volvieron.

·

·

·

-¡Booth, levanta! ¡Son las nueve y media!

-¡¿Qué?! –el agente se levantó de golpe.

-Dios mío, dios mío...

-Tranquila, no pasará nada por un día que lleguemos tarde...

-¡No es por eso! –dijo Brennan, ya totalmente desesperada.

-¿Entonces?

-¡Ángela lo ha oído todo! Y luego se ha puesto a gritar, y te apuesto lo que sea que hasta se ha puesto a saltar, y...

-¿Cómo que Ángela lo ha oído todo? ¿Ángela está aquí? –Booth no entendía como la artista había podido entrar en su casa y además gritar sin despertarlo.

La doctora le contó todo lo ocurrido en la conversación telefónica.

-Y encima yo he contestado a tu móvil...

-Eh, eh, cálmate –le dijo acariciándole la cara con las dos manos-. Tarde o temprano se iba a enterar. Y conociendo a Ángela... Yo diría que temprano.

-Si llegaba tarde, me iba a interrogar hasta que se lo hubiera dicho todo.

Los dos rieron y se besaron.

Se vistieron, desayunaron como un relámpago y marcharon corriendo al Jeffersonian.

·

·

·

-Ángela, por favor, cálmate –Cam estaba empezando a perder la paciencia.

-Por dios Angie, ¡cállate de una vez! –Hodgins tampoco podía soportarlo.

La artista empezó a calmarse.

-Es que...

-Sí, lo sabemos, Brennan y Booth están juntos, pero...

Pero Ángela volvió a gritar. Cuando por fin consiguieron calmarla, cierta doctora y cierto agente hicieron su aparición en el laboratorio.

Y los gritos volvieron a empezar. Ángela se lanzó encima de su amiga haciendo que casi se cayera al suelo. La siguiente víctima del abrazo fue Booth, quién también estuvo a punto de perder el equilibrio.

-Por dios, otra vez no... –Cam ya no podía soportarlo.

-¿Tenéis alarmas para cosas biológicas y no para esa mujer? –Booth estaba a punto de estallar.

-¡Cállate Ángela! –gritó Brennan con todas sus fuerzas. Sorprendentemente, el ruido cesó inmediatamente.

-Oh, silencio, te echábamos de menos por aquí... –Hodgins cerró los ojos e inspiró profundamente.

-¿Con quién hablas Hodgins? –la siempre racional doctora no entendía nada.

-Se refiere a que Ángela no ha callado en todo ese rato, Huesos –le aclaró Booth.

-¡No me diréis que no son adorables! –dijo Ángela después de esa tierna escenita. Cuando estaba a punto de volver a gritar, todos se lanzaron a taparle la boca.

-Qué dolor de cabeza... Con esa voz debías haber sido cantante... –Cam también se estaba empezando a relajar.

-Pero afinando un poco más... –esta vez era Booth el que hablaba.

-¿Podemos trabajar por favor? –Brennan nunca cambiaría.

Pero su teléfono sonó.

-Brennan.

-¡Anda! ¡Yo también me llamo así!

-Hola, Russ –dijo con una sonrisa.

-Hola, Tempe. Me llamó papá, ¿te ha pasado algo? –dijo un poco preocupado.

-No, tranquilo, estoy bien. ¿Y tú? ¿Qué tal las niñas?

-Muy bien, gracias por preguntar. Bueno sólo llamaba para eso. Cuídate.

-Igualmente. Oh, Russ, por cierto, tú y papá tenéis que venir algún día a cenar. ¿Está bien mañana? Es que siento lo del otro día, no podía...

-Pues claro. Ya llamaré yo a papá. Hasta mañana.

-Hasta mañana.

Los hermanos colgaron el teléfono. Hacía muchísimo que no se veían, sería una alegría para los dos.

-¿Russ? –Booth sabía que los hermanos estaban bastante unidos, pero hacía mucho que no veía al hermano Brennan.

-Sí, él y mi padre vendrán mañana. Podéis venir todos si queréis.

-Gracias, Bren. –dijo Ángela con una sonrisa-. Por cierto, ¿puedo hablar contigo? Tienes que darme muuuchos detalles –dijo con la típica sonrisita de mejor amiga que quiere enterarse de todo.

-¿Detalles de qué? –dijo Booth un poco nervioso.

Y la artista, arrastrando a su mejor amiga por el brazo, se la llevó a su oficina añadiendo para dejar al agente aún más confuso:

-Cada uno tiene su ideal de fin de semana, Booth.

·

·

·

No sé si habréis notado que soy un poco como Ángela (y que la adoro) xD

La historia aún no ha terminado, tengo más capítulos pensados. Espero que os haya gustado :D

Los reviews me hacen sentir que no escribo para el aire, así que ya sabes lo que tienes que hacer.

Se aceptan peticiones, sugerencias, amenazas...