Disclaimer: Ninguno de los títulos o personajes aquí mencionados me pertenecen. Son propiedad intelectual y creativa de sus respectivos autores. No gano ni un mendigo galeón por esto.

Películas: El origen de los Guardianes (Rise of the Guardians). Cómo Entrenar a tu Dragón (How to Train Your Dragon). Valiente (Brave). Enredados (Tangled). Los Croods (The Croods). Hotel Transilvania. ParaNorman. El Reino Secreto (Epic).

Disfruten el capítulo.


Capítulo Tres

Serpiente Acorralada


"Cualquiera que tenga el poder de hacerte creer idioteces, tiene el poder de hacerte cometer injusticias".

—Voltaire.


El Club de Gobstone era más popular de lo que Agatha había creído. Se localizaba en el cuarto piso cerca del retrato de Uric el Chiflado, un mago famoso por haberse vuelto loco supuestamente por haber escuchado el canto de augurey interrumpidamente durante tres meses. En el interior del aula, las paredes estaban tapizadas con banderines de antiguos equipos profesionales de gobstone. En cuanto Rapunzel la presentó a Mildred, Agatha fue sumergida en la apabullante vida del Club de Gobstone. Nunca había estado entre tantas personas que estuvieran interesadas en conocerla. Había sido buena idea no llevar a Norman, si Agatha se empezaba a sentir intimidada, seguramente él se habría ido de ahí.

—Qué bien que hayas decidido unirte —dijo Dimitri Collins, que no sólo jugaba en el equipo de quidditch de Gryffindor, también gustaba del gobstone—. Siempre es genial ver caras nuevas.

—Rapunzel me invitó —dijo haciendo un esfuerzo de no hablar con tono bajo o tartamudear—, pensó que sería divertido.

—¿Y te estás divirtiendo?

—Sí… es un club muy ameno.

—Oye, no te sientas obligada a mentir. Sé que algunos pueden ser… pesados al interactuar. Pero no son todos malos. Te aseguro que si dejas que todo fluya, te divertirás en serio.

—Gracias, Collins —susurró, sintiendo sus mejillas ruborizadas.

—Dime Dimitri —sonrió con dulzura—, y si quieres yo puedo llamarte por tu nombre.

—Mi primo Norman me dice Aggie —hizo lo posible por mirarle a los ojos. Las pupilas de Dimitri eran azules como las de ella, sólo que le parecieron más brillantes.

—Bien, Aggie —pronunció Collins—. Seamos amigos. Sabes, también juego quidditch. A Mildred no le gusta que lo diga en el club, pero confío en que no le dirás. Abrimos temporada pronto y sería genial que nos apoyarás. Sé que estás en Hufflepuff, pero no creo que sea un problema. Claro, si te parece.

—Creo que… será interesante. No me atrae mucho el quidditch, pero nunca he estado en un partido. Quizás se deba a eso.

—¡Te aseguro que te encantará! Este partido será el regreso triunfal de Gryffindor. Tenemos que ganarle a Slytherin. Ellos tienen a los mejores jugadores y me han contado que su capitán planea algo que será impresionante.

—Así que realmente espero verte en las gradas, ¿de acuerdo? Podrás presenciar el regreso triunfal del equipo de Gryffindor en primera fila.

La charla fue más cálida a partir de ese momento, incluso llegó a reírse. Agatha rió tan fuerte que más personas se acercaron para saber cuál era el chiste. Pronto estaba conversando con cinco personas más, ya sin preocuparse por su timidez.

A una distancia prudente, Rapunzel la observaba con satisfacción. Le alegraba que Agatha por fin se sintiera cómoda, sin duda, haría muchos amigos. Pensó que lo mejor era darle su espacio. Así que se enfocó en su propia conversación con Mildred. La presidente del Club de Gobstone comentaba sobre la posibilidad de crear un torneo antes de Halloween.

—Todavía no tengo nada estrictamente planeado —admitió—, pero tendré lista la petición la próxima semana. Hablé con la profesora Bell para asesorarme. Hogwarts necesita rescatar algunas tradiciones.

—Comparto el sentimiento, Margorie.

—Quizás si nos esforzamos, podamos competir con otras escuelas, aunque sé que no muchas juegan al gobstone. Espero que el Instituto Tecnológico de Magia Experimental tenga uno. Me encantaría competir contra una escuela nueva, aunque seguro se van por el quidditch. Argh, detesto que se lleve toda la atención.

Rapunzel conocía bien la aversión de Mildred hacia el quidditch, ya que, según ella, había arruinado la popularidad de las demás actividades.

—Tu petición será aprobada, Margorie —le dijo—. Paso a paso, el gobstone ganará popularidad.

—Eres buenas animando a la gente, Soleil. ¡Definitivamente lo usaré para atraer nuevos miembros!

Rapunzel se rió con nerviosismo. Mildred era muy insistente cuando se trataba de reunir nuevos miembros del gobstone.

Una hora después, la reunión se dio por terminada. Mildred no los dejaba ir hasta que escucharan su discurso motivador-amenazante, para que no olvidaran invitar a más amigos a unirse y no faltar a las reuniones.

—Especialmente tú, Collins —le señaló con el dedo—. Tienes suerte de ser miembro honorario porque de lo contrario, te lanzaría un Depulso cada vez que te viera. No creas que te he perdonado que presentaras la prueba de quidditch el año pasado cuando ya estabas en el Club de Gobstone.

Aunque Dimitri podría decirle que lo que hiciera con el resto de su tiempo no le concernía, prefirió asentir y callar. Mildred había sido nombrada prefecta y era la mejor en encantamientos y maleficios. No quería tentar su suerte.

—Y con todo aclarado por ahora, nos vemos el próximo jueves —finalizó Margorie.

Agatha se despidió de Dimitri y junto con Rapunzel se dirigieron rumbo al Gran Comedor. En el camino, se encontraron con Johnny. Él había terminado su entrenamiento en el campo de quidditch, pues había conseguido entrar como reserva. Wee estaba a su lado, devorando una caja completa de grageas Berthie sin importarle de qué sabor le tocara. Eep también iba, sólo que comía una pluma azucarada.

—¿Oh, quién es ella? —preguntó Johnny al percatarse de Agatha. La miró con extrema curiosidad. El tipo de curiosidad que se confunde con insistencia irritante.

Agatha se encogió, intimidada. Rapunzel quiso apiadarse de ella, pero estaba consciente que si no Agatha continuaba así nunca podría dejar de lado su timidez. Así que sólo la tomó por los hombros, dándole un ligero empujón para ponerla frente a Johnny.

—Tú puedes —murmuró cerca de su oído.

—Yo soy Agatha P-Prenderghast —dijo, lamentando haber tartamudeado una vez.

—Mucho gusto, Aggie —dijo sonriendo alegremente. A Johnny no le hacía falta que le pidieras que te llamara por un apodo, él lo hacía solo—. Yo soy Jonathan Stein, pero puedes decirme Johnny.

—Yo soy Eep —sonrió.

—Y yo soy Wee Dingwall —dijo mientras se metía otra gragea a la boca.

—Mucho gusto, Johnny, Eep y Wee —dijo Agatha, emitiendo una pequeña sonrisa.

Era increíble que hubieran pasado varios meses para que Agatha hablar con alguien además de Norman. Juntos fueron al comedor. Se sentía bien estar en un grupo. Pero Agatha sabía que era importante mantener oculto su secreto porque si la descubrían temía que la vieran como si fuera un fenómeno. Norman la vio sonreír en compañía de esos cuatros, y aunque se sentía dejado de lado, también estaba feliz de que su prima hubiera hecho más amistades. A él tampoco le estaba yendo mal. Jamie y él habían congeniado cuando no había creído que fuera así. Gracias a Jamie se había percatado de un montón de cosas que pasó desapercibidas, como la presencia de Salma Jones, una niña de Ravenclaw de primer año como ellos, con quien compartían las clases de Pociones y Transformaciones.

—Ella nos está viendo de nuevo —le susurró Jamie.

Norman miró sobre su hombro discretamente. En efecto, Salma los observaba fijamente. No se movía y parecía un búho con sus anteojos.

—¿Está obsesionada con nosotros o qué? —preguntó Jamie. Norman también lo estaba considerando—. Es espeluznante.

Norman estaba acostumbrado. Courtney solía mirarle con la misma insistencia que su inesperada acosadora. Eso no lo hacía menos aterrador. No entendía qué diablos querría Salma con ellos.

Agatha ya había tomado asiento en la mesa de Hufflepuff. Cuando la cena apareció en los platos. Agatha no solía comer demasiado, pero cuando Eep le contó que en su casa rara vez había mucha comida y que siempre se acababa todo cuando estaba en Hogwarts. Agatha nunca había sabido lo que era el hambre, así que miró de otra manera la comida frente a ella y decidió que podía hacer un esfuerzo por comer más.

—¿Sucede algo? —inquirió Agatha cuando notó que Rapunzel no había cogido nada.

Rapunzel no respondió. Eso la confundió. Rapunzel estaba muy versada en la cortesía de las damas como para ignorar a alguien.

Agatha la miró intensamente.

Rapunzel tenía la vista fija en el plato frente a ella. Sus brazos estaban a sus costados, como si no pudiera moverse. Incluso Pascal estaba actuando raro, rascando con su patita la mejilla de su dueña con insistencia.

—¿Estás bien? —preguntó Agtaha de nuevo. La meció un poco—. ¿Rapunzel?

Al contacto, se sobresaltó. Fue como si hubiese estado en trance y la despertaran de golpe. Su exabrupto hizo que los demás lo notaran. Eep fue la primera en acercarse a ver lo que sucedía. Rapunzel estaba muy agitada, y luchaba por tener el control de nuevo.

—No cenaré hoy —les informó a sus amigos, dándoles una sonrisa débil—. No me siento bien esta noche, así que iré antes a dormir. Ustedes pueden continuar.

—Te acompaño —dijo Eep de inmediato, levantándose de su asiento.

—Pero no has acabado de…

—Te acompañaré, Punz.

Eep tenía esa expresión que no admitía negativas. Ella era la única que conocía el pasado de Rapunzel, quien, tal vez, se había percatado de algo. Rapunzel aceptó su compañía. Salieron del Gran Comedor sin decir más. Johnny y Wee se quedaron, ambos con expresiones intrigadas en el rostro. Por otro lado, Agatha volvió su atención al plato que contenía sopa de color arena, cremosa y de buen aroma.

—Quizás sea alérgica —dedujo.

Pero lo que Agatha ignoraba era que no Rapunzel no era alérgica. La sopa que habían servido era de avellanas, un platillo que le habían preparado como recompensa por portarse bien. Podría tratarse de una simple coincidencia, pero Rapunzel había estado tan asustada cuando vio la sopa, que recordó todo lo que le había pasado.

—Te ves muy pálida —le dijo Eep mientras caminaban hacia su sala común, manteniéndose cerca por si llegaba a desmayarse. Rapunzel sonrió débilmente, tratando de mostrarle que no era para tanto, pero a Eep no podía engañarla, así que desistió de hacerlo.

—Oh, pensé que era hora de cenar. ¿Qué están haciendo aquí, señoritas?

Era Erzabeth Gormley. La bruja les miraba con atención. Por alguna razón a Rapunzel le incomodó, como si esos ojos verdes transmitieran algo que antes no estaba allí. Pascal se encogió sobre su hombro, al parecer la presencia de Erzabeth lo intimidaba.

—Punz se siente mal y la acompañaba a su cuarto —informó Eep.

—Eso es muy considerado de tu parte, señorita Croods —alentó Erzabeth—. Soleil se ve tan desmejorada. Su apariencia es tan frágil y desvalida que es un alivio ver que tiene una amiga tan austera como tú.

—No es gran problema para mí —dijo, Eep encogiéndose de hombros—. Ella es mi amiga.

—Oh, eso es conmovedor —sonrió—. Entonces no pierdan el tiempo. Vayan a descansar.

Erzabeth fue rumbo al Gran Comedor, mientras que ellas continuaban su camino hacia las cocinas. Aunque Eep no estaba de humor para cantar y bailar al ritmo de Helga Hufflepuff, lo hizo por Rapunzel. Cuando entraron a la sala común, estaba vacía como era de esperarse. Se dirigieron hacia su dormitorio.

—Oye, Punz —llamó Eep cuando se recostaron en sus respectivas camas.

—Dime, Eep.

—¿Qué quiere decir austera?

Rapunzel se rió sin ganas. En su mente continuaba pensando sobre la sopa de avellanas. Sabía que tendría que contarle a Eep sobre eso, pero aunque confiaba en ella aún sentía algo de angustia por ello. Pascal se acurrucó cerca de ella.

Todavía había muchas cosas por decir.


Mientras la mayoría de los estudiantes cenaban en el Gran Comedor, un grupo en particular se encontraban en el baño de niñas del tercer piso. Se trataba de Mérida, Mavis, Thomas y Snotlout, que habían perdido la cena para llevar a cabo otro intento por hacer una poción que los hiciera indetectables. Snotlout habría preferido que escogieran otro lugar, además que perderse la cena lo ponía de mal humor.

—Argh, no soporto estar aquí —repitió por quinta vez, jalándose los cabellos. Un baño de niñas no era precisamente un buen lugar para estar haciendo una poción.

—Eres libre de irte —pronunció Thomas moliendo tres aguijones de billywig para después echarlos en el caldero de plata cuyo contenido color azul petróleo bullía. La poción se tornó más oscura.

—Sé que si me voy, Frost me congelara el trasero como pasó hace dos días.

—Debes ser más responsable, Knuckles —espetó Mérida a la vez que cortaba una raíz de snargaluff y se la pasaba a Thomas.

—Qué ironía viniendo de ti, Firefly. ¿Qué haces aquí? Eres tan mala como yo en pociones.

—No soy tan mala como tú, mis calderos no explotan en cada clase. Además, Blaster es quien decidió hacer a los nuevos equipos, luego de que Hawk se negara a trabajar contigo. Así que nosotros fuimos a los que les tocó tenerte.

—¿Qué quieres decir? Son afortunados de tener mi presencia —se apuntó con el pulgar, elevando la barbilla.

—Zing y yo conseguimos los ingredientes, y Skull está haciendo la poción. Tú no estás haciendo nada.

—Yo estoy vigilando, naturalmente.

Mérida puso los ojos en blanco. Thomas continuó como si no lo hubiera escuchado, agregó la raíz y se produjo un pequeño estallido. Luego mezcló la poción.

—Admiro tu paciencia, Skull —musitó Mérida a Thomas—, yo ya le habría lanzado un par de Flipendo a Knuckles para bajarle el ego.

—Si dejas que cualquiera te afecte, les brindas poder sobre ti —dijo Thomas. Entonces, agregó protuberancias de murtlap ocasionando que un olor pestilente saliera del caldero. Mavis se cubrió la nariz. La pestilencia era tal que su fino sentido de olfato sufría al doble.

—Pff, qué horrible olor —espetó Snotlout abanicando con su mano—. ¿Estás seguro que esos son los pasos?

—Es una poción extraña —dijo Thomas—. Theri la encontró en un antiguo libro, demasiado viejo. Tengo mis dudas al respecto. Algunos libros de pociones fueron descontinuados cuando descubrieron que algunos de los productos preparados con sus indicaciones, eran inadecuados. Si éste es uno de esos libros, estamos fritos. Sólo he consultado referencias actuales. Pero Frost está muy ansioso por todos los intentos fallidos que hemos tenido hasta ahora. Hacernos virtualmente invisibles no es sencillo con el hechizo que la profesora Parkinson creó.

—Y no podemos depender para siempre de la capa de Moony —comentó Mavis.

—Eso también.

Teddy les había mostrado la Capa de Invisibilidad que le había prestado su padrino. Les había dicho que Harry se la había dado para que le diera un buen uso, ya que había demostrado que su comportamiento había mejorado. Las quimeras habían estado asombradas. Tuffnut y Snotlout se habían peleado la oportunidad de usarla primero. Si Frost no les hubiera espantado con congelarlos, no se hubieran tranquilizado. La capa servía bien para salir de noche, pero sólo podía ser entre tres personas lo que resultaba inadecuado, aun así, era una gran manera de que Alicia, Guy y Mavis pudieran ir a la biblioteca de noche para revisar los libros de la Sección Prohibida (ya que la señorita Pince le había entregado una copia de las llaves a Guy).

La capa también les había servido para poner a prueba los métodos que encontraban, pues si salían mal, podían meterse debajo y regresar a su sala común. Y se habían equivocado un montón de veces. No era como con el mapa, que sólo habían tenido que juntar las piezas y recitar un hechizo (y de todas formas, el mapa estaba incompleto). Habían intentado con Finite Incantatem, lo que produjo una alarma parecida a cuando quisieron entrar al Bosque Prohibido.

—Tiene que hervir diez minutos más —indicó Thomas agitándola tres veces contra el sentido del reloj y luego agitando su varita sobre la poción. De acuerdo con las instrucciones, tenía que hacerse así. Pero Thomas tenía sus dudas—. Firefly, es tu turno.

—Es difícil de creer que tenga que hacer esto —dijo Mérida sacando un tubo de ensayo y escupiendo en él. Lo entregó a Thomas.

—En la Antigüedad se pensaba que la saliva era un ingrediente adecuado para personalizar las pociones. Por ejemplo, la usaban para brebajes de amor. Por supuesto, su efecto era menor que cuando optaban por utilizar cabello, sangre, incluso lágrimas.

—No me imagino escupiéndole a mi caldero en clase de Slughorn, así que es bueno que se hayan dado cuenta de su error —pronunció Snotlout.

Entonces, guardaron silencio. Sólo se oía el bullir de la poción. Quedarse sin nada que decir era extraño. Se conocían lo suficiente como para no parar de hablar en cuanto se reunían, sin importar de quien se tratara. Sin embargo, esto permitió que se dejaría espacio para sacar a flote un tema que les había estado preocupando desde hace tiempo.

—¿Qué creen que pase ahora? —preguntó Snotlout. Sorpresivamente fue él quien inició la conversación—. Lo que pasó el año pasado… sé que habíamos "aclarado" todo el asunto antes de salir de vacaciones, y que McGonagall seguramente sigue buscando respuestas, pero… no se siente cómo si todo estuviera claro. Hay muchas preguntas que aún no tienen respuesta.

El encuentro con Pitch no sólo los había puesto en la mira de McGonagall y la Oficina de Aurores, sino también en la mirada pública, al menos en Hogwarts. Eran un tipo de héroes de los que todos sospechaban. Y por otro lado, estaba el asunto de Pitch y Jackson. Lo que se habían dicho, lo que Pitch había dejado notar.

—Knuckles tiene razón —pronunció Mavis—. Fue extraño lo que pasó. No desconfío de Jackson, pero… pero si hay una posibilidad de sea cierto…

—Hay dos opciones, como yo lo veo —dijo Thomas—. Pitch dijo la verdad o nos mintió. Si es la primera, entonces Jackson y él estuvieron liados de alguna manera en el pasado, pero si es la segunda sólo busca crear incertidumbre. La incertidumbre es el origen del miedo. Si tememos más, lo volveremos más fuerte. Hasta donde sabemos, Jackson fue acogido por la familia Rosier, así que es imposible que haya conocido a Pitch siendo un bebé.

—Epona y Drusila Rosier son no son malas personas —comentó Mérida—. No creo que me hayan mentido al decir que encontraron a Jackson afuera de su puerta, con una nota, es decir, no son la clase de personas que adoptaría a un niño sólo porque sí. La nota decía que cuidaran de Jackson, ya que es un Rosier por línea materna. Quizás no se trataba de él, sino de su padre.

—Pitch se sorprendió que Overland fuera humano —recordó Thomas—. Así que eso indica que cuando lo conoció, no lo era. Posiblemente, sea lo sea que Pitch también este Jackson que conoció lo fuera. Hay otros asuntos que son confusos, como lo del linaje y el secreto que le confío a Overland.

—No hables como si el Jackson que conocemos fuera el que Pitch conoció —espetó Mérida—, no sabemos nada de lo que pasó. Jackson no tiene ninguna memoria de Pitch, ni siquiera sus sueños le sirven de algo, así que no hables como si él y Pitch fueran amigos.

Thomas la miró de reojo, pero no se disculpó. Pasaron los diez minutos. Thomas apagó el mechero y retiró la poción y vació el contenido del tubo de ensayo.

—No es conveniente discutir entre nosotros por algo que desconocemos —dijo con calma—. A como lo veo, hemos elegido un camino que nos llevará a encontrar todas las respuestas que necesitemos. Ahora lo que importa es verificar si esta poción es útil.

Usó una cuchara para verterla en una taza grande y redonda. El tono de la bebida había pasado a un azul grisáceo que no se veía demasiado saludable. Mérida, Mavis y Snotlout miraron con asco la desagradable sustancia. Thomas le entregó la taza a Mérida.

—Tiene que beberla quien donó la saliva —explicó—, y antes de lo digas, no estoy mintiéndote. Las instrucciones lo dicen.

Snotlout se rio malignamente al ver su cara estupefacta. DunBroch agarró la taza más por obligación que por ganas. Tomarse una poción con su saliva equivalía a tragarse un gargajo y eso iba más con Tuffnut y Ruffnut que con ella.

—Ya no huele tan mal —dijo cuando la olfateó. Tragó en seco—. ¿En serio tengo que tomarlo? ¿Y cómo comprobamos que funciona?

—Después que la bebas, te quedarás aquí hasta el toque de queda. Si te no atrapan, funcionó, y viceversa. Afortunadamente los castigos por ser descubierta no son tan severos.

—Qué alivio —dijo con sarcasmo.

—¡Basta de lloriqueos! —apuró Snotlout, impaciente—. Bébelo ya antes de que esa fantasma llorona se aparezca por aquí.

Un agudo lamento los obligó a cubrirse los oídos. Fue intenso, tanto que los obligó a cubrirse los oídos. Myrtle la Llorona apareció frente a ellos. Habían conocido a la niña fantasma en primer año, cuando Snotlout, Eugene y MK habían escapado de Filch. No había sido un encuentro amigable, y desde Myrtle les hacía la vida difícil cuando se les aparecía. Ni siquiera Peeves les parecía tan fastidioso, aunque eso era porque Jackson había conseguido que Peeves no molestara a las quimeras.

—¡Nadie me quiere! —chilló Myrtle volando alrededor de ellos—. ¿Pero quién podría querer a la fea y tonta Myrtle la Llorona? Nadie es amable conmigo.

—Pues claro, si te la pasa gritando como banshee, es entendible que nadie te quiera —dijo Snotlout, irritado.

Myrtle chilló más fuerte. Snotlout gruñó con hastío. De no ser porque Alicia le hechizaría si descubría que le había vuelto arrojar libros a Myrtle, lo habría hecho ahora sólo para que se fuera. ,

—Silencio, Myrtle —intervino Thomas, cubriéndose los oídos. Myrtle le dirigió una mirada furibunda y luego lo ignoró.

—¿Qué le pasa? —dijo Mérida a Snotlout.

—Skull no le agrada.

—Que no le caigas bien tú, lo entiendo, ¿pero él?

—Myrtle cree que me parezco a Voldemort cuando sólo era un estudiante —dijo Thomas, moviendo su varita para empezar a limpiar y recoger el material que habían utilizado—, aunque la comparación sea inadecuada. Yo no me parezco a Tom Ryddle.

—Entonces, es un sinsentido —opinó Mavis.

—Intenta convencerla de lo contrario —retó Thomas—. Cree que soy sospechoso.

—¡Y lo eres! —chilló Myrtle—. ¡Tienes esa mirada…! Simplemente no la soporto.

A Thomas parecía no importarle lo que ella dijera. Guardó el caldero, los ingredientes que sobraron en una mochila.

—Volviendo a lo que en verdad nos interesa —pronunció Snotlout—, me parece que todavía hay una poción que alguien tiene que beber.

—Eres odioso —comentó Mérida y miró la taza con asco—. Si esto no sirve, haré que Heather también la pruebe.

—Oh, vamos, hazlo ya —dijo Snotlout, dando un presto empujón a la mano de Mérida que sostenía el tubo de ensayo y guiándolo a la boca de ella. El sabor no fue tan desagradable como había pensado, pero la consistencia era similar a algo babosos.

Mérida casi se atragantó. Mavis le dio unas palmaditas en la espalda.

—¿Estás bien, Firefly? —le preguntó.

—Define bien —contestó haciendo grandes arcadas—, esto es peor que cuando me comí una mosca sin querer.

—¿Y bien? —inquirió Snotlout, mirándola con curiosidad—. ¿Hizo efecto o no?

Mérida se quedó quieta, esperando que sucediera alguna reacción. Cuando no pasó que no había funcionado. Su puño se alzó con fuerza y golpeó en la mandíbula a Snotlout.

—Te lo mereces por hacerme tragar eso de esa manera.

Myrtle se rio escandalosamente por la cara compungida de Snotlout.

—Firefly… —llamó Mavis, titubeante.

—¿Qué sucede?

—Tu mano —señaló con el dedo.

Mérida descubrió que su mano derecha se empezaba a volver transparente, como si estuviese haciéndose gelatina de anís. Pronto se notó que no era gelatina, sino una baba muy densa. Cuando sus piernas se volvieron poco rígidas, Mérida cayó. Era como si alguien hubiera tirado mucha baba en el suelo. Mavis apurada se apuró para ayudarla, pero cuando la tocó, se quedó pegada a ella. Al verla a Mavis tratando de zafarse, Myrtle volvió a reírse, flotando sobre ellas y apuntándolas con el dedo.

Snotlout quiso ayudar a Mavis también, pero al final resultó peor. Él también se había quedado pegado. Era como si Mérida estuviera hecha de pegamento líquido.

—¡No te quedes allí parado, Skull! —se quejó Snotlout—. ¡Ayúdanos!

—Mmm, qué efecto tan interesante —mencionó mientras estudiaba a sus compañeros—. La poción parece que no tiene los efectos que se explican en el libro, lo que indica que dicho libro no contiene información correcta sobre pociones y tiene que ser uno de los muchos libros que sacaron de la biblioteca hace tiempo, cuando descubrieron que la saliva no servía del todo bien. Heather no pudo saberlo. Entonces no queda otra opción que crear una poción desde el inicio. La Metodología de las Pociones de Gigens nos servirá mejor que cualquier libro, aunque voy será fácil de hacer. Requiere mucha preparación.

Y pensó que Tuffnut se iba a quedar calvo por tener que soportar más días sin poder ir por el castillo o al Bosque Prohibido. Sin mencionar que faltaba por crear un objeto que les permitiera moverse en el agua para cuando iniciaran sus exploraciones en el Lago Negro.

—¿No los vas a ayudar? —preguntó Myrtle, mirándolo con sospecha.

Thomas le sostuvo la mirada.

—Por supuesto, son mis amigos.


Lo que les había ocurrido en el baño, no había quedado como un incidente desconocido. Muy rápidamente se convirtió en noticia, y durante una semana no pararon de hablar del pegamento humano en que Mérida DunBroch se había convertido, y cómo Mavis Drácula y Snotlout Jorgenson habían terminado pegados a ella. El castigo, luego de conseguir despegarlos y que Mérida tuviera que estar toda una semana en la enfermería, fue severo, incluso para Thomas. Los habían obligado a limpiar los baños de niñas del tercer piso. Myrtle la Llorona había estado tan feliz al molestarles cuando tallaban los retretes, que ya no lloraba o gritaba.

Otra persona que estaba feliz por lo que había pasado fue Hiccup. Aunque Thomas no le caía mal, no tener que lidiar con Snotlout en Herbología era fenomenal. Esa clase era la única que compartía con Hufflepuff, y aunque le gustaba convivir con Eep y Rapunzel, no era lo mismo cuando Snotlout se la pasaba haciéndole señas.

Tuffnut ya no le molestaba como antes. No comprendía el motivo, pero salvo algunos cuantos comentarios fuera de lugar (lo que era obvio considerando que Tuffnut era muy peculiar), no habían tenido más roces. Quizás lo único malo era que Tuffnut se había juntado con Guy y Heather en Herbología, y eso no le gustaba a Hiccup.

Hoy era un día importante. El profesor Longbottom les había explicado que harían un proyecto especial, que duraría todo lo que restaba del año escolar. Lo absolutamente interesante era que estaba relacionado con los hallazgos de Blaise Zabini en el campo de la Herbología. Hiccup, Fishlegs y Guy estaban ansiosos por saber de qué se trataba.

—Este proyecto, si logran llevarlo a cabo, tendrá implicaciones importantes —les explicó el profesor Longbottom—. Se trata de hacer un trabajo que incluya recopilación de información, crear una metodología, aplicar el procedimiento y debatir los resultados. No es algo que se haya hecho antes con toda una clase. Usualmente los profesores escogen alumnos en los que notan un particular interés por su materia y les brindan clases privadas, pero quiero ver qué pueden hacer en conjunto —con un movimiento de su varita levitó una caja de madera que depositó en la mesa; de ella salieron cajitas pequeñas que contenían tres semillas cada una, y fueran puestas frente a cada estudiante—. Como sabrán, Blaise Zabini estuvo involucrado en la investigación del caso de Pitch, por supuesto. Su primer libro está por publicarse, pero no sólo en magozoología ha dedicado sus esfuerzos. Me ha dado el privilegio de leer sus investigaciones en Herbología, especialmente en la Flor de Rapunzel, una planta que él mismo descubrió. Él consiguió germinar una semilla en su casa, así que me ha entregado las semillas que ha cosechado de su propia planta para que ustedes averigüen la manera de germinarla. Cabe aclarar que la Flor de Rapunzel no es una planta fácil de cuidar, y que el propio Zabini tuvo muchos fracasos antes de lograrlo.

—Eso es maravilloso —dijo Fishlegs, que se había quedado sin habla.

—Como es un proyecto ambicioso, se les ha dado un año para completarlos, y tres semillas a cada uno. Tienen que ser cuidadosos, ya que una vez echen a perder esos tres intentos, no habrá más semillas. Pueden consultar los libros que deseen, y decirme sus dudas. Por supuesto, no solamente nos enfocaremos en esto. La clase de Herbología continuará como siempre.

Hiccup y Guy discutieron sobre lo que iban a hacer, mientras Fishlegs ya había apartado toda la atención de Neville con sus dudas.

—No tengo idea de cómo hacer esto —dijo Johnny a Eep, Wee y Rapunzel—. En sí, soy malo con las plantas, paso la materia sólo por mis trabajos escritos. Mejor voy a preguntarle al profesor.

—Vamos contigo —dijo Eep—, quiero saber si los métodos muggles que me enseñó mi madre podrían servir.

—No creo que eso sea correcto, Quill —comentó Heather cuando Tuffnut le preguntó si estaría bien preguntarle a Blaise el método que él había empleado—. Seguro que el profesor Longbottom conoce bien lo que hizo Blaise, así que tampoco es una buena idea.

Tuffnut se rascó la barbilla, meditando lo que le había dicho. Como los animales estaban prohibidos dentro del invernadero, tenía que dejar que Mallet estuviera afuera. Lo que hacía feliz al jarvey, que se paseaba por todos lados hasta que Tuffnut saliera.

—Mmm, mejor le pregunto. Papá se molestará conmigo si mis calificaciones bajan, y ya es bastante malo que las de Ruffnut sean mejores. Aunque supongo que se debe a que Mavis la ayuda a estudiar.

Cuando Tuffnut se alejó, Hiccup no ocultó una sonrisa satisfecha. Heather suspiró con consternación. No entendía la razón de que Hiccup se portara de esa manera cuando Tuffnut ya no se metía con él.

—Estoy muy emocionado —dijo Fishlegs, tras terminar de aclarar sus dudas con Neville—. Esto es increíble. Jamás imaginé que tendrías la oportunidad de hacer algo así. Necesito estudiar profundamente… creo que tendré que recortar el tiempo que brindo a las tutorías. A veces me arrepiento un poco de haber permitido que esto avanzara, pero es que me siento feliz de compartir lo que sé y que los demás aprendan más sobre la magia que no puedo contenerme.

—Te has vuelto muy popular por eso, Legs —comentó Heather.

—Espera, ¿cómo es que Fishlegs es más popular por eso? Guy y yo también somos también muy inteligentes —dijo Hiccup.

—Bueno, Legs es muy amable. Eso tiene que ver. Cuando le preguntan algo no los trata como si fueran idiotas —explicó Heather—. Guy es muy popular también, ¿sabías?

—No, porque esas cosas no me interesan. A todo esto, ¿cómo sabes quién es popular y quién no?

—Por Courtney —respondió—. Ella es muy conocida y no hay chisme que no conozca. ¿Por qué pones esa cara? Creí que tú y ella habían hecho una especie de tregua.

—La tregua no indica que ella me agrade. Ella se la pasa hablando con cualquier persona que se tope cuando estamos haciendo un trabajo, o a veces sus amigas están allí y es imposible que Babcock preste atención si es así.

—Bueno, para mantenerse informada, tiene que hablar con muchas personas —dijo Guy—, y no son pocas las veces que has sido beneficiado por lo que ella sabe.

Hiccup bufó con incredulidad.

—Te daré el beneficio de la duda. Dime en qué he sido beneficiado por ella.

Pero no fue Guy quien respondió, sino Heather.

—Si Courtney no lo hubiera dicho a Guy sobre los planes que Quincey tenía para el equipo de quidditch, esos entrenamientos extenuantes y muy secretos, ni tú ni Guy habrían sobrevivido a eso. Courtney se enteró gracias a Monique Williams, porque ambas comparten el mismo proveedor de productos para el cabello.

—También Courtney me informó sobre la falsa prueba de Slughorn para verificar que sepan hacer un antídoto para venenos comunes. De no ser así, Fishlegs y tú habrían entrado en pánico cuando fingí haber tomado un veneno y pudieron hacer el antídoto —comentó Guy.

—Bien, pero…

—Nada de peros, Hiccup —replicó Heather—. Sé que no te tienen que agradar mis amigos, pero Courtney no es una mala persona. Sí, es burlona, pero nunca te ha hecho daño.

—Cierto, Hiccup —intervino Guy y luego añadió en voz baja—. Además, ella es quien sabe los horarios de sus amigos. Gracias a eso puedes pasar más tiempo con Mérida a pesar de no compartir ninguna clase.

—Está bien —aceptó a regañadientes, sus mejillas ruborizándose un poco—. Ella no es tan desagradable como pensé. Es sólo que… es tedioso estar con Babcock. Sus amiguitos hacen muecas y arrumacos cuando estoy con ella, como si me gustara.

—Oh, descuida, es sólo una broma —dijo Heather—, además nadie pensaría que tú y ella se gustan realmente. De momento la única pareja que ha llamado la atención de todos es la de Smith y Quincey.

—Espera, ¿Smith y Quincey? ¡Pero si se la pasan peleando!

—Courtney me contó que sólo pocos saben realmente que pasa entre ellos. Me dijo que Robinson y Williams son las únicas que están al tanto de todo, porque Robinson había sido amiga de Quincey, pero algo pasó y ahora Quincey no se lleva bien con ella. Es algo extraño.

—Y complicado —pronunció Fishlegs—. Lo bueno es que esos asuntos no nos conciernen por el momento.

—Dilo por ti, Legs, porque aquí a nuestro amigo Hiccup le interesa mucho cierta niña pelirroja —dijo Heather—. ¿Cuándo te animarás a aceptar que te gusta Mérida DunBroch?

—No me gusta, gusta, es sólo una amiga. Nunca tuve niñas que fueran mis amigas hasta que te conocía a ti y a ella. Es obvio que esté emocionado por eso.

Hiccup rara vez hablaba sobre sus sentimientos. Heather estaba segura que si lo seguía presionando nada bueno saldría, así que lo dejó de momento. Además, si Mérida le gustaba, eso no significaba nada. Tenían doce años, y ante todo estaba la búsqueda de la identidad verdadera de Pitch, no los romances.

El profesor Longbottom les llamó la atención, dando las últimas instrucciones. Diciéndoles en voz alta que no podían enviar ninguna carta a Blaise Zabini para pedirles que les explicara su método, en especial a Tuffnut. Cuando la clase terminó, se dirigieron a Historia de la Magia. El profesor Binns les impartiría la lección sobre la Asamblea Medieval de los Magos de Europa. Era el único profesor que conseguía aburrir a Hiccup y a Guy. Heather se preguntaba qué pasaría cuando Binns se dieran cuenta al fin que había muerto.

En el camino se toparon con Astrid. La relación entre las hermanas Hofferson se había deteriorado mucho. Antes Astrid se encargaba de que Heather no se metiera en problemas, pero ahora, tras una reprimenda de su padre, había dejado de hacerlo. Como Damian Hofferson había sido informado que su hija había combatido contra Pitch y salido victoriosa junto a los demás, el orgullo que sintió de que Heather fuera considerada una heroína lo volvió aún más predilecto con ella. Lo que al final de cuentas, afectó a Astrid, que siempre se había esforzado por enorgullecerlo.

Astrid se pasaba sola la mayoría del tiempo, ya fuera haciendo tareas o ayudando a algún maestro con el material que iba a usar. Nadie le hablaba. Astrid se enfocaba en conseguir puntos y en su crecimiento académico. Y siempre estaba de malas. Infortunadamente, Hiccup chocó sin querer contra ella.

—Fíjate por donde vas, gusano —ladró Astrid. Hiccup evitó sobarse el hombro, pues no quería mostrarle a Hofferson que le había dolido—. Usas lentes y aun así no chocas contra mí como si buscaras problemas.

—La que debería usar lentes eres tú, Hofferson —espetó—. Gruñir como ghoul no basta para advertir a la gente que vas a pasar, sabes.

Guy y Heather lo miraron como si se hubiera vuelto loco. Fishlegs se encogió al percibir la ira acumulada en la mirada de Astrid, y rezó porque algún dios interviniera y salvara el pellejo de su amigo.

—¿Qué dijiste? —pronunció Astrid lentamente, con dándole tiempo para retractarse. Heather le pidió que parara, pero Astrid la ignoró.

Astrid dio unos pasos hasta ponerse delante de Hiccup. Era más alta que él (todos eran más altos que Hiccup). Se veía intimidante. Pero él estaba harto de que lo trataran como se les diera la gana. Si no permitía que Overland y Snotlout se salieran con la suya, mucho menos a Hofferson le admitiría su mal carácter.

—¿Acaso eres sorda, Hofferson? Deberías ir con un medimago para que te revise. Aunque creo que lo tuyo ya no tiene remedio.

Que el buen Mungo Bonham lo protegiera, porque sin duda iba a doler. No hubo necesidad de hechizo alguno. Astrid eligió su método favorito: un puñetazo. Un puñetazo que le dio directo en la nariz redondita a Hiccup, que lo envió al suelo. Fishlegs había chillado de pavor. Guy reaccionó a tiempo para socorrer a Hiccup, a la vez que Heather había tomado a su hermana de los hombros para detenerla por si quería desquitarse más.

La cabeza le daba vueltas a Hiccup. Ese golpe había superado la fuerza de los golpes que Snotlout le había dado en su infancia. Poco logró percibir después de semejante puñetazo. Nada más escuchó la voz lejana, muy extrañamente lejana de la profesora Parkinson preguntando qué había sucedido ahí. Hiccup habría respondido que pasó encima una manada de graphorn, y ni siquiera se acercaba a lo que sentía, pero hasta que su cerebro conectara con su boca de nuevo, esa opción quedaba descartada. Cuando Guy logró enderezarlo, se requirió que él y Fishlegs lo sostuvieran. Ya ni recordaba su nombre, sólo veía la imagen borrosa de Heather hablando con la profesora Parkinson de quién sabe qué cosa y a Astrid vociferando otras más.

—Es mejor que lleven a Haddock a la enfermería —indicó Pansy a Guy y Fishlegs.

Los dos asintieron para arrastrar a Hiccup e irse. Agradecían que no pesara nada. Cuando Pansy se quedó con las Hofferson, pensó a fondo lo que debía hacer. Astrid había golpeado a Hiccup, y por lo que sabía, podía tratarse de una explosión de furia, algo relativamente normal a su edad. Sin embargo, no porque fuera normal significaba que no habría consecuencias. La violencia no era la mejor manera de responder al estrés.

—Tendrán que acompañarme a mi oficina a hablar con más calma. Entiendo la situación, pero quiero saber todo lo que hay detrás del contexto. Descuiden, escribiré una nota a sus profesores para que excusen la falta que tengan en sus clases.

—No creo que el profesor Binns lea las notas, profesora —dijo Heather.

—Ah, tenías clase con él. Entonces no importa. Binns nunca se percata de nada. De todos modos, síganme. Hay mucho que tenemos que tratar.

Pero cuando iba a avanzar, Shamus Owen apareció bloqueándole el paso. Pansy le miró con consternación. No había sentido su presencia. El silencioso mago le miró impasible.

—¿Qué quieres, Owen? —preguntó Pansy—. Estorbas mi camino. Tengo algo que hacer.

—Como miembro de la Oficina de Apoyo al Estudiante, es mi deber informar de esta clase de conflictos a la señorita Gormley.

—La oficina se presta para casos en los que los estudiantes soliciten ayuda para sus resolver sus problemas o inseguridades —refutó—. El tratar con el mal comportamiento de los estudiantes sigue siendo parte del deber de los profesores. Así que puedes ir a informar a Gormley si quieres, pero esto no es su asunto.

—La señorita Hofferson tuvo un altercado con un estudiante de su mismo año. No se puede ignorar la causa de eso.

—Por eso mismo les he pedido que vayan a mi oficina para hablar. Hay que aclarar este embrollo.

—Eso es responsabilidad de la Oficina de Apoyo al Estudiante. Ayudarlos no sólo si piden ayuda, sino también si no la piden y parecen necesitarla. La señorita Hofferson ha tenido fallas últimamente de acuerdo a los reportes de conducta.

—¿De qué reportes estás hablando? —preguntó, confundida.

—El conserje Filch ha sido asignado para mantener un registro del comportamiento de los estudiantes.

—No se me ha informado sobre eso, y en todo caso, Filch sólo es el conserje de Hogwarts.

—Al contrario, siempre que su función no dañe a los alumnos o infrinja las normas de la escuela, puede apoyar a la Oficina de Apoyo al Estudiante. Gracias al conserje Filch, la señorita Gormley ha sido capaz de resolver conflictos como éste. Por lo tanto, su deber se interpone en el de ella, profesora Parkinson, así que debo insistir en que se aparte.

Lo que odiaba Pansy era verle el rostro. Shamus era tan expresivo como una piedra, por lo que no sabía si estaba mintiendo o no, si le estaba viendo la cara.

—Creo que se ha quedado sin excusas, profesora Parkinson —dijo Shamus—. Si es el caso, no haga perder el tiempo. Llevaré a Astrid y a Heather Hofferson con la señorita Gormley.

Pansy quedó desconcertada. Sabía que pudo haber hecho algo para detenerlo, ganar la discusión. Después de todo, su fuerte eran las palabras, la manipulación con éstas. No entendía que había sucedido y eso la inquietaba. Más que perder, Pansy sentía que había cedido ante una estupidez.

No confiaba en Erzabeth ni en los Owen, por lo que tendría que enviar un mensaje a Theodore para que los investigara. La información era fundamental si planeabas destruir a un enemigo que había demostrado su fuerza ante ti.


La víspera del primer partido de la temporada fue un momento inquietante, no sólo por el juego sino también porque un día antes el libro de Blaise Zabini se había publicado. Cuentos de Magozoología: Encuentros con lo Desconocido había roto records de ventas en Reino Unido. Se había agotado, por lo que si tenías uno eres de los afortunados que poseían una primera impresión.

Eep nunca había considerado que ser amiga de Rapunzel le convendría en el futuro. En realidad, eso no era importante para ella, pero cuando su amiga le entregó un ejemplar firmado por Blaise esa mañana no pudo más que agradecerle. Rapunzel no sólo se había limitado a ella, sino también a Johnny y Wee les había regalado uno. El libro era fenomenal. Era una recopilación de los viajes a lugares desconocidos aún por los humanos, o a sitios donde nadie se había aventurado a ir, ni siquiera los magos y brujas más experimentados, por los peligros que presentaba. Blaise lo había escrito todo, y había descubierto nuevas y fabulosas especies que, por obviedad, él había nombrado. ¡Incluso había tomado fotografías de animales que se creían extintos o un mito!

Blaise relató sus descubrimientos con una pasión que podía percibirse con cada palabra. En cada frase te transportaba al lugar de los hechos y te hacía vivirlo. Eep tenía ya capítulos favoritos. Como el capítulo del Macawnivore, un felino enorme con un extraño pelaje de coloración azul, blanca, amarilla y verde, que habitaba en el interior de la selva en la India. O los Jackrobat de las cuevas en Rumania.

Eep estaba fascinada. Johnny y Wee la observaban con una mezcla de ofuscación y diversión, como si les hubieran dado una bofetada y se estuvieran riendo por eso. Eep no había tocado su comida, ¡ni siquiera las piezas de pollo, sus favoritas! La cara de Eep mientras leía era muy linda, o al menos eso era lo que Johnny pensó.

—¿Cómo conseguiste ese libro, Jumper? —dijo Eugene detrás de ella. Él le estaba dando un vistazo sobre su hombro.

—Blaise es el padrino de Rapunzel, él le envió copias para sus amigos —explicó.

—Qué injusticia. Yo pedí ese libro, pero me han dicho que tengo que esperar a una reimpresión porque está agotado —se recargó en su hombro y se escuchó un jadeo indignado.

Eep se topó a Rachel mirándolos como si un nargle le estuviera volando cerca de la nariz. Eep no comprendió su molestia, aunque le daba igual. Así que se enfocó en saludar a Tuffnut, que se sentaba justo en ese momento en la mesa.

Ante la falta de una explicación, Rachel se cruzó de brazos y se dio la vuelta con indignación.

—¿Por qué se enojó? —preguntó Eep.

—Ni idea —respondió Eugene—, pero qué más da. Tengo envidia de ti, Jumper.

—Te prestaré el libro una vez lo termine de leer.

—No lo entiendes, no hay nada mejor como tener tus propias cosas. Es lo que pensamos Jackson y yo, ¿no es así?

—Así es —dijo Jackson sentándose al lado de Tuffnut. Era extraño ver al gemelo sin la compañía de Snotlout y Thomas, pero hoy terminaría su castigo, justo a tiempo para que vieran el partido—. ¿Tú tampoco has conseguido el libro? Epona y Drusila me dijeron que tendría que esperar.

—Draco fue el primero en obtener libros para nosotros —respondió, a la vez que jugaba con su jarvey haciéndolo rodar sobre la mesa—. Blaise es su mejor amigo, así que en cuanto salió, le entregó tres. Guarde el mío para cuando el partido termine y pueda leerlo con Skull y Knuckles. Ruffnut está revisando el suyo con Zing y Hawk.

Las caras que pusieron los dos le hicieron competencia a El Alarido de Edvin Monch. No eran adoradores de los libros, pero en verdad querían conocer las aventuras de Blaise.

—No sé si reírme o asustarme con sus caras —dijo Tuffnut—. O las dos cosas. Sí, creo que haré las dos cosas.

—Qué considerado eres, Quill, burlándote de nuestra desgracia —comentó Jackson—. Y yo que veía a decirles que Firefly ha vuelto por fin a su estado sólido. Ya no es más pegamento, aunque no podrá jugar quidditch esta tarde.

—¿Ésas son buenas noticias? Porque para mí es una tragedia que no pudiéramos usar a Mérida para hacer algo potencialmente peligroso y muy divertido.

—No hables de ella como si fuera un juguete, que te golpeará si te oye.

—Deja de defenderla tanto, Frost, o empezaré a pensar que te gusta.

—¿Por qué insisten en ese tema?

—Es con el que más te molestas —dijo Tuffnut, encogiéndose de hombros—, con eso y con Haddock, pero yo no soy Hawk que gusta de golpes bajos. Bueno, adoro los golpes bajos, pero eso no quiere decir que los use siempre. En fin, ¿de qué estamos hablando?

—De que a Frost le gusta Hiccup —comentó Eep, ocasionando que el tic en el ojo de Jackson empeorara—. Hawk dice que del odio al amor hay un paso.

—No hay paso alguno que me lleve a amar a Fastiddicup —dijo Jackson.

Eugene le dio la razón a su mejor amigo. Y si Hawk insistía en emparejarlo con un chico, que fuera uno que le agradara a ambos. Además pensar que Haddock podría…

—No quiero esa imagen mental de Haddock en mi cabeza —dijo Eugene masajeándose las sienes con insistencia—. Si tengo pesadillas por eso, le aventaré a Hawk baba de troll en el cabello.

—Te vamos a extrañar, Rider —pronunció Tuffnut, palmeándole la espalda—. ¿Me dejas tu escoba cuando ella te mate?

—Hoy estás muy graciosito, Quill.

—Soy muy cómico.

—Mejor nos vamos con Thor, Gene, al menos ella nos trata como verdaderos amigos.

—¡Uhn! —Eugene se cruzó de brazos—. Creo que ya sé que pasa aquí. Nos nos quieren.

—Vámonos y no volvamos —dijo Jackson. Ambos se dirigieron a la mesa de Slytherin donde continuaron su drama con sus compañeros de casa.

Durante su intercambio de palabras, Johnny y Wee habían permanecido en silencio. No era inusual que Overland y Fitzherbert se relacionaran con miembros de otras casas, pero los apodos que empleaban entre ellos eran algo difícil de ignorar. Johnny había tenido muchas dudas desde la revelación de Pitch. Que sus mejores amigas estuvieran involucradas y que hayan pasado por una situación peligrosa sin que él pudiera hacer nada, era intolerable para él. Johnny habría querido ayudarlas, o al menos estar al lado de ellas, peleando lado a lado.

Lo que había notado era el creciente número de amigos de Eep, como si vivir una experiencia como ésa la hubiera conectado con los demás involucrados. Johnny se había sentido… un poco molesto. No quería que Eep se alejara de ellos por culpa de sus nuevos amigos.

—¿Pasa algo, Johnny? —le preguntó Eep.

Había estado tan sumergido en sus ideas que no advirtió que se había quedado observando a Eep.

—N-Nada —se apresuró a contestar, regresando a leer el libro que Rapunzel le había regalado.

Eep frunció el ceño y miró a Wee para pedirle una silenciosa a Wee, pero él estaba tan intrigado como ella.

Mientras que en la mesa de Gryffindor, Teddy explicaba los detalles finales de su estrategia de juego; que Mérida no pudiera jugar ese primer partido modificó un poco la planeación. En eso estaba cuando una decena de lechuzas entró en fila al Gran Comedor, y aterrizaron frente a él dejándole un montón de cartas. Cuando Teddy tomó la primera y leyó el remitente, su cabello cambió a un azul oscuro. Eran cartas de su familia, de TODA su familia, de cada Weasley y Potter que conocía.

—Alguien se metió en problemas —mencionó Priscila Gordon, su compañera de curso, con tono sabiondo.

El cabello de Teddy se volvió gris como el de un anciano cuando detectó algunos vociferadores. Le pidió a Circe que ninguno proviniera de Ginny Potter o Ron Weasley.

—También te escribieron los pequeños —mencionó Emery Dixon, su mejor amigo, tomando una carta identificándola como perteneciente a James Potter. Emery tenía el cabello negro y ojos azules—. ¿Qué cosa, Lupino, que hasta Rose y Albus te enviaron una carta? Que yo sepa no te has metido en problemas durante un año.

—Ni idea —respondió, agarrando la misiva de Ginny. No era un vociferador-

—Pues no me explicó esta cantidad absurda de cartas —miró el montón como si fuera una cosa que no debiera existir.

—No queda más que abrirlas —decidió Teddy rompiendo el sello de la carta y extrayendo las cuatro hojas enteras que Ginny había escrito.

Ginny sólo le escribía una carta cada semana para saber cómo la iba en el colegio, así que si había hecho esto esta vez significaba que era grave. Al leer las primeras líneas, palideció en todo el sentido de la palabra. Su cabello, piel y hasta sus ojos se pusieron tan blancos que Emery no sabía si ayudarlo, reírse de él o pasarle un pincel encima para darle un poco de color. Optó por leer de reojo el contenido de la carta y soltó una carcajada al comprender la razón del albinismo de Teddy.

En la mesa de Ravenclaw, Victoire sonreía malévolamente, disfrutando de las consecuencias que ella había provocado. Mariska optó por no decirle nada.

Teddy estaba ido. Esto no podía estarle pasando. Apreciaba a los Weasley. Eran parte de su familia, su soporte y un montón de cosas más, y sí, estaba habituado a que le enviaran cartas con consejos o recomendaciones. Aunque había cosas que no quería que supieran. Sus relaciones amorosas entraban en esa categoría.

Los Weasley —sobre todo, sus tías— no tenían problema con que tuviera novia… si les caía bien. Teddy sabía bien lo sobreprotectoras que eran con él. Ninguna chica era suficientemente buena. Teddy debía escoger una como su madre, y aunque darles ese gusto sería adecuado, no era partidario de convertirse en una especie de Edipo. La carta de Ginny le pedía una explicación y le decía mil motivos por los que Ruffnut, la hija mayor de Draco Malfoy, no sería una buena opción. Seguramente las demás cartas dirían lo mismo (excepto algunas, no todos los Weasley detestaban a los Malfoy).

"¿Quién pudo haberles dicho?", pensó dándose topes contra la mesa, asustando a sus compañeros de mesa. Emery se limitó a quitar su plato.

Había una persona en Hogwarts capaz de delatarlo con toda su familia. Alzó la cabeza dirigiendo su atención a la mesa de Ravenclaw. Se levantó de su lugar y caminó directo a una sonriente Victoire.

—¿Tienes algo que ver con ese mar de cartas, Vic? —no iba a irse con rodeos. La conocía desde que paseaba en pañales en la Madriguera, y siempre lograba salirse con la suya con su encantadora sonrisa.

—No sé de lo que estás hablándome.

—Nadie más que tú podría enviar una carta a los Weasley, contándoles sobre lo que pasa aquí. Te conozco bien, y sé que debajo de tu apariencia de niña buena se esconde un verdadero monstruo. Así que basta de fingir, ¿qué pretendías lograr?

—Nada —dijo Victoire, inocentemente—, y es mejor que esto se mantenga así, Teddy. Recuerda que yo no soy quien fue cómplice de todos esos crímenes de los años anteriores.

Teddy entrecerró los ojos, viendo como Victoire sonreía triunfantemente. Desde hace un año su relación se había deteriorado un poco. Victoire se había alejado de él, como si ella nunca hubiera pensado que los de Slytherin eran los malos, como si su mierda no oliera.

—Bien —dijo Teddy—, sólo recuerda, haz creado una deuda y no descansaré hasta que sea saldada.

—Le diré a mis padres que me has amenazado.

—Le diré a tus padres quien casi mató a Dominique y Louis con uno de los productos defectuosos de George —ella dejó de sonreír—. En este juego, ambos nos conocemos, Vic, pero a diferencia de ti, yo ya no tengo nada que perder.

Y volvió a su mesa a sentarse.


Por la tarde del sábado, el campo de quidditch era un caos. Todos estaban emocionados. Era un día excepcionalmente hermoso, con el cielo despejado y brisas frescas. Mérida tenía ganas de aventarse de las gradas. De no haber sido por el incidente con la poción, podría haber jugado y disfrutado el partido, pero ahora sólo estaba enfurruñada. Ni los mejores intentos de MK y Alicia por animarla servían.

—Esto está al límite —dijo Fishlegs, sin poder bien al campo por los pompones y banderines que sus compañeros de Ravenclaw movían. El apoyo a Slytherin era abrumador. Prácticamente, Guy, Heather, Hiccup y él serían aplastados.

Hiccup sacó su varita y pronunció:

Vivos Spatium —en un parpadeo los habían dejado de apachurrar. Habían quedado en un espacio más amplio.

—¿Dónde aprendiste ese hechizo? —preguntó Heather.

—Harry me lo enseñó.

Oswald, y su mejor amigo Michael, se movían entre sus compañeros anotando las apuestas, que habían incluido grandes cantidades de galeones, sickles y knuts, hasta ranas de chocolate, plumas de azúcar, hasta un libro de Blaise, el cual era el más cotizado.

—¿A quién le apostarás hoy, Hofferson? —le preguntó Michael a Heather.

—Una estrella negra a Slytherin —dijo Heather colocando una bolita con picos en la caja de apuestas de Oswald.

Michael se quedó boquiabierto.

—Estás apostando a lo grande, Hofferson —mencionó Castell, impresionado.

Sortilegios Weasley había sacado al mercado un producto especial. Su función era abrir un hueco en cualquier pared, cuyo tamaño podías aumentar o disminuir. Eran perfectos para una huida rápida de una travesura o para hacer desaparecer una evidencia incriminatoria. Los habían llamado estrellas negras por su forma en picos. Era un producto muy popular, que sólo se vendía por pedido y después de una minuciosa investigación por parte de la tienda. George no dejaría que uno de sus productos cayera en manos equivocadas.

Eep y Johnny estaban discutiendo enérgicamente sobre quien ganaría. Rapunzel y Wee permanecían al margen. Wee hablaba de vez en cuando con Manny, quien los había acompañado ya que Ferret estaría jugando.

—¡Están saliendo los jugadores! —indicó Johnny apuntando con su dedo a cada uno—. Espera un momento.

La sorpresa del momento fue que el equipo de Slytherin estaba compuesto por los que habían presentado la prueba ese año, excepto por Adrian. Los espectadores estaban atónitos, pues nunca antes había ocurrido esto, de modo que ninguna regla se estaba rompiendo. Los cazadores de Slytherin eran Alejandría, Caleb y Stallion; como golpeadoras estaban Marionette y Aiden, y como buscador estaba Basil.

Teddy no sabía cómo tomar esa estrategia. ¿Qué pretendía Flint al dejar jugar a los novatos? ¿No se suponía que quería ganar la Copa de Quidditch ese año?

—¡Y esta partido empieza con la sorpresa más impactante del año! —pronunció Fletcher Hitchens, un Gryffindor de séptimo como locutor—. ¡Creo que ya ha matado a varios del susto!... el profesor Owen se para en medio del campo… libera las bludgers, que son seguidas por la snitch dorada… y no dice palabra alguna… supongo que ya quedó claro que él no es como el profesor Norte… ¡y comienza el partido!... ¡Qué fina atrapada por parte del cazador Collins!... y va hacia los aros del equipo contrario… los cazadores de Slytherin intentan detenerlo, pero no pueden…

Alejandría, Caleb y Stallion aún no podían mantener el ritmo del juego, por lo que el primer gol fue para Gryffindor. Pero pronto se recuperaron. En cuanto Dimitri dio la vuelta, Caleb y Stallion lo flanquearon, cerrándole el camino y dirigiéndolo a un punto ciego. Dicho movimiento fue aprovechado por Alejandría, y le quitó la quaffle.

—¡Ahí va, Talbot! —dio un pase flojo, pero Stallion supo aprovecharlo. Voló entre los cazadores de Gryffindor. Apenas llegó a una distancia prudente para arrojarla y justo cuando pensaba que anotaría, el guardián Whitebourn lo detuvo.

—Buen intento —les dijo Zane para luego darle un pase a Dimitri.

Mérida había perdido su pesimismo. Al ver que Gryffindor ganaba, gritaba a todo volumen. Los de Slytherin no perdieron el ánimo, pese a que no entendían qué estaba pasando, y sus gritos de furor fueron más ruidosos cuando Marionette tumbó a uno de los golpeadores de Gryffindor. Era muy fuerte.

—¡Ese brazo de Dealpon es letal!... —pronunció Hitchens—. Las bludgers ya ni se le acercan… y miren lo guapa que se ve con el uniforme de quidditch…

—No te puse como locutor para esto, Hitchens —dijo McGonagall.

Fletcher se encogió de hombros, y siguió comentando el partido. En el aire, Marionette se había ruborizado al máximo.

—No te distraigas, Dealpon —le espetó Aiden bloqueando una bludger. Marionette se concentró de nuevo en el juego.

—¡Y Collins logró esquivar esa bludger y que le diera a un desprevenido Caleb Crawford! Con sólo dos cazadores, todos nos preguntamos qué pasará con Slytherin… los cazadores Xarxus y Stallion lo hacen bien, pero no tanto como lo habrían hecho el dúo Overland-Thorston… Collins los burla y vuelve a anotar.

En las gradas donde los Hufflepuff aullaban, Agatha escuchaba los comentarios sobre Dimitri y trataba de seguirlo con la mirada. En otra parte, Norman se arrepentía un poco de estar allí, con 200 puntos a favor de Gryffindor, era obvio que sus compañeros no estaban precisamente calmados. Ya le habían empujado cuatro veces.

—¡Vamos, Babcock! —lo codeó Priscila—. Deberías de animar a Bennet para que encuentre la snitch.

Pero Norman no estaba seguro cómo tenía que animar a Jamie. Nunca había echado porras a alguien. Intentó hacerlo. Resultó un grito que no sonó nada eufórico.

—¡No puedes pasarte toda la vida así! —exclamó Priscila, desconcertada.

Él habría querido responderle que vivió durante doce años de esa forma sin ninguna complicación, pero no lo hizo porque Prisicila era de pocas pulgas y seguro lo aventaba de las gradas.

—¡Una bludger acaba de darle en el estómago a Flint!... trata de estabilizarse en la escoba… creo que fue un golpe grave ya que se sostiene el estómago… ¡no puede ser! Se ha desmayado… está cayendo, lo que deja la portería de Slytherin sin un guardián…

Fue como dejar abierta la jaula al león. El marcador aumentó brutalmente para Gryffindor. Norman no estaba tan atento a esto, sino a la persecución por la snitch por parte de Jamie y Basil. Pero había notado enseguida que Basil era más ágil y veloz que Jamie. Ambos buscadores subieron a una gran altura para alcanzar la snitch.

Basil miró sobre su hombro hacia Jamie, quien trataba de alcanzarlo. En un giro precipitado, redujo su velocidad y se puso al lado de Bennett.

—Ríndete.

Jamie le miró como si estuviera loco.

—Ríndete —repitió con calma. El tipo de calma que hiela la sangre.

—¡No me rendiré! —dijo Jamie.

—Como quieras, de todos modos esto es entrenamiento.

Basil aumentó su velocidad, y en un parpadeo, atrapó la snitch dorada, como si nada. Segundos después, Jamie comprendió que todo ese tiempo Basil no había jugado seriamente. Gryffindor ganó. Pero Jamie no se sentía satisfecho. Basil había usado el partido para probarse a sí mismo, para estudiar el nivel del propio Jamie.

—¡Ganamos! —gritó Mérida, eufórica. Si bien no había jugado ya que necesitaba guardar resposo, eso no le impidió celebrarlo—. ¡GANAMOS!

—No nos va a dejar dormir —comentó Alicia.

—¿Después de esto? Obviamente no —dijo MK—. Es una lástima que no podamos reunirnos en las noches como antes.

—Hasta que no neutralicemos el hechizo de rastreo, debemos esperar.

—Oh, allí está Eve —dijo MK apuntando a donde su amiga salía apresuradamente del campo de quidditch. Cuando quisieron llamar su atención para pedirle que viniera con ellas, Eve las ignoró.

—Eve ya no se junta con las quimeras, ni siquiera con nosotras —dijo Alicia—. ¿Le habrá sucedido algo?

—No lo sé. Recuerda que es muy tímida y es difícil sacarle más de una oración. Una vez Frost quiso hablar con ella. Whisper le dijo que no volviera a molestarlo. Fue tan raro.

—¡Blaster! ¡Wave! —las llamó Mérida, poniéndole fin a su conversación—. ¡Vamos a celebrar!

Abandonaron el campo de quidditch con toda la casa de Gryffindor. Teddy y el equipo completo ni siquiera fueron a los vestuarios para cambiarse. Poco les importaba ahora lo que había hecho que Flint no pusiera a los titulares a jugar. Pero a dos personas sí les importó. Smith y Quincey se escabulleron a los vestidores de Slytherin. Llegaron justo cuando los jugadores estaban por entrar. Para su total sorpresa, los titulares estaban allí. Jackson, Petunia y Ruffnut hablaban con Alejandría, Stallion y Caleb, además de Edrick y Desdemona, hablando sobre su desenvolvimiento como cazadores; Rebeca y Marius aconsejaban a Isaac (quien había quedado de reserva el año pasado), a Marionette, Aiden y Elayne; Eugene lo hacía con Basil y Crissa, mientras Adrian los asesoraba.

Smith y Quincey notaron que no se veían decepcionados por perder, de hecho, parecía que nos les importaba.

—¿Qué hacen ustedes aquí? —preguntó Petunia al notar la presencia de Smith y Quincey—. Esta sección es exclusiva para los jugadores de Slytherin.

—Nada tengo que hablar contigo, Adams —espetó, cruzándose de brazos—. Es Flint quien me debe una explicación.

Petunia colocó sus manos a cada lado de su cadera y, tan alta como era, enfrentó a Elizabeth. No se llevaban bien desde el primer año, por lo que era habitual encontrarlas discutiendo. Para prevenir una pelea, Rebeca se interpuso entre ambas, logrando que Petunia desistiera aunque con Elizabeth no tuvo tanta suerte. Ella odiaba perder.

—Te escudas con Robinson como siempre, ¿verdad? —soltó con acidez. Smith le pidió que guardara silencio, pero Elizabeth continuó—. ¡El hecho de que seas el favorito de los profesores y te traten mejor, no te da el derecho a sentirte superior!

El rostro de Flint no se alteró. Desde que había ingresado a Hogwarts, y por el apellido que tenía, habían hablado cosas estúpidas de él hasta al hartazgo. Las conocía todas, desde la más inverosímil a la más hiriente. No era el favorito de ningún profesor y que lo nombraran prefecto en tercer año tenía que ver con su esfuerzo, no con favoritismo. Nadie está destinado para la grandeza, el éxito o la felicidad. Tampoco para conocer el amor eterno, ser sabios, nobles o bondadosos. No es pesimismo ni cinismo. Es una oportunidad de reconocer que se han elegido dichos valores por convicción propia, engrandeciendo aún más la libertad del espíritu humano.

—No me siento superior a ti, Quincey —respondió apacible, sosteniéndole la mirada sin dudar—- Y a pesar de lo que piensas, no me tratan mejor y entiendo muy bien porqué. No te debo ninguna explicación. Yo no cuestiono tus métodos como capitana, así que tú no cuestionarás los míos.

—¿Crees que puedes salirte con la tuya tan fácil? ¡No pienses que soy tonta, Flint! ¿Sustituyes titulares por novatos?

—La profesora Parkinson estuvo de acuerdo, como encargada del equipo, aprobó lo que planeé.

—¡No me jodas! Si quieres demostrar algo, hazlo de frente, maldito cobarde.

—No necesito demostrar nada —replicó con serenidad—. Te lo volveré a repetir, no tengo que darte explicaciones, Quincey.

Elizabeth hizo una expresión herida, como si las palabras de Adrian pudieran afectarle demasiado. Intentó alcanzarlo, pero Smith se interpuso justo a tiempo. Adrian le miró directamente y Sebastían asintió hacia él, como dejándole en claro que no dejaría que Elizabeth volviera a molestarlo.

—Vámonos —ordenó Adrian a los de Slytherin.

—No sé qué planeabas con esto, Flint, sólo quiero que sepas que no perderemos contra tu equipo. Aún me debes una revancha.

—Y los de Hufflepuff nos deben un castigo por haber perdido —recordó Flint—. Así que olvida tu revancha y lo dejaremos pasar. Eso salda la deuda.

Y entró junto a sus compañeros a los vestuarios. Sebastian suspiró profundamente. Calmar a Elizabeth no iba ser sencillo, mucho menos por había dejado en claro que apoyó a Flint. Valía la pena intentarlo.

—No te correspondía cuestionarlo, Lizzy —le dijo. El acuerdo entre ambos indicaba que al estar a solas podían llamarse por sus nombres de pila.

—¿Estás de su lado? Creí que no te agradaba. Hablaste pestes de él en su primer año. La verdad es que te da lástima lo que le pasó. Que su padre lo haya echado a la calle debe hacer que tu moral se sienta terrible.

—Me desagradaba, pero fueron mis prejuicios hacia Slytherin y el hecho de que fuera un Flint no ayudó en nada. Pero cambié. No es un mal tipo.

—No es suficiente que lo consideren un prodigio en cada cosa que hace, sino que también te pongas de su lado. Cuando lo de las novatadas se hizo público, bastó que dijeran unas palabras para que le creyeran.

—Estás delirando, ¡claro que tenía que hablar en ese momento! Había pasado tres años en el colegio siendo ignorado mientras sus compañeros sufrían.

—No finjas que no estuviste involucrado. Sé muy bien que cuando hicieron la novatada a Flint, tú participaste. Así que ya deja de sentirte moralmente superior, Sebastian, diciendo que tu mierda no huele. Óyeme bien, puede que a ti te dé igual ahora por sabrá Merlín qué razón, ¡pero a mí no! ¡Flint siempre hace lo que quiere y no se lo permitiré!

—¡Déjalo en paz, Elizabeth! Flint no te ha hecho nada. ¿Por qué lo odias tanto?

Elizabeth apretó sus puños. Su mirada argenta brilló de furia.

—¡No te incumbe saberlo! —gritó antes de dar media vuelta e irse.

Smith se quedó quieto, intentado comprender lo que había sucedido. No conocía bien a Elizabeth, a pesar de que era su novia desde hacía un año. Quizás era eso lo que le reprochaba. No lo sabía. Decidió que había sido drama, así que también dio media vuelta y volvió a su sala común.

Mientras adentro de los vestidores, los chicos novatos de Slytherin hacían un recuento de lo que habían aprendido durante el partido. Había sido idea de Flint que tuvieran una primera experiencia en un juego real, ya que estarían jugando alternadamente en los partidos siguientes.

—El próximo partido, Isaac y Crissa harán su debut como golpeadores. Robinson los entrenará para que puedan hacerlo mejor que sus compañeros esta primera vez. Eugene volverá a ser el buscador hasta que Basil sea capaz de evaluar el mejor momento para acabar el partido. Esos 300 puntos serán difíciles de superar. Ruffnut y Jackson intentaran agregar a sus maniobras a Caleb y Alejandría. Yo practicaré con Petunia, Aiden y Marionette. Stallion, por recomendación médica, no puedes jugar dos partidos seguidos, así que descansarás de momento. Falta mucho para ser el equipo perfecto, pero tomaré este año para perfeccionar. La Copa de quidditch será nuestra para el año siguiente.

—¡Tenlo por seguro, Flint! —exclamó Alejandría, muy contenta—. ¡Y ahora a celebrar nuestra derrota!


A Pansy le había tomado trece años construir su vida. Tras haber apostado en el último minuto para perder, había tenido que hacer algo que nunca antes le había sido permitido. Escoger. Tenía que encargarse de sí misma, vivir en un mundo donde haber cometido el error de querer entregar a Harry Potter al Señor Tenebroso se convertiría para siempre en su estigma. Había estado temerosa ante la incertidumbre, sin saber si sólo debía permanecer encerrada en su casa o dejar que su madre le buscara un matrimonio que los ayudara a salir por los pelos de su desgracia. Le tomó a Pansy un año saber que todo eso era una mierda grande que no iba a dejar arruinarles la vida.

Su madre había insistido en que se casara con Draco, pero para Pansy era impensable. Draco era como un hermano, alguien tan importante al que no quería sumir más. Así que Pansy eligió que cualquier cosa que hiciera a futuro, podía conseguirla por sí misma. Por supuesto, sus amigos la apoyarían, pero el mérito de todo sería solamente de ella. De este modo intentó hacer mil cosas, desde atender la heladería de Florean Fortescue hasta limpiar caca de lechuza cuando trabajo en una tienda de mascotas; esos fueron sus primeros pasos que le abrieron otras puertas. Ella había logrado los ÉXTASIS suficientes para estudiar una carrera que ella pagó. Estudió en la Academia de Aurores, mostrando que saber sobre maldiciones y magia oscura era beneficioso si se quería combatir dichas cosas. Practicó para presentarse a la prueba de quidditch para los Pride of Portree, con el apoyo de Blaise y Draco, y quedó seleccionada. Realizaba tantas actividades a la vez que no había momento durante el día para detenerse, para pensar.

Siempre se había considerado privilegiada por pertenecer a los Sagrados Veintiocho, por su sangre pura, por su apellido. Pero con todo lo que hacía se dio cuenta que todo eso que había sido parte de ella, no lo era todo. Aprendió que los nacidos muggles no se diferenciaban de los magos de sangre pura. Aprendió que los prejuicios te jodían la vida.

Aún no podía asegurar que su pasado estaba donde debía estar, pero sí que había alcanzado casi todas sus metas. Estaba satisfecha consigo misma, por mucho que las personas quisieran ponerla a prueba.

—Pensé que no perdías los estribos, profesora Parkinson —mencionó Erzabeth con una sonrisa petulante. Miró sobre su hombro a la columna de piedra hecha pedazos por una maldición muy poderosa.

Y Pansy no comprendió cómo había perdido el temple tan rápido. No soportaba a esa mujer, pero solía ignorar o usar sarcasmo para lidiar con los comentarios estúpidos que le hacían. Por eso estaba intrigada. Miró a Erzabeth fijamente. La otra bruja no había sacado su varita, por lo que no pudo haberla hechizado… a menos que usara una distinta aplicación de la magia.

—Todos tienen límites, Gormley —dijo Pansy, intentando que no notara su inquietud—. Puede que no lo sepas, pero esos límites son diferentes para cada persona. Los míos tienen que ver con mi vida privada.

—Pero no dije nada que nadie sepa. Muchos saben que tienes hijos, unos gemelos encantadores según he escuchado. Lo extraño es el nombre de uno de ellos. James Parkinson, se parece mucho al nombre de otro niño, sólo que cambia su apellido.

Eso puso en alerta a Pansy. No podía ser que Erzabeth lo supiera, ¿o sí? Sólo sus amigos conocían la verdad, y tenía la certeza que no lo irían a decir a un desconocido así nada más. Si su secreto salía a la luz, perdería algo que no estaba dispuesta a ceder.

—James es un buen nombre, Gormley —comentó Pansy—. Estás tan aburrida que a todo quieres buscarle una explicación secreta, cuando no la hay. Qué deprimente tiene que ser tu vida para meterte en la de los demás.

Por un instante, Erzabeth dejó de sonreír. Una pequeña contracción deformó su labio superior, como se estuviera conteniendo. Luego volvió a su expresión petulante.

—No te proyectes en mí, Parkinson, quizás tu vida sea la deprimente.

—Mi vida es tranquila y feliz.

—Bien, sí, tendría que ser así, ¿no es cierto? —se acercó a ella, rodeándola por la espalda y tomándola por los hombros—. Eres profesora en dos materias, ex jugadora profesional de quidditch, una aurora de renombre, madre de hermosos gemelos. Tu vida es plena, Parkinson, una que muchos desearían.

Pansy entrecerró los ojos, incapaz de saber qué planeaba decirle al final.

—Quién diría que la caprichosa Pansy Parkinson pudiera convertirse en una mujer tan admirable y respetada. Tan valiente que no dudas en salir al exterior sin importar las miradas de odio y desaprobación de los demás, escuchando lo que dicen de ti. ¿Pero qué puede importar la opinión de pública? Te hiciste un presente brillante, Parkinson. Te aferraste a una meta cuando pudiste perderlo todo en un segundo por tu valentía.

Erzabeth tenía razón en ese punto. No fueron pocas las veces en las que un minúsculo error resultaba en audiencias severas con el Wizengamot. Pansy siempre estaba en la mira, pero sólo llamaban la atención sus metidas de pata por pocas que fueran. Poco interesaba que fuera una excelente aurora, o una jugadora de quidditch prestigiosa.

—Quien sabe que habría hecho el Ministerio de Magia si hubieras dicho que conocías la procedencia del padre de tus hijos. Probablemente te habrían quitado su custodia.

Pansy tembló. James y Rinoa estaban registrados con su apellido por su seguridad. Pansy temía que se los quitaran por creer que era inadecuada para cuidarlos. Por eso los mantenía en bajo perfil. Su miedo fue tal que pasó desapercibido para ella un detalle. Después de todo, ¿cómo podría saber Erzabeth la verdad sobre sus hijos?

—Eres una buena madre. Sería una lástima que nadie más lo creyera así.

La paciencia de Pansy se esfumó. Podían amenazarla cuanto quisieran, humillarla si eso les placía, mirarla como si fuera escoria, pero nadie tocaba a sus hijos. Fue como si su cerebro se desconectara. Un impulso tomó fuerza dentro de ella y todo se tornó confuso. Su mano esgrimió su varita a una velocidad tan sorprendente que Erzabeth no tuvo tiempo de esquivarlo.

Un desliz.

Pansy sabía que había cometido un error grandísimo. Permitir dejarse llevar por sus emociones, cuando su vida aún no estaba asegurada. En cuanto fue consciente de que había maldecido a Erzabeth, supo que había caído en una trampa.

Cerró los ojos y pensó en James y Rinoa.

Cuando los abrió, Áster Bunnymund estaba frente a ella, gritando, exigiendo explicaciones.

Pansy tenía un nudo en la garganta, como hacia catorce años le había sucedido.


El arresto de Pansy Parkinson no tardó en convertirse en la más controversial noticia del domingo. Los rumores se esparcieron como Viruela de Dragón. Había quienes aseguraban haber visto a la profesora Parkinson usar las Maldiciones Imperdonables en la señorita Gormley. Otros que sólo había sido un intercambio rudo de palabras. Los más osados aseguraban que Pansy estaba celosa de la reciente popularidad de Erzabeth.

—Dicen que la señorita Gormley trataba de darle su más sincero pésame porque Slytherin perdió el partido —dijo Reid Truman a quien le diera la oportunidad de decirlo—, pero Parkinson estaba tan enojada que creyó que se estaba burlando de ella y que por eso la hechizó.

—Eso no suena lógico —comentó Alicia—. La profesora Parkinson nunca se dejaría llevar por cosas tan triviales como perder un partido. Ella siempre mantiene la calma.

—Se nota, porque la señorita Gormley está en la enfermería por una gripe. Yo sabía que esto pasaría. Con profesores que fueron mortífagos, no puedes esperar nada bueno de ellos.

—La profesora Parkinson no fue mortífaga, Truman —espetó Mérida, poniéndose frente al gordo niño—. Lo que pasa es que como no das una en sus clases, crees que tiene algo en tu contra. Que seas un pelmazo en todo lo que hagas no quiere decir que tengas el derecho de decir mentiras sobre la profesora.

—Lo dices porque eres amiga de su ahijada —reprochó Reid—. Seguramente obtienes beneficios por eso.

—Deja de decir tonterías. La profesora Parkinson no favorece a ningún estudiante —aseguró Alicia.

—Pues lo dudo, quizás DunBroch sea medio decente para los hechizos, ¿pero cómo explicas que Jorgenson y Thorston pasen las materias? Esos dos no harían bien un Expelliarmus ni para salvar su vida.

—Ellos han mejorado —replicó Mérida—, no como tú que sólo te la pasas quejando todo el tiempo. Echándole la culpa a los demás de tus errores. Pansy no favorece a nadie.

—Hablas tan familiarmente de ella, que no te creo nada.

—Mejor vete a estudiar, Truman, puede que así logres obtener un Insatisfactorio por una vez en tu vida, en vez de todas esas enormes T.

Reid hizo una fea de expresión de enojo, y pareció a punto de írsele encima a Mérida. Gabriel y Gilbert, sus amigos, lo sostuvieron y arrastraron lejos de allí. No obstante, Reid continuó difamando a Pansy en cada oportunidad.

—La profesora Parkinson nunca hechizaría a alguien, no sin que la hubieran llevado al límite —repitió Heather por quinceava vez a unas chicas de quinto año que empezaron a apoyar las ideas de Truman—. Me sorprende que desconfíen de ella. ¡Llevan cinco años siendo sus alumnas!

—Y es buena, lo admito —dijo Rosemary Carpenter, una chica rubia con pequeños ojos de color almendra—. Pero ¿no crees qué es raro? Parece que Parkinson se portó bien hasta que alguien más hermosa que ella llegó a Hogwarts.

—Seguramente la atacó porque está celosa —opinó Amanda Mckenzie, de largo cabello castaño, larga cara de caballo y con estrabismo.

La naricita de Heather se frunció de pura rabia.

—Tú no lo entenderías, Hofferson, aún eres muy joven —dijo Rosemary.

—La que no entiende aquí eres tú, Carpenter. Pero no perderé el tiempo en convencerte a ti y tu tonta amiga. Creo que la profesora Parkinson perdió el tiempo enseñándoles, malagradecidas.

Y dio la vuelta ignorando los reclamos enfurecidos de las Ravenclaw para salir del comedor.

La noticia había impactado profundamente en los Slytherin. Temían que esto tuviera graves implicaciones en ellos. No desconfiaban que había sido un accidente, pero el Ministerio de Magia continuaba sacando provecho de situaciones así. Pansy había sido un pilar de apoyo para los Slytherin durante los ocho años que había dado clases.

—No sabemos qué pasará de ahora en adelante. Incluso si se demuestra la inocencia de Pansy, podría tomarse como un ataque personal y eso tendrá repercusiones —informó Flint en la sala común de Slytherin—. De momento volveremos a utilizar las reglas del año pasado. Sin objeciones. Hasta donde sabemos, algunos podrían tratar de vengarse por lo que pasó a Gormley y nos tomarán como blancos. Me he asegurado que Atkins y otros prefectos nos apoyen si hay problemas, pero no se confíen.

—¿Qué sucederá con todo lo que hemos hecho para cambiar eso? —preguntó Maela Phemie.

—Por ahora no debemos preocuparnos por eso, Phemie —dijo Rebeca—. Estás en séptimo año. Sabes lo que les hacían a los de Slytherin de séptimo.

—¿No pensarás que…? —su respuesta fue un asentimiento de Robinon.

—¿A qué se refiere, Flint? —preguntó Courtney.

—A los de séptimo los hechizaban para que apareciera el letrero de cobardes en sus frentes —explicó—. No podían quitársela hasta que alguien de otra casa lo perdonará por sus supuestos pecados.

—Eso es cruel —dijo Mavis.

—¿En serio creen que la profesora Parkinson haya atacado a Erzabeth por gusto? —preguntó Mack Atticus, el mejor amigo de Eric Goyle.

—Conozco a Pansy desde que era una niña pequeña —dijo Ruffnut—, es la bruja más valiente del mundo. No puedo negar las cosas que hizo en el pasado, pero ustedes la conocieron en el presente. Ella no es mala. Cualquier cosa que Erzabeth Gormley haya dicho, fue para hacer que Pansy la atacara.

—Confiemos en nuestra profesora —dijo Maela, sonriendo con determinación—. Los años anteriores, cuando ningún otro profesor quería oírnos, ella siempre estuvo para nosotros. Los Slytherin se protegen entre sí. Debemos confiar en ella.

Todos asintieron en acuerdo. La reunión se dio por finalizada. Ruffnut se escabulló de la sala común. Jackson y Eugene se acercaron a Courtney y Mavis para preguntarle a dónde fue.

—Pansy está en arresto en la torre más alta de Hogwarts —contestó Courtney—. Ambos irán a verla. Sabes que son los únicos que se pueden meter por el pasadizo en la pared. Si vamos con ellos, sólo les estorbaríamos.

—Esperemos hasta saber la versión de Pansy —dijo Mavis—, por lo mientras nada podemos hacer. Pero lo que me llama la atención es que otros rumores se han esparcido. Todos tienen relación contigo, Frost.

—No es algo nuevo, Zing —dijo recargando su vara en su hombro—, he escuchado qué piensan de mí.

—Esto es diferente —aclaró Mavis—. Parece que Erzabeth Gormley ha estado haciendo un tipo de campaña contra ti. Como si te culpara de todo lo que ha pasado. No la he escuchado personalmente, pero son rumores serios, casi como si supiera la verdad.

—¿Crees que sepa sobre lo que pasó entre Pitch y yo? —preguntó Jackson.

—Quizás —respondió—. Ella parece saber algunas cosas de nosotros. Una vez se me acercó para preguntarme sobre mi padre. Nadie aquí sabe que maneja un hotel para criaturas mágicas. Es… apresurado decir esto, pero creo que oculta algo.

—Necesitaremos evidencia, entonces, porque pienso lo mismo que tú, Mave —dijo Courtney—. Tenemos muchas cosas en las que trabajar, pero nos repartiremos tareas.

—Justo lo que esperaba de Hawk —comentó Jackson—. Por eso eres mi amiga más confiable, pero no les digas a las demás. Van a pensar que me gustas.

—Cierto, y como a ti te gusta Haddock, eso no puede pasar.

—Qué considerada —fingió dolor en el pecho—. Pero creo que a ti te fascina el nerd de Fastidiccup, y yo no me interpondría nunca en una potencial relación amorosa.

—El único que se va a enamorar de Haddock eres tú, Overland. Del odio al amor hay un paso-

—Eso se aplica para ti también, Babcock. Será muy divertido verte detrás él.

Iniciaron una guerra de miradas que ninguno estaba dispuesto a perder. Eugene y Mavis continuaron conversando como si nada pasara. Mientras tanto, Ruffnut y Tuffnut habían logrado colarse a la habitación que fungía como celda para Pansy. Ella estaba bien, y aunque su rostro no revelaba nada, sabían que estaba preocupada.

Pansy les contó lo que había sucedido, pidiéndoles que actuaran con cautela una vez las autoridades decidieran qué hacer con ella (ya que por sus antecedentes, el Wizengamot podía influir en la decisión que McGonagall tomara).

—No dejen que ella vea que les afectó. Tengo la impresión de que esconde algo y no les pediré que se mantengan al margen. Recuerden que para derrotar a su oponente deben conocerlo bien.

—¿Te enviarán a Azkaban? —preguntó Ruffnut.

—Con las reformas que Theo y Granger han hecho en las leyes, no será así —le aseguró—. Además, a pesar de mi pasado, tengo condecoraciones importantes. McGonagall, Longbottom y Chang abogarán por mí de ser necesario. No teman por mí.

—¿Qué pasará con James y Rinoa?

—Estarán bien. Fleur es su madrina, así que ella se encargará de llevarlos a El Refugio. El Ministerio de Magia no podrá poner excusa alguna para tomarlos bajo su custodia. Fleur es la esposa de Bill Weasley.

—¿No hay otra cosa que podamos hacer por ti? —preguntó Tuffnut.

Pansy negó.

—Cuídense entre ustedes, y a sus amigos. Es lo único que pueden hacer —y los abrazó—. Ahora, tienen que irse. Los aurores afuera de la puerta vienen a checarme cada media hora. No pueden encontrarlos aquí.

Eso fue su despedida. Tras una liberación breve, se decidió que Pansy Parkinson no era apta para trabajar como profesora. Fue suspendida de sus labores. Tendría que permanecer en su casa hasta que el Wizengamot deliberara si iría a prisión finalmente.

Y desde ese día, empezaron de nuevo las bromas y burlas para los de Slytherin.

Como si hubieran retrocedido un año.


Una multitud de personas, rodeando la entrada del callejón Knockturn, era inusual. Nadie que cuidara su reputación se pararía por allí, a menos que tuviera negocios con el bajo mundo de la magia oscura. Que esa multitud no se dispersara, se debía al cadáver sin reconocer de un mago. Eliah Jenkins, un ladronzuelo que trabajaba para Mundungus Fletcher, lo había hallado pensando que se trataba de un ebrio al que podía quitarle sus últimos galeones. Grande fue su sorpresa cuando descubrió que estaba muerto. Había gritado tan fuerte al ver la cara del difunto que todos se enteraron.

Unas horas después, dos escuadrones de aurores se encargaban de analizar la escena del crimen. Ron Weasley vigilaba que sus subordinados delimitaran el perímetro mientras el escuadrón de Astoria realizaba pruebas. Era el quincuagésimo que encontraban en un lapso de tres meses. El estado en que estaba era de putrefacción, pero la expresión en su cara era la misma que la de los cuerpos anteriores. Era una expresión de agonía y terror, como si antes de morir las víctimas hubieran visto su peor temor. Habían descartado a los boggart (los casos con estas criaturas no concordaban con los actuales). También habían descartado la posibilidad de que Pitch estuviera involucrado. No se había encontrado rastro de arena negra. Además, las víctimas solían ser magos y brujas de baja reputación, que lo había perdido todo, como si alguien los escogiera intencionalmente por eso.

—¡Por Merlín! —mencionó Seline Hopkers, una aurora de su escuadrón al ver como pasaban el cadáver a la camilla.

Ron estaba de acuerdo en que era grotesco. Unos estuvieron a punto de vomitar (lamentablemente la mayoría era de su escuadrón).

—Me dan ganas de retirarme —suspiró. Casos como éste le revolvían las entrañas, le hacían pensar a profundidad si debía dimitir de su trabajo y aceptar la propuesta de George.

—¿Tan pronto, Weasley? —dijo Astoria Malfoy. Su tranquilidad ante casos que lo mareaban a él, le desagradaba.

—No hasta que encierre al tipo que hace esto —aclaró, metiendo las manos en sus bolsillos—. Pedí a un par de mis subordinados a entrevistar a los dueños de las tiendas, pero nadie vio nada.

—Igual que las veces anteriores —meditó Astoria—. Su método no es limpio. Usa un cuchillo. Los magos y brujas usan la varita, no un cuchillo para defenderse.

—Quizás use eso para intimidarlos.

—No lo creo, sus expresiones… no puedo decir que un cuchillo en mi garganta no me asustaría, pero tampoco me haría poner esa mueca.

—¿ Y crees que no lo sé, maldita sea? —preguntó, alterado.

—Bueno, tú propusiste que era para intimidarlos, así que no vuelvas a hablarme de esa manera. ¿Qué te sucede? Estás más susceptible de que de costumbre

Ron no quería compartir su vida privada con Astoria. Menos ahora que pasaba por una temporada de inconformidad con Hermione. Su esposa pasaba demasiado tiempo con Theodore Nott. Ron confiaba en ella, pero no en él. Por mucho que Hermione afirmara que eran colegas, los celos volvían irascible a Ron. Las discusiones llegaron al punto en que Ron llegó a afirmar que todo lo que Hermione había hecho era una pérdida de tiempo sólo para herirla. Hermione no había llorado, pero no le había vuelto a dirigir la palabra. Ron entendió que debía disculpar. Pero su orgullo y el aumento en sus misiones se lo habían impedido, además, cuando se peleaban recurría a su trabajo para despejar su mente y dejar que las cosas tomaran su lugar naturalmente.

—Nada relevante —espetó dándose la vuelta, y agregó mirándola sobre su hombro—. Encárgate de reunir la información de los interrogatorios, yo iré a verificar que el testimonio de Eliah sea verídico.

Ron la dejó con la palabra en la boca. Respirando para calmarse, Astoria prefirió ignorarlo e irse por su cuenta. De todas formas, sus investigaciones arrojaban más resultados que las de Ron. Ya luego ajustaría cuentas con él.

Astoria se movió la escena del crimen. Por lo que pudo notar el cuerpo había sido dejado en el sitio. Era imposible que el asesinato se cometiera en Knockturn a plena luz del día, sin que nadie lo viera. Por un buen precio, cualquier pillo le habría brindado información.

—Uhn —se percató que había una extraña sustancia; sacó su varita y recitó un hechizo para revelar que era—. ¿Sangre de unicornio?

En los reportes anteriores no se había mencionado nada sobre sangre de unicornio. Este tipo de sustancia era ilegal. El asesino nunca había dejado una pista como ésa. Las razones podrían ser infinitas, pero para Astoria una era más lógica que las demás. Cincuenta cuerpos habían encontrado, unos en un estado de descomposición más avanzado que otros. Probablemente los habían asesinado al mismo tiempo, y dependiendo los días que tardaran en hallar los cadáveres, estos se pudrían. Eso significaba que la posibilidad de encontrar más cuerpos totalmente podridos, era alta. Y si había dejado sangre de unicornio podía significar que había obtenido lo que buscaba, y ya no necesitaba ser precavido.

Astoria tendría que recurrir a Daphne para que le ayudara a hacer una autopsia a este cuerpo. En el mundo de la magia, había hechizos que analizaban qué había sucedido en el cadáver de una persona. Pero no eran totalmente confiables, y había cosas que dejaban de lado.

Tenía que decírselo a Ron, sin importar cuánto él quisiera mantenerla alejada. También tendría que pedirle permiso a Potter para lo de la autopsia. No iba a ser fácil.


¿Qué tal? ¿Cumplió las expectativas? No tengo mucho que decir al respecto y seré breve porque subí esto en lugar de terminar mis deberes escolares xD.

Bien ahora toca responder a los review:

Sayuki Yukimura: Jajajaja, descuida, cuidaré que el shipeo con Rapunzel sea bonito. Acabo de ver Tangled de nuevo (aunque odie la voz de doblaje que le pusieron), y me parece que escribiré momentos bien preciosos. Norman y Jamie son buenos amigos, siempre me he preguntado por qué ignoran lo buenos amigos que pueden ser. ¡Lo sé, la película de Paranorman es muy buena! Nos leemos luego.

Bruno14: ¿Ya lograste ver la película? ¡Es muy buena! Es bonito escribir sobre las amistades entre estos tres, no sé, son re tiernos. Los jarveys son lindos… excepto cuando te dicen calvo xD. Me pareció que Hiccup fue duro, pero tenía sus razones. Ruffnut no es un pan de dios, sabes.

La eneamistad entre Hiccup y Courtney es de las cosas que más me gusta escribir. Sobre todo porque Courtney es la única que ha logrado hacerle cambiar de parecer a Hiccup.

¡Tranquilo! Habrá momentos hijack, sólo que se deben dar naturalmente porque no suelo escribir encuentros que no tengan razones para realizarse. De hecho, tengo algo preparado para ellos. En serio, nació cuando vi de nuevo los primeros capítulos de Naruto *guiño-guiño*

Jack/Courtney es una mera mención, creo. Es lo típico en una escuela, que siempre anden juntando a los populares.

¿Teddy/Sebastián? Mmmm, me gusta más el Sebastián/Adrián, ¿a ti qué te parece?

Norman no nació para el quidditch. Eso es seguro.

Mother of god! Tú sí que shippeas intensamente. Uhmm, espero haber llenado algunas de tus shipps en este capítulo.

Como pequeñísimo spoiler te diré que todos tendrán dragones. Y si has leído los libros de HTTYD, aparecerá Camicazi, Tantrum y Thuggory, y muchos personajes más. Saludos.

Tilicia: ¡Perdón por no avisar! ¡Estaba ocupada (?)! Bueno, sí me paso con Hiccup, pero tendrá su revancha (digo, se lo merece). Sip, podría llevarse bien con Norman, y de hecho, lo hará. Saludos.

LaRojas09: ¿Quiénes son los Owens? Veamos, ya di varias pistas como su apariencia (piel pálida, cabello negro y ojos grises), y otra sería que no aparecen en ninguna película de las mencionadas, pero sí en los libros de Harry Potter. Estoy segura que podrás adivinarlo. Mmm, no Charles es un mero OC (y de hecho lo pensé basándome en Sanji de One Piece). Según yo, Caleb es el que tiene la gorrita y Claude es quien no tiene gorrita.

Y tienes razón en tú ultima suposición… o tal vez no *se hace la que no oye*

Nos leemos luego

Espe Kuroba: Sí, trato de balancear el protagonismo de cada personaje. Vendrán más cameos, creo. Gracias por las buenos deseos, ya estoy a la mitad y muero del estrés.

Zeilyinn: ¡Haré sufrir a los primitos! Después de todo, no sería historia sin un poco de angst xD. Pues se escribe Thunderwitch, pero ahí vas (lol).

Jackson no quiere amor ahorita, pero los chismosos son insistentes y empiezan a shippearlos con quien sea (como el fandom en general xD). No hay que dar por sentadas las parejas, porque todavía queda mucho por ver.

Gene es un casanova, pero aún es inmaduro en ese aspecto. Quiero llegar bien a esa faceta de Sirius Black en él, porque debe ser todo un súper casanova. Y sí, ya vi la nueva temporada de Dragones de Berk. Madre mía, puro shippeo intenso en cada capítulo.

Ya mero haré la tesis… creo que será sobre construcción de personajes literarios (me suena a que tendré que leerme a un tipo llamado Vygotsky). Gracias por los elogios. Saludos.

Ragnarok091: Gracias por leerme, en serio. Y muchas gracias por decir que mis fics son buenos. En verdad, trato de hacer una trama interesante y mantener el IC lo mejor que pueda.

Con respecto a los muchos personajes que ocupo, no puedo sino recomendarte ver las películas. Los libros de HTTYD los conseguí en un grupo de Facebook del que soy miembro (algunos están en inglés y otros los subieran en álbumes de fotos). Puedo pasarte los primeros cinco en inglés si me mandas una dirección por mensaje privado.

Llegaré el día en que Hiccup logré darle competencia a Jack. Pero Jack no se quedará de brazos cruzados.

Los quimeras son similares al ED. Y sí, trato que haya relaciones entre ellos y los personajes de HP, pero quiero también diferenciarlos y no hacerlos una mera copia.

No dejaré este fic. Nunca, así de fácil. Sólo que entre mis estudios y demás actividades extracurriculares, se me va el tiempo. Las teorías que tengas son bienvenidas, aprecio mucho leerlas. Y respecto a tus preguntas: sí, aparecerán Dagur y Drago, pero no en este año.

Habrá yaoi y yuri en mis fics. Algunos no les gusta porque dicen que se pierde la pulcritud del mundo de HP y los demás títulos, pero yo pienso que si dejo puro hetero se pierde la diversidad que el mundo tiene en realidad. Por eso sí, habrá yaoi. Tus parejas me agradan y veré como pongo más momento hijack. Nos leemos luego y gracias por el repollo.

Kennyna: Ustedes, lectores, hacen que grite como fangirl cada vez que dicen que mis fics son buenos *se sonroja* ¡Ay, que me chiveo!

He leído fics donde no incluyen a los personajes de HP, o si lo hacen, sólo son cameos… por eso, pensé que sería bueno verlos de nuevo en nuevos contextos, relacionándose con otro tipo de personajes. ¡Claro que me leí los libros! Y si por alguna razón se me va algo, los vuelvo a revisar.

Yo conseguí los libros en un grupo de Facebook hasta el nueve, me parece. Los primeros cinco están en inglés y los otros en español. Podría pasarte algunos si quieres.

Concuerdo contigo, las relaciones no se dan de un día para otro, por lo menos para mí no. Son construcciones, que se van dando dentro de un contexto. ¡Yo también odio que pongan a Jack y Eugene como rivales! No los imagino, en serio. Y claro, la amistad entre Courtney, Mavis y Ruffnut me encanta porque son personajes cuyas características no pegan para nada, pero manejándolas correctamente tenemos un resultado muy bueno.

Jack e Hiccup no serán buenos amigos si no hay tensión y pleitos de por medio. Llevará sus años que consigan superar su aversión mutua.

¡Poco a poco se irá revelando el misterio! Jackson ahorita está muy confundido, más porque Pitch le conoce más que él mismo. Los pasados de la mayoría son tristes, pero me he planteado hacer algunos no tan lúgubres. No por quitarles emoción, sino por manejar distintos niveles de interacción. Aunque ya veré como lo escribo.

No, los boggart no trabajan para Pitch. Me plantee usarlos en vez de las pesadillas, pero simplemente no. A los boggarts puede derrotarlos usando el Riddikulus, pero las pesadillas son otro nivel, mucho más cuando absorben más miedo.

Ruffnut no es tonta, como la mayoría en el fandom cree. Es lista y hay que ver la serie televisiva para comprenderlo. Siempre creí que Teddy iría a Gryffindor, en serio, pero si Rowling lo puso en Hufflepuff, yo no tengo problemas con eso.

Lamento decírtelo, pero Harry fue infiel. No, no te alteres, lo explicaré bien a su debido tiempo y las razones que hubo detrás de ello. No lo echaré a perder pues lo estimo demasiado para hacerlo. Sólo que sigo pensando que su romance con Ginny fue tan… no sé, tan feo (yo lo prefiero con Luna o Hermione, y en yaoi con Draco o Cedric –claro, si no lo hubieran asesinado).

Yo odio/amo a Pansy (de hecho, me pasa con cada personaje que es mi favorito). Por eso la uso como ejemplo, para que nadie piense que haber hecho burradas en el pasado significa tener un feo futuro, como bien lo señalas.

Nunca me imaginé a los Slytherin como una panda de matones. En serio, los vi tan unidos en el último libro, quizás comprendiendo mejor la situación que los buenos.

¿Así que te gusta el Jarida? Pues antes lo escribía por pura curiosidad, pero ahora dedicaré cada momento a ti. No sé con quienes queden al final, pero ya veremos.

¡Haz un dibujo Jack/Ruffnut! No me molestaría que lo hicieras y que me lo mostraras :D. Veamos… los shipeo porque yo soy crack-fan. Las parejas crack me fascinan, además estos dos son una mezcla muy buena. Jackson es juguetón y Ruffnut no conoce de límites, entonces ¡pum!, es una pareja crack de las mejores que se me han ocurrido. Y shipeo el Harry/Pansy porque me voy por la premisa que las personas pueden cambiar, y me habría encantado que alguna de las parejas en HP hubiesen incluido un Slytherin. Pansy es muy orgullosa para deslumbrarse con la fama de Harry, y por eso pienso que es una de las que mejor sabría ponerle un alto a sus momentos de autocompasión.

Pido peticiones de pareja porque adoro la diversidad. En serio. No tengo nada en contra de ciertos gustos. Si me enfrascara en escribir lo que me gusta, me perdería de buenos momentos. A mí no me gusta el Jarida, ni el Hiccunzel, ni el Jackunzel, ni el Mericcup, pero los pongo porque otorgan de vida a la historia sin hacerle perder la trama. Y porque puede que se arme una pareja a partir de lo que me piden que sea cannon en mi historia.

Gracias por tu comentario. Y no te disculpes porque sea largo, a mí me agrada que comente así.

Saludos.