Acontecimientos inesperados

Londres

En los pasillos suntuosamente adornados con amplios ventanales en el lado izquierdo, caminaba un hombre gallardo, varonil y soberbio. Los años habían pasado por él, sin embargo era un hombre joven que apenas si rozaba los 40 años de edad. Caminaba con paso presuroso rumbo al gran salón que estaba apostado al final de dicho pasillo, los sirvientes se inclinaban a su paso y lo saludaban como "su excelencia", su andar era calmado pero a la vez presuroso, en sus ojos se denotaba la preocupación y a la vez la esperanza de lograr su cometido. Una vez frente a la puerta del gran salón, el guardia solicitó esperara que anunciara su presencia. El joven vasallo tocó ligeramente la señorial puerta y entreabrió la misma, a través de ella se pudo observar los elegantes arreglos, cortinajes, sillas, mesillas y escritorios, la iluminación natural que entraba por los ventanales del salón era intensa y pudo observar a la persona que lo estaba esperando de pie junto a uno de ellos, viendo hacia el horizonte.

-¡Su majestad! – dijo el soldado cuadrándose en el umbral de la puerta y dirigiéndose al hombre que se encontraba dentro – ¡Su excelencia!, el Duque de Grantchester – y dejó paso para que entre el noble visitante.

El Duque de Grantchester ingresó al recinto e hizo una reverencia tal cual era protocolar ante el Rey Jorge V – Su Majestad – pronunció el visitante y posteriormente se irguió, mientras el vasallo salió del salón y cerrando la puerta.

-Richard – le sonrió el Rey Jorge al Duque de Grantchester - ¿qué te acontece para que vengas ante mí con esa premura y preocupación?, ¿en qué os puedo servir? – dijo el hombre mayor mientras se giraba para observar al duque

-Su Majestad, yo… - no terminó la frase puesto que el Rey lo interrumpió

-Richard, por favor, sabes muy bien que esos protocolos entre nosotros son innecesarios y en todo caso los acepto cuando estamos en público, pero aquí en privado la situación es diferente, ambos somos iguales, eres hijo de la hermana de mi padre y sin ir muy lejos ambos nietos de la Reina Victoria – y le sonrió para darle confianza – primo, por favor, siéntate – lo invitó a tomar asiento en uno de los muebles, donde el rey se sentó frente a él.

-Es un poco complejo de comunicar – le explicó el duque – es sobre… Terrence

-¡Terrence, ese muchacho! – sonrió el soberano sin saber lo acontecido al joven, estaba seguro que las noticias que lo traían de visita a su primo eran otras – me hace recordar mucho a ti cuando eras joven. Desde que me comunicaste que se había marchado a América a seguir su "pasatiempo" con la actuación no me has dado mayores noticias de él. – lo observó detenidamente – no querrás desheredarlo, por qué si así lo piensas déjame decirte que me niego rotundamente. Ese muchacho tiene potencial y sé que más adelante podrá ocuparse de tus asuntos; además, sabemos muy bien que sus hermanos varones tienen los mismos problemas de salud que aquejan a muchos de nuestros miembros (el rey se refería a la tan temida hemofilia, la misma que en esa época no era reconocida bajo ese nombre), y es por su madre – el soberano hizo hincapié en ello.

-En realidad George (nombre del soberano), esa fue mi idea inicial al enterarme que había viajado hacia América, más que por la actuación, por su verdadera identidad – subrayó el noble – y aunque ha sido un dolor de cabeza luego de ese viaje donde él se fugó, reconozco que me es inevitable el pasar por alto todas sus irreverencias y será un gran duque.

-Richard, sé de las conjeturas y habladurías que se ciñen con respecto a su madre y sé también que la corona y sus allegados no pueden ser sujetos a acusaciones tan directas como esas. Siendo cierto que es ilegítimo por ser hijo de una plebeya americana; para nosotros no lo es y así deberá serlo siempre, nuestra abuela te encomendó traerlo hasta aquí y dispuso, en cuanto pudo reconocer en él mucho de nuestro linaje, que asuma él la primogenitura legítima de ustedes, los Duques de Grantchester. En cuanto a su viaje a América para conocer a su verdadera madre, en parte nos salió beneficioso, él pudo darse cuenta por sus propios medios que esa mujer ya no significaba nada en su vida al rechazarlo, su única opción fue regresar hacia nosotros, su verdadera familia y así lo hará luego que se dé cuenta que los teatros de Broadway no son su lugar. – el rey calló para dar mayor énfasis a lo que él diría – Terrence es un noble, y no uno cualquiera, es bisnieto de la gran reina Victoria, mi sobrino, siempre se le ha dado los mejores tratos, lujos y tiene un lugar aquí en palacio para cuándo él regrese.

-Sé que en América se corren los rumores sobre su ascendencia en relación a Eleanor – comentó el duque – y espero él pueda darse cuenta que eso no es lo suyo.

-En América se correrán rumores y más aún porque está demasiado vinculado al mundo de su madre y la connotación de su apellido puede que no sea relevante en dicho país y, por lo que he escuchado de algunas fuentes, no mezcla su ascendencia con su progreso y por tanto él no ha revelado ser hijo de ella.

-Eso es bueno en particular para nosotros.

-Sí lo es, aunque tampoco ha revelado que es un noble de la casa inglesa – hizo una pausa – y reitero, si tuviese alguna petición de retirarlo de la línea sucesoria, simplemente la rechazaría porque también confirmaría aquellos rumores.

-Lo sé George y agradezco las consideraciones y amistad que me has brindado y más aún por la cercanía de los príncipes reales con él, pero me mueven otros motivos por los que estoy aquí.

-Lo consideran hasta como un hermano – se rió el rey – en especial de Mary quien es de su misma edad – observó al duque con gesto de curiosidad – en fin de cuentas. ¿Qué sucede con Terrence? – lo miró de soslayo – no… no me digas que se ha vinculado con alguien de ese entorno – se alarmó el soberano – no podemos tolerar otro desliz similar en nuestra familia y menos en estos tiempos que estamos viviendo en medio de la guerra – comentó George V, en especial al hecho que Richard cometió el error de relacionarse con una plebeya extranjera. Dicho esto, el duque bajó la mirada, sentía remordimiento por el amor que alguna vez sintiese por la mujer que le dio la dicha de ser padre del hijo que más ama y a la vez, al que más falló.

-Terrence siempre ha sido un muchacho reservado y también altivo, solo se ha relacionado con vuestros hijos y con nuestra familia, en el colegio no se le conoció otras amistades y según lo que tengo informado de algunos agentes, solo se ha dedicado a la actuación; sin embargo, – añadió para darle seguridad a la corona - tengo entendido que ha mantenido cierta amistad e interés hacia una señorita con la que compartió momentos de escuela en Londres y reside ahora en América por motivos de la guerra – el duque estaba enterado que los Andrew migraron al país situado al otro lado del Atlántico luego de declararse el conflicto bélico.

-¿En verdad? – Contestó el soberano – si ha compartido aulas, debe de pertenecer a una familia importante ¿Cuál es su abolengo?

-Pertenece a uno de los clanes escoceses más importantes, la familia Andrew – subrayó el aristócrata

-Andrew… - gesticuló el rey como tratando de hacer memoria con el apellido mencionado – se me hace conocido el apellido – fijando su vista directamente a su primo completó – si no me equivoco, ellos no pertenecen a la nobleza.

-Es verdad, no son nobles – el duque se tensó un poco, si bien sólo conversó una sola vez con la joven rubia y sabiendo que era una huérfana adoptada por la poderosa familia pudo ver la nobleza de su corazón y el cariño sincero que profesaba a su hijo. Sabía también cuáles eran los sentimientos de Terry hacia la muchacha, él siendo un joven demasiado orgulloso jamás había acudido a su auxilio por cualquier situación aunque ésta sea demasiado difícil, siempre quiso resolver sus problemas solo; sin embargo, por ella, por esa joven fue capaz de dejar todo de lado hasta su propio orgullo e ir a suplicarle para que él, el duque, intercediera por ella. Si tan solo, si en ese momento hubiera actuado como un padre para con su hijo, quizás las cosas, las situaciones, la vida misma sería distinta; simplemente Terry no se hubiera marchado a América, no hubiera sido actor y no hubiera sufrido ese terrible accidente. Esperó paciente que el rey continuara la conversación, se hizo un tenso silencio entre ambos mientras el soberano cavilaba sobre lo comunicado hasta el momento.

-En verdad preferiría que vuestro hijo se uniese a una mujer de noble cuna, tenemos mucha familia en toda Europa, mujeres muy bellas por cierto y muy bien educadas dignas para llevar el titulo de duquesas de Grantchester – comentó George V a Richard – no obstante, una unión con una familia escocesa de renombre haría que nuestros vínculos sean aún más estrechos. Si es mi bendición con respecto a esa unión por la que debo el honor a tu visita, no tengo oposición alguna – en verdad el rey prefería eso antes que Terrence (un aristócrata de sangre real), se vea vinculado con una mujer de menor rango; al mismo tiempo, el duque pudo respirar un poco relajado, quizá ese no habría sido el motivo de su visita al Palacio de Buckingham empero el hecho que los afectos de Terry eran aprobados por el monarca era algo positivo.

-Agradezco el gesto y apenas tenga contacto con Terrence se lo comunicaré y creo que le vendrá a bien saber la notica – pausó – George, es otro móvil el que me mueve a estar frente a ti – tomó aire para darse seguridad mientras sacó de su bolsillo del saco un sobre pulcramente guardado, pero que denotaba haber sido manipulado varias veces. El rey miró con gesto de curiosidad el documento y luego posó su mirada en Richard a lo que éste comentó – Terrence… ha sufrido un accidente – y fijó su vista a su interlocutor.

-¿¡Cómo! – replicó el rey quien presuroso sujetó y abrió el telegrama que contenía la siguiente nota.

Duque de Grantchester.

Terry . Accidente auto . Grave . Inconsciente.

Firma: Terrence Grantchester

Al terminar de leerla, el soberano dobló el papel y se lo entregó al duque diciendo - ¿estás seguro de la fuente?

-Lo estoy, mandé unos telegramas a los guardias que custodian a Terrence en New York, les había dado vacaciones por estar cercano a fiestas por ello no tenían conocimiento del suceso y no me lo comunicaron con anticipación – ante eso frunció el seño – fue una negligencia mía en parte, me confié que en esta temporada todo iba estar más tranquilo. No debí. – miró a su primo seriamente – han sucedido muchas cosas en este corto periodo de tiempo, cosas que me gustaría resolver personalmente. – el duque mencionó esto último más para sí, estaba realmente disgustado por la falta de información sobre su hijo durante las dos semanas que sus hombres habían estado vacacionando. Para él no había más culpable que su propia persona, por confiado.

-El simple hecho que Terrence esté en ese estado es gravísimo – exclamó el monarca – si dices que tus hombres recién se acababa de enterar, entonces este telegrama fue escrito…

-Sí, por ella – fue la escueta respuesta del duque ante la obvia pregunta de su primo, el rey.

-Eso significa que él está relacionándose nuevamente con ella – George puso seño de preocupación – esto es realmente más complicado aún – comentó – sin embargo, al menos tuvo la gentileza de comunicarte su accidente ¿Su estado es verdaderamente grave?

-Hasta el momento de dirigirme hacia aquí, él se encuentra inconsciente

-Inconsciente – el rey giró sobre sus talones y fió su vista a través de los ventanales – un noble de la casa inglesa inconsciente – se dirigió al duque - ¿Qué has pensado hacer?

-Traerlo inmediatamente a Londres, bajo mi cuidado

-Estamos en guerra Richard, el mar no es seguro

-Por eso vine aquí… ¡Su Majestad! – el duque bajó la cabeza en señal de sumisión – a pedirle, a suplicarle, que me permita ir a buscarlo – la voz del duque se quebró casi imperceptiblemente pero el rey lo notó

-Sabes bien que en época de guerra no podemos movilizarnos y menos sin la aprobación de la Cámara de Lores en tu caso. Además, es un riesgo que viajes en un trasatlántico hacia América, si logran identificarte podrían hasta tomarte de rehén y aprovecharse de la situación. Es algo delicado – endureció su mirada – y por favor Richard, no me des ningún tratamiento de nobleza cuando estemos a solas, no quisiera volver a repetirlo. Ahora, esa situación de Terrence me preocupa, es como un hijo para mí y créeme si te dijera que sería yo mismo quien lo trajera hasta aquí

-George...

-Richard – se acercó a su primo – hace algún tiempo estamos contando con el apoyo de América en esta guerra como aliados. Sin embargo, hace algún tiempo estas relaciones se están debilitando por las bajas en el frente de batalla y más aún porque sus territorios no tienen absolutamente nada que ver en este conflicto – el duque lo miraba con ojos expectantes, no lograba descifrar aún lo que el rey le estaba comunicando – estuve pensando en enviar un agregado diplomático hacia esa nación con la finalidad de afianzar los vínculos y lograr que nos sigan apoyando como hasta ahora – al decir esto último el duque pudo entender lo que el rey le decía, se le iluminaron los ojos con un brillo de esperanza, podría ir a ver a su hijo.

El rey se dio vuelta hasta estar cerca a su escritorio y se sentó detrás de ella mientras el duque lo observaba.

-Con lo acontecido con mi sobrino y viendo que es urgente que viajes hacia ese país, creo que eres la persona adecuada para dicha encomienda – le sonrió al duque cuando pudo observar que éste le estaba sonriendo – nadie podrá oponerse a que cumplas con tu deber diplomático y no necesitarás la aprobación de la Cámara de Lores. Lo único – pausó el rey para dar importancia a lo último que iba a decir – lo único que te pido, es que viajes de incognito y solo, no quiero que nadie te identifique por lo que te comenté hace unos momentos y mucho menos que traigas a Terrence aquí en estas épocas. Alemania nos ha puesto en jaque y podríamos perder a dos miembros de nuestra casa si cometes dicha imprudencia. Te quedarás en América hasta que Terrence se recupere y si es posible hasta que esta guerra culmine – abrió la gaveta de su escritorio y empezó a escribir unas líneas, agregó mientras escribía – Richard, una vez te encuentres en tierras americanas me enviarás un telegrama para saber que llegaste con bien, apenas lo reciba estaré enviando comunicaciones oficiales para que te reconozcan como mi embajador y podré aclarar tu salida ante la Cámara de Lores – le extendió el documento a su mano – este es el permiso de salida, con uno de tus vasallos de mayor confianza consigue unos documentos falsos y embárcate lo más pronto.

New York

-Él ha despertado, pero no me pudo reconocer – se lamentaba Eleanor con Robert

-Calma Eleanor, lo más seguro es porque él aún se encuentra convaleciente, dale tiempo

-Quizá sea eso…, solo espero que el accidente no haya dejado mayores secuelas – comentaba la mujer con su veterano amigo.

-Eso nos lo dirán los médicos una vez terminen de evaluarlo – la pareja de amigos se encontraban al otro lado de la puerta donde estaba hospitalizado Terrence. Mientras que al otro lado de la habitación, los médicos observaban a Terrence que trataba de fijar la vista en un objeto circular que movían de un lado a otro para ver sus reflejos. El médico lo miraba fijamente y apuntaba todo lo que evidenciaba el estado del joven.

-¿Cómo es que se llama? – preguntó el médico para constatar

-Terrence… Terrence Grantchester – respondió Terry muy débil

-¿Siente esto? – mientras el médico piñizcaba las palmas de las manos de Terence y luego la planta de sus pies

-Sí… – contestó - ¿qué sucedió?

-Tuvo un accidente, un carro lo arrolló

-No recuerdo… - se notaba que hacía esfuerzos por recordar la escena

-Dígame señor Grantchester – una vez que el médico pudo constatar que Terry tenía todos sus reflejos bien – ¿cómo se siente, tiene mareos, le duele la cabeza?

-Un poco de ambos – respondió cogiendo su cabeza

-Es normal, usted estuvo mucho tiempo inconsciente y ahora su sistema nervioso se está adecuando – recalcó el doctor – quisiera hacerle unas preguntas personales que son de rutina.

-Si claro

-Bueno, primero, ¿dónde vive?

-En Londres – respondió Terry inmediatamente

-¿En Londres? – cuestionó el médico; sin embargo apuntó en su cuaderno tratando de no mostrar ninguna inquietud, luego prosiguió - ¿cómo se llaman sus padres?

-Richard y…. – en eso Terry tuvo una conmoción, en su mente se vino una imagen, la de su madrastra, la duquesa de Grantchester y luego, la fotografía de una mujer muy bella. Se sintió confundido, sin saber que responder – no… no… sé… - fue lo único que balbuceó – mi madre…

-Señor Grantchester, no se esfuerce – el médico se intranquilizó, no era normal que Terrence no recuerde a su madre quien esperaba puertas afuera y mucho más el hecho que creyera que se encontraba en Londres – si gusta lo dejamos ahí, son muchas cosas por un día para que usted pueda responder

-No… no hay problema… sólo que… que veo dos mujeres y no sé cuál de ellas es mi madre – respondió ante las imágenes que se presentaban en su mente

-Como le dije no se esfuerce – seguía apuntando en su cuaderno – empero voy a hacer dos preguntas más, ¿de acuerdo?

-Sí

-¿En qué año estamos?

Terrence hizo expresión de calcular el tiempo y respondió – 1912

-¿está seguro?

-Sí… eso creo – cada vez más Terry tenía la impresión que algo no concordaba, el acento del médico, el lugar donde se encontraba, todo le parecía extraño y eso le asustó, se sintió amenazado, como si lo hubieran trasladado a otro lugar y esas personas a su alrededor le fueran a hacer algo para perjudicarlo, por ser un noble. Empezó a estar renuente, precavido, miró a las enfermeras, a la puerta - ¿qué es este lugar?

-Un hospital – respondió el médico con paciencia

-¿en dónde? – el interlocutor no supo cómo responder, a parecer Terry tenía un desfase en su memoria.

-¡Dígame donde estoy! – exclamó Terry - ¡qué hago aquí!, ¿Dónde está mi padre?

-Cálmese señor – trató de calmarlo; sin embargo Terrence sacó fuerzas a pesar de su delicado estado y empujó al médico

-¡No se me acerque! – se levantó de la cama de golpe – ¡quiero que me den una explicación!

-Señor Grant… - expresó una enfermera al verlo tan agresivo, mientras la otra acudió a apoyar a levantar al médico

-No me hable así, refiérase a mi persona como es debido – Terry levantó la voz aún más, mientras la enfermera lo miraba entre sorprendida, asustada e incrédula - ¿no sabe acaso quién soy?, ¡sólo espere que venga mi padre, el duque…!

-Señor Grantchester – habló el médico – cálmese, sólo estamos viendo por su salud

-¿Dónde está mi padre? – preguntó Terry mientras se apoyaba en la silla - ¡Quiero verlo!, ¡Exijo verlo!

-Su padre no está aquí – respondió el doctor

-¡cómo que no!, entonces… - Terry se agarró fuertemente la cabeza – llamen a alguien de mi familia… - su mente divagó, recordó a sus hermanos pequeños y a sus primos Albert, George, Mary quienes eras coetáneos

-Su madre está fuera – dijo el médico al verlo tan alterado, pensó que la mejor forma que el joven se tranquilice es ver un rostro conocido.

-¿Mi madre? – y de nuevo las imágenes que Terry tenía en la cabeza se agolparon en su mente, fue tan fuerte que cayó de rodillas cogiéndose las sienes. Al ver esto las enfermeras se le acercaron y ayudaron a Terrence, que por el dolor se dejó ayudar.

-Sí, la voy a hacer pasar

-Un momento – pidió Terry – sólo dígame donde estoy

El médico lo miró detenidamente y le respondió – en el hospital Bellevue en New York, América

-¿New York? – se sorprendió el joven - ¿cómo llegué hasta aquí?

El médico se quedó mirándolo, esa era suficiente evidencia para descartar un diagnóstico – usted llegó hace poco más de un año – fue escueto – voy a hacer pasar a su madre para que lo vea, le vamos a poner un calmante para que descanse y luego vendré a hacer más pruebas. Ayudado por las dos enfermeras recostaron a Terrence en la camilla y le colocaban los sedantes.

-New York… - se decía el joven - ¿Cómo? – no se explicaba – mi padre… ¿qué sucedió? – el médico hizo unos apuntes observando a Terry que se adormecía por los efectos del sedante que le estaban colocando y prosiguió a retirarse.

Chicago

Era pasado medio día y las calles estaban frías, diciembre, uno de los meses más festivos y llenos de alegría; sin embargo en el corazón de esa pequeña rubia el frío y la tristeza de la soledad era cada vez mayor. En sus ojos se veían rastros de haber llorado recientemente, caminaba a paso moderadamente rápido y miraba para todos lados ansiosa por encontrar entre aquellas calles estrechas y llenas de gente a una persona, a Albert.

Se impacientaba de solo saber que como despedida había dejado una escueta nota encima de la mesa del comedor con una sola línea de palabras que decía: "perdóname pequeña, es mejor así". No podía creer que también aquel rubio la abandonó a pesar de saberla vulnerable, triste, sola. Tenía dolor por su ausencia y también rencor – "¿cómo es posible?, ¿cómo pudo haberme dejado sin siquiera despedirse?¿por qué?¿por qué Albert?" – pensaba la joven.

Caminaba sin siquiera percatarse el rumbo por donde la llevaban sus pasos y menos que estaba siendo vista. Al entrar a un callejón, ensimismada en sus pensamientos, se dio cuenta que estaba en un lugar muy aislado y que no contaba con salida, así que se dio media vuelta para salir cuando tres hombres le cerraron el paso.

-Pero que linda niña nos ha venido a regalar estas fiestas – expresó un hombre de aproximadamente 30 años que se dirigía hacia donde Candy, él estaba ebrio, pero en un mirada tenía un brillo de lujuria.

-No seas acaparador. Creo que la podemos compartir – dijo uno más joven pero en estado maltrecho – me encantan esas pecas.

-Yo primero – dijo el tercero que estaba relamiéndose.

Candy sintió pavor, se sentía sola, ¿dónde estaba Albert?, que haría ahora sin su protección y más aún con esos tres. Su cuerpo se paralizó y el pánico poco a poco fue llenándola por dentro.

-Por favor … - expresó – denme permiso... – y trató de salir por entre los hombres lo más rápido que pudo. Sin embargo en su salida uno de ellos la cogió del brazo y la tiró al piso. Al hacer eso, sus otros dos acompañantes rápidamente la sujetaron de sus hombros para inmovilizarla. Candy lloraba, empezó a gritar para que la ayuden. Sin embargo nadie acudía. La empezaron a golpear para que se desmayara pero ella luchaba, sus vestidos se rasgaban – cuando estuvo a punto de perder el conocimiento. Se escuchó un balazo.

Los hombres inmediatamente la soltaron y ella cayó en seco al piso débil, , maltratada y herida. Dieron vuelta para ver quien había osado interrumpir su festín y cuando lo vieron, se asustaron. Con un arma directamente apuntando a ellos, sin ninguna duda en su mirada y con furia en esos ojos color caramelo, estaba Neil Leagan.

-Es mejor que os apartéis – gritó el joven

-Neil… - fue lo único que pudo susurrar Candy al ver a aquella persona que había recurrido en su auxilia antes de perder el conocimiento

-¿Quién eres tú? ¡Por qué vienes a interrumpirnos! – clamó el mayor lleno de furia

-¿Qué quién soy? – sonrió de medio lado – Simple – respondió con ironía – Soy el que te va a partir la cabeza en dos

-¡Eres un cobarde! - le dijo uno de los tres maleantes – te crees valiente por portar un arma

-¿Un cobarde? – se burló Neil – Quién habla de cobardes, atacando a una joven indefensa

-Ese no es tu problema, mejor lárgate de una vez a tu mansión y enciérrate… Andrew – habló el más joven al ver el escudo de la familia en el auto de donde había bajado Neil – te dejaremos ir sólo porque tu familia es poderosa.

-¿Qué no es mi problema? – puso cara de incrédulo – jajaja – eso sí que es muy cómico – pausó para hablar mientras miró a Candy tendida en el suelo con la cara amoratada y sus ropas rasgadas y no pudo evitar sentir angustia por su estado, le dolió verla así, en ese estado tan deplorable y humillante y eso, acrecentó su cólera – la chica que ustedes han tratado de ultrajar es uno de los miembros más importantes de mi familia…, no quiero imaginar la pena que les darán por haberse atrevido a poner sus sucias manos sobre una Andrew.

-¿U.. Un… Una.. Andrew..? – Volteó el mayor a ver a la yaciente y luego posó su vista en el hombre que le hablaba, no podía creerlo, si eso era cierto, no deberían quedar testigos y ese hombre, el de la pistola, realmente era una gran amenaza. Con rápidos movimientos, se agachó a sujetar a Candy con la finalidad de tomarla como rehén, pero fue interrumpido por otro balazo que rozó su mano haciendo que voltee a mirar asustado hacia su agresor.

-No te atrevas… - dijo Neil calmadamente, una calma que asusta – la próxima seré más preciso y créeme que no será tu mano a la que dirigiré mi siguiente tiro – Neil como todo Andrew había perfeccionado su puntería gracias a las prácticas de cacería. El Hombre se asustó, esta vez sí que no había escapatoria, miró a sus compinches que con sus miradas hicieron una señal y se abalanzaron hacia Neil. El joven estaba listo para recibirlos, iba a pelear mano a mano, quería darse el gusto de partirle la cara a esos tres delincuentes, así que bajó el arma para guardarla y ponerse en posición de ataque; en ese preciso instante, llegó la policía alarmada por las balas disparadas y observaron la escena: a un Andrew que estuvo apuntando a tres hombres y que tenía intención de guardar el arma cuando vio que ellos se le abalanzarían y, una jovencita tirada en el piso. Las imágenes hablaban más que las palabras. Inmediatamente corrieron a detener a esos hombres que sorprendidos quedaron estáticos en su intento de atacar a Neil.

Los hombres fueron apresados, las pruebas eran fehacientes, se les condenó a cadena perpetua por "intento de violación" pero las influencias de los Andrew llegó más allá, no se hizo público el hecho y enviaron a los hombres a una prisión lejana fuera del país con la finalidad de silenciar cualquier indicio que promoviera el escándalo.

Candy fue trasladada inmediatamente al hospital Santa Juana, donde ella había dejado de trabajar, Neil iba junto a su lado cogiendo su mano. La miraba y veía en ese rostro inconsciente una gran belleza.

-Te envidio Grantchester – murmuró el castaño de ojos color miel – si tan solo… - la observó haciendo gestos de dolor en su estado inconsciente y procedió a limpiarles las manchas de sangre el rostro de la joven

New York

-Sra. Baker, él en estos momentos se encuentra sedado, será mejor que descanse. Una enfermera lo estará cuidando en su habitación, no sabemos cómo reaccionará cuando vuelva a despertar – comentó el médico que evaluó a Terry en la habitación. Apenas salió de la misma tuvo la intención de hacer pasar a la señora, pero al ver que el joven se dormía bajo los efectos de los sedantes, prefirió optar por conversar con su familia acerca de sus hallazgos.

-Dígame doctor, ¿qué es lo que ha sucedido con mi hijo?

-Señora, señor – se dirigió a Robert – les agradecería que me acompañasen a mi despacho

-Si claro – dijo Eleanor, tuvo un presentimiento que eso era algo grave

Una vez llegaron al despacho del médico, éste los invitó a sentarse y prosiguió con su charla.

-De la evaluación que acabo de realizar, aunque es prematuro decirlo, el joven Grantchester tiene un tipo de amnesia post traumática.

-¿Cómo? – se sorprendió Eleanor

-Sra. Baker – continuó el médico – sé que es difícil la connotación del diagnóstico y puedo asegurar que es cuestión de tiempo para que la recupere, debido a que él sabe muy bien quién es, me dijo su nombre y su apellido. No obstante…. – el médico se quedó dubitativo ante Eleanor y miró de reojo a Robert como queriendo expresar que lo iba a decir era privado

-Prosiga doctor, mi amigo Robert es de mi entera confianza…

-Sí señora, el tema que voy a tocar es un poco delicado y necesito saber toda la verdad para ver cuál es el mejor tratamiento para su hijo. Él me ha brindado información que no cuadra

-¿Cómo así?

-Bueno, él dice que vive en Londres y que es el año 1912. Eso significa que estos dos últimos años han sido borrados por su accidente

-¿¡Qué! – dijeron al unísono Robert y Eleanor.

-Sí, como lo escucha, Terrence piensa que está viviendo en el año 1912 – hizo una pausa – Ahora en cuanto le consulté sobre sus padres respondió sin ningún problema el nombre de su padre; sin embargo…

-No recordó mi nombre – expresó Eleanor con gesto de congoja y preocupación, luego de tantas desavenencias y poder limar asperezas con su hijo en esos últimos dos años… simplemente, él no la recordaba.

-En verdad señora, eso podría ser la mitad de cierto. Fíjese, no es que él no la recuerde, sino que al parecer siente confusión, algo que bloquea su cerebro inmediatamente. Y por ello, debido a esta confusión que genera su mente al mencionar su madre, es que necesito que usted me diga como era su relación con su hijo, necesito saber un poco más de su pasado, qué hacía antes de dedicarse a la actuación y cómo ubicar a su padre, puesto que lo llama.

-La verdad doctor son muchas cosas que Terry siempre ha guardado por discreción y ello es su origen…

-Comprendo – el médico, como todo buen espectador, sabía que Eleanor era una mujer soltera y sin compromisos conocidos. El hecho que ella afirmara ser la madre del joven actor, no sólo ponía en tela de juicio su honorabilidad, sino también la interrogante de la ascendencia de su paciente y todo su pasado. El médico en sí no la juzgaba, ese no era su papel, empero necesitaba saber más – Quisiera que confiase en mí señora, sino no podría hacer mucho por su hijo – luego recordó algo de lo sucedido en la habitación de Terry – él se dirigió a una enfermera de una forma demasiado despectiva, exigiéndole que sea tratado de una forma diferente, mejor dicho, superior y más aún cuando mencionó algo relacionado de que su padre era una persona de gran influencia – el médico reposo su espalda en su sillón – ante esas evidencias no solo podría diagnosticar solo amnesia sino también alucinaciones post traumáticas.

-No doctor, Terry no alucina – aclaró Eleanor – es verdad lo de su padre

-Entonces…

-Sí, su padre pertenece a la aristocracia inglesa. A mi hijo nunca le ha gustado esa clase de vida y me sorprende aquella reacción que usted me describe.

-Eso fue lo que él expresó, está confundido, piensa que se encuentra en su país y que la única persona que lo respalda es su padre. Yo le aconsejaría que trate de contactarse inmediatamente con él, es necesario que venga a verlo, será de mucha utilidad para la recuperación del joven.

-Le he comunicado con un telegrama, no me ha respondido, no sé si vendrá. En realidad no mantienen relación alguna desde que Terry llegó a América.

-Señora, será necesario y prioritario que su padre esté aquí; si Europa no estuviera en guerra le recomendaría que lo trasladen allá con la finalidad de apoyar su recuperación – el médico no pudo pasar por desapercibido la expresión de tristeza de Eleanor, al sentirse inútil ante esta situación – señora – agregó el médico – en estos caso, el paciente necesita mucho apoyo y paciencia, sé que para usted es difícil no estar definida en sus recuerdos pero es temporal.

-Lo sé… dijo Eleanor secándose algunas lágrimas que brotaban de sus ojos – es que no fue fácil reconciliarme con mi hijo desde que su padre se lo llevó Londres cuando apenas tenía cuatro años y ahora… él está confundido… quisiera verlo, estar con él.

-Sí señora, está bien que usted lo acompañe y lo apoye con su recuperación. Él ahora está descansando, dentro de un par de horas despertará y le recomiendo que se vaya a ingerir algún alimento en ese lapso, usted va a necesitar mucha energía para cuidar de su hijo.

-Gracias doctor

-No se preocupe señora, estoy para servirlos. Mañana estaré yendo a visitar al Sr. Grantchester para ver si hay alguna novedad.

Eleanor y Robert salieron rumbo a los cafetines a comer algo mientras Terry descansaba en su habitación.

Mientras en otro lado de la ciudad, una mujer mayor, con gesto serio y decidido salió de su residencia rumbo al hospital Bellevue, estaba harta de no saber nada del desgraciado que provocó la mutilación de su hija. Esta vez iba preparada, no se dejaría amilanar por Eleanor Baker, y bien, como ella misma dijo "usted cuida de su hija y yo cuido del mío", ella estaba lista para pelear si era necesario y cogerlo a rastras al muchacho para que cumpla con su hija.

Inmediatamente cogió un taxi que la dejó en la entrada del Hospial Bellevue, no pasó por la estación de enfermeras para evitar contratiempos y se dirigió directamente a la habitación del joven que en ese momento estaba despertando de su letargo y estaba solo puesto que la enfermera salió a traer los medicamentos del mismo.

Se acercó a la puerta de la habitación y sin tocar, giró el picaporte suavemente y empujó, se filtró una tenue luz en el resquicio de la puerta y observó la habitación vacía – "que suerte" – se dijo así misma – "está solo" – se paró en el umbral abriendo la puerta, el joven que estaba despierto direccionó su mirada azul hacia la persona que irrumpía en su dormitorio. Apenas la vio, se sobresaltó, no la recordaba pero algo en su interior le decía que ella era una persona no grata. Abrió los ojos para observarla mejor y su vista empezó a fijarse en cada detalle de su atuendo y luego su rostro con detenimiento.

-¿Qué hace usted aquí? – respondió Terry con su particular altanería

-¿Qué que hago aquí? – respondió la mujer ofendida

-Sí, eso le pregunto y por si no se ha percatado no ha tocado la puerta como la educación manda – miró de soslayo a la mujer

-No creo que deba tener delicadezas ante una persona como usted – expresó al mujer

-¿A una persona como yo? – se sorprendió Terry ante la irreverencia de la mujer – Déjeme aclararle quién…

-Sí, un patán aprovechado, que se ha burlado de mi hija – interrumpió la mujer llevada de la ira.

-¡¿De su hija? – exclamó Terry

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Aquí va otro capítulo más, disculpen la demora, estuve armando este capítulo por trozos cada día hacía y borraba hasta que quedó este que espero sea de su agrado. Muchas gracias a ustedes chicas por sus buenos deseos y ya saben espero sus comentarios.

Agradezco a Ascella Star, Gema Grandchester, Lizzig, Ysledsira Grandchester, chicas me motivan seguir escribiendo y eso que me duele la cabezota de tanto querer hacer una historia que sea del agrado de ustedes y de las lectoras anónimas.