Consejo: Escucha música mientras lees, fomentará tu imaginación y concentración.


IV.
"Envy: The one who loves you"


Salió de la pista de baile arrastrando los pies, gracias a los efectos que el alcohol le empezaba a regalar. Se sentía confundida y mareada, miraba a su alrededor y solo pudo divisar el rostro de su compañero, preocupado por su estado. Era la primera vez que unas cuantas copas hacían efecto sobre ella tan rápido, quizás había sido por la tensión que sentía cada vez que Law la miraba profundamente, con aquellos ojos grisáceos que le provocaban unas ganas incontrolables de beberse hasta la última gota de alcohol sobre su copa. Y no era para menos, el tipo le sonreía con cinismo después de tomar de la mano a su novia.

Tras una serie de pasos de baile con el pelirrojo, antes de comenzar a sentir náuseas, Nami se dirigió a la barra donde servían las bebidas, siendo acompañada por su pareja. El hombre la dejó un momento sentada sobre un banco, tenía que pedir su auto para poder llevarla a casa, así que se ausentó por un momento. Ella no se percató de eso y enterró su rostro entre sus manos, quería dormir un poco antes de ser llamada por alguien. Sin embargo, no pudo lograr su cometido gracias a los sollozos de la mujer que se encontraba a su lado.

Era bastante molesta.

Dispuesta a reclamarle, levantó la cabeza, mostrando un evidente ceño fruncido. No obstante, antes de decir cualquier cosa, se percató de la dueña de aquellos sollozos: Hancock.

—No necesito tu lástima —escupió al ver el repentino cambio de expresión sobre el rostro de Nami—. Soy yo la que debería sentirla por ti, gatita.

Nami entrecerró los ojos, miró por un momento a la modelo, se encontraba decaída y un aura depresiva se formaba a su alrededor. Cayó en cuenta poco después de una cosa: Luffy no estaba con ella y, por una vez, ella no se veía preocupada por buscarlo.

—Hancock —no estuvo muy segura de lo que le diría. En realidad, pocas veces había entablado una conversación con ella, sólo la veía cuando estaba con Luffy y, no hablaban muy amigablemente.

—Eres una afortunada, Nami —interrumpió sarcástica—. Tienes al mejor amigo más guapo del mundo, un novio que te protege como ningún otro y un amante que cumple las expectativas de cualquier mujer.

—¿De qué hablas? —preguntó aún más confundida la cantante.

—Si piensas que yo soy como los demás, estás equivocada —continuó la de cabello azabache, volteando a verla fijamente—. Te vi salir con él detrás de ti hace un rato. No negarás que estuvieron juntos.

El rostro de Nami adquirió un color carmín después de escucharla. El idiota de Law había pretendido eso desde el principio, tal vez; sentía hervir la sangre, en ese momento sintió unas ganas enormes de levantarse y golpear el rostro del hombre, sin embargo, sus piernas no funcionaban.

—T-te equivocas —apenas pudo pronunciar. No sabía si era por los nervios o el alcohol—. Yo no-

—Luffy me lo dijo todo —una vez más la interrumpió. Ante la mirada incrédula de Nami, ella continuó—: Trafalgar Law y tú, sostuvieron un romance, ¿no es así?

El cuerpo de la chica se tensó, a tal punto de erguirse sobre su asiento; la mayor había tocado un tema que ni siquiera había platicado con su mejor amigo. Por eso la odiaba, o al menos eso se decía mentalmente en ese momento.

Si bien, no se molestaba con el despistado de Luffy por haber confesado su secreto a la mujer que tenía a un lado, ella sabía que no lo hubiese hecho si no le tuviera tanta confianza a Hancock; lo que le molestaba, era que la propia Hancock se lo preguntara tan directamente, además de haberla estado observando toda la noche. Y a ella no podía recriminarle nada sin salir con un par de moretones de su parte, claro, la modelo tampoco saldría ilesa.

—Me alegro, gatita —como odiaba ese mote, mucho más proviniendo de Hancock—. Eso quiere decir que tú y... Luffy, siempre han sido amigos, después de todo —dio un largo suspiro, limpió el rastro de lágrimas que rodaban sobre su mejilla antes de continuar—: algún día me gustaría escuchar tu versión. Luffy sólo me ha dado pequeños detalles.

Tras la sonrisa de la mayor, una mueca se formó en el rostro de Nami. Aquella mujer nunca había sido amable con ella y mucho menos, se había preocupado de esa manera. Tal vez estaba igual de borracha que ella y era el efecto del alcohol el que estaba haciendo su trabajo. Sin embargo, ella quería desahogarse con alguien en ese momento, así que no vio ningún problema en contarle algunas cosas.

—Hace diez años, antes de conocer a Luffy, él y yo sostuvimos una relación amorosa —Nami sonrió con melancolía—. Era una adolescente y él, algunos años mayor que yo. Salía a menudo a diferentes localidades, iniciaba su carrera con el pié derecho. Pero eso no era ningún obstáculo para que pudiéramos estar juntos...

-Flashback (Phoenix, 10 años atrás)-

—Nami, no llores —Law la intentaba calmar mientras acariciaba con ternura su cabello—. Ya estoy aquí, no te preocupes.

—Pero esta vez tardaste demasiado —ella se aferraba a su pecho, tratando de ahogar sus sollozos—. ¿Qué haré cuando esos viajes se conviertan en giras nacionales?

El joven tragó grueso. Nami supo que se había tensado ante la posibilidad, gracias al aumento de los latidos de su corazón, también la había dejado de acariciar. Por un momento, sintió miedo al pensar que él se olvidaría de ella en uno de sus tantos viajes, encontraría a una mejor persona y continuaría su camino sin ella, pero, se relajó en el instante en que el joven cantante la apretó más contra su pecho, inhalando su perfume.

—¡Qué cosas dices! —soltó una carcajada—. Cuando sea famoso, te daré a conocer como mi novia y futura esposa, te llevaré conmigo a todas mis giras y estaré contigo en tu camino a convertirte en la Reina del Rock, porque sé que lo lograrás.

—E-esposa... —Nami articuló esa palabra con un brillo reflejado en sus ojos. Aunque fuera una adolescente, la ilusión que desmoronaba en aquella palabra, la hacía sentirse la mujer más feliz. Y no era sólo todo lo que conllevaba esa palabra, sino la persona que la había dicho.

—Por supuesto, pero antes debemos hacer oficial nuestra relación —dijo de repente el joven—. Ni siquiera tu hermana sabe de esto.

Ambos se quedaron en silencio. Ninguno de los dos sabía porqué no habían mencionado ni una palabra con respecto a su relación, tal vez era por la adrenalina que sentían al mantener en secreto sus actos. Sin embargo, sabían en el fondo que esa no era exactamente la razón y, tampoco sabían exactamente cuál era.

Law temía que la hermana mayor de su novia lo desaprobara, o peor, que le prohibiera estar con él. Reconocía que esos actos no eran propios de Nojiko y que no se atrevería a hacer algo de ese tipo, debido a la gran amistad que habían forjado desde que tenían memoria, no obstante, no descartaba la posibilidad.

Nojiko era una hermana sumamente estricta cuando se lo planteaba y sobre protectora desde que su madre había muerto. Prácticamente se había convertido en una sustituta, pero Nami la quería mucho porque a pesar de todo, se preocupaba por ella y la amaba más que a nadie, llegando a ponerla en primer lugar antes de cualquier pretendiente. Era por eso que Law dudaba de ser el mejor candidato para ella, sabiendo que no iba a poder estar mucho tiempo con la chica si su carrera rendía frutos, además de tener la mentalidad de haber traicionado su confianza al enamorarse de Nami, sabiendo que lo trataba como un hermano. Eran ellos los más maduros y por lo tanto, los mejores amigos, después de todo.

—Por ahora, dejemos que las cosas se den a su debido tiempo —concluyó ella, alejándose de él lentamente.

Nami lo comprendía, entendía lo que él sentía en ese momento. No dijo nada porque sabía que con tan sólo tocar el tema a fondo, lo estaría presionando, y el no quería eso. Sonrió y se distanció unos pasos de él, justo a tiempo cuando escuchó la puerta abrirse y mostrar a su hermana mayor con las compras en sus manos. Ambos se apresuraron a ayudarla con las bolsas y colocarlas sobre la mesa del comedor, cuando regresaron, se dieron cuenta de la seria expresión en el rostro de Nojiko.

—Nami...

La mayor la miró con pesar, por lo cual, Nami sólo pudo preocuparse. En ese momento, Law dejó de existir para las dos e incluso, la mayor ni siquiera se había percatado de su presencia; caminó hasta donde estaba su hermana con una mueca adornando su rostro, se inclinó para abrazarla y reír con entusiasmo.

—Nos vamos de viaje. Acaban de contratarme en la agencia de modelos de la que tanto te platiqué.

-Flashback End-

«Y nunca hizo lo nuestro oficial» Pensó con malestar.

—No entiendo —mencionó de repente Hancock—. ¿Qué tiene de malo que tu hermana consiga el trabajo de sus sueños?

—Eso sólo fue el comienzo de una larga historia, Boa —Nami arrastró las palabras con desgano. Realmente no quería contarle nada a su "rival", sin embargo, al estar con ella sin discutir, las palabras fluían sin siquiera darse cuenta.

—Espero que puedas comtármelo todo —se sinceró después de regalarle una sonrisa tímida.

La de cabello naranja arqueó una ceja divertida, por más que aparentara odiar a esa mujer, en el fondo le había tomado mucho aprecio. Sabía que no era mala persona, a pesar de llevar una mascara ante la sociedad de arrogancia e indiferencia. No por nada, Luffy la había elegido como su pareja.

Entonces se dio cuenta del importante detalle que había dejado pasar. Miró a su alrededor y pudo divisar a Luffy un par de metros de distancia, se encontraba junto a Usopp, ambos haciendo tonterías para llamar la atención. Sin embargo, el brillo en los ojos del muchacho era nulo, no mostraba la típica actitud de niño infantil que sacaba a relucir en cada fiesta y lo peor, era que su novia no lo había seguido como siempre lo hacía. Ni siquiera se había molestado en mirarlo.

Algo andaba mal.

—¿Me dirás? —Hancock parpadeó un par de veces ante la pregunta—. Lo sucedido entre Luffy y tú.

Apartó bruscamente la mirada sin saber qué responder exactamente. Era cierto que Nami había sido fiable antes y se había comportado como alguien a quien estimaba; también era cierto que no le desagradaba la idea de charlar más a menudo con ella y también era cierto que podía ayudarle o por lo menos, darle un consejo con respecto a su situación.

Suspiró pesadamente antes de dar una vista rápida hacia su novio. Recordó su fría mirada cuando Nami aceptó la propuesta de matrimonio por parte de Kid; a su vez, también recordó que el moreno la miró con desaprobación antes de alejarse de ella buscando la compañía de sus amigos Zoro y Usopp. Estaba molesto con ella y Nami podía deducirlo a simple vista, sin embargo, no se lo había restregado, aún.

—Quiero casarme con él —dijo. Su mirada se mantenía gacha y sus dedos jugaban distraídamente con sus cabellos.

Nami arqueó una ceja. No era un tema de relevancia el que Hancock estuviera profundamente enamorada de Luffy a tal grado de obsesionarse con una boda de ensueño lo más pronto posible, por lo que no entendía muy bien el punto. Sonrió relajada.

—Boa, si lo que quieres es-

—Quiero casarme sin tener hijos.

Nami se quedó en shock, tratando de asimilar la última frase. Si bien, Hancock había prounciado aquellas palabras con un tono de voz sumamente bajo, fue lo suficientemente claro como para que ella escuchara. Pasaron unos segundos de completo silencio y ella sólo rió con nerviosismo, propinándole unas palmadas sobre su espalda.

—Luffy no te obligaría a hacer eso.

—¡No entiendes! —la morena elevó la voz, comenzaba a hartarse. Golpeó la mesa con su puño, haciendo retroceder a su acompañante—. ¡Yo no deseo tener hijos, no deseo destruir mi cuerpo!

—Boa, no entiendo-

—¡Estoy embarazada! —interrumpió colérica. El rechinido de sus dientes se hizo cada vez más sonoro, cosa que comenzó a alarmar a Nami—. Luffy quiere que nazca, pero yo me niego. Gata, quiero abortar a este niño.

Un estruendoso «¡¿Qué?!» no se hizo esperar por parte de la pelinaranja, si anteriormente se encontraba borracha, podía jurar que en ese momento el alcohol que había consumido se había esfumado de su cuerpo. Abrió los ojos como platos, para luego cerrarlos con fuerza, tratando de asimilar esa información. Había sabido desde el principio que aquellos dos habían discutido, pero no se imaginaba la magnitud de su discusión y mucho menos, que la razón fuese más complicada de lo que parecía.

Por otro lado, los ojos de Hancock volvieron a cristalizarse segundos después de confesarle a Nami su situación. Recordó lo duro que había sido Luffy cuando le manifestó que abortaría al bebé que llevaba en su vientre, incluso lo vio llorando, quizás por la rabia que había sentido o simplemente la decepción que le causo. Eso era lo de menos. Él no la quiso escuchar, simplemente le había dicho que si seguía con esa absurda idea en la cabeza, el iba a luchar porque su voluntad no se cumpliera, no le importaba llevar esa situación a un tribunal, con tal de que su hijo naciera.

Lo amaba como no había amado a ningún otro, era el primer y único novio que había tenido y se sentía orgullosa de que así fuera; lo conoció en una situación un tanto particular: cuando ella despreció y humilló a su empleada Margaret -y amiga de Luffy-, él le dijo que ella le daba asco, discutió con sus hermanas y al final terminaron siendo amigos, después de aclarar sus diferencias. Sin embargo, ese día él le había profesado que debían darse un tiempo, después de tres años de relación. Él estaba dudando de sus sentimientos, por causa de un niño. Era por eso que a ella no le gustaban los niños, eran la mayor razón de muchos problemas entre parejas.

—Hancock —llamó cabizbaja la cantante. Se sorprendió de haberla llamado por su nombre y supuso que también la había sorprendido a ella, gracias a que captó su atención de inmediato—. Yo no soy la indicada para decirte qué decisión tomar, porque no somos amigas y no tengo la intención de serlo. Pero déjame decirte algo, como mujer.

La azabache sólo hizo un leve movimiento con la cabeza, indicando que continuara.

—No te guíes por la apariencia, tampoco te guíes por lo que diga el amor de tu vida —hizo una pausa para soltar un suspiro—. Guíate por tus sentimientos... Sé que Luffy puede ser un idiota muchas veces, o tal vez no entienda nada de la frustración que sientes en este momento. Pero él te ama y estoy segura de una cosa: él sólo quiere lo mejor para ustedes. Sé que estará contigo siempre, apoyándote, queriéndote, acompañándote a pesar de los errores que cometas; aunque esa decisión la tengan que tomar entre los dos, sabrán llegar a una conclusión acertada, porque son adultos responsables, después de todo.

Se levantó de su asiento después de aquella charla. Pudo divisar a lo lejor que Kid se acercaba con una cara de "pocos amigos", supuso que se había vuelto a pelear con algún empleado del lugar. Echó un ultimo vistazo hacia su costado y, cuando estuvo dispuesta a irse, no se imaginó que Hancock se levantara de su lugar con torpeza y la estrechara en un abrazo. Pudo escuchar los hipidos que provocaban sus sollozos, así que no dudó en corresponder el cálido abrazo que por primera vez le regalaba su rival. Nunca había imaginado ver de esa manera a la imponente Boa Hancok, ni mucho menos esperaba verla así de nuevo. Se sentía extraña al ver sus lágrimas.

Instintivamente, posó su vista en Luffy, quien estaba atento a la situación. Pudo observar que él también había estado llorando, sus ojos hinchados y rojos lo delataban. Lo intentó consolar con una sonrisa, sabía que él entendería como siempre lo había hecho. No eran los mejores amigos por nada. Él le devolvió la sonrisa y en ese momento, Nami supo que se había tranquilizado un poco.

—Ahora sé porqué Luffy te aprecia tanto —susurró Hancock, llamando de nuevo su atención—. Eres una buena persona... Gracias.

Cuando ella quiso responder, su prometido ya se encontraba ahí, por lo que la modelo se alejó de ella lo más pronto que pudo y se dirigió al tocador, dejando perplejo al pelirrojo y a Nami con un sólo pensamiento:

«Me encantaría conocerte mejor, Hancock»


Salió lo más pronto posible del lugar, directo a la entrada. La había dejado sola en ese estado de ebriedad y aunque, se encontrara entre amigos y conocidos, Nami podía actuar con imprudencia en cualquier momento. Había pensado llevarla consigo, pero sabía que eso los haría perder más tiempo.

Esperó impaciente a que el encargado del Ballet Parking le entregara su auto, miró en todas direcciones, atento a cualquier signo de que el empleado llegara. Sin embargo, al girar su vista hacia atrás, se dio cuenta de la presencia de aquel sujeto que lo miraba con una expresión divertida: Trafalgar D. Law.

—Es una noche agradable, ¿no crees, señor Eustass? —la arrogancia en la voz de Law no se hizo esperar.

—Piérdete, Trafalgar —respondió secamente—. Lárgate a hacer lo que mejor sabes: escribir canciones sobre desamor.

Por un momento, a Law se le desorbitaron los ojos tan sólo escuchar la última frase del pelirrojo, el cual había nivelado su tono altanero y burlesco. Bufó, agachó la cabeza con el objeto de ocultar la sonrisa socarrona que había comenzado a esbozar y rió por lo bajo, lo cual provocó un gruñido molesto por parte de Kid.

—Quizás deba escribir algo nuevo —apuntó con desinterés—. Algo que hable sobre una pasión entre dos cantantes de rock, dos cantantes que trabajarán juntos.

—¿Qué mierda tratas de decir, imbécil? —Kid comenzaba a cabrearse. No era nuevo que el hombre al que tenía enfrente fuera un rival suyo, si de música se tratase; tampoco era nuevo que siempre que se encontraban, se agredieran verbalmente.

—Quién sabe...

El moreno se encogió de hombros, por lo cual Kid emitió un gruñido más fuerte, aacompañado de varias maldiciones dirigidas a él. Se abstuvo de reír a carcajadas, la imagen de su rostro cabreado y con un evidente Tic en el ojo izquierdo era todo un espectáculo para él. Sabía que el hablar de Nami lo ponía al borde de los celos que siempre contenía, la trataba como suya -y no estaba del todo en un error-, pero él estaba seguro que el pelirrojo podía llegar más lejos con tal de casarse con ella.

Kid no era una mala persona ni nada por el estilo, sin embargo, el carácter y temperamento que lo caracterizaban, eran dignos de un hombre como él. Incluso admiraba su manera de rebelarse ante el gobierno y la justicia con su música punk, en ella, hablaba todo lo que sentía realmente y no tenía la necesidad de mostrar sus sentimientos de otra manera. Tal vez era por eso que Nami estaba con él, pues no veía otra forma en la cual se hubiese fijado en él.

—¿A qué viniste? —cuestionó el cantante de punk ya más calmado—. ¿A restregarle que tú sí podrás trabajar junto a tu pareja?

—No —respondió simplemente—. A restregarte que estaré más cerca de "tu chica", señor Eustass.

—Eres un-

—Sí, lo sé —interrumpió las palabras de Kid con cinismo—. Soy un maldito hijo de puta, como tú siempre me has llamado. Pero recuerda que, este maldito puede quitarte a tu prometida, incluso horas antes de tu boda.

—¿Crees que Nami quisiera largarse con un mediocre depresivo? —contrarió Kid con autosuficiencia. Se cruzó de brazos y emitió un bufido—. ¿De verdad piensas que mi gatita podría fijarse en el novio de su mejor amiga? —carcajeó fuertemente, logrando hacer fruncir el ceño a Law—. No seas estúpido, Trafalgar. Nami es una mujer inteligente, ella sabe perfectamente que una vida al lado de un miserable como tú, que sólo utiliza de cebo a la bajista de su banda para llamar su atención, es una completa pérdida de tiempo... Tal vez seas uno de los cantantes más populares de los últimos tiempos y tengas talento nato, pero ¡mírate! No eres más que un amargado, que intenta llamar la atención con su rostro. ¡Eres patético!

Tal vez tenía razón, Law escribía canciones con temas particularmente relacionados con ella, su amor de adolescencia, algo de lo que Kid no tenía conocimiento alguno. Por una parte, eso alegraba al moreno, pues sabía que si él llegaba a enterarse del romance entre Nami y él una década atrás, se burlaría por haber sido lo suficientemente tonto como para dejarla; sin embargo, también quería que lo supiera de una vez por todas, para así poder estregarle el hecho de que su ahora prometida, había sido su novia mucho tiempo antes.

—¿Quieres apostar? —cuestionó con simpleza.

Esa fue la gota que derramó el vaso en la paciencia de Kid. Chasqueó la lengua y se dirigió peligrosamente a Law, con una vena palpándole la sien, lo tomó por el cuello de la camisa y lo estampó contra la pared más cercana.

Él ni se inmutó ante el fuerte agarre que ejercía sobre su cuello, tampoco prestaba atención a las maldiciones que le gritaba, sonrió de lado y miró fijamente los ojos doradosdorados del pelirrojo que expulsaban fuego. Había logrado su cometido, hacerlo enfadar.

—Escúchame bien, bastardo —Kid gruñó de nuevo—. Ni se te ocurra tocarle un solo cabello a Nami, porque te juro que te mataré.

—Esa es una amenaza que debería de hacerte yo, ¿no crees? —Law endureció la mirada y borró todo rastro de la sonrisa que tenía—. Soy yo el que te dice a ti, que si se te ocurre hacerle daño a Nami, me las pagarás caro, Eustass.

—No me tomes como un idiota.

—Entonces deberías dejar de comportarte como uno —se soltó bruscamente del agarre—. Recuerda que la señorita Nami puede terminar en mi cama en cuanto cometas una estupidez. Sabes que no puedo resistirme ante mujeres como ella: fáciles y zorras.

—¡Maldito seas!

Law no vio venir el puño que se acercaba a su rostro, así que no tuvo el tiempo suficiente para esquivar el golpe que sintió momentos después sobre su mejilla derecha. Un hilillo de sangre se asomó por la comisura de su labio y el ardor no se hizo esperar. Se limpió la sangre con la muñeca y rió descaradamente.

No supo la razón del porqué había dicho eso de Nami. Por un momento había recordado el día en que ella se convirtió en lo más detestable para él, aunque hubiese sido tan sólo un instante en el que la rabia lo había consumido. Había recordado el día en que para él, ella había dejado de existir, gracias a una traición.

Sin embargo, esa no era la única razón por la que la había llamado de esa manera. En el fondo, sabía perfectamente que los celos lo tenían completamente dominado. Se sentía idiota al aceptar que tenía envidia de la relación -aparentemente perfecta- que Nami sostenía con el pelirrojo; tenía envidia del hombre al que tenía enfrente, él la quería, la protegía y la respetaba a pesar de la cantidad de fans y pretendientes que ésta tenía; él tenía el privilegio de hacerse llamar su prometido y tenía el derecho de decirle todo aquello. Merecía el golpe que le había propinado y no iba a comenzar una pelea por la envidia que sentía.

—Te lo advierto, Trafalgar —Kid gruñó de nuevo—. La tocas y te juro que te mato.

—¿De verdad crees que haré caso de tus advertencias? —Law se mofó descaradamente—. Eso es algo que tú no decides. La señorita Nami es la que dirá si la toco o no.

Volvió a tocarse el labio roto, provocándose un ligero ardor en la zona afectada; caminó de nuevo hacia la puerta que conducía al bar, después de todo aún lo esperaba su novia dentro -le había prometido que volvería pronto y ya había pasado más tiempo del que esperaba-, pero se detuvo en seco al escuchar que Kid le llamaba de nuevo. Sonrió, aún dándole la espalda y escuchó atentamente la advertencia de nuevo:

—No te acerques a ella.

—No me des órdenes.


I pulled away to face the pain

(Salí a enfrentarme al dolor)

I close my eyes and drift away...

(Cierro mis ojos y voy a la deriva...)

Abrió lentamente los ojos, la tenue luz del sol colándose por su ventana hizo que sintiera un ligero escozor en las pupilas. Cuando se acostumbró a la luz del día, bostezo y se estiró cual gato perezoso. Se dio cuenta poco después que se encontraba en su habitación y de la persona que se encontraba a su lado viendo la televisión.

—Buenos días, nena. ¿Dormiste bien?

—¡Kid! —se sobresaltó al instante—. ¿Qué haces aquí?

—¿Acaso no puedo quedarme en tu casa, después de haberme quedado preocupado porque te desplomaste en mi hombro? —se hizo el ofendido después de cruzarse de brazos—. Nena, tu prometido también necesita conocer mejor tu hogar.

Over the fear that I will never find

(Sobre el miedo de que nunca encontraré)

A way to heal my soul...

(Una forma de curar mi alma...)

Se quedaron en silencio, lo único que se escuchaba era la canción de fondo que transmitía aquel programa de televisión que miraba el pelirrojo, canción interpretada por la banda "The Thousad Sunny". Nami suspiró, no podía replicar sabiendo que probablemente él había cuidado de ella durante toda la noche.

—Esa canción se ha mantenido en el top 50 después de varios años —informó el pelirrojo, orgulloso de su novia—. Realmente tienes talento.

Ella observó detenidamente el televisor. El videoclip mostraba a su banda interpretando aquella canción con gran pasión, como si cada uno sintiera fluir la pieza. Recordaba ese día en el que grabaron el vídeo: Sanji en la batería, tocando con maestría los platillos; Usopp en el piano, deleitándose con cada nota que salía de sus dedos; Robin en el bajo, luciendo su pasión al tocar esas cuatro cuerdas; Zoro en la guitarra, dedicándose a embelesar la canción cada vez que tocaba las cuerdas como todo un profesional y ella con la voz, una voz catalogada por muchos como "melodía de ángel", sintiendo cada letra en su interior, porque ella había escrito la canción después de todo.

And I will wander till the end of time

(Y vagaré hasta el final de los tiempos)

Torn away from you...

(Apartada de ti...)

—Aunque creo que es algo melancólica —Kid la sacó de sus pensamientos—. Como si alguien te hubiera hecho daño.

Sonrió nerviosa, tratando de ocultar el sonrojo que había teñido sus mejillas; por suerte, el hombre ya había puesto su atención sobre el televisor y no la había mirado. Él no tenía idea alguna de que muchas de sus canciones las había escrito por una razón en especial y esa razón se llamaba Trafalgar D. Law. Cada letra reflejaba lo que sentía por el día a día, aunque a veces el tema variaba, siempre hacia una mención implícita de él.

—¿Tú piensas eso? —preguntó tímida, cuando se había cerciorado de que su sonrojo había disminuido.

—Gatita, todo el mundo lo cree. Inclusive piensan que tus canciones tienen dedicatorias ocultas —él la miró detenidamente. A ella le pareció una eternidad, pero no le importaba.

Los ojos dorados de su pareja le provocaban una sensación en su pecho reconfortante y los latidos de su corazón aumentaban. Por primera vez no se arrepentía de haberle dado una respuesta positiva a su propuesta de matrimonio.

—Empiezo a creer todas esas patrañas de que en realidad sí tienen dedicatoria.

El hombre despegó la vista de ella con una mueca de desagrado. Sonrió enternecida con la imagen que le regalaba, digna de un hombre celoso y se aferró a su musculoso brazo. Lo conocía, aunque no fuera de mucho tiempo atrás. Hacía tan sólo cuatro meses en los que ambos se habían conocido, después de que él pasara más de siete años buscándola como un loco desde un encuentro de pocos minutos. Se hicieron amigos al instante y después de un mes, él se le declaró. Por supuesto, ella aceptó de inmediato y mantuvieronmantuvieron su relación escondida durante tres meses hasta el día de ayer, en el que anunciaban su matrimonio.

Aunque, no sabía exactamente porqué había aceptado su petición de matrimonio si aún no tenían ni un año de noviazgo, tampoco porqué Kid había actuado tan pronto si él mismo le había confesado que no estaba echo para un compromiso tan grande y, mucho menos si tenía tan poco tiempo de a una persona. Eso era lo de menos, lo importante era mirar hacia el futuro y seguir con los preparativos de la boda, no importaba si existía un obstáculo y ese fuera Law.

My heart is broken

(Mi corazón está roto)

Sweet sleep, my dark ángel

(Dulces sueños, mi ángel negro)

Deliver us from sorrow's hold

(Libéranos de la carga de la pena)

Over my hard heart...[1]

(Sobre mi duro corazón...)

—Descuida, cariño —Nami acarició el brazo de su prometido con suma delicadeza—. La gente dice muchas cosas con el objetivo de generar polémica.

—Tienes razón, muñeca —la abrazó y apoyó su cabeza sobre la de ella—. Es por eso que la sociedad de ahora está jodida.

Lo que él no sabía, era que la que mentía era Nami. Mucho menos sabía de las personas que hablaban de ella en ese mismo momento...

...

—¡Bartolomeo-san! Las fotos están listas, cuando lo desee podemos publicarlas —sugirió un hombre de cabello negro y bastante alto.

—Esperemos unos días más, Hajrudin —el hombre de cabello verde, similar a una cresta, se levantó de su asiento, mostrando el periódico que antes leía a su compañero—. Nami-sempai nos acaba de dar la noticia de su boda, debemos respetar su felicidad.

—¿Eso quiere decir que desecharemos las fotografías sin publicarlas? —preguntó incrédulo el grandulón.

La sonrisa en Bartolomeo se agrandó y sus mejillas adquirieron un intenso color carmín. Contuvo las ganas de estallar en carcajadas gracias al comentario de su compañero. Ambos eran periodistas y estaban un tanto obsesionados con Luffy y sus amigos.

—¿Estás loco? —vociferó como si fuera lo más obvio del mundo—. Una noticia de esta magnitud no puede ser desperdiciada de tal forma... ¡Se trata de Luffy-sempai!

El de cabello negro sólo se limitó a observar las fotografías que mostraban al par de amigos tomándose cariñosamente de las manos, mientras Bartolomeo nadaba en sus fantasías. Ese iba a ser un largo día.

-To be continued...-


[1] Fragmento de la canción "My heart is broken" del grupo Evanescence. Link: watch?v=f1QGnq9jUU0 (youtube)

Dato: La banda Kiddplay (liderada por Eustass Kid en este fic), está inspirada en el grupo de punk rock Green Day.


Notas de autora:

Antes que nada, quiero disculparme por todos estos meses de ausencia como escritora. No tengo ninguna justificación para hacerlo, pero de verdad me siento apenada con ustedes, lectores.

Entre tanto trabajo, escuela y deberes, ha sido muy poco el tiempo que me queda libre, además abandoné el anime hasta que llegara al arco de Whole Cake, bueno, también estuve la mayoría del tiempo viendo Naruto y Fairy Tail... Y me sucedió una desgracia. Tenía planeado subir este (y los capítulos de mis demás historias) mucho antes, pero de repente se me borraron y no tuve tiempo para volverlos a escribir de nuevo y no tenía en dónde escribir de nuevo (sólo mi celular, pero no es lo mismo que una computadora). Sólo espero poder continuar como se debe con todos mis fics.

Pero he vuelto, con un gran descubrimiento: puedo subir los capítulos y escribirlos desde el celular, sin necesidad de tablet o computadora :3 (qué inteligente soy, lo sé :v), así que espero continuar más seguido y no abandonar tanto tiempo la página, porque este año tengo varios proyectos en mente que pienso realizar (no sólo con One Piece)... ¡Necesito a alguien que me ayude a escribir! ¿Algún interesado? [No es broma xp]

En fin, quiero agradecer infinitamente a todas aquellas personas que se han tomado la molestia de leer y marcar esta historia como favoritos o le han dado click en seguir, también a:

Sky In pieces

Ansias (?)

Guest y Guest x2

Andy

De verdad me alegra mucho que les guste esto y sigan esperando. Ustedes son mi motivación a seguir escribibiendo aquí.

Sin más que decir, nos leemos en el próximo capítulo y no se olviden de leer mis demás historias: Bring me to life, Las Damas De La Oscuridad, Same Damn Life y Más allá de los sueños.

Sayonara (\•3•)/