¡Hola! Bueno hoy les dejo otro capitulo de "Una gota para nacer". No tengo mucho que contar solo que me quede todo el día en casa. Esta lloviendo, el cielo se ve precioso con esa combinación grisácea me encantan los días de lluvia, son tan tranquilizadores y a la vez tormentosos. Espero que comenten. Así una aclaración Kokorito chan y Nekitta son la misma persona, ósea yo XD. Adiós besos se cuidan.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, son obra de Masashi Kishimoto.
Una gota para…nacer.
IV. Tú.
"De nuevo aquí relatando mi estúpida vida, pero creo que es necesario escribirla, por lo menos para mí lo es. Otra vez recordándote como la primera vez, en aquellos días de "felicidad" lo único que deseaba era hallarte. Lo que me falta a mí me lo proporcionas tú, pero ¿Lo que te falta a ti te lo podré dar yo?"
Me lancé en la cama, mi respiración se agitaba, cada vez que recordaba su piel, su boca, sus ojos. Demonios ¿qué tiene ella? Aun podía oler aquella dulce y delicada fragancia en el aire… Cerré los ojos lentamente, quería otra vez sentir su presencia cerca de mí, aunque fuera por algunos instantes.
"No podía dejar de pensar en aquella chica."
Esa noche fue algo extraña. Ya desde varios años había dejado de soñar con mamá, inclusive olvidé su rostro, sus gestos, su sonrisa.
No obstante soñé con ella, con la diferencia de que yo era un nene chiquito. No recuerdo muy bien los detalles de aquel sueño, pero trataré de ser lo mas detallista posible. Caminábamos por un sendero de tierra, en los extremos de éste había hileras de pequeñas piedras, y algunas veces las mojaba el agua… Parecía una pequeña laguna que en la mitad se encontraba una pequeña vía.
Mamá entrelazó su mano con la mía, no pude evitar sonrojarme. Se sentía tan… tan bien. Creo que este sentimiento se llama felicidad. Mamá sonreía y apretaba más su mano con la mía, caminábamos a paso lento. Ninguno de los dos pronunciaba ni una palabra. El silencio era acogedor, tranquilizante, delicioso. No evite mirar el cielo azul, la fresca brisa rozaba mis mejillas ruborizadas, se escuchaba el agua golpearse con las piedras.
"Este lugar es de ensueños. ¿El Edén?"
Al final del sendero se hallaba un jardín lleno de flores con múltiples colores, pequeñas mariposas revoloteaban en estas.
Quería, salir corriendo, revolcarme encima de aquellas flores, sin embargo mamá me detuvo sujetándome de un brazo. Se agachó paulatinamente quedando a mi altura. Otra vez sentí que mi cara se quemaba. Me sonrió, acarició mi cabeza con una de sus manos.
Acercó pausadamente su boca a mi oído y susurró unas palabras que no logré entender, me abrazó con fuerza. No entendí muy bien aquella acción. Se alzó, volvió a sonreír y comenzó a caminar hacia aquel fantástico jardín. Quería correr tras ella. Quería sentir su mano entrelazada con la mía. Quería sentir otra vez ese calor. Pero por más que corría no podía alcanzarla. Era inútil. Se detuvo, volteó.
-"Aun no mi pequeño, aun no estas listo…aun no".
Al terminar de pronunciar esas palabras, una brillante lágrima recorrió su blanca mejilla… cuando terminó de caer la cristalina lágrima… Mamá se esfumo.
Desperté agitado, sudado, asustado. Los rayos dorados del sol chocaron con mis ojos irritándome. Demonios, ¿acaso no puedo tener un maldito tiempo de tranquilidad?. Me dirigí al baño, abrí la llave con pereza. Entré en la tina, cerré los ojos. Sentía la deliciosa agua fría recorrer cada parte de mi ser. Se sentía tan bien la sensación. No recuerdo muy bien cuánto tiempo estuve bajo la fría agua relajándome, pero salí más calmado, menos molesto. Me coloqué una incolora toalla en la cintura y con otra me secaba el cabello. Al quitarme la toalla de la cabeza me encontré con una visita que no esperaba.
-"¿Qué haces tú en mi habitación?".
Dije con un tono de enfado. Como odiaba que Itachi entrara sin permiso. Mi dormitorio era el único lugar en que me sentía cómodo. No había ningún lugar que me acogiera tan bien como mi habitación.
Me miró, y me dedicó una de sus sonrisas más seductoras. Fijó su mirada en el techo, mientras colocaba sus manos detrás de su cabeza.
-"¿Cómo te fue?".
Esa pregunta en mi cabeza recordó todo lo sucedido la noche anterior, por algunos minutos ella había abandonado mi mente, pero en ese instante todo volvió como si un relámpago hubiera golpeado mi mente. Todo regreso a mi, todas sus facciones delicadas. Lástima que no me dijo su nombre. No es que vaya preguntando los nombres de las personas que me tope por el camino, si no que sentí una gran curiosidad de saberlo. Sin querer recordé sus brillantes y rozagantes labios, su blanca y tersa piel como la nieve que cae en los fríos días de invierno. Volví a sentir ese cálido fuego dentro de mí. Esa sensación, me hacía sentir vivo, me hacía sentir que yo si existía, me hacia sentir tan… tan bien.
De pronto el rostro de mamá apareció sin poder evitarlo. ¿Ella me recordaba a mamá? Me senté en la cama dándole la espalda a Itachi.
-"Soñé con mamá".
Posteriormente de terminar aquella frase un silencio frío, apático y escalofriante nos embargó. La palabra "mamá" u otro sinónimo, era una palabra tabú para Itachi y papá.
Después de su muerte nadie se atrevió a recordarla, ni una foto había de ella… nada, absolutamente nada.
Itachi no me preguntó sobre mi extraño sueño, al parecer para él fue como si lo que hubiera dicho se lo llevara el viento. Se levantó para salir de la habitación y antes de que se marchara noté su rostro. Su expresión había cambiado. Era nostálgica y triste. Me recosté cerrando los ojos, yo al igual que él la extrañaba mucho.
"Pero ya no se podía hacer nada."
Ella ya se había ido y yo, seguía allí lamentándome. En este momento lo único que me interesaba era encontrar a aquella muchacha, preguntarle su nombre. A pesar de que era algo tan difícil hallarla, después de todo asistieron más de 200 personas a aquella fiesta. Suspiré resignado. Al parecer seria difícil encontrarla.
"Sin embargo me encantan los retos y más si son casi imposibles."
