Capítulo 4- Heridas
Ya había pasado una semana desde aquel incidente con su hermano.
Natsu se encontraba en su despacho, recostado cómodamente en un viejo sillón, leyendo uno de los libros de su biblioteca personal.
Aquel lugar era como su refugio, donde permanecía encerrado casi todos los días, teniendo el mínimo contacto con su familia, únicamente los veía cuando todos se sentaban juntos en el comedor.
Quería aislarse lo más que pudiera durante su estancia en ese infierno. Contaba las semanas
faltantes para que Gray estuviera unido en matrimonio, y así, poder marcharse para
siempre. Era absurdo llevar una vida de esa manera.
Desde el momento en el que había abandonado su hogar, su existencia había perdido sentido.
Sus sueños e ilusiones se habían esfumado, pero aun así, el no se atrevía a acabar con su vida.
Prefería pensar que el destino se encargaría de eso.
Meditaba mientras sostenía un libro en sus manos, el cual ya no era su centro de atención desde hacia varios minutos.
Suspiro con resignación, para luego, continuar con la lectura que había abandonado con
anterioridad, pero al poco tiempo fue distraído nuevamente al sentir la calidez de unos brazos
sobre su cuello.
-Veo que aun no pierdes la costumbre de pasar muchas horas leyendo- dijo la recién llegada.
-Y tú no pierdes la costumbre de interrumpirme de "esa manera"- contesto el muchacho con una
sonrisa arrogante.
-A veces es bueno recordar viejos tiempos.-
-Parece que ni siquiera tengo privacidad en este lugar. Espero que estés aquí para algo de verdad
importante, Lisanna.-
-Necesitamos hablar.-
Sin más, la aludida tomó asiento frente al joven para iniciar la conversación.
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Lucy suspiro con cansancio, cerrando de golpe el libro que leía sobre el escritorio. Le resultaba
difícil concentrarse, y no se debía precisamente a ninguna interrupción, sino a todas la preocupaciones que había en su mente, sobre todo, la que le provocaba ver el semblante triste
de Gray.
Sabía el motivo de ese estado de ánimo, y también sabía que no lo olvidaría tan fácilmente
aunque ella misma se lo pidiera. Se sentía impotente al ver así a su prometido, y aunque le causaba rabia, no podía culpar a Natsu, ya que también se daba cuenta de la tristeza de este.
Al principio, le parecía una persona dura y cruel, pero no podía negar que su extraña personalidad le atraía, queriendo indagar más en el. La expresión de ese muchacho era fría, pero en ocasiones, sus ojos parecían transmitir un poco sus sentimientos, y era cuando ella se daba cuenta de que solo era una máscara para protegerse ante los demás.
La rubia estaba algo confundida, ya que sin ninguna razón, comenzaba a fijarse en ese
hombre. Sacudió un poco su cabeza, negándose a comenzar con reflexiones que terminaban confundiéndola más, como sucedía en días anteriores.
Decidió que lo mejor era ir junto a Gray, por lo que, segundos después, la joven se levanto de su asiento para dirigirse al sofá donde permanecía ensimismado el menor de los hermanos, se sentó a su lado para luego comenzar a acariciar su rubio Negro.
-¿Hasta cuando piensas seguir así?-
-Lo siento.- respondió Gray sonriendo con tristeza.
-Es que no puedo dejar de pensar en lo que le sucede a mi hermano.-
-No deberías preocuparte tanto por algo que no puedes solucionar.-
-Puede que tengas razón, pero es mi hermano después de todo, y quiero ayudarle.-
-Su problema es que es demasiado arrogante.-
-Eso es porque nunca le ha gustado admitir cuando necesita ayuda, pero a mí no puede engañarme. Yo se que en realidad el no es así.-
-Pues yo aun pienso que su actitud es bastante molesta.-
-Lo que él necesita es amar y ser amado. Ojalá pronto pueda experimentar el maravilloso sentimiento que tengo cuando estoy contigo.-
-Lo dudo.- dijo Lucy entre una pequeña risa - Recuerda que él es de las personas que jamás se enamora.-
-Nadie es capaz de vivir sin el amor de otra persona, y eso es algo que deseo que mi hermano compruebe.-
-No vas a dejar de intentarlo ¿cierto?-
-Haré cualquier cosa para que mi hermano sea como antes.- dijo el muchacho mientras se levantaba de su asiento para dirigirse hacia el teléfono -Aunque para eso, tal vez necesite la ayuda de alguien más.-
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-Ya veo- expresó Natsu con indiferencia -Así que Igneel está planeando desheredarme-
-Aun no sé los detalles, pero ten por seguro que no lo hará si vuelves a marcharte. Dice que no
puede confiar en alguien que no muestra ningún interés en el negocio.-
-¿Y por qué me dices todo esto ¿Qué acaso no era esta la oportunidad que esperabas? Lo único que se interponía entre tú y la empresa era yo, y si me voy, todo será tuyo.-
-Entonces ¿en verdad no te importa?-
-Desde un principio estuve dispuesto a renunciar a todo. Lo sabes bien.-
-Aun así, no quisiera que perdieras de esa manera lo que te pertenece.-
-Como esposa de mi padre tienes tanto derecho como yo.-
-Aunque… en realidad me hubiera gustado obtener todo esto… como esposa tuya.-
El peli-rosa abrió bastante los ojos debido a la sorpresa que le causo el comentario, después, suspiro con pesadez y dirigió su vista al suelo.
-Ya no digas cosas que no tienen sentido. Sabes que no hubiera podido ser de esa manera, por eso tomaste tu propia decisión.-
-Y por lo que veo nunca me lo perdonaras. ¿Por qué no podemos olvidar el pasado, y hacer que todo sea como antes?-
-Porque eres una mujer casada ahora.-
-Pero… eso no evita que tú aun me ames.-
-¡Cállate!- gritó Natsu exasperado por aquella dolorosa realidad.
Ambos permanecieron en silencio algunos minutos, evitando mirarse uno al otro, hasta que ella decidió retomar la charla.
-Natsu… conoces mi vida, y también mis razones. ¿Por qué aun no puedes perdonarme?-
-Ese es nuestro problema ¿sabes? Los dos somos demasiado egoístas. Tú no quieres
renunciar al cómodo estilo de vida que te da Igneel, y yo, jamás he estado dispuesto a
compartir a una mujer. Ahora vete. Quiero estar solo.-
Resignada, Lisanna dio media vuelta para salir, no sin antes dirigir una última mirada a su antiguo
amante, quien permanecía cabizbajo y con una expresión dura en su rostro.
Después, la joven cerró la puerta tras de sí, dejando al muchacho sumido en sus
pensamientos.
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Esa misma noche, el ambiente durante la cena era mucho más tenso que en días anteriores.
Nadie de los que estaban presentes decía una sola palabra, y sumado a eso, el mayor de los hermanos estaba aun más deprimido. Gray solo se limitaba a mirarlo con preocupación, llamando la atención de Lucy, a quien de vez en cuando le dirigía una sonrisa triste, tratando de hacerla sentir un poco más cómoda, pero difícilmente lo lograba.
Después de terminar sus alimentos, Gray se disculpo y se retiro a su despacho junto con su
prometida, y segundos después, Natsu hizo lo mismo, haciendo notar el desagrado que le
causaba estar a solas con Lisanna y su padre.
El primogénito de los Dragneel corrió directamente a encerrarse a su habitación.
El tiempo transcurría mientras él seguía dándole vuelta a todos sus problemas y frustraciones.
Era sofocante. Ni el mismo pudo soportar estar más tiempo así, en esas cuatro paredes, ahogándose en los recuerdos de sus días felices, atormentándose con los momentos en que su mundo se derrumbo.
Fue entonces cuando decidió salir a tomar un poco de aire. Al salir de su recamara, se sorprendió al
encontrar a la novia de su hermano caminando por el pasillo.
Las miradas de los jóvenes se cruzaron, después pasaron uno junto al otro. Lucy iba a
encontrarse nuevamente con Gray, hasta que sorpresivamente, Natsu la detuvo.
-¿Tienes… un momento?- cuestiono el peli-rosa, haciendo que ella se sorprendiera -Me gustaría
hablar contigo- aclaró después.
La chica asintió, luego, siguió al muchacho hasta su cuarto de estudio. Una vez adentro, este último cerró la puerta tras de sí.
-¿Deseas beber algo?- preguntó el tratando de romper el hielo.
-Solo un poco de agua-
-De acuerdo. Mientras tanto, siéntate. En seguida regreso.-
El peli-rosa se dirigió a su escritorio, que estaba a unos cuantos metros, en tanto la joven se
acomodo en uno de los asientos.
Mientras esperaba, algunos papeles que se encontraban en una pequeña mesa llamaron la
atención de Lucy. Cuidadosamente tomó uno de ellos, leyendo lo que parecían ser poemas de amor. Las hojas se veían algo opacas y arrugadas, por lo que dedujo que debían ser de varios años atrás.
Segundos después, el mayor de los hermanos llegó hasta donde lo esperaban, frunciendo el ceño al ver a la chica con el documento en las manos.
-¿Los has leído?-
-Lo… lo lamento-
-Ya no importa.-
-Me imagino que… los has escrito tú.-
-Sí, es verdad.-
-Son hermosos. Realmente tienes talento.-
-Son tonterías que escribí hace mucho tiempo.-
-No deberías decir eso. De verdad son muy bellos. Hasta es difícil pensar que tú los has
hecho.-
-Esos poemas, los hice cuando estaba en la universidad. ¿Sabes? Cuando eres joven, cometes muchas estupideces, y crees ciegamente en los demás. Y… pasan cosas que te hacen despertar a la realidad. Te hacen ver que las cosas no son como las imaginas. Es cruel, pero la verdad es, que nadie está preparado para el momento en el que otra persona le falla. Cuando la persona a la que amas… destruye tus sueños.-
La rubia miraba a Natsu llena de confusión, mientras este sonreía con amargura y llevaba
una mano a su frente. Después, tomó los papeles entre sus manos, para luego, sacar un encendedor de su bolsillo, exponiendo los papeles al fuego y tirándolos a una pequeña chimenea.
El rostro de la chica reflejaba aun más desconcierto, detalle que no fue ignorado por su acompañante, quien continuaba con esa amarga sonrisa.
-Esto es estúpido. Ni siquiera sé porque te estoy contando a ti esto. Lo siento. La razón por la
que quería hablarte, es porque estoy preocupado por Gray.-
-Entonces, es con él con quien deberías hablar.-
-Ya lo hemos hecho, pero parece que en lugar de hacer que se olvide de todo esto, solo le doy
más preocupaciones.-
-Es cierto. El no soporta ver el estado en el que te encuentras.-
-Tal vez lo mejor sea que me vaya ahora.-
-Si haces eso, lo único que lograras será ponerlo aun más triste.-
-Es por eso que yo… quisiera pedirte un favor. Será el único que te pida en mi vida.-
-¿De qué se trata?-
-Haz que Gray se olvide de mí. Hazlo tan feliz que se olvide de que existo. Convéncelo, haz que me odie si es necesario, pero ya no quiero que el sufra por lo que me pasa.-
-¿Te das cuenta de lo que me pides?-
-Estoy hablando muy enserio. Cuando me vaya ya no regresare, y no quiero… hacer sufrir a mi
pequeño hermano.-
Lucy permaneció unos segundos en silencio.
Sentía que algunas lágrimas se escaparían de sus ojos. Le dolía lo que estaba sucediendo, y más aún porque comprendía los sentimientos de Natsu.
Era doloroso pensar que el sufría de esa manera, cuando ella lo consideraba egoísta y cruel.
Decidió recuperar la cordura, y esconder su turbación para continuar hablando.
-¿Por qué has tomado esa decisión ¿Por qué no puedes pensar un poco en los sentimientos de
Gray?-
-Te mentiría si te dijera que no me sentiría tranquilo al alejarme, pero por quien más hago esto, es por Gray. Si yo no me alejo, el seguirá preocupándose por mí, y no quiero eso.-
-Yo… no se si deba hacer eso.-
-Piénsalo. Ahora vete. No quiero que tu también hagas que él se preocupe.-
Instantes después, la chica se levanto de su asiento y salió de la habitación. Al cerrar la puerta, avanzó unos cuantos pasos, luego recargo su espalda en la pared, llevándose ambas manos al pecho. Sentía un extraño dolor.
No sabía porque lo sucedido con Natsu le estaba afectando de esa manera.
¿Acaso se debía a la tristeza que eso causaría en Gray, o por haberse dado cuenta del sufrimiento de Natsu?
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A la mañana siguiente, un vehículo llegaba a la mansión Dragneel, descendiendo de él una joven mujer, que fue recibida gustosamente por el menor de los hermanos.
-Te esperábamos.-
-Muchas gracias, Gray.-
-Ha pasado mucho tiempo ¿verdad?-
-No puedo creer… que volveré a verlo.-
-Te aseguro que a él también le dará gusto verte. Anda, entremos.-
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En tanto, Natsu permanecía dormido en su habitación, hasta que su letargo fue interrumpido por su hermano, quien abría las cortinas del lugar, dejando entrar la luz solar, algo que causo molestia en el mayor.
-¿Qué demonios sucede, Gray?-
-¡Levántate, hermano! Debes bajar a desayunar.-
-¡No quiero! ¡Vete!- dijo Natsu mientras se cubría la cara con una almohada.
-¡Vamos hermano! ¡No seas caprichoso! Además, tengo una sorpresa esperándote abajo.
-¿Sorpresa? ¿A qué te refieres?- cuestionó el peli-rosa con fastidio.
-Te espero en el recibidor. Ahí lo veras.-
Luego de aquel breve momento, Gray salió de la recamara, mientras su hermano se alistaba para reunirse a desayunar.
Minutos después, el muchacho bajaba las escaleras, doblando las mangas de su camisa y maldiciendo aun el hecho de que no le permitieran dormir más.
Al llegar al recibidor se paró en seco, al ver que Gray le esperaba con Lucy, y otra persona más.
-¡Juv- Juvia!- exclamó Natsu sorprendido
-¡Cuánto tiempo sin vernos… Natsu Dragneel!-
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