Supongamos que no merece la pena
El escritor y sus delirios
4. Innecesario.
Todo lo que hace la gente es tan... no sé... no erróneo, ni siquiera malo, ni estúpido necesariamente. Pero sí tan pequeño y sin sentido y... que inspira tristeza (Franny and Zooey, Salinger)
Podría hablar de muchas cosas. Es cierto que hace tiempo que no lo hacemos, no como antes. Podría contarte, por ejemplo...
Supongo que lo has hecho alguna vez. Acabas de comprar un regalo para alguien, quizás alguien importante, y le arrancas el precio. Todos lo hacemos así ¿no? Nunca he sabido qué pasa si lo dejas. Me pregunto si eso cambiaría su valor. Me pregunto esa clase de estupideces todos los días.
Hablando de regalos. La vida es un regalo. Quiero decir, me preguntan por qué soy feliz, como si tuviera que ser de otra manera. Como si hiciera algo anormal. Como si hubiésemos encontrado el precio, tirado en la basura, y ya nunca más fuera a valer lo mismo.
¿Sabes que te digo? Cada día doy las gracias por vivir, simplemente por eso.
Estás en tu derecho. Podría dejar de escribir, te diré que cada vez disfruto menos. Podría decirte que... estoy cansado. Es cierto. De este mundo al revés me he cansado y es mi derecho cansarme si quiero. Pero aquí sigo, escribiendo.
Canta tus letras tristes. Yo sigo con mis cartas a nadie. Mójate los dedos con el miedo. Y mételos en la boca, para comerlo.
Y... escribe más letras tristes.
Di, por ejemplo, que podrías hablar de muchas cosas, pero si tuvieras que escoger un tema, sería que no te apetece hablar. No como antes.
O que la vida es un regalo.
