Capítulo 3: Soft Breeze
-¡Espérame!
Una niña de unos diez años, de cabello rubio y rizado, corría tras un niño de su misma edad, quién era demasiado rápido para ella. Y no sólo se debía al hecho de que el vestido rosa con lacitos que llevaba puesto era muy incómodo, también era que aquel chico era el más rápido del barrio, cosa natural, ya que era el menor de una familia muy numerosa y había tenido que aprender a sacar toda la velocidad que podía para adelantar a sus hermanos mayores en su vida diaria (cosas como, por ejemplo, coger el mando de la tele, servirse los cereales buenos o ser el primero en ocupar el cuarto de baño por la mañana).
-¡Eres una lentorra!- replicó el chico desde lo alto de un tobogán, en cuyo rostro se dibujo una sonrisa de triunfo al ver que su compañera quedaba mucho más atrás. El chico vestía con unos pantalones medio rotos y una camiseta de un equipo de béisbol desgastada. Las puntas de su rebelde cabello castaño se movían mecidas por la suave brisa de primavera que soplaba sobre aquel parque de Boston.
Cuando la niña alcanzó el tobogán en el que estaba su amigo, este se dejó caer por la rampa.
Sus ojos azules se clavaron en los verdes de ella.
-¡Mal educado! ¡Esa no es manera de tratar a una señorita!- le reprochó la chica.
-Tú de señorita no tienes ni un pelo, aunque tu madre se empeñe en vestirte así los domingos.
La chica soltó un suspiro de exasperación.
-No se cuando se dará cuenta de que ya soy mayor para decidir que vestir.
El chico rió el comentario de su amiga. Normalmente, la chica solía comportarse cómo un chico más, por muy mal que lo vieran sus progenitores. Era una niña rebelde y enérgica.
Y por eso mismo, aquel veloz chico, que años después se convertiría en uno de los nueve miembros de un equipo de letales (y pirados) mercenarios, disfrutaba tanto de la compañía de aquella niña.
Llevaban siendo amigos desde que ambos tenían uso de memoria. Ambos se habían criado en el mismo barrio, aunque la familia de ella era más rica y menos numerosa que la de él. Aquel domingo para ellos sólo era uno más de los numerosos que habían compartido juntos.
También sería el último.
Ambos chicos estuvieron jugando hasta bien entrada la tarde. El vestido de ella se llenó de barro, pero no le importaba la reprimenda que con total seguridad le echaría su madre, quien quería convertirla en una señorita refinada, cuando volviera a casa. Merecía la pena aguantar los castigos mientras pudiera disfrutar de aquellas tardes con su mejor amigo.
Cansados, ambos se sentaron, cada uno en un columpio. La chica comenzó a balancearse y a cantar con voz casi angelical:
Somewhere over the rainbow
Way up high,
There's a land that I heard of once in a lullaby.
Somewhere over the rainbow
Skies are blue,
And the dreams that you dare to dream
Really do come true.
Someday I'll wish upon a star
And wake up where the clouds are far
Behind me.
Where troubles melt like lemon drops
Away above the chimney tops
That's where you'll find me.
Somewhere over the rainbow
Bluebirds fly.
Birds fly over the rainbow.
Why then, oh why can't I?
If happy little bluebirds fly
Beyond the rainbow
Why, oh why can't I?
-Buuu, que canción más cursi- abucheó Scout una vez su amiga terminó la canción, pese a que la había escuchado completamente embelesado. La niña le sacó la lengua.
-Al menos no soy yo la que tiene amigos imaginarios- le reprochó esta.
Scout se puso rojo como un tomate.
-¡Hace dos años que dejé esas chorradas, Jackie! Ya soy mayor para eso.
La chica rió, pero a Scout la broma no le había hecho mucha gracia.
Scout no tenía ningún amigo real aparte de ella. El chico no era precisamente popular en el colegio. De hecho, su cuerpo enclenque y delgado, junto a su ropa vieja y desgastada, heredada de sus hermanos mayores , era motivo de burla. Pese a todo, ya desde pequeño, Scout era un tanto arrogante, lo cual a veces desquiciaba a profesores y alumnos, y si los matones no le pegaban era porque nunca lograban alcanzarle. Para colmo de males, "Jackie" estudiaba en un colegio privado y tenía clases de canto, violín y otras chorradas más que a ella ni si quiera le gustaban, por lo cual apenas se veían entre semana. Su relación con sus hermanos tampoco era de lo mejor y su madre tenía que dejarse la piel trabajando todo el día para que todos pudieran comer.
Aún así, Scout tenía a alguien que escuchaba todos sus problemas, aunque ese alguien no era real. Y aunque le había dicho a Jackie que hacía dos años que ya no tenía amigos imaginarios, lo cierto es que había hablado con él la noche anterior.
Su amigo imaginario era un hombre de unos treinta años, quizás menos, que vestía de jugador de béisbol. No era muy hablador, pero le escuchaba con interés. A veces, desaparecía y no volvía a verle hasta pasados unos días. Cuando le preguntaba a dónde se marchaba, el respondía que había ido a "purificar el mundo", por lo que Scout tenía asumido que era un superhéroe.
Jackie sabía desde tiempo atrás que Scout tenía un amigo imaginario, y a veces usaba aquello para tomarle el pelo. Pese a todo, sabía que era un asunto delicado y que otros niños podían usarlo contra él, así que siempre procuraba gastarle la broma cuando no hubiera nadie cerca.
El Sol empezaba ya a ponerse en el cielo Boston. Scout dio un largo bostezo.
-Vaya, se está haciendo tarde...- dijo Jackie tras mirar la posición del Sol en el cielo.- Debería volver ya, o madre se enfadará más aún.
-Tienes razón- concordó Scout.- Marchémonos ya. Estas calles no son adecuadas para que una señorita elegante ande sola por la noche- añadió en tono burlón.
-Ni tampoco para los bebés con amigos imaginarios- replicó esta.
Ambos amigos se miraron a los ojos y comenzaron a reír a carcajadas. Pero de pronto un chillido de terror resonó por el parque, cortando sus risas.
-¿Qué ha sido eso?- preguntó Jackie asustada. Scout se puso delante de ella para protegerla.
Un hombre gordo y calvo, de apariencia ricachona, corría aterrado desde la entrada por el camino que llevaba a la zona de juegos, donde se encontraban ellos.
-¡Déjame en paz!- gritaba el desquiciado hombre a la nada. El hombre se llevó las manos a la cabeza.-¡No! ¡Yo no tengo la culpa de nada!
Los dos niños miraron al hombre aún más asustados, pensando que era un loco que se había escapado del manicomio. El hombre se fijó en ellos y en un rápido movimiento agarró a ambos con su enorme brazo por el cuello.
-¡LÁRGATE O LOS MATO AQUÍ MISMO!- gritaba el hombre, completamente fuera de sí.
Ambos niños empezaron a gritar pidiendo ayuda, pero el parque estaba prácticamente vacío, salvo por el viejo cuidador, que al ver la situación había salido corriendo a avisar a la policía, o eso era lo que los niños esperaban. El hombre, al ver que gritaban, les apretó un poco más.
"No te pasará nada, te lo prometo"- oyó decir Scout en su cabeza a una voz familiar.
-¿Bat?- preguntó el chico con un hilo de voz, dado que el gordo brazo del hombre apenas le dejaba respirar.
Frente a él apareció su amigo imaginario, mirando con frialdad al hombre que sostenía a ambos niños.
"Es el momento de pagar por lo que hiciste"
-¡Yo no he hecho nada! ¡ Déjame en paz!- rogaba el hombre atemorizado, sacudiendo su cabeza de un lado a otro.
Scout estaba confundido, ¿podía aquel hombre ver y oír a su amigo imaginario?
"Bat" avanzó hacia el hombre, quién miraba de un lado a otro. Scout supuso que en realidad no podía verle, solo oír su voz, porque en caso contrario hubiera seguido corriendo.
En ese momento, se oyó la sirena de un coche policía.
-¡Suelte a los niños y levante las manos!- gritó un agente que llegó corriendo, apuntando al hombre con una pistola.
-¡NO!- replicó el atemorizado secuestrador.- ¡Usted no lo entiende! ¡Si los suelto me matará!
-Repito: suelte a los niños- ordenó el policía.- No haga esto más difícil.
El hombre no aguantó más la tensión y salió corriendo, cargando con Scout y Jackie. Los siguientes momentos fueron confusos para ambos niños. Finalmente, tras un tiempo que ninguno de los dos podía determinar, el hombre los soltó: estaban en el interior de un edificio abandonado, donde ambos solían ir a jugar, bastante cercano al parque. Los dos amigos aprovecharon para coger todo el aire que no habían podido respirar.
-No os quiero hacer daño- dijo el hombre seriamente, mientras bloqueaba la puerta con varios trastos, entre ellos un armario bastante grande.- Os prometo que si os quedáis aquí callados os haré una tarta en cuanto salga de este lío.
Una vez hubo bloqueado la puerta, el hombre se dejó caer al suelo y comenzó a llorar. Ambos niños le miraron sin saber que decir.
-¿Qué he hecho?- decía entre sollozos mientras contemplaba a los dos niños, que estaban tan asustados y confusos como él.- Ahora soy un secuestrador, un criminal...mi vida está arruinada...
Jackie se acercó a aquel hombre, pese a que Scout trató de detenerla, se arrancó uno de los lazos del vestido y se lo tendió como si fuera un pañuelo.
-Gracias, jovencita- dijo este mientras se sonaba, haciendo un ruido similar al de un elefante.
-Dígame señor, ¿por qué nos has secuestrado?- preguntó Jackie con curiosidad. Al ver derrumbarse a aquel hombre, había pensado que quizás no era tan malo.
-No era mi intención- respondió el hombre con la voz entrecortada- hay una cosa que lleva todo el día persiguiéndome. Oigo su voz en mi cabeza, me dice cosas horribles vaya a donde vaya y... tengo miedo- el hombre rompió a llorar de nuevo.
Scout miró al hombre con desconfianza: sabía que quién le había seguido era "Bat", y este era un superhéroe, así que aquel hombre debería haber hecho algo muy malo. Al fin y al cabo, "Bat" había dicho que había llegado el momento de que pagara por sus crímenes.
"No puedes huir"
"Bat" apareció de la nada en aquella habitación. El secuestrador se puso de pie de un brinco al oír su voz y comenzó a mirar de un lado para otro.
-¿Por qué me persigues?
"..."
"Deberías saberlo..."
"¿No reconoces mi voz?"
El hombre enmudeció uno instantes, y con temblorosa voz dijo:
-No...no tengo ni idea de lo que estás hablando...
"Lo has olvidado, ¿verdad?"
"Nos conocimos hace diez años"
Scout lo miró a "Bat" confundido, ¿cómo era posible que su secuestrador y su amigo imaginario se conocieran?
-No sé de que estás hablando, pero si ya han pasado diez años... ¡¿Por qué me atormentas ahora?!
Durante un segundo, a Scout le pareció que una fugaz, pero cruel sonrisa se dibujaba en el rostro de su amigo.
"Nunca es tarde para purificar el mundo"
-¡Bat!- exclamó el niño de pronto, Jackie y el hombre le miraron, la primera extrañada extrañada y el segundo más aterrado aún al darse cuenta de que aquel chico conocía la criatura que le perseguía- ¿qué es lo que ha hecho este hombre?
"Bat" le miró fijamente, y Scout supo que tenía sus ojos clavados en él pese a que los ocultaba su gorra. Un escalofrío le recorrió.
" Es una historia muy larga"
"Limitate a quedarte al margen"
"No sé cómo te has visto involucrado"
" Pero no te preocupes: no te haré daño"
Entonces se oyó un fuerte ruido, algo le golpeó en la cabeza y todo se volvió negro.
Cuando Scout abrió los ojos, lo primero que vio fue el rostro de su madre.
-¿Mamá?
El niño se incorporó y su madre le abrazó con fuerza.
-Oh mi niño, estás bien- lloraba la mujer de alegría.
Scout miró a los lados: estaba en la cama de una habitación de paredes blancas y llena de artilugios que no tenía ni idea de para que eran. Le habían clavado un tubo de algo conectado a una especie de saco de plástico al brazo. Sin duda alguna, se encontraba en una habitación de hospital.
Tenía una sensación extraña en la frente, así que se llevo la mano ahí y comprobó que la tenía vendada.
-¿Qué ha pasado?- quiso saber.
Su madre le soltó, le miró a los ojos y dio un largo suspiro antes de decir:
-La policía nos ha contado que siguieron el hombre que os secuestró a ti y a Jaqueline. Cuando llegaron al edificio donde os retenía, encontraron que la puerta estaba bloqueada y tuvieron que echarla abajo- explicó la mujer.- Un fragmento de algo te golpeó la cabeza y te desmayaste. Dos de los agentes te llevaron al hospital más cercano y tras identificarte, me llamaron- hizo una pausa y añadió, antes de echarse de nuevo a llorar y abrazarle,- me has dado un susto de muerte, pero estás bien. Mi pequeño esta bien. Ya ha pasado todo...
Disfrutó un momento del largo abrazo de su madre antes de preguntar lo que en verdad le preocupaba.
-¿Dónde está Jackie?
Su madre palideció. Varias veces movió los labios tratando de decir algo, pero las palabras no le salían. De pronto rompió a llorar una vez más, pero esta vez no era de alivio o felicidad.
-¿Qué ocurre mamá?- preguntó alarmado y asustado.- ¿Dónde esta Jackie? ¿Qué le ha pasado?
-Cielo...- dijo la mujer con el aliento cortado.-Ella...Jackie... ya no está entre nosotros...
Scout se había quedado a solas. Llevaba horas mirando al techo, intentado asimilar lo que su madre le había contado...intentando asimilar que nunca volvería a ver a su mejor amiga.
Después de que la policía echara abajo la puerta, el hombre salió corriendo escaleras arriba, agarrado fuertemente a Jaqueline. Los agentes le persiguieron hasta que le acorralaron en la azotea y entonces el hombre, sin soltar a la niña, saltó.
Ambos murieron en cuanto chocaron contra el suelo.
-Me mentiste- dijo de pronto el chico.
"Bat" apareció a su lado.
"Te dije que no te iba a hacer daño, y no lo he hecho"
-Por tu culpa Jackie está muerta. Si no hubieras llevado a aquel villano al parque...
"..."
"Yo no pretendía..."
-No me valen tus excusas. Se supone que eres un héroe, ¿o no? Deberías de habernos salvado a los dos- "Bat" no respondió.-Lárgate. No quiero verte nunca más- le rogó el chico.
"Pero..."
-Por favor.
"Esta bien, me iré..."
"... pero volveremos a vernos"
-Ese fue el último día que vi a los dos únicos amigos que tuve en la infancia- contaba un Scout de veintitrés años a sus compañeros de equipo. Estos le miraban, compadecidos por la traumática experiencia que sufrió cuando era tan joven.
-¿Y qué pasar luego?- preguntó Heavy, hablando por todos.
- Después de salir del hospital la policía me interrogó y conté todo lo ocurrido con pelos y señales- siguió relatando Scout.- Naturalmente, no creyeron nada que involucrara a un amigo imaginario. Me llevaron al psicólogo y, tras semanas de terapia, me convencieron de que "Bat" nunca había existido y que le eché la culpa a algo ficticio porque mi mente infantil no entendía nada de lo que había ocurrido.
-¿Y te quedaste completamente sólo?- preguntó Sniper, quien no tenía tacto alguno.
-No. Es curioso, pero ser víctima de un secuestro hizo que la gente de pronto comenzara a interesarse más por mí- respondió este.- Recibía un mejor trato por parte de mis compañeros de clase y los profesores, e incluso encontré algunos a los que podía llamar amigos, pero nunca encontré ninguno al que apreciara ni en el que confiara tanto como Jackie.
-"Hasta que os conocí"- añadió en su mente, pero no llegó a pronunciar las palabras.
-Entonces, ¿crees que es ese tal Bat quién se ha colado en Pyrolandia?- supuso Engineer.
-Es probable, ¿no? Al fin y al cabo, él dijo que volvería, y ayer le vi en dos ocasiones...- respondió Scout.- Pero no sé porque no me ha hablado: en el pasado fuimos amigos, al fin y al cabo. Al menos debería explicarme porque ha vuelto.
-Esto es absurdo- opinó Soldier.- !Los amigos imaginarios son ñoñerías y no existen!
Globocornio le dijo algo a Pyro, y este se lo comunicó a Engineer.
-De parte de Globocornio: que te jodan con un cuerno de mamut- le transmitió el texano.- Pero los mamut no tienen cuernos, sino colmillos...
-A lo mejor en Pyrolandia tienen mamuts con cuernos y colmillos- comentó Sniper en tono de burla. Pyro asintió, confirmando lo que había dicho el australiano. Tras una breve pausa, el resto del equipo rompió a reír.
-No he pillado nada...- murmuró Wheatley.
-En fin, creo que va siendo hora de ir recogiendo nuestras pertenencias- dijo Medic.- Ya seguiremos indagando en este asunto más tarde.
El resto del equipo asintió y se dirigieron cada uno a sus respectivas habitaciones.
-Dime, todo esto de la canción "over the rainbow", ¿está detrás de tu trauma con los arcoiris?- preguntó el francés a Scout, con cierta malicia, mientras ambos empaquetaban sus cosas.
-¡Que te he dicho mil veces que los arcoiris no me hacen llorar, pedazo de gilipollas!- le replicó el bostoniano. Spy se echó a reír: era justo la reacción que esperaba.
Cuando terminó de reírse, comentó con seriedad:
-Tu madre nunca me contó nada de esto.
-Eso es porque le hice prometer que no se lo diría a nadie- respondió Scout.- No es un asunto del que me guste hablar, como entenderás.
-En cambio, nos lo has contado.
-Porque creí que os afectaba directamente: una sombra nos acecha en Pyrolandia, mi amigo imaginario que quiere salvar el mundo vuelve a aparecer y luego ataco a Demo mientras estoy dormido- se encogió de hombros y añadió- todo encaja, ¿no?
-Entonces, ¿confirmas que fuiste tú quién atacó a Tavish?
Scout dio un largo suspiro antes de responder:
-Sí, pero no sé por...
De pronto Scout le entró mareo y se tambaleó, cosa que a Spy no le pasó desapercibida.
-¿Qué te ocurre?- le preguntó el francés. Antes de que el joven pudiera contestar, este de desplomó en el suelo. Spy se apresuró a acercase a él, preocupado, y le tomó el pulso, comprobando así que solo estaba inconsciente.
-¡MEDIC!- llamó el francés inmediatamente, y se giró para salir al pasillo a buscar al alemán, pero en ese instante, una mano le agarró por la espalda, deteniéndole en seco.
-No será necesario.
Spy se dio la vuelta. Scout se había levantado y le miraba con rabia. Antes de que el francés pudiera sacar un arma, el bostoniano le agarró del cuello, con una rapidez y fuerza que no era típicas en él.
Cuando las miradas de ambos se cruzaron, Spy supo que el que estaba frente a el ya no era su compañero.
