Capitulo 3
Esta es nuestra misión.
Habían pasado escasas dos horas en las que la tierra ahora se veía gobernada por las sombras. Gracias a la fuerza y al ahora sadismo de los caballeros dorados. Los templos de Hermes, Deméter, Artemisa, Afrodita, y otros habían quedado reducidos a cenizas. Todo esto ante la mirada llena de gozo del mismo tiempo.
- Esto es una masacre…. –
- Tranquilo, Hermes – la mano de ares se posó en su hombro – Aún quedan mis berseker y sé que ellos darán una gran batalla. –
Mansión Kido.
- ¡Caballeros! – la voz de Tatsumi resonó –
- ¿Qué pasa? – el primero en bajar las escaleras y estar cerca del mayordomo fue Shun –
- ¡Miren lo que está ocurriendo! - tomo el control remoto de la pantalla de la sala de estar y la encendió –
Todos miraron la pantalla.
- Es algo increíble y nos hace pensar en el fin de los tiempos –la voz de la periodista suena tensa y en sus ojos se puede notar el miedo que tiene al ver semejante catástrofe –Me encuentro en el centro de los Ángeles donde lo que está pasando es algo nunca antes visto…. Como pueden ver toda la ciudad se encuentra bajo una enorme capa de hielo, no sabemos si hay sobreviviente….
La mujer se desliza por lo que alguna vez fue una de las ciudades más transitadas. La reportera no tiene más de 30 años, sus ojos castaños se abren abruptamente mientras que de su boca sale un rio de sangre. El camarógrafo no deja de filmar pero al ver caer a la joven se ve una figura masculina acercándose.
- Oh dios mío no! – grita el hombre, está temblando se nota por la toma –
- Ese hombre es…. – Mad mira atónito –
- Sin duda es…. –
El hombre tiene los ojos del mismo tono que la nieve clara de Siberia, tiene puesto una especie de antifaz que cubre la mitad de su rostro, pero aun así sigue siendo el mismo. El mismo hombre que fuera el mentor, y como un padre para el que ahora poseía la armadura de acuario.
- ¡Es imposible! – mascullo - ¡Ese hombre murió el mismo día que mi maestro Milo, en el muro de los lamentos!
- Lo sé….
- Por piedad no lo haga! – todos voltean de nueva cuenta a ver la pantalla – Se lo suplico por amor de Dios!
- ¿Dios has dicho? ¿Cuál de todos esos arrogantes y pusilánimes Dioses van a salvarte?
- ¡No me mate!
- Veo que ya lo saben…. – una sonrisa gélida se dibuja en sus labios – Bien caballeros de Athena, Marinas de Poseidón y todo aquel que pelee por el estandarte de un Dios, nosotros las sombras del tiempo los retamos y los estaremos esperando en la sede de los asquerosos Dioses. El olimpo los espera si son capaces de enfrentarnos!
Dicho mensaje se pudo apreciar en cada hogar, en cada vitrina, en cada parte del mundo se pudo ver el mensaje de Camus. Quien después de decirlo, tomo un reloj de arena y le dio vuelta, no era muy grande y a decir, verdad tenía muy poco arena dentro.
- Hace 20 años un sujeto de nombre Mitsumasa Kido, ese hombre engendro a 100 vástagos que, según él, le traerían honor y gloria a su casa. Sin embargo el bastardo, decidió dejar de lado a sus hijos para enfocarse a criar a una mocosa malcriada y mal corazón, una bestia en traje de muñeca que tomaba lo que quería y lo desechaba de igual forma. Dichos hijos, bueno los pocos que sobrevivieron se volvieron caballeros de bronce, mismos que estarían dispuestos a dar la vida por la malcriada esa, pero…. En cuestión de 5 minutos… su vida cambiara.
Del otro lado. Y en la sala de la mansión.
- a que se refiere con eso? – Aria se acercó con porte elegante para luego girar el rostro y mirar al caballero de libra –
- se refiere a…. – el chino miro sus manos que parecían desvanecerse en el viento –
- ¡¿Qué está ocurriendo?! –
- ¡No!
- El reloj de kronos – susurro Shun – Ellos eliminaron el pasado… no… no puedo recordar a mi hermano Ikki ni tampoco a….
- Lo sienten ahora? En cuestión de solo 4 minutos más ustedes, nuestra mayor competencia dejaran de existir- abrió sus manos y sonrió – ustedes ya que – una esfera de hielo se comenzó a crear en su mano derecha – la pequeña Saori…. Jamás existió.
La noticia les cayó como un balde de agua helada. Por más que lo querían no podían recordar a Ikki. El mayor, después de un minuto, los recuerdos de Hyoga quedaron borrados al igual que los de Seiya. Cada segundo que pasaba era una completa agonía, pero al menos ya sabían a donde debían dirigirse.
- ¡Maestro! – grito Mad –
- Al parecer nuestro camino acabo – Hyoga tomo la mano de su alumno con fuerza – Ahora tu deber es cuidar de Athena, ella es nuestra vida no lo olvides…. –
- Maestro…. Hyoga…. – no pudo decir más, ya que el inmenso nudo en la garganta se lo impidió al tiempo que el cuerpo de Hyoga y los demás se volvía polvo en el viento –
En un lugar lleno de sombras.
El cuerpo desnudo de un hombre yace atado de cientos de cadenas….
…. Hace siglos solo un hombre fue forzado a cumplir tal condena.
En su rostro se muestra desencajado pero su fuerza no ha menguado en lo más mínimo.
- No pueden haberlo hecho…. No pueden …. –
- Pueden, y ya lo han hecho –
- Te prometo que en cuanto me libere te hare pagar y arrastrare tu cuerpo por los 7 infiernos –
La mujer se acerca sin pudor hasta a estar cara a cara con el hombre, lentamente pasa sus manos por el cuerpo del rubio. Quien aún atado y con los ojos vendados en un ademan de desprecio a la mujer, ladea el rostro para evitar el contacto.
- ¿Te haces el difícil? – pregunta sonriente – pero te prometo que te doblegaras ante mí.
- El viento puede soplar tan fuerte como quiera pero una montaña no se doblega ante él –
- Sigue cotizándote, engreído y te quitare algo más que tus ojos – rugió la mujer mientras que encajaba sus uñas en el rostro del rubio –
- Estúpida mujer, piensas que el poder de Athena se encontraba en mis ojos, pero sin ellos aun puedo creer y aun cuando arranques hasta mi último aliento mi fe hacia ella será la misma.
Mansión Kido.
Ya nada quedaba de los santos legendarios, nada salvo sus armaduras doradas. Mismas que ahora estaban en el lugar acomodadas e imponentes.
Carina tenía las manos cubriendo su rostro mientras que sentía la lagrimas correrle libremente por las mejillas ¿Por qué no podía recordarlo? ¿Realmente estaba pasando esto?
Ifrit entre trago y trago maldecía por el hecho de no poder hacer nada. Pasos más allá Mad estudiaba las rutas más eficaces y rápidas para llegar al olimpo.
- • ¿Iremos al olimpo? –
- Aun no lo sé, Lena…. – soltó el aire – creo que Aria se sentiría más segura si te quedaras –
- No seré un estorbo, prometí pelear y lo cumpliré –
El caballero de acuario alboroto el cabello del santo de Apus, de forma fraternal. Mad sabía muy bien que Lena de Apus, era el más novato de todos, jamás había peleado en una guerra y mucho menos se había enfrentado a rival alguno.
- Debo avisarles a mis bros –
- Ya he mandando a Nick al santuario, él se encargara –
- Aun así, no me siento bien al estar yo acá y ellos…. – suspiro – mejor hazte a un lado y déjame pasar, Aria! – aparta con fuerza al caballero Aries – uggg!
- Perdona – el cuerpo de Carina cae por sobre el brazo de la Aria, quien con tal de detenerla le asesto un golpe en el are hepática –
- ¡Hermana! ¿Qué has hecho? – Lena tomo a Carina en sus manos para ponerla sobre el sofá –
- Lena por favor no te metas – le dice fríamente -
- ¿Qué no me meta? – reta - ¡Por si no te das cuenta Aria estamos entrando a una guerra de la cual no estamos seguros de ganar! No podemos simplemente lastimar a los que tenemos de aliados.
Todos miran a la pequeña Lena, quien aun cuando es una neófita en el tema bélico, tiene el espíritu de los guerreros antiguos.
- Acabamos de perder a 4 de los más valientes caballeros, les debemos todo. Ellos dieron sus vidas por nosotros y nosotros las daremos por Athena. –
- Por Athena! – soltó Ifrit alzando su copa –
- ¡Por Athena! – gritaron todos al unísono –
Santuario de Athena.
Como un felino, el caballero de Arcor surcaba con una rapidez ultrasónica todo el lugar en busca de sobrevivientes. Pero no había nada, en las aldeas que rodeaban el santuario. No había nada, ni un solo ser. Cada hombre, mujer, niño y animal había sido eliminado de la manera más atroz que se pudiera pensar.
Paso sus manos por su cabello castaño sintiendo con esto un poco de liberación de tanta tención que tenía. ¿Quién habría cometido un acto tal vil? ¿Quién?
En eso estaba cuando, escucho unos pasos acercándose. Sacudió sus manos para liberar las garras de su armadura, y se preparó para el ataque. Sea quien sea, él no se dejaría ganar tan fácilmente. Se escondió detrás de una columna y espero….
Vio de reojo una sombra que se acercaba, mirando a todos lados. Nick tomo aire y cerró los ojos esperando el momento indicado….
… y lo encaro…
Con la garra derecha se abalanzó contra el intruso manteniéndolo contra la pared.
- ¿Quién eres? ¿Qué buscas en el santuario? ¿Por qué lo han hecho? –
- Wowowowowo espera! – le grito un joven de ojos rojos y cabello rosado – Soy Eo de Scilla y he sido mandado por mi señor Poseidón para advertirlos!
Nick lo soltó de mala gana haciendo que el chileno cayera de bruces al piso. Se limpió las manos y le hizo una seña con la cabeza.
- Si dices que has venido en son de paz, lo mejor es que nos apuremos a buscar sobrevivientes –
- Vaya modales, que tienen los caballeros de Athena – se quejó –
- Ah bueno, no lo sé yo apenas estoy haciendo mi servicio – sonrió de lado –
- Espera… esa armadura…. ¡Eres un dios guerrero de Asgard! – abrió los ojos tanto como pudo –
- En efecto, pero mi corazón esta con la señora Athena –
- Debe pagar bien, para que un dios guerrero deje sus filas y venga para acá. – sonriente se pasó las manos por detrás de la nuca y así las mantuvo por un largo rato –
Ambos llegaron a la cordillera que mostraba el santuario.
Apenas la subieron, vieron como todo el lugar ardía. Era algo tan nefasto y terrible. Aun se escuchaban gritos dentro de los pocos desafortunados que aún seguían con vida. A la velocidad del rayo bajaron para ayudar como fuera. Ahí se encontraron a un joven de cabello rubio oscuro junto a otro un poco más alto de cabello negro y aspecto salvaje.
- Ustedes traigan más agua nosotros entraremos a como sea! –
- Es imposible que mi mejor técnica no pueda apagar ese fuego – el menor se miró las manos intentando razonar por qué –
- Tranquilo, bro. Este fuego no es un fuego cualquiera y no puede apagarse con técnicas o con agua.
- Lyavain! Naiya! – les saludo mientras que de un salto llegaba a su encuentro –
- Nick! Gracias a Zeus al menos tu estas bien, no sabemos si…
- Carina se encuentra en Japón junto con los otros, Lena la obligo a ir….
- Por primera vez en su vida hace algo bien esa avecilla –
- TTTwTTT ella está a salvo pero…. – mira con tristeza hacia el santuario –
- Todo esto es por ese juego macabro –
- Hey tú no eres Eo de silla?
- De Scilla, y si lo soy – comento molesto –
- ¿De qué juego estás hablando? –
- Es mejor que nos vayamos a Japón donde están los demás, allá nos explicaran –
- No, Nick. – interrumpió Eo – debemos irnos hacia el olimpo, juntarnos ahora sería la muerte. Detrás de nosotros están las sombras de kronos –
- ¿Las sombras…. –
- ….De kronos? – preguntaron Naiya y Lyavain –
- Son…. – tomo aire – Son aquellos que una vez llamaron hermanos de batalla, aquellos que lo dieron todo y que ahora creen que los dioses les dieron la espalda.
- ¿Hablas de…?
- ¿Los caballeros dorados? –
El general marino asiente mientras que los demás se quedan pensativos. Solo quedan ellos. Dos caballeros de cientos que vivían en el santuario.
En alguna parte del oriente medio.
- Deténganlo! –
- No puede ser tan fuerte –
Los gritos de cientos de soldados se pueden escuchar a cientos de kilómetros. No solo sus gritos, sino también los disparos de ametralladoras, de los cañones de los tanques, provocando que la arena comience a dispersarse por todos lados.
Es un ejército de miles de hombres que mantienen sus armas de fuego apuntando hacia un punto. Una nube de pólvora y arena se cierne sobre todo el batallón. Provocando la ansiedad.
Los soldados muertos de miedo miran a un lado y al otro, ya que la nube se ha tornado de color rojo y los envuelve. Sus ojos arden, y sus gargantas lastiman. Es como si estuvieran sintiendo el aroma de algo picante. No pueden ver más allá de sus ojos pero ven que algo se acerca.
- ¡Es él! – grita uno abriendo fuego contra lo que tiene en su flanco derecho –
Descarga todo el parque sobre lo que pensaba era aquel hombre, pero, no. Al asomarse ve como los cuerpos sin vida de los demás soldados yacen en el suelo. Solo quedan las marcas enrojecidas en la arena donde alguna vez estuvieron ellos.
- ¡No, no, no, no! – grita de dolor –
En un acto desesperado toma de su cinturón una 9mm la pone en su sien y se prepara para apretar el gatillo. Click….
- No creerás que te será fácil, o si…. Peón de Ares?
- Ten piedad –
- Redimirse o morir? – sonríe de medio lado – Esas son tonterías, cuando la muerte es tan bella no puedes simplemente retenerla – tomando el rostro del hombre entre sus manos la sombra paso sus pulgares por los ojos del soldado apretando levemente – pero, también es bueno apurarla un poco-
Se escucha un crujir y como si algo liquido cayera. Mientras que detrás de la sombra se visualizan dos figuras, una en armadura plateada y la otra en armadura de tigre.
- Eres muy valiente o terriblemente estúpido para meterte en el territorio del dios de la guerra – el joven de cabello negro acomoda su cabello y lo mira de nuevo – mi nombre es Illion de quimera general del señor Ares –
- Y yo soy Alex de Tigre, el primer general y el más fuerte de todos –
- ¿Bromean cierto? – pregunta jocoso – He acabado con el ejército de perdedores que resguardaba este lugar –
- Ellos no son parte de los berseker –
- Ellos no – mira a los que acaba de dar muerte – pero esos con los que hice un muro…. –
La sonrisa reluctante del moreno los hace girar la vita para ver a la mayoría del ejercito indestructible de ares apilados uno sobre otro, como hicieran alaguna vez los espartanos con los soldados de Xerxes en las termopilas.
- ¿Quién putas eras? –
- ¿Acaso ya no me recuerdas….Cuñadito? – sin más saco ambas espadas que se alojaban en su espalda –
- Hijo de perra, creí que me había librado de ver tu horrible cara –
- ¿Quién es, Illion? –
- No es nadie, Alex, por favor sigue tu camino, quedamos con el tarado de Poseidón que nos encontraríamos en las puertas del olimpo. Yo… debo deshacerme de este hijo de perra y regresarlo al infierno del que nunca debió salir.
Jamir.
El agua hierve en la tetera mientras que dos tazas de porcelana son puestas en la pequeña mesita de estar. El aroma del incienso vuela por el aire y en la torre de Mu, un joven de centellantes ojos violeta y cabello anaranjado reza con un rosario de cuentas entre sus manos.
La tetera silva y el vapor llenan parte de la cocina. Unas manos pálidas y hermosas toman con delicadeza la misma y vierten el agua en otra tetera con unas hierbas dentro.
- Ya está listo – suena la melodiosa voz de una joven –
- Ahora bajo – el chico baja el rosario, lo deposita en una tela junto las herramientas de Mu –
Baja las escaleras hasta llegar a la sala donde la lemuriana de ojos magenta lo mira sonriente. Apenas dar dos pasos hacia ella ambos sientes una presión espiritual que llena el lugar de luz y sombra. Tal como el laberinto de géminis.
- ¿Sientes eso?
- Ese cosmos está lleno de hostilidad y es….
- Dozhen estamos en el medio de una batalla – Kiki cerró los ojos – Quiero que tomes al sujeto de la izquierda, y lo lleves a un lugar seguro –
- Maestro…. –
- Haz lo que te digo, yo me encargare del otro –
Kiki salió de la torre para encontrarse con una batalla, entre Shion de Aries y una sombra.
Capítulo 4.
La tensión se podía cortar con una navaja. En las áridas tierras de Jamir, dos de los mayores enemigos de todos los tiempos se estaban enfrentando. Por un lado se veía un joven no mayor a los 30 años, de cabello largo y de porte indomable, sus ropas eran como salidas de un cuento medieval. Un caballero en armadura negra, sus ojos estaban firmes en la silueta de un hombre maduro, no era viejo pero si parecía estar sobre los cuarenta o un poco más.
Kiki tomo un escudo que se encontraba en el altar. Era de color plateado, apenas tocarlo el joven lemuriano pudo verse reflejado en el mismo. Suspiro, y lentamente levanto la vista para encaminarse a la entrada. Sus pasos eran firmes pero, al mismo tiempo temblaban por la emoción del momento.
A su mente venían como flashes de luz los recuerdos de la última vez que los había visto juntos.
- Hace ya ciento años – murmuro para sí mismo –
- Maestro…. –
- No temas Döhzen – le sonrió – haz visto lo que las estrellas te deparan y sabemos que debemos hacer.
- Aun así, me parece tan duro – al cerrar sus ojos dejo caer una lagrima silenciosa que se dibujó en su mejilla –
- Destino, mi bella aprendiz…. Simple destino. –
Dos pasos más.
La puerta se abrió dejándolos ver por completo la batalla.
En el suelo Shion intentaba ponerse de pie, mientras que saga arrastraba una poderosa espada por la tierra, sus pasos parecían tambalearse y su sonrisa deformaba su rostro. Kiki sintió la sangre arder por sus venas y llegar hasta su pecho donde los latidos lograban ensordecer sus sentidos.
- Vaya, vaya…. – la sonrisa en los labios del griego se ensancho – Veo que el niñito de Mu, ha crecido y ahora se encuentra como el líder de esta…. Bella tierra –
- Deja la ironía de lado, Saga –
- Me sorprendes, mocoso –
- ¿Por qué razón?
- Me ha reconocido, y eso se merece un premio – bajo la mano izquierda lentamente pero, no podía engañar a Kiki, el joven noto claramente como una partícula de cosmos comenzaba a fluir de tal manera para generar un ataque de la mano del que fuera caballero de géminis –
Un nanosegundo basto. La teletransportacion le ayudo para moverse de lugar y evitar el letal golpe. La bufanda del aprendiz de Mu, ondeaba en el aire. La velocidad tenía que ser su mayor aliada en este momento.
Dos rayos de energía se dirigieron hacia él. Con agilidad salto hacia atrás dando un mortal y quedando justo sobre la torre.
- Aprendiste bien, sin embargo. – sonrió de lado – no tienes las habilidades de Mu –
- En eso tienes mucha razón, Saga.
Salto y en un segundo se acercó tanto al rostro del griego, que por un segundo pudo sentir el aliento del mismo. Kiki sonrió ampliamente y abriendo sus ojos de forma divertida asesto una patada en el rostro del antiguo caballero de géminis, debido a la fuerza este salió disparado por los aires cayendo por el precipicio del cual colgaba un puente de madera.
- ¡Ahora, Do! – ordeno a la joven quien ni tarda ni perezosa tomo al antiguo patriarca y se teletransporto a un lugar desconocido –
Bump…. Bump…. Bump…
El corazón de Kiki parecía querer salirse de su pecho. Cerró sus ojos y sonrió para luego quitarse la bufanda. Aquella patada seria como el piquete de un mosquito para un guerreo de la envergadura de Saga, así que simplemente se quedó con la mirada fija en el precipicio.
Esperando….
Segundos después.
Cientos de rayones de luz y energía iluminaron la tierra, haciendo que trozos de la misma flotaran sin rumbo fijo por todo el lugar, y no solo eso, sino que el mismo suelo se fragmento en miles de pedazos. Aquellos era como un jardín flotante de piedras de todos los tamaños, con su rapidez de siempre, Kiki salto de roca en roca en guardia y esperando a ver la sombra.
- No eres tan listo como Mu –
- Je! En eso tienes razón pero, no soy tan confiado como él tampoco – el chico esquivo el golpe de la sombra dando un salto mortal hacia atrás y haciendo que con las puntas de sus pies pudiera golpear el rostro de Saga –
- Maldito, mocoso.
- Maldito sí, pero no débil ni crédulo –
Saga apareció en la misma roca con la mirada fija y sin vida, en sus manos dos círculos de cosmos se habían formado y esperaban un solo movimiento en falso del lemuriano para atacar. El pie derecho de Kiki se movía lentamente de un lado al otro tratando de adivinar el paso que daría el geminiano. Este último fue el primero en atacar. Ni siquiera se esforzó, su cosmos hizo explosión destruyendo todo cuanto tenia al alcance, todo menos la torre que permanecía estoica.
- Deja de usar tu cosmos y tus habilidades de telequinesis para mantener ese vejestorio de pie – la voz de saga tan áspera y gutural resonó por todo el lugar –
- Curioso, es lo mismo que hace tu nuevo amo – abrió los ojos y lo miro retándolo – Mantener de pie a un vejestorio bueno para nada.
- Imbécil! –
La furia de Saga se hizo cada vez más fuerte. Al grado de hacer arder su cosmos al infinito. Kiki lo miraba con ojos amables, sin hacer caso al odio y a la hostilidad, que casi cortaba el aire. Sin moverse espero…. Su cabello se alborotaba debido a la fuerza que el cosmos de la sombra emanaba. Rayos de energía los envolvían, eran hilos eléctricos de color negro que como una red invisible los rodeaban.
- Es una lástima ¿no, Kiki?
- ¿Qué es una lástima, Saga?
- Dar todo por una diosa corrupta y llena de pecados – las palabras se arrastraban por la lengua de Saga haciendo parecer más psicótico de lo normal –
- No entiendo porque lo dices –
- ¡Deja de fingir, hijo de perra! – grito desesperado – haz dado todo por ella y estas aquí, en la tierra más árida del planeta, viviendo como un marginado. Mientras que ella vive rodeada de lujos y derrocha nuestras vidas como si de una basura se tratase –
- ¿Eso piensas, Saga? – su mirada se tornó dolida, una mirada de pesar hacia lo que el mayor sentía -
- Eso sé –
- Que equivocado estas…. – Kiki dio unos pasos hacia él – ella paso años tratando de volverlos a la vida, lo intento una y otra vez –
- Mientes – mascullo entre dientes, su cuerpo temblaba - ¡Mientes!
- Yo no mentiría, jamás lo haría –
- ¡Cállate! –
En alguna parte del mediterráneo.
Una paloma lleno hasta una pequeña casa pintada de blanco con azul. Apenas llego entro por una ventana, que estaba rodeada por flores de colores. Su graznido* hizo que la puerta se abriera, dejando pasar a una mujer de ojos cándidos. Tenían el color de la sangre pero, su mirada destilaba amabilidad.
- Fue un largo vuelo, ¿no? – pregunto cándida mientras que tomaba a la ave y la acariciaba contra su mejilla – oh… ¿un mensaje?
La puerta rechino y los ojos de la rubia se dirigieron a ella. Tomo con cariño al ave y la llevo hasta la planta baja de la casa. Miro a ambos lados pero no encontró a nadie. Abrió la puerta trasera y lo vio, sentado en la arena blanca y mirando hacia el mar.
Daihara pasó su mano por el plumaje de la paloma, y se encamino. Cada mañana era lo mismo, aquel hombre por el cual su corazón se acongojaba y se llenaba de gozo se pasaba todas las mañanas mirando al mar. Lo mismo desde el día que volvió a su lado. Ella cerró los ojos, para luego abrirlos lentamente y acercarse.
Le dolía tanto ver que ahora ya no era el mismo joven engreído y altanero que conoció hace tantos años en la isla Acubens**, la isla destinada para el entrenamiento de todos los aspirantes a caballero que habían nacido bajo el signo del cangrejo. Esta isla se encuentra a unos pocos kilómetros entre Italia y Grecia, su ubicación es secreta y solo los elegidos pueden pisar su arena.
- Kanon – musito apenas en un hilo de voz –
El hombre volteo lentamente y le dedico una sonrisa. Dai normalmente le habría sonreído y se habría derretido al verlo tan contento pero, esta vez. Solo le dedico una mirada intranquila. No hubo que decir palabra, él lo sabía.
- ¿Pasa algo? – ella le dio el mensaje, que la paloma guardaba en su pata derecha –
Kanon se levando y vio lo que decía. Apenas termino, la rubia noto un brillo en sus ojos que hacía más de 4 años no había visto.
- ¿Qué ocurre, Kanon? –
- Algo que no debió pasar jamás – camino dos pasos y maldijo su cojera que no le permitía caminar hábilmente - ¡Mierda! –
- Deja que te ayude – le dijo ella acercándose –
- ¿Es tu forma de decirme inútil?
- No digas eso! Solo quiero ayudarte –
- Lo harás manteniéndote a salvo –
- ¿Qué quieres decir?
- Quiero que busques un lugar donde puedas estar segura, no sé si yo regrese de una sola pieza esta vez – bajo la mirada –
- ¡Vete a la mierda, Kanon! – grito histérica – Me importa un pepino que no quieras volver con vida, pero una cosa si te digo – jalo de su remera para tenerlo cara a cara – Si mueres, yo moriré a tu lado ¿entendido, dragón del mar?
Kanon parpadeo un par de veces para después, pasar sus brazos por la cintura de la mujer y atraerla hacia sí. Le sonrió, mostrándole esa cicatriz que le provocó la batalla contra Radamanthys, y que le daba fuerza a su mirada. Una pequeña cicatriz entre el ojo y la mejilla izquierda.
- ¿Quién me hubiera dicho que una mujer me diría eso? – sonrió y olfateo su cabello –
- De decírtelo un hombre, sonaría muy mal no crees? – su sonrisa juguetona le lleno el alma por completo - ¿de quién era el mensaje?
- De Sorrento, me informa que como parte del ejército de Poseidón debo dirigirme al olimpo, al parecer los dioses necesitan nuestra ayuda. – miro hacia el cielo –
Hermano…. Ha llegado el tiempo de poner nuestras diferencias en su lugar – pensó para luego encaminarse junto con Daihara hasta la cumbre de los olímpicos.
Medio oriente.
Illion veía con desprecio a la sombra que lo enfrentaba. Para él, ya era mucho soportar la idea de ver algo que le recordaba su rostro todos los días y ahora, tenía la necesidad de enterrarlo para siempre.
- Tengo la sensación de que no veniste por ellos – señalo con la cabeza a sus compañeros muertos –
- ¿Nunca decepcionas, Illion?
- Pretendemos complacer, bicho coludo – sonrió –
- Tantos años de no vernos y tus insultos no han cambiado – saco una espada y la giro frente al moreno, quien al verla, espero un ataque –
- Vamos, ya! Enséñame que tanto has mejorado, Milo –
- Te lo mostrare en otra ocasión –
- ¿Vas a dejar la pelea a medio empezar? – la mirada de Illion podía quemar hacia Milo, quemar de coraje –
- La batalla apenas va a comenzar – le dio la espalda –
Milo camino sin mirar al general, quien molesto corrió hasta hacerle frente y le freno el paso. El griego sonrió para luego dedicarle una mirada suspicaz.
- ¿Vienes a mis dominios, matas a mis compañeros, me ofendes y piensas salir de una sola pieza? –
- Estamos a mano, no olvides que tu desvirgaste y humillaste a mi hermana –
- Elissare…. – murmuro –
- Mi pobre hermana, dio todo por un bastardo sin honor –
- Yo la amaba….
- Pero no fue suficiente para salvarla de su cruel destino – Milo lo aparto y siguió su camino – Yo en cambio habría dado mi vida, por la mujer que ame.
El antiguo escorpión dejo al santo de quimera con la mirada perdida y recordando a la joven de la cual se enamoró algunos años atrás.
Todo esto fue observado por unos ojos tan verdes como una hoja de olivo. Aun cuando estaba cubierto por una capucha, sus facciones delicadas se podían apreciar. Bajo los binoculares y se los paso a otro hombre que lo acompañaba.
- Jumm! – se quejó el segundo, quien tenía la dentadura deforme - me parece que ya todos están tomando sus posiciones, no virgo?
- Siempre tan suspicaz, compañero. – el primer hombre se quitó la capucha dejando ver su cabello rojo brillante, y no solo eso, en medio de sus hermosos ojos verdes se podría apreciar un vindi de tono oscuro. – compañero de alma, te prometo que nosotros vigilaremos a Athena –
- ¿Sigues hablando con el tipo ese? – preguntó el otro quien al mismo tiempo se despojaba de la capucha dejando ver su cabello azulino y algo alborotado –
- Es por el por quien hemos venido a esta época, no lo olvides Death Toll….
Olimpo.
El tiempo corrió tanto como pudo para hacer que de todas partes de la tierra, los caballeros de los dioses se dirigieran hasta el punto más sagrado para aquellos que servían a los olímpicos. Desde las lejanas tierras de los hielos eternos, hasta el mismo inframundo los pocos que quedaban con vida ya estaban a las puertas del cielo.
Por parte de Afrodita solo habían sobrevivido tres guardianes, Oram de pasión. Castor de Ilusión y un joven de cabello negro e impresionantes ojos tan rojos como la misma sangre. No había dicho su nombre pero a su espalda tenía un arsenal de flechas de punta roja.
Por Artemisa. Solo Icarus y Odiseus seguían con vida.
En el lado de Hades, sus tres jueces del infierno y el nuevo avatar de pandora, Lilly protegerían el honor del dios de la muerte.
Zeus de su parte tenía 3 guerreros, Neo de rayo, Perseo de luz y Liriah de trueno.
Hera solo tenía un guardián, Argo de Argos
Hefestos tenía 2 Zephyr de martillo y Galatea de yunque.
Hestia aun cautiva tendría 3 vírgenes guerreras de su parte. Ilitia, Euricia y Armithia
Ares solo tenía dos generales: Illion y Alex
Poseidón: Dicro, Eo, Baian, Isaak y Sorrento. Sin contar a Kanon.
Deméter, tres ninfas Aeto, Sorgo y Willow
Athena contaba con la mayoría de los combatientes, ella tenía a Aria, Lyavain, Naiya, Lucas, Ray, Nick, Lena, entre otros.
