EL OTRO LADO DE LA LUNA

(The Other Side of the Moon)

Por Heaven9

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: Créanme, Rurouni Kenshin no me pertenece. De verdad. No me creen? Es en serio. Quién puede probar eso? (Piensa duro!) Santa Claus! Por qué? Porque le pedí a Santa (bueno, pareció más como una amenaza…) darme a Rurouni Kenshin para Navidad y simplemente me mostró la larga (Y quiero decir realmente larga) lista de personas que desean poseer Rurouni Kenshin… Bueno, lo intenté…

Inu: Créanle… yo también estaba en esa lista…

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Capítulo 3 – Ecos del pasado

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Oscuridad

El salón estaba silencioso y envuelto en la semi-oscuridad. La luz del sol de la tarde tenía extrema dificultad para entrar en el espacioso dojo debido a las ventanas cerradas. Varios tipos de armas colgaban en las blancas paredes. Una sombra permanecía sentada contra una de las paredes.

Respiración

El subir y bajar del pecho del único ocupante del dojo era calmado y continuo. Sus ojos estaban cerrados en profunda concentración, una clara señal de que estaba meditando. Una espada japonesa descansaba a su lado en el piso.

Un profundo suspiro fue escuchado y sus ojos le dieron la bienvenida al entorno rodeándolo. Penetrante ámbar capturó vista de la espada. Su espada. El pelirrojo dejó la espada y observó su callosa mano derecha.

Muerte

Él estaba solo la mayor parte del tiempo y ya no tenía deseos de estar solo. La soledad significaba pesadillas y las pesadillas significaban pasado. Era una simple asociación que formaba su mente. Había muchos momentos en que deseaba olvidar todo pero parte de su conciencia gritaba por justo castigo. Sí, recordar y sufrir. Ese era su castigo. Violentas y perturbantes pesadillas plagaban constantemente sus sueños molestando a Kaoru algunas veces durante la noche pero nunca cuestionaba sólo le proporcionaba consuelo y eso era el cielo si había tal lugar.

No había absoluto silencio para él. Cada vez que estaba solo sus fantasmas nunca se alejaban de su consciente.

Había veces que podía escuchar sus gritos, sus voces gritando por perdón o venganza. Gargantas secas, voces ahogándose lentamente en su propia sangre. Podía escucharlas tan bien, gritando por él.

Había veces que podía ver la sangre, su sangre brotando libremente de las severas heridas que él había causado. Heridas provocadas por una espada, una espada japonesa, una katana. Cuántas veces miró la sangre derramada en el piso y pudo ver su propio reflejo?

Había veces que podía saborear y oler su sangre, ese enfermante sabor metálico perseguía constantemente sus agudos sentidos…

Pero una cosa lo perturbaba: no podía recordar sus caras. Cuando intentaba recordarlas no podía. Sólo seres sin rostro llegaban a su memoria, una multitud de hombres sin rostro con los que había peleado y matado por un mejor mañana.

Sus manos estaban cubiertas con demasiada sangre y aún una segunda oportunidad en la vida le fue dada. No, no… No una segunda oportunidad, una tercera. Dios sin duda fue benevolente con él… Por qué? No podía decirlo.

Vida

La imagen de una sonriente Kaoru llegó a su mente en el día de su boda. Pensó tantas veces en la razón que lo llevó a casarse con ella. Intentó convencerse a sí mismo que no sabía. Cómo le gustaba engañarse…

Él era egoísta, sí; sin duda era egoísta por desear mantenerla para él aunque no tuviera una vida normal para proporcionarle a la viva mujer. Su fachada era ignorante pero no era un hombre ciego. Él sabía cuánto lo amaba; podía leerla como un libro abierto. Era un misterio para él: cómo podría amar a un hombre que apenas conoce? Ella era deseada dentro de los hombres; era bien consciente de eso y aún tenía que mantener su fachada vendada en orden de mantener su cordura.

Cómo deseaba y soñaba revelarse a ella, mostrarle cómo era él realmente pero esa idea usualmente era puesta a un lado con tal fuerza. La asustaría, sacudiría y destruiría tan violentamente su mundo perfecto. Su Shishou tenía razón: casarse con Kaoru fue un error… Por su propio bien él debió dejarla pero no podía, no tenía la fuerza para hacer eso. Algo lo empujaba a ella.

La testarudez lo había llevado a este matrimonio, no el amor, él estaba bien consciente de esto, no es así?... Su mente estaba de acuerdo pero su corazón negaba tal idea.

Él se odiaba… se odiaba tanto… El peso de la realidad lentamente estaba cayendo sobre los hombros de su esposa: algo estaba terriblemente mal con su matrimonio. Ella se estaba volviendo una persona triste y confundida. Su almuerzo juntos fue suficiente para mostrarle eso. Podía apostar fácilmente que alguien tuvo una conversación seria con ella, intentando abrir sus ojos a su situación. Incluso podía adivinar que alguien intentó convencerla de que él tenía una amante. Qué ridículo! Mujeres solteras o divorciadas y su pequeño mundo hipotético.

Control

Él se preocupaba por su esposa, realmente lo hacía pero siempre intentaba tan firme mantener sus sentimientos bajo control, un control que lentamente estaba saliéndose de sus manos. Él… no había tocado a su esposa en un mes… Por qué? Por temor, por miedo a perder el control como la última vez que la tuvo desnuda en sus brazos, tan hermosa y vulnerable, gimiendo y rogando por su caricia. Casi pierde su control entonces. Casi. Podía jurar que había visto sus profundos ojos ámbar reflejados en los ojos de Kaoru. Rezaba por que estuviera equivocado, que ella nunca hubiera tenido la oportunidad de ver el ámbar. Cuando volvía a sus sentidos, tenía que jugar el pequeño acto de la persona dominante en la cama que daba el primer paso, eso lo complacía sin pensar mucho, eso terminaba muy pronto…

Mía

Una ola de pertenencia cruzó su mente. Ella era tan inocente; él había sido su primer y único amante y las cosas iban a seguir así. Él ejercía poder sobre ella. La había forzado a tomar serias y dolorosas decisiones…

Ella deseaba ser madre pero no podía permitirse a hacer eso. Él consideraba que hombres como él nunca debían tener hijos. Llevaba mucha sangre con él…

Él miró al techo de repente.

Tal vez algún día…

"Listo Himura?"

Aoshi había llegado. Estaba inusualmente tarde.

Kenshin se levantó de su posición sentada y volteó para encarar a su amigo que estaba en la puerta al otro lado del dojo. Sus descalzos pies recibieron el frío piso de madera. Con movimientos naturales Kenshin levantó su katana.

"Estoy listo."

"Pelea en la oscuridad?"

"No tengo problema con eso. Y tú?"

"Tampoco. Siento llegar tarde." Ofreció Aoshi mientras retiraba sus tenis. "Misao no se estaba sintiendo bien."

"Algo serio?"

"No, sólo cansada."

Aoshi entró al dojo cargando una larga espada.

"Olvidé preguntarte pero tuve la suposición de que no querías practicar con espadas de madera ni protección. Tengo razón?"

"Absolutamente Aoshi."

Kenshin se movió hacia el medio del dojo y Aoshi imitó sus movimientos.

"Por los viejos tiempos?"

"Por los viejos tiempos, Battousai."

Una genuina sonrisa se abrió en los labios de Kenshin mientras se posicionaba, espada en la cintura y una mano fuerte lista para desenfundarla. Aoshi se preparó al sacar sus kodachis gemelas y se tomó su tiempo observando la expresión corporal de Kenshin. Después de unos minutos de mutua observación Aoshi corrió hacia Kenshin y lo atacó.

El sonido del choque del metal hizo eco en el dojo, ambos hombres permanecieron inmóviles, kodachis contra katana.

"Quieres hablar de eso?"

"Realmente no pero gracias de todas formas Aoshi. Ahora si no te importa estamos en medio de algo aquí." El tono de la voz de Kenshin se volvió una juguetona y con eso desapareció.

"Bien entonces." Respondió Aoshi mientras sentía el próximo movimiento de su amigo y volteó justo a tiempo para evitar la filosa hoja de la katana.

Con un considerable espacio entre ellos se detuvieron, mirándose mutuamente con repentino interés.

"Sabes que sólo estaba calentando."

"Entonces ahora es hora para cosas serias Battousai?" Con esas burlonas palabras Aoshi pareció desaparecer sólo para hacer lo que pareció un círculo alrededor de Kenshin.

"La cascada jitsu? Esa es una pérdida de tiempo…"

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Kaoru no pudo evitar sino maldecir. Se supone que no debía estar aquí de todos los lugares y aún aquí estaba, de pie en frente de un edificio que se veía abandonado, un visible contraste comparado con los edificios de negocios circundantes. La gente pasaba tan profundamente inmersa en sus propias vidas ignorando sus alrededores. El ruido de los autos era fuerte pero a Kaoru no le importó. Los ojos de Kaoru se aguaron cuando vio las rotas ventanas. Su curiosidad tomó el control y decidió forzar la puerta principal y para su sorpresa se abrió sin esfuerzo.

Esto es extraño…

Un segundo o dos fue requerido para ajustarse a la semi-oscuridad. Un pequeño corredor estaba ante Kaoru. Varios papeles estaban esparcidos sobre todo el oscuro piso. Graffitis ahora decoraban las alguna vez blancas paredes. Cerrando la puerta tras ella, Kaoru caminó por el conocido corredor que llevaba a un hall vacío. Kaoru vio unas escaleras de madera y las subió. Lentos y cautelosos pasos perturbaron el silencio del hueco edificio.

Kaoru contuvo las lágrimas. La vista ante ella era algo que nunca deseó ver. Con la escalera tras ella, entró a una gran habitación. El alguna vez bien pulido piso de madera no podía mostrar reflejo. Polvo cubría el lugar y las telarañas adornaban los rincones. Unos pocos pasos más allá la llevaron al medio del salón. Una espada de madera yacía rota en el piso. En frente de ella un pequeño altar permanecía aunque era claro que algunas cosas fueron robadas. Levantando un poco sus ojos vio una placa de madera con talladas letras negras.

Dojo Kamiya Kasshin…

Kaoru no pudo contener más sus lágrimas.

Asistente del Maestro: Kamiya Kaoru.

El derrotado cuerpo de Kaoru cayó en el sucio piso de madera.

Maestro: Kamiya Tetsuro.

Su resistencia se quebró y violentos sollozos mecieron su tembloroso cuerpo.

Y ella hubiera permanecido así toda la tarde pero no estaba sola en el viejo dojo.

De la nada una delicada mano sosteniendo un pañuelo se materializó en frente de Kaoru. Sus lágrimas se detuvieron de repente y volteó curiosa de saber a quién pertenecía la mano. Esperando alguna especie de desagradable encuentro se sorprendió al encontrar a una joven mujer vestida elegantemente en un traje de negocios con ondulado cabello rubio enmarcando un redondeado rostro.

"En otras condiciones estaría obligada a llamar a las autoridades pero no creo que haya venido aquí con malos propósitos." La educada voz de la joven hizo eco en el dojo.

Kaoru la miró, estudiándola por un momento antes de aceptar el pañuelo. Un bajo gracias escapó de sus labios.

"No necesita agradecer."

Un poco más calmada, Kaoru se levantó y desempolvó su arrugada ropa.

"Lo siento… sé que esto es… una propiedad privada… pero…"

"Entonces puedo saber quién es?"

"Soy… la hija de… el primer dueño de este dojo…"

"Ah… entonces es Kaoru Kamiya."

"Sí."

"Bueno, soy Sarah Robertson, soy arquitecto."

Sorpresa tomó el control de los rasgos de Kaoru.

"Un arquitecto?"

"Sí. Bueno, presumo que no lo sabe pero esta propiedad fue vendida otra vez. Parece decepcionada…"

"Estoy… intentando ahorrar suficiente dinero para comprar este dojo otra vez."

"Entonces ha perdido su oportunidad Srta. Kamiya. Este dojo fue vendido hace un mes y estoy aquí para estimar un presupuesto para la recuperación del edificio."

"Quién es el nuevo dueño?"

"Un hombre llamado Rodrigo León pero nunca lo he conocido. Parece que desea poner a funcionar este dojo otra vez."

"Es una buena señal pero todavía puedo soñar… tal vez algún día…"

"Puedo entender su deseo pero por lo que he reunido tenía una idea fija sobre este edificio y cuando el ex-propietario manifestó el deseo de venderlo, él fue el primero en presentar una proposición, la más alta."

"Ya veo." La voz de Kaoru cayó a un susurro. Nada de su vida iba bien y tenía que admitirlo. "Se está haciendo tarde… y estoy retrasando su trabajo Srta. Robertson. Tengo que irme."

"Está bien que se vaya sola? Parece un poco pálida para mi."

"Estoy bien, gracias por su preocupación." Sin mirar atrás Kaoru dejó el dojo inconsciente de la extraña expresión que la mujer tenía en su rostro.

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Las luces del dojo estaban apagadas y eso era una señal de que nadie estaba dentro del dojo o al menos eso fue lo que un joven operario que decidió entrenar, pensó. En su ignorancia él prendió las luces del espacioso dojo sólo para ver a dos figuras masculinas comprometidas en una pelea.

"Oigan muchachos, vengan aquí!" Le susurró el joven operario a sus compañeros cercanos.

"Cuál es el problemas Matt?"

"Están entrenando!"

"Quién? Estás bromeando? Las luces del dojo estaban apagadas!"

"Pero están aquí!"

"Quién, maldición!"

"Okashira está peleando con Battousai!"

"De verdad!"

La curiosidad dominó y el pequeño grupo se reunió en la entrada del dojo asistiendo la pelea. Aunque las luces estaban encendidas, ellos no dejaron de pelear.

"Dices que estaban peleando en la oscuridad?" Susurró la única voz femenina del pequeño grupo.

"Exactamente. Es asombroso, es muy raro ver a esos dos entrenando."

Aoshi y Kenshin estaban más que conscientes de que no estaban solos: primero las luces y luego la pequeña audiencia. Pero eso no era un problema para ellos. Sus comentarios de su particular pelea estaban más allá de la importancia. Necesitaban entrenar y necesitaban recordar.

Después de dos horas ambos estaban jadeando duro y completamente sudados. Aoshi no tenía más su blanca camiseta sin mangas y eso permitió la visión de sus numerosas cicatrices por su pecho y espalda. Sus pantalones mostraban algunas rasgaduras pero no había herida visible excepto por el vendaje que aún permanecía alrededor de su muñeca derecha.

En cuanto a Kenshin no estaba en mejor condición que Aoshi. Su ropa negra estaba rasgada en varios lugares y sus mechones de fuego que se soltaron durante la pelea ahora estaban rodeando su perfecto y hermoso rostro cubriendo sus ojos y su expresión facial. Este era un problema para Aoshi, se estaba volviendo más difícil y más duro leer a Kenshin.

Ambos estaban cansados pero aún tenían suficiente fuerza para continuar con la pelea por horas si no fuera por los asuntos que esperaban por ellos. La pelea estaba por llegar a un fin y ambos lo sabían.

Concentrando su fuerza Kenshin se dirigió para un ataque final, atrapando a Aoshi por sorpresa y golpeando la kodachi de su mano izquierda.

La audiencia observaba con asombro. Esta era la única oportunidad y todos los operarios estaban conscientes de eso.

Aoshi reunió sus fuerzas para posicionarse mientras esperaba por el ataque final de Kenshin.

Sus movimientos fueron tan rápidos y precisos que nadie de la audiencia se atrevió a apostar un nombre. Por un momento ambos hombres parecieron desaparecer sólo para detenerse con mortal precisión en el siguiente movimiento. Los operarios no se atrevieron a respirar mientras miraban a los hombres que ahora estaban en medio del dojo inmóviles.

La punta de la kodachi de Aoshi estaba cerca a la manzana de Adán de Kenshin mientras la katana de Kenshin casi estaba tocando el pecho de Aoshi, con perfecta puntería hacia su corazón.

Kenshin fue el primero en moverse de su posición.

"Casi Battousai, casi."

"Si tú lo dices…" Dijo Kenshin con una burlona voz antes de voltear hacia la audiencia que estaba completamente callada en la puerta del dojo. "Van a entrenar o no? Ya terminamos."

La rica voz de Kenshin fue suficiente para despertar al grupo de su ensueño colectivo y rápidamente entraron en el dojo.

"Creo que los asustamos." Asumió Aoshi mientras recogía sus cosas.

Ambos hombres comenzaron a reír mientras salían del dojo.

"Nos tomamos más de lo que se suponía."

"Pero lo valió Aoshi."

"Por los viejos tiempos Battousai. Una ducha?"

"Sí…" Pero su celular interrumpió la respuesta de Kenshin. Él sacó el celular de un bolsillo de su bolsa. Sus ojos se fruncieron cuando reconoció el número.

"Si? Ya veo. Gracias. Mantente en contacto."

"Un problema?" Inquirió Aoshi mientras veía a su amigo retirando el celular.

"No."

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"Todo está listo?"

"Sí Battousai." Respondió Tenken mientras miraba la pantalla del computador. "De acuerdo al escáner térmico, tenemos diez individuos dentro del complejo."

"Eso no será un problema." Declaró un hombre en sus avanzados treintas.

Aoshi miró al hombre con una pizca de diversión.

"Nota uno: estamos aquí para llevar al distribuidor de drogas, Santos, vivo con nosotros. Nota dos: tenemos orden de disparar a todos los que opongan resistencia. Alguna pregunta?" La fría voz de Kenshin rompió el silencio dentro de la helada furgoneta.

"La fuerza policial?" Preguntó el único elemento femenino del grupo.

"Estarán aquí en 10 minutos Takani. Nada de contacto por radio hasta que yo lo diga. El silencio es vital o lo perderemos otra vez. Pónganse sus máscaras."

Todos excepto Tenken y Takani cubrieron sus rostros con máscaras negras.

"Tenken?"

"Si Battousai?"

"Toma tu arma. Vienes con nosotros esta noche. Takani, tú te quedarás sola. Conoces los procedimientos."

El hombre bajo se levantó de su asiento y tomó una actitud autoritaria.

"Battousai no creo que llevar a Tenken con nosotros sea una buena idea."

"Y por qué?" Preguntó Kenshin.

"Él no tiene la experiencia de campo y puede cometer el mismo error que cometió Zanza. Creo Battousai que no tienes una buena intuición cuando escoges nuevos hombres de campo." Respondió el hombre mientras revisaba su arma.

Kenshin escuchó las palabras con una calma casi mortal pero su paciencia tenía límites. Fuertes puños levantaron al hombre por el frente de su cuello de tortuga de lana negra y lo lanzó descortésmente contra la fría pared de la van.

"Te atreves a cuestionar mi autoridad, Joshua?" Aunque la voz de Kenshin era en un bajo siseo, sus palabras provocaron una paralizante reacción en el hombre. "Aquí soy la autoridad. Tenken va. Tú sólo regresaste al equipo porque no hay nadie más calificado. Mis decisiones son mi responsabilidad, estamos claros?"

Joshua sacudió su cabeza pero Kenshin deseaba una respuesta verbal e insistió otra vez.

"Dije que si estamos claros?"

"S-Sí!" Kenshin permitió caer el tembloroso cuerpo de Joshua.

"Ahora componte."

Aoshi abrió la puerta trasera de la van y Kenshin dio la orden de partir. Con armas en sus manos, el equipo se dispersó por el perímetro de la vieja fábrica. Una noche sin luna reinaba.

Dirigiéndose hacia la meta de la misión Kenshin escaneó con extrema atención sus alrededores. Algo no estaba bien. Aún tenía esa irritante sensación de la mañana. Supuestamente 10 personas estaban dentro de la abandonada fábrica pero tenía la sensación de que había alguien más ahí. Pero quién?

Poniendo esas ideas a un lado, Kenshin entró a la fábrica por una ventana rota del sótano. Un largo y oscuro corredor era su ruta a seguir. Sus lentes de visión nocturna confirmaron que nadie estaba en el corredor. El corredor condujo a una puerta y en la puerta estaban dos hombres.

Víctimas

Con el silenciador puesto en el extremo de su arma, les disparó a ambos hombres sin levantar alarma. Su blanco estaba del otro lado de la puerta. Él miró su reloj y estableció contacto con el resto del grupo.

"En posición?" Preguntó Kenshin en un susurro.

En una rápida sucesión de tiempo llegaron las respuestas afirmativas del resto del grupo.

"Ahora!" Ordenó Kenshin mientras pateaba la puerta; derrumbándola en el proceso. "Nadie se mueva!"

Aoshi luchó contra uno de los guardaespaldas que ofreció resistencia mientras Joshua derribaba a otro hombre al cual dejó inconsciente de un repentino ataque hacia él. Un disparo fue escuchado y el hombre cayó al lado de un sorprendido Joshua que miró por el dueño del arma que lo salvó. Tenken…

Kenshin apuntó el arma a la cabeza de un hombre que calmadamente estaba bebiendo vodka e ignorando totalmente el caótico escenario alrededor.

"Santos."

"Battousai. Te tomó un tiempo pero finalmente lo hiciste." Los labios del hombre formaron una sonrisa.

"Se acabó Santos. Vamos." Los ojos canela del hombre tuvieron vista de sus hombres caídos y sólo entonces se levantó. Tenken sacó un par de esposas y se las lanzó a Joshua quien avanzó hacia el hombre.

Afuera el sonido de las sirenas de la policía se escuchó. Como jefe de operaciones Kenshin es la autoridad responsable para hablar con la policía. Él le dio una señal a Aoshi y dejó la habitación. Antes de que tuviera una oportunidad de salir la angustiada voz de Takani se escuchó por la radio.

"Cuidado! Una undécima presencia salió de la nada y se dirige hacia su posición!"

"Policías?"

"No!"

Kenshin dejó la habitación sólo para ser detenido por la vista de un arma apuntada a su cabeza.

Los ojos ámbar de Kenshin se abrieron con sorpresa.

"Ha pasado mucho tiempo Battousai."

Tomoe?...

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Continuará…

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Nota de Inu: Quiero agradecerles a todos ustedes por sus comentarios… y me alegra que les esté gustando… Recuerden que esta historia no es mía… mi única misión es hacérsela llegar a todos ustedes… je je…

Muchos besos para todos y hasta la próxima!