¡Hola! disculpen que haya tardado tanto, hoy subí dos capítulos, es algo así como un especial de Halloween, antes de Halloween jaja. Aunque la historia es de una honda super dulce y relata el amor de forma tan rosa, todas mis historia siempre tienen una pequeña parte creepy, me encanta eso, no es nada que las dejará sin dormir, igualmente es cómico. Espero les guste.
Cuentos de Terror Japonés
Él le tenía miedo a las historias de fantasmas. Le aterrorizaban; más de una vez en la primaria, se hizo el valiente frente a los demás niños cuando se retaban a ir al bosque embrujado, atestado de criaturas sobrenaturales, para volver al patio de la escuela y decir que habían sobrevivido. Él siempre tuvo su plan: se escondía en una cueva y esperaba 30 minutos, luego volvía como un héroe.
Siempre le funcionó, hasta el viaje a Kioto, ya en el bachillerato, la escuela hizo o una excursión a la antigua capital. La ciudad era famosa por sus interminables cuentos de terror. Tanto los profesores como los guías turísticos tuvieron una sola meta durante esos 3 días: no dejar dormir a Naruto. Cada vez que cerraba los ojos aparecía un monstruo, una mujer en bata o un asesino serial. Pero tenía que mantenerse firme, el último día de la pesadilla se tapó de la cabeza a los pies con el cobertor, y se preparó para dormir.
Entonces escuchó unas pisadas en la habitación, se acercaban lento, él temblaba. Era como en Saw, o Chuky, o Viernes 13. Se asomó un poco, se heló: se movía frente a él una figura blanca, delgada, asiática: solo distinguió un cabello negro lacio. Rezo un Padre Nuestro y un Credo, le rogó a la Virgen: a la Inmaculada, a la del Carmen, a Fátima. Venía por él. La figura se agachó súbitamente y le tocó. Tenia el corazón trotando, corriendo, desbocándose. Solo podía pensar que iba a morir, incluso se le salieron lágrimas y se arrepintió de haber dicho a sus padres sobre ese paseo de la muerte.
—Eh…¿tienes cargador de Blackberry?—adivinen quién era, sí, era el terror, pero el terror de las mujeres con novio, era Sasuke. El rubio empezó a gritar, reclamó esa forma tan macabra de llegar al dormitorio, que de paso compartía con otros dos idiotas que ni se inmutaron. El moreno lo silenció rápido, le tapó la boca, si los maestros se despertaban, se quedaría sin batería toda la noche. Entre la pelea en susurros, ambos notaron una realidad, algo que no confesaron jamás, era un pacto de hombres. Naruto se hizo pipi encima. Ellos solo se apoyaron sobre la colcha y sintieron que se había caído algo de agua ahí.
Sasuke no le dijo nada a nadie, pero al rubio ya le había pasado lo peor, el Uchiha perfecto se había enterado, de todo el Universo que podía verle mearse en la cama, tuvo que ser esa perfección viviente. Lo molestaría hasta el día de su muerte, por su parte, Naruto decidió y juró, que jamás volvería a ver o escuchar alguna historia de terror.
A ella le encantaban las películas de miedo, nadie lo podía creer, era demasiado extraño ver a una muñequita amante de Stephen King .Era raro, inquietante, macabro. Su género favorito era el de Terror, ni su hermano mayor tenía el estómago para acompañarla, viendo sin parpadear cualquier Thriller. Su sorpresa fue colosal cuando su primer novio no le contestó, se quedó inerte, le sudaron las manos, cuando ella sugirió ver El Fotógrafo una tarde.
—me dijeron que es malísima—
—Yo la he visto tres veces, es muy buena—
El rubio jugó con sus dedos, le hizo cosquillas en el sofá hasta que ella soltó el DVD de esa película maldita. Un mes antes hubiese sido impensable tener a Naruto acariciándole el estómago en el sofá de la sala de televisión.
Un mes antes, solo eran amigos, amigos que se gustaban. Y aunque él lo hubiese hecho con cualquier otra, con ella, era una gigantesca grosería. Antes de manosearla, sería su novia. Se lo pidió sin pensarlo.
—seamos novios—solo dijo durante la conversación por teléfono de las 7 PM. Luego empezó a gritar algo sobre Kobe Bryant, que era un Dios o algo así, después de que los Lakers ganaran el juego. Solo faltaba que llegaran sus zapatos Moschino para que el día fuera perfecto. Así era como recordaba ese momento.
La besó suave, tomó su mano y la puso en su rodilla, con los dedos trazaba líneas. Hinata recostó su cabeza en el hombro del muchacho, casi terminaba la hora de visita. Naruto olía a Ralph Lauren, pero la mayoría de las veces tenía un olor que todas las mujeres del mundo reconocían: Abercrombie & Fitch, en Paris, en Tokio, en Madrid, en Nueva York, en California… todas querían que su novio oliera así, como cuando abres la bolsa, o como cuando estás en los vestidores oscuros.
—Quiero que te quedes—ella quebró su voz. Él se iría a Los Ángeles por Semana Santa, estaría solo con Sasuke, sus padres irían a esa cosa de Compostela, ese camino de peregrinación. Ellos estarían solitos, hubiese matado, porque el señor Hyuga no fuese tan hijo de puta y dejara a Hinata ir también. Pero al ponerse en los zapatos de un tipo con una hija de 20 años virgen, bueno, tenía sentido.
Se recostó en las piernas de la muchacha, él mismo le tomó la mano para que le acariciara el desordenado cabello rubio, le dio un beso pequeño que dejó 92 Secrete de Chanel en sus labios.
Venice Beach era el lugar de sus sueños, no entendió por qué sus padres fueron tan egoístas y lo mandaron a Miami (que poseía el paraíso de las compras con Sport Authority) tantos años. ¡Tenían que mandarlo a LA!
Era más que obvio que Katy Perry tenía razón. The boys break their necks. Cuánta belleza junta, cuántas rubias juntas. Pero cada vez que una pasaba, recordaba el cielo reflejado en los ojos de otra muchacha y que le hubiese gustado que ese sol de Venice le diera a ella también. Fueron a Hollywood y a Beverly Hills a chismear una vez, los otros cuatro días solo caminaron desde Islands (el peor restaurante de mundo) hasta la rueda de la fortuna de Santa Mónica, luego en bici hasta Malibú.
Todo iba bien, excelente, hasta que llegaron a San Francisco. Ese fue el momento más oscuro de su vida, su mamá había comprado los boletos, dijo que San Francisco le encantaría a su bebé rubio, pues era todo Naranja, su color preferido. Y a él le hacía mucha ilusión, seleccionaron juntos un hotel muy cerca del Dantown, mejor aún.
Cuando llegaron al hotel , se destrozaron todos sus sueños, esperaba sitio exótico, acogedor, refinado. Lo que encontró le heló la sangre, estaba en el barrio chino, el lugar era más viejo que Matusalén y solo tenía Wifi una hora al día. El Royal Pacipic Motor Inn era una pesadilla, no era que él se quejara de frivolidades, era que ese sitio parecía el set de grabación de Paranormal Activity. Daba miedo el solo ver la fachada. Era el típico motel embrujado.
—¿Puedes no ser tan marica? —Sasuke se la daba de macho mientras se echaba sobre la cama –embrujada— del hotel—embrujado—
Hacía un frío del demonio. El Golden Gate también fue una pesadilla, necesitaba recorrerlo con una cabina de calefacción. Solo había llevado ropa de verano.
El único momento bueno del día era cuando llamaba a Hinata por Skype, ella era linda hasta por esa cámara de 1 megapixel. Lo obligó a ver una mini serie llamada "Cuentos de terror japonés" o "Historias de Terror en Japonés" o algo sí que alguien había subido a Youtube. Los cuentos eran cortos, pero Dios Santo, como le asustaban. Ella tuvo que salir por un memento, Naruto estaba somnoliento, se quedó dormido con la laptop en las piernas, la luz de una pequeña lámpara iluminaba una habitación casi vacía, que de no ser por una leve inhalación cada dos segundos estaría atrapada en un silencio espectral.
Sasuke había bajado a fumar, se habría encontrado con alguna ninfa con la que estaría hablando, y él, por supuesto, le daría su teléfono temporal de Estados Unidos, que solo funcionaba por un mes, y la amante de turno pasaría a ser algo que Sasuke no tendría la mínima voluntad de recordar. No era un perro, se aseguraba de que fuesen lo suficientemente guarras para soportar eso primero.
El rubio sintió algo que se movía, que se desplazaba, y abrió los ojos de un golpe. En medio segundo volteó y casi soltó lágrimas. Era su novia. Era la Sunday Girl que había cruzado el Atlántico y llagado al barrio chino de San Francisco. Fue mágico. Tenía un vestido hermoso, un Anne Taylor blanco que él había mandado a comprar a su madre, su cabello negro brillaba casi como un saco Armani, uno bastante caro. Usaba Nina Ricci, el aire nunca fue tan dulce como cuando ella corrió y le beso, sus labios, casi como seda, se fueron a su cuello, le daba cosquillas. Le recorrió los brazos, le dio un último toque y vio como los ojos azules se descubrían para mirarle.
—¿Qué haces aquí? —
—Mi familia… al final decidieron venir unos días—espléndido, todo lo que había deseado. Era el destino…—
Puedo quedarme hasta las 10:30—su voz parecía una capela de Sarah Brightman. No lo pensaron dos veces, nunca habían estado verdaderamente solos, ese era el momento, simultáneamente la ropa fue arrancada de sus cuerpos, una lencería Perla, satine pálida, cubría la piel blanca, la piel de Dita Von Tisse, de Hinata.
Los dos se tocaban con total conocimiento, como si hubiesen ensayado mentalmente durante 6 meses cada vez que se veían. Le tocó los pechos, eran sofisticadamente los de una bailarina exótica, perfectos, ella gimió cuando los mordió. Le recorrió el cuello y el pecho al rubio con las manos, con las sortijas Bvlgari, dedos frágiles, ella bajó un poco más y le tocó el vientre. Naruto se tensó, no pensó que ella alguna vez fuese a hacerle eso, continuaba acariciándolo. Entonces se relajó, echó el cuello hacia atrás y se hundió en la almohada, si la niña quería ser salvaje, explorar su lada Dita, él no era nadie para detenerla.
Empezaba a sentir el aliento de su novia en las piernas, el cosquilleo en la espalda, cerró los ojos. Pero el aire se volvió pesado, la luz tenue le incomodaba, un ruido raro lo asustó, era como un gemido, pero de dolor, el placer se había terminado. Se incorporó, vio un mar de cabello negro, que venía hacia él, esa entre sus piernas no era Hinata, los dedos se le alargaron, su cara, que terrible, qué espanto. La criatura iba a devorarlo, apretó los ojos.
Imploró ayuda divina, nunca en su vida tuvo tanto miedo, el horror, la desesperación, inundaron las paredes de ese hotel de la muerte, justo cuando se preparó para ser llevado al inframundo, sintió algo cálido debajo de él.
—Teme—la almohada de Sasuke le golpeó la cabeza. Se despertó.
Cuando llegaron a Tokio, no volvió a ver a Hinata de la misma forma
Continuará...
