Disclaimer: Ninguno de los personajes de ATLA ni LOK me pertenecen. Todos son propiedad de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko.
Un día una sabia escritora dijo:
"Van a decir que yo les meto a Kuvira hasta en la sopa" pero no es así xD es que, ¿Qué mejor personaje que Kuvira para que Opal lo odie a muerte?
Además les daré dramaaaaa jajajaja okno, si se topan algún horror de ortografía xD es que no lo chequé bien y porque me iba a morir de vergüenza porque comente por ahí que actualizaría los jueves y la tarea me atacó mortalmente xD así que perdón.
Y bueno, además de eso ando en otras ondas de una obra de teatro y cosas así que una enorme disculpa por la tardanza en actualizar.
Pero de ante mano quiero agradecer a todooooos sus hermosos reviews que me estan dejando a pesar de ser esta una historia de capítulos cortos y un tanto sencillos, gracias.
Disfruten este capítulo n.n
Política, Amor y Despedidas
Capítulo 4; Sufriendo Por Tú Amor…
No he sabido de mí hasta ahora que intento abrir los ojos, pero lo siento imposible, me pesa todo, mi garganta esta seca y siento mis ojos adoloridos.
¿Cómo llegue aquí? Mejor dicho ¿Qué me paso? Es difícil de decir, solo recuerdo a ver visto a Kuvira antes de desconocer totalmente todo lo que pasaba a mí alrededor.
Todo huele muy limpio, a medicamentos y a ¿Perfume?... Si, es un aroma delicioso, dulce, pero fuerte sin llegar a ser empalagoso, una voz grave resonaba sobre mis oídos dándome la impresión de que tal vez fuera Opal…
No, imposible.
Me dejó, sin tentarse el alma, quizás con otro hombre mejor que yo, lo admito, jamás he sido el mejor de todos los partidos, no gano mucho, no soy tan cariñoso y soy olvidadizo, pero nunca me preparé para afrontar este escenario.
De nuevo pude sentir esa tristeza que carcome desde lo más profundo del alma, lo peor es que estoy en un estado de semiinconsciencia.
Sigo escuchando esa voz, pero ahora me suenan más claras las palabras, preguntan por mi estado, por mí.
Me siento feliz por eso, pero pasa algo… Abro los ojos lentamente, el color blanco inunda mi mirada, me ciega por algunos instantes, al abrir mi visión logró reconocer a esa mujer de flequillo que descansa su cabeza sobre su brazo mirando a través de la ventana de la habitación.
No sé donde me encuentro, todo es aún confuso para mí, tardo algunos minutos antes de recuperar la movilidad de mi cuerpo y de volver en mí en totalidad.
Cuando sentí menos seca mi garganta le hable a Kuvira.
—Kuvira…
Parece que la he sacado de su ensoñación, porque reacciona como si hubiera visto a un fantasma, me mira, se frota los ojos con ambas manos antes de volver a mirarme.
—Creo que debo dormir— Sonríe como si verme despierto fuera solo un figuración suya. —Ahora estoy delirando.
— ¿Por qué es tan difícil verme despierto? — Sonrió de la misma manera— Sé que siempre estoy por las nubes pero no es para tanto.
—Gran idiota— Habla con seriedad— Que bueno que has despertado— Sonríe con eso último— Tenemos mucho trabajo atrasado.
— ¿Qué paso conmigo? Recuerdo muy poco al respecto, no entiendo porqué estoy aquí.
Al parecer estuve en coma a lo que me contó Kuvira, me pareció curioso verla sentada a mi lado, esperando a mi despertar, no quiero ni imaginar si es que estuvo las dos semanas a mi lado.
Cuando me dieron de alta luego de algunos días me fue difícil volver a casa, estaba sola, Opal no estaba, el gato tenía echo un desorden todo, las botellas de alcohol seguían desparramadas por allí.
Al acércame al lugar donde había bebido encontré el anillo, aquel por el que trabaje horas extras para obtener ¿Y solo para qué? ¿Para que me dejara así?
Con delicadeza lo agarré con mi mano derecha, me retiré la pequeña cadena de plata que llevaba al cuello y metí dentro del anillo la cadena, me colgué nuevamente la cadena quedando el anillo como si de un dije se tratara.
Ese anillo sería para la única mujer que no me diera una traición igual, para la mujer que me jurara amor eterno y no me abandonara nunca.
Sería para otra persona.
Estaba molesto, triste y algo melancólico a la vez, traté de seguir trabajando sin parar, solo quería olvidarla y no envenenarme pensado en ella de nuevo, no recordar tantos años a su lado, controlarme para no darme un tiro en la cabeza por la desesperación de todo lo que me rodeaba, por alguna razón, todo, absolutamente todo me recordaba a ella.
Un día luego de ya tres semanas de haber caído al hospital, tres de semanas de acostumbrarme a la rutina, dos semanas después de hacerme a la idea de que jamás la vería cruzar esa puerta, Kuvira me llamo para que fuera a su oficina.
No tenía ni la menor idea de que se trataría, pero, no parecía molesta, solo algo seria.
— ¿Me llamó? — Pregunté algo nervioso de que fuera algo malo.
—Claro que no lo hice genio— Dijo con un tono sarcástico en ella— Claro que si lo hice, si no ¿Por qué otra fuerza estarías aquí? —Ella recuperó su tono normal.
—Lo siento, fue un comentario estúpido.
—Si, lo fue, pero bien— Colocó sus manos entrelazadas frente a ella apoyando sus codos sobre el escritorio tomando una postura más seria que todas las que había visto alguna vez de ella— Te he llamado, porque hay cosas que arreglar— Tomó un largo respiro antes de continuar, y por mientras yo comenzaba a ponerme más y más nervioso.
—Si es por lo del último papeleo… Me disculpo, no tenía ni idea de que eran para la próxima semana y que debían tener la planeación de hoy— Con incomodidad me aflojé un poco el cuello de la camisa.
—No es eso, Me refiero a que se trata sobre ti en general…
— ¿Sobre mi? — Pregunté, si estaba confundido antes, ahora lo estoy más.
—Así es, te he notado bastante raro, tu humor no esta como antes y no podría pasar por alto el haberte encontrado perdido en la bebida por completo… ¿Qué hubiera pasado si la prensa se hubiera enterado antes que yo?, Tendrías perdida por completo tu imagen, pero especialmente ¿Esto se debe a tu esposa?, No se necesita ser muy inteligente para saber que algo paso entre ustedes, de no haber sido así ella hubiera estado a tu lado durante las dos semanas… No quiero entrometerme en tu vida personal Bolin, pero desde que toda tu carrera e imagen va en juego tengo derecho de intervenir.
Siempre supe que Kuvira no era nada tonta, su habilidad para la deducción era increíble, fui iluso al pensar que ella se quedaría callada al respecto de lo pasado.
Tampoco es que pudiera ocultarse mucho que me sentía mal por lo ocurrido con Opal, me siento fatal y es imposible no hacerlo, cinco años de relación es mucho tiempo.
Pero ahora me preguntaba ¿Por qué Kuvira estaba tan interesada?, si es verdad que mi carrera e imagen va en juego por todo lo pasado, pero siempre se ha mostrado tan distante con todo que ahora me sorprende en lo absoluto.
—Yo… —Sentí como en mí garganta se formaba un nudo que me impedía hablar, estuve un tiempo callado, forzándome para no derrumbarme frente a ella, que era mi jefa y nada tiene que ver con lo que yo hago, pero debía hacerlo, cuando me sentí valiente suspiré y hablé— Opal… Me dejó— Sentía un enorme dolor en la garganta que me impedía seguir hablando, me echaba aire en los ojos para impedir llorar— Cuando… Me encontró bebiendo, había encontrado la nota… Donde… Donde— Las lágrimas comenzaron a correr por mis ojos libremente— Me dijo que me dejaba.
Era un miserable, llorando frente a mi jefa aceptado el riesgo de ser despedido por mi debilidad, pero era doloroso, algo horrible, como una pesadilla que me come.
—Shhhhh… —Inesperadamente ella salió de su lugar frente a mi, se acercó a mi y me abrazó hablándome al oído con voz maternal— Si de algo te sirve, te diré que ella no sabe lo que nos dejó aquí a todas las mujeres.
Me dejé envolver entre los cálidos brazos de mi jefa sin importarme nada más que curar mi dolor, olvidando la extrañeza de sentirla tan cerca de mi, tan amable, simplemente quería descansar del dolor que hacía tantos días amenazaba con romperme en mil pedazos como una piedra a un cristal.
Pero fue curioso que desde aquel día no volví a sentirme solo…
Continuará…
