Hogwarts

Aun temblando de la emoción, bajó del barco y apreció las grandes puertas de roble del inmenso Hogwarts, y Hagrid percibiendo su nerviosismo —la de todo, en verdad— los introdujo al Castillo, pasando entre los pasillos vacíos de Hogwarts, lleno de retratos de magos y brujas famosos, unos al verlos los saludaron, otros simplemente los miraban y otros seguían en lo suyo. Se detuvieron en un pasillo vacio y Hagrid se volvió hacia ellos:

—Bueno, solo hasta aquí puedo acompañarlos. Deben esperar a la profesora McGonagall —dijo antes de retirarse.

— ¿Y quién es ella? —Le preguntó Ginny a Dennis.

—Colin me ha dicho que es la jefa de la casa Gryffindor. Supongo, que ella es la que esta ha cargo de la Selección.

—Sí, también lo creo, pero, ¿cómo, exactamente, nos seleccionan?

Antes que Dennis pudiera responder, una mujer alta, vestida con una túnica negra y un sombrero del mismo color una expresión seria en el rostro, apareció por el mismo pasillo por donde Hagrid había salido, trayendo consigo un rollo de pergamino. El primer pensamiento de Ginny al ver a la mujer frente a ella, es que a esa mujer se le debía ir con cuidado.

—Buenas noches —dijo con una voz solemne, mirando a cada uno de ello, cuando reparo en Ginny, sus ojos se detuvieron un segundo más en ella y luego prosiguió: —Bienvenidos a Hogwarts —dijo la profesora McGonagall—. El banquete del comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestros lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estéis aquí, vuestras casas serán como vuestra familia en Hogwarts. Tendréis clases con el resto de la casa que os toque, dormiréis en los dormitorios de vuestras casas y pasaréis el tiempo libre en la sala común de la casa.

»Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos.Hogwarts les da la bienvenida. Ahora, formen una sola fila y síganme.

Los nerviosos alumnos se miraron entre ellos y la siguieron, Ginny se puso al final de la fila, detrás de Dennis, que ahora parecía ansioso. Caminaron en silencio por los largos pasillos de Hogwarts, hasta llegar a unas puertas dobles hechas de roble, donde se podía percibir las voces detrás de la puerta, (Ginny supuso que allí se encontrarían el resto de los alumnos del colegio), aquello la inquietó, no estaba acostumbrada a las multitudes.

—Síganme —volvió a ordenar la profesora McGonagall, empujando las puertas dobles y apretando el rollo del pergamino, adentrándose al Gran Comedor, seguida de los nuevos estudiantes, que nerviosamente caminaron entre las cuatro mesas, mirando alrededor con curiosidad. Ginny pudo sentir las miradas de muchos alumnos sobre ella e incluso escuchar murmullos hacia su persona, pero, ella no les prestó atención y siguió caminando hasta llegar a la parte superior del Comedor, donde se encontraba la mesa de los profesores.

—Es…es increíble —tartamudeo Dennis emocionado, observando las dimensiones del Gran Comedor— podrías poner cien casas y aun así sobraría espacio.

Ginny asintió, dándole la razón. Si había creído que Hogwarts era hermoso, el Gran Comedor no se quedaba atrás. Cientos y cientos de velas flotaban en el aire sobre las mesas dándole un aspecto increíble, y porque no decirlo, mágico. El techo del Gran Comedor había sido encantado para que presentara el mismo aspecto que el cielo al aire libre y ahora éste presentaba una noche oscura salpicada de estrellas, bajó la mirada y vio las cuatro largas mesas que pertenecían a cada casa de la escuela: Gryffindor, Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw, respectivamente.

La profesora McGonagall apareció con un taburete de cuatro patas que colocó en el suelo ante los alumnos de primero y Ginny, y encima de él, un sombrero extremadamente viejo, sucio y remendado. Ginny miró con extrañeza al sombrero delante suyo para voltear hacia Dennis, confundida. Dennis se encogió de hombros y Ginny se dio cuenta que estaba tan confundido como ella, volvió su mirada al sombrero y para su sorpresa, se abrió un desgarrón en el sombrero y formando una boca, empezó a cantar:

Hace tal vez mil años

que me cortaron, ahormaron y cosieron.

Había entonces cuatro magos de fama

de los que la memoria los nombres guarda:

El valeroso Gryffindor venía del paramo;

el bello Ravenclaw, de la cañada;

del ancho valle procedía Hufflepuff el suave,

y el astuto Slytherin, de los pantanos.

Compartían un deseo, una esperanza, un sueño:

idearon de común acuerdo un atrevido plan

Para educar jóvenes brujos.

Así nació Hogwarts, este colegio.

Luego, cada uno de aquellos fundadores

fundó una casa diferente

para los diferentes caracteres

de su alumnado.

Para Gryffindor

el valor era lo mejor;

Para Ravenclaw,

la inteligencia.

Para Hufflepuff el mayor merito de todos

era romperse los codos.

El ambicioso Slytherin

ambicionaba alumnos ambiciosos.

Estando aún con vida

se repartieron a cuantos venían,

pero, ¿cómo seguir escogiendo

cuando estuvieran muertos y en el hoyo?

Fue Gryffindor el que halló el modo:

me levantó de su cabeza,

y los cuatro en mí metieron algo de su sesera

para que pudiera elegiros a la primera.

Ahora ponme sobre las orejas.

No me equivoco nunca:

echare un vistazo a su mente

¡y te diré de qué casa eres!

Los aplausos no se hicieron esperar después de que acabara de cantar el Sombrero Seleccionador.

—Es sólo ponerse el Sombrero Seleccionador —masculló Dennis por lo bajo y mirando molesto hacia la mesa de Gryffindor, agregó: —Voy a matar a mi hermano.

La profesora McGonagall desplegó en aquel momento un rollo de pergamino.

—Cuando pronuncie su nombre, se pondrán el sombrero y se sentarán en el taburete —dijo dirigiéndose a ellos—. Cuando el sombrero anuncie la casa a la que pertenece, irán a la mesa correspondiente. ¡Ackerley, Stewart!

Un chico pequeño de cabello castaño se adelantó, nervioso cogió el Sombrero Seleccionador, se lo puso y se sentó en el taburete.

— ¡Ravenclaw!— Grito el sombrero.

Stewart Ackerley se quitó el sombrero y se fue a toda prisa a sentarse a la mesa de Ravenclaw, donde todos los miembros de la casa lo recibían, aplaudiéndolo.

— ¡Baddock, Malcolm!

Un chico de cabello negro y expresión mal humorada, se sentó en el taburete con el sombrero en la cabeza.

— ¡Slytherin!

La mesa del otro extremo del Gran Comedor estalló en vítores, Ginny vio cómo su queridísimo primo aplaudía la llegada de Malcolm. Ginny se lamentó por el pequeño, había leído demasiado de esa casa para saber cómo eran.

— ¡Branstone, Eleanor!

Una chica de cabello rubio y mirada ingenua, pasó adelante.

— ¡Hufflepuff!

La mesa de Hufflepuff, rompió en aplausos, dándole la bienvenida a Eleanor, y cuando llegó a la mesa, un muchacho muy guapo de cabellos negros, la saludó y la felicitó. Ginny se quedó como hipnotizada por el chico, era muy guapo.

— ¡Cauldwell, Owen!

Ginny salió de su letargo y parpadeó confundida.

— ¡Hufflepuff!

Otra vez, la misma mesa y el mismo muchacho recibieron a Owen y Ginny por un fugaz momento deseó estar ella también, en Hufflepuff.

— ¡Creevey, Dennis!—llamó la profesora McGonagall, llamando la atención de Ginny, lo miró y se le notaba nervioso.

—Suerte —le susurró, para infundirle confianza, él asintió y se adelantó, cogió el Sombrero Seleccionado, se lo puso y se sentó.

Apenas pasaron unos segundos, cuando el desgarrón que tenia por boca el sombrero, se abrió:

— ¡Gryffindor! —Grito el sombrero.

La mesa de Gryffindor prorrumpió en aplausos y le dio una cálida acogida cuando Dennis, sonriendo de oreja a oreja, llegó y se sentó al lado de su hermano. Dennis volvió su vista hacia ella y dijo sin hablar, moviendo solo los labios: " ¡Ahora te toca a ti!"

Demelza le sonrió dándole apoyo, Ginny trató de devolverle la sonrisa, pero estaba tan nerviosa que le salió como una mueca.

La Selección continuó. Poco apoco chicos y chicas nervioso fueron acogidos en una casa, haciendo que la fila se acortará y haciendo a Ginny más llamativa, por ser la más alta.

— ¡Pritchard, Graham!

— ¡Slytherin!

Se empezó a sentir nerviosa y su estomago empezó a revolverse. Ahora, sólo quedaban tres: ella, una niña castaña y un niño pelinegro. No sabía en qué casa le mandaría el sombrero, sólo esperaba entrar a Gryffindor, junto a Demelza, Colín y Dennis , ellos realmente le agradaban, pero una cosa era segura, ella no entraría a Slytherin, incluso si tenía que rogarle de rodillas al Sombrero Seleccionador.

— ¡Quirke, Orla!

La niña castaña, se adelantó y se puso el sombrero.

— ¡Ravenclaw!

Pero y sí… toda su familia había ido a Slytherin no, no, técnicamente no era su familia y ella no entraría a Slytherin, ni por todo el oro de Gringotts, así tengan que arrastrarla…

— ¡Rivers, Ginny!

Ginny dio un respingo y notó que algunas personas reían y muchas otras la miraban con interés, parecía que no era la primera vez que la profesora McGonagall decía su nombre. Dio un paso adelante, nerviosa y casi resbaló con sus propios pies, un grupo de Slytherin (incluido, la pandilla idiota de su primo) se rieron. Respiró hondo una y otra vez, controlándose para no echarles un maleficio allí mismo, y recordó las palabras de Bellatrix: "La elegancia ante todo, Ginny". Así que, con toda la elegancia e indiferencia que sentía caminó hacia el taburete de cuatro patas, haciendo que las risas de los Slytherin cesarán y muchas chicas murmuraran. Se sentó en el taburete y satisfecha de hacerlos hecho callar y mandándole una sonrisa socarrona hacia su primo, se puso el Sombrero Seleccionador.

—Vaya, vaya —dijo una voz impresionada en un lado de su oido— eso fue divertido.

—¿Cómo? Tú sabes lo que pasó.

—Por supuesto, puedo ver en tu cabeza lo sucedido, muy astuta. Incluso, Salazar Slytherin estaría muy impresionado. Sabes, serias una excelente Slytherin.

— ¿Qué? No… no, solo lo hice para que no se burlarán de mí —trató de excusarse Ginny— no me metas allí, detestó todo de ellos: su altanería, su orgullo y su aprecio por las Artes Oscuras. Además, que preferiría estar con mis amigos.

—Pero, te atrae el peligro y lo prohibido. Y no, no intentes negarlo porque sé todo lo que sucede en esta cabecita tuya, pero sí, tienes razón; Slytherin no es para ti, —se quedó pensativo mientras Ginny sonreía, al menos no la metería en Slytherin— tienes inteligencia eso puedo notarlo y un buen corazón, capaz de perdonar hasta a tus peores enemigos y eres capaz de arriesgar hasta tu vida para proteger a quienes amas. Cualquier casa a la que te ponga estaría feliz de tenerte… —

—Entonces…—dijo ansiosa.

—…Pero sólo una te ayudará a encontrar ese pasado que tanto anhelas —dijo.

— ¿Qué? ¿Qué quieres decir? Tú sabes… —

— ¡Gryffindor! —Gritó el Sombrero Seleccionador y la mesa de Gryffindor celebró su llegada con aplausos y en un susurro, el sombrero, agregó, misteriosamente:

—Porque no puedes construir un futuro sin saber los cimientos de tu pasado.

Aun aturdida y confundida por lo dicho por el sombrero, se lo quitó y se lo entregó a la profesora McGonagall, quien le dio la bienvenida a su casa y ahí cayó en cuenta, de que había quedado en Gryffindor. Una pequeña sonrisa se extendió por su rostro y olvidándose de las enigmáticas palabras del sombrero, se sentó al lado de sus amigos, radiante y feliz de no ser separada de sus amigos.

— ¡Qué bien, que quedaste en Gryffindor, Ginny! —dijo Dennis con entusiasmo.

—Sí, Ginny es genial que quedemos en la misma casa —dijo Demelza con una sonrisa, Colin asintió— así me dices quien fue la que te enseño caminar de esa forma tan increíble.

— ¿Cómo?

—Sí, ya sabes cómo las concursantes de belleza —dijo Colin— son chicas muggles muy bonitos y con unos cuerpazos…—

—Sí, sí, ya sabemos cómo te gustan esas chicas —dijo Demelza condescendiente mirando la cara de bobo que había puesto su amigo— pero, en verdad, estuviste genial y les cerraste la boca a esos Slytherin. Oye no crees que podrías enseñar a caminar así.

—Sólo son clases de etiqueta, Demelza, la verdad —dijo Ginny con modestia—. Cualquiera que las practicara tanto como yo, caminaría igual.

—Entonces, ¿me enseñarás?

—Pues, las clases de etiquetas son muy complejas y no entenderías —miró a su amiga que la veía suplicante, suspiró—. Bien, te enseñare.

— ¡Sííííí!

El último alumno: Kevin Whitby fue elegido a Hufflepuff, la Ceremonia de Selección dio fin. La profesora McGonagall cogió el sombrero y el taburete y se los llevó.

El profesor Dumbledore: un hombre alto con abundante cabello plateado y una barba larga del mismo color, vestido con una majestuosa túnica de color verde oscuro bordada con multitudes de estrellas y lunas, se levantó (Ginny sólo lo reconoció por el cromo de ranas de chocolate y los libros de historia moderna que había leído), extendió los brazos como si deseara poder abrazar a todo los miembros del Gran Comedor:

—Tengo sólo dos palabras que decirles —dijo, y su profunda voz resonó en el Gran Comedor— ¡A comer!

La boca se le abrió de estupefacción, era sólo eso lo que tenía que decir, el famoso Albus Dumbledore, Primera Orden de Merlín, Jefe Supremo del Wizengamot y la persona quien admiraba Ginny(razón por la que siempre deseo ingresar a Hogwarts) : —¿¡A comer!

—Ginny, ¿no vas a comer? —Preguntó Demelza, señalando los platos de oro rebosantes de comida y sirviéndose puré de papas al suyo propio, mientras, Colin y Dennis comían como si no hubiera probado bocado en días.

— ¿Qué? Ah, sí… claro —se sirvió ensalada, papas asadas y un trozo de carne—. El profesor Dumbledore usualmente dice ese tipo de discursos — le dijo a Demelza.

— ¿Qué quieres decir?

—Pues, creí que diría algo importante e interesante, después de todo es el profesor Dumbledore, ¿no? El mago más grande de los últimos tiempos.

—"Ji," — intervino Colin con la boca llena de pollo frito—"pedo" "edo" no "jiere" "degig" —tragó con dificultad— que él no sea excéntrico y un tanto extraño. ¡Oh, mira Dennis! —Dijo, esta vez emocionado— ¡Harry Potter nos está mirando! —Ginny quien miraba al profesor Dumbledore, evaluándolo, giró tan rápido el cuello que creyó que se le había quebrado. Frotándoselo, lo buscó con la mirada, pero sólo se encontró con el mismo muchacho con quién se había topado dos veces. El chico al darse cuenta que había sido pillado observándolos, desvió la mirada, con la cara roja—. Es ese Dennis —le dijo a su hermano casi saltando de la emoción— ese chico de cabello negro y gafas redondas…—

¡Plaf!

Ginny dejo caer con demasiada fuerza, la copa con jugo de calabaza que había a punto de tomar, derramándolo en el blanco mantel.

— ¿Quieres decir…— dijo en un tono de voz frío. El mismo que usaba cada vez que se topaba con su queridísimo primo Draco—… que ese…ese…—ni siquiera podía hablar de la rabia que sentía—…ese de cabello negro y gafas es Harry Potter?

—Sí —dijo Colin con emoción, pero al ver su rostro crispado, agregó: —Ginny, ¿estás bien?

—Perfectamente —dijo apretando las manos hasta volverlas blancas y apartando la mirada de Harry Potter, con asco.

Él era, después de todo, el culpable de la muerte de sus padres. Bellatrix se lo había contado todo. Después de que Harry Potter había tomado el tren para su primer año en Hogwarts, mortífagos habían atacado al pequeño poblado donde ella y sus padres vivían y atacaron el coche donde ella y sus padres intentaban huir y lo peor de todo no era que los atacaban, sino porque los atacaban. Lo hacían porque un niño, un estúpido niño había asesinado a su señor, ellos cobraban venganza matando a inocentes muggles como sus padres. Por eso odiaba a Harry Potter y todo lo que su nombre representaba, porque si no fuera por él, ella, podría tener aun a sus padres a su lado. Porque por él, los mortífagos habían destruido su vida y la habían hecho perder la memoria y aunque Bellatrix la había acogido, ella siempre se sentiría como una recogida, como siempre se lo había dicho Draco.

Se sintió cansada y una fuerte jaqueca empezó a formarse en su cabeza. A duras penas, escuchó el discurso de Dumbledore sobre el Torneo de los Tres Magos que se realizaría en Hogwarts y ni siquiera la repentina aparición del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, Alastor Moddy, ayudó a despejar su mente. Apenas, terminó el discurso del director, casi salió corriendo a su habitación junto a sus amigos. Sólo deseaba descansar ya que mañana sería su primer día de clases y ver la cara de Harry Potter.