Nami caminaba rabiosa por uno de los corredores, la vergüenza se apoderaba de ella cada vez que recordaba esa noche y no tenía ni idea de cómo enfrentarlo "¿Qué estoy haciendo?" "¡No, no, Nami, él te va a escuchar!" El debate mental la tenía aturdida y solo ayudaba a enfurecerla más.

"¡Si estaba tan borracha al punto de cometer semejante estupidez, como es que recuerdo cada segundo de ese momento!?"

—¡ALGUIEN PUEDE EXPLICARME!—Dijo al fin, pues estaba loca por gritar.

{ {Llegamos al final del recorrido y no encontramos el One Piece. Luffy apenas podía mirarnos a los ojos y yo apenas pude reconocerlo. Sus sueños habían sido arrojados por un precipicio y los nuestros… ni decirlo. Nos detuvimos en una isla y bebimos por horas. Luffy apenas tocó la carne, Sanji se olvidó del cigarrillo, Borrok, Chopper y Usopp no paraban de llorar, Franky parecía un completo robot, Robin no parecía tener alma, Jimbe cerró los ojos y bajó la cabeza, Zoro se encerró en su cuarto de entrenamiento y yo… ni siquiera sé cómo me sentía yo. Supongo que estaba igual que los demás.

Luego de haberme emborrachado comencé a vomitar, una y otra vez, ya ni sabía de donde venía tanto vómito. "No encontramos el One Piece. Ok" me dije "pero ya no me guardaré más estos sentimientos, son tortuosos"

Casi a rastras, tambaleándome de pared en pared llegué hasta la habitación de Zoro. Toqué la puerta. No abrió.

—¡Abre idiota que sé que estás ahí! ¡No quieres que te vean llorando!?

En eso, la puerta se abrió. Zoro estaba rabioso.

—¡No tienes nada que hacer, Nami!?

—Tienes razón…—perdí el equilibrio y terminé aguantándome de su pecho. Levanté el rostro y lo atrapé mirándome. Me avergoncé tanto que lo empujé con todas mis fuerzas. Él terminó en el suelo, al igual que yo apenas se podía mantener de pie—¡no tengo nada que hacer Y QUÉ!

—Mujer loca—dijo él y terminó recostándose completamente en el suelo.

Yo comencé a reír como una desquiciada y me le acerqué. Me coloqué encima de él, me senté a horcajadas y recosté mi cabeza sobre su pecho. Lo abracé, lo abracé muy fuerte y comencé a llorar.

—¡Oye, Nami, ¿qué demonios haces?!—Me dijo, obviamente avergonzado.

—Sí que estoy loca—murmuré—Estoy más que loca por haberme enamorado de ti.

No sabría que decir en cuanto a su reacción, no podía ver su cara, pero recuerdo perfectamente el sonido de su corazón. No habló, no por unos minutos.

—Estás borracha, Nami.

Levanté mi cabeza de su pecho y enrollé los brazos en su cuello, acerqué mi labios a los suyos y continué hasta que los tuve lo suficientemente cerca de su oído.

— ¿Eres idiota? ¿Crees que te diría esto si no estuviese borracha?

Sentí una risita en mí oído y automáticamente me apretó las caderas contra él.

—Tienes razón. Tampoco haría esto de no estarlo—me dijo, me recogió el cabello con la mano disponible y me comenzó a besar el cuello.

Recuerdo perfectamente el estado de mi piel. A penas pude mantener mis sentidos a causa de aquellos besos.

—Quiero más, Nami.

En cuanto escuché eso, reaccioné y me aparté toda excitada y asombrada de mi misma. No sé si fue por la sorpresa o por arte de magia, pero la borrachera se esfumó.

Lo miré apenada.

—Olvida lo que sea que haya pasado aquí—dije enseguida.

Él me frunció los ojos.

— ¿Y lo que dijiste?

—¿Yo? ¿De qué hablas? ¿Estabas delirando?

—Creí que esa eras tú.

No supe que responder a eso así que me puse en pie y salí de allí a toda prisa. Quería creer que era un sueño ¿pervertido? Ok, pervertido, pero sería solo eso, un sueño.}}

Llegó hasta su habitación y tocó la puerta. Esta vez, el espadachín abrió enseguida y además, le estaba sonriendo.

— ¿Puedo saber porque mierda estas sonriendo?

—Me encanta verte así y creo adivinar por qué. Recordaste es anoche de nuevo.

Nami se enrojeció pues el espadachín estaba en lo cierto.

—¿Cuándo planeas devolverme mi oro?—Dijo ella al fin lo que realmente quería decir.

—Este?—Dijo Zoro mientras agarraba la bolsa de oro que había dejado caer Nami la noche anterior.

—Ese mismo.

—Creí que ya era mío—dijo con una sonrisa.

—Ni sueñes.

—Toma, anda—extendió la bolsa hacia la chica. Nami trató de tomarla pero antes de lograrlo, Zoro la tomó por la mano y la abrazó—Creo que amenos merezco esto.

Nami sintió una tormenta en el pecho.

—Pr- pronto… Sabo-y-Luffy, volverán- deveriamos… deveriamos…

Zoro se apartó de ella y le entregó la bolsa en las manos. El espadachín miró a la chica a los ojos, era una mirada cargada de deseo.

—¿Sabes por qué no tengo necesidad de elegir, Nami? Al parecer…—murmuró inclinándose hacia ella y tocándose el pecho— este ya eligió por mí.—Dijo y salió de la habitación dejando a la chica trastornada.


—Ahora mismo sé lo que estás pensando, Luffy—Dijo Sabo—Yo no soy una pirata y tengo una familia que cuidar pero… tú no decides eso por mí.

—Sabo, yo…

Sabo le impidió seguir.

—Lucharé a tu lado, y si no me lo permites como has dicho, haré mi propio lado.

—Pero y Ace, Sabo, y tu esposa?

—Ambos lo entenderán…—Sabo puso una mano en el hombre de Luffy y luego lo abrazó—hermanito.

Luffy permaneció con los ojos bien abiertos, necesitaba pensar, pero la calidez de aquellas palabras y de aquel abrazo familiar, le arrebató una lágrima.

—Gracias, Sabo.

"Pero igualmente, no lo permitiré"

Ok, este capítulo no avanzó mucho pero, sinceramente espero que les haya gustado. Con gusto aceptaré sus comentarios. Soy Ducher : ) Nos vemos!