Hola!
Bueno, parece ser que he tardado un poco más de lo que esperaba, pero ya se sabe, en estos días, con las compras navideñas y todo eso...es todo un poco estresante.
Aquí os dejo la siguiente viñeta, que personalmente, creo que me ha quedado algo extraña, aunque me gusta :D
Espero que a vosotras también. Por cierto, muchas gracias a todo el mundo por sus comentarios, que me animan mucho, realmente.

Ya sabéis, nada de esto es mío, por más que quiera. Los derechos y dineros varios le pertenecen a JK.Rowling.


Manual de un buen soldado.

3. Perseverancia.

Todo buen soldado ha de ser un pilar constante y fundamental para sus compañeros en los malos momentos.

Si los Carrow hostigaban a sus alumnos con absurdos ideales de pureza de sangre, si les llenaban las horas de castigos y prohibiciones. Si otros hubieran dado la batalla por perdida antes incluso de pisar el suelo donde habría de librarse, él no. Desde luego que no.

Años vividos con su abuela le habían enseñado muchas cosas. Sabiduría innata aplicada a la supervivencia, a la lealtad y a la constancia de alguien que hizo de madre y de padre. Por eso sabía que no debía rendirse. No cuando, cada año, antes de comenzar el curso, su abuela le contaba lo excelente mago que había sido su padre. Le hablaba de sus primeros hechizos, de sus buenas calificaciones y de sus logros. Cuando ella le contaba también cosas maravillosas de Alice, aunque no fuera su hija. De lo mucho que se querían y de cómo lucharon por defenderle.

Neville sabía que todo conducía hacia algún lugar, y estaba seguro de a donde conducía su historia. Quería ser capaz de arrancar una palabra emocionada de su abuela, para que ella pudiera contar cómo luchaba su nieto mientras los Mortífagos campaban por Hogwarts.

Sus pasos le llevaban hacia el lugar donde aquella semana se celebraba la reunión. Siempre alternando, nunca en un lugar fijo. Tenían experiencia de lo ocurrido en quinto curso, tomaron muchas ideas de la mente brillante de Hermione, que aún les ayudaba desde la distancia, donde quiera que estuviera. Eran bastantes los que recordaban aquellos tiempos. Y no sólo las palabras, también los hechizos aprendidos, que ahora repetían un par de veces en cada reunión. Para estar preparados.
No respiró tranquilo hasta no sentirse entre amigos, entre compañeros. Sabiendo que entre aquellas personas se fraguaba algo más que amistad. Lo que allí hicieran era vital para el desarrollo de la inminente guerra, estaba seguro.

Por eso siempre acudía allí. A escuchar un nuevo plan, a consolar a alguno de los pequeños que aún tenían pesadillas, a calmar los ánimos de Ginny cuando ella recordaba a su familia. Cualquier cosa que necesitaran, allí estaba Neville. Era lo que decía Seamus. Y en cierta parte, tenía razón.

Al igual que su abuela, tratando de consolarle y confortarle con bonitas historias de sus padres. O Hermione en su momento, animándole cuando fallaba un hechizo y felicitándole sinceramente por haberlo hecho más rápido que ella misma. Siempre presente. Sus compañeros lo habían decidido así, y realmente, él no tenía mucho que hacer al respecto.

Porque era algo inevitable, tanto como que su abuela añadiera a continuación una molesta comparación con Frank, o que Ron hiciera algún comentario divertido sobre su velocidad a la hora de ejecutar hechizos.
O cómo algo que aún no había pensado, pero que era tan cierto o más que todo lo anterior. Era como el papel del caramelo que su madre le daba en cada visita a San Mungo. Aquel papel entrelazaba dos mundos, el de la realidad y el de los espejismos. ¿Quién no soñaba a veces con cambiar el orden de las cosas?

Y así se descubrió a sí mismo, emocionado, al escuchar hablar a Garrett Mayhew, que no hacía una semana sufría pesadillas, y ahora contaba cómo había logrado escaparse de Amycus Carrow. Neville sonreía, con una mano metida en los bolsillos del pantalón, habiendo descubierto allí un papel de caramelo. Un puente entre dos mundos. Él mismo, adherido como papel al caramelo, como organizador de la resistencia a sus compañeros. Siempre juntos.