Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia es de LyricalKris, yo solo me adjudico la traducción con el debido permiso de la autora.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


Bella – 24 años

Bella quería a su jefa.

Tanya Cullen era el epítome de lo que Bella quería ser. A los treinta y cinco años, era joven para haber logrado tanto como lo había hecho. Se había labrado su camino a través de las filas de periodistas respetados, al pasar de trabajar en una nueva revista cuando tenía la edad de Bella, de trabajar con algunas de las revistas más importantes, para iniciar su propia a los treinta años.

Bella había comenzado en la revista como pasante. Había sido contratada después de que obtuvo su título, y había trabajado su camino desde el fondo del peldaño inferior para... bueno, la parte superior del peldaño inferior. Una semana antes había sido promovida a asistente personal de Tanya.

Era un trabajo con una enorme tasa de recomendación, pero no por las razones que habría esperado nadie. El nombre de Tanya llevaba suficiente influencia en la industria que solo por trabajar en su revista eras notado. Una recomendación personal de Tanya —la cual la mayoría de sus asistentes obtenía— te conseguía una contratación. Con buena razón. Tanya era buena mostrando a su gente el medio. Un año como su asistente personal venía con experiencia en la práctica del trabajo.

Con solo una semana, Bella estaba deseosa de mostrar su dedicación. Tanya trabajaba hasta tarde, así que Bella trabajaba hasta tarde. A pesar de que su jefa la había animado a ir a casa, Bella se quedaba, terminando proyectos, haciendo una investigación adicional, o simplemente averiguando los pormenores de lo que se necesitaba para ser Tanya Cullen. Más bien, lo que se necesitaba para ser la mujer que ayudó a Tanya Cullen a ser Tanya Cullen.

Bella echó un vistazo a la agenda de Tanya, tratando de recordar las fechas importantes que venían en las próximas dos semanas. Se quedó sin aliento cuando se dio cuenta de una entrada que de alguna manera había pasado por alto. Rápidamente tomó su teléfono y pulsó el intercomunicador de la oficina de Tanya.

Oh, Dios. Por favor no me digas que el bastardo renegó de la entrevista otra vez —dijo Tanya en señal de saludo, refiriéndose al senador que había prometido entrevistas y se le habían ido de las manos repetidamente—. Es por eso que me quedé. Sabía que iba a tratar de hacer el truco de llamar después de horas.

—No, eso aún está bien hasta donde sé —dijo Bella—. Pero son las seis y media. Tienes una cena al otro lado de la ciudad a las siete y media. Está marcada como personal, pero se está haciendo tarde.

Mierda —suspiró Tanya—. Edward ya ha reprogramado ésta también. Le dije que fuera sin mí. Es su compañero de cuarto de la universidad, después de todo. —Hizo un ruido de contrariedad de nuevo—. Pero esto tiene que hacerse. Tiene que hacerse esta noche. Oh, Cristo. Él va a matarme. Aunque realmente, ¿qué sentido tiene? Quiere que salga de aquí antes, pero le toma hasta cuarenta y cinco minutos de mi tiempo discutir conmigo sobre ello. ¿Sabes lo que eso me hace?

—¿Cuarenta y cinco minutos más tarde lo que ibas a estar?

Exactamente. Me alegra que alguien más pueda usar las matemáticas. —Otro suspiro.

Bella vaciló, preguntándose si estaría sobrepasando sus límites.

—¿Quieres que lo llame por ti? Tal vez no mate al mensajero.

Hubo una pausa, y Bella casi tartamudeó una disculpa.

¿Lo harías? —preguntó Tanya, sonando sorprendida—. Él no te gritaría. En realidad mi esposo es realmente genial. Al pobre hombre lo he hecho pasar por muchas cosas.

—Entonces lo llamaré, y haré una reservación para una agradable cena para ustedes dos mañana. Es fin de semana, y tu horario está libre. ¿Algún lugar romántico? Puedes sorprenderlo.

Tanya rio.

Oh, me gustas, Bella. Eres una solucionadora de problemas. Eso sería muy dulce de tu parte. Gracias.

Cinco minutos después, Bella marcó el número de celular de Edward Cullen. Estaba un poco nerviosa, no sabía qué esperar, pero razonó que no podría tener ambiciones como periodista y tener miedo de llamar a alguien que podría ponerse de mal humor por lo que ella tenía que decirle.

¿Hola?

Algo sobre el sonido de su voz envió un escalofrío por la espalda de Bella. Extraño. Podrían haber sido los nervios. Se aclaró la garganta.

—¿Señor Cullen?

Al habla.

—Hola. Mi nombre es Bella. Soy la asistente de Tanya. Le estaba llamando porque ella está ocupada por el momento y…

Y no será capaz de venir —dijo rotundamente.

—Ella se siente terrible.

Oh, estoy seguro. —El sarcasmo en su voz puso cada hueso de su cuerpo en defensa.

—Señor Cullen…

No, lo siento. —Su voz se suavizó considerablemente—. No la haré inventar excusas por ella. —Sonrió, un sonido oscuro—. Créame, entiendo muy bien qué es eso. Gracias por hacérmelo saber.

Cuando él colgó, Bella se quedó viendo el teléfono, en conflicto. Con toda honestidad, no podía culpar al hombre por estar molesto. Por lo que ambos, el señor Cullen y Tanya, habían dicho, ella cancelaba sus planes a menudo. Pero eso venía con la profesión, ¿no es así? El periodismo no era el tipo de trabajo que se podía hacer de ocho a cinco y solo irse a casa por la noche, y no pensar en ello hasta la mañana siguiente al llegar a la oficina. No funcionaba de esa manera. Sin duda, su marido tenía que entender eso. Bella sabía por los chismes en la oficina que ellos habían estado casados por diecisiete años.

Bella apoyó su pie sobre la mesa y subió la pierna del pantalón, considerando su tatuaje por un momento. Seguía siendo su único. Lo que no significaba que ella había estado sola. Hubieron algunos amoríos en la universidad, algunos "quizás" que no habían resultado por una razón u otra. Mayormente, Bella se alegraba.

No era que se opusiera a la idea del amor. Era solo tanto drama. En la universidad, ella había obtenido su educación en más que solo periodismo. Estos malditos tatuajes fueron el ímpetu para toda clase de miseria. El amor era una puerta de entrada al dolor y complicaciones.

Bueno, no. Bella no era ajena a las historias felices. Estaban allí también. Sorprendentemente, su madre era una de ellas. Había pasado por momentos difíciles, habiendo dejado el trabajo un año, y aceptado su aventura del momento. Phil, sin embargo, todavía no se había ido. Y luego, por supuesto, estaba su mejor amiga de la universidad, Alice. Alice, quien como Bella, tampoco había estado muy preocupada por las relaciones hasta que Jasper Whitlock, un estudiante de postgrado, la había conquistado. Así que sí. Bella notaba el valor en ello.

Aun así, si tuviera a alguien a quien volver a casa, eso haría su vida mucho más complicada en este momento. Tal vez más adelante, cuando pudiera escoger sus trabajos, alternar entre pasar unas semanas encerrada en una burbuja y emerger a una vida normal. Ahora era un buen momento para ser libre. Libre para asegurarse de impresionar a Tanya, para que pudiera llegar a donde quería llegar.

Edward - 34 años y 11 meses

Edward entró en la oficina de Tanya, ignorando a su asistente que trataba de detenerlo, y cerró con un portazo detrás de él. Hizo una mueca cuando Tanya se sobresaltó. No había tenido la intención de cerrar la puerta con tanta fuerza. Resoplando, bajó la cabeza.

—Lo siento.

Tanya no parecía contenta de verlo, pero esperaba eso. Ella ni siquiera se levantó de su escritorio.

—Edward, ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó, sonando cansada.

Se rio sin humor y se sentó en el cómodo sillón que estaba en medio de la parte más abierta de la habitación. Tomó una respiración profunda, tratando de calmar su temperamento. Una pelea a gritos no iba a ayudar con la situación.

—Esa es legítimamente una pregunta ridícula, ¿no crees? —preguntó, manteniendo su voz firme.

—No, realmente no lo creo. —Tanya siguió trabajando en su ordenador. Edward podía ver las imágenes intermitentes pasando—. Son las siete y media. ¿No deberías estar con tu amigo? Le pedí a Bella que te avisara que estaba bien que fueras sin mí. Si llamas a Benjamin, apuesto a que todavía estaría dispuesto a pasar el rato.

—Estoy seguro de que Benjamin lo haría. El problema es que salir con un idiota malhumorado no es divertido para nadie.

Los dedos de Tanya se detuvieron a medio tecleo. Suspiró y se frotó los ojos antes de mirarlo.

—Mira, es solo que… —Él levantó una mano.

—Por favor. —Suspiró también, tan cansado de esta conversación—. Sé que es importante, Tanya. Lo sé. Siempre tienes una excusa, y son buenas excusas. Son difíciles de discutir, pero siguen siendo excusas.

—Vamos, Edward. Dame algo de crédito. He estado ahí cuando ha sido importante, ¿no es cierto? —preguntó Tanya, mirando hacia él.

Se pasó una mano por los ojos y sonrió. Sabía de lo que ella estaba hablando. Entre sus muchas cualidades, Tanya era el epítome de una esposa solidaria. Sin importar lo que estuviera ocurriendo en su trabajo, cuando un evento social era importante para su carrera, ella estaba ahí sin dudarlo. Había jugado el papel de la esposa cariñosa y maravillosa en eventos benéficos. Había preparado la cena cuando él había tenido que entretener a los clientes importantes. Les había conseguido asientos increíbles para el partido de hockey para que él pudiera congraciarse con un hombre que sería un contacto beneficioso.

—Sí —dijo finalmente—. Siempre estás ahí cuando es importante. Solo no cuando es importante para mí.

—Tal vez no entiendo. ¿Por qué diablos era tan importante para ti? Benjamin y yo nunca fuimos cercanos. ¿Por qué tenía que estar ahí?

—Para empezar, era una cosa para parejas. Benjamin trajo a Tia con él esta vez, como ya te lo había dicho. —Edward vaciló solo un momento antes de dejarlo salir todo—. Si quieres saber la verdad, esta noche, más que todo era que no quería ver esa maldita mirada en su cara.

—¿Qué mirada?

—Esa mirada que tienen todos cuando pongo una excusa por ti. —Edward se echó hacia atrás, mirando a su esposa, tratando de no darle una mirada feroz—. ¿Siquiera te das cuenta de lo viejo que se vuelve? Miento por ti todo el maldito tiempo. He estado mintiendo por ti durante más de una década, inventando cosas que de verdad requieren tu atención inmediata sin importar la hora o el día.

Los ojos de Tanya se estrecharon.

—Ni una sola vez te he pedido que mientas por mí. ¿Qué diablos está mal con la verdad? Estoy trabajando.

—Eso no es suficiente. Todo el mundo trabaja. Mucha gente trabaja realmente duro, incluido yo, pero aun así sabemos cómo tener más en nuestras vidas que eso. ¿Sabes lo que pasa cuando digo la verdad, que solo estás trabajando?

Solo trabajando. —Tanya rodó los ojos, su tono mordaz.

Ignorándola, Edward continuó.

—Nadie cree que solo estás trabajando. Nadie cree que alguien pueda estar tan dedicado al trabajo. De esa mirada estoy hablando. La mirada que la gente me da porque piensan que soy el esposo idiota que cree las mentiras obvias de su esposa mientras ella va y se coge a otros hombres a su espalda.

Tanya palideció.

—Eso es ridículo. Nunca te he engañado. ¿No crees que te habrías dado cuenta de un nuevo tatuaje?

—Oh, sabes muy bien que un amorío no tiene que ser sobre amor. —Edward se frotó la sien—. Y eso no viene al caso. Sé que no me estás engañando. Sé que nunca lo has hecho. No con una persona, al menos. Pero si aparecieras con un tatuaje de tu maldito periódico estampado en tu trasero, no me sorprendería. —Hizo un gesto a su alrededor—. Esto es lo que realmente amas. Aquí es donde está todo tu amor y atención.

Tanya se quedó callada ante eso. Se quedó mirando hacia adelante, no trabajando, pero tampoco discutiendo.

—¿Sabes que te amo, verdad? —preguntó con un hilo de voz.

Edward respiró hondo y soltó el aire lentamente.

—Sí, T. Lo sé. Incluso estuvimos bien por un tiempo. —Ella lo había intentado. La última vez que habían tenido una gran pelea, honestamente lo había intentado.

—Entonces el acuerdo de licencia que tuve se fue a la mierda, y se llevó tanto tiempo concretar ese lío —dijo Tanya, pasándose una mano por el pelo—. Mierda, eso fue hace cinco meses.

Edward solo asintió.

Tanya cerró los ojos por unos momentos.

—Está bien —dijo—. ¿Qué te parece esto? Me das veinte minutos más, y me voy a casa contigo. Dejaremos mi auto aquí durante el fin de semana, por lo que la única manera de venir es si tú me traes.

Los labios de Edward se contrajeron.

—¿De verdad?

—Sí. —Se levantó de la mesa y se acercó a él. Lo puso de pie y envolvió sus brazos a su alrededor—. No iba a decírtelo. Iba a sorprenderte, pero tal vez ayude para que me perdones…

—¿Qué? —preguntó Edward, arqueando una ceja, frotando su espalda.

—Tenemos reservaciones en ese lugar fino y francés que te gusta mañana en la noche.

—¿De verdad? —La miró, sorprendido—. ¿Realmente tenemos reservaciones? Como, en este mismo momento. Ya las hiciste.

Ella se rio y asintió.

—Siete en punto. —Alisó las manos por su pecho—. Solo tú y yo. —Le hizo un guiño—. A menos que quieras invitar a Benjamin y Tia. Mostrarles que eres el único hombre en mi vida. Sin excusas.

—No. Tú y yo suena bien.

—Bien. —Tanya le dio un apretón, un beso rápido, y regresó a su ordenador—. Ahora, déjame en paz para que pueda terminar esto. Después soy toda tuya. Lo prometo.

Edward pensó en discutir ese punto. Nunca había entendido por qué necesitaba soledad para concentrarse. Él podía sentarse aquí y ponerse al día en algunos informes. Pero ella había cedido un poco, así que tuvo que ceder también. Se dirigió a la puerta.

En la antesala, se encontró cara a cara con la asistente de Tanya. Parpadeó, sorprendido de encontrarla allí de pie tan cerca.

—Lo siento —tartamudeó ella, dando varios pasos hacia atrás. Su rostro enrojeció—. Uh, solo iba…

Edward sonrió.

—Si no quisiera atención, probablemente no debería haber venido aquí dando portazos. Oye, te dará algo para chismear.

Para su sorpresa, los ojos de la mujer se estrecharon ligeramente.

—Tengo mejores cosas que hacer que chismear —dijo ella en un forzado tono educado—. La señora Cullen tiene una llamada que querrá atender. Iba a llamar por el intercomunicador, pero no quería oír nada que no me correspondiera. Iba a tocar la puerta.

A Edward le hizo gracia que la mujer pareciera ofendida porque su profesionalismo había sido puesto en duda.

—Lo siento —dijo de nuevo—. Vamos a intentarlo otra vez. —Extendió su mano—. Soy Edward Cullen. Puedes llamarme Edward.

Ella puso su mano en la suya sin dudar. Casi tan pronto como su piel entró en contacto, una corriente recorrió la espalda de Edward. Ella debió sentirla también, porque parpadeó varias veces mientras levantaba la barbilla para verlo.

—B-Bella. —Sus ojos se estrecharon en las esquinas, y visiblemente cuadró los hombros, recuperándose de cualquier rara electricidad estática que había cargado el aire alrededor de ellos. Su agarre era firme mientras estrechaba su mano—. Bella Swan.

Edward dio un paso atrás y se hundió en una de las sillas destinadas para las personas que esperaban tener una reunión con Tanya. Sus ojos siguieron a Bella cuando ella regresó a su escritorio, presionando el intercomunicador.

¿Qué es? —preguntó la voz de Tanya, sonando al borde de la irritación.

—Es la gente del senador. Línea 2.

Mierda —dijo Tanya, y Edward podía decir que estaba furiosa—. Malditos bastardos.

—Lo sé. Me tomó unos cinco minutos buscando evasivas para mantener al tipo en la línea. Es un peón. Sé que lo es. Se asusta con demasiada facilidad para tener un mejor puesto. Pero lo mantuve en la línea, por lo que funciona para nosotros.

Edward resopló. No tenía idea de qué demonios estaba pasando, pero ¡ay del peón que tuvo que hacer frente a Bella Swan!, aparentemente. ¿Y ahora el pobre hombre estaba a punto de estar en el extremo receptor de Tanya hablando demasiado rápido?

Tanya rio.

Gracias, Bella. Yo me hago cargo desde aquí.

«Ahí van mis veinte minutos», pensó Edward.

Para distraerse, se aclaró la garganta, atrayendo la atención de Bella. También podría quedar bien con ella ahora. Tenía la sensación de que estaría viéndola seguido.

—Entonces. ¿Hace cuánto que trabajas para mi esposa?


Gracias a las chicas que dejaron rr: SkyC, Dajokaed, rosy canul, BM Cullen, Gatita Swan, IngridMMP, Barbara Cullen, patymdn, kstew patz, DanielaPoulain, freedom2604, labluegirl94, Marta Salazar, tahirizhita grey pattz, Kriss26, js2506, EmDreams Hunter, Hanna D.L , Cullen-21-gladys, prisgpe, Chibik-Lady, Mi marida (DannySk) y los anónimos.

Nos leemos el viernes en la próxima actualización.

Sarai.

Sarai.