The Leyend of zelda no me pertenece.
One Life
Capítulo 4: Prisionera
No recordaba cuantos años tendría, pero debía ser una niña muy pequeña ya que todo a su alrededor se veía enorme. Ella nuevamente se había escapado del cuidado de Nabooru, quien no comprendía como una pequeña como ella, podía escapar de su estrecha vigilancia.
En lugar de preocuparse, comenzó a correr en medio del enorme castillo, con una leve risa infantil y esperando poder divertirse un poco.
Sus pasos se detuvieron al escuchar a una de las Gerudo al final del pasillo, así que entro a la primera puerta que vio y se quedó en completo silencio, hasta poder escuchar que se habían ido. En su lugar una respiración profunda la hizo saltar confundida y algo asustada de ser encontrada.
Estaba en la recamara principal.
Se puso algo pálida al ver a su padre a en medio de una enorme cama, antes había intentado acercarse a él con nulos resultados y una fuerte bofetada, que le enseño que este no la soportaba cerca. Estuvo a punto de salir de la habitación, pero algo la detuvo.
En una pared había una enorme pintura rasgada, como si hubieran quitado a la persona que estaba en ella. La única parte que se observaba era de una hermosa mujer, con ropas que no había visto antes, su larga cabellera rubia y ojos azules que mostraban una gran amabilidad.
Era hermosa.
—Zelda—dijo una voz poderosa.
Asustada se giró para ver a su padre con miedo, pero este parecía extraño sentado sobre la cama, únicamente con un pantalón de dormir de color negro. Sus ojos generalmente terroríficos, aún seguían siendo iguales, pero lucían algo cansados.
Ella pestañeo confundida.
¿Hoy no le gritaría?
—Vuelve con Nabooru—le índico antes de ver el cuadro detrás de ella.
Iba decir algo, pero la mirada oscura de su padre le hizo tragar saliva nerviosa. Asintió varias veces temerosa antes de correr a la salida, se detuvo antes de pasar por la puerta.
—Nos vemos después padre—dijo algo tímida.
Juro ver un brillo extraño en los ojos del hombre.
Pero fue tan rápido y pronto, que todo se volvió negro.
…
Sus ojos se abrieron rápidamente incrédulos, antes de fruncirse ante ese vago recuerdo que había olvidado. Fue una de las pocas veces donde tuvo una interacción directa con su padre, que no termino en un completo desastre.
Todo era muy extraño.
Aunque no tanto como cuando se dio cuenta que sus manos estaban atadas entre sí, se incorporó rápidamente asustada y se sorprendió de verse, también atada de piernas y en medio de una habitación. Era bastante sencilla, pero no por eso desconocida.
Rápidamente palpo sus tobillos, descubriendo con horror como sus armas no estaban ahí. Aun así no estaba tampoco siendo vigilada por alguien más en ese lugar. Su única salida era la puerta principal de la habitación, ya que la ventana tenía unas enormes rejas por fuera.
Aunque atada de manos y piernas no llegaría muy lejos.
Volteo a todos lados, pero aparte de la cama y un viejo mueble a su lado, no había nada de aspecto filoso que le ayudara a liberarse. Pero aun así no podía quedarse en ese lugar…un momento, ¿Dónde estaba?. Había pensado que la resistencia la metería en un calabozo, en el milagroso caso que no fuera asesinada. Al menos eso pensó cuando la reconocieron.
Pero aún estaba viva.
Aun podía pelear.
De repente la puerta se abrió lentamente, provocando que ella se pusiera seria y viera preocupada al chico que aparecía frente a ella.
Su cabello aún era rubio, sus ojos azules aún seguían siendo un total misterio y su expresión seguía siendo fuerte. Miro con algo de orgullo la cicatriz leve en su mejilla y en su mano derecha, algo de lo cual fue su trabajo. Debería estar muerto, ella debió haberlo matado y así su hermana estaría aun en el castillo.
—Ya despertó—dijo la voz de la chica rubia de forma más divertida.
Su cuerpo se tensó un poco al verla, después de todo, esa chica le había derribado en dos ocasiones.
—Dormiste por dos días, Impa está impaciente por verte—aseguro antes de darle instrucciones al otro chico.
Este sin decir ninguna palabra (no parecía ser de la clase de personas que hablaba) se acercó a ella, ocasionando que inconscientemente se hiciera más para atrás. Pero antes de poder hacer algo, ya estaba siendo cargada de forma tosca en el hombro del chico.
Gruño por bajo una maldición.
Su cuerpo moviéndose se sentía algo débil por la falta de alimento y cansancio acumulado, además de los restos del veneno que ahora provocaban un terrible mareo. Aun en esa condición, intento recordar todo lo que veía en su camino.
La información podría salvarla en un futuro.
Pronto estuvo nuevamente sentada, en una silla y aun atada de manos, al igual que sus piernas. La misma mujer que recordaba vagamente antes de desmayarse, aun la veía de forma dura. Ella en cambio no se dejó intimidar, estaba tan cerca de su hermana menor, debía haber una mínima posibilidad de rescatarla.
—Nombre—exigió la mujer morena.
Su rostro se tensó.
¿Qué importaba su nombre?
Bueno a esa mujer parecía importarle, así que tal vez podría usarlo a su favor.
—¿Dónde está Enma?—cuestiono de forma altanera.
Si bien su padre la detestaba en su mayoría, entre las Gerudo tenía un rango bastante alto. Nabooru y Aveil siempre la respetaban y le enseñaron a comportarse, además que instintivamente había diseñado un aura imponente por su crianza.
Algo que siempre demostraba contra sus enemigos.
Una batalla también es mental, eso solía decir Nabooru, demostrarle a tu oponente que te sientes seguro, instintivamente le hará dudar de sí mismo si su mentalidad es débil.
Para su mala fortuna, la mujer no pareció sorprendida o mostrar señales de confusión.
—Si te digo la situación de la niña, estarías dispuesta a colaborarnos con la información que te estoy pidiendo—cuestiono la mujer de forma leve.
Su cuerpo se tensó nuevamente.
No podía dar toda la información, esa era su única arma, pero podría dar indicios que le dieran un tiempo.
—Acepto—dijo muy a su pesar.
Los ojos de la mujer parecieron complacidos.
—La niña se encuentra bien por el momento, está en este lugar y mientras colabores (veo que te es importante) la mantendremos con vida—aseguro la mujer.
Ella la vio mal.
—No la lastimen—
—No la lastimaremos, siempre y cuando colabores—
Zelda se mordió el labio furiosa, si bien le encantaría ayudar a su hermana, sabía que ahora ella la tenían en las cuerdas flojas. Era obvio para todos que la seguridad de Enma era importante para su persona, lo cual usarían con tal que dijera lo que ocupaban.
Sus ojos se desviaron en los dos rubios que escuchaban todo atentamente desde la puerta, la única salida de ese viejo salón.
No había salida.
Aunque la hubiera, no tenía muchas posibilidades. Mientras Enma estuviera a salvo, ella mantendría información importante, aun había esperanza.
—Me llamo…Zelda—dijo al final para su pesar.
Si bien la idea de otro nombre cruzo por su mente, si en algún momento se encontraba con Enma, era inevitable que ella le reconociera y dijera su nombre. El ocultarles parte de la información ahora, no sabía cuales consecuencias podría llegar a tener.
Los ojos de la mujer se abrieron levemente, antes de asentir para sí misma. Como si hubiera esperado solamente una confirmación de su persona.
—¿Por qué estabas en el castillo de Ganondorf?—le pregunto fríamente.
La garganta se secó en ese instante.
Habían capturado a Enma por ser la hija de su padre, no había alguna duda que esperaban usarla de alguna forma. No sabían sobre ella, nadie en general parecía saber sobre su existencia, ni siquiera quienes trabajaban en el castillo. Solo las Gerudo, solo su raza, solo su pueblo sabía la importancia que poseía en sus venas.
Pero con esos dos rubios, no tenía muchas oportunidades de ocultar su identidad.
O al menos la gran parte de ella.
—Soy la guardiana de Enma—mascullo por bajo.
Era una verdad a medias.
Como era de las mejores guardianas, eso podía ser tomado como verdad.
—¿Quién es tu madre?—
Cuestiono ahora la mujer.
Su madre.
Sus ojos se abrieron un poco en su lugar y vieron al suelo, durante todos sus años esa pregunta había sido una de sus más grandes dudas existenciales. Ninguna de las Gerudo era su madre, ya que ellas siempre comentaban sobre su sangre, que no era pura, lo cual la dejaba como que su madre no era una Gerudo ya que su padre era un Gerudo.
Una vez le pregunto a Nabooru.
Una respuesta que nunca recibió.
Pensó que su padre había tenido un amorío con alguien fuera de las Gerudo, por lo que su nacimiento había sido una oposición a lo que ellas admiraban.
—No tengo madre, no que yo conozca—admitió con sinceridad.
Los ojos de la mujer la seguían viendo fijamente.
—Soy la guardiana de Enma, solamente quería asegurarme que ella estaba bien, solo quiero su seguridad—admitió con tal firmeza como pudo.
Ambas intercambiaron una fría mirada, antes que la mujer asintiera.
—Linkle—
La rubia salto con rapidez.
—Ve con Link y preparen una habitación con la prisionera—
Ambos rubios se vieron confundidos, antes de asentir. Aun así el chico la vio fijamente unos instantes, antes de salir del lugar a duras penas.
—Veras a la niña pero solo unos instantes, espero tu cooperación de ahora en adelante si quieres que este a salvo—mascullo Impa antes de tomar una venda de su mano.
Asintió fervientemente, antes de sentir la tela sobre sus ojos y no poder ver nada. Maldijo nuevamente, antes que esa mujer la tomara sin dificultad sobre su hombro (como aparentemente iba a ser transportada de ahora en adelante)
Sintió el balanceo de su cuerpo.
Escucho varios rumores de personas en los pasillos que pasaban.
Nadie parecía entender que pasaba, pero eran rumores que se esperaba.
—Escuche que esa niña trabajaba con Ganondorf—
—Linkle dice que es una asesina, hay que tener cuidado—
—Deberían matarla—
—Es peligrosa—
Ignoro todo cuando fue puesta nuevamente en el suelo, aun con las malditas vendas en sus extremidades. La venda dejo sus ojos y estos se abrieron claramente. Frente a ella a una distancia de tres metros, estaba Enma con expresión aterrada y con una venda igual en sus ojos. Sus manos estaban atadas de forma más simple que las suyas al no ser considerada una amenaza. Estaba vestida con un nuevo camisón algo sucio, su boca parecía algo hinchada y tenía rastro de lágrimas en sus mejillas.
Su hermanita.
Su cuerpo se impulso un poco al frente, pero se detuvo al ver un cuchillo en el cuello de su hermana. Esta soltó un sollozo y pareció tensarse.
Giro a ver con odio asesino al chico de nombre Link, este la miraba sin expresión y parecía atento a cualquiera de sus movimientos.
Esa desgraciado.
—Creo que ya entiendes la posición—hablo Linkle con una sonrisa algo oscura.
Asintió vagamente, aun sintiendo la presencia de Impa en la entrada.
—Quítenle la venda—ordeno esta.
Durante un segundo los ojos de su hermana estuvieron cerrados, hasta que sus ojos dorados parecieron enfocar donde estaba y veía todo con horror. De pronto sus ojos cayeron en ella, abriéndose incrédulos y jadeando al verla.
—¡ZELDA!—chillo esta, incrustando un poco del filo en su cuello.
No pareció importarle.
Zelda suspiro por ser llamada por solo su nombre y no el apelativo de hermana, era lo que menos ocupaba en este instante. Su hermana debía comprender la situación al igual que ella, aun así se extrañó que su nombre fuera importante.
Ya pensaría en eso más tarde.
—Enma no te muevas o te lastimaran, no te preocupes estoy aquí contigo—le dijo en el mejor tono tranquilo que encontró.
Los ojos de horror de su hermana ahora brillaban con esperanza, sonrió al ver que al menos le había traído un poco de paz a la pequeña.
—Llévenla—ordeno Impa.
Su cuerpo se tensó.
—¡UN MOMENTO!—grito con horror al ver la cara de terror que se instaló en el rostro de Enma.
Su cabello rojo ahora parecía todo lleno de nudos, cuando siempre solía admirar el lacio que era, su piel brillante y las joyas que la adornaban. No la niña secuestrada que era ahora, no tenía la culpa, Enma no era culpable.
—¡ZELDA!—grito Enma cuando fue nuevamente vendad de sus ojos.
Link sin ningún problema la comenzó arrastrar, aunque ella pataleaba por quedarse.
—NO TE PREOCUPES ENMA VOY A RESCATARTE—grito con todas sus fuerzas cuando la puerta se cerró.
Miro impotente cuando la punta de un cuchillo, proveniente de Linkle, ahora amenazaba su cuello. Sus ojos oscuros fueron la advertencia a esa rubia estúpida, de hacerla pagar por tocar a su familia.
—Espero que cooperes de ahora en adelante con nosotros—dijo la voz sin emociones de Impa.
Gruño un poco, antes de ser nuevamente vendada.
Todos la pagarían.
…
No poseía sueño, estaba acostumbrado a no dormir mucho durante sus misiones, por lo cual aun en la base no dormía muy bien. Paso por décima vez por ese pasillo, asegurándose que Lyon estuviera alerta de la prisionera. Si bien el sheikah era de los mejores guardias, esa prisionera era importante, tenía un significado que aún no comprendía para Impa, por lo que se veía en la situación de asegurar que no se escapara.
También había algo más.
—Esto pone a la balanza de nuestro lado—había murmurado la mujer en una ocasión.
No comprendía quien era esa mocosa, pero era importante.
En unas horas tenía una reunión importante con varios líderes de la resistencia, algo había cambiado. Si esa mocosa significaba esperanza para algo o por algo, se encargaría de mantenerla en ese lugar.
Detuvo sus pasos al ver como Lyon le miraba aburrido.
—La chica está atada al respaldar de la cama al igual que sus pies, es imposible que sea una amenaza—farfullo este con expresión cansada.
Le dirigió una mirada severa, antes de dar media vuelta e irse.
Ese pensamiento era muy inrresponsable.
Se detuvo cuando doblo el pasillo, viendo de reojo por donde vino.
Nunca había visto a esa chica antes, hasta el día que llego a la ciudadela, por lo cual no debía saber nada de ella. Pero cada que veía esos ojos azules mostrar una nueva expresión: enojo, ira, felicidad (al ver a su hermana) o preocupación. Cada una de esas expresiones, sentía que ya las había visto.
Era curioso.
Como si algo dentro de su mente hiciera click.
Un extraño picor en su mano izquierda le hizo rascarla distraído.
Ocupaba pensar en otra cosa.
…
El silencio del cuarto se hizo ante esa declaración, frente a ella había tres enormes espejos mágicos que mostraban a los líderes de la resistencia. No solían usarlos al menos de emergencia, pero ella los había citado por que ocupaba una ayuda urgente. Pero ahora estaban los tres más grandes líderes de la resistencia, faltaba uno, pero por ahora no contarían con esa persona.
En el primer espejo estaba el líder de los Goron, Daruk. Era enorme y de cabellera además de barba de color blanquecida. Solía ser alguien de gran carisma y personalidad magnética, que ayudaba a que gran parte de la resistencia aún se mantuviera unida. Ocupaban personas como él para superar este mundo oscuro.
En el segundo espejo estaba el líder de los Zora, Rey Dorphan. Un enorme Zora de color azul algo gastado, con una capa roja. Su cuerpo era demasiado enorme, aunque calculaba que su hijo Sidon sería tan grande como él en algún momento.En el tercer espejo estaba el líder de los seres mágicos, su nombre era Revali un Orni, aun así debido a que la mayoría de su raza había sido extinguida en la batalla contra Ganondorf hace cuatro años, ahora se mantenía como líder de grandes cantidades de seres mágicos. Su plumaje era azulado y su pico de color amarillo, también poseía una bufanda azulada y un arco que era su gran arma.
—¿Estas segura de esto Impa?—hablo Dorphan con expresión mortal.
Ella asintió ante la imagen.
—No tiene relevancia la apariencia física, todo lo que sabemos de la antigua reina de Hyrule, no importa a estas alturas—exclamo Revali de forma altanera.
Era el más joven de los líderes, después que su padre murió en la última batalla, bueno última gran batalla de los Orni. Tenía un peso muy grande sobre sus hombros.
—No hables así Revali, si esto es verdad podría ser de gran ayuda—dijo Daruk con expresión interesada.
El ave bufo enojada.
—Efectivamente, poner la imagen de una legitima heredera para el pueblo de Hyrule, puede ayudarnos a eliminar parte del temor que tiene Ganondorf—musito Impa con seguridad.
Hubo un extraño silencio entre los cuatro.
—La esperanza…traer esperanza podría ser de ayuda—musito Daruk para sí mismo.
—Esta guerra ya duro lo suficiente sin heredero legitimo al trono, que aparezca ahora es irrelevante—al parecer Revali no estaba aún seguro de todo.
—Aunque ganáramos la guerra, sin un legítimo heredero, todo podría complicarse—continuo Dorphan con seriedad.
Revali al ver que no tenía más apoyo, bufo y decidió mantener el silencio de sus ideas, no estaba siendo apoyado de todas formas.
—¿Podrías traerla para verle Impa?—pidió Dorphan.
Impa guardo un momento de silencio, un vago recuerdo de la reina visitando a los Zora, sonriendo entre ellos y tratándolos como iguales. En Hyrule las razas habían prosperado y eliminado casi cualquier diferencia, gracias al poder que poseía la reina. Ese poder de unirlos a todos, si tan solo esa niña que estaba encerrada, pudiera hacer lo mismo.
Tendrían una oportunidad.
La mirada de Dorphan le hizo suspirar. Recordaba cómo entre todos los Zora, ese enorme Zora había tenido un gran cariño por la reina Zelda, le había visto desde niña y esta había crecido constantemente entre sus reinos. Si bien Daruk y Revali no la conocieron hasta que ella fue mayor, con los Zora fue diferente.
Había una conexión.
—La traeré de inmediato—indico antes de abrir la puerta.
En la entrada estaba Link de brazos cruzados, guardando la reunión de cualquier peligro o percance. Este pareció curioso de verla tan pronto.
—Trae a la chica—ordeno.
Este asintió.
…
Lyon suspiro cuando escucho a la chica llamarle para ir al baño, era la treta más obvia del mundo y que le hizo rodar los ojos. Igualmente se aseguró que las cuerdas estuvieran firmes y la llevo con tranquilidad por los pasillos al baño más cercano. Este estaba completamente cerrado por dentro y no había otra salida, por lo cual no ocupo mucha vigilancia y espero por la puerta.
Después de escuchar que hiciera sus necesidades, escucho como esta se lavaba las manos.
Se extrañó que no hubiera ningún intento de escape, al parecer la chica sabía que le convenía.
Cuando esta salió con tranquilidad, pareció tropezarse un poco y la ayudo a mantenerse sobre sus pies, tenía un gran valor en la caballerosidad al estar rodeado de mujeres en su familia.
Grave error.
El golpe que llego a su mandíbula producido por su cabeza, le hizo morderse la lengua, el dolor no le hizo ver como la chica tomo ágilmente la espada entre sus manos, aunque estuvieran atadas y cortaba sus cuerdas de un solo tajón.
Se inclinó con una cuchilla que sujeto de su cintura, la chica aún tenía los pies atados, era imposible que le ganara en una lucha.
Aun así esta extendió sus manos que tenían gotas de agua aun del baño, que le hicieron cerrar los ojos un poco, antes de sentir un golpe tan contundente en su vientre, que lo lanzo por los aires.
Se puso de pie para ver como la espada que la chica había robado, había cortado ahora las ataduras de sus piernas. Al igual que las de sus manos parecían rojas por el esfuerzo que tuvo que tener de liberarse. Pero antes de verlo, la chica uso una patada en su rostro que lo dejo inconsciente pensando.
Había sido descuidado y la fuerza de la chica, era monstruosa.
…
Zelda rápidamente tiro el chico dentro del baño, cerrando con fuerza la puerta y obstruyendo el pomo con una cuchilla que le quito al chico. Saco todas sus armas que pudo a la vista y salió con cuidado del baño, sin ver a nadie cerca.
Sabía que Link la había estado vigilando, por lo cual ocupaba salir de esos pasillos cuanto antes. Pero tampoco podía escapar ya que no sabría que le pasaría a Enma, aunque tampoco tenía una idea mayor de donde se encontraba la chica.
Pero tampoco podía quedarse ahí.
Era un acto muy espontaneo, pero no podía más que tomar la primera oportunidad que tuviera.
Rápidamente corrió a una ventana, esta parecía algo vieja y abrirla no fue un problema. Se aseguró que no hubiera alguien cercano viéndola, y rápidamente salto a un tejado que probablemente conduciría a otra ala del castillo en el que aparentemente se encontraba. Tomo los zapatos que poseía, antes de sacarlos a la fuerza y ocultarlos de la vista.
Ocupaba ser sigilosa.
Volteo a ver si se encontraba alguien en el balcón de esa sala (aún estaba al menos a cuatro pisos de altura) y al no ver a nadie salto. No tendría mucho tiempo antes que descubrieran su ausencia. No sabía si era una suerte que no hubiera nadie, pero al parecer era una habitación. Abrió las puertas del armario, topándose con mucha ropa de chico.
Sin pensar mucho se cambió rápidamente a esas ropas de color verdoso, con unas vendas en su pecho (no es que fuera muy grande) se ocultaría como un chico por el momento. Su cabello era un problema, era demasiado largo y llamaría la atención.
No quería cortarlo.
Amaba su cabello.
Pero no tendría otra oportunidad así.
Con un quejido furioso tomo la cuchilla y corto su cabello por los hombros, no quiso pensar en el dolor que vio al caer el cabello, que oculto en una bolsa que encontró, que puso al lado del armario. Tomo un sombrero algo roído que podría ocultar su vista.
Salió rápidamente del lugar después de eso.
—No puedo creer que me tocara hoy cuidar de la niña—hablo una chica de cabellera rubia, que parecía algo decepcionada.
Se congelo cerca del lugar, antes de ver de reojo como esta chica parecía algo más pequeña que ella, de contextura delgada. Que hablaba con otro chico de cabellera rojiza. Se hizo un poco para atrás chocando con alguien que no se limitó a ver su rostro, este tampoco se volteo y pareció dirigirse en dirección contraria a toda velocidad.
—Vamos Ilia, esa niña es la esperanza de la rebelión, la hija del tirano—hablo el chico emocionado.
Ilia no parecía convencida.
—Además Link suele cuidarla, tal vez tengan tiempo para hablar—hablo de forma insinuante.
Zelda casi cae de rodillas para agradecer a su diosa, que parecía guiarla de una forma casi celestial. De reojo noto como los chicos caminaban por los pasillos y se dio la tarea de seguirlos tranquilamente, al parecer la gente a su alrededor aun no notaba que no era alguien del lugar.
Cada uno en sus propios asuntos.
Todos susurrando sobre ella (Zelda quien debería estar prisionera), por lo que para su infinita suerte, pudo ver como la rubia caminaba a una habitación en específico.
Apresuro el paso.
Sus ojos se abrieron un poco, cuando al ver por la puerta noto a su hermana atada a una pared con expresión derrotada. También pudo notar que había una ventana cerrada que podría servir. Estaban en el segundo piso ahora, por lo cual no era un mal escape.
Viendo que nadie estaba por el pasillo, cerró delicadamente la puerta.
—¿Quién eres?—pregunto Ilia confundida al voltear.
Con un ágil movimiento y el mango de la espada, golpeo tan fuerte a la chica que la dejo inconsciente sin mucho esfuerzo.
Enma chillo, o al menos lo hubiera hecho si no hubiera tapado su boca. Sus ojos abiertos como canicas, no parecieron reconocerla.
—Enma…soy yo…Zelda—susurro en forma baja.
Los ojos de la pelirroja parecieron brillar, antes de asentir.
—Vamos a escapar y te llevare a casa—le aseguro con delicadeza.
El rostro de su hermana se ilumino, fue cuando corto las cuerdas que la tenían aprisionada. No tenían mucho tiempo antes de ser encontradas. Además el cuerpo de su hermana no parecía muy apto para un escape, giro en todos lados viendo la ventana.
Le abrió notando la altura.
—Enma ocupo que te sujetes de mi—dijo colocando su espalda a la niña.
—¿Qué vas hacer?—pregunto con voz débil la niña subiendo a su espalda.
Una sonrisa traviesa le inundo.
—Una tontería por supuesto—
Hablo antes que su cuerpo cayera en el vacío.
…
Momentos antes.
…
Link alzo una ceja extraña al llegar a la habitación de la prisionera y encontrarle vacío, un mal presentimiento le inundo y comenzó a caminar por los pasillos en búsqueda de Lyon con rapidez, para maldecirlo si hacia alguna estupidez. Se congelo a ver a Ilia caminar con un chico pelirrojo, sin ganas de ser el centro de atención se hizo algo para atrás. Choco inmediatamente con un chico de cabellera rubia corto en un sombrero algo familiar, pero por la intensidad de escapar y encontrar a Lyon, no le dio mucha importancia.
Comenzó a caminar dando vueltas al tercer piso sin encontrar a nadie, Impa lo mataría si no llegaba pronto.
Llegando a un baño de vuelta al cuarto piso, fue cuando un sonido le atrajo. Camino confundido y con un muy mal presentimiento creciendo en su pecho. Fue cuando vio una daga en medio de una bisagra, que abrió la puerta con una fuerte patada.
Se congelo al ver a Lyon con sangre saliendo de su boca y expresión de horror.
De pronto todas las piezas cayeron en su cabeza.
Esa.
Perra.
Tomo una pequeña piedra verde de su bolsillo, era un comunicador mágico entre algunos miembros de la rebelión, pero este en especial llegaba primordialmente a su hermana.
—La prisionera escapo—dijo furioso.
Un jadeo de parte de Linkle y de pronto un sonido de alarma comenzó a sonar por todo el castillo.
—Estoy bien muerto—gruño Lyon para sí mismo.
En cambio Link solo volteo furioso en todas direcciones, no podía escapar, esa chica era importante para la rebelión, según pudo identificar de la conversación de Impa. La cual había escuchado a escondidas, sobre la posibilidad de la sangre real en ella.
No entendía como alguien con sangre real protegería a una Gerudo, pero no importaba. Si le daba alguna posibilidad a esta guerra de ser ganada a su favor, la usaría.
Comenzó a correr enojado.
La encontraría.
La traería arrastrada de ser necesario.
Continuara…
:3
Nota:
Por si no lo saben en mi perfil tengo un link de mi página en Facebook donde publico mis actualizaciones y donde chateo con los chicos sobre temas de anime, manga, juegos, libros, series…etc por si alguno quiere comunicarse conmigo o visitar un rato para conocerme mejor.
Sayonara sexys lectores.
