-Alcohol-

Capítulo 4:

Mamori lo sabia, no podía librarse de él y menos en ese momento, lo tenia encima y hiciera lo que hiciera no podía ganarle en fuerza, estaba acorralada, perdida y condenada, sabia lo que le deparaba el destino en ese momento y no era nada que ella deseara. Las lagrimas comenzaron a deslizarse rápidamente por sus mejillas, tenia mucho miedo, el terror que sentía se podía ver en el aire, estaba sola, completamente sola y no podía hacer nada para cambiar el destino que le esperaba.

Mientras, en el campo de futbol, todos los jugadores charlaban mientras esperaban a la manager para que les curara, hacia rato que se había ido pero ninguno de ellos parecía tener idea del tiempo que había pasado, ninguno, menos el demonio, que estaba en el club nervioso, dando vueltas sobre si mismo. Tenia la sensación de que algo no andaba bien, había algo que no lo dejaba pensar con claridad, jamás le había pasado algo como eso. Tenia una corazonada, algo en su pecho le decía que tenia que ir a la enfermería porque había algo que no andaba bien.

Sin decir nada, se fue camino a la enfermería, se estaba volviendo loco y tenia que cerciorarse de que todo iba bien, que su maldita manager estaba bien. Al acercarse a la enfermería, Hiruma, oyó unos gritos de mujer, para ser más exactos los de su maldita manager.

El chico comenzó a correr como un poseso y en un abrir y cerrar de ojos llegó allí, los gritos se oían más fuertes mezclados con sollozos. Abrió la puerta y descubrió algo que lo dejó parado unos segundos. Agon se encontraba justo encima de su maldita manager, intentando desnudarla pero ella pataleaba e intentaba soltarse del agarre de ese maldito rastas.

Hiruma se quedó parado varios segundos, ese maldito rastas estaba intentando tocar a su manager en contra de su voluntad, sentía una rabia en su interior que no había sentido nunca, quería matar a ese tipejo de Agon y le daba igual como fuera, pero si podía ser, de la manera más dolorosa que pudiera imaginar.

—¿Qué se supone que haces maldito rastas? ¿No te da la sensación de que tus manos se han quedado pegadas a algo que no te pertenece?—Hiruma mostró una sonrisa torcida.

Agon miró atrás y puso cara de pocos amigos, esa basura había llegado en el peor momento, justo cuando pensaba que por fin podría tener a esa mujer de lindas piernas, su dulce sueño se desvanecía por la presencia del rey de los demonios, aunque ¿Qué le importaba a él que estuviera tocando a esa chica? después de todo ese demonio la había utilizado para lo mismo que quería utilizarla él, a no ser, claro estaba, que el demonio sintiera algo por ella.

—Lárgate basura, me molestas ¿verdad preciosa? Te da asco que él te toque ¿verdad?—Agon intentó besarla pero ella giró la cara justo antes—Tranquila no te asustes, después de todo solo yo te tocaré a partir de ahora.

Hiruma se estaba enfadando cada vez más, ese estúpido se acercaba más y más a ella y no podía quedarse ahí mirando como un estúpido mueble mientras ese maldito rastas le hacia daño a su maldita manager.

Se acercó a Agon y sacando una fuerza que ni el mismo sabia que tenia, lo agarró del cuello del uniforme con las dos manos y lo levantó empotrándolo contra la pared contraria a donde se encontraba anteriormente. En ese momento tenia unas ganas horribles de asesinarlo por tocarla, no solo se había atrevido a llevarse algo que le pertenecía, lo que se había intentado llevar era a su mujer y eso si que era imperdonable.

Hiruma se quedó estático durante unos segundos y volvió a repetir en su cabeza las palabras que había pensado ¿Mamori para él era su maldita mujer?

Agon empezó a reírse sacando al rubio de sus pensamientos, lo miraba con cara de superioridad, como si el valiera mil veces más que el demonio. Hiruma entendió el mensaje, entendió todo en ese momento, había caído en una trampa de Agon de pies a cabeza y no podía impedir nada de lo que estaba a punto de pasar porque después de todo no podía pensar con claridad, ni siquiera podía controlar la situación como siempre lo hacia.

—Vaya basura pareces enfadado ¿no ves que nos estábamos divirtiendo? Mejor desaparece—Dijo Agon con una sonrisa molesta

—¡Ni te atrevas a volver a tocarla condenado rastas!—Estaba iracundo, no veía más allá de lo que estuvo a punto de pasar.

—¿Por qué? Me dijiste que ella no te importaba, que solo fue un momento de diversión, solo un bonito cuerpo, nada más, no creo que sea tan malo querer disfrutar yo también ¿no?

—…—No sabia que contestar

—Parece que si que había algo más después de todo ¿estás enamorado de ella basura? Creo que es demasiado cuerpo para ti. Además, corrompes todo lo que tocas, siempre lo has hecho.

—¡Callate!—Hiruma aun lo tenia agarrado del cuello de la camisa y lo empotraba contra la pared.

—¿Estás enfadado? ¿Descubrí tu secreto? Que pena, pero eso no quita que esa chica te odie ahora ¿no piensas eso Mamori-chan? ¿no lo odias por ser como es? ¿Por mentirte? ¿Por aprovecharse de ti?

—¡Te he dicho que te calles!

Miró a Mamori, esa chica no escuchaba nada o si lo oía ni siquiera tenia fuerzas para contestar, respirada alterada, estaba justo delante de la pared contraria a donde estaban ellos discutiendo y se veía agotada, se encontraba hecha un autentico ovillo en frente de la pared y se agarraba a si misma como si estuviera intentando protegerse. Hiruma había llegado a tiempo, ese maldito rastas no le había hecho nada pero aun así, se veía tan frágil, tan vulnerable…

Agon aprovechó ese mínimo momento de distracción por parte del demonio para propinarle un autentico gancho de derecha en la cara al chico, en ese momento fue cuando Mamori se dio cuenta de su presencia y soltó un grito al ver la sangre que resbalaba por el labio del demonio.

Hiruma estaba cada vez más enfadado así que le devolvió el golpe con todas sus fuerzas, en un minuto, los dos estaban enfrascados en una pelea cuerpo a cuerpo y se revolcaban por el suelo entre los gritos preocupados de la chica.

Fuera de la enfermería, Bamba, Akaba y Yamato, que buscaban a Hiruma extrañados de que el demonio no estuviera en ninguna parte, oyeron el jaleo que venia de la enfermería y abrieron la puerta algo preocupados, descubriendo a los dos chicos en mitad de su pelea.

—¡Ey! ¡Ey! ¿pero que pasa aquí? ¡Parad los dos!—Gritó Bamba agarrando a Agon—¡Akaba agarra a Hiruma!

—¡Basura inútil! Suéltame desgraciado, no le voy a dejarle ni un solo diente en su sitio ¡Suéltame!

—Si la vuelves a tocar te mato ¿me oyes maldito rastas? ¡Te juro que te mato!

—¡Queréis parar! ¿Qué se supone que pasa aquí? Mamori, ¿que ha…?—Yamato se paró al ver a Mamori que estaba como ida.

Mamori miraba a Agon con rabia, era muy diferente de la vez que se enfadó con Hiruma, demasiado diferente. Yamato nunca la había visto así, y estaba seguro que algo había pasado con ella y Agon para poner en ese estado tanto al demonio como a la manager. Una gota de sangre resbaló por el labio partido del demonio y eso le bastó a la chica para ignorar a Agon y el odio que estaba sintiendo.

—Hiruma-kun ¿Estás bien?—La chica se acercó al demonio para observar más de cerca ese labio que sangraba.

—Dios, eres patética, ¿no ves como te trata? ¿Cuántas veces te habrá rechazado? Aun así sigues siendo su perrito faldero "Hiruma-kun ¿estás bien?"—Lo último lo dijo intentando imitarla—Tan patética…

Mamori se separó del demonio y se giró acercándose a Agon para mirarlo frente a frente. La chica comenzó a reírse como si estuviera loca y después paró un segundo para mirarlo de nuevo. Sus ojos reflejaban todo el odio que habían reflejado hacia unos minutos. Mamori se acercó a él y le pegó una bofetada dejando congelados a todos los presentes. Cuando iba a propinar la segunda, Yamato la cogió por detrás intentando parar el inminente golpe que le iba a propinar a Agon y se la llevó al club para que se tranquilizara.

Ya en el club, Yamato le pidió una explicación de lo que acababa de pasar en la enfermería, nunca había visto a la chica pegar a nadie, discutir si, pero llegar a las manos… ¡jamás! Aunque claro, en ese momento la había visto pegarle un tortazo a Agon y eso, era casi como un sueño extraño.

La chica le intentó explicar a Yamato todo lo que había pasado desde el momento en el que encontró a la enfermera con Agon, hasta el momento en el que ella despertó de su pesadilla cuando se dio cuenta de que Hiruma estaba allí.

Yamato no se podía creer todo lo que esa chica le estaba contando, Agon y Hiruma no solo se habían liado a puñetazos sino que Agon había estado a punto de violar a la manager y Hiruma sólo iba a salvarla.

El chico le dijo muy seriamente que pensara lo de denunciar a Agon aunque Mamori le dijo que no importaba, ya que no había llegado a mayores, aunque para él el asunto en si era más grave de lo que lo pintaba la chica, además ver tan iracundo al demonio no era un espectáculo que se viera todos los días y seguro que él estaba de acuerdo con lo de denunciar a Agon, aunque conociendo al chico, se tomaría la justicia por su mano y se vengaría de Agon a su manera.

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Cuando Mamori se tranquilizó dejó a Yamato en el club y se fue en busca de Hiruma con el botiquín bajo el brazo, según Akaba, Hiruma estaba en el vestuario de mal humor así que se encaminó hacia él.

Al llegar vio al rubio sentado con los codos en las rodillas y sujetándose la cabeza con los ojos cerrados, agotados y llenos de dolor, nunca lo había visto de esa manera, la verdad era que se sentía raro ver a Hiruma tan apagado, tan poco Hiruma.

Mamori se acercó a él en silencio sacando todo lo que le hacia falta para curarlo, se notaba que él estaba perdido en sus pensamientos porque no se dio cuenta de la presencia de ella hasta el momento en el que le tocó la cara para ver el labio afectado.

Hiruma se separó de ella como si sus manos le quemaran y se levantó alejándose lo más rápido que pudo. A Mamori le extrañó eso, siempre lo había curado y quitando de la vez que rechazó su ayuda en la marcha de la muerte, todas las otras veces que había querido ofrecerle su ayuda aunque nunca se mostraba muy dispuesto a recibir ayuda, no se quejaba y la dejaba curarlo, pero esa vez era diferente, la miraba diferente, era como si entre ellos hubiera habido un retroceso.

—Estate quieto, voy a curarte—Mamori se acercó a él y agarró su rostro para que no se le escapara.

—¡Suéltame maldita manager! No necesito tu ayuda.

—¡Que te estés quieto!

Después de una discusión un tanto tonta por parte de los dos, Mamori consiguió curarle el labio, aunque le costó dios y ayuda conseguirlo, a veces ese chico le parecía un niño pequeño y malcriado aunque otras tantas veces, le parecía la única persona con la que estaba segura, bueno, en realidad no le parecía, era la única persona en la que confiaba plenamente, con la que se sentía completamente segura.

Hiruma se giró e intentó irse sin despedirse pero Mamori lo paró, durante uns segundos se observaron y la chica se decidió a hablarle, en realidad no sabia como decirselo, estaba algo avergonzada pero muy agradecida.

—Esto… Gracias por salvarme…—Estaba un poco sonrojada y miraba a otro lado—Muchas gracias, no se lo que habría pasado si no hubieras estado allí—Mamori lo miró

—No importa, de todas formas no podía dejar que algo le pasara a la manager del equipo, mañana hay un partido importante.

La voz de Hiruma era fría, más fría que de costumbre. Le hablaba de la misma forma en la que le hablaba a todas las otras mujeres que iban tras él, como si en realidad no le importaran lo más mínimo lo que pasara con ellas.

Hasta hacia unas horas, no le hablaba de esa manera, pero después de lo que pasó con Agon le empezó a hablar así sin embargo… ¿Por qué tan frío? Ella no había hecho nada malo, había sido la victima después de todo ¿Por qué la trataba de esa manera tan ruda?

—¿Se puede saber que te pasa?

—Nada—Hiruma contestó cortante, no tenia ganas de hablar.

—Sólo te he dado las gracias ¿Qué más quieres que haga? ¿Por qué estás tan molesto? ¡Responde de una vez!

—No tengo ganas de discutir contigo maldita manager, déjame solo.

—Pero…

—Piérdete por ahí.

—¿Hi… Hiruma-kun? ¿Qué te pasa?

—Mírame bien porque solo te lo voy a decir una vez maldita mujer. Yo no siento nada por ti, no me interesas lo más mínimo, solamente te usé para pasar un buen rato y eso tan bonito que me dijiste cuando estabas borracha… a mi no me interesa.

—¿Lo que… te dije? ¿Qué te dije?

—Eso tan bonito de que me querías, que estabas enamorada de mi, etc, etc, a mi no me interesa ¿lo entiendes? Sólo necesito tu cabecita y tus habilidades. Solo quiero usarte, punto.

—¡¿Cuándo te dije yo que te quería? ¡Jamás querría a una persona como tú! Una persona que solo piensa en si mismo y que da pie a confusiones, una persona que crees conocer pero que en realidad no conoces, eres horrible Hiruma-kun.

La chica se dio la vuelta y salió apurada de allí, había entendido el mensaje del demonio a la perfección, o eso pensaba. Hiruma se quedó con la cabeza agachada y una mueca de disgustó, estaba plantado ahí, pensando en el dolor que le había causado a esa mujer, pero después de todo era mejor así, el daño seria menor si se lo hacia en ese momento que no más adelante porque él, después de todo, siempre destruía lo que amaba y estaba seguro de que ella no seria una excepción.

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Mamori comenzó a caminar sin rumbo fijo, no le apetecía ir a su casa, se sentía traicionada y dolida. Su corazón estaba partido en pedazos. Cuando por fin había vuelto a confiar en Hiruma, él la volvía a traicionar, tan simple y predecible. La verdad es que lo tenia que haber pensado desde un principio. Tener algo con Hiruma no era bueno, no podía salir bien, no podía funcionar. Parecía que por primera vez en la historia Agon tenia razón, era tan patética, caer dos veces en la trampa del mismo hombre, la hacia ver más que patética.

Cuando Mamori volvió al mundo real descubrió que se encontraba en un lugar muy conocido para ella, hacia unos días que había estado allí y nunca olvidaría quien era el dueño de ese apartamento. Ella, inconscientemente, había acabado frente a la puerta del apartamento de Hiruma, no sabia que hacia allí exactamente, su cuerpo se había movido solo, después de todo el daño que Hiruma le había causado seguía pensando en verlo, en sentir que estaba cerca de ella que no se comportaba fríamente con ella.

Si bien lo pensaba, ella se había comportado exactamente igual cuando se molestó con él por culpa de Agon, en verdad por culpa de él había tenido varias peleas con Hiruma pero no esperaba ese tipo de reacción, no se esperaba que se molestara tanto con ella.

Las palabras de Hiruma pasaron una y otra vez por su cabeza y algo no le cuadraba en todo lo que dijo, sus ojos. Sus ojos que eran cien veces más sinceros que todo su cuerpo, esos ojos que sólo ella sabia interpretar, ¿Por qué en ese momento le parecía que él estaba mintiendo? Su rostro en conjunto era cruel pero ¿Por qué sus ojos estaban tan tristes? Era como si estuviera sufriendo al decir esas palabras o tal vez, era lo que ella esperaba, que todo eso solo fuera una broma de mal gusto o una mentira del demonio.

Mamori llamó al timbre y esperó durante unos segundos a que el rubio le abriera, pero al parecer Hiruma no estaba en casa. La chica se preocupó, era bastante tarde y pensó lo peor así que, le llamó al teléfono para ver si el chico estaba bien.

Un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro tonos… La voz del chico no se oía, no le cogía y cuando por fin pensó que Hiruma le había cogido, lo único que oyó al otro lado de la línea fue ese molesto mensaje frío y repetitivo de la compañía telefónica.

El teléfono marcado no se encuentra disponible en estos momentos, por favor llame más tarde o deje un mensaje después de la señal—El pitido se oyó segundos después de que la maquina dejara de repetir.

—¿Hi…Hiruma-kun?—Silencio

No sabia que decir, el mensaje solo duraba unos segundos ¿para que lo había llamado exactamente? Él era fuerte, tenia sus armas, estaba protegido y no era un blanco fácil, nunca lo había sido y sin embargo ella estaba tan preocupada que lo había llamado sin pensarlo dos veces. Hiruma no era un niño, sabia lo que hacia, nunca había sido tan vulnerable y frágil como Sena y hasta ese niño llorica y debilucho se había convertido en alguien fuerte gracias a Hiruma, entonces, ¿Por qué estaba ella así? Tan preocupada por él ¿Por qué lo amaba? ¿era por eso?

—Hiruma-kun yo… en verdad… no se como decir esto…

Definitivamente estaba loca, quería decirle que lo amaba por teléfono ¿para que? La volvería a rechazar, seria inútil, todo lo que intentara seria inútil porque él jamás la había amado, a él solo le importaban las mujeres que pudiera usar pero cuando ella dejara de serle útil él la tiraría como una colilla, como a un perro.

Unas lagrimas amargas comenzaron a caer por sus blancas mejillas e intentó contenerlas, estaba aun al teléfono y no quería que él la oyera. Mamori sintió un gran alivio cuando escuchó al otro lado de la línea el famoso pitidito del tiempo del mensaje. Se le había acabado el tiempo, había dejado en el contestador del rubio un mensaje a mitad y encima sin sentido, aunque seguramente lo borraría antes de oírlo.

Se secó las lagrimas y miró la puerta por ultima vez antes de marcharse dirección a su casa, era tarde, muy tarde y seguramente sus padres estarían muy preocupados por ella.

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Hiruma llegó a su casa seguido por Cerberos, no se sentía cómodo, más bien, tenia una sensación de vacío horrible en el pecho. Sólo se había sentido así una vez, sólo cuando perdió a su madre. Era raro para él sentirse así por una mujer que no fuera su madre y además teniendo en cuenta que él fue el que la rechazó.

Todas las luces de la casa estaban apagadas, una oscuridad absoluta rodeaba al demonio que ni tan siquiera se había dado cuenta de ello. Hiruma se dirigió a su habitación, la luz se colaba por la ventana iluminando cuanto apenas el escritorio y los papeles que estaban encima de él. El chico se acercó lentamente hacia los papeles en los que se había fijado Mamori el día de la borrachera. Eran casi todos documentos de futbol americano y pruebas para extorsionar a uno de los profesores de la universidad.

Al coger uno de los documentos algo resbaló y cayó al suelo, Hiruma maldijo por lo bajo y se agachó para recoger los pequeños papeles que se le habían caído, eran fotos. Unas fotos de segundo año del instituto, no sabia que estaban ahí traspapeladas entre los documentos, se acordaba de que esa maldita enana animadora se las había dado un día, pero después habían desaparecido, en ese momento entendió el porqué, la verdad es que era un poco desordenado, pero no importaba.

Se fijó en las fotos, una foto de todos los Devil Bats juntos , otra de él mismo con el maldito viejo, el maldito gordo y el maldito calvo y otra que le llamó más la atención, no recordaba esa foto, bueno en realidad tampoco recordaba las otras, pero sí recordaba cuando las había hecho esa maldita mocosa. La foto que más le llamó la atención era de su ultimo día en los Devil Bats, una foto bastante graciosa para su gusto aunque como no, escondía una historia detrás.

Flash Back

Era un día normal en Deimon, aunque no tan normal para los jugadores del equipo de futbol americano ya que ese seria el ultimo día que podrían entrenar todos juntos ya que los de segundo tenían prohibido hacer cualquier tipo de actividad fuera del horario escolar. Por lo tanto, hasta la universidad no podrían jugar ningún partido de futbol americano.

Ese día, después de la practica, hubo una pequeña fiesta, la maldita animadora estaba haciendo fotos a todo el que se encontraba por ahí, alguien (que seguramente no sabia que esa chica con una cámara era más peligrosa que una bomba) le había regalado a la chica una pequeña cámara digital y no se le ocurrió otra cosa que llevársela para "tener lindos recuerdos" según ella.

Toda esa escena era molesta, había pasteles de todas clases, refrescos, aperitivos y pastelillos de crema (para la maldita manager y el maldito gordo) por lo menos podía tener una conversación más o menos normal con el maldito viejo y el maldito calvo, sin lloros y lamentos sobre su partida del equipo, después de todo no era el fin del mundo, volverían a verse, todos los días además y por si fuera poco, no iban a dejar para siempre el futbol americano, simplemente era un descanso de un año.

El maldito mono se veía muy triste, lloraba como una magdalena al lado de la maldita come pastelillos y no paraba de beber ese refresco horriblemente dulce que había traído la maldita manager. Definitivamente, ese maldito mono haría lo que fuera para agradarle a esa maldita mujer, después de todo no había nadie más bebiendo de esa cosa tan dulce.

En un descuido del maldito mono, Kurita le pegó sin querer a su copa y aunque el chico intentó atraparla con una "¡atrapada-max!" Se le resbaló de las manos y le cayó encima al pantalón de Hiruma.

El demonio se levantó con una de sus armas en mano y apuntaba al maldito mono con cara de odio. Ese maldito mono no tendría puntería para lanzar pero tenia muy buena puntería para tirar bebidas justo en la entrepierna de la gente.

Musashi se reía mientras que los demás veían con ojos como platos la inminente ejecución publica de Monta, después de todo había empapado el pantalón del demonio y se notaba que no estaba de buen humor desde que se enteró de lo de la fiesta.

Hiruma apretó el gatillo pero esa maldita manager había parado todas sus balas con su maldita escoba, siempre se lo había preguntado ¿de que maldito material indestructible estaba hecha esa maldita escoba? Ni siquiera las balas podían con ella, ¿era un nuevo modelo de escoba del gobierno? Seguramente el eslogan de la marca de esa maldita escoba seria alguna cosa como "Limpia hasta las balas con escobal" o algo por el estilo.

Mientras que intentaba averiguar de que estaba hecha esa jodida escoba, la maldita manager cogió una de las toallas y frente a la atenta mirada de Suzuna que tenia su antena fuera empezó a secar la zona mojada en cuestión.

Hiruma se quedó mirando a la chica sorprendido ¿se podía saber que hacia esa loca secándole la entrepierna? En teoría esa chica era un angelito, una mente fácilmente traumatizable, una santa, pues bien, ¿Qué hacia secándole ahí precisamente? ¿No tendría que estar avergonzada por lo menos? Y además, ¿No podía frotar más flojo?

Hiruma intentó aguantar esa sensación tan extraña que estaba sintiendo en su estomago y se separó rápidamente bajo la atenta mirada de esa maldita pervertida desvergonzada.

Todos los integrantes del equipo se quedaron sorprendidos por eso, Mamori le estaba secando el pantalón al demonio, pero no la pierna precisamente, le estaba secando una parte que alguien como ella no debía tocar ¿o acaso pensaba en Hiruma como en un niño y no como en una persona del sexo opuesto? Eso era la respuesta más probable.

¡Oye! Que se te va a quedar la mancha en el pantalón.—Dijo ella aun con el trapo en la mano.

¿Tú en serio no sabes lo que estás tocando maldita pervertida?

¿Tu sabes lo que cuesta quitar una mancha de ese refresco rosa?

Pues dame el trapo, no toques.

¿Qué no toque qué? Es una mancha, no me va a comer ¿sabes?

Todos los presentes suspiraron, definitivamente esa chica tenia complejo de mamá gallina y lo peor era que estaba siendo así con el demonio y casi todos los presentes (menos los más inocentes) tenían claro que entre esos dos había atracción o algo así y no precisamente una relación manager/capitán como hacían creer a todos.

¿Una mancha? ¿A caso sabes lo que hay debajo? ¿o quieres comprobarlo tu misma? Kekeke

¿debajo?

La manager miró la mancha con atención y descubrió a lo que se refería soltando un simple "ah, era eso" Todos se quedaron boquiabiertos al ver la reacción tan pobre que tenia la manager, habían esperado un grito o algo por el estilo, pero simplemente fue el shock del momento porque poco después, se puso de un color rojo intenso dándole a Hiruma el trapo.

Lo…lo siento… no me había fijado

Ya nos hemos dado cuenta—Dijeron todos los Devil bat al unísono.

Claro como jodida mamá gallina no te das cuenta de esas cosas o quizás… si te diste cuenta maldita pervertida kekeke

Fue un accidente yo no…

Seguro maldita manager, yo te creo, aunque no veo por qué debería hacerlo teniendo en cuenta que acabas de sobarme algo personal ¿sabes?

Pero serás…

La pelea fue a más, Mamori cogió su escoba y Hiruma sus armas, conseguiría cargarse esa maldita escoba aunque fuera lo último que hiciera esa tarde, lo juraba. Cuando todos pensaban que no había forma de pararlos Suzuna llamó la atención de los dos con un "clic" Los dos se dieron la vuelta y vieron a Suzuna con la cámara soltando una frase que se quedaría en su memoria para siempre "no quería acabar esto sin una foto de vuestras peleas de pareja"

Fin del flash back

Hiruma salió de sus recuerdos y se descubrió a sí mismo acariciando la imagen de esa maldita manager con esa estúpida sonrisa de idiota que lo hacia ver ridículo. Dejó la foto donde estaba y con cara enfadada se dirigió hacia el comedor, esa maldita mujer lo hacia ver débil, humano, había llegado a pensar que estaba bien, pero en realidad, ese día la mitad del equipo lo había visto con esa debilidad, celoso y furioso por culpa de ese maldito de Agon.

Hiruma llegó a la mesa y de un golpe lo lanzó todo al suelo. Se sentía igual de furioso que se había sentido cuando vio a ese desgraciado encima de su manager. Quería destrozarlo todo pero paró al oír al perro ladrarle. En verdad esa sensación lo estaba volviendo loco, casi parecía que ese maldito chucho estuviera preocupado por su reacción violenta.

Se sentó en el suelo mirando las cosas que hacia pocos minutos había lanzado al suelo encontrando su teléfono entre ellas, se lo acercó con el pie y lo cogió viendo que todavía funcionaba y que además tenia un mensaje, ni siquiera miró el numero y se lo puso en la oreja pensando que alguno de los jodidos jugadores seguramente necesitaba algo.

Cuando Hiruma oyó al otro lado del teléfono la voz de su maldita manager se quedó helado, completamente congelado y blanco. Pensaba que le había dejado bastante claro a esa maldita mujer que no quería nada con ella, pensaba que le había repetido mil veces que se alejara de él, pensaba que la había partido en pedazos, entonces ¿Por qué tenia un mensaje de ella? Y lo peor ¿Por solo había dicho una palabra?

Hiruma-kun yo… en verdad… no se como decir esto…

El silencio volvió a hacerse presente, ¿esa mujer le había dejado un mensaje para quedarse callada? Se oía la respiración irregular de ella a través de la línea pero no se oía nada más, aunque parecía como que su respiración era extraña casi como si estuviera conteniendo la respiración o… aguantando las lagrimas.

Hiruma se derrumbó con eso, odiaba ver a esa mujer llorar y encima todo eso era por su culpa, sabia de buena tinta que con todas esas palabras hirientes le iba a hacer daño pero siempre se repetía lo mismo, que era por su bien.

Después de oír ese mensaje tan confuso, se preocupó, y estuvo a punto de apretarle al botón de llamar pero soltó el teléfono cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer. El teléfono salió disparado y volvió a chocar contra el suelo, si ese teléfono se había salvado, entonces tendría que hacerle un altar porque un teléfono normal lanzado a semejante fuerza se habría partido en miles de partes diminutas.

Hiruma apoyó la cabeza en la pared mirando al techo, estaba a oscuras pero sus ojos estaban acostumbrados a la oscuridad hacia rato así que, pudo apreciar el blanco del techo junto con la lámpara oscura que estaba apagada.

Comenzó a recordar partes sueltas de su vida, casi todas relacionadas con esa maldita mujer de ojos azules. Hiruma sonrió, en serio se veía como un estúpido en esos momentos había rechazado a la única mujer que de verdad había amado en toda su vida, pero era mejor así.

La imagen de su padre gritándole en el funeral de su madre se hizo presente en sus recuerdos "Tú demonio, ¡ojala tú hubieras muerto y no ella! ¡siempre destruyes todo lo que tocas!" Esas palabras resonaban una y otra vez en su mente junto con las de Agon "Corrompes lo que tocas, siempre lo has hecho"

Cerró los ojos y la imagen de esa chica de ojos azules, esa chica que lo enfrentaba pero que decía que lo amaba apareció frente a él. Si para protegerla tenia que alejarse de ella lo haría, siempre había pensado en eso, en que ella estaba en peligro estando junto a él, pero todos los que estaban a su alrededor se lo recordaban, el peligro no era estar junto a él, era él mismo, un demonio que corrompía todo lo que amaba, que lo destruía. Nunca lo había pensado así, la muerte de su madre no había sido culpa suya después de todo aunque cabía esa posibilidad.

Por todos esos pensamientos de culpabilidad se alejó de Mamori, no quería destruirla, no quería hacerle daño, no quería perderla de la misma forma que perdió a su madre y si el precio que tenia que pagar para que ella estuviera a salvo era que él se alejara, lo haría, sin pensarlo dos veces aunque para ello tuviera que sufrir él mismo.

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Bueno y después de 20 años y medio, el capitulo 4, he tardado bastante pero ha sido por culpa de todos los exámenes que he tenido, esto de estar en el último trimestre no es sano, pero bueno…

Bien, como siempre, quiero dar las gracias a todas aquellas que dejan comentarios, la verdad es que sin muchos de los comentarios estaría perdida así que ¡muchas gracias!

Pienso que tardaré otra semana en subir el siguiente capitulo pero no lo sé con seguridad.

Y ahora vuelvo a mi cueva a estudiar, ¡que penita! Esta ha sido una visita corta.

¡Espero que les guste!

Rei-sama18