Hola, chicos! Siento la espera, al fin estoy con un nuevo capítulo, ya estoy escribiendo el siguiente pero no quería hacerlos esperar más tiempo. Pero antes DEBEN LEER LOS CAPÍTULOS ANTERIORES ya que fueron puesto a modificaciones, tal vez no tan significativas en la trama pero sí detalles que cambiaron bastante. Déjenme su opinión, por favor.
También quiero aprovechar para agradecerles todo su apoyo incondicional. Esta historia siempre ha tenido tan buenos comentarios y me sentía tan mal de no poderla continuar... Pero ahora que estoy por terminar In love with James, tal vez pueda concentrarme más en esta historia que me encanta y tiene tanto potencial.
Si ya la habías abandonado dale una oportunidad.
Nos vemos en la próxima!
Capítulo 4. Rumores
Los días habían pasado rápidamente, Lily había trabajado en las cocinas con Anderson día a día. Levantándose con el amanecer y descansando hasta que caía el sol, había odiado más que nada esos días, aún más que el primer día que había llegado ahí. Regularmente el capitán se encontraba en diversos asuntos de los cuales ella no tenía conocimiento, ¿qué rayos podría estar haciendo?, era un barco, ¿qué haría? ¿limpiar los depósitos? ¿lavar la cubierta? Por favor, él no hacía nada de eso. Sin embargo, pocas veces Lily lo veía, se la pasaba en el camarote cuando ella estaba trabajando, y por las noches parecía tan cansado que sujetaba con fuerza el cuerpo de ella y con la cabeza en el hueco de su cuello se quedaba dormido.
Lily estaba agradecida por una parte, pues había sido más fácil de lo que pensaba evitar que poseyera su cuerpo, pero la inquietaba bastante tanto misterio. Nadie parecía estar muy interesado en lo que hacía el capitán y trato de convencerse de que a ella tampoco le importaba.
Por otro lado, Anderson el cocinero la molestaba mucho. Había tratado de hacer lo que James le había pedido, mantener cubierto todo el cuerpo, pero en ocasiones era imposible. Anderson la observaba atentamente todo el tiempo, con un bulto sobresaliendo en sus pantalones, mientras le pedía que se inclinara a buscar algo o simplemente observaba sus pies descalzos moverse de un lado a otro. Se sentía muy incómoda, pero oportunamente siempre aparecía Lupin a revisar que todo estuviera bien. Anderson parecía cosecharle bastante odio al pirata, pero el rubio hacía muy bien su papel ignorándolo y limitándose a aparecerse cada determinado tiempo de improvisto.
Había escuchado rumores de que ese día por la tarde, arribarían a Tortuga, y especialmente ese día estaba de buen humor considerando que una oportunidad más palpable el hecho de escaparse en una isla. Trataba de planear una manera de fugarse mientras pelaba las papas sentada en un banco, tal vez podría despistar a la tripulación cuando todos bajaran a gastar su dinero, o quizá podría esconderse en uno de los barriles. No sabía, aún no tenía nada claro, pero su mente no dejaba de trabajar en eso. No era una estratega, realmente eso no se le había nunca dado muy bien porque jamás había estado en una situación donde su vida corriera peligro.
-Date prisa con eso, muchacha despreciable- murmuró Anderson que estaba enfrente de la estufa batiendo una gran hoya.
-Son demasiadas, no puedo hacerlo tan rápido.
-Te voy a enseñar a hacerlo rápido, mucho antes de que alguien se dé cuenta.
-¿Q-Qué?
Antes de que pudiera murmurar nada más, Anderson ya se había acercado. Su mirada era de lujuria, igual que todos los días, pero ahora parecía decidido a hacerlo.
-Llegaremos a Tortuga el día de hoy, y no te bajarás de este barco antes de que haya probado ese culito tuyo.
Lily rápidamente se puso de pie soltando lo que tenía en las manos. Nunca había creído que alguien sería capaz de atreverse a hacerlo antes de que el capitán asegurara el cambio. Temblaba de pies a cabeza, y no pudo hacer otra cosa más que alejarse cada vez que él se acercaba un paso más.
-Déjame, por favor.
-No, mi Lady, ese James ya se encariñó demasiado con tus cariñitos, es mi turno- murmuró acorralándola en una esquina.
Ya no tenía más escapatoria, sabía lo que vendría a continuación, así que comenzó a llorar. Gruesas lágrimas mojaban sus mejillas, mientras Anderson la tomaba con fuerza y la pegaba a la pared. Levantó su falda y se saboreó al ver el cuerpo de Lily, se desabrochó el pantalón con una sonrisa en el rostro, murmurando que aquello pintaba delicioso. Lily sabía que no tenía escapatoria.
-Abre las piernas- gruñó Anderson, tomándola con fuerza del rostro.
Cuando sintió su miembro en su cuerpo, algo dentro de sí se encendió. Algo llamado rabia que agarró desprevenido a Anderson. Lily lo empujó con fuerza, defendiendo su integridad física, golpeando su cuerpo cuando se acercaba e intentaba tomarla, aruñaba su rostro cuando este se acercaba, pero no podía ser por siempre. Era mujer, era débil a comparación con un hombre obeso que se defendía con espada, era pequeña en ese barco, era innecesaria y un estorbo.
No duró mucho tiempo antes de que Anderson aprisionara sus manos, y sujetándolas con fuerza la tirara a los costales de papas. El material duro golpeó su espalda y cabeza, dejándola aturdida unos segundos en los que aprovechó el cocinero para ponerse encima de ella inmovilizándola totalmente.
-Esto debería ser donado a la caridad- escuchó una voz.
Era demasiado cerca, entre el forcejeo no se había percatado de que alguien se acercaba, alguien que en ese momento baja las escaleras, y no era un alguien, eran dos hombres.
-Tal vez si el material fuera más consistente podríamos hacer algo por él.
-¿Qué te parece si…?- la preguntó murió en la boca del capitán.
Remus Lupin que estaba a su lado, se había tallado los ojos para ver si no era una ilusión. Pero antes de que pudiera decir algo, James había tomado a Anderson por la camisa poniéndolo de pie. Al observar sus pantalones abiertos su mirada se hizo gélida, miró a ambos alternamente y luego deslizó sus pupilas por las largas piernas lechosas que no cubrían una falda.
-¿Interrumpo algo?
Anderson no tardó en cerrar sus pantalones, y bajar la cabeza.
-La chica estaba poniendo resistencia.
-Muy mal, Lily- murmuró James, diciendo su nombre de esa manera que lo hacía-. Debiste haber permitido que este hombre tan considerado, haya intentado hacer el trabajo por mí. Es digno de admiración, ¿no, Lupin? Ahorrarle trabajo a su capitán.
-Señor, yo…
Lo calló con un movimiento con la mano. Su rostro de repente se había vuelto encendido.
-La próxima vez que no sigas las órdenes que se te indican, serás echado de esta nave, ¿entendiste? No estoy tratando con niños, en todo caso, Lily es la única niña aquí y hasta ella entiende las cosas mejor que tú. Llévatela, Remus, que se encierre en mi camarote. En cuando a ti Anderson, queda relevado cualquier ayuda que requirireras, y espero la cena esta noche como me gusta.
Lily fue ayudada por Remus a ponerse de pie, acomodando su vestido antes de salir de las cocinas. Varios marineros miraban curiosos el hecho de que un pirata ayudara a caminar a una prisionera, y más aún que en esas horas de la tarde no tuviera que trabajar más, o eso decían hasta que unos minutos después el capitán entraba a la habitación.
Lily estaba echa un ovillo entre las sábanas blancas, la habitación estaba hecha un desastre con tantos pergaminos por todos lados, ropa en diferentes lugares; pero eso era lo último que le preocupaba. No había sido conciente de una verdadera violación hasta ese día, porque con James todo era diferente, él parecía sentir placer de brindárselo a ella, incluso podría decir que le gustaba. Pero eso no, Anderson no le gustaba para nada. Aún sentía su asqueroso miembro tocando su piel. Había sido el momento más repugnante de su vida y lo único que quería era llegar a Tortuga y, por fin, escapar de ese barco.
James entró al camarote poco después, cuando Lily ya había calmado el llanto y permanecía sentada en la cama con las rodillas pegadas a su pecho, abrazando sus piernas en el acto. La miró de arriba abajo antes de acercarse a la cama, y deslizar la mano debajo de su barbilla para alzar su rostro, plantándole un casto beso.
-Tendremos que darles lo que quieren. No estoy dispuesto a perder a un hombre solamente por encapricharme contigo. Esto es una democracia y la mayoría eligió que te quedaras para nuestro uso personal, es mi deber guiar esas decisiones.
Sin esperar a que Lily agregara algo, tomó nuevamente su rostro plantándole un nuevo beso mucho más apasionado. No tardó en responder, después de sentir el asqueroso cuerpo de Anderson, James era un paraíso. Y vaya que lo era, solo verlo le hacía temblar las piernas. Se dejó ser, dejó que James deslizara su ropa por su cuerpo para después besar centímetro a centímetro la piel lechosa del cual era propietaria. Tomó con las manos aquellos redondos pechos juveniles antes de deslizar un dedo suavemente por el centro de su cuerpo.
Un escalofrío la recorrió entera, quiso contener un gemido pero era imposible, las manos de James se movían con sutileza por su cuerpo y la hacían delirar en un mar de sabanas blancas. La besó nuevamente antes de comenzar a despojarse de la ropa, mientras Lily yacía esperándolo con el deseo brotando por cada poro. ¿Cómo no podría gustarle? Era varonil, era rudo, pero al mismo tiempo era dulce, como un cachorrito de bulldog, además… era guapo. Se había deleitado esas semanas mirándolo con poca ropa, observando aquella musculosa espalda, esos brazos torneados, y ese abdomen trabajado. Aquella piel morena pedía a gritos ser tocada por sus manos, así que no lo dudo. Quizá sería su ultima oportunidad, en unas horas llegaban a Tortuga y ella no planeaba quedarse más tiempo. Le gustaba el Capitán, tenía que admitirlo, y también quería disfrutarlo aunque fuera una vez.
James le daba la espalda, mientras se quitaba las botas a la orilla de la cama, ya estaba sin camisa y Lily no pudo soportar hincarse detrás de él a besar su cuello.
-¿Qué crees que haces?- murmuró seco.
-Dándote lo que quieren.
Cuando por fin se quitó las botas, se dio la vuelta y parecía realmente molesto. Lily no entendía que le había pasado, realmente creía que le iba a agradar regresar un poco de lo que él le había dado. Pero James no parecía tener la misma idea, sin perder el tiempo la tomó de los tobillos jalándola a la orilla de la cama y abriendo sus piernas. Se deshizo del pantalón y lentamente acercó su cuerpo al suyo, Lily se puso nerviosa pero cuando sintió el suave miembro supo que no había duda, James le gustaba mucho, y lo confirmó cuando se deslizó en su interior suavemente. Ahogó un grito de dolor, y mordiendo uno de sus dedos fijó su vista en James, él no parecía de lo más afectado.
-Relájate- murmuró con voz suave respirando hondo- relájate, me vas a destrozar.
Observó su atractivo rostro evitando el contacto visual, y antes de que pudiera emitir algún sonido siquiera. James se empujó contra ella, no podía estar segura si le gustaba o no, pero al capitán era seguro que sí.
-Relájate- repitió.
Lily no se estaba relajando, al contrario, estaba asustada. El remedio para tal cosa, pareció ser para James plantarle un intenso beso mientras se empujaba suavemente dentro de ella. De repente Lily sintió una calidez interna, y supo que no podía haber nada mejor en ese planeta que estar ahí.
I.V.I.V.I.
-Tal vez deberíamos de decirle- dijo Sirius Black en una de las mugrosas tabernas de Tortuga.
-Seguramente el Comodoro Evans no tardará mucho para buscarla en los alrededores. Ya oíste lo que dijo Crouch, sabe que está con piratas- respondió Remus Lupin- Te dije que no debías llevártela, pero nunca me haces caso.
-¿Yo cómo rayos iba a saber que era la hija del Comodoro? ¿Te parece lógico que una señorita de su clase anduviera por la zona donde la encontramos?
-Está bien. Tienes razón.
Ambos amigos le tomaron un sorbo a la cerveza que estaba probando.
El ambiente alrededor, era muy diplomático. Todos los piratas bebiendo cerveza o ron, en grandes jarras que servían unas jovencitas con vestidos muy escotados. En la parte de arriba podían encontrarse con alguna damita que estuviera dispuesta a recibir unas cuantas monedas, pero he ahí el dilema, no sabían si buscar servicio o ir a comunicarle a James, lo que ese chismoso de Barty Crouch Jr. Había dicho. Se corría el rumor de que el comodoro Evans andaba en busca de su hija menor, y había jurado cortar la cabeza del que la tuviera.
El Comodoro Evans no era un funcionario que se pudiera tomar a la ligera, pocos de los que se habían encontrado con él en altamar habían salido victoriosos. Ni siquiera el mismísimo Voldemort le había ganado más de una vez, y eso ya era mucho decir. Ellos eran piratas sí, sabían manejar las espadas, y habían robado mucho dinero en los años de trabajo, pero también temían por su capitán. No tuvieron más opción, terminaron sus cervezas para después dirigirse nuevamente a la Flecha Plateada bajo la oscuridad de la noche.
I.V.I.V.I.
James apenas abrió los ojos unas horas después. La había pasado genial, esa muchacha pareció disfrutarlo tanto como él, o eso creyó cuando la sintió retorcerse bajo su cuerpo. Había pasado mucho tiempo que no estaba con una mujer, no era algo que lo enorgullecía, pero cuando abandonó tierra firme, juró no volver a poner un pie ahí hasta que su deber lo requiriera de vuelta.
Se desperezó y miró a la joven que descansaba a su lado, dormía plácidamente de lado con su pelirrojo cabello esparcido por la almohada. Rojo. El rojo era su color favorito, se notaba simplemente viendo su camarote, el rojo era vitalidad, era fuerza. Eso era lo que él aspiraba, y quería demostrarlo. Se puso de pie para vestirse de nuevo, le apetecía salir a sentir la brisa del mar en su rostro. Habían llegado a Tortuga unas horas atrás, y no le molestaba en lo absoluto quedarse en el barco. Allá era todo un completo caos, prefería simplemente disfrutar de las luces de la ciudad que casi nunca veía.
En ese momento escuchó unos pasos acercarse y se puso en guardia con la espada en alto.
-Somos nosotros, James- dijo una voz que identificó como la de Sirius, su mejor amigo.
-¿Qué hacen acá? Deberían estar disfrutando como todos, solo será una noche.
-De eso queríamos hablarte- murmuró Remus, y entonces se dio cuenta de que algo no pintaba bien.
-Hablen ahora.
-Nos encontramos con Crouch Jr. En las tres escobas, dijo que su padre había tenido un encuentro con El Comodoro, ya sabes cómo es: alardeando.
El capitán cabeceó.
-Debimos habernos perdido una parte porque de repente estaba hablando de Voldemort y sus seguidores, parece ser que lo estaba reclutando. En fin, el punto es que en una reunión de "iniciación" la llaman ellos, escuchó que Voldemort tiene miedo, parece ser que el Comodoro anda en busca de su hija menor. Sabe que la secuestraron unos piratas.
-No me digas que el apellido del Comodoro es Evans- se quejó James, con una mano puesta en el puente de la nariz.
-Efectivamente.
-¿Y ahora en qué rayos nos hemos metido?
-Debemos deshacernos de ella- anunció Remus con cara de no agradarle la idea.- No puede quedarse con nosotros por donde lo vean.
-Es cierto- agregó Sirius.- Si el Comodoro Evans se entera sería que nos caería la marina, y lo sabes, James, tu padre no puede descubrir que estamos de piratas. Por otro lado, el rival de antaño del padre de la princesita es Voldermort, y no lo dudaría que nos buscara para hacer alguna venganza.
-No queremos ni al Comodoro ni a Voldemort cerca- repitió James pensativo.- No hay opción. Tendremos que dejarla en Tortuga.
I.V.I.V.I.
Lily despertó después de un profundo sueño. Definitivamente el sexo era el mejor somnífero, había descansado como nunca. James había estado excepcional, y no era que supiera mucho del tema, pero la hizo sentir confiada y segura. No se sintió intimidada en ningún momento y la había hecho llegar hasta el cielo. Después se había quedado dormida acurrucada en su hombro. Aspiró fuerte el aroma varonil de las sabanas con el que ya estaba tan identificada, era el olor del Capitán y le gustaba desquiciadamente.
Pero entonces fue consciente de su alrededor, la luz del sol golpeaba sus parpados, pero… en el camarote no hay sol, ¿cierto?. Abrió los ojos de golpe encontrándose en el muelle, debía ser muy temprano porque estaba desierto, pero lo que llamó su atención era que estaba acostada en el colchón del capitán, con las sabanas rodeando su cuerpo desnudo. El corazón se le aceleró rápidamente, no podía creer lo que le habían hecho. La habían dejado ahí, tirada sin más, sin nada de ropa y ni siquiera una moneda; solamente un colchón con sábanas blancas con un olor que adoraba.
Los ojos se le llenaron de lágrimas comprobando que la Flecha Plateada no se veía por ningún lado, ¿y ahora? ¿Qué iba a hacer?
