¿Hola? !Oh si, la desgraciada de Sunako volvió! !Siempre vuelvo ¿lo han notado?! disculpen la tardanza, sé que no tengo ni perdón divino, pero la universidad me tenía hasta el cuello Así que no había podido actualizar porque el tiempo no me lo permitía pero he vuelto :) espero que me hayan extrañado mucho !porque yo si lo extrañe! !Demasiado!
Bueno espero que el capítulo les guste, no tengo más que decirles.. !Ah si! que verguenza! Cree mi propia página en face :C si quieren darse una vuelta por ahí, pueden hacerlo, ya saben acepto cualquier cosa, hasta tomatazos entre otras cosas, el link esta en mi perfil, por si les interesa.
Y mis niños recuerden que los amo mucho mucho y sigan siempre siempre amando el NaruHina con todos sus corazones.
Capítulo 4: León en jaula de cartón
A la mañana siguiente despertó aturdida. Miró su reloj con pereza y de pronto… los ojos se le estremecieron. -¡¿Cómo puede ser tan tarde?!- gritó exaltada. En un abrir y cerrar de ojos estaba vestida y arreglada. Daba vueltas por todo su departamento buscando sus zapatos mientras mordía un pan tostado con mermelada.
Suspiró más tranquila, había tenido excesiva suerte al haber llegado a tiempo al trabajo, así que su corazón podría dejar de abatirle por la carrera que dio contra el tráfico apurada.
-Buen día Hinata, justo a tiempo- sonrió Tenten con complicidad por ver que había llegado un tanto estresada por la hora.
-Justo a tiempo…- suspiró tratando de relajarse.
-¿Y bien?- cuestionó Tenten cuando la vio acercarse más a ella. Hinata puso un gesto de confusión. -¿Cómo te fue?- sonreía con dulzura la castaña.
La Hyuga tan solo dejó emerger de sus labios poco a poco una hermosa sonrisa. –Excelente, me fue excelente- sonrió inmensamente. -¡Fue magnífico, Tenten!- exclamó emocionada sin tener cuidado de aguardar con su tono de voz.
-¡Qué bien que un chico al fin te hizo caso!- escuchó una burlona voz detrás de sí.
Su timbre, su molesto timbre de voz era suficiente para saber de quien se trataba. Se giró poco a poco hasta encontrarse con esa cínica sonrisa. –Hola Shion, veo que ya volviste- exclamó manteniéndole la mirada a la rubia.
-¡Para tu desgracia he vuelto!- expuso su más odiosa sonrisa.
Hinata sonrió porque… en realidad nada arruinaría su inmensa felicidad. Al final ella había ido a la pasarela, ella tenía el autógrafo de Konan, a ella le había pedido Konan su autógrafo no a esa rubia molesta y ella tenía una cita con Naruto… se golpeó mentalmente por pensar en él en ese momento tan impropio. -¡Qué bien! ¡Qué tengas un estupendo día!- cortó la conversación sin la menor intención de prolongar su pelea. Se giró y caminó hasta su oficina.
-¡Solo tuviste suerte de que yo no estuviera aquí, por eso Kurenai te mando a ti a la pasarela de Konan! ¡No es porque seas importante!- le gritó furiosa y queriendo continuar con la riña pero… no recibió respuesta alguna. La Hyuga se había encerrado en su oficina, la había dejado ahí… peleando contra el viento, sola con sus insultos y sus malos deseos contra ella. Shion refunfuño de molestia y al final terminó aporreando la puerta de su oficina mientras maldecía a Hinata.
Tecleaba apurada en su ordenador. Escuchó el teléfono y contestó. -¿Si?- interrogó.
-Hinata, Kurenai está en la línea uno- le avisó y colgó el teléfono.
-Rayos, el informe a penas lo estoy terminando- susurró mientras se mordía un poco el labio. Con el dedo índice apretó la tecla uno. –Hola Kurenai ¿cómo estás?- preguntó intentando disimular sus nervios.
-No has terminado el reporte, ¿cierto?- le cuestionó con una voz delatadora.
-Estoy trabajando en eso…- intentó justificarse.
-Esta bien, no te demores mucho. Pero cuéntame, ¿cómo te fue?- cuestionó con un tono de voz más suave.
-Muy bien- sonrió mientras recordaba aquella hermosa noche. –Hable con Konan, es maravillosa.- sonrió. –Dice que tengo talento…- se atrevió a decir.
-Bueno, eso no es algo que yo no sepa- sonrió la hermosa mujer.
-Oye por cierto… ¡Gracias por el vestido!- exclamó con un alegre tono de voz.
-¿De qué vestido hablas, Hinata?- alzó la ceja sin entender.
-Del vestido que enviaste a mi departamento- contó intentando hacerla recordar.
-Me estas confundiendo, yo no te envíe nada- añadió.
-¿Estás segura?- preguntó desconfiada.
-Ya no soy tan joven como antes pero vamos Hinata no padezco aún de la memoria. Yo no te mandé ningún vestido- agregó con una rotunda voz. -¡Tengo muchos pendientes Hinata, envíame el reporte a las cinco, sin falta!- y seguidamente… colgó el teléfono dejando a la Hyuga llena de incertidumbres.
-¿Y entonces… quién lo envió?- interrogó sin entender. –Será que fue…- balbuceó. –qué fue… ¡No! ¡No pudo haber sido!- sonrió ilusamente. Bufó frustrada. Intentó disipar sus pensamientos apurándose con el escrito que tenía que entregarle a Kurenai. -¡Al fin acabe!- exclamó después de presionar "enter" para que el archivo se le enviará a Kurenai. Lo había revisado innumerables veces, necesitaba utilizar las frases indicadas, los adjetivos perfectos. Aunque las palabras jamás serían del todo suficientes para describir todas las emociones que brotaron de su corazón aquella noche, un suspiro describía mejor que mil palabras aquello que había sentido. Miró la hora después de salir de su ensoñación: eran las seis en punto. –Espero que no sé enoje por la hora…- balbuceó. –Le gustará el reporte así que… no se quejará- sonrió intentando aliviar culpas. -¡Al fin es viernes!- estiró los brazos mientras echaba un tremendo suspiro.
Al poco rato de nuevo sonó el teléfono, era otra vez Tenten confirmándole que Kurenai estaba en la línea.
-Ya me llegó tu reporte, acabo de leerlo, es estupendo aunque llegó bastante pasado de la hora, ya quítate ese vicio- la regaño.
-Lo siento, seré más cuidadosa- rió nerviosa.
-Bien, oye, mañana necesito que vayas a una sesión de fotos en las instalaciones de: "Vogue"- anunció.
-¡¿Qué!?- exclamó altamente impactada por la noticia.
-¡Ay niña no grites!- demandó la mujer. -¡Lo que oíste, mañana necesito que vayas a "Vogue"!- reiteró.
-¡¿En "Vogue" pero… pero por qué!?- cuestionó estremecida.
-¡Simple! Necesito que una de mis mejore diseñadoras vaya a apoyar en una sesión de fotos. Sucede que una de las diseñadoras de: "Vogue" Saló de incapacidad por embarazo. ¿Entonces qué? ¿Aceptas o mejor le digo a mi querida Shion?- cuestionó con ligera sorna.
-¡Ni loca! ¡Yo voy!- gritó excitada.
-¡Bien, esa actitud me gusta mucho más!- exclamó su jefa. -¡A las ocho te necesitan ahí! ¡Por favor! ¡llega temprano!- le gritó para luego colgarle el teléfono.
-¡Puf! ¡ni tiempo de defenderme me da!- exclamó al percatarse de que efectivamente aquella mujer había concluido la llamada. Suspiró emocionada. –Ir a Vogue… no puede creerlo- sonrió sintiéndose dichosa. Aparentemente todo… le estaba saliendo bien.
Había procurado poner muy temprano su alarma. Sin embargo no pudo conciliar el sueño… la adrenalida sobre sus venas era más copiosa que su fuera para conciliar el sueño. Harta, se levantó a trotar al parque y así intentar quemar tanta energía que parecía emerger de sí sin control. Se dio una relajante muy relajante ducha y se arregló lo mejor posible para al menos intentar causar una buena imagen. Primero… dirigió su vehículo a "Cafetos" porque de repente sentía unas inmensas ganas de comer pastel.
-¡Hola Kiba!- exclamó con mucha efusividad al entrar al establecimiento. El muchacho no pudo evitar ponerse nervioso tanto que… tropezó, balboleó su bandeja que llevaba en las manos. Hinata cerró los ojos pensando que se caería pero de repente aquel chico se enderezó.
-Ho… hola Hinata…- murmuró atontándose por verla.
-¡Lo siento Kiba casi te hago tirar todo!- se disculpó de prisa.
-¡No te preocupes!- le sonrió de tal manera que le dejaba muy en claro que efectivamente no había de qué disculparse. -¿Qué te trae por aquí?- murmuró entregando el pedido a la mesa correspondiente.
-Bueno yo solo venía por un café y un postre- sonrió mientras se acercaba a la barra. El castaño se acercó a ella. -¡Oye Kiba, eres un galán!- afirmó mientras lo codeaba.
-¿Eh? ¿por qué lo dices?- murmuró sin entender.
-¡Por el par de chicas de ahí, ¡¿a poco no notaste como te miraban!?- se rió.
-¿Enserio?- interrogó confundido mientras volteaba la mirada hacía la mesa y se rascaba la nuca confundido.
-¡Hablo muy enserio!- afirmó ella.
-Dicen que no te percatas del resto del mundo cuando alguien en específico llama por mucho tu atención- profirió mirándola fijamente a los ojos.
-¿Enserio? ¿Eso dicen?- cuestionó un poco nerviosa por la manera tan profunda en la que le miraba.
-Aquí tiene su pedido- exclamó la preciosa muchacha del mostrador.
-Gracias…- murmuró Hinata un poco aturdida. -¡Mira la hora!- gritó observando su reloj de mano. -¡Tengo que irme!- manifestó. -¡Nos vemos Kiba, adiós Matsuri!- se despidió y salió de ahí muy de prisa. Kiba… tan solo suspiró frustrado por verla salir de ahí tan rápido como su capacidad se lo permitía.
-¿Te gusta esa chica, cierto?- cuestionó Matsuri mientras apoyaba el codo en el mostrador y posaba su mentón sobre la palma de su mano.
-¿Eh?- manifestó ruborizado. -¡Por supuesto que no!- intentó mentir.
-Si tú lo dices…- murmuró poniendo una de esas claras miradas de: no te creo. -¡Bien deja de holgazanear! ¡Hay muchos pedidos pendientes!- aplaudió para intentar sacarlo de su ensoñación.
-¡Ya voy, ya voy!- suspiró cansado mientras tomaba la bandeja y volvía al trabajo.
Bajó de su auto y caminó por el estacionamiento. Llegó a esa gigantesca y muy llamativa puerta. -¡Es mucho más grande que el edificio donde trabajo!- afirmó sorprendida.
-¿Sí que se le ofrece?- cuestionó la muy poca amable recepcionista al verla posarse frente a ella.
-Bueno, soy Hinata Hyuga, vengo de parte de "Just Girl´s" a la sesión de fotos dirigida por Guy Maito- estaba altamente nerviosa y ese frapuccino solo la estaba alterando más.
La poca amable mujer tomó el teléfono y con mucho fastidio marcó un número. Al recibir las órdenes hablo: -Suba al edificio 15- después de eso… ignoró por completo a la Hyuga.
A cada piso que subía el elevador ella sentía más y más agitado su pobre corazón, sorbía muy de los nervios su pobre café helado.
Llegó ahí… a ese inmenso salón exquisita y cuidadosamente diseñado y adornado; tan lleno de fotos, de cámaras, de gente, de preciosas modelos corriendo apuradas de un lugar a otro.
-¡Hinata!- gritaron sacándola de su embobamiento repentino.
-Ino…- murmuró muy suavemente.
-¿Qué haces aquí?- cuestionó la rubia.
-Me mandaron para apoyar en la sesión de fotos…- añadió.
-¡¿Enserio?! ¡Ven!- la tomó del brazo y comenzó a guiarla, la chica se dejó arrastras por su hermosa amiga.
-¡¿Dónde está esa joven que me prometió Kurenai que me enviaría!?- blasfemaba enojado el director por facha de homosexual.
-Casualmente aquí la tengo…- sonrió ligeramente Ino mientras empujaba a la Hyuga.
-¡¿Dónde está!?- gritó mientras giraba la mirada después de ajustarle el cabello a una de esas preciosas modelos.
-¡Aquí!- exclamó Ino a lo que Hinata palideció de los nervios.
El hombre la miró fijamente. –Soy yo…- murmuró alzando tímidamente la mano.
-¿Es una broma?- cuestionó crédulo.
-No, no lo es- añadió Ino.
Comenzó a caminar alrededor de ella inspeccionándola fijamente con la mirada, sucumbiéndola con la mirada como si no creyera lo que sus ojos le afirmaban. -¿Segura?- le cuestionó tomándola de los hombros. -¿Tu eres Himata Hy…
-Hinata- reiteró la Hyuga.
-…Hinata Hyuga?- completó su frase.
-Si- murmuró tibiamente cohibida. Quizás su apariencia dejaba mucho que desear, quizás no creía en ella.
-¿No quieres trabajar como modelo?- le interrogó acercándose más a ella.
-¿Y… yo?- balbuceó nerviosa.
-¡Eres muy bonita!- añadió finalmente.
-Eso…. Eso… no es c… ierto- murmuró a medias. –Yo solo vine a… apoyar- contestó balbuceando, intentando no enredar más su lengua.
-¡Qué baja autoestima!- demandó ese hombre mientras apoyaba la miraba en su mano. De pronto dio dos palmadas. -¡Naru!- gritó intentando llamar la atención de un joven, al no recibir respuesta gritó más fuerte. -¡Naru! ¡Naru!- le gritó aún más fuerte al joven rubio que estaba del otro lado del salón ajustando sus cámaras y luces.
-¡Maldición! ¡Qué no me digas: "Naru"!- reclamó con un tono enojado mientras hacía una mueca el rubio de ojos zafiro. Volteó intranquilo la mirada hasta que se topó con la Hyuga. Entonces… no pudo evitar sonreír.
-¡Aja si! ¡Olvida eso! ¡¿Qué dices!? ¡¿A poco esta chica no parece una preciosa modelo!? ¡¿A que sí, verdad!?- sonrió emocionado mientras señalaba a la Hyuga.
La ojiperla quedó en absoluto shock, si ese era el maldito rubio de Naruto, es idiota que le había vencido en una apuesta.
-Absolutamente- sonrió el rubio dirigiendo su completa atención a ella. –Estaría dispuesto a acabar mis rollos fotografiándola…- le sonrió de tal manera que… ella sintió que el suelo le tembló bajo los pies. Naruto Uzumaki había logrado sacarle un sonrojo a Hinata Hyuga, un evidente y muy notable sonrojo. Las modelos del lugar evidentemente se escandalizaron por tremenda declaración del apuesto fotógrafo. Mientras él… continuaba con su trabajo.
-¡Ves Hinata!- sonrió Guy. -¿Hinata dijiste que te llamas, cierto?- murmuró mientras la miraba minuciosamente.
-Si, Hinata Hyuga- murmuró intentando recuperar su perdida habla.
-¡Vaya he oído bastante de ti!- argumentó sonriente. -¡Mi muy querida amiga Konan me ha hablado mucho de ti! ¡Dice que tienes mucho talente y bueno… estoy encantadísimo de trabajar contigo!- esbozó una simpática sonrisa en definitiva ese hombre era… muy agradable.
-¡Muchas gracias, trabajaré lo mejor posible!- sonrió ilusionada.
-¡Bien, entonces hagamos lo mejor posible, ¿te parece Hinata?- le guiño el ojo.
-¡Claro!- añadió con un enorme entusiasmo.
-¡Por cierto! ¡Soy Gay!- gritó.
-¡¿Qué?!- cuestionó impresionada.
-¡No me malinterpretes, me llamo: Gay, Maito Gay!- rió mientras la miraba pálida.
-¡Oh, lo siento!- se avergonzó.
De pronto… aquel curioso hombre palmeó innumerables veces con toda la intención de llamar la atención de todo el mundo presente. -¡Bien chicas, escúchenme, por favor!- sonrió -¡Ella es Hinata Hyuga!- la señaló y la ojiperla solo sonrió tímidamente. -¡Ella nos ayudará hoy con la sesión de fotos para la temporada de diciembre puesto que Anko está de incapacidad por su precioso bebe. Por cierto... fue una hermosa niña!- gritó emocionado y solo se escucharon los tierno murmullos recorrer el lugar. -¡En un par de horas comenzamos así que Hinata las ayudará, luego pasen a ser maquilladas y peinadas! y… ¡Hagamos un buen trabajo!- concluyó intentando darles ánimos.
Entonces le habían otorgado una inmensa habitación repleta de ropa nueva que había mandado una exclusiva boutique para especial uso de esa sesión fotográfica. Su misión era apoyarlas en la combinación de sus atuendos. Las ayudaba una a una dependiendo de sus atributos y cualidades físicas. Trataba de hacer un buen trabajo y por ratos… bebía poco a poco de su frappe helado.
-¿Cómo puedes beber eso?- cuestionó una de ellas al fin.
-¡Si, tiene muchas calorías!- añadió asqueada otra más.
-En realidad… tiene un buen sabor- comentó la Hyuga intentando justificarse.
-¿Cómo le haces para mantener tu figura ingiriendo toda esa montaña de calorías?- le interrogaron prejuiciosamente.
-Yo bueno…- murmuró la novata Hinata.
-¡Ya, ya chicas, no molesten a mi amiga!- solicitó Ino entrando en acción.
-¿Es tu amiga? ¿enserio?- cuestionó una de tantas.
-¡Si, y es la novia de Naruto!- gritó causando tremendo alboroto en aquel salón.
-¡¿Qué!?- gritaron varias.
-¡¿Naruto, el guapo Naruto Uzumaki tiene novia!?- exclamó una de ellas desencajando su mandíbula de la sorpresa.
-¡Qué envidia!- argumentó una más mirándo de muy mala manera a la Hyuga la cual quedó helada.
-¡Ino!- gritó ella enojada. -¡No chicas, no es cierto, no es mi novio!- intentó explicar mientras negaba nerviosamente con las manos antes de ser devorada viva.
-¿Enserio?- murmuraron intentando recobrar el aliento perdido, las esperanzas de atraparlo.
-Si chicas, tranquilas, vístanse o nos regañaran a todas- intentó sonreírles para apaciguar su inquietud.
-¡Qué no les mienta, si es su novia!- gritó Ino aplicando más presión.
-¡Ino!- blasfemó estresada la Hyuga intentando callarla.
-¡Solo somos… amigos!- sonrió nerviosa. -¡Pueden seguir saliendo con él sin remordimientos!- las alentó mientras suspiraba profundamente intentando salvar su pellejo.
-¿Salir?- murmuró la pelirroja que antes la juzgaba por las inmensas calorías de su café.
-¡Por supuesto, ¿qué no acaso alguna de ustedes ha salido con él?!- interrogó confundida. Porque estaba más que segura de sus capacidades de mujeriego seductor que ese rubio poseía ¡Por supuesto si las había empleado con ella! ¡Seguramente con otras muchas más y como era tan apuesto muy seguramente esas pobre e ingenuas mujeres se dejaban engañar por el tono azul de sus hipnotizadores ojos!
-¡Yo una vez lo invité a salir!- levantó la mano una de esas hermosas chicas.
-¿Y qué pasó?- cuestionó Ino incrédula.
-Me rechazó…- murmuró mientras bajaba la mirada al suelo. –¡Él ha sido el primer hombre que me rechaza y de una manera tan amable! ¡Qué no puedes evitar el no odiarlo!- reclamó discretamente.
-Yo igual lo he invitado a salir…- murmuró la pelirroja de antes. –Igual me rechazó- comentó con el orgullo herido. Hinata se asustó, estaba repentinamente asustada por sus declaraciones.
-¿Tú has salido con él?- interrogaron todas muy interesadas en su declaración.
-Yo…- murmuró nerviosa mientras retrocedía. –So…solo… p…por trabajo- suspiró estresada por sus caníbales miradas.
-¡¿Enserio!? ¡¿Y cómo es!? ¡¿Sabes algo de él!? ¡¿Cuéntalo!?- le suplicaron.
-No me parece una buena idea…-
-Qué modesta eres…- le palmeó la espalda su rubia amiga.
-Bien pues yo el otro día lo vi en los vestidores cambiándose- argumentó una de las chicas mientras recordaba la escena emocionada.
-Estas niñas…- pensó mientras reía nerviosa la Hyuga de un momento a otro… decidió girar la mirada y continuar con su trabajo de combinar la ropa adecuada.
-¿Es cierto lo que dice entonces?- cuestionó Ino a la muchacha que acababa de lanzar la información. -¿Qué tiene un muy buen físico?- Ino sonrió ante aquello.
-¡Eso he oído yo también!- levantó la mano una hermosa castaña. En verdad todas eran estupendamente hermosas, jóvenes y dotadas de un magnífico físico.
-Solo le vi la espalda, pero se veía bien-
-Es cierto- comentó una voz y todas ladearon la mirada para toparse con la apurada Hinata que hablaba inconscientemente mientras trabajaba. –Tiene buen físico, me lo topé en la playa- seguía hablando sin pensar realmente lo que decía.
-¡¿Enserio!? ¡Cuéntanos más!- sonrieron las curiosas muchachas.
-¡¿Ehh?!- murmuró saliendo de su trance y dándose cuenta de las idioteces que decía sin conciencia de sus pensamientos.
-¿No hablaban de ese famoso artista de Hollywood? ¡Ya saben el que hizo esa popular película!- argumentó nerviosa intentando salirse de aquella bochornosa situación.
-¡Dijiste que te topaste a Naruto en la playa!- gritaron varias.
-Fue accidental- rió nerviosa.
-Me gustaría que tan siquiera me volteará a ver… es tan guapo y amable- masculló la pelirroja del principio mientras bufaba frustrada. –Pero es tan serio…- suspiró fastidiada.
-¡Ni tanto! ¡Salió con una tal Zara!- exclamó Hinata quien tenía hundida la cabeza entre toda esa ropa que colgaba en un inmenso closet mientras husmeaba y husmeaba entre telas, formas y colores. -¿Eh? ¿No me oyeron?- interrogó un poco impactada de su falta de curiosidad con respecto al tema.
-Después de todo… si estabas celosa- afirmó una voz masculina detrás de ella. La Hyuga sintió que… el tiempo se le congeló encima, su aliento se disipó de su cuerpo y ese airecillo de que emergía de sus labios tan solo jugó con el oído de ella provocando un brinco de sorpresa que provocó que repentinamente se enderezara y sacará la cabeza de ahí. Se estremeció al ver al susodicho mirándola fijamente con una inmensa sonrisa. –Na… Naruto…- murmuró a medias intentando ocultar sus ojos con su flequillo mientras las demás miraban celosa aquello que les revolvía las entrañas.
Giró sonriente y le dio un poco la espalda después de dejarla completamente aturdida. -¡Bien chicas, Gay me mandó a pedirles que las que ya estén listas pasen al otro salón donde las maquillarán y peinarán!- les anunció con su fuerte voz, entonces la procesión de muchachas juntos con sus murmullos comenzaron a aligerar el paso había las indicaciones del guapo rubio. El apuesto hombre las veía salir de ahí con la sonrisa hermosa puesta sobre sus labios. Ino fue la última en salir pícaramente sonrió mientras cerraba la puerta dejando solos ese par.
Se giró y la miró fijamente. -¿Entonces… estabas celosa?- cuestionó cambiando su semblante azul; el tono de su voz a uno más ronco y seductor, mientras le robaba poco a poco el espacio que los separaba, cuando se percató… estaba corralada contra la pared. Se sintió abrumada mientras intentaba muy inútilmente controlar su corazón.
-Yo…- murmuró intentando no mirar sus ojos azules, sus poderosos ojos cobalto porque sentía que le escanearían el alma con su simple parpadear.
-Estaría dispuesto a dejar de hacer muchas cosas por ti…- le susurró hipnotizado mientras la miraba sonrojada y tan fijamente.
-¿eh?- tragó duro al sentirlo tan cerca de ella porque de repente… le había robado todo el espacio que los separaba y peor aún había hecho una prisión poniendo las manos a un lado del cuerpo de ella.
De pronto… sonrió –Sabía que eso dirías: que no estabas celosa- argumentó alejándose abruptamente de ella. –Por cierto… estás haciendo un buen trabajo- exclamó antes de salir y dejarla sola con sus vanos pensamientos.
Con la respiración entrecortada deslizó suavemente su espalda hasta sentir que tocaba el suelo. –Tonto…- murmuró mientras ocultaba su rostro coloreado de un tono escarlata.
Pasaron algunos minutos, lo supo no porque los sintió pasar, lo supo porque eso le aseguró su reloj de mano. El tiempo se volvía relativamente corto cuando pensaba en él. Procuró ser cuidadosa de perder el tono escarlata que sus pálidos pómulos habían adquirido. Salió de ahí. Se adentró al otro salón donde se encontraban las chicas. Las miraba a todas hermosas y fragantes; mientras esos aromas atosigaban sus sentidos. Los miles de colores de labiales, los rubores, las sombras, el sonido de la secadora, los accesorios todo era demasiado llamativo.
-¿Hinata? ¿Hinata Hyuga?- murmuró sutilmente una voz, una titubeante voz a sus espaldas, quizás era un tono familiar pero… no podía recordar de donde.
Cuidadosamente se giró hacía dicha voz, no sabiendo con que se encontraría. Se topó entonces con una femenil figura… unos ojos jade la miraban directamente como si deseará revelar su identidad. Habían pasado muchos años pero jamás olvidaría su rostro y más cuando es el de una persona en aquellos días fue tan importante para ti. – ¿S…akura?- murmuró suavemente como si aquella imagen se tratará de una burbuja que con el movimiento más ligeramente brusco pudiera reventar, como una ilusión que pudiera desaparecer si parpadeabas inadvertidamente.
-¡La misma!- gritó mientras sonreía estrepitosamente. -¡Mira donde vengo a encontrarte!- de un momento a otro se encontraba abrazándola fuertemente. Hinata recordó ese sentimiento de tener a una vieja amiga cerca, sentimiento perdido en el baúl de su corazón. -¡Perdí tu número y jamás pude llamarte!- se quejó mientras la estrujaba entre sus brazos. –Qué cruel Hina-chan- murmuró.
-¿Hina-chan?- eso en definitiva había sido un balde de agua fría. Hacía años que no la llamaban así… era como una ola de recuerdos que sentía emerger abruptamente en su cabeza.
-Desde que desapareciste no volví a saber nada de ti, hasta que vi tus diseños en una revista. ¡Eres estupenda!- la felicitó abruptamente mientras se separaba tantito y la tomaba de los hombros para mirarla fijamente y ver cuánto había cambiado.
-¿En verdad?- preguntó a medias.
-¡Te lo juro!- aseguró ella con la mejor de sus sonrisas.
-Gracias, tu siempre has tenido buen gusto así que es bueno saber que te gusta lo que hago- sonrió emocionada.
-¡Por eso mismo me volví estilista! ¡Y de las mejores!- aseguró mientras le guiñaba el ojo.
-¡No lo dudo!- sonrió. Era bonito volver a sonreír junto a alguien querido.
-¡Por cierto Hinata!- la llamó como si de repente hubiera olvidado decirle algo sumamente importante, algo de vida o muerte.
-¡¿Qué sucede?!- preguntó sorprendida por su cambio de tono y por el gesto de su semblante.
-¡La chica de ahí!- señaló a una rubia de espaldas. -¡Es Temari! ¡¿La recuerdas!?- añadió con emoción en sus pupilas verdes.
-¿Enserio?- sus ojitos le brillaban emocionada.
-Compruébalo por ti misma- la tomó de la mano mientras le guiñaba el ojo dándole con esto la seguridad que ella requería en ese momento. –Temari- llamó suavemente la Haruno mientras la interrumpía trabajando.
-¿Ahora qué quieres, Sakura?- su tono se escuchaba estresado, quizás porque en efecto tenían mucho trabajo, o quizás siempre había sido así de malhumorada… seguramente era eso, porque Hinata Hyuga así la recordaba.
-Siempre ocupada, como en la preparatoria…- sonrió la Hyuga mientras sus ojos chocaban con los ella. –Hola Temari… ¿me recuerdas?- sonrió dulcemente mientras le dedicaba la mejor de sus sonrisas.
Segundos, pocos segundos pasaron cuando la sintió aferrarse a ella con una inmensa fuerza. -¡¿Dónde has estado todos estos años?!- le cuestionó procurando muy a duras penas intentar apaciguar y no dejar resbalar esa maldita lágrima. La apretó mucho muy fuerte.
-Lo siento, jamás debí irme sin avisarle…- murmuró correspondiendo con la misma intensidad aquella hermosa muestra de afecto. Fue cuando ella comprendió muchas cosas… el hogar no es un lugar físico, el hogar puede ser cualquier parte del mundo mientras las personas que más quieres estén ahí.
-No importa… sé que tuviste tus razones- la excusó. Sakura miraba aquella escena emocionada, tanto que tampoco ella pudo evitar sentir el resbalar de una lágrima en su mejilla.
-Se han vuelto hermosas y exitosas- exclamó orgullosa la ojiperla mientras fijaba su atención en aquellas mujeres que la miraban con la más hermosa de las sonrisas jamás dibujada.
-¡¿Y tú!?- gritó Sakura alterada.
-¿Yo?- murmuró sin entender.
-¡Te has vuelto famosa, ahora sales en revistas y críticas de pasarelas!- añadió Temari sonriente.
De pronto… algo se rompió en su corazón, aquel baúl con una lágrima reprimida por años de dejó derramar después de tanto tiempo guardada en su pecho, después de tanto tiempo oculta en la oscuridad de sus emociones. -¡No saben cuanta falta me han hecho!- exclamó titubeante mientras las abrazaba.
-Pero aquí estamos de nuevo… Hina-chan- murmuró Sakura con ese tono maternal que siempre usaba con ella.
-Así es…- añadió convencida Temari.
-Vamos a trabajar…- se limpió rápidamente la lágrima mientras les sonreía dichosa de tenerlas ahí con ella de nuevo. Había sentido que una pieza de su corazón había encontrado el lugar indicado donde embonar, sentía que su corazón roto… ya quizás no lo estaba tanto, o al menos podría soportar algunos muchos golpes más.
-¡Buena idea!- añadió la perirrosa mientras en entusiasmo brotaba con su voz.
-¿Las chicas están listas?- preguntó Maito Gay.
Las tres mujeres se quedaron en blanco. ¿En qué momento había entrado? ¿habían visto todo ese espectáculo? No sabían.
-¡En un momento!- gritó Temari tomando de nuevo el lápiz labial que había soltado por culpa de la emoción que sintió al toparse de nuevo con la pequeña Hinata.
-¡Unos minutos!- Sakura corrío y de nuevo tomo la secadora de cabello. Hinata solo alcanzó a posar la sonrisa más nerviosa que encontró.
-¡No tarden, por favor!- añadió sonriente el buen hombre y salió de ahí.
-¡Listo!- gritaron después de unos minutos y al unísono la pelirrosa junto con la rubia.
Las hermosas modelos salieron desfilando sus hermosos atuendos, maquillaje y peinados exuberantes. –Excelente trabajo- añadió Gay mientras les guiñaba el ojo. -¡Bien!- palmeó de nuevo, ese gesto le gustaba. -¡Todo el mundo, ponga atención! ¡Al ver el maravilloso trabajo de nuestras hermosas profesionales en la materia lo dejamos todo en manos de nuestro apuesto fotógrafo! ¡Naru!- exclamó altamente excitado por el deslumbramiento de arte que se encontraba disipado en ese lugar, arte, buen gusto, belleza, delicia…
-¡Qué no me digas Naru!- se quejó el guapo rubio entre dientes.
-No lo arruines, Naruto- sonrió la Hyuga mientras lo miraba retadoramente.
-No lo haré- le aseguró mientras le guiñaba el ojo. En ese momento… Temari codeó a Sakura, ambas sonrieron, tantas cosas obvias en el aire que hacerse el ciego se volvía algo muy necio, ambas guardaron silencio ante su sutil descubrimiento.
-Hinata dime- llamó Temari después de un rato mientras la rodeaba con un brazo para tener su completa atención.
-¿Qué pasa?- interrogó sin comprender.
-Entre Naruto y tú… ¿hay algo?- cuestionó directamente.
-¡¿Qué!?- gritó intentando controlar su chillido. -¡No! ¡No, ¿Cómo pudiste pensar eso!?- reclamó exasperada, altamente exasperada.
-Oh vamos, hay que aceptarlo- añadió Sakura cruzada de brazos. –El chico se pudo muy apuesto- asintió con la cabeza mientras lo veía trabajar arduamente, con esa manera tan profesional de trabajar, mientras Gay daba vueltas de un lugar a otro intentando obtener una sutil sonrisas de sus hermosas modelos.
-¿Guapo?- interrogó en un susurro, lo miraba detenidamente. Quizás su corazón estaba acelerando levemente la marcha cuando sus ojos azules se posaban sobre los suyos perlas. Quizás…
-¡Acepta que algo mueve en ti!- la codeó Temari siendo muy indiscreta.
-¡No, para nada!- aseguró rápidamente antes de que ellas siguieran sacando cosas "equivocadas" antes de que ella terminará admitiendo cosas que su razón se negaba a admitir…
-¡Si te gusta!- murmuró Sakura con sorna mientras estiraba sus mejillas.
-¡Qué no!- añadía ella intentando soltarse de su agarre.
-¡Qué sí!- añadían ambas chicas.
-¿Y qué hay de ustedes, tienen novio?- cuestionó hábilmente la Hyuga para salirse del tema.
-Yo no…- murmuró Sakura fastidiada.
-¿Qué hay de ti Temari?- le clavó las pupilas mientras parpadeaba curiosa. La rubia… se puso evidentemente muy nerviosa.
-¿Yo?- echó entonces una risa nerviosa que dejó a la Hyuga pensativa.
-¡Vamos Temari, cuéntale a Hinata! Ella quiere saber si tienes novio…- masculló con sorna.
-¡Sakura!- regaño la rubia sonrojada.
-¡Ay! ¡Lo malhumorada te lo está pegando, ese!- se carcajeó la Haruno.
-¿Ese?- Hinata parpadeó sin entender nada.
Temari se sonrojó pero ocultó su rostro en el abanico que tenía en las manos, procurando que sus ojos no se cruzaran con los de la ojiperla.
-¡Vamos cuéntamelo!- murmuró impaciente.
-¿Recuerdas a: Shikamaru, Nara Shikamaru?- le cuestionó al oído.
-¡Claro! El chico que siempre decía: Esto es problemático, aquello es problemático- murmuró imitándolo.
-¡Vaya problema en el que te metiste Temari!- se burló la Haruno a carcajadas.
-¿Por qué? No entiendo nada- masculló cándidamente la peliazul.
-Shikamaru es mi novio…- susurró débilmente.
-¡¿Enserio!? ¡Siempre si se volvieron novios! ¡A leguas se notaba que te morías por él!- de pronto la Hyuga se tapó la boca y contuvo una risita.
-¡Te lo dije! ¡Era muy obvio!- le echó en cara Sakura a su rubia amiga.
-¡Siento lo de la imitación!- farfulló tímidamente la Hyuga.
-No te preocupes en realidad… Sigue diciendo: Esto es problemático, aquello también y ahora hasta dice: Temari, quererte es problemático…- su sonrojo era evidente.
-¡Qué lindo!- demandó Hinata emocionada. –Me alegra verte tan feliz Temari…- aseguró con mucha sinceridad. Naruto… las miraba por ratos, intentaba no hacerlo porque mirar a Hinata Hyuga le desconcentraba de sobremanera y le sacaba una sonrisa de idiota que daba risa, pero ella… parecía tener un imán, porque lograba que sutilmente él ladearaba la mirada hacía donde ella estaba. -¿Y cómo sucedió?- interrogó como niña en navidad: curiosa y radiando alegría.
-Bueno…- suspiró. –Es una larga historia…- masculló sonriente.
-Pero muy bonita…- aseguró la Haruno mientras sonreía con complicidad.
-¡Quiero oírla!- sonrió demandante.
-Aquí no, Hinata…- murmuró apenada, intimidada y con un fino susurro sobre sus labios.
-¡Esta bien aquí no, pero en definitiva tengo que enterarme de esa historia!- exigió renuente.
-Deberíamos salir… tomar un café, una pijamada, como cuando éramos unas niñas- opinó la Haruno.
-Claro, es una estupenda idea- añadió Hinata. -¡Necesito sus teléfonos ya!- exclamó sacando su celular.
-¡Y nosotras ponerte un GPS!- se quejó Temari mirándola inquisidoramente. -¡Para que no vuelvas a escaparte!- le regaño jalándole la mejilla.
-¡Así es!- gritó Sakura.
Así se la pasaron un buen rato… recordando viejas vivencias que se hacían amenas. Recordando tiempo hermosos de días pasados y momento vividos en ocasos perdidos.
-¡Buen trabajo chicas, todo quedo perfecto!- se explayó después de un rato Maito Gay. -¡Un aplauso a Hinata Hyuga quien hizo un estupendo trabajo!- gritó sonriente. -¡Un aplauso para nuestra estilista y maquilladora Sakura y Temari!- los presentes chasquearon las manos. -¡Y un inmenso aplauso para nuestro fantástico y muy apuesto fotógrafo Naru!- las chicas gritaron emocionadas.
-¡Qué no me digas Naru!- se volvió a quejar furioso el rubio. Luego el idiota rubio ladeó la mirada y se embelesó en la Hyuga unos segundos para luego desprenderse de esa preciosa imagen.
Temari se acercó a Sakura. -¿Ya viste?- le murmuró solo a ella.
-Sí, lo sé. No deja de mirarla- sonrió con mucha sorna.
-¡un gran aplauso para nuestro querido: Maito Gay!- exclamó emocionada Hinata. Todos los presentes aplaudieron eufóricos.
-Ven Temari…- la tomó del brazo. –Hagamos un experimento- aseguró con cierta picardía. La rubia… no pudo evitar corresponderle la sonrisa. Después de haber guardado sus herramientas, después de que ya casi todo el mundo había salido del lugar las chicas se acercaron a su amiga. -¡¿Hinata, viste como se puso Naruto cuando le llamaron: Naru?! ¡Fue tan divertido!- se rió.
-¡Sí, que lo fue!- asintió ella con una tímida sonrisa.
-Deberías intentarlo… deberías llamarle de esa manera, solo… para molestarlo- Sakura le dio un pequeño empujoncito.
-No sé si debería…- argumentó insegura.
-¡Solo es un pequeño juego!- incitó Temari impaciente. –Además… él no te agrada ¿cierto? Sin duda eso lo molestará- movió la cabeza en señal de afirmación.
-Bueno…- terminó cediendo la Hyuga y ambas chicas sonrieron gustosas. Visualizó al rubio, lo vio apurado ordenando sus instrumentos, sus cámaras, sus rollos, sus luces. Estaba concentrado en lo que hacía. Tomó aire y empezó el juego… -¡Hey, Naru!- gritó hacía él y guardó silencio.
El rubio echó un respingo… no importa en qué parte del mundo él se pudiera hallar porque sin duda reconocería esa voz entre muchas, entre infinitos susurros. La conocía perfectamente porque se topaba con ella todas las noches cuando se aparecía en sus sueños, cuando cerraba los ojos intentando dormir, intentando conciliar el sueño, esa voz… siempre le hacía sentir que su corazón se alborotaba, le hacía sentir cosas que nadie jamás había logrado, cosas que en definitiva… le gustaba sentir. Con un delicado sonrojo, con toda la absoluta seguridad de que aquella hermosa voz era real contestó: -¿Qué pasa, Hinata?- no necesitaba mirarla de frente para saber que ella era dueña de esa melodiosa voz que le hipnotizaba. Temari y Sakura reventaron de risa al ver la cara de idiota enamorado que puso. Apartó la mirada de prisa maldiciéndose por haber caído en su juego, tomó su maleta y salió rápido de ahí porque la cara le ardía fuertemente.
-No se enojó…- argumentó decepcionada.
-¡Créeme, fue aún mejor!- añadió Temari intentando controlar su carcajada.
Se quedó unos instantes esperando a Ino y que terminará de cambiarse. Estaba apoyada sobre la pared, era tarde e Ino no se daba prisa por apurarse. -¿Por qué en estos lugares no dan comida?- interrogó contra su soledad sintiendo hambre por haber pasado más de ocho horas seguidas sin ingerir alimento.
-Porque todas son modelos obsesionadas con su peso…- le contestó una voz familiar.
Echó un respingo. –Na…Naruto…- se enderezó cuando se topó con él. El rubio se acercó con cuidado a ella.
-Qué cruel eres Hinata…- murmuró robándole un poco más el espacio.
-¿eh?- lo miró incrédula.
-Al hacerme caer en tu juego solo por placer…- se quejó el rubio. –Sabías que voltearía independientemente de cómo me llames…- le aseguró con un tono ronco, un tono íntimo.
-¿eh?- parpadeó. –No sé de qué hablas…- su credulidad era sincera y él pudo notarlo.
-Eres tan distraída…- fue lo único que pensó en silencio. -¡Me alegro!- sonrió.
-¿De qué?-
-De que hoy es sábado- sonrió dulcemente.
-¿Y qué con eso?- cuestionó.
-Por mi premio…- se acercó sutilmente a ella quien no entendía nada de lo que sus labios ajenos a ella emergían. –Mañana reclamaré mi premio…- le contó.
-¿Te ganaste un premio?- susurró débilmente mientras sentía sus pasos romperle la distancia.
-¡Así es! ¡Me gané una cita con una linda chica, la cual espero que no olvide que paso por ella mañana a las siete!- con las mismas tomó su cámara y se marchó sin más, dejándola helada y son la indistinción de entre un corazón paralizado por sus tenues palabras o de uno lleno, rebozando de mucho estremecimiento.
Las palabras incorrectas en el peor momento… Ino Yamanaka terminó escuchando la amenaza del rubio hacía su amiga. -¿Nos vamos?- le cuestionó intentando disimular la sonrisa que de sus labios a duras cuestas deseaban emerger. –Hinata ¿estás bien?- preguntó.
-¿eh? ¡Si!- contestó más nerviosa que nunca intentando salir de su trance y no delatarse.
-Bien, vámonos- caminó delante de ella.
-Claro…- contestó la ojiperla mientras intentaba seguirle el paso.
-Hinata ¿Qué harás mañana?- cuestionó intentando sacarle la información completa de aquello que a medias escuchó.
-¿Mañana?- cuestionó intentando no dilatar más sus pupilas.
-Mañana- afirmó la hermosa rubia.
-Nada importante, ya sabes: trabajo, trabajo y más trabajo- sonrió nerviosa mientras sentía el cuerpo vibrarle. Ino levantó la ceja un poco frustrada ¿Qué acaso no confiaba en ella como para contarle que estaba citada con el Uzumaki? Quizás le provocaba vergüenza contarlo… o tan solo quería negar sus…
-¿Trabajarás en domingo?- sonrió creyendo que su juego se había acabado.
-¡Así es!- exclamó con renuencia la muchacha, Ino solo suspiró.
-¡No importa, no te ocupará todo el día, paso por ti mañana a las siete!- exclamó intentando sacarle a casi cualquier precio aquello que con tantas ansías deseaba averiguar.
-¡¿Qué!?- exclamó mientras frenaba el auto repentinamente y con tanta fuerza. -¡No puedo Ino, lo siento, en verdad, tengo mucho trabajo, Kurenai me matará!- añadió con esa manera nerviosa de hablar.
-Claro… esta bien- suspiró frustrada la Yamanaka dándose por vencida al notar la falta de confianza de su amiga. Se bajó del auto. –Gracias Hinata, nos vemos, cuídate- agregó.
-¡Adiós Ino, discúlpame, será otro día, te lo prometo!- se disculó mientras la rubia despegaba el portazo de la puerta y ella arrancaba a toda prisa.
-Ni creas que te me vas a escapar Hinata…- murmuró mientras se arreglaba el vestido.
Su corazón latía muy deprisa, con fervor, del nerviosismo sus manos le sudaban, las órbitas de sus ojos estanan sometidas a un absurdo pánico. –Lo siento Ino…- murmuró mientras continuaba manejando. –Solo no quise contarte la patética historia de mi cita porque al final… esto es una apuesta pérdida- susurró mientras trataba de opacar el recuerdo con el tráfico.
Despertó con pesadez a la mañana siguiente… el recuerdo de esa cita le producía un estremecimiento anónimo que le provocaba un sentimiento extraño que no podía explicar. Trataba de fingir que ese día era tan normal como cualquier otro pero algo… en su cabeza le recordaba su tortura. ¡Era una simple e insignificante cita! ¡Solo saldrían a charlas quizás! ¡Quizás él se la pasaría toda la noche fastidiándola, como lo había hecho antes! Pero… tenía miedo… miedo de caer perdida ante el hechizo de esos ojos azules.
Su pecho subía y bajaba, mientras sus ojeras resaltaban en su pálida piel, justo encima de sus pómulos, ojeras evidentes. Sentía el aire circular rápidamente alrededor de su cuerpo, mientras su corazón amenazaba con estallar.
Se levantó a desayunar –su rutina de cada día- trataba inútilmente de disimular que ese día en específico era muy diferente a los demás. Leyó o ese intentó pues no podía dirigir su vista a otra parte que no fuera ese reloj que se movía tan pesadamente, como si sus manecillas fueran de plomo, denso y pesado plomo, lo había mirado tantas veces que inútil era contarlas. Transcurría tan lento… comenzó entonces a caminar de un lugar a otro como león enjaulado. Las cinco de la tarde.
-¡Bueno ya!- exclamó para sí misma. –Me iré a arreglar…- murmuró creyendo que quizás de esa manera su tortura se tornaría menos dolorosa. Comenzó a humear entre su guardarropa mientras pensaba en que sería lo apropiado para salir con él, para salir a pagar una apuesta perdida. -¿Qué es esto?- murmuró mientras apartaba un pesado saco que se hallaba en su alborotado guardarropa. Suspiró mientras sentía el alma escaparse. -¿Qué hace esto aquí?- interrogó esperando a que el tranquilo silencio depositara una resolución a su interrogante. Jaló aquel baúl con fuerza porque se encontraba atascado entre tantos objetos, lo acercó a su cama después de ver resuelto su problema. Lo miraba con nostalgia, algo sintió derrumbarse, algo escuchó romperse en el camino a su corazón, los recuerdos comenzaron a emerger como lo hace un río desbordado. Sonrió, sonrió porque quizás de esa manera lograría opacarlos, sintió algo invadir su cuerpo y recordó la promesa que se hizo hace muchos años, esa promesa que se hizo cuando las lágrimas se filtraban entre sus manos. Sintió pánico al dejarse creer por un momento que aquello podía repetirse. Recordó el inmenso trabajo que le dio juntar de nuevo las piezas de su empolvado corazón, el agotador esfuerzo que le dio encontrar las piezas perdidas en la infinidad de su pecho. Recordó el sentimiento de rencor que el tiempo había borrado. Suspiró tratando de calmarse y de hallar valor para proseguir. Posó la vista en ese vestido negro, lo jaló mientras lo miraba, aquel vestido sumergido en la infinidad de fotografías, hojas, cartas… -sigues siendo tan hermoso…- le murmuró al sentir el olor de sus memorias fugarse de él, lo rozó con suavidad y de repente… vio caer delicadamente un trozo de papel, sintió su corazón quebrarse al verlo chocar con el suelo, tragó saliva, ahora recordaba lo muy difícil que había sido cerrar ese baúl lleno de tantos recuerdos, pensó en quemar ese sobre jamás leído pero… no lo hizo nunca porque ese era el recordatorio de su dolor, el recordatorio de que no debía cometer jamás el mismo error. Posó el semblante de nuevo en la fina prenda entre manos, creyó por un momento que las huellas de sus lágrimas aún se hallaban impregnadas en el. Era tan hermoso, tan liviano, que por eso había decidido usarlo aquella noche. -¿será que aún me quede?- interrogó mientras lo observaba extendido desde la puerta del baño. –Ojala…- susurró antes de cerrar la puerta e incursionarse para tomar una ducha.
Quizás abrir ese baúl no había sido una excelente idea, quizás aún seguía siendo tan débil como aquella tarde de agosto, quizás ese baúl abierto dejo expuesta la herida que creyó estar curada. Cerró los ojos mientras sentía el agua recorrer su cuerpo, quizás era muy estúpida si pensaba que el agua le aliviaría el dolor. El agua… golpeaba su cuerpo como lo había hecho la lluvia en ese doloroso día. Sacudió la cabeza antes de caer completamente en esa horrible sensación. Salió del baño, ¿por qué se preocupaba de esas cosas ahora? Si ha sido muy feliz todos estos años, sin tener a alguien a quien amar, alguien en quien pensar. Si su corazón latía para sobrevivir no por alguien más.
Se moría de ganas de ponerse ese vestido, porque seguía pensando en lo muy hermoso que era. Se limpió las lágrimas y fue a abrir la puerta. -¡Ino!- exclamó mientras la invitaba a pasar.
-¿Qué pasa?- cuestionó mientras la jalaba hacía si y la abrazaba.
-Nada- le sonrió. –Recuerdos que se me ocurrió desenterrar hoy, es todo- le aseguró. –Pero ya pasó, perdón por preocuparte- le murmuró mientras sentía que ella le acariciaba la cabellera como una niña chiquita.
-¡No importa, ahora lo único importante es ponerte muy linda para tu cina con Naruto!- le guiño el ojo.
-¡¿Cómo lo sabes!?- gritó sorprendida.
-Lo escuché por error ayer… ¡No puedo creer que Naruto te invitara a salir!- exclamó emocionada.
-No me invitó a salir- murmuró ella rompiéndole las esperanzas a su amiga.
-¿Lo invitaste tú?- interrogó sorprendida.
-¡No!- gritó estresada. –Perdí una apuesta con él- terminó contando mientras se sentaba en la orilla de su cama.
-¿Apuesta?- alzó la ceja.
-Es una larga historia…- suspiró.
-Luego me la cuentas. Vamos a arreglarte. ¡Qué bonito vestido! ¿Lo compraste para la cita?- la miró con picardía.
-No, no es nuevo, solo lo tenía guardado- confesó.
-¿Lo usarás?- preguntó parpadeando.
-No tengo otra cosa- afirmó.
-Es hermoso, en ti seguro se verá muy bien- manifestó sonriente. Aprovechó la disposición de la Hyuga quien por primera vez se dejaría maquillar. En realidad no había mucho que hacer, tan solo había que resaltar su belleza no disfrazarla, pronto… ya estaba lista. -¡Lista!- sonrió. –Bien, ¿qué hora es?- alzó la mirada hacía el reloj. -¡Hora de irme!- tomó su bolso y se aproximó a la puerta.
-¡¿Te vas?! ¡No te vayas!- suplicó asustadiza.
-Tengo una cita con Sai, llegaré tarde si no me doy prisa, además tu cita ya mero llega, no estaría bien que yo esté aquí, podría matar el romanticismo. Me voy, adiós querida y diviértete- le aconsejó y salió de ahí a toda prisa dejándola ensimismada y llena de terror. Se miró al espejo en su completa soledad.
Aquella rubia caminaba hacía el elevador, al llegar a él vio la puerta abrirse y salir de él a un apuesto rubio, ella intentó pasar desapercibida. -¿Ino?- murmuró la masculina voz.
Rió nerviosa notando que su plan de no ser vista no había funcionado. –Hola Naruto, ¿Qué haces por aquí?- interrogó sacándole un sonrojo.
-Yo… yo… vine por Hinata- bajó la mirada con los pómulos coloreados.
-¡Bien, la dejé muy linda para ti!- le guiño el ojo y subió al elevador que prontamente cerró la puerta. Se rió por esa última imagen que dejó él en ella, esa imagen de él caer enrojecido completamente. –Suerte Hinata…- murmuró a solas aquella mujer.
Si ya estaba nervioso ahora… estaba aún peor por su encuentro con la rubia. El pasillo parecía eterno. –Aún es temprano…- murmuró sintiéndose un idiota.
-¡Lo sabía! ¡No vendrá!- exclamó ella después de esperar tanto tiempo. -¡Seguro debe estarse burlando de mí ahora!- masculló acercándose a la puerta, la abrió siendo descuidada de lo que pudiera encontrarse del otro lado, la abrió porque deseaba acechar y comprobar por ella misma que él no llegaría, de pronto… se lo encontró a él parado justamente frente a su puerta con la cara de idiota puesta.
-Juró que no llevo diez minutos en tú puerta- pensó en silencio. La vio… y quedó estúpidamente embelesado ante ella. Quizás también ella quedó igual pero no era para menos si debía admitir que él se había esmerado en exceso al vestirse de la manera en la que lo hizo porque solo logró alterarle el corazón. Se sonrojó y mejor ladeó la mirada para no ser descubierta. Él ni podía decir nada.
La jaló de la muñeca, la acercó más a sí, porque aquella distancia tan infinita que los separaba le molestaba a su corazón. Con la otra mano apartó el cabello que le ocultaba el cuello, sintió el cuerpo de ella estremecerse a su contacto, su menudo cuerpo, la tomó del rostro procurando que ella mirara directamente hacía sus ojos, procuró entonces hipnotizarla con su fulgor azul, una vez logrado su propósito, sonrió delicadamente y emprendió su plan, encajó su rostro en el hueco entre sus hombros y su cabeza –Tranquila…- le murmuró al sentir como se estremecía. Al sentirla forcejear… la sujetó fuertemente por las muñecas porque inevitablemente él era mucho más fuerte que ella. Sintió el aroma de su cabello, su embriagador perfume. –Te ves preciosa…- murmuró sobre su pálida piel.
Parpadeó saliendo del trance, en definitiva hacer aquello era una espléndida idea, pero no lo haría. Prefirió entonces apartar la mirada para alejar esos pensamientos de su cabeza y para que el sonrojo no se hiciera aún más evidente, rogando que en sus ojos no se reflejara lo que sentía por ella.
-¿Nos vamos?- preguntó ella sacándolo de su embelesamiento. Porque acababa de recordar que el único motivo para tenerlo a él parado frente a ella vestido de esa forma era por la maldita apuesta que había perdido con él.
El rubio parpadeó regresando a la realidad –Sí, claro- sonrió. Ella igual sonrió, ni siquiera un halago, ni el más mínimo, nada.
-Sabes… no te pregunté si venías en moto, debería cambiarme, un vestido puede ser muy estorboso- comentó intentando entrar al departamento.
-No…- la tomó del brazo. –No te lo quites- le suplicó. –Traje mi auto, no tienes que cambiarte. Además… te ves muy linda- sonrió ligeramente procurando vanamente no sonrojarse. -¡Maldición! ¡Lo dije en voz alta!- pensó. Pero eso en cualquier momento ocurría, tanto tiempo con tanto sentimiento guardado que sus sentimientos eran como un león enjaulado… enjaulado en una jaula de cartón, jaula que en cualquier momento podría romperse y cada vez… era más difícil mantenerlo domado. Ella parpadeó ensimismada como si lo que él le dijera ella no logrará comprenderlo. -¡Cómo decía, vine en auto no necesitas cambiarte!- exclamó nervioso.
-¡ahhh! ¡Está bien!- terminó diciendo. Caminaron hasta el elevador y ese momento fue tan abrumador, fue abrumador estar encerrados entre cuatro paredes. El rubio parecía estarse ahogando de tanta tensión, acercó su mano a su camisa y se desabrochó el primer botón porque de un momento a otro sentía que le estrujaba el cuello, sentía que no le dejaba respirar con facilidad. pero ella sufría su propia tortura puesto que contrabajo caminaba por culpa de esos inmensos tacones. –Malditos zapatos- murmuró por lo bajo al sentirse torpe al caminar.
-¿A dónde quieres ir?- cuestionó el muchacho nervioso.
-Cualquier lugar está bien- aseguró ella. -¿Tienes hambre?- le cuestionó con timidez.
-Mmmm… yo…- balbuceaba mientras se rascaba la nuca.
Ella se rió un poco. -¡No te morderé, habla con confianza!- le aseguró.
Esbozó una pequeña sonrisa. –Mucha hambre, como para comerme una pizza ente…- no terminó la oración antes de reprocharse lo muy idiota que era. –Gaara tiene razón, soy un estúpido- pensó. ¿Comer pizza? ¿Qué pasaba por su mente? ¡Ella jamás accedería a algo así!
-¿Con muchos champiñones y queso?- interrogó ella.
-¡Los champiñones son muy importantes!- vociferó. –Gaara tenía razón, soy tan poco romántico…- se quejó en silencio.
-¡Vamos!- le sonrió con sinceridad. Él sonrió, ahora recordaba… porque esa chica lo tenía mal, ahora recordaba… porque le gustaba tanto como para no querer olvidarla a pesar del mucho tiempo que había pasado.
-¡Te llevaré a la mejor pizzería de todo Nueva York!- le amenazó.
-¡¿Enserio!?- interrogó ilusionada.
-Si Hinata, yo podría llevarte… a cualquier parte…- pensó mientras silenciosamente la miraba sonreír.
Se bajó del auto de prisa y lo dejó a él con las ganas de sentir el roce de sus manos. -¡Es enorme!- añadió ella. -¡Y se siente el buen olor desde afuera!- aseguró con entusiasmo. -¡Vamos!- solicitó.
Qué no llamaran la atención… era mucho pedir y más por la manera en la que estaban vestidos los dos, con demasiada formalidad. Trataron de ser disimulados pero… ¡Era difícil! Y más porque Naruto llamaba demasiado la atención de las chicas del lugar. Los atendieron al instante tanto que el rubio se enojó al ver al mesero intentar coquetearle a Hinata.
-¿Estás bien?- cuestionó ella al verlo con el ceño fruncido, tan concentrado, tan celoso.
-Sí, si lo estoy…- contestó nervioso -¡Mira una mesa de ping pon!- de nuevo se golpeó los pensamientos, era demasiado efusivo, demasiado torpe, así jamás lograría conquistarla, con ese lado idiota suyo jamás lograría obtener ni la más mínica pizca de atención de ella, ni sus suspiros, ni nada de ella.
-¡Qué infantil eres, Naruto!- se burló de él a lo que el muchacho bajó la mirada. De pronto la vio levantarse.
-¿A dónde vas?- le cuestionó sin entender.
-A la mesa de ping pon, ¡Vamos!- le incitó mientras le hacía un ademan y sonreía cómplice.
Él sonrió, muchas veces pensó en su cita ideal con ella y no estaba saliendo como lo planeó, estaba saliendo aún mejor, mucho mejor de lo que imaginó porque cuando la idealizó en su cabeza él sentía muchas cosas rodearlo y ahora... no solo estaba embargado de inmensos sentimientos sino que además... se estaba divirtiendo a su lado.
-¡Pensé que yo era el infantil!- se quejó el rubio al seguirle su apresupado y entorpecido paso.
-Entonces…- murmuró ella. –Ambos lo somos- le guiño el ojo. Él tragó duro. -¡Date prisa!- exclamó alterada.
-¡Ya voy!- reclamó él.
-Soy buena en esto- exclamó tomando la raqueta mientras lo amenazaba.
-No mejor que yo- se burló él.
-¡Bien, hagamos una apuesta!- añadió con sorna al verlo tan seguro de lo que decía.
-¿Qué quieres perder?- le preguntó aceptando su reto.
-Si yo gano...- exclamó. -¡Me invitarás a un helado!- demandó con una sonrisa anticipada de victoria.
-¡Bien! Pero si yo gano…- calló un momento. –Tendras que observar las estrellas conmigo esta noche…- susurró levemente sonrojado.
-¡Eso no pasará!- se burló de él. -¡Porque voy a ganarte!- añadió decidida.
-Ya veremos…- esbozó una media sonrisa y lanzó la pelota. Comenzaron a jugar, ambos eran buenos, aparentaban tener un buen nivel en lo que hacían.
-¡Tres de cinco!- exclamó ella al ver que estaba perdiendo.
-¡Cómo quieras Hinata!- sonrió. Ella apretó la mandíbula, quería ganarle, pero era muy bueno jugando. De pronto… la gente los rodeaba, era difícil no llamar la atención. Estaban bien vestidos y jugaban ping pon. -¿De dónde apareció tanta gente?- murmuró el rubio intentando no perder la concentración.
-Es tu culpa, llamas mucho la atención- se quejó ella al sonreír porque de un momento a otro había logrado empatar con él.
-¡¿Mi culpa?!- exclamó indignado.
-¡Por supuesto, la mayoría son chicas!- inquirió intentando no perder el hilo de su concentración.
-¡No te entiendo!- gritó viendo duro el ganarle.
-¡Es cierto! ¡Eres guapo, llamas mucho la atención!- perdió la concentración ante esa afirmación y más saliendo de los labios de ella. La pelota rozó su mejilla y nada pudo hacer ante eso, solo la escuchó revotar a sus espaldas.
-¡Creo que gané!- exclamó ella sonriente. La gente comenzó a disiparse después de ese excelente espectáculo.
-¿Qué dijiste?- le cuestionó estupefacto mientras dejaba la raqueta sobre la mesa y caminaba hacía ella.
-¡Gané!- sonrió ella repitiendo su triunfo con mucha sorna en sus labios.
-¡Antes de eso!- exigió saber preocupado.
-¡Nada! ¡Yo no dije nada!- añadió ella desconcertada.
-¡Claro que si, hiciste trampa! ¡Me distrajiste y por eso perdí!- se quejó el rubio. -!Supiste distraerme Hinata!- le reclamó estresado.
-¡Por supuesto que no!- murmuró ella.
-¡Dijiste que soy guapo y me hiciste perder la concentración!- reclamó como niño chiquito.
-¡Jamás diría algo así!- se burló de él con un poco de nerviosismo, porque si sus ojos continuaban interrogándola de esa manera quizás terminaría boqueando. -¡Mejor vamos a comer!- sugirió caminando rápidamente. -¡Se ve bien!- agregó observando la inmensa pizza frente a ellos. -¿Qué pasa? ¿No tienes hambre?- le cuestionó al verlo paralizado sin conferir nada.
-No, no es eso…- solo que era un manojo de nervios.
-¡Esta muy buena! ¡Vamos, pruébala!- exclamó extendiéndole una rebanada sobre un plato. Él la miró sonreírle. Jaló su camisa antes de estirar lo brazos hacía ella. Entonces… sintió como sus manos rozaron con las de ella, esa breve sensación lo puso en su límite. Esa breve sensación, el pequeño roce… le provocó muchas cosas, si solo mirarla le provocaba cosas, tocarla... le provocaba miles más.
-Gracias…- murmuró tímidamente mientras masticaba con cuidado
-De… nada- murmuró ella.
-Sabes… solo te dejé ganar- exclamó después de un rato.
-¡Oh por supuesto que sí!- clamo con sorna. -¡Mal perdedor!- lo acusó.
-¡Tramposa!- le reclamó él también y de pronto… ambos se echaron a reír. –La próxima vez ¡Te ganaré, Hinata!- inquirió mientras mordía su pizza.
-Ya veremos…- añadió ella con una ligera sonrisa.
-Quiero mi revancha…- sonrió.
-Algún día… la tendrás- se burló de él.
Salieron del restaurante mientras reían porque el rubio había dicho algo gracioso. -¡Por cierto!- gritó parando en seco, él le prestó toda su atención. -¡Me debes un helado!- lo apuntó inquisidoramente mientras esbozaba una sonrisa.
-¡Ah el helado que ganaste haciendo trampa!- se mofó de ella de una manera tan graciosa que solo prolongó la sonrisa de ella. -¡Vamos por el entonces!- la incitó a seguirlo. –Suba al auto señorita- le pidió dulcemente mientras le abría la puerta. -¿Quieres caminar un rato? Dicen… que en octubre la luna se ve más cerca, dicen que se ve más hermosa- le contó.
-Claro…- se bajó del auto mientras lo seguía. Odiaba sus malditos tacones, quizás caminar no era una buena idea y más con esos sancos que le entorpecían el paso.
-¿Tienes frío?- le cuestionó al sentir una suave ventisca soplarle los pensamientos.
-No… no en realidad- murmuró ella ligeramente estremecida. –El clima esta bien-
-¿Segura?- insistió él rogando por una oportunidad.
-Segura- afirmó.
Continuaron caminando a orilla de ese bonito parque que era iluminado por unos altos faroles que tiritaban a merced del viento que soplaba. –Hinata…- murmuró suavemente.
-¿Mmmm…?-
-Dime, ¿Qué hiciste después de salir de la preparatoria?- cuestionó suavemente intentando no perderse en su mirada perla.
Ella se exaltó al escuchar emerger de sus labios esa interrogante. Quizás esa era la pregunta del millón de dólares, la pregunta que muchos se habían hecho. Ella era la única con la respuesta porque había sido muy cuidadosa con ese tema, lo ocultaba tan bien que hasta ella misma dudaba de aquello.
-Andar de aquí, para allá…- se rió nerviosamente. Bajó la mirada, era una respuesta muy ambigua la que acababa de darle, su rostro se oscureció.
-No debí preguntar, perdón-
-¡No, no te preocupes!- murmuró ella. -¡¿Sabes que haremos?!- le contó.
-¿Qué haremos?- cuestionó sorprendido.
-Te lo contaré, uno de estos días te lo contaré. Pero no hoy ¿está bien?- le prometió. –Es una promesa- le acercó el meñique a lo que él se rió ligeramente.
-Una promesa…- susurró al corresponderle.
-¡Mejor cuéntame de ti!- sugirió mientras continuaban caminando. -¡¿Cómo esta aquello de que no has salido con ninguna chic… ¡Ah!- gritó al sentir su maldito tacón hundirse en la húmeda tierra del parque, perdió por completo el equilibrio y se sintió derrumbar, era tan torpe, cerró los ojos entonces en la espera del golpe que iba a recibir al caer al suelo. Una suave sensación recorrió su nuca. Abrió sus ojos temerosa al sentir una calidez recorrerle la mejilla, se encontró entonces con sus inmensas cuencas azules.
-Sabes Hinata… no está bien salir con otras cuando tienes a una persona en específico en la cabeza y más… cuando no puedes sacártela del pensamiento- le contestó a su interrogante mientras le clavaba la mirada a sus pupilas. -¿Estás bien?- cambió de tema mientras la miraba suspirar angustiada por sus palabras. Estaba tan absorta que no podía contestarle a su interrogante.
-¿De… desde cuando sus ojos son tan grandes? ¿Desde cuándo ese azul intenso se devora los míos con su belleza? ¿Desde cuándo su cabello rubio brilla bajo el cielo más oscuro?- tantas interrogantes transitaban por su cabeza mientras era hipnotizada por sus ojos. Había caído en su hechizo y ahora… era presa de él porque no encontraba la llave para salir de ahí, porque no deseaba por algún motivo salir corriendo de ahí, parpadeaba ante la situación.
-¿Por qué te pusiste esos tacones? No estas acostumbrada a ellos- le cuestionó con esa mirada tan cautivadora. -¿Será… por nuestra cita?- quiso ser atrevido, ligeramente atrevido con ella porque cada palabra que articulaba… no salía de su razón, sino de su corazón, de aquella jaula que pretendió tener domada por su ya insuficiente autocontrol. Ella se vio perdida, pensando que sus ojos pudieran delatarla frente a él de algún modo porque sentía su alma expuesta. Él tragó duro ante sus intenciones, tragó duro cuando comenzó a reducir esa distancia, su corazón solo se alteró mucho más, pero deseaba con toda su alma, con todo su ser estar conectado aliento a aliento con ella y estar así: justo encima de ella, recostados en un parque, sobre el frío césped, en esa situación tan... cálida. Ella… estaba anonadada, no entendía bien lo que ocurría pero tampoco ponía resistencia. Él sintió una extraña vibración provenir de su pantalón, en efecto: su celular sonaba. Parpadeó saliendo de su trance al que su razón había sido sometida por los destellantes ojos de ella.
-Quizás… debas contestar- sugirió ella asustada.
Se sintió tan idiota y no pudo evitar sentir sus mejillas sonrojarse –Si, ya vuelvo- expresó mientras se levantaba y se iba detrás de un árbol a contestar. -¡Bueno!- contestó irritado.
-¡Hermano! ¡¿Cómo te va en tu cita?!- preguntó con picardía Gaara.
-¡Cuando te vea, juro que te mataré!- masculló el rubio.
-¡Ay!- exclamó indignado. -¡No me grites! ¡¿Qué te pasa!? ¡Deberías estar de buen humor!- reclamó juguetón. El rubio se jalaba la camisa porque sentía un intenso calor atosigarlo, agitaba su cabello porque estaba agitado. El rubio no confería argumento alguno. –No me digas que… ibas a besarla- exclamó Gaara y se echó a reír. Naruto enrojeció abruptamente al ser descubierto.
-¡Cállate Gaara!- gritó nerviosamente.
-¡¿Ibas a besarla!? ¡Hermano, ahora entiendo tu molestia! ¡Qué idiota soy, debí esperar a que tú me llames!- argumentó arrepentido. -¡Te invitaré a muchos tazones de ramen para compensarte!- sugirió porque eso hacía siempre cuando cometía alguna trastada y quería obtener el perdón de su amigo.
-No Gaara, ni todos los razones de ramen del mundo podrían compensarlo- suspiró frustrado.
-¡¿Enserio ibas a besarla!?- exclamó sorprendido.
-Eso creo… no estoy seguro- murmuró sintiendo su corazón golpear más fuerte.
-Tranquilo, si tiene que pasar entonces… ¡Pasará! ¡Haz que pase!- lo animó. –Y Naruto…- le llamó. –Ya, se sinceró con ella-
-Ya sé- murmuró tenuemente.
-Tigre, ve por ella- masculló y colgó el celular.
-Ser honesto con ella- suspiró mientras metía el celular a su bolsa, esas palabras retumbaban en su cabeza como un inmenso tambor, sacudió su cabellera. -¡Los helados!- exclamó sacando aquello de pretexto para cambiar de tema.
Después de levantarse comenzó a meditar en lo que había ocurrido, se rozó los labios con las yemas de los dedos –Eso fue extraño…- se alzó el flequillo. –Es como si él fuera a besarm… ¡Qué tonterías digo!- se golpeó por sus pensamientos. –Odio los tacones- se quejó mientras miraba su zapato con el tacón desencajado de su eje.
-¡Regresé y con los helados!- sonrió el rubio mientras la sacaba de sus pensamiento con su llamado. Bajó la mirada al llegar porque le daba vergüenza verla a los ojos después de su intento fallido de besarla.
-¡Qué bien!- sonrió emocionada, lo ayudó a sostenerlos y nuevamente sus dedos se tocaron sintió sobre su cuerpo una descarga eléctrica.
-Lo siento…- murmuró él. –No sé si te gusta el chocolate…- murmuró mirando al suelo.
-Es mi favorito- añadió ella. –Gracias- le sonrió tibiamente. Se sentó en un banquillo y lo probó. -¡Además está muy bueno!- sonrió aún más emocionada.
Se sentó a su lado mientras miraban el lago ser meneado por la ventisca. Se quedaron callados ante ese paisaje mientras degustaban sus postres, el ambiente era relajante, esa dulce sensación de paz y armonía les gustaba. El corazón de él bombeaba más y más fuerte. Nadie decía nada, solo escuchaban el murmullo del viento.
-Debes pensar que soy muy patético…- masculló quebrando el silencio.
-¿Qué?- preguntó confundida -Yo no piens…- no la dejó terminar porque nuevamente alzó la voz.
-Quizás- suspiró. –Piensas que soy patéticamente cobarde por haberte chantajeado con una apuesta para salir conmigo en vez… de pedírtelo frente a frente- después de un par de segundos se dio cuenta de lo que había salido de sus labios, su voz, su mente, no sabía cómo había pronunciado eso pero sin duda lo había hecho y no había marcha atrás, se quedó callado mientras se maldecía por lo que acababa de confesar.
Se quedó atónita. –No pienso que eres patético- le sonrió y él respiró con más tranquilidad. –Si querías salir, solo lo hubieras dicho, digo, ¿somos amigos no?- cuestionó.
-Claro, amigos…- comentó forzando sus labios a pronunciar esa frase tan cruel, suspiró resignado.
-Sabes… es extraña la manera en la que nos conocimos- murmuró mirando hacía el firmamento.
-¿A qué te refieres?- interrogó él embargado de una inmensa curiosidad.
-Bueno, en la preparatoria jamás nos hablábamos y si lo hacíamos… era para discutir entre nosotros- profirió mientras saboreaba su helado, él abrió los ojos con asombro y tragó nervioso.
-Bueno… es que quizás en la preparatoria éramos más inmaduros y no sabíamos tolerar nuestras diferencias como ahora- sugirió él.
-Creo que tienes razón- sonrió, él suspiró aliviado.
-¡Pero me arrepiento!- hizo una mueca.
-¿De qué?- interrogó con pavor.
-¡Me hubiera gustado llevarme así contigo!- él sonrió conmovido por esa preciosa confesión.
-A mí también- le aseguró y la vio sonreír. –Pero había una razón que me impedía acercarme a ti…- pensó mientras ladeaba la mirada. –Sabes… recuerdo que tenías una hermana ¿cómo está?- deseaba sabér tanto de ella como pudiera.
-¿Cómo lo sabes?- abrió los ojos exaltada.
-Me lo dijiste en alguna ocasión- .
Se perdió un momento en sus pensamientos hasta que decidió hablar -Es menor que yo, tiene veinte años, se llama: Hanabi- murmuró suavemente.
-¿Y dónde está?- le cuestionó.
-En Italia estudiando gastronomía. Será una excelente chef- aseguró orgullosa de ella.
-¡Genial! ¡¿Crees que aprenda a hacer ramen?!- masculló excitado.
-¡Ella sabe hacer ramen! ¡Le queda estupendo!- afirmó con alegría. -¿Por qué?- cuestionó ante su entusiasmo, su contagioso entusiasmo.
-¡Porque el ramen es la mejor comida del mundo!- gritó jovialmente y con tanta energía que ella no pudo evitar reírse. –Creo que me emocioné demasiado…- bajó la mirada.
-No, está bien- aseguró ella ante su espontaneidad de él. –Sabes… la extraño mucho- susurró mirando al viento menear el pasto. –Hace años que no la veo, solo escuchó su voz a través de un teléfono- la dejó hablar mientras escuchaba su historia. –No he podido darle la cara en años- dejó escapar un suspiro y con el una lágrima se derramó. –Tengo una frustración, por mi culpa no puedo ver a mi hermanita ni mucho menos a mi primo- y sin pensarlo dos veces sus mejillas se empaparon de saladas lágrimas.
-Hinata…- murmuró al acercarse más a ella porque quizás le había abierto demasiado su corazón, se sintió dichoso de algo así. -¡No llores por favor!- le suplicó mientras la tomaba de los hombros y la atraía hacia sí. –No sé si sirvo de algo pero… estoy aquí para lo que necesites, si quieres que te escuche ¡Puedo hacerlo!, si quieres que sea tu compañero de lágrimas ¡Puedo serlo!, eso está bien para mí, cualquier cosa estará bien para mí mientras tú estés bien, podría incluso… protegerte, podría hacer muchas cosas por ti Hinata, con tal de que estés bien- la tomó del mentón, su rostro estaba asustado y sus labios entre abiertos. –Muchas cosas, tantas que no te lo imaginas- le confesó mientras la veía lagrimar. –Pero no llores, no soporto verte así- susurró mientras volvía a abrazar su menudo cuerpo. Se sonrojo al sentir su cuerpo llenarla de una calidez, se dejó consolar, no quiso apartarse de esa cálida sensación que embargaba su pecho. Aún no deseaba soltarla porque su sonrojo lo delataría, no quería apartarse de ella porque siempre había soñado con tenerla entre sus brazos, no deseaba romper ese contacto, por una vez aunque sea… deseaba sentir el calor de su cuerpo abrazar el suyo. Deseaba detener el tiempo. Sintió la enorme preocupación de que su acelerado corazón delatara todos sus sentimientos por ella.
-Yo lo siento, quizás… dramatizo demasiado- murmuró aún sintiendo el calor de él, su efusivo calor que le daba una sensación de bienestar.
-No, esta bien, no te preocupes- se rascó la nuca sonrojado por sus acciones. -¿Estás mejor?- estaba muy preocupado por ello, se le notaba en las pupilas.
-Si Naruto, estoy mejor, gracias por preocuparte- se limpio el último residuo de sus ojos y se quedó pensativa, el corazón le palpitaba tan deprisa que todo el cuerpo le temblaba, lo miró por el rabillo del ojo, estaba comenzando a sentir tanto en tan poco que le abrumaba.
–Creo que ya es hora de irnos, es muy tarde- murmuró poniéndose de pie.
-Claro…- respondió ella.
-¿Te ayudo?- sugririó al notar su quebrado tacón.
-¿Cómo?- cuestionó ella.
-Podría cargarte hasta el auto...- sugirió mirando hacía el suelo con lar mejillas prendidas en escarlata. Carraspeó ante su atrevimiento.
-¿Cargarme?- se burló de él. -No es necesario- añadió finalmente. -Solo... toma mi mano- timidamente extendió su muñeca hacía él, el muchacho... tragó duro porque aquello era demasiado para su corazón. Definitivamente no la estaba cargando, pero tomar la mano de Hinata Hyuga era igual a sentir miles de cosas embargarle todo el cuerpo, era sentirse inmensamente feliz de poder compartir la calidez de sus manos, el tacto de sus frágiles dedos. Subieron al auto, sentían la cara arderles con fuerza. -¿Bueno?- contestó el celular que sonaba odiosamente.
-¡Traviesa! ¡No nos dijiste que saldrías con el guapo de Naruto!- se quejó la voz de Temari.
-¡¿Quién les dijo!?- cuestionó alterada. Entonces escuchó susurros, voces y risas. -¡Dile a Ino que la mataré!- afirmó escandalizada.
-¡Lo siento!- se disculpó.
-¡No llegues tan tarde, estamos en tu departamento esperándote para que nos cuentes todo!- exclamó Sakura quien le había arrebatado el aparato a Temari.
-¡¿Cómo entraron!?- cuestionó impresionada por su enorme tenacidad.
-El portero nos dio la llave, fue fácil convencerlo- se rió Ino.
-Puf- bufó frustrada.
-¡Te compré helado! ¡No llegues tarde!- exclamó Sakura.
-¡No la apures, está en una cita!- reclamó Temari.
-¡Llega tarde!- gritó Ino. Y colgaron el teléfono.
-¿Está todo bien?- preguntó el rubio preocupado.
-Sí, todo bien- murmuró mientras suspiraba resignada. –No tienes que llevarme hasta la puerta- murmuró mientras discutía por la insistencia de él.
-¡Claro que si!- exclamó sonriente. Terminó cediendo ante él. Caminaban tratando de disimular su muy evidente nerviosismo, tratando de fingir que el silencio no les mataba, calmando sus emociones, dominar sus nervios. Llegaron a su puerta, el tiempo había transcurrido lento haciéndolo caer en una cruel tortura. –Gracias, me la pasé muy bien- sonrió ella, se apretó el vestido para disimular sus nervios que la agobiaban.
-¡Casi lo olvido! ¡Te traje algo!- exclamó mientras hacía un ademan. Sacó de bolsa trasera un sobre.
-¿Qué es?- cuestionó curiosa cuando él le extendió el obsequio.
-Compruébalo por ti misma- la incitó a descrubir aquello.
Dulcemente descrubrió el sobre para revelar su contenido -¡No puede ser! ¡Las fotografías de la pasarela de Konan! ¡Son magníficas!- se tapó la boca para intentar apaciguar el grito que pegó, soltó una hermosa sonrisa. -¡Gracias, eres el mejor! ¡Muchas gracias!- reiteró con mucha insistencia y alegría. Él se sintió desfallecer ante sus palabras.
-No fue nada…- se rascó la nuca mientras sonreía con nerviosismo, porque de pronto sintió algo hermoso al saber que él le había sacado una preciosa sonrisa.
-Gracias…- volvió a pronunciar con sinceridad. De pronto… la puerta de su departamento… ¡Se abrió!
-¡Chicas, Hinata ya esta aquí!- manifestó la rubia de Ino. -¡Oh por Dios! ¡Mira quien esta aquí!- murmuró examinando con la mirada al apuesto rubio.
-Hola Ino- sonrió con nerviosismo. Hinata solo la fulminó con la mirada.
-¡Hinata! ¿Ya llegaste?- cuestionó Temari al asomar su cabeza por la puerta, después apareció Sakura, las tres… estaban estupefactas.
-¡Ignórennos!- gritó Ino alterada. -¡Adentro chicas!- manifestó la rubia. -¡Aquí no hay nada que ver!- las muchachas le hicieron caso y desaparecieron de su vista.
-Lo siento, son un desastre- intentó justificarlas.
-No te preocupes, son unas buenas amigas- sonrió.
-¡Gracias!- gritaron las tres del otro lado de la puerta. Hinata solo sintió sus nervios palpitar de enojo.
-Bien, mejor me voy- anunció finalmente, con mucha dificultad.
-Esta bien- asintió.
De pronto… de un arrebato de valentía, con mucha fuerza la abrazó. Ella quedó sorprendida pero no se resistió a su calidez. –Gracias, ha sido el mejor de mis cumpleaños- le susurró al oído dejándola anonadada, ese aliento tan embriagador, tan dulce, tan hinoptizante.
-¡¿Qué?! ¿Hoy es tu cumpleaños? ¿Por qué no me dijiste nada?- le reclamó sorprendida.
-No era necesario- le sonrería ante su candidez.
-Pero… no te di nada y tú en cambio me diste el mejor regalo de todos- alzó la mano mostrándole el montón de fotografías. Él negó con la cabeza.
-Pero si tu regalo ya me lo diste- le anunció.
-¡¿Ah si?! ¡¿Qué fue!?- cuestionó sin entenderlo.
-Nuestra cita- masculló directamente sacándole un sonrojo.
-¡Eso no es un regalo!- se quejó ella.
-¡Para mi lo es! ¡Fue el mejor! ¡No tienes que darme nada, no te preocupes! Buenas noches…- murmuró acercándose a ella.
-Pe… pe… pero…- dulcemente la tomó del pómulo mientras se lo acariciaba con intensa delicadeza y con mucho cuidado deposito un tibio beso en su mejilla siendo atrevido con ella, aprovechando su trance, aprovechando que la quería demasiado, aprovechando su valor. –Buenas noches- volvió a murmurar, se giró y se marchó de ahí con la cara quemándole en carmín intenso. Se quedó atónica unos momentos que se le antojaron muy eternos.
-Hoy era su cumpleaños…- susurró acariciándose la mejilla mientras cerraba la puerta detrás de sí y observaba a sus tres amigas jugar póker.
-¡Lo sabemos! ¡Lo oímos todo!- exclamaron al unísono. Mientras ella sentía el suelo temblarle y la mejilla palpitarle.
De los capítulos más largos que he escrito en mi vida !Ay! !Naruto enamorado! *-*. Por cierto mis niños... veo Fanfiction un poco triste, ¿qué sucede? ¿Ha muerto el amor por el hermoso NaruHina? !NOOO! !No me hagan esto! no me dejen sola con mi dulce obsesión Todo menos eso.
Espero que pronto la página este repleta y repleta de fics, yo por mi parte puesto que estoy de vacaciones !eh! intentaré actualizar cuanto pueda para tenerme ocupada y tenerlos un poco ocupados a ustedes, claro... solo si ustedes quieren leer los disparates que escribo.
Un saludo a todos, los amo con todo mi corazón, si pueden escribanme en mi página, el link esta en mi perfil, los amo mucho muchísimo, un beso.
Atte: Sunako.
p.d: yo siempre vuelvo, así que esten tranquilos, sobre todo por: Respetando a las bonitas, jejeje estoy trabajando en un buen capítulo, los amo con todas mis fuerzas.
