~I Hate Me~

La cena había concluido y no había rastro alguno de la persona que Ishikirimaru había visto, o mejor dicho, creía haber visto.

Entró a la que ahora era su habitación, suya y de su marido, sabía que era enorme, la había visto la noche anterior, pero ahora notaba más la inmensidad de aquella recámara.

Y estaré así dos noches más. — Pensó con pesar.

Se cambió de ropa, poniéndose su bata para descansar, se metió a la cama y posó su mirada en el lado vacío de esta, justo donde él había dormido la noche anterior, con su mano derecha acarició aquel lugar.

La sensación de estar solo en aquella mansión le abrumaba, fue en ese momento que le vino a la mente el pequeñito que había conocido esa tarde.

—Houcho. —Susurró. —Me recuerda tanto a Imanotsurugui. — Sus ojos se aguaron ante el recuerdo de su hermano menor. —Mañana les buscaré. — Sus ojos comenzaron a cerrarse lenta y paulatinamente.

~0~

En un jardín hermoso, lleno de rosas, tulipanes, hortensias y más flores se hallaban tres pequeños.

Un castaño de ocho años, un pelinegro azulado de seis y un albino de 4, mismos que corrían por el verde pasto, mientras sus risas resonaban por todo el lugar.

— ¡Niños! — Llamó una de las chicas de servicio.

Los pequeños se detuvieron y miraron a la mujer. Uno de ellos caminó directo hasta donde ella estaba.

— ¿Qué ocurre, Nana? — Preguntó el albino de ojitos rojos como las rosas de aquel jardín.

La rubia sonrió al ver la carita confundida del pequeño, se agachó para quedar a la altura del pequeño, los hermanos de este se acercaron también.

La chica acarició las mejillas de los niños mientras les sonreía dulcemente. —Ya nació.

Los tres abrieron sus ojos tanto como podían.

— ¡¿Es enserio?! — Preguntó el de cabellos oscuros cuyos ojos azules poseían unas bellas lunas amarillas.

Nana asintió, los tres pequeños se miraron entre sí y se abrazaron, después de tanto tiempo por fin iban a conocer a su hermanito o hermanita, de ser el caso, aún así desde que se habían enterado de que había un bebé en camino habían estado literalmente contando las horas para poder verle.

— ¿Podemos verle? — Cuestionó el castaño de ojos lilas.

—Sí. — Respondió ella. —Vamos. — Dijo poniéndose de pie y extendiendo sus manos mismas que fueron tomadas por los más pequeños.

Mikazuki tomó de la mano a su hermano mayor y junto con Nana entraron a la mansión.

Caminaron hasta llegar a la que era la habitación de sus padres, los tres pequeños sentían nervios auténticos.

¿Cómo era?

¿Niño o niña?

¿Se parecía a papá?

¿Se parecía a mamá?

¿Era como Mika y Kogi, quienes se parecían a su abuelo paterno y materno respectivamente?

¿Serían buenos hermanos mayores?

¿Podrían llevarle al jardín para que jugasen?

Sus interrogativas se detuvieron al ver la puerta de aquella habitación abrirse, pese a que se abría como siempre, a los pequeños se les hacía eterno ese momento, finalmente la puerta dejó ver el interior de aquella habitación, había varias mucamas, y algunas salieron con sábanas, todas miraban a los niños y les sonreían.

Pese a las sonrisas amables de las mujeres algo puso en alerta a Ishikirimaru y eso fue ver que algunas de las sabanas que llevaban estaban manchadas con sangre.

— ¡Mamá! — Gritó alarmado asustando a sus hermanos.

Entró a la habitación para encontrarse con su madre sentada en la cama con varias almohadas sirviendo de soporte a su espalda, su padre, un hombre alto, de ojos lilas y cabellos castaños estaba también sentado en la cama abrazando a su esposa.

— ¿Y tus hermanos? — Preguntó dulcemente la mujer de cabellos plata-cenizo y ojos grandes y guindas.

Ishikirimaru no respondió, pues estaba confundido, vio sangre, pero su madre y su padre estaba a salvo,nada malo había pasado.

Una de las mucamas soltó una leve risa.

—Ay mi niño. — Dijo acariciando los cabellos castaños del menor, este la miró.

—Vi sangre. — Dijo con una clara expresión de duda y miedo.

—Corazón, es normal cuando nace un bebé. — Le dijo la mujer.

El castaño miró a su madre, quien se sonreía como siempre hacía. Fue en ese momento que notó el bulto que yacía en los brazos de su progenitora.

Las mejillas del niño se encendieron y volvió a mirar a sus padres.

— ¡Ishikirimaru! — Llamaron los otros dos pequeños, entrando a la habitación y posicionándose atrás de su hermano mayor.

— ¿Por qué gritaste de esa manera Ishi? — Preguntó el de ojos cuya luna le adornaban.

El castaño no supo que decir, francamente ni él entendía eso de la sangre y menos como era que las mucamas aseguraban que era "normal", sin embargo señaló al bulto que llevaba su madre en brazos.

Los dos pequeños miraron hacia donde si hermano señalaba.

Ambos niños sintieron sus corazones latir con velocidad y fuerzas.

— ¿A caso...? — El albino de ojos rojos miró a sus progenitores en busca de una respuesta a su incompleta interrogativa.

Ambos adultos sonrieron y sin previo aviso los tres se echaron a correr hacia la cama, frenándose antes de subir a esta, pues no querían que en medio de algún movimiento brusco su hermanito o hermanita saliese herido. Con sumo cuidado subieron a la cama, iban sigilosamente hacía su madre, parecía que querían hacerle competencia a los gatos, pues a gatitas iban acercándose para conocer a la nueva criaturita.

Cuando los tres quedaron a una cercanía aceptable decidieron sentarse y su madre bajó un poco si brazo derecho para que sus hijos pudiesen ver al bebé.

En cuanto lo vieron los tres se sonrojaron a más no poder.

El bebé era pequeñito —lo que es natural—, su cabellito o al menos lo poco que tenía, era del mismo color que el de su madre, plata-cenizo, el bebé estaba dormido o al menos eso pensaron ellos, pues permanecía con los ojitos cerrados.

— ¡Se parece a Mamá! — Gritó a todo pulmón el albino, cubriéndose la boca inmediatamente al darse cuenta del escándalo que había hecho, pero sobre todo al ver que el bebé había pegado un pequeño brinco y había abierto sus ojitos, mostrando así más similitud con su madre.

— ¡Ven, es idéntico a mamá! — Repitió la acción de cubrirse la boca y abrir sus ojos tanto como sus párpados le permitían.

El bebé comenzó a gimotear y su madre comenzó a mecerlo suavemente para evitar el llanto de este.

—Vez lo que hiciste. — Reprochó Mikazuki al albino. —No te pego sólo porque lo considerarían maltrato animal. — Bromeó el pelinegro azulado, haciendo que todos en el cuarto rieran.

—Por cierto. — Ishikirimaru llamó la atención de sus padres, el pequeño volvió a sonrojarse al ver al bebé. — ¿Es niño o niña?

Su padre sonrió por la duda de su pequeño.

—Es un varón. — Dijo revolviendo un poco los castaños caballos de su primogénito.

Los tres dirigieron su mirada al bebé.

—Su nombre es Hokiboshi. — Dijo el hombre.

Los chicos miraron a su hermanito.

Hokiboshi. — Repitió mentalmente el pequeño de cabellos castaños, sonriéndole al bebé que le miraba.

La familia estaba felizmente unida, cuando por los pasillos se comenzaron a oír pasos apresurados.

— ¡Lord Munechika! ¡Lord Munechika! — Entró gritando una de las mucamas de aquella mansión.

— ¿Qué ocurre Federica? — Preguntó el hombre.

— ¡Aquel hombre ha llegado! — Dijo asustada.

¿Aquel hombre? — Las palabras de la mujer puso en sobre aviso a los niños, y más al ver el rostro asustado de su madre.

El de cabellos negros azulados tomó la mano de su madre y la apretó suavemente. —Nosotros les protegeremos. — Dijo mirándola a ella y al recién nacido, haciendo alusión a él, sus hermanos y a su padre.

Natsume sonrió ante la dulzura y valentía de su retoño.

Munechika salió de la habitación, no sin antes ordenarles a algunos de sus hombres que protegiesen a sus hijos y esposa, esto sin que ellos lo notaran a excepción de Ishikirimaru, pues él había prestado atención a las acciones de todos ahí.

~0~

Los días comenzaron a pasar y poco a poco Natsume, la madre de los pequeños comenzaba a ser más libre. Su cuerpo estaba menos a dolorido y gracias a la ayuda de las mucamas y de sus pequeños, podía atender al pequeño Hokiboshi, el visitante no había dado señales y tampoco daba la impresión de que se hubiese marchado disgustado, por ello la familia Sanjo estaba en santa paz.

~0~

—Despierta.

Escuchó un suave susurro, pero hizo caso omiso a este.

—I-shi-ki-ri-ma-ru.

Abrió sus ojos de golpe y se dio la sentada en la cama, miró por la ventana, la luna llena estaba posada de tal forma que le daba la impresión de que le observaba de forma minuciosa, su luz plateada entraba sin permiso alguno a la habitación, iluminando tenuemente la misma y acrecentado una combinación de ansiedad y miedo en el interior del castaño.

Esa voz. — Arrugó la fina seda con sus manos. —Era la voz de Imanotsurugui. — Su corazón comenzó a acelerarse.

—Busca.

Sus pupilas se contrajeron y por inercia miró hacia una de las esquinas de la recámara, misma que poseía una oscuridad tal, que le helaba la sangre, podía sentir como algo o alguien le miraba desde ahí, y estaba casi seguro que aquel susurro provenía de dicho lugar.

Tragó duro y con la voz temblorosa habló. — ¿Quién está ahí? — Su pregunta parecía ser más un grito ahogado.

La temperatura comenzó a descender de forma horrible, ocasionándole constantes escalofríos.

— ¡¿Quién eres?! — Volvió a cuestionar, dudado de salir de la cama, pues le daba la impresión de que si lo hacía algo malo le pasaría.

¡Jijijiji!

Escuchó una risa que poco a poco se iba desvaneciendo, llevándose con ella la baja temperatura del lugar.

¿Qué fue eso? — Sus ojos se volvieron vidriosos, comenzó a sentir que algo apretujaba su corazón.

Un miedo...

Como aquella vez.

Sus ojos comenzaron a escocerle, alzó sus rodillas y se abrazó a estas.

—Debo encontrarles. — Dijo sollozando.

~0~

El sol comenzaba a salir, haciendo que algunos gruñeran al querer descansar un poco más.

Para el castaño, el ver los traviesos rayos de sol entrar en su habitación, le daban paz y calma, mismas que le habían sido arrebatadas desde la madrugada.

Poco a poco la mansión y sus alrededores comenzaba a hacer su ruido habitual con la gente haciendo sus deberes, eso sí, sin hacer ruido de más, pues eran conscientes que ahora la casa no estaba tan sola como antes.

En la casita cerca de los establos, estaban un par de hermanos, mismos que estaban preparando su desayuno del día.

—Entonces confundiste a Ishikirimaru con alguien que venía a hacer negocios con el olivo. — Dijo burlona la de cabellos lilas.

El peliverde volteó los ojos. —Sabía que no debía decirte nada. — Respondió divertido.

—Sigo sin creerlo. — Dijo ella haciendo la mezcla para los hotcakes.

—Bueno, antier no fui a la "reunión", no puedes esperar a que sea adivino. — Respondió.

La chica miró por la ventana y notó la figura de alguien que iba directo a los establos.

— ¿Acaso? — Susurró. —Aoe, espera un momento. — Dijo dejando la mezcla en la barra.

El peliverde vio salir a su hermana a toda prisa. —Espera, Nozomi. — La llamó, pero esta hizo caso omiso.

Adentro del establo o mejor dicho de uno de los corrales, estaba el consorte del señor de la casa, el joven acariciaba a uno de los equinos, un bello caballo blanco y ojos de color miel.

El joven se había puesto en cuclillas, para evitar que el caballo se pusiese de pie, pues notaba el vientre abultado de este.

—No debería molestarte tan temprano, ¿verdad? — Preguntó al equino, este relinchó un poco y restregó su rostro con el del chico. —Les extraño. — Susurró. —Quiero ver a Kogistunemaru y a Mikazuki... — Sentía los ojos arder nuevamente.

—Dudo mucho que Babirye sea un agente secreto y se ponga a buscar a esas personas. — Dijo con honestidad.

— ¡¿Eh?! — El castaño volteó por inercia y miró a la chica que le había traído en la carroza y al joven que había conocido el día anterior, ambos tras de él.

Sin ser consciente, de sus ojos se desprendían lágrimas que dejaban rastro, un camino que era seguido por otras de forma sucesiva.

— ¡No llores!

Fue lo único que se logró oír en aquel lugar antes de que todo quedase en silencio absoluto.

¡¿Qué?! — Fue todo lo que pudo cruzar por su mente, pues inclusive las ideas se le habían ido al sentir unos brazos rodeándole y su rostro estar preso en un pecho ajeno.

¡A la madre! — Pensó la menor de los Nikkari al ver a su hermano abrazando al castaño.

El peliverde ni siquiera había meditado sus acciones, fue total y completamente por inercia, o al menos eso quería creer él al darse cuenta de lo que había hecho, con calma y lentitud, soltó al castaño para después mirar a los ojos lilas que aún seguían llorosos. Sacó un pañuelo y nuevamente sin medita su acciones comenzó a secar el rostro ajeno con suma dulzura. —No debería dejar que un rostro tan lindo se vea así de afligido. — Dijo sonriéndole cariñosamente.

Al oír esas palabras y sobre todo la calidez de las acciones del contrario provocaron que el castaño se sonrojase y su corazón comenzase latir rápidamente, era raro, se estaba poniendo nervioso, eso no era lo raro, ¿Quién no se pondría nervioso si le encuentren llorando, le abrazan y encima tenían la amabilidad de darle palabras de aliento?, porque las palabras del peliverde es eran, ¿verdad?

Ambos varones se quedaron estáticos mirándose a los ojos.

~Desde El Punto De Vista De Aoe~

¿Por qué hice eso?, quiero decir, no me gusta ver a la gente llorar, es horrible, pero… ¿por qué… tuve el deseo de protegerlo?

No logro explicármelo, después del comentario de Terumi sus ojos mostraron dolor, y se acrecentó al oír la edad de Houcho… Y ahora, pide encontrar a dos personas., pero… aunque quiera decirle algo más… no me llegan las palabras, sus ojos lilas, aun vidriosos, siguen mostrando una gran belleza.

~Desde El Punto De Vista De Ishikirimaru~

Mi intención había sido únicamente venir despejarme y pensar adecuadamente que hacer, Hasebe no sabía de mis hermanos y por el comentario de Terumi, nadie más lo sabía, sólo sabían que Munechika Sanjo, no, que la familia Sanjo sólo tenía a un heredero, los únicos que sabían de mis hermanos eran los empleados de casa, de ahí en fuera, nadie.

Eso me hacía sentir aliviado, ellos deberían estar bien, pero el haberme ido así… no me lo perdono, ¡me odio por eso!

No supe de mis hermanos, sé que se quedaron aquí, porque aquí fue donde les dejé, pero si…

¡No!

Ellos están bien, eso quiero creer. Pero… por extraño que parezca, el que Aoe me dijera esas cosas y que me reconfortara de esa manera… me hizo recuperar un poco de calma, aun así, no puedo evitar sentirme raro.

~De Vuelta A La Situación Actual~

Observando aquella escena permanecía la chica de ojos verde agua, misma que notó algo ligeramente inusual en la mirada de ambos chicos. Decidida a evitar cualquier posible mal entendido habló. —Si bueno, ¿quién tiene hambre?

Los otros dos de "desconectaron" de los ojos ajenos para voltear a ver a la chica. Ambos con las mejillas encendidas.

—Bueno, es muy temprano para que estés aquí, así que asumo que ni siquiera haz desayunado. — Explicó la chica, tratando de disuadir cualquier pensamiento que llevase a los chicos a creer que ella había mal interpretado aquellas acciones.

Ishikirimaru comenzó a balbucear, pues Nozomi tenía razón, lo que él quería era despejarse por lo que salió a hurtadillas de la mansión y fue a donde los caballos, pues los animales en general le traían calma, pero los caballos eran los que estaban más "ocultos" por ello había ido ahí, para estar en paz, calma y sobre todo a solas.

Aoe notó inmediatamente que el castaño estaba "atrapado" por las palabras de su hermana, por lo que rió por debajo. —De ser así… acepte desayunar con nosotros. — Invitó con una sonrisa.

Ishikirimaru ladeó la cabeza. —Shizuka tiene razón, siempre sonríes. — Aoe se sorprendió por el comentario del otro, ¿acaso era cierto?, nunca lo había notado, quizás porque esa era su esencia.

—Entonces vamos. — Dijo extendiendo su mano hacia el castaño para ayudarle a ponerse de pie.

El castaño aceptó la ayuda del contrario y algo en su interior se removió, generándole un cosquilleo en el estómago y haciendo que el chico ocultase su mirada del otro, acción que no paso desapercibida para la chica.

Dios, te pido que este mal interpretando o que ven mis sagrados ojos. — Suplicó mentalmente. —Bueno vamos. — Dijo sonriente, pues notó la mirada que su hermano le había dirigido, le daba la impresión de que este se había molestado, aunque no sabía por qué, exactamente. — ¿Te gustan los hotcakes? — Preguntó amablemente, aun así Aoe la miraba de forma reprobatoria.

Ishikirimaru asintió.

—Bueno, en ese caso…

La frase de Nozomi se vio interrumpida al llegar corriendo la chica de anteojos.

— ¡Lord Ishikirima-! — Su gritó se cortó al ver al susodicho. — ¡No vuelve a salirse de esa manera! — Reprendió al castaño. —No sabe el sustazo que nos ha dado.

—Perdona. — Se disculpó el castaño. —No fue mi intención, sólo quería despejarme un poco. — Dijo apenado.

— ¿Despejarse? — Repitió Terumi, recordando inmediatamente lo que había dicho el día anterior y cubriéndose la boca. —Fui una inconsciente. — Se reprendió mentalmente.

— ¿Desayunas con nosotros? — Preguntó Nozomi a la peliazul oscuro, están negó con la cabeza.

—Iré a informarles a los demás que Lord Ishikirimaru está bien. — Dijo sonriendo. —Debo entender que usted si desayunara con ellos, ¿verdad? — Preguntó al castaño, este asintió, la verdad es que estaba hartó de desayunar, comer o cenar solo, sí que internamente agradecía poder convivir con más personas a la hora de los alimentos. —Bien. — Dijo ella. —En ese caso avisaré a las cocineras. — Hizo una reverencia y salió del lugar. —De verdad, fui muy cruel al decir eso.

—Terumi… — No sabía exactamente como completar la frase, no sabía mucho de la chica.

—Tiene un humor algo cambiante. — Contó Nozomi, dando marcha a la casa en la que vivía con su hermano, después de todo los hotcakes no se hacían solos y el hambre le estaba trozando por dentro.

Sólo porque ella estaba distante aquella tarde yo lo mal interpreté. — Soltó una leve risa nasal, misma que revelaba molestia consigo mismo. —Bien hecho Ishikirimaru, no sólo abandonas a tus hermanos, también enjuicias a los demás, no cabe duda, soy de lo peor. — Se mordió el labio inferior a modo de auto castigo, Aoe observó eso.

—Conozco esas acciones. — Dijo llamando la atención del castaño, mismo que volteó a verle. —Son las de alguien que se recrimina el haber, o no haber hecho algo. — Clavó su mirada en los ojos lilas del otro. —Lo sé, porque son las acciones que hacía después del asesinato de mi madre. — Soltó un suspiro y le dio unas palmadas al mayor. —Lo que sea que tenga que hacer, hágalo y deje de castigase por cosas que a veces no están a nuestro alcance. — El castaño bajo la mirada, reteniendo aquellas palabras en su mente. — ¡Vamos! — Dijo caminando. —Sí dejó a Nozomi sola en la cocina seguro que incendia la casa. — Bromeó, Ishkirimaru parpadeo un par de veces y se decidió a seguir al más bajo.

No tenía ni 48 horas de haber llegado a ese lugar y ya había descubierto cosas de algunos, padres jóvenes, hermanos sobre protectores, y ahora que uno de ellos había perdido su madre, y lo peor es que había sido asesinada.

¿Cómo puede sonreír después de haber dicho eso? — No sabía si aquella acción le asustaba o por el contrario le hacía admirarle. —Hacer, lo que tengo que hacer, definitivamente, les buscaré.

~0~

—Entonces, ¿desayunará con los Nikkari? — Preguntó otra vez Tsubaki, Terumi asintió. —No es de extrañar. — Repuso la de cabellos ocres.

— ¿Por qué lo dices? — Preguntó algo confundida.

— ¿Te parece poco lo que dijiste? — Reprochó sin tacto alguno.

Terumi se encogió de hombros y cerró los ojos apenada. —No fue mi intención, lo dije sin pensar.

Tsubaki soltó un suspiro molesta. —Pues tu comentario le pego.

—Me disculparé como es debido. — Dijo acomodándose los lentes, buscando evadir la mirada reprobatoria de la otra.

Tsubaki volvió a suspirar y comenzó a servir la mesa, pues ellos también habían dejado la comida por buscar al castaño, creyendo que este había hecho lo que ellos en su momento.