Parte IV
El diez de enero era un día que a Eustass Kid le encantaba.
El año pasado había sido muy divertido: la chica del comedor, una joven muy simpática llamada Makino, le había regalado un pastel que se había llevado a la habitación de Law y Franky, donde el mayor había sacado un montón de latas y lo había introducido al maravilloso mundo de los refrescos. Además, Franky le había regalado una pequeña caja de herramientas y Law un libro sobre manualidades, regalos que ellos le guardaron en la habitación porque en la estúpida guardería no le dejaban tener sus propias cosas.
Este año no solo era su cumpleaños, sino que cumplía tres años, lo que significaba que esa misma mañana dejaba la guardería.
Kid se preguntó con quién iba a compartir habitación, deseando con todas sus fuerzas que fuese con Law y con Franky y planeando ya cómo hacer que lo cambiasen con ellos si ese no era el caso. Pero antes iba a ir a comprar ropa con una de las monitoras, por fin pudiendo tener sus propias prendas. De todas formas sus amigos estaban en el colegio, así que le venía bien ir en ese momento.
Cuando la puerta se abrió y por ella entró Makino, Kid sonrió de oreja a oreja. Ella le caía bien, y si iba a acompañarlo sabía que no se lo pasaría mal.
La chica habló un momento con una de las brujas de la guardería y entonces se acercó a él.
-Buenos días, Kid.- Dijo, arrodillándose frente a él.
-Hola.
-¿Vamos a comprarte ropa?
Nada más salir del orfanato Makino lo había cogido de la mano y Kid le había dejado porque la chica le dijo que se metería en un lío si no lo llevaba así por la calle.
Ahora acababan de entrar en una enorme tienda de ropa de niño, con hileras e hileras de prendas a baja altura formando más pasillos de los que Kid podía contar desde la entrada, y Makino lo llevó a una zona en la que el techo colgaban carteles en los que se leía "chico".
-Bueno, Kid, ¿por qué no miras y eliges lo que te guste?
-¿Cuánto puedo comprar?- Preguntó, recordando que Law le había contado que les daban algo llamado "presupuesto", un máximo de dinero del que no podían pasarse.
-No te preocupes por eso y coge todo lo que quieras, luego ya veremos si podemos comprarlo todo, ¿vale?
Kid asintió y se fue al pasillo más cercano, con Makino detrás de él sujetándole todo lo que elegía.
La parte del probador no fue tan divertida, teniendo que ponerse y quitarse ropa tantas veces y con una dependienta que había tenido que cambiar más de una vez algo por otra talla distinta.
Casi tres horas después de salir del orfanato, Makino y Kid estaban eligiendo lo último de la lista, que a Kid le daba un poco de vergüenza elegir con alguien delante pero no tenía otra opción: su ropa interior.
Esperaba que Law y Franky no se enteraran nunca de esto.
Finalmente la chica pagó y salieron de la tienda, Makino pareciendo un perchero andante con aquellas dos enormes bolsas de ropa colgando de sus brazos y su propio bolso, grande y rectangular hecho con una llamativa tela de colores.
-¿Dónde voy a dormir?- Preguntó Kid durante el camino de vuelta.
-¿No te lo han dicho?
Kid negó con la cabeza y Makino chasqueó la lengua murmurando algo que, aunque Kid no pudo escuchar, estaba casi seguro de que era un insulto.
-Hemos pensado que como eres amigo de Law y en su cuarto hay una cama libre podrías dormir tú allí.
Kid sonrió de oreja a oreja.
-¿De verdad?
-Claro. ¿Conoces a Franky?
Kid asintió y dijo:
-Es mi amigo, aunque está un poco loco.
Makino se rió.
-Sí que lo está, sí. Entonces es perfecto, las otras chicas estaban preocupadas por si no ibas a llevarte bien con él.
Llegaron al orfanato y subieron a la habitación que Kid ya conocía bien, cuyo espacio estaba dividido en tres partes iguales, con una cama individual, una mesita de noche con dos cajones, un armario alto y un escritorio también con dos cajones, una silla a juego y una pequeña estantería en la pared sobre este. Una de las secciones, la que iba a ser de Kid desde ese día, estaba totalmente vacía, mientras que las otras dos tenían las camas deshechas, la de Franky un par de latas sobre la mesita de noche, la mesa cubierta de papeles y materiales de dibujo con la estantería llena de libros sobre embarcaciones y algo de ropa tirada en la silla y por el suelo, y la sección de Law tenía algunos libros en el estante más bajo, un par de ellos en la mesa con una libreta cerrada y unos bolígrafos. Su ropa no estaba tirad por el suelo, pero Kid sabía que estaba hecha una bola en el armario.
Makino negó con la cabeza, pero sonriendo.
-Los chicos sois un desastre. ¿Tú también vas a ser así, Kid?
Kid le dedicó su sonrisa más inocente y ella se rió.
-Anda, vamos a colocarte la ropa.
Media hora después la nueva ropa de Kid ocupaba los estantes más bajos del armario y llenaba los ocho cajones, en dos columnas de cuatro, que este tenía.
Entonces Makino se acercó a su bolso, que había dejado en la que ahora era la cama de Kid, y sacó de él un paquete ancho, alargado y no muy grueso que le tendió al niño.
-Feliz cumpleaños, Kid.- Le deseó con una sonrisa.
-¡Gracias!- Exclamó Kid, prácticamente abalanzándose sobre el paquete y abriéndolo con tanta prisa que desgarró el papel que lo envolvía.
Dentro había una caja y dos libros, uno grueso que resultó ser un manual de aprender a dibujar y el otro, más grande, que en realidad era un bloc de dibujo. Al abrir la caja vio que contenía varios tipos de herramientas para dibujar, de los que reconoció lápices, gomas, sacapuntas, un par de reglas de formas distintas y un compás.
-He visto que te gustan las manualidades, así que he pensado que dibujar podría gustarte también.
Kid la miró con una radiante sonrisa en el rostro y dijo:
-Gracias, Makino, me encanta.
La chica, sonriendo encantada, se llevó una mano al bolsillo de la falda y sacó un sobre.
-También tengo esto para ti:- Dijo, dándoselo,- tu primera paga.
Dentro, Kid se encontró con cinco monedas de cien belis.
Ese día Law había hecho un trato con Lucci para pasar por una tienda de camino de vuelta al orfanato. Como aún tenía cinco años, a Law todavía tenían que acompañarlo en el trayecto de ida y vuelta al colegio, pero había bastado con prometerle a Lucci que le conseguiría unos petardos que quería, a través de Franky, para que el chico accediera a hacer el desvío.
Allí, Law compró un objeto al que le había echado el ojo meses atrás y para el que había estado ahorrando gran parte de sus pagas mensuales y pidió que se lo envolvieran con papel de regalo.
-¿Es el cumpleaños del crío?- Preguntó Lucci cuando salieron.
Law no se lo tomó a mal porque sabía que, a pesar de su forma de hablar, el chico de ocho años sentía respeto por Kid desde que este llenó por dentro de pintura líquida la ropa de uno de los niños de la guardería más mayores que él, que se había metido con el pelirrojo, y este terminó llorando muerto de miedo cuando vio que parte de su piel se había vuelto verde.
-Hoy cumple tres años.
-Lo trasladan a tu cuarto, ¿no?
-Sí, han sido inteligentes.
Lucci sonrió, entendiendo perfectamente que Law había tenido un plan en caso de que aquello no sucediera.
-Deberíais veniros con mi grupo.
-Lo siento, no nos interesa hacer de matones.
-Bueno, si cambiáis de idea, la oferta sigue en pie.
-¡Hey, Law!
El niño levantó la vista a la puerta del orfanato, donde lo esperaba Franky, como habían quedado, cargando con un paquete envuelto que para él no era muy grande pero que a Kid le llegaría por las rodillas.
Cuando los niños llegaron frente a él, el adolescente sacó una caja de un bolsillo de su chaqueta y se la tendió a Lucci.
-Aquí tienes. Vigila que no te pillen.
-Gracias.- Dijo el niño, cogiendo la caja y guardándosela antes de irse dentro del edificio seguramente a buscar al nuevo de su grupo, un niño de cuatro años llamado Kaku.
-Makino me ha dicho que ya está en la habitación.- Le dijo Franky.
Al subir se encontraron con que Kid ya se había instalado y estaba tumbado en la cama leyendo un libro sobre dibujo que Law no había visto nunca. Había sacado sus cosas del armario de Law y ahora la pequeña caja de herramientas descansaba sobre la mesa junto a lo que parecía ser un cuaderno de dibujo y una cajita metálica, con el libro de manualidades en el estante más bajo de la estantería.
-¡Hey, enano!- Exclamó Franky, captando la atención de Kid, que dejó el libro sobre la cama y se levantó.
-Llegáis tarde.- Los regañó.
-Bueno, si preferías que no fuéramos a por esto haberlo dicho.- Dijo Law, levantando la bosa de la tienda mientras Franky le enseñaba el paquete que se había escondido detrás de la espalda.
-¡Regalos!
Kid corrió hacia ellos y prácticamente les arrancó los paquetes de las manos, tirándose sobre el suelo de madera para abrirlos.
Tal como le había dicho a Law que haría, Franky había reunido una buena cantidad de trozos de madera y de metal con los que Kid pudiese comenzar a practicar. Law, por su parte, le había comprado una caja que venía con tres maquetas de madera de armas medievales que sabía, por el hecho de que a Kid lo que más le interesaban de los libros de historia eran las armas, que iban a gustarle.
-Y ahora,- comenzó Franky una vez Kid hubo inspeccionado fondo sus regalos y los hubo guardado,- creo que ha llegado la hora de tu primera incursión al mundo real, pequeño Kid.
-Ya he ido esta mañana.- Dijo el pelirrojo, y él y Law se rieron ante la cara que puso Franky.
-¡No me cortes el rollo! ¡Eso no cuenta!
-Vale, vale.- Dijo Kid, aún riéndose.
-Hemos preparado una ruta de los sitios que pueden interesarte.- Siguió el joven, sacando un papel de uno de los bolsillos del pantalón.
Y así fue como Kid se encontró pasando la tarde de su cumpleaños dando tumbos por la ciudad, yendo desde la tienda de dulces regentada por una mujer un tanto escalofriante y con severo sobrepeso llamada Big Mam hasta el puesto de takoyaki de un simpático hombre llamado Hatchan, al que al parecer Franky conocía y los invitó a merendar las deliciosas bolitas de pulpo que preparaba.
Durante el tour pasaron por la biblioteca pública, a la que Law había comenzado a ir recientemente tras terminar de leerse los libros que le interesaban del orfanato, y por la tienda donde Franky conseguía los materiales para hacer los modelos de sus creaciones. La tienda pertenecía a un hombre llamado Tom, el padre de su amigo Iceburg, al que Franky admiraba por ser un gran carpintero.
Continuará
