Capitulo 4

Al día siguiente Kouga llevó a Kagome a la agencia para iniciar una sesión de fotos para la portada de una revista, que según él la harían "famosa". Al principio Kagome estaba muerta de los nervios. No sabía como actuar, ni qué hacer frente a la cámara. Y a pesar de que Kouga le decía que sonriera y mirara hacia él, Kagome seguía un poco desorientada.

Pero luego de una prolongada charla de "confía en ti misma", Kagome pareció entender el concepto y en menos de 45 minutos habían terminado con la sesión.

El resto del día pasó sin muchas novedades. Kagome estuvo viendo la televisión toda la tarde y Kouga se la pasó revelando las fotografías que habían tomado aquél día y preparando el escenario para la sesión fotográfica del día siguiente.

Alrededor de las ocho y media de la tarde, el teléfono comenzó a sonar, momentos en los que Sayo, el ama de llaves, decía que la cena estaba servida. Pero antes de que Kagome pudiera hacer nada el teléfono había dejado de sonar, y Kagome pudo oír el murmullo de la voz de Kouga al otro lado de su estudio.

De pronto, la voz de Kouga comenzó a adquirir más volumen e intensidad, volviéndose un grito histérico al instante. Después de algunos segundos, la voz de Kouga cesó y Kagome solo pudo escuchar las voces de los protagonistas de la telenovela que estaba viendo. Se levantó lentamente del sillón sobre la cual estaba echada y se encaminó hacia donde estaba el estudio de Kouga. Dentro, no se escuchaba ni un sonido. Kagome se acercó a la puerta y la tocó suavemente con los nudillos.

-¿Kouga¿Estás bien?

Pero no había ruido alguno que delatara la presencia del joven hombre en la habitación.

-Kouga, la cena está servida… - al no escuchar respuesta alguna posó su mano en el pomo de la puerta, pero cuando se prestaba a girarla una voz ronca al otro lado del estudio la detuvo.

-No tengo hambre Kagome, cena tú si quieres – y dicho esto, se hizo el silencio nuevamente en la habitación.

Cuando las dos mujeres terminaron su cena, Kagome comenzó a poner los platos y demás en el lavabo con la intención de lavarlos. Pero Sayo le dijo que se fuera a descansar, ya que el día siguiente sería un día muy agotador.

Kagome obedeció a regañadientes y se despidió de la mujer antes de subir las escaleras hasta su habitación al fondo del pasillo.

Cuando hubo cerrado la puerta se desplomó en su cama de plaza y media y cerró los ojos, sintiendo que el mundo le daba vueltas y que la tibia brisa de la noche mecía sus cabellos revoltosos en el aire de la habitación. Tomó una fuerte bocanada de aire y se levantó de la cama. Fue hasta su pequeño maletín y rebuscó entre algunas prendas que todavía no disponía en el closet.

Cuando por fin lo encontró, una sonrisa triste se apoderó de sus labios y una mirada nostálgica y melancólica se asomó por entre los iris color chocolate.

Kagome miró la foto que tenía entre sus manos y retuvo un sollozo. Sus padres… cuánto los extrañaba… colocó la foto en blanco y negro sobre su cómoda y volvió para poner un poco de su pobre vestimenta en el armario. Pero cuando se disponía a sacar de su maleta un camisón que casi siempre mantenía oculto en su maleta, una fotografía cayó al suelo alfombrado de su alcoba.

Kagome se agachó y tomó la foto que momentos antes había caído, y descubrió con sorpresa y odio que la foto que tenía entre sus manos era nada menos que del infame joven Inuyasha. Con un suspiro lo dejó junto a la foto de sus padres y se puso un raído camisón.

Apagó las luces y encendió la lamparilla de su cómoda, acurrucándose entre las frías sábanas de lino. Su mirada castaña volvió hacia la foto del hombre que tanto daño le había causado y a su mente volvieron los recuerdos de unos días antes. Tomó la foto entre sus dedos y la observó.

Perfecto.

Asquerosamente perfecto… se dijo, y puso la foto en el mesón, boca abajo. Apagó la lamparilla y hundió la cabeza en la almohada. Cerró sus ojos con fuerza, tratando de alejar la imagen del joven hombre de su mente, tratando de alejar de ella los sentimientos que habían aflorado por él en su pobre corazón cuando no era más que una muchacha pobre de la servidumbre…

&&&&&

No supo qué hora era ni qué la había despertado, pero cuando abrió los ojos vio con sorpresa que Sayo estaba entrando a su dormitorio con una bandeja sobre la cual había un vaso de jugo de naranja, un plato con tostadas untadas con mermelada y una manzana.

Detrás de la mujer apareció repentinamente Kouga, quien lucía extremadamente cansado esa mañana.

Tenía en sus manos un bulto de color verde pálido y colgando de su muñeca izquierda se balanceaba un bolso deportivo. Cuando el ama de llaves colocó la bandeja con comida sobre la mesita de noche de Kagome, Kouga se le acercó y le dio los buenos días con una de sus típicas sonrisas.

Kagome le sonrió de vuelta pero acto seguido le dirigió una mirada que claramente decía: ¡¿Qué rayos está pasando?!

Kouga se apresuró a decir:

-Te lo explicaré algún día. Ahora, come tu desayuno y ponte este vestido que ya se nos hizo tarde.

Le tomó a Kagome 5 minutos en atragantarse con el desayuno, 4 en ponerse el vestido, 1 para casi romperlo, otros 2 para calzarse unos zapatos que había traído Kouga y ½ minuto para salir disparada hacia el auto que los esperaba en el estacionamiento.

Cuando Kagome salió del auto con Kouga detrás de ella el sol ya estaba bien alto en el cielo y los rayos que éste desprendía le calentaron tanto la piel que Kagome pensó que luego de unos minutos quedaría como un pollo rostizado.

Kouga la guió hacia la cabina de un tren e intercambió unas cuantas palabras con el hombre encargado de revisar los boletos. Acto seguido le entregó los boletos y subió al tren con Kagome, tomando asiento en las butacas correspondientes. Cuando el tren se puso en marcha Kagome se volteó y miró a Kouga desconcertada.

-¿A dónde vamos? –pero Kouga solo se le quedó mirando fijamente y posó su palma sobre la mano de Kagome.

-Vamos a Tokio linda – y rezó para que eso pudiera satisfacer la curiosidad de Kagome. Pero estaba muy equivocado si creía que con solo esa respuesta Kagome se quedaría tranquila.

-¿Eso quiere decir que mi carrera como modelo terminó? – su voz sonaba calmada, pero aun así Kouga notó el tinte de tristeza en ella.

-No no, claro que no Kagome. Vamos a Tokio porque ahí se encuentra una de las tantas sucursales de la agencia en que trabajamos –Kagome lo miró confundida.

-Pero aun sigo sin entender… ¿Qué tenía de malo la agencia en donde trabajábamos antes?

Kouga tardó unos segundos en responder, pero al final optó por decir que la presencia de Ayame se había vuelto algo engorrosa, y que además allí se encontraban las modelos con más prestigio de la empresa, por lo que no quería que la menospreciarán por ser la chica nueva.

-La mujer de la foto… en la revista… -bajó la mirada al recordar la foto de la prometida del joven Inuyasha- ¿Es… una de esas modelos con mucho prestigio, no es cierto?

Kouga alzó la vista del horizonte y se la quedó mirando confuso.

-¿Quién?

-Tú sabes… ésa… la de un conjunto atigrado… la que según tú era "hermosa"…

Pasaron varios segundos hasta que por fin Kouga ubicó la imagen en su mente y asintió.

-¡Oh, sí! Ella misma. Su nombre es Kikyo Tsuyo y es una de las pocas mujeres del país que han ganado fama mundial –al oír esto último, Kagome sintió una extraña opresión en el pecho y un poco de malestar.

Con que la novia del joven era una modelo famosa…

Soltó un suspiro y se rió de si misma al recordar, tiempo atrás, que algún día ella había imaginado poder llegar a ser la novia del joven, y ser la dueña de su corazón. Pero al acordarse de que todas sus conquistas habían sido bellas, ostentosas, y lo más importante: adineradas y de buena clase social, todas sus ilusiones se habían derrumbado, como un edificio de mil metros golpeado por un meteorito gigante.

Fijó la vista en el paisaje veraniego que se alzaba al otro lado de la ventanilla y sonrió, triste.

Como recién había dicho, todas sus ilusiones se habían venido a bajo, una tras otra, pero ahora, como un ángel caído llegaba Kouga, un joven de muy buen corazón que la había ayudado sin razón aparente, y eso, se dijo, se lo agradecería por siempre.

Levantó la vista de la fila de árboles que se vislumbraban a lo lejos, y la posó sobre el rostro amable y apuesto de Kouga.

Se le quedó mirando un buen rato, hasta que el hombre notó una mirada intensa a su izquierda y volteó, solo para encontrase con un par de ojos color caramelo que parecían perdidos en algún punto de su rostro.

-Hooola… tierra llamando a Kagome… ¿Hay alguien allí? –bromeó, golpeando suavemente la cabeza de la muchacha con sus nudillos.

La joven pareció despertar del trance y lo miró con una sonrisa de oreja a oreja, devolviéndole el "golpe".

-¿Sabes? –Expresó con cierta nostalgia, volviendo a acomodarse en su asiento- Eres lo mejor que le ha pasado a mi pobre e infortunada vida Kouga… de verdad. No se cómo agradecerte lo que estás haciendo por mí… -y dicho esto, posó sus inocentes labios sobre la mejilla del joven hombre, en un beso corto pero muy significativo para el lozano de ojos verdes.

-No tienes nada de qué agradecerme, linda. La verdad… es que no tendrías que agradecerme en lo absoluto… - murmuró, más para sí que para Kagome.


Diooos perdonenme por la demoraa! es que tuve ciertos problemitas, sin mencionar que la inspiracion se me fue de vacaciones xD disculpen tambn lo cortito del cap! Pero les prometo que el proximo capitulo va a estar interesantisimo!!

Bueno, me voy pero no sin antes agradecerle a todos lo q me han apoyadoo! Los quieroo! Adiu!

PS: REVIEW ...!!